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lunes, 22 de febrero de 2016

Cine e historia - "El hundimiento del Laconia"



Título original: The Sinking of the Laconia (TV)
Año: 2011
Duración: 175 min.
País: GB. - Alemania
Director: Uwe Janson
Guión: Alan Bleasdale
Productora: Coproducción Reino Unido-Alemania; Talkback Thames / Teamworx / Two Oceans Production 
Reparto: Andrew Buchan, Brian Cox, Ken Duken, Lindsay Duncan, Thomas Kretschmann, Franka Potente, Morven Christie, Jodi Balfour, Nicholas Burns, Ciarán McMenamin, Lenny Wood, Ben Crompton 

El 12 de Septiembre de 1942, el Laconia, un crucero inglés reconvertido en transporte para las tropas, fue torpedeado y hundido por el submarino alemán U-156, comandado por Werner Hartenstein. El barco transportaba en su mayor parte mujeres, niños, soldados heridos y prisioneros de guerra italianos. Tras el hundimiento, Hartenstein, en lugar de abandonar a su suerte a los supervivientes, decidió salvar el mayor número de vidas posible. Una historia real de insólita humanidad en medio de la crueldad de la guerra.

Es casi una película revisionista, lejos ya de aquellas vistas en las que, siempre, los alemanes eran los más malos y los más tontos. En este caso, los alemanes quedan muy bien -incluso el almirante Doenitz-, los ingleses quedan bien, los americanos quedan mal y los polacos quedan muy mal.

La historia

El 12 de Septiembre de 1942, el U-156, un submarino Clase IX "C" bajo el mando del Korvettenkapitan Werner Hartenstein, se vio envuelto en un incidente que tendría graves repercusiones para el desarrollo de la guerra submarina.

Había zarpado de Lorient el 20 de Agosto de 1942 para operar en el Atlántico Sur junto al U-68, el U-172 y U-504 formando el Grupo Eisbär. 

El día 25 el U-214 divisó al convoy SL119 al Este de las Azores. Los submarinos del Grupo Eisbär se dirigieron a su encuentro. El convoy cambió de rumbo pero el Grupo Eisbär continuó rumbo Sur. El U-156 hundiría a un mercante que navegaba en solitario, el SS. Clan MacWhirter (británico 5.941tn) al Noroeste de Madeira el día 27 de Agosto.

Por la tarde de aquel día, el U-156 encontró al Laconia, un barco de pasajeros de 20.000 toneladas perteneciente a la Cunard, que había partido de Inglaterra el día 1 de Septiembre con destino Ciudad del Cabo, navegando en solitario a unos 400 kms al noreste de la Isla Ascensión. El barco era una presa perfectamente legal, ya que era empleado como transporte de tropas y estaba armado con dos cañones de 4,7", seis cañones antiaéreos de 1,5" y cuatro antiaéreos Bofors. Por si había alguna duda, el Laconia estaba oficialmente registrado como un Crucero Mercante Armado. Este buque transportaba a 2.732 personas, entre ellas a 1.800 prisioneros Italianos. 

El "Laconia"
Los comandantes alemanes tenían instrucciones, cuando fuera posible, de intentar identificar al capitán u otro oficial responsable de los barcos atacados, con el fin de al menos identificar de forma correcta al barco. El capitán Haternstein puso proa hacia la nave que se hundía, y quedó impresionado al darse cuenta del gran número de aliados italianos que había entre los supervivientes, pero aún se asombró más al comprobar que entre ellos también había mujeres y niños. 

Al darse cuenta de la situación y arriesgando la nave, se iniciaron las operaciones de rescate. Radió la posición del hundimiento y pidió que no atacaran a los buques de rescate. 

Haternstein era consciente del peligro que corrían tanto su tripulación como su barco, permaneciendo en esas aguas en las que pronto podían aparecer barcos o aviones enemigos que hubieran recibido la transmisión del Laconia. Pero por otra parte, no podía abandonar a su suerte a todas aquellas personas. En cuanto comenzaron a recoger supervivientes y a acomodarlos en la cubierta del submarino, Haternstein informó lo sucedido al Alto Mando de Submarinos cuando ya había rescatado a varias decenas de sobrevivientes y solicitó instrucciones.

Doenitz respondió ordenando al U-156 permanecer en el lugar y continuar con la asistencia a los supervivientes, a la vez que ordenaba al U-506 y al U-507 que abandonaran sus patrullas para unirse al rescate. También se unieron a la operación varios barcos de la Francia de Vichy desde el puerto de Dakar. Hartenstein, envió un nuevo mensaje, esta vez en inglés y sin codificar:
"No atacaré a ningún barco que quiere rescatar a la tripulación del hundido Laconia, contando con que yo tampoco seré atacado por barcos o aviones. He recogido a 193 hombres. 4º 52’ Sur, 11º 26’ Oeste. Submarino alemán."
Veamos que nos dice Doenitz al respecto en sus memorias:
“Al recibir esta comunicación tome una decisión que contradecía las normas fundamentales de la guerra marítima en todas las naciones, en las cuales los objetivos bélicos se anteponen siempre a los de salvamento, solo debe realizarse este si la misión bélica de una barco de guerra no se ve limitada por la presencia de náufragos...
En este caso decidí, sin embargo, proceder de otra forma”
El barco transportaba en su mayor parte mujeres, niños, soldados heridos y prisioneros de guerra italianos. Tras el hundimiento, Hartenstein, en lugar de abandonar a su suerte a los supervivientes, decidió salvar el mayor número de vidas posible. Le pidió al sumergible Italiano Capellini, que se encontraba cerca de Freetown, que se uniera a las operaciones de rescate. Dönitz también preguntó si se podían sumar a la operación buques de Guerra franceses del gobierno de Vichy que se encontraban en Dakar.

el U156 Abarrotado de sobrevivientes del Laconia
La noche del 14 al 15 de Septiembre el U-506 llegó a la zona. Entonces a bordo del U-156 se encontraban 263 supervivientes y el U-506 embarcó a 132 italianos que se encontraban en el U-156. El día 16 por la mañana en el U-506 se encontraban más de 200 supervivientes. De camino a la zona del hundimiento del Laconia el U-507 se encontró la tarde del día 15 a cuatro de los botes salvavidas del buque. Las mujeres fueron acomodadas en el sumergible y remolcó a los botes salvavidas con el resto de los supervivientes.

Hartenstein había instalado una gran bandera blanca con una cruz roja realizada con sábanas. El 16 de Septiembre apareció un bombardero B24 procedente de la base de la Isla Ascensión, que sobrevoló en círculos al U-156, comprobando que remolcaba dos lanchas salvavidas, cada una con unos 100 supervivientes, además de los hombres apiñados en la cubierta, y ondeaba una gran bandera de la Cruz Roja en la torre. 

El U-156 (del film) con su bandera de la Cruz Roja 
En total, el U-156 por si solo transporta a cerca de 400 supervivientes. Durante las pasadas del avión, tanto la tripulación del U-156 como un oficial de la RAF que se encontraba entre los supervivientes, hicieron señales al bombardero indicando que el submarino había rescatado personal aliado, y que entre el mismo se encontraban mujeres y niños. El piloto del B24 informó a su base y solicitó órdenes al respecto, que no fueron otras sino las de atacar al submarino alemán. El bombardero realizó dos pasadas a baja altura arrojando dos bombas en cada una de ellas, que no alcanzaron al U-156 pero sí a una de las lanchas y provocaron el vuelco de la segunda. Algunos de los supervivientes situados en la cubierta del submarino cayeron al agua, pero Hartenstein ya no podía hacer nada más, viéndose obligado a sumergirse y a abandonar la zona en previsión de nuevos ataques, poniendo rumbo de regreso a su base. Más tarde se supo que el piloto del B-24 ignoró las señales del U-156, y se limitó a cumplir las órdenes recibidas considerando que el submarino enemigo era una amenaza potencial, y sin considerar el efecto del ataque sobre los náufragos rescatados.


El U-156 se acercó a los botes salvavidas desembarcó a los 55 británicos y a 55 Italianos que se encontraban a bordo del U-156 para que pudieran efectuarse algunas reparaciones en el sumergible. El U-156 se dirigió al Oeste y no siguió participando en las operaciones de rescate. Muchos de los supervivientes del  Laconia que habían estado en el U-156 murieron. 

El 17 de septiembre por la mañana al fin aparecieron las naves francesas, el crucero Gloire y el destructor Annamite ,a donde se empiezan a trasladar los supervivientes del naufragio que se hallaban en el U-506, U-507 y en el sumergible Italiano Capellini. En total se rescataron a 1.111 personas, algunos de los rescatados murieron más tarde a causa de las heridas. Entre los rescatados se encontraban 450 Italianos y 73 Polacos. 

El mismo día, un poco más tarde, el B24 reapareció, atacando esta vez al U-506, que se sumergió y escapó teniendo que abandonar al resto de supervivientes que no pudo alojar en su interior. Del resto de náufragos, un bote salvavidas pudo llegar a la costa de África el 9 de Octubre, y un segundo bote salvavidas del Laconia fue recogido por un convoy británico el 21 de Octubre con 4 supervivientes de los 21 que inicialmente se encontraban a bordo. Irónicamente, la tripulación del B24 fue condecorada por el hundimiento de dos submarinos enemigos, cuando las únicas víctimas de sus ataques fueron los náufragos del Laconia.


Las consecuencias

Así terminó uno de los episodios más notables de la campaña de submarinos de la Segunda Guerra Mundial. La cuenta final de supervivientes fue de 450 de 1.800 italianos, 588 de 829 británicos, 73 de 103 polacos. De los submarinos que formaron parte en el rescate, todos fueron hundidos en misiones posteriores. Años después se descubrió que el piloto americano había interpretado correctamente la escena de rescate alrededor del U-156, pero la base antisubmarina de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos en la isla Ascensión le había ordenado de todas formas llevar a cabo el ataque, en razón de que el submarino seguía siendo un peligro para los barcos de la zona. Quedaba muy claro que el humanitarismo ya no era posible en la guerra de submarinos. Como resultado del ataque del Liberator contra el U-156  y del evidente desprecio de las acciones humanitarias llevadas a cabo por los submarinos alemanes, Doenitz emitió la Orden 154, que sería conocida como "La Orden del Laconia" y que decía así:
  1. No se llevará a cabo ningún intento de rescate de miembros de las tripulaciones de los barcos enemigos hundidos, ya se encuentren en botes salvavidas o en el agua. El rescate va en contra de las exigencias básicas de la guerra para la destrucción de los barcos enemigos y sus tripulaciones.
  2. Se mantienen las órdenes de captura sobre los capitanes u oficiales de los barcos enemigos.
  3. Los supervivientes de los naufragios sólo serán rescatados si poseen información importante para el submarino.
  4. Sean duros. Recuerden que el enemigo no tiene ninguna consideración hacia las mujeres y niños alemanes de las ciudades bombardeadas.
Esta orden se utilizó como excusa para la polémica condena de Doenitz por crímenes de guerra en Nuremberg en 1946. La mayoría de las personas sensatas estuvieron de acuerdo en que los submarinos alemanes lucharon duro, pero de manera razonable teniendo en cuenta la situación y la fuerza de submarinos de Estados Unidos luchado con la misma agresividad  (y en todo caso los submarinos estadounidenses eran más implacables). Por lo tanto muchos dicen que Doenitz fue castigado simplemente por ser demasiado eficiente en su trabajo,  sus submarinos fueron una gran amenaza para la navegación aliada y el resultado de la guerra. 

Debido al riesgo creciente para los submarinos alemanes en superficie, dado el cada vez mayor uso del radar por el enemigo y su cada vez más presente poder aéreo, las órdenes de Doenitz a sus tripulaciones de no correr riesgos rescatando supervivientes, máxime con el precedente del Laconia, son perfectamente razonables a la vez que severas. Desafortunadamente para él, la acusación durante los Juicios de Nuremberg interpretó sus órdenes como instrucciones deliberadas a sus submarinos de acabar con los supervivientes de los barcos hundidos, debiendo enfrentarse a cargos de crímenes de guerra y contra la paz. Sin embargo, dicha acusación no pudo prosperar, ya que muchos altos mandos navales aliados admitieron haber puesto en práctica políticas similares en muchos casos, y en algunas ocasiones haberse producido incidentes de disparos contra los supervivientes de barcos enemigos hundidos. Finalmente, Doenitz fue declarado culpable de algunos de los cargos, pasando en prisión 11 años y seis meses.

El U-156 continuó su patrulla y el día 17 de Septiembre fue reabastecido por otro submarino. El día 19 hundiría al SS .Quebec City (británico, 4.745tn) al Noroeste de Ascensión. Más tarde el U-156 patrulló al Suroeste y al Oeste de Freetown, a mediados de Octubre el U-156 resultó dañado e inició el regreso a la base de Lorient, arribando el 16 de Noviembre de 1942.

Werner Hartenstein
El día 8 de marzo de 1943 el U-156 fue localizado por un avión Catalina del VP-53 (Lt. E.Dryden) a unas 330 millas al Este de Barbados. Saliendo de entre las nubes el avión sorprendió a la tripulación que se encontraba tomando el sol en la cubierta. El avión lanzó 4 bombas que partieron al submarino en tres partes. El U156 se hundiría de inmediato. El avión lanzó un bote salvavidas y comida, al menos cinco supervivientes alcanzaron el bote. La posterior búsqueda no logró encontrarlos. Sus 53 tripulantes perdieron la vida. Un triste e inmerecido final para una noble tripulación.

domingo, 13 de diciembre de 2015

13 de diciembre de 1939 - Batalla del Río de la Plata

1. Su primera misión consiste en alcanzar el Atlántico sin dejarse ver, evitando a tiempo todo buque que pudiera aparecer en el horizonte. Observará usted la misma actitud, incluso después de un posible inicio de hostilidades entre Inglaterra y Alemania, en tanto no reciba usted un telegrama ordenándole que comience sus operaciones.
2. Su misión consistirá, a partir de entonces, en destruir por todos los medios los buques que aseguran el abastecimiento del enemigo. Evitará usted todavía, en la medida de lo posible, entrar en contacto con navíos militares adversarios. Aunque éstos últimos sean inferiores a usted en potencia, no los atacará más que en caso de que sea indispensable para proseguir su misión principal; la destrucción del comercio. 
3. Cambiando frecuentemente de zona de operaciones, sembrará usted la inquietud en el campo enemigo, dificultando, por consiguiente, la navegación, aunque no obtenga ningún resultado directo. Acrecentará usted tal inquietud trasladándose en ciertos momentos a regiones más alejadas…
Orden del Mando naval alemán, Berlín, 1939

El Tratado de Versalles prohibió a Alemania construir buques con más de 10.000 toneladas de registro bruto, además la flota alemana había quedado reducida a una escuadra sin mayor capacidad, que la de vigilar el tráfico marítimo en sus costas.

La necesidad de construir una poderosa flota se hacía evidente, pero en vista de las limitaciones, los ingenieros alemanes estaban obligados a planificar una flota diferente.  Se hacía imperioso diseñar un tipo de nave con las características de un acorazado, pero con las limitaciones que el tratado imponía.

Para ese efecto, utilizaron aleaciones muy ligeras pero de gran resistencia y en especial reemplazaron los remaches, por la soldadura de penetración.  De esa forma, el casco resultaba más liviano que cualquier otro barco de su época, con las mismas dimensiones.  En consecuencia, fue posible equipar a las naves con cañones de gran potencia de fuego, impensable en buques de la época con mayor calado.

Así nacieron los "Acorazados de Bolsillo", barcos con la versatilidad de un crucero, pero con la potencia de fuego de un acorazado.  Se planificaron tres barcos gemelos, el Admiral Scheer, el Deutschland (que luego fuer rebautizado "Lützow" para evitar la posibilidad de que fuera hundido un barco con el nombre del país, lo que sería muy negativo por sus aspectos propagandísticos) y el Graf Spee, puesto en servicio en 1934.


Comienzo de la campaña
El 21 de agosto de 1939, lunes, el acorazado Admiral Graf Spee zarpó del puerto de Wilhelmshaven para dirigirse hacia el Nordeste, al mando de su comandante, Hans Langsdorff (capitán del barco desde octubre de 1938), muy pocos notaron su ausencia y el hecho escapó a la inteligencia británica.

Su misión consistía en actuar como corsario en el Atlántico sur. Apoyado por su buque de abastecimiento, el petrolero Altmark, sus órdenes eran hundir buques mercantes británicos sin entrar en combate con fuerzas enemigas considerables, amenazando de esta forma vitales líneas de suministro aliadas y distrayendo unidades navales británicas de sus bases en otras partes del mundo:

Corsario alemán en acción
Se inició la guerra y se desconocía el paradero del acorazado desaparecido. No se supo de él hasta el 30 de setiembre de 1939, cuando dos botes de salvamento alcanzaron las costas brasileñas en las proximidades de Pernambuco. Sus ocupantes refirieron que su navío, el “Clement”, mercante de 5.051 toneladas, había sido inspeccionado y hundido por “un gran navío de combate alemán”

Más tarde un segundo mercante inglés fue hundido, esta vez en la ruta del Atlántico norte. La incertidumbre creció más cuando se supo que tres buques de carga, el Ashley (4.229 toneladas), el Newton Beach (4.661 toneladas) y el Huntsman (8.300 toneladas) habían desaparecido sin dejar rastro frente a la costa africana, entre El Cabo (Sudáfrica) y Freetown (Liberia).

Fue necesario destacar una escuadra de vigilancia en desmedro de la flota inglesa. En total se movilizaron para esta tarea no menos de 23 navíos: cuatro acorazados, catorce cruceros y cinco portaaviones.

En noviembre de 1939 el Admiral Graf Spee apareció en el Océano Índico, hundiendo un pequeño petrolero frente a la costa de África oriental y retornó al Atlántico sur por el Cabo de Buena Esperanza. En la ruta de El Cabo a Freetown, hundió tres buques en muy poco tiempo. Pero la buena estrella del corsario alemán se torció cuando el Doric Star siguió transmitiendo, pese a las amenazas, y comunicó las coordenadas del encuentro. El día 4 de diciembre se encontró con su buque de abastecimiento, el Altmark. Desde el 3 de septiembre, el Graf Spee había causado pérdidas al transporte británico por más de 50.000 toneladas. Como estuvo navegando desde el 21 de agosto y las máquinas no habían cesado de funcionar, el comandante Hans Langsdorff pensó en el retorno a Alemania para poner a punto sus máquinas.

Entre septiembre y diciembre de 1939, el Admiral Graf Spee había hundido nueve buques mercantes en el Atlántico sur y el océano Índico. El capitán del Admiral Graf Spee se adhirió estrictamente a las reglas militares relativas al ataque a mercantes, poniendo a salvo a la totalidad de la tripulación de los barcos atacados. No se perdió ninguna vida en ninguno de los hundimientos. La mayor parte de las tripulaciones de los barcos fueron transferidas a su buque de apoyo, el petrolero Altmark.


La cacería
Como resultado de la transmisión del mensaje del Doric Star, cayeron sobre el punto donde fue atacado dos de las nueve escuadras británicas: el Grupo H, formado por los cruceros pesados Sussex y Shropshire, y, sobre todo, el Grupo K con el crucero de batalla Renown y el portaaviones Ark Royal. Por fortuna para él, el Admiral Graf Spee había abandonado la zona del ataque. 

Recorrido hecho por el Graf Spee
La Fuerza G británica
El día 13 de Diciembre de 1939, el Graf Spee entraba en las aguas donde operaba la Fuerza G, al mando del Comodoro Henry Hardwood, cuya misión era asegurar la ruta Montevideo-Rio de Janeiro, con base en las Islas Malvinas. La flotilla de Hardwood estaba compuesta por los cruceros pesados Cumberland y Exeter, acompañados de los Cruceros ligeros Ajax y Achilles. De acuerdo a los informes de inteligencia, Hardwood sabía que tarde o temprano, el acorazado de bolsillo entraría en aguas del Atlántico Sur y que le tocaría a él enfrentarlo. La inteligencia había detectado también que, en Montevideo y Río de Janeiro, se realizaban grandes movimientos de víveres, bajo el control del agregado naval alemán y que no podían ser para otro, que para el Graf Spee.

Exeter
Achilles
Ajax

El olfato de Hardwood
Viendo el mapa, Harwood sabía que el buque alemán tenía tres posibilidades, llegar el día 12 cerca a Río de Janeiro, aproximarse a Montevideo el día 13, o moverse por los alrededores de las Malvinas el día 14. Hardwood se decidió por concentrar sus fuerzas frente al Río de la Plata desde el día 10.

La víspera del 13 de diciembre, el Admiral Graf Spee se aproximó a 150 millas de la costa brasileña, poniendo a continuación proa al sudoeste para alejarse de ella a velocidad de crucero. Se proponía cortar la ruta de los buques comerciales que alcanzaban Buenos Aires y Montevideo desde el nordeste y el este. Hacía media hora que había amanecido cuando el vigía del acorazado alemán alertó: "¡Remates de mástiles a proa!".


Batalla del Río de La Plata
En la mañana de aquel día de diciembre de 1939, el Graf Spee estaba a unos cientos de kilómetros de la costa frente al estuario del Río de La Plata. Los vigías oteaban el horizonte desde la amanecida y uno de ellos dio alarma de mástiles en el horizonte. El Graf Spee estaba camuflado con ondas blancas en sus líneas de aguas y un esquema de camuflaje para simularse como un crucero inglés.

El comandante de guardia, sorprendido de ver mástiles y no humo, ordenó despertar al capitán. El vigía creyó avistar un crucero y dos destructores. El comandante Langsdorff ordenó zafarrancho de combate y a cubrir puestos de combate; creía tener a la vista la avanzada de protección de un convoy. Como el Graf Spee era superior a esas naves y el objetivo estaba acorde con las directivas dadas, decidió combatir, para luego hundir el convoy. Pronto Langsdorff descubrió su error: el pretendido crucero era un buque de 10.000 toneladas, inferior al acorazado alemán únicamente en el calibre de su artillería: seis piezas de 203 mm contra otras tantas de 280 mm. Los otros dos navíos, que habían sido tomados por destructores, eran cruceros ligeros que disponían entre ambos de dieciséis cañones de 152 mm. Los tres buques eran los cruceros Exeter, Ajax y Achilles. Quienes dividieron sus fuerzas para atacar al acorazado alemán desde diversos puntos y dispersar los fuegos del mismo.

Langsdorff decidió aplastar a sus adversarios uno a uno y concentró sus fuegos sobre el más poderoso y peligroso de ellos: el crucero pesado Exeter. A las 06:16 fueron disparados los primeros fuegos desde los montajes triples de 280 mm del Admiral Graf Spee, y tres minutos después fueron contestados por el Exeter. La distancia se había acortado sensiblemente y no rebasaba los 15.000 metros. Las dos naves intercambiaban un rápido y nutrido fuego. El Exeter fue tocado, lo cual fue advertido por el Admiral Graf Spee gracias a las llamas y la densa humareda que salía de él. Algunos proyectiles del Exeter también habían tocado al acorazado alemán. El primero destruyó completamente la cocina, así como la red de agua potable de la nave. Otros dieron en el compartimiento de torpedos, averiaron el puesto de dirección de tiro antiaéreo y demolieron algunos camarotes. Hubo muertos y heridos. Pero los daños en el Admiral Graf Spee eran mínimos comparados con el infierno desencadenado en el Exeter. En menos de una hora recibió más de cien proyectiles. Cinco de sus seis piezas fueron silenciadas.

El comodoro Harwood, que había efectuado una vasta maniobra con el Ajax y el Achilles, se acercó a toda velocidad para participar en el combate y socorrer a su buque en peligro. La primera salva que realizó impactó en el Admiral Graf Spee, destruyendo una pieza de 150 mm y matando a todos sus servidores. A pesar de la superioridad de fuego del acorazado alemán, los dos cruceros ligeros ingleses acribillaron al acorazado. Langsdorff decidió concentrar su fuego sobre los cruceros ligeros Ajax y Achilles, que no se encontraban a más de 8.000 metros. Otro disparo del acorazado dio de lleno en las dos torres de popa del Achilles; las cuatro piezas de 152 mm fueron silenciadas. Finalmente, los cruceros británicos se apartaron. En este instante, Langsdorff tenía el combate en sus manos, pero debido a falta de información efectiva sobre sus resultados, la cantidad de bajas y pensando que estas unidades eran una avanzada de otras mayores, decidió no acabar con los sobrevivientes y se envolvió en humo y se alejó a toda máquina hacía la costa. Luego de salir del alcance de los poderosos cañones de 280 mm del acorazado, el comodoro Harwood decidió seguir al acorazado, tratando de no perderlo de vista.


La trampa de Montevideo
Los resultados del combate para el Graf Spee fueron 56 muertos y 20 impactos; los daños eran relativamente menores, pero habían mermado su provisión de municiones. Fue entonces cuando el acorazado alemán se dirigió hacia el Río de la Plata y entró al Puerto de Montevideo (Uruguay). El gobierno uruguayo ofreció una estadía de 72 horas, que debía emplear para la reparación de la nave con sus propios medios o la internación al término de la misma.

El Almirantazgo británico se convenció de que la fuerza de Harwood no podría impedir que el acorazado se abriera paso hacia el océano y decidió reemplazar al Exeter por el pesado Cumberland. Sin embargo, como se hallaba en las Islas Malvinas, aunque navegase a toda velocidad no podría ganar la embocadura del río de la Plata antes del día 17 de diciembre, es decir, tres días más tarde. La fuerza compuesta por el Renown y el Ark Royal, muy superior al Admiral Graf Spee, se encontraba a la altura de Pernambuco, 2.500 millas al norte, y antes de llegar a la desembocadura del Río de la Plata tenía que reabastecerse de combustible, por lo que su intervención antes de una semana, estaba descartada.

El Exeter, incapacitado para abrir fuego, pone proa a las Malvinas y el Ajax que se encuentra en muy mal estado, junto al Achilles siguen al barco alemán que se dirige al puerto de Montevideo.  Segundo error del capitán alemán.   Langdorff pretende entrar a puerto a realizar reparaciones y dejar heridos, pero también está consciente de que está muy corto de municiones para forzar una posterior salida. ¿Por qué eligió Montevideo y no Buenos Aires, donde habría podido recibir mejor apoyo?  Posiblemente, por desconocimiento de la situación política del momento.

Por tanto, la diplomacia y los servicios secretos ingleses entraron a conjugar un sesudo plan para engañar a los alemanes respecto de su situación.

El Graf Spee frente a Montevideo

Las maniobras diplomáticas
La delegación diplomática británica en Montevideo realizó una compleja y consistente labor de desinformación respecto de las fuerzas navales británicas apostadas en la salida del Estuario del Río de La Plata e hizo circular falsos rumores, amenazas e intimidaciones, de modo tal, se realizaron falsos comunicados entre fuerzas inglesas inexistentes a la salida del estuario, que llevaron a Langsdorff a tomar decisiones. En el puerto de Montevideo, por otro lado, las reparaciones del Admiral Graf Spee fueron saboteadas, retrasando ex profeso las mismas, con el fin de retener en puerto a la nave de guerra alemana el mayor tiempo posible, hasta la llegada de las naves británicas que ya estaban en camino, o incluso logrando su internamiento al cumplirse el plazo dado por el gobierno uruguayo.

De acuerdo a las leyes internacionales, el buque tenía 72 horas para realizar reparaciones antes de salir del puerto.  Las diligencias diplomáticas alemanas para extender el plazo no fueron más eficaces que las que realizaban los británicos para que se cumplieran con las leyes internacionales.   Bajo esas circunstancias, desde Alemania, Langdorff recibe las instrucciones de salir peleando o hundir el buque.  Específicamente recibe la orden de no permitir el internamiento del buque en Uruguay. Langdorff sabe también que no tiene suficientes municiones para intentar una salida, en especial si hay más barcos esperándole.

El día 15 de Diciembre, 320 oficiales y tripulantes, incluyendo al Capitán Langdorff, bajan a tierra para enterrar a los miembros de la tripulación muertos en el cementerio de Montevideo. Los prisioneros de guerra británicos desembarcados del Graf Spee acompañaron voluntariamente a los caídos en el cortejo fúnebre hacia el cementerio.


El hundimiento
El Alto Mando Naval alemán, a cargo del gran almirante Erich Raeder, evaluaba la situación de Montevideo a la luz de los informes del capitán Hans Langsdorff y los informes de inteligencia. Langsdorff envió un telegrama, en donde concluía:
Me propongo avanzar hasta el límite de las aguas jurisdiccionales. Si es posible abrirme paso hacia Buenos Aires, librar combate con el resto de mis municiones. Para el caso de que tal tentativa condujera a la destrucción cierta del Graf Spee sin proporcionarle la oportunidad de causar daños al enemigo, pregunto si ha de hundirse el navío en el estuario del Plata, aunque los fondos en él son insuficientes, o bien debe permitirse su internamiento, 
Comandante Graf Spee.
La respuesta del almirante Raeder dejaba prácticamente en completa libertad de acción al comandante del Admiral Graf Spee, salvo en lo referente a la internación en Montevideo. La última frase decía:
Procure que la destrucción sea total si se ve usted obligado a hundir su barco.  
Raeder
El 17 de diciembre, incapaz de dirigirse al puerto de Buenos Aires, el Admiral Graf Spee zarpó poco después de las 18:00, apenas dos horas antes de que expirase el plazo acordado por el gobierno del Uruguay. El buque avanzó lentamente por el estrecho canal en dirección a alta mar. Ahí le aguardaban las naves británicas. Los espectadores del muelle de Montevideo esperaban asistir al raro espectáculo de un combate naval. Tras la estela del acorazado marchaba el transporte alemán Tacoma, refugiado en el puerto uruguayo desde el comienzo de las hostilidades. Ambas naves pararon máquinas a unas cinco millas de la costa.

Aparecieron dos remolcadores que provenían de Buenos Aires y una serie de embarcaciones menores que iban y venían del acorazado al transporte, transportando a la tripulación, de más de 1.000 hombres. Más de medio millar de tripulantes fueron trasladados a Buenos Aires y parte a Montevideo.

Luego, a las 19:55, una enorme columna de llamas brotó repentinamente del Admiral Graf Spee. Al cabo de unos instantes se escuchó una fuerte explosión. El Graf Spee había explotado: los alemanes habían hundido su buque.


Langdorff se suicida
Langdorff y la tripulación, regresan a tierra. El día 19, en su habitación en el Arsenal Naval de Buenos Aires, se suicida de un disparo en la cabeza. El día 20 encuentran el cuerpo del marino, envuelto en la bandera del buque y una carta para el embajador alemán donde explicaba el por qué de su trágica decisión. 
“Excelencia:
Después de haber luchado largo tiempo, he tomado la grave decisión de hundir el acorazado Admiral Graf Spee a fin de que no caiga en manos del enemigo. Estoy convencido de que, en estas circunstancias, no me quedaba otra resolución que tomar después de haber conducido mi buque a la “trampa” de Montevideo. En efecto, toda tentativa para abrir un camino hacia alta mar estaba condenada al fracaso a causa de las pocas municiones que me quedaban. Una vez agotadas esas municiones, sólo en aguas profundas podía hundir el buque a fin de impedir que el enemigo se apoderara de él. Antes de exponer mi navío a caer parcial o totalmente en manos del enemigo, después de haberse batido bravamente, he decidido no combatir, sino destruir su material y hundirlo… Desde un principio he aceptado sufrir las consecuencias que implicaba mi resolución. Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío… Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí sólo corresponde la responsabilidad del hundimiento del acorazado Admiral Graf Spee. Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina. Me enfrento con mi destino conservando mi fe intacta en la causa y el porvenir de mi Patria y de mi Führer.
Dirijo esta carta a Vuestra Excelencia en la calma de la tarde, después de haber reflexionado tranquilamente, para que usted pueda informar a mis superiores y, si es necesario, desmentir los rumores públicos.
Capitán de navío Hans Wilhelm Langsdorff, Comandante del acorazado Admiral Graf Spee”.
 Sus restos fueron sepultados en el Cementerio del Norte, de Buenos Aires.


Funeral de Langdorff en Buenos Aires
El Águila del Graf Spee
La Suprema Corte abrió el camino a la subasta del águila del acorazado alemán Graf Spee, hundido en aguas uruguayas en 1939 tras una batalla naval, al determinar que la preciada pieza nazi es propiedad del Estado uruguayo.

"El juicio tuvo distintas etapas y ha culminado favorablemente para el Estado uruguayo. Ahora el Ministerio de Defensa deberá decidir el destino" de la pieza, señaló el prosecretario de la Presidencia Diego Cánepa.

La pieza en cuestión es una imponente águila de bronce de 2,8 metros de largo por 2 de alto y 350 kilos de peso que sostiene entre sus garras una esvástica y adornaba la popa del acorazado alemán de bolsillo "Admiral von Graf Spee".

El águila fue rescatada en 2006 del fondo de la costa uruguaya, pero el gobierno frenó en 2010 las intenciones de los rescatistas de venderla y desde entonces ha estado enfrentado con ellos en la justicia.


Según Carlos Rodríguez, abogado de los empresarios Alfredo y Felipe Etchegaray, dueños de los permisos para rescatar los restos del buque alemán, éstos reclamaban la propiedad para poder decidir cómo y cuándo vender el águila, lo que ahora dependerá del gobierno.

Según la resolución judicial, el Estado es el propietario, aunque ratificó que los rescatistas tienen derecho al 50% de lo que se obtenga por la venta de la pieza.

"Ahora vamos a hacer una nueva y última gestión política ante el Estado para que se proceda rápidamente a vender", dijo Rodríguez a la AFP. "Y si no, iniciaremos rápidamente las acciones jurídicas tendientes a forzar el cumplimiento del contrato" firmado entre los empresarios y el Estado para sacar los restos del fondo del Río de la Plata.

El abogado aseguró que "el Estado puede hacer lo que quiere" con los restos "pero tiene una obligación contractual de vender los objetos rescatados para indemnizar y pagar de esa manera a los rescatistas el precio convenido, que fue el 50% de lo que se obtenga" por la comercialización.

Según Alfredo Etchegaray, cuando el águila fue encontrada "la prensa inglesa llegó a hablar de que valía hasta 50 millones de dólares".

"Pero solo una subasta pública puede decir cuánto vale. No importa cuánto vale. El tema es que hace 40 años que estoy invirtiendo tiempo y mucho dinero en estos temas (búsqueda de naufragios) y queremos cobrar por el trabajo", indicó.

Actualización 12 de noviembre de 2017 
(nota del diario "El Observador" de Montevideo)
A través del Ministerio de Defensa, el gobierno ha buscado un destino para ese símbolo del poder nazi que fue rescatado del fondo del mar en 2006. Desde entonces, hubo presiones de todo tipo, intereses cruzados, cifras que prometen ser millonarias e intentos por evitar que el águila sea utilizado por algunos para reivindicar las ideas del Tercer Reich. La iniciativa más radical (y simbólica) de algunos miembros de la colectividad judía fue que el águila sea fundida.
El ministro de Defensa, Jorge Menéndez, convocó en agosto a los partidos políticos en busca de consensuar posiciones. Más adelante, conversó con el embajador alemán en Montevideo, Ingo von Voß, según informaron a El Observador fuentes oficiales.
En un encuentro realizado en la sede de la cartera, el jerarca lanzó la propuesta de Defensa al gobierno alemán: que el águila sea exhibida en Uruguay en un lugar a determinar. Una de las ideas es que sea en el Museo Naval, pero incluso está sobre la mesa la posibilidad de construir un sitio específico para rememorar esos hechos históricos. Otra alternativa es utilizar el espacio del museo sobre el Graf Spee que hay en el departamento de Durazno. 
El águila del Graf Spee pesa 350 kilos. La pieza mide 2 metros de alto y 2,8 metros de largo. Fue extraída del mar el 10 de febrero de 2006, 67 años después del hundimiento del barco.
Parte de la iniciativa es que sea el gobierno alemán quien se encargue de pagar el dinero que les corresponde a los hermanos Alfredo y Felipe Echegaray. Ellos fueron quienes idearon un plan para sacar esa imponente pieza de bronce del Río de la Plata. Aún resta definir qué cifra les correspondería, porque hay muchas versiones sobre el valor del águila. Algunas hablan de US$ 4 millones, mientras que otras estiman que en el mercado internacional podría llegar a costar US$ 50 millones. El ministro de Defensa hizo la propuesta y ahora está a la espera de la respuesta alemana. El jerarca estuvo acompañado en el encuentro por funcionarios de la cancillería uruguaya.
La oposición está a la espera de noticias del gobierno. El diputado nacionalista Jorge Gandini anunció que llamará a Menéndez para conocer en qué están las gestiones. El legislador propuso vender la pieza. "El águila guardada en una caja es un problema para algún día. Hay que subastarla y que los recursos ayuden a mejorar el equipamiento de la Armada ante un espacio marítimo cada vez más amplio y complejo", dijo a El Observador.
Ernesto Kreimerman, quien era presidente del Comité Central Israelita cuando el águila fue rescatada, propuso en aquel entonces fundirla, una medida cargada de simbolismo. Se lo propuso en varias oportunidades al exministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. 
Kreimerman mantiene la misma propuesta hasta el día de hoy. "En ningún lado se conserva ningún símbolo del poder nazi en estado completo. Se destruyó hasta el búnker en Berlín", dijo. Según él, esa postura fue mantenida por el comité en los tiempos en que estaba liderado por Sergio Gorzy. Sin embargo, el actual presidente de la agrupación, Israel Buszkaniec, se distanció de esa posición. El titular del comité dijo que la intención del colectivo es evitar que el águila sea expuesta públicamente y el sitio se convierta en un lugar de peregrinación para los nazis de la región. "Podrían juntarse grupos nazis que hay en Uruguay, Argentina, Chile, Brasil", dijo.
Mientras tanto, una pieza histórica de la segunda guerra mundial lleva años tirada en un galpón.
Actualización 12 de diciembre de 2019 
(nota publicada en "Montevideo Portal")
(...) En junio, un fallo judicial en primera instancia condenó al Ministerio de Defensa Nacional y a la Prefectura Nacional Naval a "disponer y realizar la venta onerosa del águila y del telémetro del Graf Spee dentro de un plazo de 90 días (contados desde que quede ejecutoriada la sentencia) y a compartir el 50% de lo producido con los permisarios".
A pesar de que el Ministerio de Defensa anunció que apelaría el fallo (como parte de su estrategia en una batalla legal que lleva ya casi quince años), finalmente no lo hizo, tras negociaciones con el principal permisario e impulsor de esta aventura, el relacionista público Alfredo Etchegaray.
Originalmente, el gobierno tenía tres meses para realizar la subasta del águila, pero en las negociaciones se acordó prorrogar este plazo. La resistencia por parte del Ministerio de Defensa, influida también por las preocupaciones del gobierno alemán, tenía que ver con el destino de la pieza y el posible mal uso que podría darse a este símbolo hitleriano.
Ahora, los obstáculos parecen haberse salvado, dijo Etchegaray a Montevideo Portal. "En este momento el tema está en manos del presidente de la República, quien es quien tiene que emitir el decreto final", dijo el relacionista.
Ya se redactó un memorándum de acuerdo con el Ministerio de Defensa, "un preacuerdo ratificado por el equipo de asesores legales de la cartera". Ahora, el último paso corresponde a Presidencia.
El preacuerdo prevé la realización de una subasta pública internacional, cuyo resultado económico se dividirá entre permisarios y el Gobierno, que podrá usar ese dinero según estime conveniente. Además, se garantiza que los oferentes estarán calificados, lo que evitará que "cualquier loco pueda levantar la mano", dijo Etchegaray. "Y encima, Uruguay cumple con un contrato, que no es un detalle menor", afirmó.
El destino debe ser de perfil académico, lo que asegura que el águila nazi no termine en una colección privada, por ejemplo, una de las preocupaciones de quienes se oponían a la venta. "Puede ser un gobierno, una fundación o un museo", dijo Etchegaray, a modo de ejemplos.
El relacionista acotó que varios museos disponen de dinero para comprar el águila y recordó que este tipo de polémicas (como la ocurrida con el busto de Tutankamón vendido recientemente en seis millones de dólares) "son vendedoras de entradas".
El permisario también señaló que no es cierto que exista la posibilidad de que neonazis estén interesados en adquirir esta pieza o haya riesgos con el tráfico ilícito internacional (lo que además, con el actual acuerdo, no es una posibilidad, al dejar por fuera a particulares). "El propio Manuel Esmoris, de la Comisión de Patrimonio, me reconoció que eso es un bolazo. Los que sí se mostraron interesados son representantes de museos de Washington e Israel", dijo.
"Esta operación la financié solamente yo, vendiendo mis terrenitos y con los ahorros de toda una vida, con lo obtenido por mi trabajo desde que tengo 15 años", dijo Etchegaray, que ahora ve mucho más cerca la consumación de casi 40 años de trabajo detrás del águila del Graf Spee.

Monumento en Montevideo - "que perduren los ideales que hoy juntos defendimos"

miércoles, 27 de mayo de 2015

27 de mayo de 1941 - El Bismarck, orgullo de la marina alemana, se hunde en el Océano Atlántico

El Bismarck fue el primero de los dos acorazados clase Bismarck construidos para la Kriegsmarine (marina de guerra) alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Nombrado así en honor del canciller Otto von Bismarck, promotor de la unificación alemana en 1871, el barco fue puesto en grada en los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo en julio de 1936 y botado dos años y medio después, en febrero de 1939. Se completó en agosto de 1940, cuando fue puesto en servicio en la armada alemana. Junto con su gemelo Tirpitz, el Bismarck fue el acorazado más grande jamás construido por Alemania y uno de los mayores botado por cualquier armada europea.


El fin de un gigante

18/05/41 El Bismarck, al mando de Otto Ernst Lindemann, y el Prinz Eugen, al mando de Helmuth Brinkmann, zarpan de Gdynia, iniciando la operación “Rheinübung”. A bordo del Bismarck se encuentra el almirante Günther Lütjens comandando la escuadra. Mantuvo desde el principio distancia con el comandante Lindemann, situación que traería desalineamiento operativo y comunicacional entre ambos marinos. La intención de Raeder era concentrar una poderosa formación naval alemana en el Atlántico con el fin de operar contra los convoyes británicos

20 de mayo: El Bismarck y el Prinz Eugen son avistados en el estrecho de Skagerrak. El Almirantazgo británico da la alerta

21-22 de mayo. E, Bismarck y el Prinz Eugen alcanzan el Kross Fjord, en las proximidades de Bergenm en Noruega, de donde zarpan al oscurecer protegidos por una espesa niebla. Aviones e la Raf, en vuelo de reconocimiento, avistan las dos unidades alemanas; la escuadra británica sigue en estado de alerta. El Hood y el Prince of Wales zarpan, dirigiéndose hacia el estrecho de Dinamarca.

22 de mayo: A causa del mal tiempo, los ingleses no logran localizar los navíos alemanes; a las 20:00 hs, el comandante en jefe de la escuadra británica recibe la confirmación de que el Bismarck y el Prinz Eugen han eludido el contacto.

23 de mayo. El Bismarck y el Prince of Wales entran en contacto con el Bismarck y el Prinz Eugen a una distancia de 17 millas. Después de un combate de ocho minutos, el Hood explota al ser alcanzado y se hunde rápidamente. de una tripulación de 1315 hombres, solo hay tres sobrevivientes. 


El Prince of Wales, en inferioridad evidente, se retira del combate. Lútjens no permitió a Lindemann acabar con el malogrado Prince of Wales, afirmándose en la rígida instrucción de Raeder de aceptar batalla sólo si era estrictamente necesario, por lo que sostuvo una agria discusión que distanció aún más a ambos marinos. En vista de los daños recibidos por el cañoneo del Prince of Wales, Lütjens decide abortar el ejercicio y llevar al acorazado al puerto de St. Nazaire. Para ello se desembarazó de sus perseguidores en una hábil maniobra, destacando al crucero Prinz Eugen. Creyendo que el Bismarck era objeto de persecución por radar y que no había logrado zafarse del enemigo, Lütjens cometió un grave error táctico al radiar una serie de mensajes informando el hundimiento del HMS Hood y solicitando cobertura.

24-25 de mayo: La destrucción del Hood desencadenó una búsqueda incesante del acorazado alemán por parte de la Real Armada Británica, que desplegó para ello docenas de barcos aviones británicos pertenecientes al portaaviones Victorious encuentran y atacan al Bismarck, pero sin producirle daños de consideración

25 de mayo: El Bismarck se dirige hacia Francia. Las unidades inglesas que le seguían pierden el contacto. El comandante en jefe británico cree que el Bismarck regresará por la misma ruta de llegada, en consecuencia, se aleja de la verdadera posición del acorazado alemán. En cambio, el Almirantazgo británico supone que el Bismarck se dirige hacia Francia. A las 18:10 hs el comandante en jefe de la escuadra se dirige también hacia las costas francesas, pero el Bismarck lleva ya una ventaja de 110 millas.

26 de mayo: Un hidroavión Catalina de la RAF avista al Bismarck y se lo comunica a sus perseguidores. Algunos Swordfish despegan del Ark Royal y atacan por error al crucero inglés Sheffield. En un segundo vuelo, los Swordfish logran localizar al Bismarck y un torpedo alcanza de lleno al timón. Durante la noche entre el 26 y el 27 de mayo, el capitán de navío Vian, comandante de la 4ª flotilla de destructores entra en contacto con el Bismarck.


27 de mayo: Los acorazados Rodney y King George V se aproximan al Bismarck, seriamente dañado. El acorazado alemán, en franca inferioridad ante tantos enemigos y no pudiendo ser gobernado, es reducido a un despojo y al final hundido por los torpedos del crucero Dorsetshire. A las 10:40 hs el Bismarck se hunde. Sin embargo los marinos supervivientes alemanes sostienen que ellos echaron a pique su acorazado. De los casi 2200 tripulantes, sólo 115 lograron sobrevivir.

1 de junio: el Capitán de navío Brickmann, habiendo rehusado llevar a cabo los ataques contra los convoyes británicos, independientemente del Bismarck, como le había ordenado el almirante Lütjens, llega finalmente a Brest con el Prinz Eugen


En junio de 1989 Robert Ballard descubrió la localización del pecio del Bismarck. Desde entonces, diversas expediciones han examinado los restos del navío para documentar su estado y determinar la causa final de su hundimiento.

Robert Ballard

"Demostramos de manera concluyente que de ninguna manera los británicos hundieron el Bismarck", afirmó el doctor Alfred S. McLaren, un especialista en asuntos navales que analizó el naufragio en sendas expediciones realizadas el año pasado y el actual. "Fue echado a pique deliberadamente por los propios alemanes", añadió.

Esa conclusión es aún objetada vehementemente por los investigadores británicos. Pero cinco expediciones desarrollaron misiones de reconocimiento en el lugar del hundimiento, y tres equipos independientes de exploradores norteamericanos, incluyendo al doctor McLaren, un submarinista retirado y presidente emérito del Club de Exploradores de Nueva york, llegaron a la conclusión de que el célebre acorazado, sorprendentemente, se encuentra en bastante buen estado.

Los exploradores norteamericanos advirtieron que en las partes laterales del casco no se observan daños importantes causados por el fuego graneado del enemigo y añadieron que ese hecho, por sí solo, indica que el Bismarck fue en realidad echado a pique deliberadamente, como aseguraron siempre los sobrevivientes germanos, sosteniendo que su tradición naval era hundir los barcos propios que estuvieran en peligro de caer en manos enemigas.

Las conclusiones norteamericanas enfurecieron a los británicos, que los acusaron de artificiosos revisionistas con vulgar afán de notoriedad. "Sencillamente no me convence eso", expresó David L. Mearns, que el año pasado dirigió una expedición británica hasta el lugar del hundimiento. "El Bismarck -agregó- fue destruido por la artillería británica y hundido por torpedos. Todo lo demás es ridículo."

El más reciente embate corrió por cuenta de James Cameron, director de la película "Titanic", de 1997. Su propio documental televisivo se basa en una expedición que realizó hace unos meses, en la que exploró -más a fondo que otras investigaciones anteriores- el Bismarck con robots y sumergibles tripulados. ¿Se habría hundido el averiado Bismarck si no lo hubiesen echado a pique deliberadamente? "Claro, pero habría tardado medio día", comentó Cameron.

Las nuevas observaciones se contraponen a las ideas sobre el fin del Bismarck que alguna vez parecieron patentes, al menos en un primer momento. Un avión de combate británico lanzó un proyectil que averió los timones del acorazado, que fue cercado luego por una flota que lo sometió a un incesante bombardeo. Mientras el Bismarck zozobraba, los marineros alemanes lo abandonaban en tropel arrojándose al agua. 

Los marineros germanos dijeron que el hundimiento del Bismarck se debió a la detonación, 30 minutos antes, de cargas de perforación -explosivos a bordo de la mayoría de los buques de guerra que horadan partes débiles, particularmente cerca de la quilla- y antes de que hicieran impacto los últimos torpedos británicos. Un informe del Almirantazgo durante la guerra llegó a la conclusión de que los propios explosivos alemanes pudieron haber acelerado el fin del acorazado, si bien no fueron la única causa. Pero los patriotas británicos desecharon la idea.



La controversia estuvo nuevamente en el candelero cuando el doctor Robert D. Ballard, uno de los que habían descubierto los restos del Titanic, posteriormente hizo lo propio con el Bismarck, en 1989. A pesar de los ataques y el escabroso descenso, se encontraba en buenas condiciones y aún se podía observar en el acorazado una difusa esvástica.

jueves, 7 de mayo de 2015

7 de mayo de 1915 - Hace cien años, un submarino alemán hunde al RMS "Lusitania"

"Torpedo! Torpedo a estribor!” Ése fue el aterrorizado grito que lanzó el vigía del trasatlántico británico Lusitania, que surcaba las aguas a gran velocidad, a la altura de la costa meridional de Irlanda, el 7 de mayo de 1915. Pero no hubo tiempo para corregir el rumbo, para tratar de evitar la acción del proyectil, que se estrelló contra su objetivo.

Hundido en la costa meridional de Irlanda, a 10 millas de la costa. A las 2:11 de la tarde recibió el impacto de un torpedo alemán y dieciocho minutos después, se hundió. De los 1959 pasajeros y los 201 tripulantes sobrevivieron sólo unas 700 personas. Fue una catástrofe con el cercano precedente del Titanic tres años antes, pero no debida esta vez a la fatalidad de la naturaleza o a la inhabilidad humana, sino a la perversidad de la guerra, y por ello conmovió y horrorizó al mundo mucho más, en tanto que el buque gemelo del Lusitania, el Mauretania, destinado al transporte de tropas, nunca sufrió contratiempo alguno. Los dos buques mellizos habían sido financiados con fondos estatales con la condición de poder ser adaptados en su día a las necesidades bélicas.

Quizá convenga enmarcar la tragedia en su tiempo y circunstancias para entenderla debidamente, así como sus consecuencias y quizás incluso sus causas. Tras el empuje naval del Imperio Alemán a principios del siglo XX, Inglaterra había conseguido recuperar la iniciativa gracias a los tres buques transatlánticos nombrados, que parecían en principio insumergibles. Al estallar la guerra que al principio se llamó “Europea”, Alemania se encontró con la sorpresa de que Francia se había fortalecido notoriamente desde la derrota de 1870 en la guerra francoprusiana, y conseguía detener a las tropas del káiser en una sucia e interminable guerra de trincheras. En estas condiciones, Inglaterra, siempre dispuesta a apoyar pero menos a combatir (se decía “Inglaterra combatirá hasta el último soldado francés”), declaró un bloqueo naval a gran escala de todo el mar del Norte (que, por cierto, motivó fuertes protestas en los perjudicados países neutrales escandinavos) ante la que la potencia continental germana no tendría más remedio que sucumbir: desde la guerra de Secesión estadounidense se conocía la eficacia de someter al hambre a la población civil del país beligerante. El káiser Guillermo, conocedor de que su propia flota no estaba todavía en condiciones de medirse con la británica, prefirió mantenerla en los puertos, pero ideó un arma mortífera con la que contrarrestar la fuerza británica: los U-Boot, o sea los submarinos, que en poco tiempo pasaron de ser una curiosidad a convertirse en un arma temible.

Por aquellos años, la guerra marítima se hacía todavía observando las “leyes del mar”, un conjunto de reglas caballerescas forjadas en siglos anteriores. Cuando un submarino alemán detectaba un buque sospechoso, fuera cual fuera su bandera (era muy común falsificarlas), emergía a su lado, conminándolo a ser registrado. Si la carga era sospechosa, la tripulación era confinada a sus botes salvavidas y acto seguido el barco era torpedeado.

Winston Churchill era a la sazón un joven ambicioso de cuarenta años, encumbrado a Lord del Almirantazgo británico por pertenecer a una selecta familia (era descendiente de Lord Marlborough, el que tanto se distinguiera en la guerra de Sucesión española). Poseído por el afán de ascender y acumular méritos al precio que fuera, enseguida ideó una brillante estrategia: acondicionar algunos buques de transporte para la acción guerrera, dotándolos de unos cañones camuflados. Cuando el incauto submarino emergía junto al barco, rápidamente la artillería de éste era puesta en orden de tiro, y el infeliz sumergible era bombardeado y pasaba al fondo del mar sin haber tenido tiempo de darse cuenta de la astucia del Lord inglés.

Como era de esperar, esa infracción de las “leyes del mar” dio resultado al principio, pero, en cuanto los alemanes se percataron de que un par de docenas de sus submarinos habían sido hundidos por ese sistema, se decidió por la táctica de “primero disparar, después preguntar”. El resultado fue que la guerra se volvió todavía más inhumana, y los buques, de guerra o mercantes, pasaban al fondo del mar “preventivamente”.

Por otra parte, Gran Bretaña, siempre fiel a la comentada táctica de combatir poco y aliarse mucho, no dejaba de presionar a Estados Unidos para que se sumara a la lucha, utilizando todos los medios propagandísticos de que era capaz para persuadir al mundo, y en especial a USA, de la maldad germana. Pero el pueblo estadounidense veía aquella guerra como muy lejana y estaba decidido a persistir en su tradicional aislacionismo respecto a lo que ocurriera en el Viejo Mundo (en el Nuevo era otra cosa; fiel a la consigna monroviana de “América para los [norte]americanos”, sus intervenciones contra México y España le habían proporcionado sustanciosas ganancias territoriales). El único talón de Aquiles del presidente Wilson era su obsesión por la seguridad de los ciudadanos estadounidenses que circularan por el mundo; estaba convencido de que la ciudadanía en su país debía convertirse en un escudo de seguridad, y no cesaba de proclamarlo en arrogantes discursos henchidos de suficiencia moral.

Características técnicas
Construido en los astilleros John Brown, Clide de Escocia. Se botó el 7 de junio de 1906, concluyendo el alistamiento el 7 de septiembre de 1907. Las características de barco eran las siguientes: Desplazaba 31.550 toneladas de arqueo bruto; la eslora era de 241 m; manga 26,8 m y un calado de 11 metros. Al momento de su botadura era junto con su gemelo el Mauretania el barco más grande del mundo. Su planta motriz estaba compuesta por cuatro turbinas, que eran alimentadas por 25 calderas con un total de 129 hogares. El consumo diario de carbón era de 1.000 t a una velocidad de 25 nudos. Estaba capacitado para transportar, con gran lujo, a 2300 pasajeros y a los 900 tripulantes. Fue diseñado para artillarse con doce cañones de 6 pulgadas. Estaba bien equipado con salvavidas. Tenía 119 compartimentos estancos controlados desde el puente. Fue proyectado con el objetivo de ganar la Cinta Azul, condecoración reservada al barco que cruzaba el Atlántico en menos tiempo; dos líneas marítimas alemanas se habían repartido el trofeo anual desde 1897. La construcción del trasatlántico fue subvencionada por el almirantazgo británico mediante acuerdos secretos con la Cunard, que no fueron revelados hasta mucho tiempo más tarde. Los acuerdos contemplaban su utilización como transporte militar en tiempos de guerra. Su utilidad como transporte armado era muy cuestionable. Era rápido pero muy vulnerable ante el fuego enemigo. Consumiría demasiado carbón para la economía nacional en una guerra de desgaste.


Los alemanes advirtieron a los pasajeros que pensaban viajar en el Lusitania que desistieran de su propósito y cancelaran sus reservas. Subrayaron que todo barco de pasajeros perteneciente a un país enemigo que entrara en aguas de la zona de guerra se exponía a ser atacado. Se prevenía a los gobiernos neutrales de que no deberían permitir que sus tripulaciones, pasajeros o mercancías utilizaran esos barcos. La embajada alemana en Washington llegó incluso a publicar en los periódicos americanos anuncios que advertían: 
AVISO
Se recuerda a los viajeros que traten de embarcar para viajes transatlánticos que existe un estado de guerra entre Alemania y su aliados de una parte y Gran Bretaña y los suyos de otra; que la zona de guerra incluye las aguas adyacentes a las islas británicas; que de acuerdo con el último comunicado facilitado por el gobierno imperial alemán los barcos que icen bandera de Gran Bretaña o cualquiera de sus aliados, corren peligro en dichas aguas y que los viajeros que naveguen en la zona de guerra en barcos de Gran Bretaña o de sus aliados lo harán bajo su propia responsabilidad.
EMBAJADA IMPERIAL ALEMANA
Washington, D.C. 22 de Abril de 1915

A pesar de todo, 188 americanos reservaron pasajes a bordo del Lusitania. Mientras el trasatlántico se alejaba de Nueva York con destino a Liverpool, el 1 de mayo de 1915, muchas personas, al otro lado del Atlántico, temían por la suerte del Lusitania. En el momento de la partida no se observó ningún incidente ni precaución especial, lo que contribuyó a dar a los pasajeros una falsa sensación de normalidad. Varias personas conminaron a un caballero partidario de hacer ejercicios de evacuación, a guardar silencio para no inquietar a las señoras. 

Se registraron irregularidades en la presentación de manifiestos a las autoridades de Nueva York. El peligroso contenido de la bodega determinaría la suerte del buque. En la "inocente" declaración de carga no figuraban las más de 4000 cajas de municiones, destinadas a contribuir al esfuerzo de guerra de los aliados. La cantidad transportada de municiones de fusil y de cañón reconocidas por W. S. Churchill eran 173 toneladas. Otras fuentes estiman que la cantidad de armamento era mucho mayor.

El capitán William Tumer:
Apodado Bowler Bill (Bill el Lanzador) iba a realizar su primer viaje al frente del Lusitania. Tenía largos años de experiencia en la misma ruta y provenía directamente del mando del buque gemelo Mauritania. En el arriesgado momento del ataque había abandonado el puente hasta que se divisó la estela del torpedo. Sobrevivió al hundimiento y aportó importante información para esclarecer los hechos. Al llegar a la altura del cabo Fastnet, adoptó las precauciones habituales al entrar en una zona peligrosa, como fue la de alistar los botes para ser rápidamente arriados, doblar el servicio de serviolas y mantener constante comunicación radiotelegráfica con las estaciones costeras. A pesar de las órdenes recibidas por vía radioeléctrica y de los múltiples avisos sobre la presencia de submarinos en la zona, el capitán Turner con ánimo de recalar en Liverpool dos horas antes de la pleamar, ordenó reducir la velocidad de 27 a 25 nudos, velocidad que tuvo que ser aminorada más tarde a causa de niebla hasta hacerla bajar a 15 nudos. Ignoró las instrucciones que el almirantazgo había cursado el 16 de abril recomendando navegar en zig-zag en zonas con peligro de ataque submarino. La gran superioridad de su velocidad podía imposibilitar que los submarinos en inmersión pudieran centrarse correctamente el blanco para lanzar los torpedos. Las declaraciones posteriores del capitán Turner confirmaron que todos los avisos de peligro habían sido debidamente recibidos a bordo. El dictamen de la posterior comisión de investigación resultó muy desfavorable respecto a su actuación.

El comandante Walter Schwieger:
Estaba al mando del submarino U-20. Había permanecido en el mar desde el 30 de abril anterior y viajaba de regreso a su base, en Wilhelmshaven, fue el primero en avistar el barco. Al principio Schwieger no reconoció el trasatlántico; sólo pudo describirlo como un bosque de mástiles y chimeneas. Cuando se acercaba a la punta de Kinsale, el trasatlántico cambió de rumbo.
A partir de ese momento se dirigió en línea recta hacia nosotros, no podía haber elegido un rumbo más perfecto si hubiera tratado, deliberadamente, de ofrecemos un blanco. [...] El buque era atacable a tenor de las instrucciones que habían recibido los submarinos alemanes, después de la declaración de su almirantazgo sobre la guerra submarina sin restricciones, dentro de la zona que la nota oficial delimitaba. (W.Schwieger)
Cuando el barco se hubo acercado a solamente 365 metros, ordenó que se disparara el torpedo. Hizo blanco en el barco, sobre estribor, por debajo del puente. En la sala de calderas número uno. Observó los detalles del hundimiento por el periscopio, y en ese momento se dio cuenta de la identidad del buque torpedeado. Según su propia confesión, en ese instante se imaginó la enorme trascendencia del hecho y abandonó inmediatamente el lugar dejando atrás al destrozado trasatlántico y a sus aterrorizados pasajeros.

El hundimiento (7 mayo 1915):
Los supervivientes declararon que se sintieron dos explosiones casi simultáneas, una que corresponderían al torpedos y luego, también muy próxima, una mucho más fuerte, que provocó la muerte de un centenar de pasajeros, y que sin duda fue la explosión del cargamento de explosivos que el barco llevaba. Esta explosión interna determinó que el casco se desfondara y que los compartimentos estancos no resistieran a la presión. La proa desapareció bajo el mar, al tiempo que el barco comenzaba a inclinarse hacia estribor. Cuando la proa chocó con el fondo, a 96 metros de profundidad, la popa quedó un rato al aire, con sus enormes hélices apuntando hacia el cielo. Luego, el inmenso casco del trasatlántico se deslizó, arrojando humo y burbujas, hacia el fondo del mar. No dio tiempo a que se distribuyeran debidamente los chalecos salvavidas. Los buzos que examinaron el pecio informaron de que uno de los costados y la parte inferior del casco habían sido destruidos por una explosión producida en el interior de la nave. Esta explosión debió haber sido mucho más poderosa que la causada por un torpedo de tipo G. El vicealmirante Crookes ordenó que se movilizaran todo tipo de embarcaciones hacia el lugar del naufragio, que no pudieron llegar antes de las 2 horas.

La operación propagandística británica, especialmente en USA, fue muy intensa, pero se volvió contra la propia Inglaterra en cuanto los alemanes, en la investigación subsiguiente, presentaron pruebas irrefutables en primer lugar de que el buque había sido financiado para poder participar en actividades bélicas (como estaba haciendo claramente el Mauretania), por lo que a efectos legales era un buque de guerra, y, sobre todo, que en el momento de la tragedia transportaba en su bodega varias toneladas de armas y municiones, con los que USA ayudaba ilegalmente a Inglaterra pese a su pretendida neutralidad. Probablemente ese polvorín flotante había ocasionado la segunda explosión, pues el teniente Schwieger se reafirmó en su versión de haber disparado un único torpedo.


Las víctimas:
Hubo un total de 1198 víctimas, 124 de las cuales eran norteamericanas. Murieron 785 pasajeros (entre ellos 291 mujeres y 94 niños) y 413 tripulantes. La mujer embarazada que había dado a luz a bordo, murió junto con el recién nacido. Entre los muertos se encontraba el millonario Vanderbilt, visto por última vez en cubierta pocos instantes antes del hundimiento cediendo su chaleco salvavidas a una pasajera. Su cuerpo fue hallado días después al sur de Queenstown, después de una búsqueda incentivada por 125.000 libras para quien lo encontrara. Otras de las víctimas fueron el empresario Frohman, el ingeniero Pearson y el comandante Stackhouse. El pasajero español Vicente Egaña, que no sabía hablar inglés, trasladó en brazos a varias mujeres y niños hasta la cubierta de botes. Fue recogido del agua por uno de los botes en el que había muchas de las mujeres a quienes había salvado la vida.


Medallas conmemorativas confeccionadas en Gran Bretaña y en Alemania

Consecuencias en EE.UU.:
Woodrow Wilson había ganado las elecciones con la promesa de librar a los EE.UU. de su implicación en la guerra europea. Una gran mayoría de la población norteamericana era partidaria de mantenerse al margen. Tras la pérdida de las vidas de 114 de los 118 norteamericanos embarcados la situación cambió considerablemente y se produjeron abundantes manifestaciones a favor de la intervención.

La reacción anti alemana en los EE.UU. fue inmediata, aumentando el tenor de las protestas a medida que la prensa trabajaba el tema. Se trajeron a colación otros torpedeamientos en los cuales intereses humanos o materiales norteamericanos habían sido atacados y perdidos, como en los hundimientos del Falaba, en el bombardeo del Cushing y en el torpedeamiento del Gulflight. Hubo actos públicos y manifestaciones con diverso grado de violencia en todos los Estados Unidos, contra lo que fue calificado de crimen de lesa humanidad y de atentado contra el derecho de gentes, del que se hacía personalmente responsable al emperador de Alemania.

Un miembro de la embajada alemana declaró imprudentemente que nadie podía reprocharle al Gobierno imperial alemán el hundimiento porque los pasajeros sabían que era inevitable su destrucción. Un hundimiento justificado por las municiones que transportaba. “No somos culpables de que estas personas quisieran suicidarse”, dijo defendiendo el derecho legal y moral del ataque. Tras la tragedia y las reacciones en contra, Alemania dio a sus submarinos instrucciones más humanitarias para el tratamiento de las tripulaciones de los mercantes atacados. A pesar de las nuevas normas, en 1916 resultaron hundidas una media al mes de 192.000 toneladas, superando la media del año anterior (113.000 toneladas).

Conspiración? 
El hundimiento del Lusitania no fue sólo uno de los sucesos clave en  la guerra más sangrienta que el mundo hubiera conocido hasta entonces, también enfrentó a los historiadores con un misterio que hasta hoy todavía no sido resuelto. El misterio puede ser descrito en pocas preguntas: ¿Era un inocente barco de pasajeros o era un buque de guerra? ¿Es cierto que transportaba armas? ¿Fue el trasatlántico sacrificado premeditadamente, a fin de obligar Estados Unidos de América a intervenir en la guerra?

La especulación sobre la teoría de la conspiración viene de una carta de Winston Churchill que envió a Walter Runciman, el presidente del Consejo de Comercio de Gran Bretaña. En esta carta, Churchill escribió lo siguiente:
“Es importante atraer a los barcos neutrales a nuestras costas con la esperanza especialmente de embrollar los Estados Unidos con Alemania... Por nuestra parte queremos que el tráfico, cuanto mayor sea, mejor; y si alguno se mete en problemas, mejor aún”.
Winston Churchill por entonces primer lord del almirantazgo, organizó una reunión en la que participaron lord Fisher, jefe de la marina, y varios expertos en inteligencia naval; éstos habían recibido el encargo de preparar un informe sobre las consecuencias probables del hundimiento de un trasatlántico con pasajeros norteamericanos a bordo. Casi al mismo tiempo, el embajador de Estados Unidos da América en Londres se preguntaba, en una carta dirigida a su hijo, “qué haría el Tío Sam si un trasatlántico lleno de pasajeros americanos fuera volado en pedazos”. Por su parte, el rey Jorge V concedió una audiencia al coronel Edward House, enviado especial del presidente Woodrow Wilson; durante la entrevista, se dice, el rey formuló al coronel esta pregunta: “¿Qué haría América si los alemanes hundieran el Lusitania?

Por supuesto, el agujero obvio en este argumento es que mientras que los Estados Unidos era neutral, el Lusitania era claramente un barco británico y no "un envío neutral."

También se puede cuestionar la falta de acción en nombre del Ministerio de marina a la luz de los registros anteriores del Almirantazgo sobre el cuidado del Lusitania. El barco era un símbolo de prestigio nacional. Naturalmente, se le otorgaron más privilegios que a cualquier otro buque.

Cuando el Lusitania estuvo programado para llegar a Liverpool el 6 de marzo de 1915, la División de Comercio le señaló al Lusitania, "Los propietarios aconsejan mantenerse bien alejados, para llegar sin esperar (por la marea) El Almirante Henry Oliver también envió dos destructores, el  HMS Laverock y el HMS Louis para recibir y acompañar al Lusitania, y envió otro buque, el HMS Lyons, para patrullar la bahía de Liverpool, a pesar de la escasez de destructores disponibles en el momento. 

Compare esto con el último cruce del Lusitania, donde el Almirantazgo no tomó las precauciones necesarias para proteger a Lusitania.

No hay pedidos específicos, no hay escoltas, no hay barcos de patrulla. Incluso cuando los destructores estaban fondeados ociosamente en Milford Haven, Gales, y estaban disponibles para el trabajo, incluso cuando el Almirantazgo sabía muy bien del peligro que corría el Lusitania. Veintitrés buques mercantes habían sido torpedeado en el área, y absolutamente ninguna palabra de cualquiera de estos ataques fueron transmitida al Lusitania. 

Además, los intercambios de radio entre el Lusitania y el Almirantazgo del 5 al 7 de mayo siguen clasificados. Esto ha llevado a la especulación de que el capitán Turner había solicitado desviar al Lusitania del norte alrededor de Irlanda y por el Canal del Norte y le fue negado. La ruta del Canal del Norte fue limpiado de minas el 15 de abril 1915 y el Almirantazgo podría permitir a los  buques mercantes que pasaran por ahí. Al serle negada esta ruta, el capitán Turner tuvo que tomar la ruta del sur, donde fue torpedeado.

Las medidas adoptadas para garantizar la seguridad en marzo del Lusitania y de otros buques desde que los alemanes declararon las aguas alrededor de Gran Bretaña una zona de guerra eran notoriamente ausentes en esta ocasión. El Almirantazgo tenía diez días para ayudar al Lusitania y no lo hizo. A partir de esto, se podría llegar a dos conclusiones:
  • El Almirantazgo hizo el plan para exponer Lusitania al peligro en la posibilidad de que un submarino alemán lo atacarla, enfureciendo a la opinión pública estadounidense.
  • El Almirantazgo cometió negligencia grave resultando  una tremenda pérdida de vidas.
Sin embargo, uno debe darse cuenta de que si alguna conspiración ocurrió, no puede ser diseñado con gran detalle y se debe dejar mucho a la suerte. La inteligencia británica no siempre tenía la ubicaciones aproximadas de los submarinos alemanes, y los submarinos de la Primera Guerra Mundial no tenían una puntería fiable. Las posibilidades de que cualquier torpedo pudiera acertar con el golpe fatal que hundió al Lusitania eran imposiblemente remotas; de hecho, si Schwieger no hubiera sobrestimado la velocidad del Lusitania por cuatro nudos, el torpedo habría golpeado en otra parte, y el buque probablemente no se habría hundido.

Cualquier posible conspiración sólo podría reducirse a ocultar información al Lusitania dejando a la nave en peligro. Además, para un barco tan meticulosamente diseñado como Lusitania, los conspiradores probablemente sólo imaginaban algunos heridos, pero con el Lusitania llegando a Inglaterra, con la esperanza de que el intento de atacar al barco por sí solo enfadara a los Estados Unidos y se uniera a los aliados. Un hundimiento completo con tremenda pérdida de vidas, sin embargo, habría sido impensable y debe haber horrorizado a los conspiradores, impulsándolos a una apresurada encubrimiento. Uno debe darse cuenta de que en la falta de pruebas contundentes, cualquier sospecha de una conspiración del gobierno sólo es circunstancial. 

La negligencia, sin embargo, también resulta posible. En ese momento, el Almirantazgo había estado ocupado por la idea de Churchill, la campaña de los Dardanelos. Esta situación se habría visto agravada por el hecho de que tanto Churchill y Primer Lord del Mar Jacky Fisher mantenían información para sí mismos. Su negativa a delegar trabajos llevó a Churchill y a los subordinados de Fisher a estar en  mala situación para actuar por su cuenta, lo que lleva a nadie que actúe. Por otra parte, habría sido impensable para un barco tan rápido como Lusitania ser atacado, y mucho menos hundido, lo que las acciones para protegerlo podrían haber sido considerado innecesarias.

Esto también podría explicar el encubrimiento: si la verdad de una negligencia semejante se hacía pública, habría sido una tremenda humillación y un golpe a la moral británica. Así las cosas, nadie en las filas superiores del Almirantazgo fue considerado responsable de esta torpeza, y Churchill y Lord Jacky Fisher estaban dispuestos a empujar la culpa a capitán Turner.

La idea de Churchill tratando de empujar a los Estados Unidos para involucrarlo en la guerra sería poco probable debido a las siguientes razones:
  • En 1915, los Estados Unidos aún no se había movilizado para la guerra, y Gran Bretaña dependía de los EE.UU. para el ejército británico en Francia. Si los EE.UU. hubieran declarado la guerra a Alemania después de hundimiento del Lusitania, los suministros que iban a Gran Bretaña habrían quedado en los EE.UU., dejando a los ingleses sin munición para luchar contra los alemanes.
  • Fisher estuvo cerca de un colapso nervioso en el momento y Churchill estaba en Francia en el momento del hundimiento del Lusitania. Si Churchill hubiera querido al Lusitania hundido, dicho plan no podría haber ocurrido sin su aprobación explícita, y él se habría quedado en Gran Bretaña para supervisar la trama en vez de estar en Francia.
De todas maneras, este hecho arrojó serias sombras sobre Churchill e incluso sobre el propio presidente estadounidense Wilson, quien no sólo abandonó toda idea de entrar en la guerra, sino que, próximas las elecciones de 1916, insistió en sostener la neutralidad americana, utilizando como eslogan “el hombre que nos ha mantenido fuera de la guerra”. Ello no sería obstáculo para que un año más tarde, ya reelegido, entrara en ella en cuanto Alemania le ofreció motivo torpedeando otro buque menor, el Luconia, y decidiendo así definitivamente la contienda. Como es habitual en las guerras en las que interviene USA, se utilizó el eslogan “Remember the Lusitania!

La comisión británica encargada de deslindar responsabilidades estuvo presidida por el Comisionado de Naufragios Lord Mersey, quien en una vista que ha sido calificada de escandalosa, “patrióticamente” ignoró todas las anomalías existentes (extraña ruta seguida por el capitán Turner, segunda explosión) hasta llegar a la previsible conclusión de que la responsabilidad total era sólo de Alemania. Otro tanto les ocurrió a los desgraciados supervivientes con lord Meyer, el comisionado de la compañía Cunard, que se acogió a la misma conclusión para rehusar cualquier pago de indemnizaciones.

Otros datos más hay que sumar a toda esta historia...los registros del 7 de Mayo de 1915 desaparecieron de los archivos del almirantazgo... las únicas hojas perdidas de toda la guerra y en la naviera propietaria ni rastro, parecía como si a la Cunard no le constara que su joya transatlántica se había hundido...

Nadie aclaró tampoco la actitud negligente de los ingleses, en el sentido de hacer navegar un buque de pasajeros, en una zona de guerra, con un cargamento de explosivos a bordo a sabiendas de que el servicio de espionaje alemán poseía estos datos ya que durante el preparativo del viaje del "Lusitania" a Europa, los muelles del puerto de Nueva York estaban sobrecargados de espías germanos revisando hasta lo obsesivo la carga del elegante buque. El 7 de febrero del mismo año Alemania había declarado "la campaña sin restricciones contra el comercio enemigo" y al "Lusitania" con su carga, con la bandera que enarbolaba su mástil mayor y por el acuerdo que tenía con el gobierno inglés debido al préstamo en la construcción del buque, se le consideraba como un enemigo potencial.

El gobierno inglés prohibió durante mucho tiempo que el Lusitania fuera buceado, sobre todo encontrándose a una profundidad de 90 metros, la cual con los sistemas modernos no representa ninguna dificultad. Finalmente una expedición logró recorrer los restos, comprobando que el barco se encuentra entero y en la zona de proa, donde impactó el torpedo existe una gran parte del casco desfondado con claras muestra de estar la chapa retorcida hacia afuera y no hacia adentro, lo que indica claramente que la razón principal del naufragio fue una detonación interna (la de la carga de explosivos) y no externa (la del torpedo).


¿Existe un “culpable” para la tragedia? La infamia debería ser atribuida como mínimo a varias partes: los ingleses y los estadounidenses por su mixtura de actividades guerreras con otras que conllevaban riesgo para las vidas humanas, y desde luego, a los alemanes, que dispararon el torpedo fatal. Incluso no cabría olvidar a los pasajeros del buque, especialmente los estadounidenses, perfectos conocedores de que se internaban en aguas de actividad bélica. Demasiados responsables para que no sea lo más cómodo para todos seguir ignorando el hecho.