viernes, 31 de julio de 2015

31 de julio de 1826 - Acusado de no creer en los dogmas católicos, fue condenado a muerte por hereje y ahorcado Cayetano Ripoll en Valencia (España).

Cayetano Antonio Ripoll (Solsona, 1778 - Valencia, 1826) fue maestro de escuela en Valencia. Ripoll había luchado contra los franceses en la Guerra de la Independencia como oficial de infantería; fue hecho prisionero y llevado a Francia en 1810. Allí se relacionó con un grupo de cuáqueros que le acogieron y se convirtió al deísmo. Al volver a España en 1814 consiguió un puesto de maestro en una escuela de Ruzafa.


Según consta en el informe que el arzobispo de Valencia envió al nuncio, Ripoll se había "establecido con el encargo de maestro de escuela en la parroquia de Ruzafa, extramuros de la ciudad [de Valencia], partida del Perú o Ensilvestre", que era una zona de huerta que hoy, integrada en la ciudad de Valencia, se conoce con el nombre de La Punta. 

Fue detenido en octubre de 1824, acusado de cuatro graves delitos: 
  • sustituir en las oraciones de clase la expresión “Ave María” por “alabado sea Dios”, 
  • no acudir a misa ni llevar a sus alumnos, 
  • no salir a la puerta para saludar el paso de la procesión y 
  • comer carne el viernes santo.
Por ello, estuvo encarcelado durante dos años en una antigua cárcel inquisitorial de la ciudad de Valencia, en los que recibió la visita de un teólogo con la intención de “hacerle recapacitar y rectificar en su alma las verdaderas ideas de nuestra santa religión, para restituirla a la creencia católica" según el informe del presidente de la Junta de Fe de la diócesis de Valencia, Miguel Toranzo, antiguo inquisidor. Hasta el momento de la condena, más de dos años después, nunca se le comunicaron las razones de su arresto, no se le permitió hablar ni se le concedió un defensor. 

El ensayista y político Alfred Bosch, autor de la novela histórica "Inquisitio", que novela aquel infausto episodio, destaca la firmeza del acusado. 
«Él fue tan íntegro de mantenerse en sus trece hasta el final. Le ofrecieron varias veces que abjurase, que renunciase a sus creencias. Lo habrían mandado a un retiro espiritual o al exilio, pero habría conservado la piel. Él se negó en todo momento: dijo que sus creencias eran ésas y que había de ser fiel a lo que pensaba. Y al final lo mataron por contumaz»
La firmeza ética de Ripoll topó con la firmeza cruel de la nueva Inquisición restaurada en Valencia. El 20 de marzo de 1826, el Tribunal de la Fe emitió la sentencia: 
«Que sea relajado [Entregado] don Cayetano Ripoll como hereje formal y contumaz a la justicia ordinaria, para que sea juzgado según las leyes que haya lugar, cuyo parecer ha sido confirmado por el excelentísmo e ilustrísimo señor arzobispo». 
La Sala del Crimen de la Audiencia confirmó la sentencia y lo condenó a la pena de horca y a la de ser quemado como hereje pertinaz.

En el informe que el arzobispo de Valencia envió al nuncio decía que Ripoll 
fue denunciado por vecinos de la zona, analfabetos en su mayoría, [que] no entendían por qué no seguía los rituales tradicionales del catolicismo, a pesar de la bondad, el desprendimiento y el amor a sus semejantes de que siempre hizo gala, según los testimonios recogidos por algunos de sus coetáneos.
No creía en Jesucristo, en el misterio de la Trinidad, en el de la Encarnación del Hijo de Dios, en el de la Sagrada Eucaristía, ni en la Virginidad de María Santísima, ni en los Santos Evangelios ni en la infalibilidad de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana; no cumplía el precepto pascual, impedía a los niños dijesen 'Ave María Purísima' y que hiciesen la señal de la cruz, que no era necesario oír misa para salvarse y retraía a los mismos a dar la debida adoración al Señor Sacramentado, cuando era llevado en procesión
Acusado de no creer en los dogmas católicos, fue condenado a muerte por hereje en Valencia y ahorcado el 31 de julio de 1826. Se ha afirmado que fue la última víctima de la Inquisición española, sin embargo no fue condenado por el Santo Oficio porque en 1826 no existía ya que no había sido restablecido por Fernando VII tras el fin del Trienio Liberal, sino que fue sentenciado por la Junta de Fe de la diócesis de Valencia que había sido creada por el arzobispo Simón López para que ejerciera las funciones del extinguido tribunal. Aunque quien realmente le condenó fueron las Juntas de Fe, “los herederos de la Inquisición”, como explica Alfred Bosch, fueron “las mismas personas y con los mismos medios”

La Junta de Fe, también llamada en ocasiones Tribunal de la Fe, fue un tribunal eclesiástico católico diocesano creado por algunos obispos españoles durante la segunda restauración absolutista en España (1823-1833) con el propósito de sustituir a la Inquisición española que no fue restablecida por el rey Fernando VII tras la recuperación de sus poderes absolutos en 1823, gracias a la intervención del ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis enviado por la Santa Alianza y que puso fin al Trienio Liberal (1820-1823), durante el que estuvo vigente la Constitución de 1812,. Las Juntas de Fe pudieron funcionar gracias a la complicidad de las autoridades civiles locales pues no tenían ningún respaldo legal e intentaron asemejarse en lo posible a la Inquisición. La primera Junta de Fe y la más activa fue la de la diócesis de Valencia, que se haría tristemente célebre en Europa por haber condenado a muerte a Cayetano Ripoll, el último ejecutado en España por el llamado delito de herejía.

Por otro lado, la burocracia hizo retrasar su condena pues su partida de bautismo estaba extraviada y sin ella no se podría considerar cristiano y por lo tanto, tampoco hereje. Al final, apareció y ese documento se convirtió en el certificado de muerte de Ripoll.

La Audiencia de Valencia, a pesar de no contar con la autorización del rey, dictó y ejecutó la sentencia el 31 de julio de 1826. Fue ahorcado y, por orden del tribunal, el cadáver fue metido en una cuba, pintada con unas llamas. La cuba fue llevada al río y el cuerpo fue "enterrado en el lugar destinado a tales reos [condenados por herejía], fuera del cementerio", tal como relató el presidente de la Junta de Fe. "Ripoll fue «entregado a las llamas», al infierno, como en otro tiempo se hacía con los herejes contumaces"

Cuando España ya tenía fábricas y Estados Unidos llevaba 39 años con su actual Constitución fue ahorcado en la Plaça del Mercat de Valencia bajo la acusación de «hereje» y «deísta». Es decir: que creía en la existencia de Dios como creador pero no reconocía que interviniera en los asuntos humanos ni acataba los dogmas y ritos de ninguna Iglesia.

El proceso y ejecución de Cayetano Ripoll causó un gran escándalo en toda Europa, aunque en España quedó casi oculto debido a la censura de prensa. Fue el último ejecutado en España por el llamado delito de herejía, mientras que la última persona condenada a muerte por la Inquisición fue una mujer, María de los Dolores López, que en 1781 fue estrangulada a garrote vil en Sevilla y su cadáver arrojado a la hoguera.

En el cadalso, sus últimas palabras fueron: «Muero reconciliado con Dios y con los hombres». El arzobispo de Valencia y creador de la Junta de la Fe, Simón López García, afirmó: «Dios quiera que sirva de escarmiento para unos y de lección para otros». Sí que sirvió de escarmiento: debido a la indignación suscitada, éste fue el último auto de fe. El escándalo internacional que originó aquel ajusticiamiento extemporáneo provocó que ocho años después fueran abolidas las Juntas de la Fe de España 


Fuentes:
http://www.muyhistoria.es
http://www.levante-emv.com
https://es.wikipedia.org
http://www.lamarea.com/


jueves, 30 de julio de 2015

Las defenestraciones de Praga

Defenestrar:
1. Arrojar a alguien por una ventana.
2. Destituir o expulsar a alguien de un puesto, cargo, situación, etc.


Actualmente se entiende por “defenestrar” apartar drásticamente a alguien de su puesto, pero eso, repito, es hoy en día. Antiguamente, el término era utilizado de manera mucho más literal y venia de las raíces “De” (de, desde) y “fenestra” (ventana). En otras palabras, antiguamente significaba tirar algo (o alguien) por una ventana. Un método fácil y rápido que lo checos utilizaron para atender sus problemas en ciertas oportunidades.

Hay cuatro eventos sucedidos en Praga que giran en torno a esta palabra, conocidos como “Las Defenestraciones de Praga”. La Primera fue en el año 1419, la segunda en 1483, la tercera en 1618. En el primer caso dio lugar a las guerras Husitas, que se alargaron durante los 20 años siguientes, hasta 1436. En la tercera defenestración, dos siglos más tarde, estuvo en el origen de la famosa guerra de los 30 años. La cuarta defenestración es la más misteriosa y a la vez polémica. Ocurrió en 1948 y lleva al establecimiento del Estado comunista en la, por entonces, Checoslovaquia.

De esta manera, buena parte de los cambios políticos en Europa tienen que ver con una práctica que los checos, con el paso del tiempo, fueron perfeccionando.

La Primera Defenestración

Quienes criticaban la degeneración de la Iglesia consideraban que podría enmendarse sólo volviendo a los ideales originarios del cristianismo primitivo, llevando a todos la ley de Dios y cumpliendo las enseñanzas de la Biblia. Exigían, por tanto, que la Iglesia renunciara a su poder temporal y a sus propiedades, lo cual, evidentemente, no hizo.

En la capilla de Belén, en Praga, predicaba un profesor de la Universidad Carolina, el maestro Jan (Juan) Hus. La única autoridad máxima a la que hacía caso era la Biblia; la Iglesia, según él, tenía que ser pobre. El objetivo de los afanes de la vida humana debería ser la piedad y los pasos del hombre aproximarlo al reino de los cielos. La degeneración en la que había caído el siglo era, según él y sus partidarios, una prueba de la pronta llegada del Anticristo. Los profesores alemanes de la Universidad de Praga, sin embargo, no estaban de acuerdo con Hus, y lo denunciaron de posible herejía ante el papa.

Wenceslao IV, irritado por el menoscabo de la fama del país en el extranjero, se decidió a poner medidas. El Decreto de Kutná Hora, del año 1409, entregaba la dirección de la universidad al grupo husita. Cambió las leyes de votación: la parte checa dispondría de tres votos, mientras que la parte conjunta de todos los otros estados tendría un solo voto. A raíz de tales cambios se produjo una profunda crisis con el resultado de la marcha de los profesores y estudiantes alemanes a otras universidades del imperio.

Al principio el rey apoyaba a Hus, pero su crítica a la venta eclesiástica de las indulgencias y el empeoramiento de la reputación de la corte en el exterior, ya que, según se decía, el rey mantenía herejes, cambiaron la situación. El papa proclamó un interdicto sobre Praga (es decir, la prohibición de llevar a cabo cualesquiera sacramentos, entierros, bodas, bautizos, etc.), mientras siguiera en la ciudad Jan Hus.

Una parte de la Iglesia se esforzaba por resolver sus problemas, y sobre todo la cuestión del cisma, convocando un concilio. Al concilio de Constanza, convocado por el hermano del rey checo, Segismundo de Luxemburgo, acudió también Jan Hus, para defender en él las propuestas checas para la reforma de la Iglesia. Se esforzó en vano. No convenciendo a las dignidades eclesiásticas, se negó a desdecirse de sus opiniones y el 6 de julio de 1415 fue quemado en la hoguera en Constanza.

El 30 de julio de 1419 los habitantes de Praga, conducidos por el predicador Jan Želivský tiraron por las ventanas del ayuntamiento a siete miembros del consejo de la ciudad y los asesinaron. Con la defenestración de la Ciudad Nueva comenzó la revolución husita, un movimiento que, en unas decenas de años, hizo de Bohemia la clave de la política europea de su época. Su desenlace fue la resignación de la Iglesia católica ante la imposibilidad de mantener en todo el territorio que se encontraba bajo su influencia la unidad de la fe.

Primera Defenestración de Praga. Obra de Adolf Liebscher
En el año 1420 los husitas fundaron su propia ciudad: Tábor. En ella, lo que se proponían era hacer realidad el ideal de una sociedad justa e igualitaria. Zikmund (Segismundo), cuyas pretensiones al trono no fueron reconocidas, intentó ocuparla por la fuerza de las armas para adjudicarla a la realeza. Para ello organizó una serie de expediciones militares, pero todas sin éxito. En el concejo de Čáslav, se eligió una junta de doce miembros que gobernaba en lugar del destituido Segismundo . Conformaban dicha junta ocho burgueses, siete integrantes de la baja nobleza y cinco de la alta nobleza. Los así llamados Cuatro artículos de Praga se erigieron en programa husita: libre predicación de la palabra de Dios, la comunión bajo las dos especies, la vuelta a la primitiva pobreza de la Iglesia, el castigo de los pecados mortales.

Una personalidad importante del movimiento husita,  fue el predicador Prokop Holý, llamado "el Grande". Bajo su dirección, el ejército husita venció en la batalla de Ústi nad Labem a los cruzados en el año 1426, y en Tachov en el año 1427. En Domažlic, en el año 1431, ni siquiera se llegó a entrar en lucha, aunque la batalla ya estaba preparada, porque la mayoría de los cruzados huyeron antes del comienzo en el momento en el que el ejército husita, ensordecedoramente y todos a una cantando el coral "Soldados de Dios", empezaba a divisarse.

Mientras que en la primera fase de la revolución, los husitas se concentraron en la defensa ante ataques externos, en la segunda fase eran ellos los que llevaban la iniciativa. No sólo se extendieron por las otras tierras de los Reinos de la Corona Checa (que junto a Bohemia constituían Moravia, Silesia, y Alta y Baja Lusacia), sino también por Eslovaquia, por otras áreas alemanas del imperio e incluso, al servicio de los reyes polacos, alcanzando incluso el Báltico.

En el año 1436 se proclamó en Jihlava un acuerdo con el concilio de Basilea, en checo llamada la "kompaktáta" . Para el reino checo y la marca de Moravia, se permitía la comunión directamente del cáliz, y, aunque en versión un poco suavizada, los otros tres artículos de Praga. Por primera vez en la historia de la Iglesia católica, ésta aceptaba la coexistencia de dos confesiones en las tierras que estaban bajo su férula. El movimiento husita dejaba ver en el horizonte la Reforma europea, y suponía un paso hacia la libertad religiosa. Además, en su tiempo, se hizo famoso el arte militar checo, por lo cual los soldados checos fueron requeridos por muchos ejércitos.


La Segunda defenestración

A pesar de que las guerras husitas terminaron con la victoria católica y la reanudación del poder de manos de los católicos, las tensiones entre éstos y los husitas, no se habían debilitado en absoluto. El largo período de anarquía terminó con la elección de un noble husita, Jorge de Podiebrad como rey de Bohemia, y tras su muerte, la de un católico, Vladislao II como su sucesor.

Tras la elección de Vladislao, los católicos retomaron el poder en Praga. Con el apoyo de los conservadores husitas trataron de resolver radicalmente la situación religiosa en la capital ahuyentando o matando a los husitas radicales. Estos últimos, sin embargo, se adelantaron a sus rivales, llegando en la mañana del 24 de septiembre de 1483 a los ayuntamientos de la Ciudad Vieja y la Ciudad Nueva, donde primero mataron y luego tiraron por la ventana a los alcaldes y otros miembros del consejo.

La segunda defenestración de Praga (Karel Svoboda, 1844)

La Tercera defenestración

El 23 de mayo de 1618, la aristocracia bohemia estaba incómoda tras la elección de Fernando II, duque de Estiria, como rey de Bohemia, cuya población era predominantemente protestante. El fin de la tolerancia con los protestantes, la reintroducción de la servidumbre y la orden de cese de la construcción de algunas capillas protestantes actuaron como chispa de la insurrección. Los conspiradores, con el argumento de que el terreno sobre el que estaban construyendo las capillas quedaban en manos del rey y la Iglesia Católica, denunciaron la violación de la Carta de Majestad, escrita por el emperador Rodolfo II en 1609, que permitía la libertad de culto. Haciendo honor a su historia no se contentaron con algo tan simple como escribir una carta. El 23 de mayo de 1618, los representantes de la aristocracia, galvanizados por el conde de Thurn-Valsassina capturaron a dos gobernadores imperiales, Jaroslav Martinitz y Wilhelm Slavata, junto con su secretario Philip Fabricius, en el castillo de Hradcany, en Praga, y los arrojaron por las ventanas del castillo, a pesar de lo cual cayeron suavemente sobre un montón de estiércol depositado en el foso del castillo. Slavata se desmayó, pero ninguno de ellos quedó herido de gravedad. Los Fabricius poco después serían nombrados por el emperador con el título nobiliario de von Hohenfall (literalmente caídos desde lo alto). 

La supervivencia de los tres delegados imperiales se vio en los círculos católicos como una señal divina de que su voluntad estaba del lado católico. Este evento se toma como punto de referencia del comienzo de la Guerra de los Treinta Años que comenzó con la rebelión bohemia, aunque la rebelión ya estaba gestándose mucho tiempo antes. El conflicto bohemio se extendió pronto a la totalidad de los Países Checos (Bohemia, Silesia, Lusacia y Moravia), que ya estaban divididos por enfrentamientos entre católicos y protestantes. Esta confrontación iba a encontrar muchos ecos en todo el continente europeo. Acabarán participando en ella a lo largo de los treinta años que duró, 72.000 alemanes, 40.000 suecos y finlandeses, 100.000 franceses, 68.000 holandeses, 38.000 daneses, 25.000 escoceses, 82.000 ingleses y 47.000 rusos frente a 200.000 hombres provenientes de la monarquía española, unos 250.00 del Sacro Imperio Romano y unos 50.000 de Polonia, siendo el conflicto más grande de la historia hasta el siglo XX.


La Cuarta Defenestración

En algún momento de la noche del 9 de marzo de 1948, o de la mañana del 10 de aquel mes, el ministro de Asuntos Exteriores, Jan Masaryk, salió propulsado por la ventana de su habitación. Muchas son las dudas con respecto a este asesinato o suicidio (según la fuente que se consulte), sin embargo hay algo cierto y es que en la mañana del día 10, Jan Masaryk apareció muerto en pijama bajo la ventana del cuarto de baño de su ministerio.

Fue una muerte muy oportuna para algunos. Dos semanas antes los comunistas habían tomado el control el gobierno. Masaryk, se trataba del único ministro no-socialista en el gobierno de Klement Gottwald y un político enormemente popular. Hijo del primer presidente checoslovaco, Tomás Garrigen Masaryk, Jan Masaryk había sido durante la invasión nazi miembro del gobierno checoslovaco en el exilio, con sede en Londres. Durante la II Guerra mundial, desde la BBC se dirigía a la población dando ánimos contra los nazis. Masaryk era considerado un héroe y podía aspirar a la presidencia. No compartía la línea de Moscú. Aspiraba a una buena relación con la Unión Soviética, pero tampoco renunciaba a que la República checoslovaca entrase en el plan Marshall. Curiosamente, un día aparece muerto. La investigación se cierra pronto. Para la StB (la Seguridad del Estado, la policía secreta checoslovaca) no hay muchas dudas: se trata de un caso claro de suicidio.
Jan Masaryk
Cincuenta y cuatro años más tarde, en el año 2002, se reabre el caso. En un nuevo examen pericial, el estudio de criminología concluye que el antiguo ministro no pudo suicidarse. La posición del cuerpo indica que trató de amortiguar la caída. Pero hay otra razón principal: la distancia entre la ventana desde la que cae y el lugar donde se encontró su cuerpo. El ministro no pudo saltar 2,2 metros, ni el viento le pudo llevar hasta allí.

Queda la duda de si la cuarta defenestración tiene una factura 100% checa o hubo intervención extranjera. Los archivos de la policía secreta checoslovaca han sido desclasificados sin que aparezca información sobre el asesinato de Masaryk. Los expertos apuntan a una más que probable mano rusa. En este asunto, los archivos de la KGB no han visto la luz.

En el siglo XV, en el XVI y en el XX, un empujón a tiempo ha llevado a acelerar de golpe la historia.

Si algo nos enseña la historia es que si algún día hay que enfrentar algún conflicto con un checo, lo mejor es evitar confrontarlo cerca de una ventana.

miércoles, 29 de julio de 2015

Vincent van Gogh

Autorretrato
El tesón y las ganas de trabajar ­ más de 800 cuadros en nueve años como pintor ­ que demostrará Vincent a lo largo de su corta vida son encomiables y definen claramente la biografía de este magnífico pintor neo­impresionista. Vincent Willem van Gogh nace en Groot Zunder (Holanda) el 30 de marzo de 1853 en el seno de una familia de clase media. Su padre ­Theodorus van Gogh ­ era un pastor protestante y su madre ­ Anna Cornelia Carbentus ­ pertenecía a una importante familia de encuadernadores. Sus tíos paternos se dedicaban al comercio de obras de arte, fundando la sucursal holandesa de la prestigiosa firma Goupil & Cie. No existen muchos datos sobre su infancia, iniciando sus estudios en 1861 y destacando en el aprendizaje de inglés, alemán y francés. Abandona repentinamente el instituto donde estudia y regresa a su casa; son los escasos datos que conocemos de estos años de adolescencia ya que hasta los 30 no tendrá vocación artística. Con 16 años empieza a trabajar en la galería Goupil, fundada por su tío en La Haya. Allí se vendían preferentemente obras de artistas holandeses contemporáneos ­ la conocida como Escuela de La Haya que buscará sus raíces en el paisaje realista del Barroco con Jacob van Ruysdael como principal protagonista ­ y de la Escuela francesa de Barbizon, origen del Impresionismo. Durante los cuatro años que Vincent estuvo en La Haya se empapó de estas escenas que tenían bastantesalida comercial. Pero ya en estos momentos se inicia su profunda admiración por Jean-François Millet, a quien considera el padre de la nueva pintura francesa. Anton Mauve, uno de los miembros de la Escuela de La Haya, contrae matrimonio con una de las tías de Vincent, quince años mayor que su marido, convirtiéndose Mauve en el primer mentor artístico de Van Gogh. En 1873 Vincent se traslada a Londres para trabajar en la sucursal de Goupil de la capital británica. Su primer año allí será de entera felicidad, apreciando la pintura de Constable y Turner, y afirmando su admiración por la pintura holandesa contemporánea.

Parece que su primera crisis psíquica fue motivada por el rechazo sentimental de la hija de su patrona, la joven Ursula Layer, de quien se había enamorado profundamente. El deterioro físico y psíquico de Vincent fue tal que se le trasladó a la oficina de París por un periodo de tres meses.

Vincent se volcó en la religión tras su fracaso amoroso, convirtiéndose en un hombre extraño. En 1875 regresa a París procedente de Londres ­ donde había estado los últimos seis meses ­ trabajando de nuevo en la central de la casa Goupil. Se obsesiona con la religión, descuidando su aspecto, leyendo continuamente la Biblia, incluso en el trabajo. También es un asiduo visitante del Louvre y del Museo del Luxemburgo. Cada vez rinde menos en el trabajo; por consiguiente, los jefes de la casa Goupil le dan un plazo de tres meses para que presente su dimisión.

Corría el mes de enero de 1876 cuando Vincent abandona París y regresa a Inglaterra, siendo profesor en una escuela de Ramsgate donde su sueldo era el alojamiento y la comida. En julio de 1876 se instala en las cercanías de Londres, formando parte de una escuela metodista cuyo director le anima a impartir clases de ética y a predicar. Durante las Navidades de ese año regresa a Holanda y su padre le convence para que se quede en casa. En 1877 inicia un nuevo trabajo en una librería de Dordrecht gracias a la recomendación de su tío. Vive solo y no le interesa el trabajo por lo que pretende matricularse en la Facultad de Teología de Amsterdam en dos ocasiones sin obtener resultados positivos.

Tras nuevos intentos fracasados, su padre consigue que se le otorgue un acuerdo para permanecer por un periodo de seis meses como predicador a prueba en el sector de Masnes, en la región belga de Borinage. Durante tres años estará Vincent trabajando con comunidades mineras, renunciando a sus escasas pertenencias para vivir como ellos. Ya entonces empieza a contar con la colaboración económica de su querido hermano Theo, quien trabaja en la central de Goupil en París. Esta dependencia económica se mantendrá durante el resto de la vida de Vincent. El ardor religioso remite y Vincent abandona a los mineros. Posiblemente haya decidido convertirse en un artista profesional por lo que se traslada a Bruselas, compartiendo estudio con Anton van Rappard. Inicia estudios de perspectiva y anatomía, acompañados de lecturas complementarias. En abril de 1881 Vincent regresa a la casa paterna de Etten, donde permanecerá ocho meses al enamorarse apasionadamente de su prima Kee Vos. Llega incluso a quemarse la mano ante el rechazo y se traslada a La Haya, viviendo con una prostituta embarazada que ya tenía un hijo llamada Sien Hoornik. Al pensar Vincent en hacerla su esposa, su padre considera declararle demente para alejarle de Sien. En esta breve etapa en La Haya se sitúa bajo la dirección artística de su tío Anton Mauve. Vincent realiza su primer óleo titulado Muchacha bajo los árboles en tonos oscuros siguiendo a la próspera Escuela de La Haya. Su compañera Sien será su modelo en múltiples dibujos. Pero la relación Vincent-­Sien se agota y el pintor regresa a la casa paterna, ahora en Nuenen.

Theo continúa su apoyo económico como anticipo de las ventas de unos cuadros que nunca se venderán. Vincent dirá a este respecto: "Yo no tengo la culpa de que mis cuadros no se vendan. Pero llegará el día en que la gente se dará cuenta de que tiene más valor de lo que cuestan las pinturas".

"Lirios" está en la lista de las pinturas más caras jamás vendidas, de venta por 54 millones de dólares en 1987. o hay dibujos conocidos de la obra de arte, probablemente porque Van Gogh no la consideraba una obra maestra sino simplemente un estudio.

"El retrato del Dr. Gachet" En 1990 Se pagaron por 82,5 millones de dólares por él. 
Muerto su padre en abril de 1885, Vincent se siente más libre y en otoño se traslada a Amberes donde contempla los espectaculares retablos de la catedral ejecutados por Rubens, iniciando un aclarado de su paleta. La pintura de Delacroix también llamará su atención en estas fechas. Vincent tiene cada vez más claro que debe continuar su aprendizaje en París, donde se traslada por sorpresa en marzo de 1886. En la capital del arte del siglo XIX permanecerá por un periodo de dos años; primero se matricula en la escuela de Fernand Cormon para pintar modelos vivos. Allí conocerá a Toulouse ­Lautrec, poniéndose en contacto con los impresionistas.

Este nuevo movimiento artístico sirve a Vincent de punto de partida, aunque piensa que Millet ha hecho más por la pintura que Manet. Durante estos años realizará paisajes de las cercanías de su casa o bodegones de flores, apreciándose un aclarado de su paleta en relación con el periodo de Nuenen. También inicia ciertos experimentos con el Puntillismo así como conoce a Degas, interesándose por la figura humana. Pero la atención de Vincent se centra en sus contactos con los jóvenes Paul Signac y Émile Bernard, quienes consideran anticuado el Impresionismo.

Ambos artistas influirán mucho en la obra de Vincent, que empieza a pensar en la creación de una comunidad de artistas. Las estampas japonesas supondrán también una importante influencia para el joven pintor, de igual manera que influyen en todos los movimientos del momento. Incluso llegó a reproducir varias estampas japonesas mientras el retrato de Père Tanguy está lleno de estampas niponas. 

Retrato de Père Tanguy
El contacto de Vincent con Paul Gauguin se inicia en el otoño de 1886. Entre ambos surgió un respeto mutuo, creciendo la admiración de Van Gogh hacia Paul a medida que pasaba el tiempo, haciéndose cada vez más fuerte la idea de constituir una sociedad de artistas en la que se compartieran gastos e ideas, ofreciéndose apoyo mutuo. En febrero de 1888 Vincent se traslada al sur de Francia, a Arles, buscando su lugar de escape, su Japón del Sur como él denominaba a la ciudad mediterránea. En Arles beberá mucho menos y creará mucho más. Alquilará una casa, la Casa amarilla, pero la soledad es muy dura ­ sólo mantenía relaciones con la familia del cartero Roulin y sus amigos ­ por lo que empezó a creer con más fuerza en su ansiada sociedad de artistas. Invitó a Gauguin a instalarse en Arles, aceptando éste trasladarse en octubre de ese año, tomando Paul el dinero que Theo Van Gogh le envió para dar gusto a la idea de su hermano.

Vincent está en un tremendo estado de excitación ante la llegada de su amigo y se dedica a la decoración de la casa con una serie de paneles con girasoles. Cuando Gauguin llega, incita a Vincent a pintar de memoria, creando escenas como el Sembrador, en las que la naturaleza resulta ligeramente fantaseada. Pero la convivencia entre ambos artistas no es fluida y las discusiones cada vez suben más de tono. El desenlace se produce la noche del 23 de diciembre de 1888.

Después de haber bebido mucho, discuten de nuevo y Vincent amenaza a su amigo con una navaja de afeitar. Gauguin, asustado, se marcha al hotel y Vincent, arrepentido por el desenlace de la disputa, decide arrancarse el lóbulo de su oreja derecha, entregándoselo a una prostituta para que lo lleve a Gauguin como señal de arrepentimiento. El escándalo fue mayúsculo y la policía acordonó la casa; Vincent es internado en el hospital y delira durante tres días. En enero de 1890 regresa a su casa y pinta las sillas ­ donde observamos la diferencia de ambos pintores ­ así como varios autorretratos donde se aprecia su mutilación. Las noticias de la promesa de matrimonio de Theo con Johanna Gesina Bonger, hermana de su amigo Anders Bonger, no hacen mucha gracia a Vincent, especialmente por la amenaza económica que suponía.

Además, su amigo Roulin es trasladado a Marsella quedándose bastante solo de nuevo. En febrero Vincent es ingresado de nuevo en el hospital al cuidado del doctor Felix Rey ya que padece de insomnio y alucinaciones, imaginándose que alguien quiere envenenarle. Un mes más tarde, un grupo de treinta vecinos de Arles solicita el internamiento del "loco del pelo rojo" como le denominan, una vez más, en el hospital. La policía cierra la Casa Amarilla con todos sus cuadros. Tras abandonar el hospital, Vincent abandona su hogar y se instala en dos pequeñas habitaciones del doctor Rey. Las recaídas son cada vez más frecuentes y el propio Vincent desea ingresar en un sanatorio, lo que ocurre el 8 de mayo. Voluntariamente, se marcha al sanatorio mental de Saint­ Paul­de­ Mausole, cerca de Saint ­Rémy, a 27 kilómetros de Arles. ¿Cuál era la enfermedad de Vincent? Exactamente desconocemos a qué se debían esas crisis y ataques, surgiendo múltiples hipótesis.

La más certera sería una inestabilidad psíquica de carácter congénito, acentuada por el abuso del alcohol. No en balde el doctor le rebajará la dosis de alcohol a medio litro diario, indicándonos esta noticia que era un alcohólico empedernido. Lo que no es del todo cierto es que las crisis que sufre Van Gogh influyan en su pintura ya que Vincent sólo duerme cuando tiene un ataque, teniendo miedo a estas crisis porque no puede crear durante esas fases. Por lo tanto, decir que la obra de Van Gogh es el resultado de los ataques de locura de un esquizofrénico es totalmente falso. Más bien nos encontramos ante la visión de una persona muy sensible que sabe aplicar el color como nadie en su momento. Este encierro en Saint ­Rémy le obliga a pintar lo que hay alrededor del hospital, tanto las habitaciones, la naturaleza o los propios internos. Después de varios ataques ­ en uno de ellos intenta tragarse las pinturas ­ Vincent recibe la noticia de que Theo va a ser padre, deseando que el pintor sea el padrino del futuro bebé. Lleno de emoción, quiere regresar al norte de Francia para poder estar más cerca de sus amigos. Ahora trabaja copiando obras de Millet o Delacroix porque tiene miedo a pintar al aire libre.

Theo considera conveniente que Vincent se instale en Auvers­sur-­Oise, en el noroeste de París, al cuidado del doctor Gachet, famoso homeópata relacionado con los impresionistas. A fines de diciembre de 1889 sufre un nuevo ataque mientras está pintando e intenta tragarse las pinturas; una vez más el doctor le prohíbe pintar, permitiendo la ejecución de dibujos. El 31 de enero de 1890 Johanna da a luz un niño al que se llamará como su tío, Vincent Willen. La noticia llena de alegría al pintor, que también se entera de la primera compra de un cuadro suyo ­ el Viñedo rojo ­ por parte de Anne Boch. 

El viñedo rojo cerca de Arlés es una pintura al óleo del pintor holandés Vincent van Gogh, realizada en Arlés a principios de noviembre de 1888. Supuestamente es la única obra que vendió el artista estando vivo.
En mayo de ese año viaja a París para conocer a su sobrino, pasando tres días en la ciudad, que le parece demasiado ruidosa e intranquila. Parte para Auvers, alojándose en una pensión primero y después en un Café. El doctor Gachet le cuida cariñosamente e incluso piensa que está curado, considerando que nunca más tendrá un ataque. Durante los dos meses que vivió en Auvers pintó más de 80 cuadros,  demostrando estar en pleno éxtasis creador. El 6 de julio de 1890 Vincent va a París para ver a su hermano; le encuentra muy preocupado por su situación laboral, el problema de la vivienda y la enfermedad del pequeño Vincent. Se agobia por ser una carga para su hermano y temiendo un nuevo ataque, el 27 de julio sale al campo y se dispara con un revólver; regresa a su hogar y avisa a los señores Ravoux para que soliciten un médico al no encontrarse bien. Reconoce haberse disparado y los doctores le vendan la herida pero no extraen la bala. Enterado de la noticia, Theo  parte para Auvers y pasa el día con Vincent, fumando ambos en pipa. El 29 de julio de 1890 fallece el primer genio de la pintura contemporánea. Curiosamente, su hermano Theo muere seis meses después en una casa de salud de Utrecht. Desde 1914 ambos hermanos reposan juntos en el cementerio de Auvers­sur-Oise



Museo Van Gogh en Amsterdam


Museo Van Gogh
El Museo Van Gogh de Amsterdam mantiene la mayor colección del mundo de las obras del artista el más popular del mundo - Vincent van Gogh (1853-1890), sus pinturas, dibujos y cartas, completado con el arte de sus contemporáneos. Cada año, 1,6 millones de visitantes vienen al Museo Van Gogh, por lo que es uno de los 25 museos más populares en el mundo. 

La colección cuenta con las obras de Vincent van Gogh - más de 200 pintura, 500 dibujos, sino también obras de otros artistas, sus contemporáneos impresionistas y postimpresionistas -. La obra de Van Gogh está organizada cronológicamente en cinco períodos, cada uno representando un período diferente de su vida y obra: Holanda, París, Arles, Saint-Rémy y Auvers-sur-Oise. El museo hace parte de su colección accesible en Internet.

  


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martes, 28 de julio de 2015

28 de julio de 1821 - En Lima, se proclama la Independencia de Perú

Existen algunos antecedentes de carácter local que es necesario tener en cuenta al momento de estudiar la independencia del Perú. El primero de ellos fue la gran rebelión indígena iniciada en noviembre de 1780 en el Cusco y que estuvo liderada por un descendiente directo del último inca, el cacique José Gabriel Condorcanqui, rebautizado como Túpac Amaru II. Si bien es cierto que la rebelión se inició más como una protesta en contra de los abusos cometidos por los funcionarios de la corona española, sobre todo los excesivos tributos y el extendido uso de la mita, y reconociendo el poder soberano del rey de España, es igualmente cierto que alcanzó una significativa importancia en la región suroriental del Virreinato. (VER MÁS)

La fallida rebelión indígena y la implacable represión que se ejerció contra los insurrectos, trajo consecuencias notables en el funcionamiento y sobrevida del Virreinato. La primera y quizá más relevante, fue que la corona decidió organizar un ejército de línea con la finalidad de que su poder no se viera nuevamente amenazado, en lo que para entonces se consideraba su más importante posesión en América del Sur. Esto quizá nos ayuda a entender por qué el Perú fue de los países que más tardíamente logró su independencia definitiva, para lo cual debió contar con la participación activa de fuerzas militares procedentes de lugares tan disímiles como la “Corriente Libertadora del Sur”, la misma que se originó en Buenos Aires y fuera reorganizada en Chile bajo el mando del militar argentino José de San Martín, y la “Corriente Libertadora del Norte” originada en Caracas y bajo la conducción de Simón Bolívar.

Por otro lado, resulta bastante paradójico que mientras en la mayor parte de Hispanoamérica se produjeron diversos pronunciamientos a raíz del derrocamiento de Fernando VII, sobre todo a través de las juntas de gobierno, las mismas que estuvieron más preocupadas por mantenerse bajo la soberanía del depuesto rey que en lograr la independencia, en el Virreinato del Perú no se manifestó la voluntad de organizar un gobierno local autónomo, independientemente del ideario que lo acompañara, justo en los momentos en que el imperio americano de los Borbones iniciaba su inevitable desmembramiento.

Ahora bien, la pacificación que siguió a la derrota de Túpac Amaru se expresó en un período de tranquilidad que duró hasta 1811, tres décadas en los cuales el dominio español se fortaleció con una serie de importantes reformas de tipo político y económico como, por ejemplo, la lenta liberalización del comercio internacional. En 1811 se realizó la primera revuelta de Tacna, ciudad ubicada a 1300 kilómetros al sur de Lima y que fuera dirigida por un personaje de la aristocracia criolla, Francisco Antonio de Zela. Al año siguiente se tuvo una importante revuelta en la amazónica ciudad de Huánuco, luego en 1813 y liderada por Enrique Pallardelli, la segunda revuelta de Tacna. En 1814 se vivió una importante rebelión en el Cusco, acontecimiento donde tuvo una activa participación el antiguo brigadier indígena del ejército colonial, Mateo Pumacahua, militar que en su momento se encargó de combatir la rebelión de Túpac Amaru.

Las rebeliones aquí mencionadas terminaron con el exilio o la sumaria ejecución de sus líderes, lo cual significó un debilitamiento de cualquier intento de lograr la independencia por medios propios. Súmele a ellas el fracaso de las tres expediciones enviadas por la Junta de Gobierno de Buenos Aires, las mismas que liberarían al Perú por medio de una fuerza militar que ingresó por el Alto Perú, hoy Bolivia, para entender el retraso en la consecución de tan importante objetivo. Habría que esperar la organización, en 1820, de una importante fuerza militar, naval y terrestre al mando de José de San Martín, y la retirada del ejército colonial de la ciudad de Lima hacia el interior del país bajo la conducción del último virrey, José de la Serna, para que Perú proclamara su independencia el 28 de julio de 1821.

El virrey José Fernando de Abascal  advirtió la debilidad de la Junta Central de 1810 e interpretó el movimiento independentista como un complot perpetrado desde Buenos Aires. Mantuvo de 1808 a 1813 una política hostil, pero diplomática, contra las nuevas ideas procedentes de España. A pesar de ello, tuvo que admitir, el 24 de septiembre de 1810, la convocatoria para la elección de diputados. Abascal contaba con la colaboración de los liberales peruanos y españoles, a los que no interesaba que la mayoría nativa accediera a sufragio y a la representación política.

Las promesas de los liberales encendieron las esperanzas de poder de los criollos, pero como no se llevaron a cabo algunos sectores criollos empezaron a atacarlos. Sin embargo, no se atrevieron a sublevarse, pues tenían muy presente la reacción del gobierno virreinal ante la insurrección de Tupac Amaru II (1780) y la de Pumacahua, violentamente reprimidas. Las revueltas indígenas peruanas, lejos de estimular el proceso revolucionario, lo estancaron. Hubo que aguardar a que dos líderes militares lo dirigieran: San Martín y Bolívar, ambos extranjeros.

Perú se encontraba densamente poblado, con sólo un 5 por 100 de blancos y un predominio de indígenas (58 %) sobre los mestizos (29 %) y los negros (8%, de los que la mitad eran esclavos). Las divisiones raciales fomentaron la jerarquización social y establecieron una sociedad de castas.

La clase dominante, de raza blanca, la constituían españoles y criollos aristócratas, quienes originaron una nobleza rural privilegiada e inmovilista que detentaba el poder económico. Los españoles acaparaban casi todos los cargos públicos y burocráticos.

Otro sector lo formaban los criollos liberales, que tan sólo pretendían reformar el armazón colonial y alcanzar unas reivindicaciones sociales y jurídicas mediante su representación en los cabildos.

Los intelectuales peruanos como Jose Hipolito Unanue, José Baquíjano y otros colaboradores del periódico El Mercurio peruano impregnados del pensamiento de la Ilustración abogaban por una libertad y una igualdad, pero no se plasmaban en un movimiento de independencia.

La clase más oprimida y mayoritaria, la de los indígenas, no consiguió representación en los cabildos, al negársela los criollos aristócratas y liberales.

La economía peruana del siglo XVIII sufría una crisis que arrastraba desde el siglo anterior. Perú había sido la máxima potencia americana gracias a su comercio trasatlántico y a la explotación de los metales preciosos. Víctima de las reformas imperiales de 1776-1778, que acabaron con el monopolio comercial, perdió la exclusividad en su comercio con España. La situación empeoró en 1808 cuando Chile y Buenos Aires, rivales económicos de Perú, lograron la libertad de comercio. El gobierno español decretó en 1812 la abolición del tributo indio y de la mita. Con la restauración de Fernando VII en 1814, la presión española se acentuó bajo el virreinato de Joaquín de la Pezuela, quien derogó las medidas liberales.

A comienzos de julio de 1821 se vivía en Lima una tremenda escasez de alimentos, las Tropas Realistas no contaban con recursos y los patriotas ya habían conseguido importantes victorias al interior del país, en tanto la población entera reclamaba la presencia del libertador argentino, quien ya había conseguido tal propósito con Argentina y Chile.

La ofensiva revolucionaria de carácter militar la inició el general San Martín, engrosando sus filas algunos patriotas alistados en la guarnición hispánica que destacaron por sus ideas liberales y lucharon a favor de los independentistas.

Desde que San Martín liberara Chile, gozaba de un enorme prestigio militar. Estratégicamente advirtió la necesidad de asestar el primer golpe contra la metrópoli por mar y para bloquear la flota española contrató los servicios del almirante inglés Thomas Cochrane, en cuyas manos cayeron las ciudades más ricas de la costa del Pacífico. San Martín decidió negociar un arreglo con los realistas, quizá para ganar tiempo y comprometer a todos los patriotas a su causa.

La ineptitud del virrey Joaquín de la Pezuela provocó su derrocamiento aceptado por Fernando VII. Su sucesor en 1821, el general José de la Serna conferenció con San Martín, quien intentó inducirle a unirse a los insurgentes.

El 5 de julio de 1821, el virrey del Perú José de la Serna, anunció a los limeños que abandonaba la ciudad, señalando al Callao como refugio para quienes se sintiesen inseguros en la capital. Muchos vecinos españoles y criollos se trasladaron entonces a dicho puerto, buscando amparo en la Fortaleza del Real Felipe, mientras que el virrey se retiraba con sus fuerzas hacia la sierra central, dejando solo una guarnición en el Real Felipe, al mando de José de la Mar. El mismo virrey, mediante una carta, invitó a San Martín para que entrara de una vez en Lima, antes que lo hicieran las montoneras indias, pues temía que estas pudieran cometer excesos.

El 9 de julio las primeras tropas libertadoras ingresaron a Lima. En la noche del 12 de julio lo hizo el mismo general San Martín y dos días después todo el Ejército Libertador. San Martín, instalado ya en el Palacio de los virreyes, invitó al Ayuntamiento a jurar la Independencia. Este Cabildo, el segundo establecido por elecciones durante el Virreinato, había sido elegido el 07 de diciembre de 1820 según las bases de la Constitución de 1812 que restableció Fernando VII.

El domingo 15 de julio de 1821, cumpliendo el pedido de San Martín, el alcalde Conde de San Isidro convocó a los vecinos en cabildo abierto. Sin embargo, no fueron citados todos los ciudadanos de Lima, sino solo los regidores perpetuos, los títulos de Castilla, los miembros de las órdenes militares, el cabildo eclesiástico y los titulares de familias distinguidas. El resto fue totalmente excluido, incluido el pueblo llano.

Reunido el cabildo, el pueblo limeño se agolpó en las afueras del edificio, gritando su adhesión a la causa independentista. En medio de ese bullicio, los cabildantes, que eran mayormente viejos representantes del colonialismo, se apresuraron a aprobar el Acta de la Independencia.

Manuel Pérez de Tudela fue el encargado de redactar el Acta de Independencia que determinó la proclamación de ella para el sábado 28 de julio de 1821 en la Plaza de Armas de Lima. San Martín buscó implantar el sentimiento de la independencia por lo menos entre los limeños, pero los criollos no le apoyaron porque temían que los indios libres cometieran desmanes contra ellos y sus propiedades. A lo largo de toda la campaña, San Martín se había afirmado como un líder pacifista, y así lo demostró al ocupar Lima.


La declaración y proclamación de la Independencia del Perú constituye uno de los hechos más trascendentales de la historia de América, ya que la liberación del Perú era muy importante para la seguridad de las naciones circundantes, pues allí se hallaba el núcleo del poderío español en Sudamérica. Por ello fue que el Ejército Unido Libertador del Perú, al mando del general José de San Martín, arribó al Perú procedente de Chile. Ya en territorio peruano recibieron el apoyo de la población, especialmente en el norte, donde una inmensa jurisdicción, la Intendencia de Trujillo, se sumó a la causa independentista sin violencia, bajo el mando del marqués de Torre Tagle. Tras Trujillo, sucesivamente juraron la independencia Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Jaén y Maynas; antes ya lo había hecho Lambayeque. El mismo San Martín reconoció posteriormente que si no hubiera sido por el apoyo masivo del norte peruano, se habría visto en la necesidad de volver a Chile para reorganizar sus fuerzas, ya que estas eran inferiores a las fuerzas virreinales.

Aquel 28 de Julio, según rezan algunas crónicas, amaneció lluvioso y templado. Don José de San Martín despertó a las 9 de la mañana, se puso el uniforme de gala y, previo saludo a sus jefes de estado, se preparó para la proclamación.

El sábado 28 de julio de 1821, siguiendo los protocolos virreinales, José de San Martín salió del palacio de Lima a las 10 a.m. junto a un numeroso séquito a caballo. Lo componían, en primer lugar, las autoridades de la Universidad de San Marcos vestidas con toga y birrete, luego, los altos miembros del clero y los priores de los conventos, después, los jefes militares del Ejército patriota y, finalmente, los títulos de Castilla y los caballeros de las órdenes de caballería, acompañados por los oidores de la Real Audiencia y los regidores perpetuos del Cabildo. Precedido de este cortejo, venía San Martín flanqueado por el conde de San Isidro, a la izquierda, y el marqués de Montemira, a la derecha, quien como portaestandarte llevaba la flamante bandera diseñada por el libertador en lugar del estandarte real. Detrás de ellos iban el conde de la Vega del Ren, los altos jefes del Ejército y un escuadrón de húsares. Flanqueaban la marcha los Alabarderos de de la Guardia Real.

Las calles cercanas a la Plaza de Armas estaban llenas. Según testigos, se estimó un aproximado de 16 mil personas quienes escucharon la proclama de Don José de San Martín, secundados por las tropas en formación.

El Marqués de Montemira hizo entrega de la bandera peruana a San Martín y el libertador la tomó, la mostró a la multitud y proclamó la frase que terminó por reafirmar uno de los sus sucesos más importantes en la historia del Perú:
"EL PERÚ DESDE ESTE MOMENTO ES LIBRE E INDEPENDIENTE POR LA VOLUNTAD GENERAL DE LOS PUEBLOS Y POR LA JUSTICIA DE SU CAUSA QUE DIOS DEFIENDE. 
VIVA LA PATRIA! VIVA LA LIBERTAD! VIVA LA INDEPENDENCIA!"
Las campanas repicaron mientras que los cañones disparaban sus salvas. Don José de San Martín había proclamado la Independencia del Perú, declaró una Patria nueva, emancipada y libre. El aplauso estruendoso se apoderó de la Plaza de Armas ante tan importante declaratoria.

La ceremonia se repitió en otros tres lugares: la plazuela de la Merced, el frontis del convento de las Descalzas y la Plaza de la Inquisición (hoy Plaza Bolívar o del Congreso).
Primera Bandera del Perú creada por José de San Martín en Pisco, con la que liberó a la ciudad de Ica el 21 de octubre de 1820, con el sol naciente detrás de las montañas.
El 3 de agosto de 1821, asumió el título de Protector del Perú y aplicó reformas sociales, confirmando la supresión de la mita y del tributo indio abolidos en 1812. Decretó la expulsión de los españoles y la confiscación de sus bienes, con el afán de atraerse a la aristocracia criolla y al mismo tiempo, con la creación de la Orden del Sol, favoreció a los militares criollos.

Sin embargo, los liberales peruanos se oponían a San Martín por considerarlo demasiado teórico. Carente de apoyo, el general acudió a Guayaquil para conferenciar con Simón Bolívar, al que pidió la anexión de esta plaza a Perú, su ayuda militar para la causa peruana y para el establecimiento de una monarquía constitucional en el país (julio 1822). En ella Bolívar sólo se comprometió a prestar ayuda militar menor. El fracaso de las negociaciones obligó a San Martín a dimitir (1822) y marcharse de Perú. (VER MÁS)

Tanto la firma del Acta como la proclamación de la Independencia del Perú fueron meras formalidades, podría decirse hasta simbólicas. Las fuerzas realistas continuaron dominando las regiones más extensas, más pobladas y más ricas del país: la sierra central y todo el sur peruano, teniendo como nueva capital virreinal al Cuzco. No sería sino hasta 1824 cuando se pondría fin a la dominación española en el Perú.

Esto no significó la emancipación definitiva, pues ante la casi e inmediata retirada de San Martín de territorio peruano, sobre todo por las profundas diferencias con los criollos locales, se entró en un período de anarquía y profundas divisiones políticas que culminaron con la retoma de importante territorio nacional por parte de las fuerzas españolas. De hecho, Lima volvió a ser ocupada eventualmente por las tropas realistas. Ante la posible caída del naciente Estado en manos del dominio colonial, el presidente José de la Riva Agüero mandó llamar y entregó el poder absoluto a Simón Bolívar, quien al frente de un ejército conformado por hombres procedentes de las actuales Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú, derrotó de manera definitiva al ejército español en las batallas de Junín y Ayacucho entre los meses de agosto y diciembre de 1824. Consolidada la independencia en el Perú, el resto del continente podía confiar en el sostenimiento del ansiado objetivo: ser independientes de manera definitiva.

Sucre junto con los Oficiales de los diferentes Ejercitos del Sur en la Capitulación de Ayacucho


Acta de la Independencia del Perú.

"En la ciudad de Los Reyes, el quince de Julio de mil ochocientos veintiuno. Reunidos en este Excmo. Ayuntamiento los señores que lo componen, con el Excmo. e Ilmo. Señor Arzobispo de esta santa Iglesia Metropolitana, prelados de los conventos religiosos, títulos de Castilla y varios vecinos de esta Capital, con el objeto de dar cumplimiento a lo prevenido en el oficio del Excmo. Señor General en jefe del ejército Libertador del Perú, Don José de San Martín, el día de ayer, cuyo tenor se ha leído, he impuesto de su contenido reducido a que las personas de conocida probidad, luces y patriotismo que habita en esta Capital, expresen si la opinión general se halla decidida por la Independencia, cuyo voto le sirviese de norte al expresado Sr. General para proceder a la jura de ella. Todos los Srs. concurrentes, por sí y satisfechos, de la opinión de los habitantes de la Capital, dijeron: Que la voluntad general está decidida por la Independencia del Perú de la dominación Española y de cualquiera otra extranjera y que para que se proceda a la sanción por medio del correspondiente juramento, se conteste con copia certificada de esta acta al mismo Excmo. y firmaron los Srs.: El Conde de San Isidro- Bartolomé, Arzobispo de Lima, Francisco Javier de Zárate- El Conde de la Vega de Ren- El Conde de las Lagunas-Toribio Rodríguez-Javier de Luna Pizarro-José de la Riva Aguero-El marquez de Villa fuerte ..."
La Declaración fue firmada por la mayoría de miembros del Cabildo (alcalde de primer voto, 10 regidores y 2 síndicos procuradores), el clero secular limeño y miembros destacados de la sociedad. En total firmaron esta acta 339 prohombres de la ciudad.


En la primera página aparecen las firmas de 60 personas. Posteriormente la rubricaron 3504 personas de diversos sectores sociales. Según el historiador Timothy Anna, la gran mayoría firmó por miedo a las tropas de ocupación. Otros, por ambición de recompensas y nombramientos. También había gente de elevado espíritu patriótico. Se sabe de españoles y criollos que se escondieron para no firmar el Acta, temerosos de las represalias del Virrey cuando recuperase Lima. Al respecto, sobre la caída del gobierno español del Perú, escribe: Además, dos semanas después de la Declaración de la independencia cuarenta y tres de los sesenta y cuatro miembros del Consulado huyeron. Solo diecisiete de los miembros del Consulado firmaron la Declaración. También señala que muchas personas prominentes firmaron la Declaración de Independencia y posteriormente huyeron del país... Más aún, de los que firmaron la Declaración de Independencia, muchos retornaron al bando realista.


Fuentes
http://historiaperuana.com



lunes, 27 de julio de 2015

27 de julio de 1214 - en la Batalla de Bouvines (Francia), Felipe II de Francia derrota a Juan Sin Tierra, consolidando a la dinastía Capeta de Francia como la fuerza militar y política dominante en Europa durante los próximos 100 años


La Batalla de Bouvines fue un decisivo choque militar entre el ejército francés y los ejércitos de una coalición de potencias europeas, que tuvo como fecha el 27 de julio de 1214, cerca del pueblo de Bouvines, en Flandes (en la actualidad perteneciente a Francia), a unos 16 km al sureste de la ciudad francesa de Lille. Los ejércitos de la coalición, que había decidido poner freno al creciente poderío de Francia, estaban liderados por el excomulgado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Otón IV, por su tío el rey Juan Sin Tierra, por Fernando, conde de Flandes, y por otros príncipes de menor entidad. El rey Felipe II de Francia, como comandante del ejército francés, tuvo el apoyo de Federico de Hohenstaufen, quien era el rival, apoyado por el Papa, de Otón IV para ocupar la corona imperial. 

Alrededor de 25.500 hombres por el lado anglo-alemán y 22.000 por el lado inglés lucharon en las tierras alrededor de la pequeña localidad de Bouvines, al norte de París cerca del paso de Calais. Por primera vez, los caballeros y las milicias locales luchan juntos bajo el emblema real de la flor de lis, que dará a la guerra su carácter nacional, inédito hasta entonces. La batalla puso fin a la guerra anglo-francesa de 1202-14 y, entre sus resultados directos, dio más fuerza a la rebelión de los barones ingleses contra Juan, culminándose pocos meses después en la firma de la Carta Magna y, por otra parte, la consolidación de la dinastía Capeta de Francia como la fuerza militar y política dominante en Europa durante los próximos 100 años.

Felipe II "Augusto" de Francia
Felipe II Augusto, miembro de la familia Capeta que reinaba en Francia desde el año 987, se enfrentó a una coalición formada por Juan sin Tierra, rey de Inglaterra, Otón IV, emperador de Alemania, y los condes de Flandes y Boulogne.

Aunque Felipe ganó la batalla gracias a la superioridad de la caballería francesa y al apoyo de las milicias de las ciudades libres francesas, ambos bandos sufrieron miles de bajas. Como consecuencia directa de la batalla de Bouvines, Federico de Hohenstaufen fue coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Federico II en 1215 y Francia se convirtió en una de las primeras potencias de Europa. 

La batalla de Bouvines de 1214 significó una primera conflagración de todos los poderes de Europa occidental y el cambio del equilibrio a favor de la Casa Capeta frente a Inglaterra. Se dio en una combinación compleja de estrategia político-diplomática, lucha en el terreno ideológico y movilización de recursos. Desde entonces, los franceses nunca perdieron preeminencia en el occidente europeo: conquistaron el sur francés y descabezaron a la sociedad occitana, pretendieron el Reino de Sicilia frente a Aragón y, para el siglo XIV, acabaron alojando el Pontificado en Avignon. Aproximadamente, 2.000 muertos y 9.000 prisioneros vuelven a poner en primera página la barbarie humana, si bien nada comparable con el horror que conseguirían las armas de fuego de época Moderna y contemporánea para matar masivamente seres humanos y animales. Francia se anexionó de golpe: Normandía, Bretaña, Maine, Anjou y Touraine.

En el extranjero, los efectos de esta batalla no fueron menos decisivos. El emperador Otón perdió su poder. Sus sucesores volvieron sus ambiciones expansionistas hacia el sur, a Italia y no a Occidente. Solo quedaba en manos inglesas Aquitania, el escenario donde se dio en el siglo XIV, la larga y cruenta Guerra de los 100 años. La batalla consolidó también el poder de los nobles ingleses, pues los barones obligaron a Juan sin Tierra a firmar la Carta Magna, al año siguiente, donde se blindaban los privilegios de ese estamento. Por otra parte, Roma era necesaria como el árbitro de los Estados, tanto en lo temporal, como autoridad espiritual. En Flandes se inició un período difícil marcado por las disputas de sucesión y la lucha social, en particular entre la burguesía próspera de las ciudades y los pueblos.