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viernes, 3 de julio de 2015

3 de julio de 1940 - La Royal Navy ataca Mers-el-Kebir (Argelia), donde la mayoría de los barcos de guerra franceses están anclados. Sólo unas pocas unidades lograrán escapar y navegar de vuelta a Toulon.

François Darlan
Francia se había rendido, pero el futuro de su Flota, todavía libre, constituía un problema candente. Si los barcos hubieran sido capturados por los alemanes, éstos los hubieran empleado para reforzar su propia flota. Mas el Almirantazgo no tenía intención de permitir que los navíos franceses fueran requisados, no obstante las garantías que los alemanes habían dado al almirante François Darlan.

Los invasores aprovecharon los días catastróficos que sucedieron a la evacuación de Dunkerque, para asestar seguidamente el golpe decisivo al corazón de Francia. A mediados de junio, los ejércitos franceses ya no eran capaces de oponer una resistencia organizada, y el Presidente del Consejo, Paul Reynaud, tuvo que pedir el consentimiento al Gobierno británico para efectuar sondeos cerca de los alemanes con el fin de conocer sus condiciones para un armisticio separado. La respuesta de Churchill, llegó el 16 de junio a primeras horas de la tarde, contenía esta premisa:
«A condición y solamente a condición de que la Flota francesa zarpe inmediatamente hacia los puertos británicos durante las negociaciones, el Gobierno de Su Majestad da pleno consentimiento al Gobierno francés para que proceda a la solicitud de las condiciones de armisticio para Francia...»
¿Qué consideraciones estratégicas impulsaron al Gabinete de guerra inglés a insistir sobre esta condición? Como sea que Gran Bretaña tenía que continuar sola la guerra, con su Imperio y con los países de la Commonwealth, era indispensable que tomara las medidas necesarias para salvaguardar su propia supremacía naval. Estaba justificado suponer que los alemanes insistirían en la rendición de la Flota francesa, que contaba con buenos y potentes barcos modernos. Entonces no solamente la costa francesa del canal de la Mancha y los puertos del golfo de Vizcaya, ocupados por los alemanes, hubieran proporcionado bases excelentes para sucesivas operaciones contra las vías de comunicación marítimas inglesas, sino que el hundimiento de la potencia naval francesa en el Mediterráneo occidental y la ventaja que el Eje había adquirido el 10 de junio con la declaración de guerra de Italia, hubieran puesto en peligro las rutas del Oriente Medio. Si las fuerzas italianas destacadas en Libia conseguían penetrar en Egipto y apoderarse de Alejandría, la Escuadra inglesa se vería obligada a abandonar el Mediterráneo oriental por falta de otra base naval idónea. Otro posible peligro amenazaría las vías de comunicación marítimas inglesas si Alemania decidía apoderarse de las bases francesas de Casablanca y Dakar, situadas en la gran ruta de aprovisionamiento de los ejércitos ingleses en Oriente Medio, en la India y en Extremo Oriente. Esta ruta había adquirido una importancia vital a causa de la situación de inseguridad que existía en el Mediterráneo. 

Reynaud afrontaba ya la crisis ministerial cuando recibió la respuesta inglesa, pero no la comunicó a sus colegas, temiendo que sirviera solamente para animar a los que se habían unido al mariscal Pétain en pro de la petición inmediata de negociar con Alemania. La dramática oferta de Churchill para una unión francoinglesa, que llegó aquella misma tarde, no obtuvo la aprobación unánime de los ministros franceses, por lo que Reynaud hubo de presentar su dimisión. El presidente de la República encargó entonces a Pétain la formación del nuevo Gobierno, en el cual el almirante Darlan asumió el mando de la Marina, conservando, no obstante, el cargo de comandante en jefe de la Flota. Darlan era un oficial ambicioso, con una considerable capacidad profesional. Había contribuido en gran parte al mejoramiento de la disciplina y de la eficiencia de la Marina francesa y, por otro lado, ciertos vínculos familiares le relacionaban con el mundo de la política. Su fidelidad al mariscal Pétalo, en el momento más crítico de Francia, es la clave que permite explicar la trágica suerte de la Flota bajo su mando político y operativo. Muchos de los barcos de guerra franceses eran modernos, si bien carecían de las instalaciones más recientes, como el radar y el sonar. La oficialidad y las tripulaciones estaban formadas en su mayor parte por marinos experimentados, que habían participado en la campaña de Noruega, en distintas operaciones de escolta a los convoyes o en la colocación de minas en el Atlántico y en el Mediterráneo, y, además, en la reciente evacuación de Dunkerque. 

Por otra parte, la sucesiva disgregación del Ejército francés no tuvo un paralelismo en la Marina; mientras los alemanes avanzaban a lo largo de la costa, las autoridades navales francesas, cuyas comunicaciones no habían sido cortadas, consiguieron alejar a tiempo todos los barcos de guerra o mercantes de los puertos del canal de la Mancha y del golfo de Vizcaya. Algunos buques de guerra se refugiaron en los puertos ingleses del canal, pero la mayor parte habla emprendido la ruta de África septentrional u occidental francesas. El 17 de junio, cuando Philippe Pétain pidió el armisticio, dos antiguos acorazados, ocho destructores, tres submarinos y algunas unidades menores se encontraban en Portsmouth o en Plymouth. Dos modernos cruceros pesados, seis destructores, otros dos antiguos acorazados y un portahidroaviones se hablan refugiado en la base naval de Mers-el Kebir, cerca de Orán. Cuatro cruceros, un acorazado y tres destructores se encontraban en Alejandría, donde habían participado en las operaciones con la Escuadra inglesa del Mediterráneo oriental, al mando del almirante Andrew Browne Cunningham. Seis cruceros estaban en Argel y muchos submarinos en Bizena. El nuevo acorazado Richelieu, todavía en fase experimental, partió el 18 de junio de Brest hacia Dakar, mientras su gemelo el Jean Bart, sin estar aun completamente equipado, abandonó el dique seco de Saint-Nazaire un día antes de la llegada de los alemanes y arribó felizmente a Casablanca. El resto de la Flota, compuesto en su mayor parte por unidades de poco tonelaje, estaba fondeado en Toulon; y en cuanto a las unidades destacadas en las lejanas colonias francesas, eran de poco valor para emplearlas en el combate.

A partir del 12 de junio, Darlan aseguró oficialmente, en las frecuentes reuniones de ministros franceses e ingleses, que sus barcos de guerra no caerían nunca en manos de los alemanes, y por su parte el Gobierno aseguró categóricamente que rechazaría cualquier posible cláusula del armisticio que impusiera la rendición de la Flota, cualesquiera que fuesen las consecuencias. El artículo 8.° del armisticio especificaba que la Flota francesa, a excepción de In los barcos necesarios para la defensa del Imperio colonial, tenía que ser desmovilizada y desarmada, bajo el control alemán o italiano, en los puertos que se indicarían. El Gobierno alemán se comprometía formalmente a no emplear la Flota francesa para sus propios fines y a no pretender su entrega parcial o total después de firmada la paz. Todos los barcos de guerra, menos los destinados a la defensa del Imperio colonial, debían ser conducidos a las aguas territoriales francesas. Los dos artículos siguientes establecían que, hasta nueva orden, ninguna tripulación, ningún barco y ningún avión se alejarían del país, y que ningún buque mercante francés podía zarpar. Apenas se enteró de estos términos, el embajador inglés en Burdeos, sir Ronald Campbell, se apresuró a comunicarlos a Londres. 

Evidentemente ignoraba que Pétain había cursado enseguida instrucciones a los delegados para que solicitaran unas enmiendas, sobre todo del artículo 8.° a fin de que los barcos de guerra fueran desarmados en los puertos franceses de África septentrional y occidental. La delegación alemana aprobó, en líneas generales, esta importante concesión la mañana del 22 de junio, en el mismo momento s en que Churchill criticaba ásperamente al Gobierno de Pétain por haber aceptado unas «condiciones que ponían no solamente a Francia, sino a todo su Imperio, a merced o en poder de los dictadores alemán e italiano», y que «no tardarían en hacer caer en manos del enemigo todas las reservas del Imperio y de la Flota francesa para o conseguir sus fines». Afortunadamente, tan negras previsiones no se realizaron. Los contactos entre el nuevo Gobierno francés y el británico cesaron el 23 de junio, e cuando sir Ronald Campbell y todo el personal de la Embajada británica salieron de Burdeos. Es decir, precisamente en el momento en que Londres tenía mayor necesidad de información las comunicaciones con Burdeos resultaron esporádicas y poco seguras. 

La tarde del 22 de junio, una vez aceptadas en términos generales las modificaciones respecto a la Flota, los plenipotenciarios franceses fueron autorizados para firmar el armisticio. Luego se trasladaron a Roma en avión, y dos días más tarde los italianos se adherían también al pacto. Alemania aceptó formalmente la proposición francesa de desarmar su Flota en bases situadas fuera de la zona ocupada, y el 30 de junio las condiciones del armisticio se ratificaron en la ciudad de Wiesbaden. Las instrucciones cifradas que Darlan habla hecho llegar a partir del 20 de junio a todos los comandantes de barcos y de puertos, decían, entre otras cosas: «Ningún buque deberá entregarse sin lucha al enemigo, cualquiera sea la orden que se curse después de ésta. Cuatro días después, cuando el armisticio ya estaba firmado, Darlan reiteró la orden, especificando las disposiciones que debían tomarse para hundir los navíos en caso de que se hallaran en peligro de ser capturados. Sin embargo, aunque Londres hubiera conocido estas instrucciones, no hubiera dejado de pensar que si los alemanes querían apoderarse de la Flota, lo conseguirían de todos modos.

El caso es que el 27 de junio el Gobierno inglés decidió tomar las medidas necesarias para impedir que los barcos franceses regresaran a los puertos de la metrópoli. Al día siguiente se puso al vicealmirante sir James Somerville al mando de la recién constituida Fuerza H, Integrada por el crucero de batalla Hood, el buque insignia. los acorazadas Resolution y Valiant, el portaaviones Ark Royal, dos cruceros y once destructores. Su base seria Gibraltar, desde la cual tendrían la posibilidad de operar en el Atlántico, apoyando a la Home Fleet. y en el Mediterráneo occidental.


El día I de julio Somerville recibió la orden de asegurarse la entrega, la rendición o la destrucción de los barcos de guerra franceses fondeados en el puerto de Orán y en la cercana base de Mers-el-Kebir. La Fuerza H tenía que encontrarse en aquel punto el día 3 por la mañana, a fin de ofrecer al almirante Gensoul cuatro alternativas: 
  • unirse a la Flota inglesa y continuar la lucha junto a ella; 
  • dirigirse con tripulaciones reducidas hacia un puerto de Gran Bretaña o de la India; 
  • desarmar los barcos en Orán bajo control inglés o bien 
  • hundidos allí mismo. 
El HMS Valiant, y los comandantes enemigos: el británico Somerville y el francés Gensoul
En caso de que no fuera aceptada ninguna de estas cuatro proposiciones, la orden era destruir los barcos por la fuerza. Somerville llegó a Orán según lo previsto y dispuso que el capitán de navío Holland, Antiguo agregado naval a la Embajada inglesa en Paris y comandante del Ark Boyal, entrase en el puerto en una lancha para entregar personalmente el ultimátum al almirante Gensoul, a bordo del Dunkerque, pero Gensoul rehusó recibir a Holland, por lo que las propuestas escritas le fueron entregadas por medio de un delegado francés. A las 10, el almirante francés declaró que no sería el primero en abrir fuego, pero que estaba dispuesto a responder a la fuerza con la fuerza. Al informar por radio a Darlan del asunto, le dijo solamente que habla recibido un ultimátum británico para hundir los barcos en un plazo de seis horas. Al mismo tiempo, dio orden de mantener la presión en los navíos y de estar preparados para el combate. A las 16,15, después de intercambiar una serie de mensajes, el almirante francés, que no había recibido aún la respuesta de Darlan, consintió en recibir a Holland para ganar tiempo. Fue entonces cuando éste vio por vez primera las órdenes cursadas unos días antes por Darlan para evitar la captura de la Flota. 

En la tensa atmósfera que reinaba en el Dunkerque, las conversaciones no resultaron fáciles: sobre todo a causa de la indignación del almirante francés por la colocación de minas en la boca del puerto, efectuada por los aviones del Ark Royal a primeras horas de la tarde. Mientras tanto, el almirante Le Luc, jefe del Estado Mayor de la Marina francesa, actuando en sustitución de Darlan, al que no se podía localizar de momento, informó a Gensoul por radio de que todas las fuerzas navales del Mediterráneo occidental tenían la orden de acudir en su ayuda. El mensaje fue interceptado por el Almirantazgo inglés, que se apresuró a informar a Somerville, urgiéndole a ultimar el asunto lo antes posible para evitar el enfrentamiento con los refuerzos franceses. 

El almirante inglés, que ya habla prorrogado el último plazo al máximo, advirtió a Gensoul que, en caso de no aceptar ninguna de las proposiciones antes de las 17,30, sus barcos serian echados a pique. Cinco minutos antes de la hora fijada, Holland descendió del Dunkerque y regresó al Ark Royal. Poco antes de las 18 horas. Somerville ordenó abrir fuego contra los buques franceses, los cuales, al querer responder, se vieron obstaculizados por las maniobras de solear amarras para hacerse a la mar. Las salvas de los barcos británicos, efectuadas por cañones de 381 mm desde una distancia de 12,800 metros, no tardaron en centrar al adversario. El primero en ser alcanzado fue el acorazado Bretagne : un proyectil incendió las municiones de la torre de popa, y otro estalló en la sala de máquinas. La mitad del buque estaba ya ardiendo cuando otros dos proyectiles lo alcanzaron, provocando una violenta explosión y altas columnas de humo. El Bretagne se hundió en pocos segundos con 977 hombres. 

Dunkerque
El Dunkerque fue alcanzado por varios proyectiles mientras se alejaba del muelle, uno de los cuales paralizó la central de tiro. EI buque insignia francés pudo alcanzar a duras penas la parte opuesta del puerto, donde echó el anda. El Provence se había alejado ya del muelle y disparó tres salvas contra el Hood, pero de pronto un proyectil alcanzó su torre de popa incendiando las municiones. Tuvieron que inundar la santa-bárbara y hacer encallar el buque para impedir su hundimiento. El Mogador resultó con la popa destrozada cuando intentaba hacerse a la mar, junto con otros cuatro destructores, y perdió treinta y siete hombres. El resto del buque, envuelto en llamas, fue remolcado hasta el puerto. Mientras tanto, el segundo crucero de batalla, el Strasbourq, aprovechando la inmensa cortina de humo provocada por las explosiones del Bretagne, se hizo a la mar. 

A los trece minutos de iniciarse el ataque, el almirante francés, deseando evitar inútiles derramamientos de sangre, comunicó a Somerville la petición de un alto al luego. Afortunadamente, el almirante inglés, al igual que toda la Royal Navy, sentía una gran antipatía por la empresa y no tenía el menor deseo de prolongar la lucha, de modo que decidió interrumpir el combate. Por estar minada la entrada del puerto, creyó que ningún barco francés conseguiría escapar, pero cuando se dio cuenta de que el Strasbourg había salido a mar abierto sin sufrir ningún daño y se dirigía hacia el Este, lo persiguió y ordenó que los Swordfish del Ark Royal salieran inmediatamente en su persecución. A las 8,20 de la tarde, el crucero de batalla francés llevaba ya 25 millas de ventaja, y después del segundo ataque aéreo infructuoso, cesó la persecución. El Strashourg, el ponahidroaviones Commandant Teste y cinco destructores, todos ellos procedentes de Oran, además de seis cruceros de Argel, llegaron a Toulon la tarde del 4 de julio, y entonces la Fuerza H regresó a Gibraltar. Pero dos días más tarde, los aparatos del Ark Royal fueron enviados de nuevo a Mers-el-Kebir para atacar al Dunkerque, ya que se creía que durante el ataque del día 3 el buque insignia había sufrido daños de poca importancia. Esta vez, un torpedo alcanzó una lancha cargada de explosivos que casualmente se hallaba cerca del navío, la cual, al explotar, abrió un enorme boquete en el costado del mismo, ocasionando la muerte de 150 hombres y dejándolo fuera de servicio durante un año. Simultáneamente con el ataque a Orán del 3 de julio, los ingleses se apoderaban de los barcos de guerra franceses que se encontraban en puertos británicos. A las 3,45 de ese mismo día, varios grupos armados de la Marina inglesa abordaron silenciosamente los buques anclados en Plymouth y en Ponsmouth. La operación, minuciosamente preparada, se basaba en el elemento sorpresa para evitar derramamiento de sangre, y en este sentido alcanzó pleno éxito, excepto en el sub-marino Surcouf, anclado en Plymouth, en el que dos oficiales ingleses resultaron heridos y muerto un oficial francés. Los oficiales y marineros franceses fueron internados separadamente en dos campos de concentración, en la isla de Man y cerca de Liverpool, respectivamente, donde fueron tratados como prisioneros de guerra. Algunos de ellos, no muchos, prefirieron permanecer en Inglaterra para combatir en las fuerzas navales de la Francia libre. Pero la mayor parte fue trasladada a Casablanca, a bordo de buques ingleses. La triste experiencia que habían tenido en Gran Bretaña no les animó a unirse a los combatientes de la Francia libre, y prefirieron seguir prestando servicio a las órdenes de Darlan. 

El Gobierno inglés había decidido emplear la fuerza porque estaba convencido de que nada detendría a los alemanes si éstos querían apoderarse de las mayores unidades de la Marina francesa; con ello, el Gabinete de guerra corría deliberadamente el riesgo de que el Gobierno de Vichy se uniera a las fuerzas del Eje, pero estaba decidido a afrontar todas las consecuencias que de tal actitud pudieran derivarse. Sin embargo, entre los llamados “sucesos actuales”, se imponía considerar que la Flota francesa dependía de Darlan y no de Hitler. Una vez firmado el armisticio por el Gobierno de Pétain, Francia estaba expuesta a sanciones muy severas en caso de contravenir las relativamente benignas cláusulas navales. Es evidente que el ataque de Orán y el trato más bien duro que recibieron las tripulaciones internadas en Inglaterra, suscitaron en Francia cierto rencor. El Gobierno de Vichy disponía aún de un crucero de batalla, cuatro cruceros armados con cañones de 203 mm y otros diez con cañones de 152 mm, treinta destructores y setenta submarinos. Además, en el Norte de África se hallaban unos 180 bombarderos y 450 cazas. Si estas fuerzas se hubieran unido a las que el Eje tenía destacadas en el Mediterráneo, la situación de los ingleses habría sido insostenible. Pero Francia estaba desorganizada y vencida. Su única represalia por la acción de Orán fue el ataque, sin ningún resultado positivo, de una formación de aviones torpederos contra la Fuera H en Gibraltar, en las primeras horas del día 5 de julio. Darlan renunció prudentemente a insistir en las inútiles hostilidades y ordenó que los buques británicos sólo fueran atacados en el caso de que se aproximaran a las costas francesas en un radio de veinte millas, 

Las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña se interrumpieron el mismo 5 de julio. Una de las consecuencias inmediatas del ataque a Orán fue que los alemanes accedieron a que los buques de guerra franceses permanecieran completamente equipados y armados. A los que se encontraban en puertos del Norte de África se les ordenó regresar a Toulon, donde estarían seguros de no ser capturados por los ingleses y, al mismo tiempo, al alcance de los alemanes. Efectivamente, el 27 de noviembre de 1942, varias unidades militares alemanas entraron a la fuerza en la base naval, pero los franceses hundieron sus propios barcos, tal como se habían propuesto en caso de verse obligados a ello. Otra consecuencia más grave aún del episodio de Orán fue la profunda animosidad que se difundió en la Marina francesa contra Inglaterra, lo cual sirvió de estímulo a los colaboracionistas y se reflejó en la resistencia opuesta al fracasado intento de desembarco de las fuerzas de la Francia libre en Dakar, y al otro intento angloamericano de noviembre en el Norte de África. Por otra parte, sin embargo, el ataque contra los barcos franceses demostró al mundo que Inglaterra estaba dispuesta a continuar la lucha.

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