lunes, 27 de julio de 2015

27 de julio de 1214 - en la Batalla de Bouvines (Francia), Felipe II de Francia derrota a Juan Sin Tierra, consolidando a la dinastía Capeta de Francia como la fuerza militar y política dominante en Europa durante los próximos 100 años


La Batalla de Bouvines fue un decisivo choque militar entre el ejército francés y los ejércitos de una coalición de potencias europeas, que tuvo como fecha el 27 de julio de 1214, cerca del pueblo de Bouvines, en Flandes (en la actualidad perteneciente a Francia), a unos 16 km al sureste de la ciudad francesa de Lille. Los ejércitos de la coalición, que había decidido poner freno al creciente poderío de Francia, estaban liderados por el excomulgado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Otón IV, por su tío el rey Juan Sin Tierra, por Fernando, conde de Flandes, y por otros príncipes de menor entidad. El rey Felipe II de Francia, como comandante del ejército francés, tuvo el apoyo de Federico de Hohenstaufen, quien era el rival, apoyado por el Papa, de Otón IV para ocupar la corona imperial. 

Alrededor de 25.500 hombres por el lado anglo-alemán y 22.000 por el lado inglés lucharon en las tierras alrededor de la pequeña localidad de Bouvines, al norte de París cerca del paso de Calais. Por primera vez, los caballeros y las milicias locales luchan juntos bajo el emblema real de la flor de lis, que dará a la guerra su carácter nacional, inédito hasta entonces. La batalla puso fin a la guerra anglo-francesa de 1202-14 y, entre sus resultados directos, dio más fuerza a la rebelión de los barones ingleses contra Juan, culminándose pocos meses después en la firma de la Carta Magna y, por otra parte, la consolidación de la dinastía Capeta de Francia como la fuerza militar y política dominante en Europa durante los próximos 100 años.

Felipe II "Augusto" de Francia
Felipe II Augusto, miembro de la familia Capeta que reinaba en Francia desde el año 987, se enfrentó a una coalición formada por Juan sin Tierra, rey de Inglaterra, Otón IV, emperador de Alemania, y los condes de Flandes y Boulogne.

Aunque Felipe ganó la batalla gracias a la superioridad de la caballería francesa y al apoyo de las milicias de las ciudades libres francesas, ambos bandos sufrieron miles de bajas. Como consecuencia directa de la batalla de Bouvines, Federico de Hohenstaufen fue coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Federico II en 1215 y Francia se convirtió en una de las primeras potencias de Europa. 

La batalla de Bouvines de 1214 significó una primera conflagración de todos los poderes de Europa occidental y el cambio del equilibrio a favor de la Casa Capeta frente a Inglaterra. Se dio en una combinación compleja de estrategia político-diplomática, lucha en el terreno ideológico y movilización de recursos. Desde entonces, los franceses nunca perdieron preeminencia en el occidente europeo: conquistaron el sur francés y descabezaron a la sociedad occitana, pretendieron el Reino de Sicilia frente a Aragón y, para el siglo XIV, acabaron alojando el Pontificado en Avignon. Aproximadamente, 2.000 muertos y 9.000 prisioneros vuelven a poner en primera página la barbarie humana, si bien nada comparable con el horror que conseguirían las armas de fuego de época Moderna y contemporánea para matar masivamente seres humanos y animales. Francia se anexionó de golpe: Normandía, Bretaña, Maine, Anjou y Touraine.

En el extranjero, los efectos de esta batalla no fueron menos decisivos. El emperador Otón perdió su poder. Sus sucesores volvieron sus ambiciones expansionistas hacia el sur, a Italia y no a Occidente. Solo quedaba en manos inglesas Aquitania, el escenario donde se dio en el siglo XIV, la larga y cruenta Guerra de los 100 años. La batalla consolidó también el poder de los nobles ingleses, pues los barones obligaron a Juan sin Tierra a firmar la Carta Magna, al año siguiente, donde se blindaban los privilegios de ese estamento. Por otra parte, Roma era necesaria como el árbitro de los Estados, tanto en lo temporal, como autoridad espiritual. En Flandes se inició un período difícil marcado por las disputas de sucesión y la lucha social, en particular entre la burguesía próspera de las ciudades y los pueblos.