domingo, 19 de julio de 2015

América Latina frente a la Primera Guerra Mundial

América Latina no participó en la primera línea, pero experimentó sus consecuencias. Primero, como proveedor de materias primas y luego, con declaraciones de guerra, después que Estados Unidos entrara en el enfrentamiento. Solamente Brasil envió tropas a territorio europeo, aunque éstas llegaron cuando el armisticio ya había sido declarado. Otra conexión fueron episodios aislados, como lo ocurrido con las unidades navales inglesas Kent, Glasgow y Orama, que cañonearon al acorazado alemán Dresden en las costas del archipiélago Juan Fernández, en Chile, hundiéndolo el 14 de marzo de 1915.

Más allá de aspectos circunstanciales, América Latina protagonizó la guerra como granero y seguro generador de productos. El historiador alemán Stefan Rinke, profesor de Historia Latinoamericana en la Universidad Libre de Berlín y uno de los principales expertos en la materia, dice que 
“al inicio, los gobiernos intentaron permanecer alejados de la conflagración. Todos los países latinoamericanos declararon su estatus de neutralidad como reacción a las noticias del Viejo Mundo”. 
Esto tenía una razón clara: la economía del subcontinente estaba fuertemente ligada a la europea.

Desastre económico

El mayor reto para la neutralidad latinoamericana estuvo, ciertamente, en el campo económico, ya que la guerra fue una guerra económica mundial. En ese sentido, los efectos del estallido del conflicto fueron severos en toda la región. Ya en 1914, el pánico causó estragos en el sector financiero. La inflación hizo caer los salarios reales y el desempleo masivo llevó a un aumento de las tensiones sociales. Otro resultado más o menos general de la guerra en América Latina fue el aumento de la influencia estadounidense en la región. Estados Unidos se convirtió en el socio comercial más importante de muchos países.

El historiador chileno Víctor Tapia coincide con su colega alemán. En su estudio “El impacto de la Primera Guerra Mundial sobre la economía chilena”, Tapia dice que la Gran Guerra “puso término a un período de importante crecimiento económico e intensificación de los vínculos comerciales a escala planetaria” y que la alteración de las “bases en las cuales se había ido estructurando la economía internacional no fue indiferente para los países latinoamericanos, dadas las relaciones de intercambio económico que sostenían, principalmente, con las naciones involucradas en las hostilidades”. En muchos casos, las economías vieron cómo sus números positivos se convirtieron rápidamente en desastrosas cifras rojas.

Básicamente, las consecuencias fueron económicas. Pero Rinke destaca que hubo repercusiones en otros ámbitos, las que incluso pueden medirse en la actualidad. Sin embargo, el experto reconoce que América Latina desempeña, en términos de análisis histórico, un papel bastante secundario a la hora de estudiar y comprender la Gran Guerra.
La interconexión entre los eventos globales y los desarrollos locales durante la Primera Guerra casi ha pasado desapercibida. Los libros y los tratamientos de la historia de América Latina usualmente toman la Gran Depresión como punto de partida para las periodizaciones. De acuerdo con este punto de vista, la gran crisis fue el momento cuando América Latina tomó un nuevo rumbo. La Primera Guerra Mundial, sin embargo, no desempeñó un papel central como ruptura en el desarrollo del continente. En los libros sobre la Primera Guerra Mundial –incluso en los más conocidos– América Latina casi nunca es mencionada”.
El 1 de agosto de 1914, el diario chileno El Mercurio de Valparaíso publicaba unas líneas que resultaron previsoras: 
“Convulsionada Europa, como lo estamos temiendo, nuestra vida de nación, tan íntimamente ligada a ella, recibirá un golpe funesto, no solo por lo grande, sino por lo inmediato. Vivimos una vida artificial, de entradas extraordinarias, no de las normales. No producimos nuestros consumos. Nuestro pan se está haciendo de harina importada; la carne que consumimos nos viene de afuera. Sin la renta del salitre no podremos subsistir: su restricción obraría en el acto en toda la economía nacional y muy especialmente en la administración pública”.
Atento a esas reacciones de la prensa, cuando en agosto de 1914 las noticias del estallido de la guerra se esparcieron por América Latina, los principales periódicos estaban llenos de editoriales que comentaban los eventos usando metáforas dramáticas. Los periodistas hablaban de la ‘gran catástrofe de la historia humana', que había sumergido al mundo en una crisis de proporciones todavía desconocidas. Latinoamérica se hacía consciente de los acontecimientos y reaccionaba. Al final del conflicto, ya los países habían tomado partido de acuerdo con sus necesidades económicas y diplomáticas. “Ocho países se unieron a los Aliados declarando la guerra a las Potencias Centrales; cinco rompieron relaciones; siete se mantuvieron neutrales”, enumera Rinke.

El académico alemán, que lleva años investigando la Primera Guerra y terminará su trabajo sobre el tema en 2015, aclara que la “contribución latinoamericana no fue decisiva, aunque en muchos casos ciudadanos alemanes fueron apresados y sus propiedades confiscadas. Las declaraciones de guerra introdujeron una nueva dimensión en las relaciones entre Europa y América Latina”. La imagen de Europa cambió para los latinoamericanos, que veían ahora al Viejo Continente como un lugar desgastado, decadente, que traicionó la civilización con un retroceso a la barbarie. Esto, fue agradecido por los movimientos nacionalistas, revolucionarios, indigenistas, sindicalistas, universitarios, de jóvenes o de mujeres, que adoptaron estas percepciones negativas a su favor.

A raíz del conflicto se produjo una pérdida en la credibilidad del modelo europeo. Los países latinoamericanos reorientaron sus sociedades hacia nuevos valores, hacia la demanda de más igualdad social.

Emergió una clase media urbana en ciudades como Buenos Aires, Sao Paulo, Río de Janeiro, Lima, Quito e incluso en el México revolucionario. Esta capa social reorientó el interés de las sociedades hacia lo autóctono, lo nacional, y detonó movimientos que siguen vigentes como el de la mujer, el indígena o el de los trabajadores y el estudiantil.

Perú, cuya economía sufrió severamente por las repercusiones iniciales de la guerra Europea como muchos otros países sudamericanos productores de materias primas, no declaro su neutralidad al principio, pero afronto los problemas caso por caso.

El 10 de diciembre de 1914 el buque alemán Luxor, considerado un crucero auxiliar por la ayuda dada por éste al escuadrón de von Spee, fue ordenado que dejara aguas peruanas en 24 horas. Su capitán se negó - ya que fuerzas británicas lo estaban esperando fuera de esas aguas- y por lo tanto fue internado. Con la amenazante presencia de los buques de von Spee en la costa, los buques de guerra peruanos escoltaban a los buques mercantes en las aguas costeras.

El 4 de febrero de 1917, cerca de la costa norte de España, un submarino alemán hundió al buque peruano LORTON, la única pérdida peruana en la guerra. El 29 de septiembre de 1917 el gobierno peruano puso guardias armados a bordo de los cinco vapores y tres buques a vela internados en el Callao, ordenando a los buques de guerra peruanos iluminar la bahía con sus reflectores. El gobierno sospechaba que Alemania estaba por entregar un ultimátum y que al menos algunos de esos buques tratarían de escapar.

En octubre de 1917 Perú rompió relaciones con Alemania y el 14 de Junio de 1918 tomó ocho buques mercantes alemanes en Callao. Varios de estos vapores eran grandes buques de pasajeros que habían sido usados entre San Francisco, puertos Sudamericanos y Alemania. Perú cedió estos buques a los Estados Unidos.

Uruguay fue quien perdió más tonelaje en buques mercantes (excepto Brasil) por accion de los submarinos alemanes que cualquier otra nación sudamericana., en total tres buques por 6.889 toneladas. En octubre de 1917 Uruguay protestó por el anuncio aleman de guerra submarina irrestricta en el mar y poco después el mercante ROSARIO fue torpedeado. El 24 de noviembre de 1918 Uruguay tomo venganza de estos hechos, tomando ocho vapores alemanes para uso del gobierno. Pero durante toda la guerra se mantuvo neutral.

El papel de México es de especial interés para los historiadores debido a su cercanía con Estados Unidos, país que ingresó en abril de 1917 en el conflicto. México se convirtió en un territorio de guerra entre espías alemanes, norteamericanos, ingleses y franceses que desde ahí trataban de debilitar a su enemigo.

Alemania propuso a México, a través de un telegrama secreto (telegrama Zimmerman), que los británicos descifraron, que declarara la guerra a Estados Unidos (ver más). A cambio le ofrecía una compensación económica y la devolución de los territorios perdidos ante su vecino del norte. El entonces presidente, Venustiano Carranza, contestó educadamente que no estaba interesado porque el plan no tenía pies ni cabeza.

Venustiano Carranza aprovechó el conflicto entre Estados Unidos y Alemania para proclamar su célebre Constitución de 1917. Carranza sabía que el momento era muy oportuno porque Estados Unidos tenía otras cosas más importantes que hacer que luchar contra esa Constitución que era revolucionaria, un hito mundial, por la nacionalización de los recursos naturales y la introducción de la primera legislación social de las Américas.


También declararon la guerra:

7 de abril de 1917. Panamá y Cuba declaran la guerra a Alemania. Panamá y Cuba son aliados de Estados Unidos. Panamá y Estados Unidos miran al Canal. En cuanto a Cuba, “las violaciones del Derecho de Gentes” y los “lazos de confraternidad” con Estados Unidos la empujan a la guerra. El presidente de Panamá es Ramón Maximiliano Valdés Arce, del Partido Liberal, y el de Cuba es Mario García Menocal, del Partido Conservador.

26 de octubre de 1917. Brasil declara la guerra a Alemania. A pesar de ser inicialmente neutral, los efectos de la guerra submarina sobre la flota aliada, llevaron a Brasil a ocupar con sus barcos la ruta de los barcos aliados. Pero los submarinos alemanes también atacaron los barcos brasileños, lo que empujó definitivamente a Brasil a meterse en la guerra, siendo el único país sudamericano que participó de lleno en la guerra. El presidente de Brasil era Venceslau Brás, del PRM (Partido Republicano Mineiro).

10 de diciembre de 1917. Panamá declara la guerra a Austria-Hungría, aliada de Alemania.

16 de diciembre de 1917. Cuba declara la guerra a Austria-Hungría, aliada de Alemania. En su afán de colaborar con el gobierno estadounidense, Cuba presta su apoyo a Estados Unidos “para la defensa de la libertda de los mares y la justicia internacional”.

23 de abril de 1918. Guatemala declara la guerra a Alemania. Graves terremotos afectan el territorio guatemalteco, pero su condición de aliado de Estados Unidos e intereses económicos, empuja al gobierno del país centroamericano a declarar la guerra a Alemania. Para entonces quedaban casi siete meses de guerra. El presidente era Manuel Estrada Cabrera, del Partido Liberal.

8 de mayo de 1918. Nicaragua declara la guerra a Alemania y Austria-Hungría. Apoya a Estados Unidos por intereses económicos. El presidente es Emiliano Chamorro Vargas, del Partido Conservador.

23 de mayo de 1918. Costa Rica declara la guerra a Alemania. La guerra hace que Costa Rica pierda mercados, por lo que su economía empieza a verse afectada. El presidente es Federico Alberto Tinoco Granados, del Partido Peliquista, sin un programa claro.

12 de julio de 1918. Haití declara la guerra a Alemania. Su territorio está ocupado por tropas de los Estados Unidos, que quiere barrer la presencia germana en la zona. El presidente es Philippe Sudre Dartiguenave, puesto ahí por los Estados Unidos.

19 de julio de 1918. Honduras es el último país latinoamericano en declarar la guerra a Alemania. Al igual que otros países hispanoamericanos, los intereses económicos es lo que mueve a Honduras a participar en el conflicto mundial. El presidente es Francisco Bertrand, del Partido Nacional de Honduras.

Mario García Menocal, presidente de Cuba. Ramón Valdés Arce, Panamá. Venceslau Brás, Brasil. Manuel Estrada Cabrera, Guatemala. Emiliano Chamorro Vargas, Nicaragua. Federico Tinoco Granados, Costa Rica. Philippe Sudre Dartiguenave, Haití. Francisco Bertrand, Honduras.
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