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jueves, 22 de diciembre de 2016

Georges Lemaître y el "Big Bang"

La teoría del Big Bang es la mejor explicación científica que tenemos de cómo se creó el Universo. Lo que es menos conocido es la historia de un hombre al que apenas ahora se le está dando el crédito que merece como el científico que nos dio esa teoría.

En 1923, un joven de un pequeño pueblo de Bélgica llegó a la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, para llamar a la puerta de uno de los científicos más conocidos de la época, Arthur Eddington.

Este astrofísico, quien fue quien verificó la teoría de la Relatividad de Albert Einstein, estaba acostumbrado a recibir estudiantes de todas partes del mundo.

Sin embargo, el joven belga que lo visitó era distinto: llevaba un atuendo de sacerdote católico. Su nombre era Georges Lemaitre y ese año que pasó en Cambridge no sólo cambió su vida, sino también nuestra visión del Universo.

Georges Lemaître nació el 17 de julio de 1894 en Charleroi, Valonia (Bélgica). Desde muy joven, Lemaître descubrió su doble vocación de religioso y científico. Su padre le aconsejó estudiar primero ingeniería, y así lo hizo, aunque su trayectoria se complicó porque se pasó a la física y además porque, en mitad de sus estudios, estalló la Primera Guerra Mundial. A la edad de 17 años entró en la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Lovaina y estudió ingeniería civil. Después sirvió como voluntario en el ejército belga durante la Primera Guerra Mundial,

Hoy en día, a Lemaitre se le conoce como el padre del Big Bang. Él fue quien empezó a hablar del "huevo cósmico" o la "teoría del átomo primigenio". Fue el primero en proponer la teoría de la expansión del Universo que hoy en día se conocen como las leyes de Hubble, por el físico estadounidense Edwin Hubble.

Es por esto que muchos expertos lo consideran ahora como uno de los científicos y físicos más importantes del siglo XX.


Ciencia y religión

Es imposible entender quién era George Lemaitre y cómo cambió lo que sabemos del mundo, sin reconocer que su ciencia y su fe fueron una parte integral e inseparable de su vida. Su vocación por las dos cosas empezó al mismo tiempo y evolucionó en paralelo.

Desde muy temprano mostró que era precoz en matemáticas y antes de que cumpliera 10 años le dijo a sus padres que quería hacerse sacerdote, pero fue su experiencia en la Primera Guerra Mundial, que lo que convenció de convertirse en sacerdote.

Se cuenta que entre batallas, Lemaitre leía una copia del génesis y el trabajo del físico francés Henri Poincaré. "Conocí a varias personas que coincidieron con Lemaitre en las trincheras", contó el filósofo científico Dominic Lamberth. "Y me dijeron que era muy extraño ver a un soldado que estudiaba ecuaciones con el libro de Poncaré".

Después de la guerra, el joven Lemaitre siguió sus estudios de matemática y física, y completó su preparación para ordenarse como sacerdote. El mismo año que fue ordenado, en 1923, ganó una beca para estudiar con Arthur Eddington, (quien jugó un papel importante para traer al mundo la teoría de la Relatividad de Einstein), en el observatorio de la Universidad de Cambridge.

Según los expertos, el año que pasó en Cambridge fue crucial para que Lemaitre diera una respuesta a la que quizás es una de las preguntas más importantes sobre el Universo: ¿cómo se originó? Un año más tarde viajó a Harvard y al MIT, en Massachusetts, EE.UU., para terminar su doctorado. Cuando regresó a Bélgica, Lemaitre era una de las pocas personas en el mundo que tenía un conocimiento profundo de las nuevas ideas "esotéricas" de Einstein sobre física.

Teoría del átomo primigenio

Lemaitre fue pionero en ofrecer una concepción nueva del cosmos. Y llamó a su idea la "teoría del átomo primigenio", lo que hoy conocemos como la teoría del Big Bang. La idea estaba enterrada en una de las ecuaciones de Albert Einstein, pero disentía de las conclusiones que el científico alemán había sacado de su propio trabajo.

"Einstein descubrió las ecuaciones de la relatividad general que definen cómo se comporta la gravedad", explicó para el programa de radio de la BBC "Stories in Sound" el sacerdote y científico John Polkinghorne. "Pero pensó que el Universo debía ser estático, que no podía cambiar. Mientras que Lemaitre concluyó que el Universo estaba cambiando todo el tiempo, que se estaba expandiendo".

A partir de esa premisa el Universo tenía una historia, no era eterno. Esto contradecía la Teoría del Estado Estacionario, que también se formuló en el siglo XX.

"De acuerdo con este modelo, el Universo siempre ha existido", explicó Wilkinson. "Y si bien el Universo se expande, lo hace con la creación de pequeños pedazos de materia entre las galaxias, al contrario del Big Bang, donde todo empezó a partir de una gran expansión".

Con el descubrimiento de radiación en el Universo, considerada como el eco del Big Bang, el trabajo de Lemaitre allanó el camino para tener una mirada alternativo del espacio.

Fue el primero en demostrar que la idea original de Einstein sobre que el Universo no se expande, es imposible. 

Lemaitre coincidió con Einstein en varias ocasiones y este se mostró impresionado con las ideas del cura belga. En una ocasión, se cuenta que después de que Einstein ofreció una clase, un miembro de la prensa le preguntó cuántas personas en la audiencia pensaba habían entendido lo que había dicho. "Casi seguro que solo una", respondió el científico alemán.


Lemaitre estaba en la audiencia, pero esto no quiere decir que Einstein aceptara con los brazos abiertos que estaba errado en sus conclusiones.

Sin embargo, quizás el mayor opositor a la hipótesis de Lemaitre fue el astrónomo inglés Fred Hoyle, uno de los arquitectos del modelo del Estado Estacionario. De hecho fue Hoyle quien le dio su nombre a la teoría del Big Bang en una entrevista de radio para la BBC.

Si bien Lemaitre era tan apasionado de la ciencia como de la religión, siempre fue contrario a mezclar estas dos disciplinas en un mismo proyecto. Se resistió a la idea de que la religión jugara un papel en el desarrollo de la ciencia, incluso cuando las teorías hablaban del origen del Universo como el Big Bang. Este sacerdote pensaba que era importante mantener una separación entre las ideas científicas y las creencias religiosas sobre la creación.


Falleció en Bélgica, el 20 de junio de 1966.


El "Big Bang"

La teoría del Big Bang propone que el universo se encontraba inicialmente en un estado de gran densidad y tras una gran explosión habría entrado en un proceso de expansión y enfriamiento en el cual nos encontraríamos en la actualidad y creando lo que conocemos como nuestro Universo.

Inmediatamente después del momento de la "explosión", cada partícula de materia comenzó a alejarse muy rápidamente una de otra, de la misma manera que al inflar un globo éste va ocupando más espacio expandiendo su superficie.

Los físicos teóricos han logrado reconstruir esta cronología de los hechos a partir de un 1/100 de segundo después del Big Bang. La materia lanzada en todas las direcciones por la explosión primordial está constituida exclusivamente por partículas elementales: Electrones, Positrones, Mesones, Bariones, Neutrinos, Fotones y un largo etcétera hasta más de 89 partículas conocidas hoy en día.

En 1948 el físico ruso nacionalizado estadounidense George Gamow modificó la teoría de Lemaître del núcleo primordial. Gamow planteó que el Universo se creó en una explosión gigantesca y que los diversos elementos que hoy se observan se produjeron durante los primeros minutos después de la Gran Explosión o Big Bang, cuando la temperatura extremadamente alta y la densidad del Universo fusionaron partículas subatómicas en los elementos químicos.


Cálculos más recientes indican que el hidrógeno y el helio habrían sido los productos primarios del Big Bang, y los elementos más pesados se produjeron más tarde, dentro de las estrellas. Sin embargo, la teoría de Gamow proporciona una base para la comprensión de los primeros estadios del Universo y su posterior evolución. A causa de su elevadísima densidad, la materia existente en los primeros momentos del Universo se expandió con rapidez. Al expandirse, el helio y el hidrógeno se enfriaron y se condensaron en estrellas y en galaxias. Esto explica la expansión del Universo y la base física de la ley de Hubble.

Después de la gran explosión

Según se expandía el Universo, la radiación residual del Big Bang continuó enfriándose, hasta llegar a una temperatura de unos 3 K (-270 °C). Estos vestigios de radiación de fondo de microondas fueron detectados por los radioastrónomos en 1965, proporcionando así lo que la mayoría de los astrónomos consideran la confirmación de la teoría del Big Bang.
La evidencia científica para confirmar la idea de que el universo estaba inicialmente en un estado muy denso, surgió en octubre de 1965, con el descubrimiento de un débil fondo de microondas en todo el espacio. La única explicación posible para este fondo de microondas es que sea radiación proceda de un universo primigenio muy denso y caliente. A medida que el universo se expandía, la radiación se iba enfriando, hasta que quedó el débil remanente que podemos detectar hoy
Uno de los grandes problemas científicos sin resolver en el modelo del Universo en expansión es si el Universo es abierto o cerrado (esto es, si se expandirá indefinidamente o se volverá a contraer).


Un intento de resolver este problema es determinar si la densidad media de la materia en el Universo es mayor que el valor crítico en el modelo de Friedmann. La masa de una galaxia se puede medir observando el movimiento de sus estrellas; multiplicando la masa de cada galaxia por el número de galaxias se ve que la densidad es sólo del 5 al 10% del valor crítico. La masa de un cúmulo de galaxias se puede determinar de forma análoga, midiendo el movimiento de las galaxias que contiene. Al multiplicar esta masa por el número de cúmulos de galaxias se obtiene una densidad mucho mayor, que se aproxima al límite crítico que indicaría que el Universo está cerrado.

La diferencia entre estos dos métodos sugiere la presencia de materia invisible, la llamada materia oscura, dentro de cada cúmulo pero fuera de las galaxias visibles. Hasta que se comprenda el fenómeno de la masa oculta, este método de determinar el destino del Universo será poco convincente.

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domingo, 3 de enero de 2016

Las 95 Tesis de Lutero y su excomunión

Decet Romanum Pontificem (en castellano: Satisface al Pontífice Romano) es la bula papal que excomulgó a Martín Lutero en 1521. Lleva por título las tres primeras palabras en latín del texto. Fue emitida el 3 de enero de 1521 por el papa León X para hacer efectiva la excomunión de Martín Lutero, con la cual ya se había amenazado a este en la bula Exsurge Domine de 1520, ya que Lutero se negó a abjurar de sus tesis. Lutero, previamente, había quemado su copia de Exsurge Domine el 10 de diciembre de 1520 en Wittenberg, mostrando así su respuesta a dicha bula.

Nacido en Eisleben, Alemania, Martín Lutero se convirtió en el principal impulsor de la Reforma Protestante en Europa, movimiento que buscaba un regreso a los postulados primeros del cristianismo, así como una revalorización de los manejos de la Iglesia en el siglo XVI.

Nombrado vicario en 1515, Lutero se hizo profesor en Wittenberg, actividad que simultaneó con su labor como predicador y estudioso de las Escrituras y los Evangelios. Su labor académica de aquel tiempo serviría como germen para lo que después pasaría a llamarse la corriente luterana, adherida al protestantismo en contra de la degeneración de la Iglesia Católica, alejada de los preceptos cristianos dictados por Jesús.

En aquella época, Lutero alzó la voz contra la Iglesia en cuanto a la venta de indulgencias en los territorios de Maguncia. El fraile dominico Johann Tetzel había sido comisionado para recorrer los territorios del arzobispo de Maguncia, Alberto de Brandeburgo, para vender indulgencias. El fin de Tetzel era el de recaudar suficientes fondos como para poder renovar la Basílica de San Pedro en Roma. Viendo que no conseguían suficiente dinero, los mandatarios católicos utilizaron las reliquias santas de la iglesia del Palacio de Wittenberg para aumentar sus ingresos. Por cada reliquia que la población visitaba y, muy importante, pagaba, se les concedía una indulgencia de cien días.

Una indulgencia es “la remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a los pecados ya perdonados, que se obtiene por mediación de la Iglesia”.

A pesar de las protestas de Lutero, miles de personas acudieron a comprar la indulgencia de Tetzel. Los feligreses de Lutero viajaron para hacerse con algunos de estos “santos papeles limpiadores”. Cuando regresaban a confesarse, los llevaban consigo y se los mostraban al sacerdote alemán, mientras le comentaban que ya no necesitaban arrepentirse de sus pecados ni de sus malos actos, debido a que el documento les otorgaba el perdón por todos ellos y por futuras malas obras que pudieran realizar.

Martín Lutero se enfrentó directamente a la Iglesia Católica con la publicación de las 95 tesis. En ellas, desafiaba directamente el poder del Vaticano al criticar abiertamente la utilidad de las indulgencias. La tradición popular dice que el propio teólogo fue el encargado de clavarlas en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg el 31 de octubre de 1517.


Los eruditos no se han puesto de acuerdo en cuando a si las tesis fueron redactadas en latín o en alemán; la versión más aceptada se inclina por la segunda opción, ya que Lutero quería que todas las personas, incluso las menos cultas, pudieran leer este documento.

Estas tesis condenaron los abusos de poder en que incurrían los eclesiásticos, su avaricia y su perspectiva de las enseñanzas de Jesucristo como una oportunidad de producir ganancias económicas.

Entre sus postulados, Lutero declaraba en su Tesis 6: 
"El papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente".
Lutero también envió una copia de las Tesis al papa y a algunos arzobispos, con una invitación a debatirlas. La contestación de Roma fue calificar a Lutero de “borracho”, asegurando que "se arrepentiría cuando estuviera sobrio".

Esta contestación dio inicio a una polémica entre la Iglesia católica y el todavía religioso agustino, que se alargaría hasta 1520. Gracias a la imprenta, el documento de Lutero fue conocido en pocos meses a lo largo de toda Europa. Ingleses, franceses e italianos viajaban hasta Alemania para recibir cátedra de aquel teólogo.

La creencia de Lutero en la necesidad de retornar a los postulados dictados por Jesucristo y su rechazo a la degeneración de la Iglesia, le ganó el adjetivo de “hereje” por parte del papa León X.

Éste ordenó a Lutero retractarse de sus postulados mediante la bula Exsurge Domine, decretada el 15 de junio de 1520. A los sesenta días de la publicación papal en Wittenberg (plazo que el religioso tenía para su retractación) Lutero hizo una quema pública de la bula, además de otros documentos eclesiásticos.
   "Lutero quema la bula papal" (cuadro de Paul Thumann - 1872)
La respuesta de la Iglesia fue la quema de las obras de Lutero, y su excomunión, ordenada por León X el 3 de enero de 1521 mediante la bula Decet Romanum Pontificem.

Lutero fue llamado a Worms, Alemania, para renunciar a su fe o reafirmarla. Ante una mesa llena de sus obras, los representantes de la Iglesia pidieron a Lutero se retractara de sus declaraciones, ante lo cual defendió su postura, argumentando que reordenaría sus ideas solo “mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes”, pues ya no cabía en él la confianza en el papa ni en su Concilio.

A su regreso a Wittenberg fue trasladado al castillo de Wartburg, donde permaneció oculto casi un año, mientras continuó desarrollando sus ideas sobre la Reforma Protestante, a la par que en Europa las ideas del luteranismo ganaban adeptos.

Su publicación causó un gran revuelo y fueron la causa de la Reforma Protestante y del nacimiento de varias doctrinas dentro del cristianismo, como por ejemplo el luteranismo, el presbiterianismo y el anabaptismo. Junto con las Cinco Solas, son la base del protestantismo.

Esto motivó a Lutero a escribir sus 95 tesis. En un principio, estaban pensadas para ser la base de un debate teológico en el que todos pudieran exponer sus pensamientos. Johann Eck y otros expertos de la época discutieron con Lutero sobre lo que este incluía en sus demandas. Pero duró relativamente poco la disputa, ya que el 15 de junio de 1520, el papa León X, mediante la bula “Exsurge Domine”, condenaba el documento y lo prohibía. Las 95 tesis se expandieron rápidamente por toda Europa. La tradición cuenta que fue a raíz de que se colgaran en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg, pero lo cierto es que se imprimieron y se repartieron muchas copias en poco tiempo.

El líder católico, junto con el emperador Carlos V, pidió que Lutero se retractase de, al menos, 41 de sus tesis. Pero el monje alemán se negó a hacerlo oficialmente en la dieta imperial de la ciudad de Worms en 1521, dando comienzo al periodo de la Reforma Protestante.

Las 95 tesis básicamente resumían el sentir de Lutero, quien renegaba de los intermediarios entre Dios y la humanidad. El teólogo apostaba por la igualdad de todos los hombres frente a Dios, quien era el único que tenía el poder de dar la salvación, en lugar del pontífice romano o su Iglesia. Básicamente criticaba las acciones de León X y abogaba por practicar un “cristianismo puro”, dictado por los evangelios y apartado de los mandatos de Roma.

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lunes, 28 de diciembre de 2015

28 de diciembre de 1997 - Egipto prohíbe la ablación de clítoris

"No habrá más ablaciones en este país", proclamaba el 28 de diciembre de 1997 el ministro egipcio de Sanidad, Ismail Salam. Un lacónico anuncio mediante el cual el Gobierno egipcio decide abolir una práctica tan antigua como difundida en el África musulmana: la extirpación del clítoris en las niñas púberes e imponer tres años de cárcel para quienes practicaran la mutilación genital femenina (MGF), pero esta decisión puso en pie de guerra a los sectores radicales del islam, los que se han propuesto crear a orillas del Nilo una república divina idéntica a la de Irán. El jeque Youssef Al-Badri, una de las más figuras más recalcitrantes del integrismo egipcio, declaraba:
"La ablación es un rito de purificación arraigado en la esencia del islam. Ni con balas ni con bandos militares el Gobierno inducirá a nuestras mujeres a pecar. La ablación seguirá pues vigente, así le pese a los herejes".
Pocas horas antes, el portavoz del Consejo de Estado emitía un comunicado por radio y televisión, anunciando que la ablación sería considerada a partir de ese momento como un delito cualquiera. No importaba si la niña se sometía voluntariamente a dicha intervención, con el consentimiento de sus padres. Los transgresores serían castigados con penas de hasta tres años de cárcel.

Igualmente ilícita se consideraba la práctica de la circuncisión femenina en los hospitales, donde al menos si existen condiciones de higiene. Condiciones muy diferentes a las que imperan en las aldeas del Alto Egipto o en la península del Sinaí, donde una cuchilla de afeitar o incluso un limpiaparabrisas afilado sirven para seccionar el clítoris.

El nuevo decreto fijaba como única excepción los casos en que la ablación obedeciera a una necesidad médica. En tal circunstancia, la paciente debería presentar el correspondiente certificado. La ley antiablación abrió un nuevo capítulo en el agrio pleito que mantienen el Estado laico y un sector del clero en torno al clítoris de las mujeres egipcias. A principios de 1996 el Ministerio de Sanidad ya había promulgado una ley similar prohibiendo la ablación. Pero los defensores de esta práctica no dieron su brazo a torcer.

El antes mencionado Youssef Al-Badri apeló a la Corte Administrativa del Cairo, alegando que el Gobierno había incurrido en un abuso de su poder. El alegato de Youssef Al-Badri se sostenía en argumentos tales como que "las mujeres con el órgano intacto contraen fácilmente el sida". O que "si el clítoris no es seccionado a tiempo, puede llegar a adquirir las dimensiones de un pene".

Al-Badri emprendió acciones legales contra el Gobierno cuando desterró tales operaciones y presentó una demanda contra el ministro de Sanidad, Ibrahim Salam, acusándole de haber promulgado una ley «antimusulmana».

Al oír el veredicto de los magistrados, el ex parlamentario integrista no cabía en sí de contento. «Me postraré ante Alá para agradecer que haya iluminado a los jueces, que han dictado en favor de los principios del islam», exclamó Badri. Muchos de los varones que poblaban la antesala del Juzgado rompieron en aplausos y el jeque fue sacado en andas.

«La pérfida ley del ministro Salam ha sido abolida. El islam se ha salvado de un desastre», gritaban. Para las organizaciones pro-derechos humanos, lo verdaderamente desastroso es que el tribunal se haya inmiscuido en el pleito que sostienen los grupos «antiablación» con aquellos médicos cuya subsistencia depende de «mutilar a las mujeres como si fueran ganado».

«Ha sido un duro golpe, pero nuestra campaña contra la barbarie continuará», decía Maha Atía, activista de la organización egipcia de los Derechos Humanos. Muhamad Sayed Tantawi, director de Al Azhar, la institución académica más prestigiosa del mundo islámico, ha condenado repetidamente la ablación, considerándola una costumbre pagana, aunque gran parte de la población, la consideran como una prueba de virtud. Las ablaciones no responden a ningún precepto del Corán, sino que refleja un cúmulo de creencias y de supersticiones, sin embargo para el jeque y ex parlamentario integrista Youssef Al-Badri la ablación es profiláctica, "pues las mujeres con sus órganos intactos contraen fácilmente el sida".

El diagnóstico del jeque ignora que en la Península del Sinaí, por ejemplo, un limpiaparabrisas afilado puede hacer las veces de bisturí, dejando irreparables secuelas físicas y psicológicas en la mujer.

La Corte Administrativa aceptó entonces los argumentos de El Badri, suprimiendo el decreto antiablación del Gobierno. El antirecurso presentado en diciembre de 1997 por el ministro de Sanidad devolvió las cosas a su punto de origen.

"Es un gran día para las mujeres egipcias", comentaba Maha Atía, activista de la organización egipcia pro-Derechos Humanos. "El asunto es si el Gobierno dispone de los medios y de la determinación suficiente como para extirpar de nuestra sociedad estas oscuras lacras". 

La ablación es una práctica de gran arraigo en Egipto. Según un estudio realizado en 1995 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca del 95% de las mujeres rurales de Egipto se han sometido a este rito. En el Cairo el porcentaje de mujeres operadas desciende al 91% y en la ciudad costera de Alejandría a un 88%.

En todo el mundo -según datos de UNICEF y la OMS- entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres han padecido este tipo de mutilación". La mayoría de las niñas son víctimas de la práctica entre la infancia y los 14 años. Cada año son centenares las niñas que mueren como consecuencia de esta práctica.


La mujer que ha sufrido la ablación queda algunas veces incapacitada para mantener relaciones sexuales, así como para dar a luz, por el estrechamiento que se produce en la vagina. Además, la operación puede causar grandes dolores y puede llevar a hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad e incluso la muerte, según advierte Unicef en su página web. Sin embargo, los islamistas lograron que Egipto vuelva a legalizar la ablación. Un tribunal de El Cairo anuló el decreto que prohibía esta práctica en hospitales públicos. 

En algunas aldeas del Alto Nilo, especialmente en la comarca de Aswán, dicha costumbre abarca al 97% de la población femenina. En El Cairo, el porcentaje desciende al 67%, y en Alejandría a menos del 60%, una reducción que los expertos de la OMS atribuyen al nivel de educación en las ciudades.

Tahani El Galabi, una abogada de El Cairo, definió en una entrevista con el diario Al Ahram, publicada en marzo de 1995, la ablación como "una horrible mutilación genital" que junto con las palizas que los hombres tienen derecho a propinarle a sus esposas, la poligamia y la imposición del uso del velo, constituyen un atropello a los derechos de la mujer.

El Corán, el libro sagrado del islam, no hace mención alguna a la circuncisión de la mujer. La ablación del clítoris, por tanto, no es un precepto religioso ni un dogma de fe para los musulmanes.

Hay quienes aseguran que el profeta Mahoma bendijo en su día esta práctica. Y sostienen que la tradición oral ha transmitido su mensaje de generación en generación durante los últimos 14 siglos. Sin embargo, según los estudiosos, tampoco hay ninguna base histórica, ni documental, ni ninguna interpretación convincente que permita pensar que Mahoma apoyara la ablación del clítoris.


Según un informe publicado por UNICEF aproximadamente 30 millones de niñas corren actualmente el riesgo de ser sometidas a una ablación genital. El informe ha sido elaborado a partir de los datos de los últimos 20 años accesibles en los 29 países donde esta práctica es más frecuente, concentrados en África y Oriente Medio. 

La ablación genital es una práctica que ya han sufrido más de 125 millones de mujeres en 29 países. Según porcentajes, algunos de los países donde esta práctica es más frecuente es en Somalia (98%), Guinea (96%) o Egipto (96%). En términos absolutos Egipto, con 27,7 millones y Etiopía, con 23 tienen el dudoso honor de liderar esta clasificación.


La mayoría de las niñas son mutiladas antes de los 15 años, y el lugar donde se práctica la ablación es en su propia casa. Se suele utilizar la navaja y a un 25% no se les administra ningún tipo de anestesia.

Finalmente, en junio de 2007, El Gobierno de Egipto prohibió definitivamente la ablación del clítoris. La directora del Consejo Nacional de la Infancia, Muchira Jatab, explicó que la decisión fue tomada en una reunión conjunta a la que asistió junto a los ministros de Salud, de Educación y de Información, autoridades del Sindicato de Médicos y líderes religiosos musulmanes y cristianos.

El ministerio de Salud publicó un decreto que prohíbe la ablación y anuncia que penalizará a "médicos, enfermeras y otras personas" que participen en estas intervenciones.

Contrariamente a lo que sucede en otros países africanos, donde la extirpación del clítoris la llevan a cabo barberos o curanderos, en Egipto es practicada en el 77 por ciento de los casos por personal médico y paramédico, según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). 

Esta práctica se justificaba gracias a una laguna legal, pues la ablación estaba hasta ahora permitida "en caso de necesidad médica", lo que en la práctica significaba que se hacía con toda impunidad.

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domingo, 27 de diciembre de 2015

27 de diciembre de 1979 - La Unión Soviética invade Afganistán

La crisis se resume en la decisión que en Diciembre de 1979 el entonces secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, Leonid Brezhnev, tomo al ordenar la invasión en Afganistán por el ejército soviético y de esta manera, se impidiera el colapso del régimen comunista, el cual estaba en el poder desde Abril de 1978 y debido a sus reformas radicales y políticas represivas, se encontraba ahora en un momento delicado y a punto de ser derrocado por grupos islámicos radicales.

Afganistán fue, desde el siglo XIX, un Estado dibujado en el plano como si fuera una realidad pero sin límites naturales claros y una especie de asociación de etnias de vida a menudo muy conflictiva sin que ninguna de ellas tuviera una mayoría o una fuerza suficiente para imponerse a las demás ni tampoco residiera tan sólo dentro de esos límites. Con quince millones de habitantes en 1979 y una altitud y clima que hacían muy difícil la agricultura, en realidad el pasado de Afganistán se explica por haber sido una especie de Estado-tapón -una Polonia de Oriente- durante todo el siglo XIX entre las dos influencias cruciales de la zona, la rusa y la inglesa. 

En 1919, tras la Revolución de octubre, la Unión Soviética fue el primer país en reconocer la independencia de Afganistán a quien incluso concedió una modesta ayuda económica. El puro realismo les hizo a los soviéticos considerar, sin embargo, que su influencia no debía pasar más adelante: Afganistán siguió siendo una Monarquía con alguna apariencia constitucional a medida que fue pasando el tiempo. Después de la Segunda Guerra Mundial la URSS y los Estados Unidos siguieron manteniendo a Afganistán como Estado-tapón pero la dependencia económica de la URSS se fue haciendo mayor cuando Pakistán cerró su frontera por la existencia de diferencias territoriales. De este modo, en los años setenta el 43% de las importaciones, casi todas las armas y el 60% de la ayuda exterior venía de la URSS. En este contexto no puede extrañar que surgiera un Partido Democrático Popular -PDP- que vino a ser el equivalente, aunque oculto, de un Partido Comunista. Estuvo, sin embargo, muy dividido en tendencias que, muy probablemente, no correspondían a ningún motivo ideológico sino a personalismos. 

Después de una fuerte sequía a comienzos de los setenta que pudo haber provocado varios millares de muertos, en 1973 un golpe de Estado llevado a cabo por el primer ministro Daoud supuso la proclamación de la república. Autoritario y nacionalista, Dauod llegó al poder con apoyo soviético y de un sector del PDP pero pronto demostró una voluntad de independencia que le hizo inaceptable. En 1978 una revolución le desplazó y estableció un Gobierno revolucionario dirigido por Taraki, que inmediatamente puso en marcha una revolución. Ésta, sin embargo, muy pronto chocó con una sociedad tradicional en la que, por ejemplo, se consideraba inaceptable la alfabetización de las jóvenes. En 1979 el número de desertores de un Ejército de 100.000 hombres se elevaba ya a más de 40.000 y era necesario emplear la fuerza contra los montañeses del Norte con la ayuda de unidades aéreas soviéticas. Al mismo tiempo, los conflictos entre los dirigentes del partido fueron siempre muy duros y no menos sangrientes. En unos pocos meses Taraki había eliminado a cuatro ministros; en septiembre de 1979 fue ejecutado él mismo como consecuencia del golpe de Amin, su segundo. Todo esto sucedía en una situación en que se consideraba como un dato adquirido la vinculación de Afganistán con la URSS: ni siquiera el asesinato de un embajador norteamericano produjo una modificación de esta situación por intervención de este país. Esto es lo que explica la intervención soviética como también la inestabilidad política reinante: en un viaje reciente a Moscú los soviéticos recomendaron a Taraki librarse de Amin. Lo sucedido en Afganistán fue exactamente lo contrario. El temor a una situación parecida a la de Irán y el persistente deseo de lograr una absoluta seguridad en su glacis defensivo pudieron contribuir a que la intervención finalmente se llevara a cabo. Fue, por tanto, la incompetencia de sus propios colaboradores quien indujo a la URSS -principalmente al Ejército y la KGB- a la intervención. 

Otro factor que reforzó la idea de intervención, fue la entrada de los estadounidenses en el golfo Pérsico, después de la toma de rehenes de su embajada en noviembre de 1979, los soviéticos temían que si los Estados Unidos eran forzados a salir de Irán ahora se adueñarían de Pakistán por tanto, ellos no se quedarían cruzados de brazos viendo como perdían Afganistán. Si a esto se le suma el hecho de que unos informes del KGB reportaban que Amín estaba acercándose mucho a los Estados Unidos, se explica que el gobierno soviético no confiara en él.

El 27 de diciembre de 1979, las propias tropas de élite soviéticas atacaron el palacio presidencial de Amin y le ejecutaron; en sólo seis días 55.000 soldados habían hecho acto de presencia en el país islámico. La verdad es que todas las tendencias actuantes en la política afgana habían pretendido, en un momento u otro, que los soviéticos aparecieran en su país. Pero lo grotesco fue que en este caso se justificó la intervención soviética gracias a la petición de que se produjera el nombramiento de un Babrak Karmal, dirigente del PDP, que era un particular residente en el extranjero y que inmediatamente fue convertido en supremo dirigente del Estado afgano. Se entiende el nerviosismo de los soviéticos involucrados en un conflicto sin salida aparente. Pero, por más que Afganistán estuviera desde hacía tiempo bajo la influencia soviética, parece evidente que lo sucedido en esta ocasión suponía, desde la perspectiva norteamericana, la primera "satelización" de un Estado cercano mediante el empleo de la fuerza militar durante un período no bélico. Fue, además, la primera ocasión desde la Guerra Mundial en que la URSS actuó a través de su Ejército en una parte del mundo distinta de Europa del Este. 

Estando en plena guerra fría, lo más normal es que el gobierno soviético hubiera analizado las posibles reacciones y consecuencias de su rival número uno los Estados Unidos de Norte América, sorprendentemente no lo hicieron pues pensaron que sería algo rápido. De hecho Gromyko “creyó que la reacción norteamericana, fuese cual fuese, no sería un factor que debiera tomarse en consideración. Además, él, como otros miembros del politburó, estaba indignado por la decisión tomada por la OTAN de desplegar los misiles norteamericanos en Europa”, según cuenta Anatoly Dobrynin, (“En confianza. Memorias del Embajador soviético en Estados Unidos 1962-1986” )

Parece evidente que los soviéticos en ningún caso meditaron lo suficiente el impacto que su intervención en Afganistán habría de tener en el panorama universal. La Asamblea de la ONU condenó a la URSS por 104 votos contra 18 y 18 abstenciones; sólo los países adscritos al área soviética la apoyaron y, al mismo tiempo, sólo 9 no alineados estuvieron en contra de la no resolución. Más grave para ella fue que los ministros de Asuntos Exteriores de los países islámicos, reunidos en la capital pakistaní, abominaron unánimemente de "la agresión contra el pueblo afgano" en un giro espectacular con respecto a lo sucedido durante la crisis de Suez en 1956. Castro, que apoyó a los soviéticos, no pudo volver a convertirse en el portaestandarte del no alineamiento. Pero, aparte de haber perdido su apoyo en estos países, la URSS había destruido también el crédito de confianza conseguido con las potencias occidentales. No es, por tanto, una casualidad que Carter dijera que en esta ocasión había aprendido mucho más sobre la Unión Soviética que en todos los años anteriores. Fuera por inseguridad o por imperialismo -o por una mezcla de ambos- la Unión Soviética había demostrado que su deseo de controlar su glacis defensivo la condenaba a operaciones que el adversario ideológico sólo podía interpretar como ofensivas. Las consecuencias fueron graves para los propios soviéticos. Un total de 55 países no asistieron a los Juegos Olímpicos de Moscú. La exportación de cereales norteamericanos fue suprimida y la de tecnología occidental se redujo en un 50%. Si la URSS por un momento pensó en que con el paso del tiempo se olvidara su invasión de Afganistán, muy pronto se probó que no iba a suceder así. Las condenas arreciaron con el paso del tiempo e incluso aliados de otro tiempo, como India, se mostraron ahora muy tibios. 

Pero, además y sobre todo, la invasión no consiguió de ninguna manera estabilizar la política afgana. Babrak Karmal quiso hacer una política moderada pero era ya demasiado tarde y, además, la invasión soviética previa le quitaba la legitimidad. En el plazo de unos meses el Ejército afgano perdió dos tercios de sus efectivos por deserción y casi un tercio de la población total cruzó la frontera convirtiéndose en refugiada. La oposición, formada por grupos variados que iban desde el tradicionalismo al más exacerbado integrismo, pronto contó con ayuda china y norteamericana. Esta última llegó a ser muy sofisticada hasta el punto de contar con misiles Stinger capaces de derribar los helicópteros soviéticos.


Los orígenes y causas de este conflicto fueron sin duda internos debido a las enormes divisiones, regionales, políticas y étnicas, entre las diversas tribus afganas, la falta de un gobierno central, el arraigo del Islam y la fuerte influencia de los Mullah (viejo líder religioso o espiritual que enseña a los niños y jóvenes el Corán. Un dato interesante es que puede haber Mullah analfabetos pero debido a la milenaria tradición musulmana de la cultura oral, éstos siguen enseñando y transmitiendo la cultura y tradición de la religión e inclusive pueden llegar a poseer un nivel cultural más alto que aquellos alfabetizados y por este hecho son conocidos en la sociedad como los “hombres de conocimiento”.Además de enseñar el Corán los Mullah son intérpretes religiosos, terratenientes e intermediarios y debido a todas estas funciones tienen mucha influencia en el escenario político, social y económico y por lo tanto, se oponen a la secularización y a la reforma agraria ya que esto disminuiría su poder en los ámbitos mencionados anteriormente) y los líderes  tribales, quienes no estaban dispuestos a perder su poder, hicieron que se generara un contexto en donde el hambre y la preponderancia de unas etnias sobre otras fueron el resultado de una dominación económica que estaba ligada a la opresión y por tanto, prefirieron mantenerse separadas y también alejadas de otros posibles dominadores. Así pues, el rechazo de una intervención no se debe solo al hecho de ceder soberanía política y económica sino más bien a la amenaza que ésta representa en sus estructuras sociales, tradiciones, identidad y cultura islámica.

Da la sensación de que los círculos dirigentes de la URSS se vieron invadidos por una súbita erupción de prudencia a partir del momento de la invasión. Ante una situación de insurrección del conjunto del país hubieran necesitado un millón de hombres para someterlo pero se limitaron a tener unos cien mil y controlar la capital y los puntos estratégicos más importantes, apenas un 15% del total. Quizá la clase dirigente soviética se dio cuenta de que se había llegado al máximo de expansión territorial y militar soportable para una sociedad y un Estado ya declinantes. En efecto, en este momento la URSS se encontraba ya en una situación de exceso de compromisos de cara al Tercer Mundo: Cuba les costaba 10 millones de dólares diarios y Vietnam tres. Además de no lograr solucionar el problema afgano -a pesar de que eran 280 millones de habitantes contra 15-. Desde la conciencia de esta realidad no puede extrañar que la llegada de una nueva generación dirigente de la URSS en 1985 impusiera una rectificación. 

En marzo de 1985, el nuevo Secretario General del Partido Comunista, subió al poder en el Kremlin, su nombre: Mijail Gorbachov. Buscando una solución a la crisis por la que atravesaba el país tanto interno como internacional, implementó la Perestroika y la Glasnost así como la elaboración de lo que se llamó el “Nuevo Pensamiento en Política Exterior” lo cual, influyó en el fin de la guerra fría. Gorbachov era un líder que dejó que la gente expresara su oposición a la guerra y por lo tanto se puso como objetivo terminar con la guerra de una forma que el pueblo entendiera los motivos que el gobierno tuvo para participar en ella y las consecuencias que trajo. Esto es lo que se bautizó como el “Síndrome de Vietnam”, pues quería evitar que se viera que una gran potencia salía huyendo de un pequeño país.


El 17 de octubre de 1985, durante una reunión del Politburó, por primera vez Gorbachov propuso “una solución para Afganistán”. El siguiente paso de Gorbachov fue comunicarle a la ONU sobre una posible consideración del gobierno soviético de retirarse de Afganistán. Lo que necesitaban era establecer el tipo de gobierno que se quedaría a la salida de los soviéticos. Por tanto, en1986 decidió finalmente destituir a Karmal y poner en el poder a Mohammed Najibullah, pensando en que tanto Estados Unidos como Pakistán aceptarían una tregua y de esta manera Najibullah podría entablar relaciones con los soldados de dios para iniciar una reconstrucción y reconciliación nacional. Najibullah creía que el régimen sobreviviría a la retirada de las tropas soviéticas. Estados Unidos por su parte, no terminaba de creer las buenas intenciones del nuevo líder soviético. La mejor prueba de que realmente se querían retirar de Afganistán, fue cuando entre 1986 y 1988, bajo los acuerdo de Ginebra, se tomó la decisión de hacerlo y comenzó la orden de abandonar el país. La meta de Mijail Gorbachov, era que Afganistán se alineara, como alguna vez lo había hecho, como país neutral. La retirada final tuvo lugar el 15 de febrero de 1989. En diciembre del mismo año, el Parlamento soviético condenó la invasión, declarando que la decisión de realizarla había sido tomada por un estrecho círculo de la jefatura anterior; Brezhnev y la llamada troika (Ustinov, Andropov y Gromyko)


Las  consecuencias para la propia Unión Soviética y más aún para Afganistán fueron graves y duraderas. Murieron en la guerra afgana unos 13.300 soldados soviéticos, cifra muy inferior a la de muertos norteamericanos en Vietnam pero equivalente si tenemos en cuenta el número de tropas empleadas en cada uno de los dos casos. Primera derrota soviética desde 1945, la Guerra de Afganistán creó una conciencia autocrítica que influyó mucho tanto en los dirigentes militares como en los propios soldados. Peor fue lo sucedido en el país invadido donde la guerra pudo costar 725.000 vidas, cifra cuya importancia se aprecia comparándola con la población total. El régimen de Babrak Karmal pudo sobrevivir en las ciudades, pero sólo algún tiempo, y luego se impuso un integrismo que perduró hasta la ocupación de Estados Unidos y otros aliados, en 2001, que acabó con el régimen talibán. En mayor grado aún que en Líbano también en Afganistán una intervención exterior liquidó el limitado equilibrio existente en una sociedad tradicional.

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sábado, 5 de diciembre de 2015

5 de diciembre de 1484 - El papa Inocencio VIII inicia la persecución de la brujería

El papa Inocencio VIII va a ser una figura clave en la historia de la brujería, pues fue quien el 5 de diciembre de 1484 promulgó el documento que abrió la puerta a la persecución: la bula titulada Summis desiderantes affectibus. (Deseando con la más profunda ansiedad)

Inocencio VIII, elegido Papa el 29 de agosto de 1484, intentó como primera medida la organización de una cruzada contra los turcos, pero su llamada a los monarcas cristianos resultó infructuosa al estar estos enzarzados en luchas entre ellos.

Preocupado por la brujería, promulga, el 5 de diciembre de 1484, La obra por la que pasó a la Historia. la bula Summis desiderantes affectibus en la que reconoce su existencia, derogando así el Canon Episcopi de 906 donde la Iglesia sostenía que creer en brujas era una herejía. Envía a Alemania a los inquisidores Heinrich Kramer y Jacob Sprenger (“el apóstol del rosario”) donde se realizará la que es considerada como la primera “caza de brujas” de la historia. Esta bula papal será la base para que los dominicos publiquen, en 1487, la obra Malleus Maleficarum o “Martillo de las brujas”,  que aunque nunca ha sido reconocida por la Iglesia, se convertirá en el texto básico para la descripción, caza, enjuiciamiento, tortura, quema, condena y castigo de aquellas y aquellos a quienes la iglesia consideraba brujas. 

En la bula Summis Desiderantes, declaró la guerra sin cuartel a las brujas, reiniciando con fuerza las grandes oleadas de persecuciones en toda Europa por parte de la Inquisición contra miles de personas (especialmente de mujeres) acusadas de brujería . El "Martillo de las brujas", como se conoce al libro Malleus Maleficarum, tratado escalofriante redactado por dos inquisidores alemanes como fundamento jurídico y teológico en esta cruzada por encargo de Inocencio VIII, que fue el manual de cabecera de torturadores y asesinos para exorcizar y quemar a cualquier sospechosa de tratos con el diablo.  Naturalmente, el reconocimiento oficial de la existencia de la brujería conmocionó al mundo cristiano, pues en ella hallaba un nuevo y poderoso enemigo. Las medidas que adoptó la Iglesia no pudieron ser más descabelladas: Se condujo a la hoguera indiscriminadamente a más de 60.000 personas en toda Europa, acusadas de practicar la brujería

Apegado al partido aragonesista, cuyo principal interlocutor en la Curia era el cardenal Rodrigo Borgia, futuro papa Alejandro VI, continuó como su antecesor impulsando la Inquisición en los reinos de Castilla y Aragón, nombrando en 1487 a Tomás de Torquemada como gran inquisidor de España. Aquel mismo año, concedió al embajador castellano, el Gran Tendilla, la continuidad y ampliación de la bula de Cruzada como ayuda financiera en las guerras contra el reino nazarí de Granada.

La conquista de Granada a manos de los reyes Isabel y Fernando hizo que el Papa les concediera el título de “Católica majestad”, con lo que a partir de entonces fueron conocidos como los Reyes Católicos.

en el verano de 1490, dos años antes de su fallecimiento, Inocencio VIII estaba muy preocupado por la situación de los musulmanes en el Mediterráneo por ello decidió formar una nueva cruzada que neutralizara al enemigo y tomara Tierra Santa.

Su pontificado estuvo caracterizado por el nepotismo. Por supuesto, y como es tradición, este Papa contaba con unos cuantos hijos bastardos, aunque sólo reconoció dos: una hija y un hijo (Franceschetto, a quien hizo cardenal con 13 años, montó un palacio y cubrió de fortunas).

Hay quienes aseguran que existen datos que harían presumir que Cristóbal Colón pudo haber sido un hijo ilegítimo del mentado Papa.

Inocencio VIII padecía hidropesía, una insuficiencia renal crónica que en los últimos años de su vida lo mantenía prácticamente postrado en su lecho, con algunos momentos de lucidez y otros de autentico malestar. En sus últimos días apareció por Roma, surgido de no se sabe dónde, un médico judío, aunque tampoco se sabe si esto es cierto del todo, pues ya se sabe que es muy fácil culpar a los judíos de todos los males. Este judío aconsejó, tras hacerle varias sangrías, que el remedio para su enfermedad sería cambiar su sangre por una sangre más joven, y para ello encontraron a tres "voluntarios" cuyas familias dieron su consentimiento a cambio de un ducado de oro para que diesen voluntariamente la sangre al papa que estaba a las puertas de la muerte. Lo que no se contó fue cómo se extrajo la sangre a los niños de diez años, a los que probablemente cortasen la carótida falleciendo por hemorragia a las pocas horas, tres víctimas inocentes para salvar a Inocencio VIII. Como las investigaciones sobre la circulación de la sangre no se habían iniciado prácticamente, el desconocimiento sobre la misma era total y la forma de introducir la sangre nueva en el papa fue por vía oral. La operación no resultó como se esperaba, los cóagulos de sangre hicieron más complicada la operación, y la transfusión vía oral tampoco, el papa terminó falleciendo.

A pesar de todo esto, este Papa, como todos los habidos en la ilustre historia de la Iglesia Católica, tiene su propio sitio: un mausoleo en la misma Basílica de San Pedro (Vaticano).


Inocencio VIII, a pesar de su débil salud (padecía de anemia) tuvo el coraje y la fuerza para no quedarse atrás respecto a su antecesor en cuanto a felonía e iniquidad. La mala situación económica heredada, así como la disminución de territorios e influencia política que supuso la pérdida de la guerra contra Nápoles, provocó que este Papa continuara al por mayor con la costumbre de la venta de indulgencias.

viernes, 4 de diciembre de 2015

4 de diciembre de 1563 - Se celebra la vigésimo quinta y última sesión del Concilio de Trento.

Todo el mundo consideraba necesario, a finales del siglo XV y principios del XVI, la convocatoria de un concilio que reformara la disciplina de la Iglesia. El V Concilio de Letrán (1512-1517) fracasó en este sentido y concluyó sus deliberaciones antes de que se plantearan las nuevas cuestiones suscitadas por Martín Lutero. Ya en 1518, el teólogo alemán subrayó la necesidad de celebrar un concilio que afrontara las polémicas surgidas. Aunque numerosos dirigentes respaldaron su petición, el Papa Clemente VII temía que una reunión de este tipo pudiera favorecer la teoría que afirmaba que la autoridad suprema de la Iglesia recaía en los concilios y no en el pontífice. Además, las dificultades políticas que el luteranismo planteó al emperador Carlos V hicieron que otros gobernantes, y de forma significativa el rey de Francia, Francisco I, se mostraran reacios a apoyar cualquier acción que pudiera fortalecer el poder del emperador, liberándole de estos conflictos.

Pablo III fue elegido Papa en 1534 debido, en parte, a su promesa de convocar un concilio. Tras los fallidos intentos para que éste tuviera lugar en Mantua (1537) y en Vicenza (1538), el Concilio de Trento, decimonoveno concilio ecuménico de la Iglesia católica apostólica romana, inauguró sus sesiones en Trento el 13 de diciembre de 1545 luego de una excesiva y desesperanzadora demora. 

Aunque se suspendieron las dos primeras convocatorias papales que ordenaban celebrarlo en Mantua y en Vicenza, la propuesta que hizo Carlos V de que tuviera lugar en Trento, como territorio del Imperio, fue aprobada por el Papa, quien lo convocó en mayo de 1542. Sin embargo, las guerras entre Carlos V y Francisco I produjeron, de nuevo, la suspensión del Concilio en septiembre de 1543. Únicamente la paz de Crépy (firmada el 18 de septiembre de 1544 entre Francisco I de Francia y Carlos I de España -y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico-, supuso la salida de Carlos de la guerra italiana de 1542-1546), en cuyo protocolo se declaraba que Francia enviaría al Concilio obispos y legados, pudo impulsar una nueva y definitiva convocatoria en noviembre de 1544.

Con escasa participación al principio, y nunca libre de obstáculos políticos, aumentó de forma progresiva el número de asistentes y su prestigio a lo largo de las tres fases en que se desarrolló.

Dos años más tarde el Concilio trasladó su sede a Bolonia, fue suspendido en 1549, reanudado en 1551, suspendido en 1552, abierto en 1562, interrumpido por la firma de la paz de Cateau-Cambrésis, y clausurado en enero de 1564.

La reforma de la Iglesia se inició durante el siglo XV y afectó, en primer lugar, a sus miembros. Era necesario extenderla a todo el cuerpo, incluida la cabeza. La fundación de la Inquisición romana para evitar la difusión por Italia del luteranismo; la reforma de la Curia, con la inclusión en su nómina de cardenales de estricto sentido eclesiástico, aliados con la renovación y enemigos del espíritu mundano que la había caracterizado; y los intentos por imponer la residencia a los obispos, constituyeron los primeros elementos represores y reformadores del programa de Paulo III (1534-1549). Pero, sin duda alguna, su mayor servicio a la Reforma católica fue la convocatoria, también deseada por el emperador Carlos V, del Concilio de Trento.

Convocado con la intención de responder a la Reforma protestante, supuso una reorientación general de la Iglesia y definió con precisión sus dogmas esenciales. Los decretos del Concilio, confirmados por el Papa Pío IV el 26 de enero de 1564, fijaron los modelos de fe y las prácticas de la Iglesia hasta mediados del siglo XX.

Fases

PRIMERA FASE (1545-1547)
En muchos aspectos, esta primera fase fue la que tuvo mayor alcance. Una vez fijadas las numerosas cuestiones de procedimiento, fueron abordados los principales temas doctrinales planteados por los protestantes. Uno de los primeros decretos afirmaba que las Escrituras tenían que ser entendidas dentro de la tradición de la Iglesia, lo que representaba un rechazo implícito del principio protestante de `sólo Escrituras'. El largo y elaborado decreto sobre la justificación condenaba el pelagianismo, doctrina herética a la que también era contrario Lutero, aunque intentaba al mismo tiempo definir un papel para la libertad humana en el proceso de la salvación. Esta sesión también se ocupó de ciertas cuestiones disciplinarias, como la obligación de los obispos de residir en las diócesis de las que fueran titulares.
SEGUNDA FASE (1551-1552)
Después de una interrupción, provocada por una profunda desavenencia política entre Pablo III y Carlos V, la segunda fase del Concilio, convocada por el nuevo Papa Julio III, centró su atención en el tema de los sacramentos. Esta sesión, boicoteada por la delegación francesa, fue continuada por algunos representantes protestantes.
TERCERA FASE (1561-1564)
Debido a una declaración de guerra, el Concilio permaneció suspendido durante la parte final del pontificado de Julio III, así como en los años que Marcelo II y Pablo IV ocuparon el solio pontificio. Fue Pío IV quien renovó su convocatoria en 1561, cuando en España reinaba ya Felipe II, para afrontar la que sería su fase final. En las deliberaciones de esta su última etapa se impusieron las cuestiones disciplinarias, para hacer hincapié en el problema pendiente de la residencia episcopal, considerado por todas las partes clave para la auténtica aplicación de una reforma eclesiástica. El hábil legado pontificio Giovanni Morone armonizó posturas opuestas y logró clausurar el Concilio. En 1564 Pío IV publicó la Profesión de la fe tridentina (por Tridentum, el antiguo nombre romano de Trento), resumiendo los decretos doctrinales del Concilio. Sin embargo, a pesar de su duración, el Concilio nunca se ocupó del papel del pontificado en la Iglesia, un tema planteado repetidas veces por los protestantes. Entre los muchos teólogos que participaron en sus sesiones, Reginald Pole, Diego Laínez, Melchor Cano, Domingo de Soto y Girolamo Seripando, fueron los que desarrollaron una actividad más intensa en los debates. También fue muy importante la actuación desarrollada por los miembros de la Compañía de Jesús.

Significado del Concilio de Trento 

El Concilio de Trento afrontó problemas dogmáticos como la precisión de la fe católica contra los errores del protestantismo, aunque las cuestiones de la primacía papal y del concepto eclesial no se modificaron. Reafirmando la doctrina tradicional, el Concilio fijó el contenido de la fe católica.
El Concilio de Trento definió algunos dogmas incontestables: el hombre tiene libre albedrío e inclinación natural al bien; la fe se obtiene a través de las Sagradas Escrituras y se complementa con la tradición de la Iglesia, establecida por textos de Padres y Doctores de la Iglesia y concilios; la misa es un sacrificio y una acción de gracias; afirmó, con relación a la Eucaristía, la presencia real, la conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sangre, no permaneciendo más que las apariencias del pan y del vino. El Concilio mantuvo que la Iglesia es el instrumento querido por Dios, guiada por el Espíritu Santo y que ésta es una, santa, universal y apostólica, está inspirada por el Espíritu Santo y es infalible en materia de fe.También fueron acordados principios de procedimiento y disciplina: residencia episcopal; obediencia del obispo al papa (pero reconociéndose las excepciones de los estados con regio patronato, como España y Francia); condiciones del reclutamiento sacerdotal (edad, ciencia adquirida, independencia material, además de establecerse la creación de seminarios episcopales para la formación sacerdotal); invitación a las órdenes religiosas para observar sus reglas fundacionales.

Además de la resolución de cuestiones doctrinales, teológicas y disciplinarias fundamentales para los católicos romanos, el Concilio también impartió entre sus dirigentes un sentido de cohesión y dirección que se convirtió en un elemento esencial para la revitalización de la Iglesia durante la Contrarreforma. Los historiadores actuales opinan que las decisiones conciliares fueron interpretadas y aplicadas en un sentido más estricto del que pretendieron sus participantes, y algunos creen que tuvo menos importancia en el resurgimiento del catolicismo romano que otros factores. No obstante, la designación de `era tridentina' para los siglos comprendidos entre Trento y el Concilio Vaticano II, refleja la decisiva trascendencia que tuvo el Concilio en la Iglesia católica moderna.

Por otra parte, el Concilio abordó plenamente la reforma del clero al desterrar los abusos denunciados desde la Baja Edad Media. Por lo que se refiere a la obra pastoral y disciplinaria de Trento, sus decisiones fueron, con el tiempo, trascendentales. La reforma del episcopado fue objeto de abundantes discusiones y decretos: se reguló el deber de residencia, de visita pastoral diocesana, de predicación y de convocatoria frecuente de sínodos. Parecidas recomendaciones de residencia, predicación, cura de almas, vida austera, uso del traje talar  (traje largo, que llega hasta los talones (parte del cuerpo del que toma ese nombre), etc., se hicieron a los párrocos. La novedad que el Concilio presentó en esta materia se refería al celo que en adelante habría de ponerse en la selección, formación moral, teológica y doctrinal de los curas, para lo cual se pedía a los obispos que se establecieran seminarios diocesanos, de tal manera que se evitaran los abusos denunciados y se llevase a cabo la reforma real de los ministros seculares de la iglesia.

Las decisiones del Concilio no agotaron la crisis de la Iglesia. Territorialmente, el catolicismo era monolítico en España, Portugal e Italia y presentaba dificultades en Polonia, pero estaban perdidas distintas regiones de Francia y el norte de Alemania, se había consumado el cisma inglés, aunque Irlanda permanecía católica, estaba en peligro el corazón del Imperio, Austria, Bohemia y Hungría, se presentaba dividida Suiza y los Países Bajos y estaba escasamente fortalecido en el sur y en el oeste alemán, mientras que en los países escandinavos el avance del protestantismo era definitivo. Sin embargo, antes de que finalizara el siglo XVI, la vida de la Iglesia se renovó gracias a la ejecución de los decretos y del espíritu reformador conciliar, cuya responsabilidad correspondió a los Pontífices que ocuparon la sede romana desde 1565 hasta 1585 (Pío V, Gregorio XIII y Sixto V). A sus nombres van unidos obras trascendentales, como la conclusión del Catecismo cuya elaboración comenzó durante el Concilio de Trento (Pío V), la restauración del culto, la reforma de la administración eclesiástica, la fundación y organización de colegios romanos para sacerdotes (Gregorio XIII), la reorganización profunda de la Curia y de la distribución de los asuntos de gobierno, la implantación de las visitas obligatorias de los obispos a Roma para informar del estado de sus diócesis, la revisión de la "Vulgata"(versión de la Biblia en latín compuesta por San Jerónimo a comienzos del siglo V para cumplir el encargo que le hiciera el papa Dámaso I en 382. La intención era reemplazar a la Vetus latina, que resultaba inadecuada por haber sido traducida sin un criterio unificado y con calidad muy desigual), etc. (Sixto V).

miércoles, 18 de noviembre de 2015

18 de noviembre de 1978 - Masacre en Guyana

El 18 de noviembre de 1978, en lo que se conoció como “La masacre de Jonestown” o “La masacre de Guyana”, el reverendo Jim Jones, más conocido como el líder de la secta del Templo del Pueblo, llevó a más de 900 hombres, mujeres y niños a sus muertes en un suicidio en masa a través de ponche con cianuro.

Tachada como la masacre del siglo, causó gran conmoción. Con el paso del tiempo el suceso continúa siendo un misterio. No debemos olvidar que se trata probablemente de la primera ocasión en la que los medios audiovisuales de comunicación desempeñaban un papel determinante en un suceso de estas características.

James Warren "Jim" Jones nació el 13 de mayo de 1931, en Indiana (EE.UU.), era el hijo de James Thurman Jones, un veterano discapacitado de la Primera Guerra Mundial, y Lynetta Putnam, Jones fue dejado en gran medida a sí mismo ya que su madre trabajaba y su padre tenía poco interés en él.

Durante algunos años, uno de sus vecinos le llevó a visitar su iglesia a menudo. Jones comenzó entonces su propia búsqueda religiosa en torno a la edad de 10 años. Él visitó iglesias en la pequeña ciudad de Lynn, donde vivía con su familia y se hizo amigo de un ministro pentecostal durante un tiempo. Un niño observador, Jones comenzó a tomar lo que aprendió en estos diferentes lugares de culto y comenzó a predicar a otros niños de la comunidad. Él era un estudiante fuerte, especialmente hábil para hablar en público, pero tenía pocos amigos. Su entusiasmo religioso abrumador había alejado a algunos y por otra parte, a él no le gustaban la mayoría de las actividades típicas de los muchachos adolescentes típicos, como los deportes, y objetó lo que él creía que es un comportamiento pecaminoso, como bailar o beber.

Después de que sus padres se separaron, Jones y su madre se mudaron a Richmond, Indiana. Allí tuvo la oportunidad de reinventarse a sí mismo. Trabajó en un hospital como camillero donde conoció a Marceline Baldwin, una estudiante de enfermería. Después de graduarse de la escuela secundaria a principios de diciembre de 1948, Jones comenzó en la Universidad de Indiana el siguiente enero. Se casó con Marceline el 12 de junio de 1949. La pareja finalmente adoptó varios niños.

Después de años de lucha por encontrar su camino, Jones anunció que estaba entrando en el ministerio en 1952. Él consiguió un trabajo como pastor estudiante en la Iglesia Metodista de Somerset en un barrio pobre, predominantemente blanco en Indianápolis. Para el año siguiente, Jones estaba haciendo una reputación por sí mismo en el estado como un sanador y evangelista. Él estaba interesado en la celebración de los servicios integrados racialmente, pero este interés no era compartido por su iglesia. Pronto Jones decidió obrar por su cuenta, formando su propia iglesia en 1955, la que pronto se hizo conocida como el “Templo del Pueblo”. Para ayudar a construir su espacio, compró tiempo en una emisora de radio AM local para difundir sus sermones.


A mediados de la década de 1960, Jones se trasladó a su grupo religioso al norte de California. Más de 100 miembros de la iglesia acompañaron a Jones a California. Vivían en los pequeños pueblos remotos de Ukiah y Redwood Valley. A principios de la década de 1970, Jones había expandido sus esfuerzos de reclutamiento. Él comenzó a predicar en San Francisco, con la apertura de una sucursal de su iglesia.

Con su marca registrada, gafas oscuras, trajes y peinado hacia atrás el pelo negro, Jones era una figura imponente en el púlpito. Su retórica ardiente y "curaciones" notables consiguieron atraer nuevos miembros. Muchos le han dado todo lo que tenían a Jones. Lo hacían pensando que era por el bien común, en realidad terminaba todo en el bolsillo de Jones.

Como parte de sus enseñanzas, Jones desalentó el sexo y las relaciones románticas. Él, por su parte, tuvo varias relaciones adúlteras, incluyendo una con una administradora de la iglesia, Carolyn Layton, con quien tuvo un hijo. Jones también dijo ser el padre de otros niños. Jones también trató de interrumpir los lazos familiares, posicionándose como el "padre de todos".

En 1974, Jones compró la tierra en Guyana para convertirla en un nuevo hogar para él y sus seguidores. Estaba cada vez más paranoico y perturbado y pronto trasladó a su culto allí con cerca de 1.000 personas. 

La colonia agrícola, bautizada Jonestown era para algunos el paradigma de la felicidad multirracial, con pretensiones igualitarias y dominada por un líder con enorme carisma e ideas marxistas que creía ser la reencarnación de Lenin, Jesucristo y Buda. Jim Jones no sólo era fiable, además era rico y estaba ligado a algunos políticos californianos. Contaba entre sus amistades a Rosalyn Carter, la esposa de Jimmy Carter, presidente de Estados Unidos entre 1977 y 1981. 

No obstante Jonestown no era ningún paraíso tropical. Jones manejó el sitio como un campo de prisioneros. Sus seguidores recibieron poca comida y no se les permitía salir. Guardias armados se situaron en el perímetro del recinto. Jones a menudo predicaba sobre el sistema de altavoces en Jonestown. Temeroso de un complot contra él, comenzó la realización de simulacros de suicidio. Sus seguidores fueron despertados en medio de la noche. Ellos recibirían una taza con un líquido rojo que se les dijo que contenía veneno, que se les ordenó beber. Después de 45 minutos más o menos, a los miembros se les dijo que no iban a morir, que acababan de pasar una prueba de lealtad.

En septiembre de 1977, Jones amenazó con suicidarse en masa para impedir al gobierno de Guyana tomar medidas contra él. El ex miembro de los Pueblos Templo Gracia Stoen había estado pidiendo al gobierno para ayudar a recuperar la custodia de su hijo Juan Víctor. Otro ex miembro del grupo, Deborah Layton Blakely, había estado hablando públicamente en contra de Jones también. Por último, en noviembre de 1978, Leo J. Ryan, un congresista de California, decidió investigar Jonestown para sí mismo.

El 18 de noviembre de 1978, Ryan recorrió Jonestown con un equipo de televisión a cuestas. Invitó a todo el que quisiera dejar el complejo a ir con él, pero su operación de rescate no sale según lo planeado. Esa tarde, Ryan, algunos miembros del templo que querían abandonar el lugar, y el resto de los visitantes fueron conducidos a una pista de aterrizaje en Puerto Kaituma. Allí fueron atacados por hombres armados Templo del Pueblo se ha enviado por Jones.

Cuando el tiroteo se detuvo, había cinco personas muertas, entre ellos el congresista Ryan, corresponsal de NBC Don Harris, NBC camarógrafo Bob Brown, y el San Francisco Examiner fotógrafo Greg Robinson. Uno de los desertores, Patricia Parques, también fue asesinada. Dos desertores más resultaron gravemente heridos, por disparos de Larry Layton, hermano del ex-miembro del Templo de los Pueblos Debbie Layton Blakely, que se unió al grupo con el pretexto de querer salir.

Mientras tanto, en Jonestown, Jones lanzó lo que él llamó su campaña "suicidio revolucionario". Cianuro y Valium se mezclaron en un lote de mezcla de bebida en polvo para hacer un golpe tóxico, y tazas de esta bebida letal fueron distribuidos a los miembros. Los primeros en morir fueron los niños; y los que se negaron a beber se vieron obligados a por guardias armados. En total, más de 900 personas murieron en Jonestown. Doscientos setenta y seis de ellos eran niños.


Jones, por otra parte, escogió acabar de una manera diferente. Rodeado de su círculo más cercano, se disparó en la cabeza. Fue encontrado más tarde en el piso del pabellón de Jonestown, principal área de reunión del campamento, con su esposa Marceline,la enfermera Annie Moore, y otros miembros del grupo superior.La matanza de Guyana fue consecuencia de su locura y su ansia de poder

Durante un tiempo se divulgó la noticia de que el líder continuaba con vida, pero el FBI lo negó tras analizar sus huellas dactilares. Había muerto de un tiro en la cabeza. Testigos de su muerte afirmaron que murió balbuceando el nombre de su madre. Su esposa se encontraba junto a él. Tenía 47 años.
Su última víctima sería Michael Prokes, ex  jefe del gabinete de prensa de la secta. Un año después, tras una  rueda de prensa en la que intentaba justificar la masacre, se negó a contestar a un periodista que le interrogaba sobre el asesinato del congresista Ryan y confesó haber formado parte de la “escuadra de la muerte” que sobrevivió al desastre.Se encerró en el lavabo y se pegó un tiro. Sus últimas palabras Sus últimas palabras fueron desafiantes: ‘Los compañeros que se quitaron la vida lo hicieron porque no tenían elección posible y porque no querían permanecer en los infestados “ghettos” de Norteamérica»

El drama de Jonestown no disuadió otros suicidios colectivos. En Estados Unidos, más de 80 miembros de la secta de los davidianos murieron en 1993 en el incendio, aparentemente voluntario, de su granja en Waco (Texas), que la policía había tomado por asalto. En Suiza y Québec, en octubre de 1994, dos grupos de miembros de la Orden del Templo Solar (OTS), en total 53 personas, también fueron encontrados muertos, antes de otro suicidio colectivo de la OTS, en 1995 en Francia. El suicidio colectivo más reciente es el de los 39 adeptos de la Puerta del Paraíso, en marzo de 1997, en California. En total, según la AFF (American Family Foundation, centro de investigaciones sobre las sectas), hay entre 3000 y 5000 grupos de este tipo en el mundo que reagrupan a entre 5 y 20 millones de miembros.

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jueves, 22 de octubre de 2015

22 de octubre de 4004 aC - Creación del Universo

Como es natural, inquirir cuándo y cómo apareció el mundo ha sido objeto de un alto interés durante toda la historia del pensamiento humano. El afán de conocimiento, la curiosidad intelectual, la necesidad psicológica de saber dónde estamos y de dónde venimos... muchos han sido los motivos que han llevado a los hombres a indagar esta cuestión. No es algo baladí y sin importancia: responder de una manera o de otra a esa pregunta condiciona cómo debe entenderse el sentido de la vida.

Por unos u otros procedimientos, todas las civilizaciones que han existido en el mundo tienen su explicación y justificación del comienzo del Universo y de la vida, normalmente mediante relatos o mitos transmitidos de generación en generación y por lo general aceptados como tales.

Según los cálculos del arzobispo anglicano James Ussher (1581-1656), al atardecer del 22 de octubre de 4004 a.C. (más o menos a la hora del té), el dios judeocristiano Yahvéh creó el universo. Mientras tanto, en Irak, los sumerios fundan la aldea de Ur; en Egipto se fabrican los artefactos de metal más antiguos conocidos: agujas de cobre martillado.

James Ussher
James Ussher nació en Dublín y llegó a ser arzobispo de Armagh y en 1625, primado de Irlanda. Murió en Inglaterra en 1656. Ussher era un verdadero conocedor de la historia del cristianismo primitivo y dominaba las lenguas semíticas con una gran erudición y una insaciable sed de conocimientos. Su tarea más importante fue elaborar una cronología de los acontecimientos de la Biblia, tal como queda dicho.

La Cronología Ussher es una cronología del siglo XVII de la historia del mundo formulada mediante una lectura interpretativa de la Biblia por James Ussher, Arzobispo anglicano del Condado de Armagh (en la actual Irlanda del Norte). La cronología se asocia a veces, frecuentemente con mofa, con la ideología del Creacionismo de la Tierra Joven, ya que sostiene que el universo fue creado hace solo unos milenios.

El trabajo de Ussher, más propiamente llamado Annales veteris testamenti, a prima mundi origine deducti (Anales del Viejo Testamento, derivados de los primeros orígenes del mundo), fue su contribución al largo debate teológico sobre la edad de la Tierra. Ésta fue una gran preocupación para muchos estudiosos cristianos a lo largo de los siglos.

El Obispo James Ussher, en su cuidadoso y preciso cálculo de la edad del mundo, estudió la cronología disponible en las Sagradas Escrituras así como datos históricos encontrados en documentos (como la destrucción del templo de Jerusalén, por ejemplo) de las culturas Caldea, Persa e incluso Romana.  Y de paso calculó que el diluvio universal ocurrió hacia el año 2359 A. C., que el éxodo a Egipto sucedió en el año 1491 A. C. y que el templo de Jerusalén fue construido en el año 1012 A. C.

La cronología es a veces llamada cronología Ussher-Lightfoot, incluyendo el nombre de John Lightfoot, que publicó una cronología similar en 1642-1644. Sin embargo, se trata de un nombre incorrecto, ya que la cronología está basada en el trabajo de Ussher y no en el de Lightfoot. Ussher dedujo que el primer día de la creación comenzó el atardecer del 22 de octubre del año 4004 a. C. del calendario Juliano, cerca del equinoccio de otoño, mientras que similarmente Lightfoot dedujo que la creación comenzó el atardecer próximo al equinoccio de otoño, pero en el año 3929 a. C.

La fecha propuesta por Ussher de 4004 a. C. difiere poco de las estimadas de Beda (3952 a. C.) o por el contemporáneo de Ussher, Joseph Justus Scaliger (3949 a. C.). La elección específica de Ussher de ese año pudo haber sido influida por la creencia de aquel entonces de que la vida potencial de la Tierra era de 6000 años (4000 antes del nacimiento de Cristo y 2000 después, por lo que su final debía de llegar en el año 1996, cosa que evidentemente no ha ocurrido), correspondiente a los seis días de la creación, sobre las bases de que "con El Señor un día es como mil años, y mil años como un día" (2 Pedro, 3,8).

Esta visión ha sido completamente abandonada seis mil años después de 4004 a. C. Sin embargo, hay algunos estudiosos bíblicos, como así también un número de cristianos evangélicos, quienes profesan su interpretación literal de la Biblia y que la Tierra tiene 6000 años de edad.


Hoy nos pueden parecer sin interés estos cálculos pero la edad de la Creación ha sido motivo de estudio por numerosos autores a lo largo de los siglos. Incluso algunos de los que podemos considerar más científicos, como Kepler (que fechó la Creación en 3992 A. C.) y Newton (que la fechó en el año 4000 A. C.) se interesaron por conocer este dato. Pero ninguna propuesta ha sido tan conocida como la del Obispo Ussher probablemente porque su cálculo ha figurado como comentario en las primeras ediciones de la Biblia del Rey Jaime de tan gran difusión en el mundo protestante anglosajón.

La teoría de Ussher, con algunas matizaciones, gozó de prestigio y credibilidad, no muy intensa desde luego, durante un par de siglos, hasta que dos factores la hicieron considerar simple y sin sentido. Uno, el avance de la ciencia: dos grandes investigadores, considerados como los creadores de la Geología, James Hutton y Charles Lyell, en la primera mitad del siglo XVIII, introdujeron la idea, ya irreversible, de que los tiempos requeridos para que se formase la corteza terrestre tenían que haber sido mucho más largos. Hoy existe el acuerdo generalizado de que el Big Bang, o momento de la explosión que dio origen al Universo, se produjo hace unos 13.700 millones de años. Los conocimientos de que disponen hoy los científicos y lo que se sabe sobre el Universo están lógicamente muy alejados de aquellas propuestas antiguas.

Junto a estos avances de las ciencias también fue imponiéndose el criterio de que el lenguaje de la Biblia primordialmente encierra un mensaje religioso y no una información histórica. Aunque ya san Agustín en el siglo V detectaba, por ejemplo, una contradicción material (si se contabilizan, decía, los días como el tiempo transcurrido desde que sale el sol hasta que se pone, ¿cómo se pueden medir los tres primeros días de la creación si éste no fue creado hasta el cuarto?), no ha sido hasta el siglo XIX cuando la Teología ha mostrado esta nuevo sentido de de la Biblia.