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lunes, 25 de junio de 2018

El Pacto Molotov-Ribbentrop y la invasión soviética a Polonia

Al final de los años 1930, la Unión Soviética pretendía formar una alianza contra Alemania con el Reino Unido, Francia y Polonia. Las negociaciones, sin embargo, fueron difíciles. Los soviéticos insistían en crear un círculo de influencia que abarcara desde Finlandia hasta Rumania y pidieron ayuda militar, no sólo para actuar contra cualquier país que los atacara directamente, sino también contra cualquier organización que atacara a los países de dicha esfera de influencia. Desde el comienzo de las negociaciones con Francia y el Reino Unido, la Unión Soviética demandó su derecho a ocupar los Estados Bálticos (Letonia, Estonia y Lituania). Finlandia también debía ser incluida en el círculo de influencia soviética  y los soviéticos finalmente reclamaron su derecho a actuar en Polonia, Rumanía y los Estados Bálticos cuando su seguridad se viera amenazada. Los gobiernos de estos países rechazaron la propuesta, ya que presentían que si el Ejército Rojo invadía alguna vez su territorio, ya nunca lo abandonaría, como señaló el ministro de exteriores polaco Józef Beck. La Unión Soviética dejó de confiar en los británicos y franceses para mantener la seguridad colectiva desde que estos rechazaron prestar ayuda a la Segunda República Española contra los nacionalistas durante la Guerra Civil Española, o cuando renunciaron a proteger a Checoslovaquia de la Alemania Nazi. De igual modo, sospechaban que los Aliados Occidentales preferirían que la Unión Soviética se enfrentara a Alemania por sí misma, mientras ellos observaban la situación. En vista de estos intereses divergentes, la Unión Soviética abandonó el diálogo y retomó las conversaciones con Alemania.

El pacto alemán-soviético, también conocido como pacto Ribbentrop-Molotov por los dos ministros extranjeros que negociaron el acuerdo, tenía dos partes. El acuerdo económico, firmado el 19 de agosto de 1939, estipulaba que Alemania entregaría productos manufacturados a cambio de materia prima soviética. La Alemania nazi y la Unión Soviética también firmaron en Moscú un pacto de no agresión durante diez años el 23 de agosto de 1939, una semana antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, El pacto, que ha sido descrito como una licencia para la guerra, fue un factor clave en la decisión de Hitler de invadir Polonia

El ministro nazi de Relaciones Exteriores, Joachim von Ribbentrop , el líder soviético Josef Stalin y el ministro soviético de Relaciones Exteriores, Viacheslav Molotov, en la firma del pacto.
Este tratado tenía algunas cláusula secretas solo para conocimiento de los jerarcas de ambos gobiernos y no reveladas al público, por las que se dividía Europa oriental en zonas de influencia germana y soviética, quedando Polonia repartida entre las dos potencias y Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania reconocidas por Alemania como zonas de interés soviético. También les ofreció la posibilidad de recuperar territorios cedidos a Polonia veinte años antes y así unir los pueblos ucranianos y bielorrusos orientales y occidentales bajo un gobierno soviético y, por primera vez, bajo un mismo estado. Stalin veía además ventajas en que se desatase una guerra en Europa occidental, ya que podía debilitar a sus enemigos ideológicos y abrir nuevas regiones para el avance del comunismo.

El pacto alemán-soviético permitió que Alemania atacara Polonia el 1 de septiembre de 1939 sin temor a la intervención soviética. El 3 de septiembre de 1939, Gran Bretaña y Francia, que habían garantizado cinco meses antes la protección de las fronteras de Polonia, declararon la guerra a Alemania. Estos sucesos marcaron el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

El 1 de septiembre de 1939, los líderes nazis comenzaron a animar a los soviéticos a jugar su baza del Pacto Molotov-Ribbentrop para que invadieran la parte oriental de Polonia. El embajador alemán en Moscú, Friedrich Werner von der Schulenburg, y el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Viacheslav Mólotov, intercambiaron una serie de comunicados diplomáticos sobre el asunto.
Entonces Mólotov vino al lado político del asunto y declaró que el Gobierno soviético había tenido la intención de aprovechar la oportunidad del avance de tropas alemanas sobre Polonia para declarar que Polonia se deshacía y que era necesario que la Unión Soviética, en consecuencia, acudiera en ayuda de los ucranianos y bielorrusos "amenazados" por Alemania. Este argumento debía hacer que la intervención de la Unión Soviética fuera admisible desde el punto de vista de las masas y al mismo tiempo, evitar que la Unión Soviética diera el aspecto de agresor.” - Friedrich Werner von der Schulenburg, embajador alemán en Moscú, en un telegrama al Ministerio de Asuntos Exteriores alemán.
Los soviéticos retrasaron su intervención por varios motivos. Se encontraban sumidos en una serie de disputas fronterizas con Japón, necesitaban tiempo para movilizar al Ejército Rojo y veían una ventaja diplomática en esperar a que Polonia se desintegrara antes de realizar algún movimiento. El 17 de septiembre de 1939, Mólotov declaró en la radio que todos los tratados entre la Unión Soviética y Polonia habían sido anulados debido a que el gobierno polaco había abandonado a su pueblo y había dejado de existir de forma efectiva. Ese mismo día, el Ejército Rojo cruzó la frontera polaca, comenzando la invasión del país.

No obstante las muchas dificultades y las tristes experiencias de los últimos días, el Mando Supremo tenía aún ciertas esperanzas. Se esperaba que al día siguiente, el 17 de septiembre, los aliados occidentales iniciaran su gran ofensiva. Y, aunque ésta no se produjo, nadie se preocupó: después de todo, una diferencia de pocos días no podía tener demasiada trascendencia. Pensaban que pronto los alemanes se verían obligados a marcharse de Polonia, por lo menos la mayor parte de la Luftwaffe y de las divisiones acorazadas; después... todo se iría resolviendo.

Pero lo que ocurrió fue que poco antes del amanecer del 17 de septiembre, el Ejército ruso entró en Polonia en un frente de casi 1300 km. La acción constituyó una sorpresa total tanto para el Gobierno como para el Mando Supremo polaco, e incluso para el mismo Alto Mando alemán. Los soviéticos entraron en campaña con dos Grupos de Ejército: el de la Rutenia Blanca y el de Ucrania. El primero estaba constituido por cuatro ejércitos y el segundo por tres. El Ejército 12. desplegado en el extremo meridional del frente, comprendía en su mayor parte tropas motorizadas, ya que su objetivo era aislar a los polacos de Rumania y de Hungría. La frontera de Polonia con Rusia estaba defendida tan sólo por 18 Batallones y cinco Escuadrones de Caballería del Cuerpo de Protección de la Frontera (KOP Korpus Ochrony Pogranicza en polaco); por lo tanto no fue difícil para las vanguardias soviéticas profundizar en territorio polaco casi 100 km en los dos primeros días. La actitud del Ejército ruso en relación con los soldados polacos fue ambigua, ya que al principio parecía como si los rusos evitasen combatir, por lo que incluso llegó a pensarse que acudían en ayuda de Polonia. Pero la situación se aclaró en cuanto las tropas polacas fueron desarmadas y hechas prisioneras. Cuando el Ejército soviético atravesó el Dniester y amenazó Kolomyja, el Mando Supremo polaco se encontró de repente en peligro. No había tiempo para discutir la situación con calma. Así, pues, todas las fuerzas recibieron la orden de retirarse hacia las fronteras rumana y húngara y resistir a los alemanes, pero sin hacer fuego contra los rusos, a no ser que éstos les atacaran o intentasen desarmarlos. Se decidió que el Presidente y el Gobierno, así como el comandante en jefe, se trasladaran a Rumania para pasar luego a Francia. 

El gobierno soviético anunció que actuaba para proteger a los ucranianos y bielorrusos que vivían en la parte oriental de Polonia, debido al colapso de la administración polaca tras la invasión nazi. Según los soviéticos, dicha administración, no podía ya garantizar la seguridad de sus ciudadanos.

Caballería polaca
La sorpresa de los polacos es total. En ese momento, sus tropas luchan a la desesperada en un intento de realizar un último plan defensivo contra los ejércitos del Reich, el Saliente Rumano, consistente en retirar todas las tropas posibles a la zona fronteriza con Hungría y Rumanía y resistir hasta el ―todavía esperado― ataque de Francia y el Reino Unido. La lucha sigue siendo muy intensa, pero ya no son unidades cohesionadas las que ofrecen resistencia, sino restos de divisiones y brigadas que, aisladas, combaten para escapar al cerco de las divisiones alemanas y poder así unirse al resto de los ejércitos polacos.

Con todas las tropas comprometidas en la lucha contra los alemanes, sólo quedan para defender la frontera las unidades del KOP, algunas de la Defensa Territorial y restos de las tropas regulares en retirada. El Estado Mayor polaco, impotente ante esta nueva situación, abandona el ya inviable plan del Saliente Rumano y ordena no combatir a las fuerzas soviéticas, para concentrar todos los esfuerzos en que las unidades que todavía luchan contra los alemanes logren escapar hacia las fronteras de Rumanía y Hungría, y pasar de estos países a Francia o el Reino Unido y así poder proseguir la lucha.

Sin embargo, y en medio de la confusión reinante, muchas unidades resisten al nuevo invasor. No se dan combates de la magnitud de los que se han producido o se siguen produciendo contra los alemanes, pero alrededor de ciudades como Vilna o Grodno hay duros enfrentamientos.

El Ejército Rojo alcanzó rápidamente sus objetivos, debido a que sobrepasaba en número a la resistencia polaca. En torno a 230.000 soldados polacos, o incluso más (452.500) fueron hechos prisioneros de guerra. El gobierno soviético se anexionó el nuevo territorio, poniéndolo bajo su control y declarando en noviembre de ese mismo año que trece millones y medio de ciudadanos polacos, que vivían en la zona anexionada, habían pasado a ser ciudadanos soviéticos. Los soviéticos contrarrestaron la oposición mediante ejecuciones y arrestos. Varios cientos, o miles, según estimaciones, de los arrestados, fueron enviados a Siberia y a otras zonas remotas de la URSS, en cuatro series de deportaciones producidas entre 1939 y 1941.

El Ejército Rojo hizo su incursión por la zona de Kresy, al este de Polonia, con siete ejércitos de campaña y entre 450.000 y 1.000.000 de soldados. Estos ejércitos se agrupaban en dos "frentes" (equivalente soviético de un Grupo de Ejércitos): el Frente Bielorruso, bajo la dirección de Mijaíl Kovalyov, y el Frente Ucraniano, bajo las órdenes de Semión Timoshenko. Hasta ese momento los polacos no habían conseguido defender sus fronteras occidentales y, en respuesta a las incursiones alemanas, habían lanzado una contraofensiva de cierta importancia en la batalla de Bzura. El Ejército Polaco tenía originalmente un plan defensivo bien desarrollado para combatir una posible invasión soviética pero no estaban preparados para plantar cara a dos invasiones simultáneas. En el momento en que los soviéticos invadieron el país, los comandantes polacos ya habían enviado a la mayor parte de sus tropas al oeste para enfrentarse a los alemanes, dejando así al este con una mínima protección de veinte batallones, que contaban con unos 20.000 soldados de defensa fronteriza del KOP, bajo la dirección del general Wilhelm Orlik-Rueckemann.

Al comenzar la invasión, el comandante en jefe polaco y mariscal de Polonia Edward Rydz-Śmigły, ordenó a las fuerzas fronterizas que prestaran resistencia ante la invasión soviética. Luego cambió su postura, tras consultar con el Primer Ministro Felicjan Sławoj Składkowski, ordenando retroceder y limitar los ataques a los soviéticos al caso de defensa propia.
“Los soviéticos han entrado. Ordeno un repliegue general hacia Rumanía y Hungría por la ruta más corta. No luchéis contra los bolcheviques a no ser que os asalten o traten de desarmar vuestras unidades. Las tareas defensivas de Varsovia y otras ciudades que debían defenderse de los alemanes, quedan sin cambios. Las ciudades amenazadas por los bolcheviques deberían negociar la cuestión de retirar la guarnición hacia Hungría o Rumanía” - Edward Rydz-Śmigły, Comandante en Jefe del Ejército polaco.
Las dos órdenes contradictorias condujeron a la confusión y cuando el Ejército Rojo atacó a las unidades polacas estallaron pequeñas batallas de forma inevitable. La respuesta de los no étnicamente polacos a la situación añadió una nueva complicación. En algunos casos, ucranianos, bielorrusos y judíos aplaudieron la entrada de las tropas soviéticas, consideradas libertadoras. La Organización de Nacionalistas Ucranianos se levantó contra los polacos y partisanos comunistas organizaron revueltas locales, como por ejemplo en Skidel.

El plan original de repliegue de los militares polacos consistía en retirarse y reagruparse en torno a la frontera rumana. La idea era adoptar posiciones defensivas en dicho lugar y esperar al ataque prometido por parte de franceses y británicos en el oeste. Este plan suponía que Alemania se vería obligada a limitar sus operaciones en Polonia para así poder combatir en un segundo frente. Los aliados esperaban que las fuerzas polacas resistieran durante varios meses pero el ataque soviético hizo que esta estrategia quedara obsoleta.


Las unidades soviéticas a menudo se encontraban con que los alemanes avanzaban desde la dirección opuesta. Ocurrieron varios ejemplos notables de cooperación entre ambas fuerzas. La Wehrmacht capturó la Fortaleza de Brest con la ayuda de la 29º Brigada de Tanques Soviética, tras la batalla de Brest Litovsk, el 17 de septiembre. El general alemán Heinz Guderian y el general de brigada soviético Semión Krivoshein llevaron a cabo un desfile conjunto tras tomar Brest. 

El general alemán Heinz Guderian y el brigada soviético Semión Krivoshein durante el desfile conjunto en Brest.
Lvov (o Lwów en polaco) se rindió el 22 de septiembre, días después de que los alemanes hubieran entregado el mando de las operaciones en la zona a los soviéticos. Fuerzas soviéticas tomaron Vilna el 19 de septiembre, tras una batalla de dos días de duración. El 24 de septiembre tomaron Goradnia, tras cuatro días de combates. Hacia el 28 de septiembre el Ejército Rojo ya había alcanzado la línea de los ríos Narew, Bug Occidental, Vístula y San, que trazaban la frontera acordada previamente con los nazis.
La caballería soviética en un desfile en Lvov,
Varias guarniciones polacas aisladas lograron mantener sus posiciones durante mucho tiempo antes de ser derrotadas, siendo la última unidad operacional del Ejército Polaco en rendirse, el Grupo Independiente Operacional "Polesie" (Samodzielna Grupa Operacyjna "Polesie" en polaco) del general Franciszek Kleeberg Polesie. Kleeberg se rindió el 6 de octubre, tras los cuatro días que duró la batalla de Kock, cerca de Lublin, terminando así con la Campaña de Septiembre. Los soviéticos habían salido victoriosos. El 31 de octubre, Mólotov presentó un informe al Soviet Supremo:
"Un golpe corto del Ejército alemán, y posteriormente otro del Ejército Rojo, fueron suficientes para aniquilar esta fea criatura del Tratado de Versalles".
La reacción de Francia y Gran Bretaña a la invasión de Polonia fue el silencio, ya que no deseaban ningún tipo de confrontación con la URSS en ese momento. Bajo los términos de la alianza militar Anglo-Polaca del 25 de agosto de 1939, los británicos habían prometido asistencia militar a Polonia si esta era atacada por una potencia europea. Pero cuando el embajador polaco Edward Raczyński recordó al Secretario de Estado británico E. F. L. Wood lo firmado, éste declaró tajantemente que no era una buena empresa para el Reino Unido declarar la guerra a la Unión Soviética. El Primer Ministro británico Neville Chamberlain consideró hacer público un compromiso de restaurar la estructura del Estado Polaco pero finalmente se limitó a emitir declaraciones de condena general.

A todo eso, no existía ningún motivo militar válido para que los franceses permanecieran inactivos. Efectivamente, la situación era todavía de tal naturaleza que hubieran podido apagar las llamas de la segunda Guerra Mundial. Su compatriota Jean Dutord ha afirmado: "Los generales franceses tenían en la mano la llave del éxito". El 10 de septiembre, el comandante en jefe francés, Gamelin, escribió a su colega de la agonizante Polonia: “Más de la mitad de nuestras divisiones activas están empeñadas en combates en las zonas del Nordeste. Es imposible hacer nada más”. Y el comunicado del Ejército francés del 11 de septiembre afirmaba: “Nuestros ataques han obtenido notables éxitos al este del Saar”. El 16 de septiembre, las estaciones de radio de Nueva York informaban: “Centenares de miles de soldados franceses y alemanes están librando una encarnizada batalla”. El 19 de septiembre, la emisora londinense de onda corta emitió este comunicado: “La lucha se extiende sobre un frente de 160 km. y algunas unidades francesas se encuentran a 16 kilómetros más allá de la frontera alemana”. Pero las cosas no eran así. En realidad, por el curso superior del Rin navegaban barcos neutrales, cuya tripulación cambiaba saludos con los soldados que se hallaban en las dos orillas. En otras palabras: no se estaba librando ningún combate.


Los franceses también habían adquirido compromisos con Polonia, incluyendo la provisión de ayuda aérea, y éstas no fueron cumplidas. Una vez que los soviéticos invadieron Polonia, los franceses y los británicos decidieron que no había nada que pudieran hacer por Polonia a corto plazo, por lo que comenzaron a planificar una victoria a largo plazo. Los franceses habían avanzado de manera provisional en el Sarre a principios de septiembre pero después de la derrota polaca, se retiraron detrás de la Línea Maginot, a fecha de 4 de octubre. Muchos polacos se indignaron ante la falta de apoyo por parte de sus aliados occidentales, lo que creó un sentimiento de traición entre los polacos.

En octubre de 1939 Mólotov informó al Soviet Supremo que la invasión había provocado un total de 737 muertes y 1.862 heridos soviéticos, aunque las cifras polacas elevan los números hasta 3.000 muertes y entre ocho mil y diez mil heridos. En el lado polaco, entre 6.000 y 7.000 soldados perecieron en los combates contra el Ejército Rojo, siendo hechos prisioneros entre 230.000 y 450.000 hombres. Los soviéticos solían saltarse los términos de las rendiciones. En algunos casos, prometieron a los soldados polacos la libertad si se rendían pero terminaron arrestándolos cuando estos depusieron las armas

Los soviéticos no trataron a los prisioneros militares polacos como prisioneros de guerra sino como rebeldes contra el nuevo gobierno de la Ucrania y Bielorrusia Occidental. Los soviéticos mataron a decenas de miles de prisioneros de guerra polacos. Algunos fueron ejecutados en plena campaña, como el general Józef Olszyna-Wilczyński, que fue capturado, interrogado y después asesinado el 22 de septiembre. El 24 de septiembre, los soviéticos mataron a cuarenta y dos personas, entre personal y pacientes, de un hospital militar polaco en el pueblo de Grabowiec, cerca de Zamość. 

Los soviéticos también ejecutaron a todos los oficiales polacos que capturaron después de la batalla de Szack, a fecha de 28 de septiembre de 1939. Más de 10.000 personas, entre personal militar polaco y civiles, perecieron en la Masacre de Katyn (ver más). Unos 300 polacos fueron ejecutados después de la batalla de Grodno.

Los polacos y los soviéticos restablecieron sus relaciones diplomáticas en 1941, siguiendo el Pacto Sikorski-Mayski, pero los soviéticos volvieron a romperlas en 1943 después de que el gobierno polaco demandara un examen independiente de las fosas comunes descubiertas en el bosque de Katyn. Entonces el gobierno soviético presionó a los Aliados Occidentales para que reconocieran al gobierno títere prosoviético de Wanda Wasilewska en Moscú.

El 28 de septiembre de 1939, la URSS y Alemania cambiaron en secreto los términos del Pacto Molotov-Ribbentrop. Pasaron a Lituania al círculo de influencia soviético y desplazaron la frontera en Polonia hacia el este, dando a Alemania un territorio mayor. Con este acuerdo, con frecuencia descrito como la cuarta partición de Polonia (ver más), la URSS se quedó con todo el territorio polaco situado al este de la línea descrita por los ríos Pisa, Narew, Bug Occidental y San. Esto proporcionaba un total de 200.000 kilómetros cuadrados, habitados por trece millones y medio de ciudadanos polacos.

El Ejército Rojo había sembrado la confusión entre los lugareños al asegurar que llegaban para salvar a Polonia de los Nazis. Su avance sorprendió a los polacos y a sus líderes, que no habían recibido información sobre cómo responder ante una invasión de la URSS. Algunos ciudadanos polacos y los judíos quizás habrían preferido en un principio un régimen soviético antes que uno nazi. Sin embargo, los soviéticos impusieron su ideología rápidamente en la vida local. Por ejemplo, comenzaron a confiscar, nacionalizar y redistribuir todas las empresas de propiedad privada o estatal. Durante los dos años que siguieron a la invasión y anexión de Polonia, los soviéticos arrestaron a unos cien mil ciudadanos polacos y deportaron a un total de entre 350.000 y 1.500.000, de los cuales entre 250.000 y 1.000.000 murieron, la mayoría de ellos, civiles.

De los trece millones y medio de civiles que vivían en los territorios anexionados por la URSS, los polacos eran el mayor grupo étnico pero los bielorrusos y ucranianos, en conjunto, representaban el cincuenta por ciento de la población. La anexión no dio a la Unión Soviética el control de todas las áreas donde vivían los bielorrusos y los ucranianos, ya que algunas de ellas se quedaron en la zona alemana debido al movimiento de la frontera al este. De todos modos, la URSS consiguió unir a la mayor parte de ambos pueblos, expandiendo las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Bielorrusia y de Ucrania.

El 26 de octubre de 1939 se llevaron a cabo "elecciones" en las asambleas de Bielorrusia y Ucrania para dar a la anexión una apariencia de legalidad. Los bielorrusos y ucranianos residentes en Polonia habían sido alienados por la política de polonización del Gobierno de Varsovia y por la represión contra los movimientos separatistas, por lo que sentían poca lealtad hacia el estado polaco. Sin embargo, no todos los bielorrusos y ucranianos vieron con buenos ojos la instauración del régimen soviético en Polonia, debido al resquemor por el Holodomor (hambruna en Ucrania) de comienzos de los años 1930. En general, los pobres recibieron bien a los soviéticos mientras que las élites tendieron a formar parte de la oposición, a pesar de apoyar la reunificación.

Los soviéticos introdujeron rápidamente políticas de sovietización en Bielorrusia y Ucrania Occidental, incluyendo colectivizaciones masivas en la totalidad de la región. Durante el proceso, eliminaron implacablemente los partidos políticos y las asociaciones públicas y arrestaron o ejecutaron a sus líderes, acusándolos de "enemigos del pueblo". Las autoridades también suprimieron la Organización de Nacionalistas Ucranianos, de carácter antipolaco y que llevaba resistiendo activamente contra el estado polaco desde los años 1920. Pero a pesar del cambio de régimen, los nacionalistas ucranianos continuaron aspirando a un estado ucraniano independiente y unificado. Las unificaciones de 1939 fueron a pesar de todo un acontecimiento decisivo en la historia de Ucrania y de Bielorrusia porque sentaron la base territorial con la que las dos repúblicas alcanzarían la independencia en 1991, después de la caída de la Unión Soviética.

Los censores soviéticos suprimieron muchos de los detalles de la invasión de 1939 y de sus consecuencias.  El Politburó calificó a la operación como una "campaña de liberación" y posteriormente las instituciones y publicaciones soviéticas no variarían esta postura. El 30 de noviembre de 1939, Stalin aseguró que no era Alemania quien había atacado a Francia e Inglaterra sino que eran Francia e Inglaterra quienes habían atacado a Alemania. En marzo de 1940 Mólotov aseguró que Alemania había tratado de negociar la paz pero que su propuesta había sido rechazada por los "imperialistas anglo-franceses". 

Todos los gobiernos soviéticos posteriores negaron la existencia de un protocolo secreto en el Pacto Molotov-Ribbentrop pero cuando el documento fue "encontrado" en los archivos soviéticos en 1989 la verdad se dio a conocer. La censura también se aplicó en la República Popular de Polonia para mantener la imagen de "amistad Polaco-Soviética", promovida por los dos gobiernos comunistas. La política oficial solamente admitía que la campaña de 1939 sirvió para unir a los pueblos ucraniano y bielorruso y para liberar a los polacos del "capitalismo oligárquico". Las autoridades desanimaron a todo estudio o enseñanza profunda sobre la materia. 

La invasión soviética, que el Politburó llamó "campaña de liberación", permitió la incorporación de millones de polacos, ucranianos y bielorrusos a las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Ucrania y de Bielorrusia. Durante la existencia de la República Popular de Polonia (1945-1989), la invasión fue considerada un asunto delicado, llegando a ser tabú y omitida de la historia oficial con el objetivo de preservar la ilusión de la "amistad eterna" entre los miembros del Bloque del Este.

En noviembre de 1939, la URSS atacó Finlandia (ver más) y la forzó a ceder el istmo de Karelia. Las repúblicas bálticas fueron también anexionadas por Stalin, pasando a configurarse como repúblicas soviéticas en agosto de 1940.

jueves, 10 de mayo de 2018

El asalto a Eben-Emael

El fuerte de Eben-Emael se hizo muy conocido durante la batalla del 10 de mayo de 1940, cuando un pequeño equipo de paracaidistas alemanes logró controlar la artillería del fuerte en menos de 15 minutos. Organización, innovación y audacia fueron las claves del éxito alemán.

A las 4:25 a.m. en la oscuridad previa al amanecer del 10 de mayo de 1940, nueve planeadores alemanes se detuvieron silenciosamente para detenerse en la cima de la colina de la fortaleza más fuertemente defendida de Europa.

Estos paracaidistas estaban a punto de atacar lo que se consideraba la fortaleza más inexpugnable de Europa, una misión que se consideraba poco menos que suicida. Sin embargo, a las 11:30 am del día siguiente, un oficial belga con una bandera blanca, apareció en la entrada del Fuerte Eben-Emael para entregar la enorme fortificación de concreto a las fuerzas alemanas. De los apenas 85 zapadores alemanes que entraron en acción el 10 de mayo, 6 resultaron muertos y 15 heridos, sin contar las heridas recibidas por algunos en el momento del aterrizaje, por otra parte, según fuentes belgas, en el momento del ataque al fuerte sólo se encontraban 750 de los 1200 hombres que constituían su guarnición; al parecer, el 15 % estaba de permiso y los restantes acantonados en los pueblos vecinos. Los belgas tuvieron 23 muertos y 59 heridos. La captura del fuerte de Eben-Emael es famosa por ser el primer ataque por planeadores del mundo. Esta acción audaz cambió la forma en que los estrategas militares procesarían la guerra en el futuro, y todavía influye mucho en la planificación militar de hoy.



Eben-Emael fue el principal bastión central en una gran cadena de 12 fortalezas belgas formidables, intercaladas con obstáculos naturales de marismas, ríos, valles y montañas que rodeaban la ciudad de Lieja y protegían la entrada a las llanuras del centro de Bélgica. Este anillo de fortalezas se llamó Position Fortifiée de Liège. Situado junto al recientemente construido Canal Alberto de 45 metros de ancho, excavado como una barrera defensiva estratégica, el fuerte tenía grandes casamatas de armas emplazadas sobre el lado del canal. Su función era proteger los tres grandes puentes de acero que un ejército alemán tendría que cruzar para entrar en Bélgica y los Países Bajos.

Era imprescindible apoderarse de los puentes sobre el canal Alberto antes de que sufrieran daños, y poner fuera de combate a EbenEmael. Teniendo en cuenta los preparativos del Ejército belga, no sería posible conseguir ninguno de estos objetivos empleando sistemas de guerra ortodoxos, ni siquiera recurriendo a las tropas paracaidistas. Por lo tanto, el mando alemán decidió utilizar planeadores de transporte, capaces de acercarse a las posiciones enemigas de un modo silencioso e invisible, a la media luz del alba; y como hasta entonces no se hablan empleado nunca en tan amplia escala como medio de combate, tendrían a su favor el importante factor sorpresa. Pero para que este factor sorpresa fuera efectivo, era indispensable que los planeadores aterrizaran en el mismo instante en que el Ejército alemán comenzara a cruzar la frontera. Por lo tanto, el Ejército debía establecer el momento de su ataque adaptándose a las necesidades de las unidades aerotransportadas, y sólo después de mucho insistir consintió en dar la prioridad a un medio tan poco conocido y hasta entonces nunca experimentado.

La importancia de estos tres puentes no puede ser subestimada. Las divisiones de Hitler primero necesitaban cruzar los Puentes de Kanne, Vroenhoven y Veldwezelt para ingresar a Bélgica. Si las fuerzas avanzadas de Hitler fuesen detenidas aquí, habría tiempo suficiente para que los ejércitos belga y holandés prepararan posiciones de defensa más hacia el interior, y la invasión se mantendría el tiempo suficiente para que los ejércitos francés y británico llegaran a la escena

¿Por qué eligió Hitler atacar la fortaleza más fuertemente armada de toda Europa como su impulso inicial en la Segunda Guerra Mundial? Fort Eben-Emael se encuentra a 15 millas de la frontera alemana, al sur de la ciudad holandesa de Maastricht, y junto al río Meuse, la frontera entre los Países Bajos y Bélgica. Con la caída de Eben-Emael, el corazón de Bélgica estaría abierto a la invasión.


El diseño de Eben-Emael lo hizo virtualmente inexpugnable por las fuerzas de tierra convencionales; de hecho, fue construido para "disuadir a un agresor del este de contemplar la violación de la neutralidad belga".

Con forma de punta de flecha o diamante, con la punta afilada hacia el norte, el fuerte mide algo más de un kilómetro de norte a sur y casi 800 metros de este a oeste, y ocupa un área del tamaño de 70 campos de fútbol.


Las defensas del fuerte aprovecharon los obstáculos naturales y de ingeniería que harían demasiado costoso el ataque. El  Canal Alberto, que corría a lo largo de su borde oriental, estaba bordeado por muros de hormigón casi verticales de unos 40 metros de altura, lo que imposibilitaba el asalto desde ese punto. Al oeste, el fuerte estaba bordeado por el río Geer y reforzado por una zanja antitanque. Hacia el sur estaba defendida por una zanja antitanque de 9 metros  de ancho y 6 metros de profundidad.

Las capacidades y el armamento ofensivo y defensivo de Fort Eben-Emael eran impresionantes, incluso para los estándares actuales. Para intimidar a cualquiera que considerara atacar el fuerte, se colocaron  16 emplazamientos de armas. La parte superior del fuerte, 120 pies más alta que el fortín de entrada en la base, estaba salpicada de siete fortines armados con cañones antitanque de 60 mm y ametralladoras, rematados con pequeñas cúpulas de observación de concreto.


Otras seis casamatas de concreto se ubicaron alrededor de la parte superior de la fortaleza, cuatro de las cuales estaban armadas con cañones triples de 75 mm con un alcance de siete millas. Dos de estas casamatas estaban en posición de disparar al norte, donde se encontraban el Canal de Albert y Maastricht, por lo que se las llamó casamatas de Maastricht. Dos casamatas miraban hacia el sur, hacia la pequeña ciudad de Vise, y se llamaban Vise 1 y Vise 2. Estas casamatas cubrían los puentes del sur del Canal Albert y también podían usarse para disparar sobre las otras fortalezas alrededor de Lieja si eran atacadas.

Tres grandes cúpulas en forma de platillo volador con cúpulas blindadas giratorias de 360 grados de 12 pulgadas de espesor equipadas con cañones gemelos de 75 mm que podían disparar en todas las direcciones también se colocaron en la parte superior de la fortaleza. Las cúpulas pueden elevarse cuatro pies por encima de la casamata para una mejor observación y elevación de disparo y luego se retraen para volver a cargar. La cúpula central tenía las armas más grandes en la fortaleza: dos cañones de 120 mm colocados uno junto al otro para obtener el máximo efecto de potencia de fuego. Tres falsas cúpulas hechas de acero delgado fueron emplazadas alrededor del perímetro de la fortaleza para confundir aún más y disuadir a posibles atacantes. Cada casamata o cúpula tenía elevadores eléctricos para proporcionar municiones a los emplazamientos de armas.

Estratégicamente ubicado en las alturas de mando con vistas al Canal de Albert y varios puentes clave, la gigantesca fortaleza de Eben-Emael solo podía ser penetrada con éxito con un asalto de tropas aerotransportadas 

A pesar de la impresionante ametralladora y los emplazamientos antiaéreos, la superficie superior del fuerte carecía de cinturones completamente desarrollados de alambre de púas, minas y trincheras para proteger a las casamatas y cúpulas del ataque aéreo directo simplemente porque los planificadores belgas nunca pensaron en un ataque aéreo. La escasez de emplazamientos antiaéreos indica exactamente cuán ajenos estaban los planificadores a tal eventualidad. El asalto aéreo, ya sea por paracaidistas o planeadores, todavía no se había conceptualizado completamente en 1940.   Hitler ordenó a sus tropas aerotransportadas que entrenen en absoluto secreto, para que los belgas no fueran advertidos de sus planes.

La dotación normal de soldados de la guarnición era 500, más otros 200 para los deberes del comando, técnicos, y administrativos. Sin embargo, en mayo de 1940, muchos estaban enfermos de irritación respiratoria y de garganta debido a sus períodos de una semana en los polvorientos túneles. El 9 de mayo de 1940, el día antes del ataque, la fuerza de la batería de la pistola disminuyó en 100 hombres, ya que muchos soldados reclutados, con la guerra amenazante, fueron reclutados en el ejército belga. Entre soldados enfermos, reclutas cuyo servicio había expirado y 150 hombres adicionales de permiso, la guarnición tenía 250 hombres por debajo de la capacidad operativa en este momento crucial.

El plan alemán para tomar Fort Eben-Emael
El asalto aéreo a Fort Eben-Emael fue solo una parte de un complejo aerotransportado   y plan de ataque terrestre. La estrategia de Hitler requería que se lanzaran otras tres incursiones con planeadores al mismo tiempo que el grupo principal, con 87 hombres asignados, asaltaba Eben-Emael.

Estos tres grupos debían tomar los tres puentes de carretera a través del Canal Albert. Todos los puentes habían sido cableados para su demolición por los belgas, por lo que los grupos de asalto debían aterrizar lo más cerca posible de los puentes y atacar sorpresivamente antes de que pudieran ser destruidos por los defensores belgas. 

En la medianoche del 9 de mayo, el Alto Mando alemán, Oberkommando des Heeres (OKH), emitió órdenes de comenzar la invasión de Bélgica. El Capitán Koch recibió las órdenes a las 12:40 a.m., despertó a los hombres a las 3 am y les ordenó que hicieran los preparativos finales. La hora de salida fue   4:30 a.m., calculado para tener los cuatro grupos de planeadores aterrizando a las 5:25 a.m. en sus diversos objetivos. 

La caída de Eben-Emael demostró cómo un ataque sorpresa rápido y duro golpearía a los defensores, causando que la moral cayera rápidamente, lo que llevaría a la rendición. Eben-Emael cayó en poco más de 31 horas. Todos los oficiales participantes en la incursión recibieron la Cruz de Caballero, y los suboficiales y soldados  recibieron una generosa asignación de Cruces de Hierro, presentada personalmente por Hitler en una ceremonia especial el 15 de mayo de 1940.


El osado asalto allanó el camino para la rápida victoria alemana en Occidente. En cuestión de semanas, el ejército de Hitler entró en París.

Toda la operación fue comandada por el Hauptmann (capitán) Walter Koch, de la Luftwaffe. De solo 29 años de edad. Koch había nacido el 19 de septiembre de 1910 en Bonn.  Un año después participaría de la primera oleada de paracaidistas en el ataque a Creta, con el grado de Mayor. En el primer día de combates fue herido en la cabeza y repatriado en junio y promovido al grado de Oberstleutnant (Tte. Coronel) en abril de 1942. Enviado a Túnez en noviembre de ese año, Koch y su 5° Regimiento de Paracaidistas tuvieron su primera acción en África en Depienne Airfield, dos semanas después. El 2° batallón de paracaidistas británico bajo el mando del teniente coronel John Dutton Frost tuvo la tarea de asegurar los aeródromos en Depienne. Al encontrar los aeródromos abandonados, Frost, en busca de otros objetivos tuvo que dejar a varios hombres heridos bajo la protección de un solo pelotón detrás. Detectados por una patrulla de Koch, los paracaidistas británicos fueron rápidamente derrotados y tomados prisioneros de guerra. Koch hizo que sus médicos trataran a los heridos y los dejaran atrás con agua, comida y cigarrillos antes de entregárselos a las fuerzas de tierra alemanas. Estas fuerzas alemanas, actuando de acuerdo con la Orden de Comando, estaban preparando la ejecución de los prisioneros británicos. Koch consiguió detener la ejecución, exigiendo el tratamiento adecuado de los prisioneros. Después de una acalorada discusión, los soldados británicos fueron llevados a un campo de prisioneros de guerra; sin embargo Koch fue  herido y trasladado a Berlín, donde fue duramente reprendido, por su abierta crítica a la Orden del Comando emitida por el OKW, el Alto Mando de las fuerzas armadas alemanas, el 18 de octubre de 1942 estableciendo que todos los comandos aliados encontrados en Europa y África deberían ser fusilados inmediatamente, incluso con uniformes o si intentaron rendirse. Tal orden nacía de una nota escrita personalmente en el comunicado diario de la Wehrmacht por Adolf Hitler que decía 
En el futuro, todas las tropas de terror y sabotaje de los británicos y sus cómplices, que no actúan como soldados, sino como bandidos, serán tratados como tales por las tropas alemanas y serán eliminados sin piedad en la batalla, donde sea que aparezcan.
Moriría en Berlín, mientras todavía se recuperaba de sus heridas, el 27 octubre de 1943 a causa de un extraño accidente de tráfico. Veteranos de su regimiento atribuyeron su muerte a la Gestapo, en venganza por atreverse a desafiar la orden.

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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Las batallas de Coronel y Malvinas (1914)

A mediados del otoño de 1914, la lucha en el frente occidental ya se dirigía a un punto muerto después de que la primera Batalla de Marne finalmente detuviera el avance alemán. Pero si los soldados británicos estaban pagando un alto precio en los campos del norte de Europa, su armada se vio impulsada por un temprano éxito en la Batalla de Heligoland Bight. El 28 de agosto, la flota británica, formada por submarinos y destructores, montó ataques contra patrullas alemanas frente a la costa de su base del Mar del Norte en Wilhemshaven. La batalla se libró en una confusión de niebla y neblina, pero terminó con tres cruceros alemanes y un destructor hundido. No se perdieron barcos británicos y, de regreso a casa, la batalla fue vista como una gran victoria: los barcos que regresaban eran recibidos por multitudes entusiastas y sus almirantes tratados como héroes. 

El imperio británico había gobernado las olas durante generaciones, por lo que la derrota en Coronel, frente a las costas chilenas dos meses después, envió ondas de choque a través de su imperio y más allá.

Los alemanes obtuvieron una victoria rotunda, hundiendo a dos de los cuatro barcos británicos con la pérdida de más de 1.600 vidas. Ni un solo marinero alemán murió.

No solo fue la primera derrota naval de la Primera Guerra Mundial en Gran Bretaña, sino que fue la primera en el mundo en más de un siglo, desde la guerra de 1812 contra los Estados Unidos.

Los británicos respondieron rápida y enérgicamente. Despacharon barcos desde el Mar del Norte hasta el Atlántico Sur y se enfrentaron a los alemanes en las Islas Malvinas cinco semanas después.

Esta vez, los británicos ganaron. Hundieron cuatro naves alemanas, matando a más de 1.800 marineros. Todos sus propios barcos sobrevivieron.

La Batalla de Coronel
La Royal Navy, con ayuda japonesa, había pasado meses buscando el escuadrón de corsarios que amenazaban el tráfico comercial del este asiático que se sabía que operaba al mando del almirante Spee en el Pacífico (Spee se había trasladado desde aguas lejanas del este una vez que Japón ingresó en la guerra), sin éxito.

von Spee
Maximilian Johannes Maria Hubert, Graf (conde) von Spee (nacido el 22 de junio de 1861 en Copenhague, Dinamarca, ingresó a la marina alemana en 1878, y en 1887-88 comandó el puerto en el Camerún alemán. En 1908 fue nombrado jefe de personal del Comando del Océano Alemán (Mar del Norte) y, a fines de 1912, fue nombrado comandante del Escuadrón del Lejano Oriente. Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, Spee estaba en las Islas Carolinas. La declaración de guerra de Japón contra Alemania (22 de agosto de 1914) lo llevó a abandonar sus planes de operaciones en aguas chinas y dirigirse a Sudamérica, después de bombardear Tahití el 22 de septiembre, 

Las noticias llegaron a los británicos, a partir de una comunicación de radio interceptada, a principios de octubre, revelando detalles de un plan ideado por Spee para aprovechar el envío en las cruciales rutas comerciales a lo largo de la costa oeste de Sudamérica. Patrullando América del Sur en ese momento era el Escuadrón de las Indias Occidentales del almirante Sir Christopher Cradock, que consistía en dos cruceros blindados, Good Hope (buque insignia de Cradock) y Monmouth, el crucero ligero Glasgow , y un mercante convertido, el Otranto .

Cradock
Oriundo de Yorkshire, nació en Hartforth Hall, cerca de Richmond, en North Yorkshire, en 1862. Fue enviado a la escuela de entrenamiento de oficiales de la Royal Navy en la costa sur a la edad de 12 años. 

La flota de Cradock no era de ninguna manera moderna o especialmente fuerte, y sin duda incompatible con la formidable fuerza de cinco barcos de Spee, liderada por los cruceros blindados Scharnhorst y Gneisenau más otros tres cruceros ligeros, todos modernos y eficientes. Sin embargo, se le ordenó tratar con Spee.

El 18 de octubre, Spee, después de haber oído hablar de la existencia en solitario del Glasgow, partió con los cinco buques de guerra de Valparaíso con la intención de destruirlo.

Cradock, que era consciente de que su envío fue superado por el de Spee, mientras tanto había estado esperando con la esperanza de refuerzos navales. En caso de que el Almirantazgo enviara solo la Defensa, un crucero blindado, y Canopus, un barco de guerra anciano, este último enviado desde Londres. Ninguno llegó a Cradock antes de que la batalla comenzara inesperadamente el 1 de noviembre de 1914.

Eventualmente decidió que no podía esperar más por los refuerzos retrasados, Cradock decidió navegar desde las Islas Falkland a un punto de encuentro predeterminado con el Glasgow at Coronel, este último había sido enviado allí para reunir información de inteligencia.

En este punto, el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, en Londres dio órdenes a Cradock el 28 de octubre ordenándole que se detuviera, a la espera de un posible refuerzo por parte de la armada japonesa. Es discutible si Cradock realmente recibió las instrucciones de Churchill; en cualquier caso, poco después ordenó a su escuadrón adoptar una formación de ataque.

Para Cradock había recibido noticias, nuevamente mediante una señal de radio interceptada el 31 de octubre, de que Leipzig, el crucero ligero más lento en la flota de Spee, estaba en el área. Inmediatamente ordenó a su escuadrón del norte que lo detuviera, y en su lugar se encontró enfrentando a toda la fuerza de Spee al día siguiente alrededor de las 4.30 p.m.

En esta etapa, es probable que la fuerza británica pudiera haber escapado navegando hacia Canopus, luego a unas 300 millas al sur; con la luz que falla, es probable que Spee haya perdido contacto con el escuadrón británico. En cambio, Cradock eligió quedarse y luchar; sin embargo, ordenó a Otranto que rompa la formación y huyera.

Con los mares difíciles (en detrimento de los británicos), Spee reaccionó sacando sus buques más rápidos del campo de tiro de Cradock; al atardecer con la luna recortando claramente la flota de Cradock, comenzó a bombardear la fuerza de este último, con el tercer ataque de Scharnhorst paralizando al buque insignia Good Hope; tanto el Good Hope como el Monmouth fueron destruidos poco después, sin que hubiera supervivientes.


El Glasgow y Otranto escaparon (aunque el primero sufrió cinco ataques). La flota propia de Spee había sufrido poco daño, y navegó posteriormente a Valparaíso para recibir una entusiasta bienvenida de la población alemana local.

Así terminó la Batalla de Coronel, 1.660 marineros británicos, incluido Cradock, habían muerto en el peor desastre naval de Gran Bretaña durante 100 años. Fue un golpe terrible que cuestionó el control británico de los mares. El Almirantazgo y su Primer Lord, Winston Churchill, criticaron las acciones de Cradock pero en un nuevo libro, Steve Dunn intenta restaurar la reputación de Cradock y demostrar que él no tuvo la culpa del desastre. 

Dunn ha pasado los últimos 20 años investigando tanto a Cradock como a los eventos previos a la desafortunada batalla. Dice 
"En gran parte ha sido olvidado y los historiadores que lo mencionaron generalmente siguieron la línea de Churchill de que desobedeció las órdenes, y quiero corregir eso"
A Cradock se le encomendó la tarea de interceptar un escuadrón alemán bajo el mando del vicealmirante Graf von Spee, que se temía causaría estragos en los barcos que llevaban suministros vitales de Sudamérica a Gran Bretaña. 

HMS Monmouth
Tenía dos cruceros más viejos, el HMS Good Hope y el HMS Monmouth, junto con un crucero ligero y un barco auxiliar, contra una fuerza alemana superior. Dunn dice que Cradock le había dicho a los superiores que necesitaba refuerzos, pero que tanto Churchill como el Almirantazgo le habían dicho que tenía suficientes recursos para hacer el trabajo. Dice Dunn:
"No quiero que la gente piense que este libro es un ataque contra Churchill, que se convirtió en uno de nuestros mayores líderes de guerra, pero en 1914 estaba al comienzo de su carrera naval y política y quería echarle la culpa a la catástrofe".
Parece que hubo cierta confusión sobre las órdenes de Cradock, y Churchill le dijo a sus colegas del gabinete que había sido "insubordinado". Casi una década después, en su libro The World Crisis (La crisis mundial), Churchill una vez más intentó identificar la responsabilidad de la calamidad en Coronel en Cradock: 
"No puedo aceptar que el Almirantazgo participe de la responsabilidad de este desastre". 
Pero durante su investigación, Dunn descubrió una cita de un sobreviviente de la batalla que dijo: 
"Sin importar cuán pesada sea la pluma de Churchill, no puede explicar el terrible hecho de que las autoridades de su país cometieron un error y no el almirante Cradock". 
Entre los que defendieron a Cradock estaba su amigo y ex almirante, Francis Bridgeman. Escribió una reprimenda picante a Churchill en 1923, que comenzó una guerra de palabras entre los dos hombres llevada en la prensa. Escribió una carta al Yorkshire Post en abril de ese año que llevó al periódico a publicar un editorial medido sobre la controversia. Finalmente, el furor se calmó y Cradock desapareció de la vista. Hoy, la gente podría preguntarse por qué Cradock decidió enfrentarse a von Spee a pesar de que sabía que casi con certeza terminaría en derrota, pero Dunn señala que no obedecer sus órdenes en la marina británica fue visto como un suicidio profesional:
"Cradock recibió órdenes de hundir a von Spee y le dijeron que tenía suficientes barcos para hacerlo. Cuestionó sus instrucciones, pero sus preocupaciones fueron ignoradas y no le quedó otra opción." 

La Batalla de Malvinas
A primeras horas del 4 de Noviembre, el cónsul británico en Valparaíso envió un telegrama al Almirantazgo con las noticias de la destrucción de la escuadra de Cradock, por lo que el Almirante sir John Arbuthnot Fisher tuvo que hacer frente a este problema para reafirmar el prestigio de la Royal Navy.

Luego de su breve escala en Valparaíso, la flota de Spee se reunió nuevamente en mar abierto con los demás cruceros. Se completó la concentración con el Baden, el Dresden y el Prinz Eitel Friedrich. El 15 de Noviembre Spee partió con el Scharnhorst, el Gneisenau, el Helicon, Dresden y Leipzig e hizo escala en la Bahía de San Quintín.

SMS Scharnhorst
Antes de partir, hubo una reunión a bordo del Scharnhorst con todos los oficiales superiores, en la que Spee, en contra de lo acordado en San Quintín de volver a Europa, decidió atacar las instalaciones portuarias de Malvinas; pese a las objeciones de casi todos los oficiales, que argumentaban que estaban a la mitad de municiones, por lo que habían gastado en Coronel. El 6 de Diciembre, Spee se adentró en el Atlántico.

Sturdee
Una vez que la noticia de la magnitud de la derrota británica y su consiguiente humillación llegó al Almirantazgo británico en Londres, el Almirantazgo decidió el alistamiento y envío inmediato un fuerte escuadrón naval al mando del Almirante Sir Frederick Charles Doveton Sturdee. 

Doveton Sturdee nació en 1859 en Lewisham, localidad cerca de Londres, y provenía de una familia con rancias tradiciones navales; Doveton Sturdee ingresó a la Royal Navy en julio de 1871 a la edad de 12 años en New Cross y luego como cadete en el buque-escuela Britannia, sirvió en la Estación Naval de las Indias Orientales, ascendiendo a guardiamarina en 1872. En 1880, fue ascendido a teniente después de especializarse en la Escuela de Torpedos en Portsmouth.

Sturdee sirvió desde 1887 a 1890 a bordo del HMS Bellerophon como oficial torpedero hasta alcanzar el grado de oficial instructor. En 1893 fue ascendido a comandante y enviado al Ministerio de Marina como Director de Artillería.

En 1897 fue enviado a la Estación Naval de Australia como comandante del HMS Porpoise, en 1899 fue mediador entre los intereses alemanes y estadounidenses por las islas Samoa. En 1905 fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la "Flota del Mediterráneo" y en 1907 es nombrado Jefe de Personal de nuevo en Portsmouth.

En 1910 Sturdee es promovido a contralmirante y en 1913 es ascendido a vice-almirante y nombrado comandante de flota de cruceros de la Royal Navy hasta el advenimiento de la Gran Guerra.

Al estallar el conflicto de 1914 Sturdee fue nombrado Jefe de Estado Mayor de Guerra bajo la dependencia del entonces Primer Lord del Almirantazgo, Luis de Battenberg.

Sturdee fue acusado de grave negligencia por ignorar las peticiones de ayuda del almirante Sir Christopher Cradock, quien reclamaba a Sturdee el envío de buques para reforzar su débil 4.ª Escuadra de cruceros livianos, la cual fue finalmente aniquilada por los alemanes en dicha batalla frente a las costas de Chile.

A petición de Winston Churchill, Sturdee en persona fue enviado a bordo del HMS Invincible con la única misión de destruir la agrupación alemana de Spee apenas se asomara en las Islas Malvinas, para ello contaba además con el crucero HMS Kent y el acorazado HMS Inflexible 

Apenas llegada las noticias de la grave derrota a Londres, Otra medida, fue emplazar el acorazado HMS Canopus para la defensa de Stanley, la capital de las Islas Malvinas. A donde llegó el 12 de noviembre, con serias averías en sus máquinas, por lo que se decidió vararlo como batería de defensa de costa en Stanley Harbour. 

HMS Canopus
El crucero de batalla HMS Invincible. Poseía una potencia de fuego, blindaje y velocidad netamente superior a cualquier crucero acorazado. El HMS Inflexible era de la misma clase. Su armamento principal eran 8 cañones de 305 mm y desarrollaba una velocidad de 25 nudos.
HMS Invincible
Así, cuando en la mañana del 8 de diciembre aparecieron los barcos alemanes, los británicos estaban preparados. El Canopus abrió fuego inmediatamente con sus piezas de grueso calibre y obligó a los cruceros alemanes a mantenerse a distancia. Los alemanes se acercaron al Kent, que había salido a dar batalla, pero en ese momento avistaron la flota inglesa y Spee decidió retirarse, ordenando a los dos buques que se unieran a la flota. A las 10 todas las unidades de Sturdee estaban a la mar. 

El 8 de diciembre de 1914, el escuadrón alemán de von Spee se aproximaba desde el sur hacia Stanley en una clara y tranquila mañana. Confiaba en encontrar ese pequeño enclave británico desguarnecido, desembarcar marinería y destruir las instalaciones de radio y abastecimiento de carbón de la armada británica, así como los buques que se pudieran encontrar allí fondeados. 

La oportuna intervención del veterano acorazado HMS Canopus contribuyó a la destrucción de la escuadra de cruceros de von Spee

Von Spee desconocía que el día anterior, el 7 de diciembre había arribado a Stanley un poderoso escuadrón británico. Los dos letales cruceros de batalla británicos se encontraban fondeados en las más profundas aguas de Port Williams, fuera de Stanley Harbour, donde se encontraban los cruceros acorazados. Casi todos ellos realizaban el reabastecimiento de carbón y la reparación de las averías producidas en tan larga singladura.

En Sapper Hill los británicos habían establecido un puesto de observación para el tiro de artillería del HMS Canopus, enlazado por teléfono. Gracias a la altura y excelente visibilidad reinante ese día, detectaron a gran distancia la escuadra alemana, pudiendo dar la alerta a los navíos británicos. Esto era de suma importancia, teniendo en cuenta que se emplearon cerca de dos horas para levantar presión de vapor. Desde Sapper Hill fueron guiados los cañones de 305 mm del HMS Canopus que abrieron fuego indirecto sobre los buques más adelantados el SMS Gneisenau y SMS Nürnberg, sin ocasionarles daño. La avanzadilla alemana proseguía su acción cuando llegó la orden de von Spee de suspender el ataque y retirarse. Así el almirante alemán perdió la oportunidad de destruir la flota inglesa inmovilizada en su fondeadero. 

Doveton Sturdee aprovechó muy bien dos errores tácticos del almirante alemán Maximilian von Spee, (quien demoró viarias semanas en la costa de Chile, y ya en estando en las costas de las Malvinas rehusó iniciar combate pese a sorprender desprevenida la flota británica surta en puerto y sin los fuegos encendidos), Sturdee logró engañar y hacer huir a la escuadra alemana de Puerto Stanley persiguiéndola, logrando destruirla en altamar decisivamente el 14 de diciembre de 1914, escapando solamente el SMS Dresden gracias a su velocidad. La escuadra de Spee había quedado casi completamente destruída. Las pérdidas humanas en el bando alemán fueron gravísimas - 2.040 hombres – incluyendo al propio Spee y sus dos hijos, oficiales también de la marina, contra sólo 6 bajas en las unidades británicas.

SMS Dresden
El Dresden mientras tanto logró escapar, refugiándose en el lado Oeste del Cabo de Hornos, en la bahía Sholl. La búsqueda del Dresden por lo buques británicos duró tres meses. El buque se refugió en la bahía Hewett hasta el 26 de Diciembre, luego en la bahía Weinachts donde se le unió el buque nodriza Sierra Cordoba el 19 de Enero. El 21 Berlín le ordenó volver a Alemania, pero su capitán, Lüdecke, decidió ir al área de Juan Fernández, donde hundió a un pequeño velero británico. El Dresden no tenía más carbón para salir a mar abierto por lo que se quedó allí.

El 14 de Enero tres buques británicos, el Glasgow, Orama y Kent, lo avistaron y como se había quedado en esta isla neutral más tiempo que las 24 horas autorizadas, rompieron fuego sobre el Dresden, el que retornó el fuego, pero en tres minutos había sufrido tanto daño que Lüdecke izó la bandera blanca. Los buques británicos pararon el fuego y enviaron un bote con un negociador. Mientras Luce hablaba con el Tte. Canaris (luego Almirante en la 2ª Guerra Mundial) Lüdecke detonó su arsenal mientras la tripulación abandonaba a salvo el barco, el que se hundió de inmediato.


¿Un intento alemán de conquistar y devolver las Malvinas a la República Argentina? 
El audaz intento de desembarco de von Spee dio lugar a una serie de interrogantes, que hasta el día de hoy no se han podido despejar. Algunos hechos podrían sustentar la hipótesis de que las intenciones alemanas eran mucho más ambiciosas que la mera destrucción de una estación radioeléctrica e instalaciones de abastecimiento de carbón. 

El escuadrón alemán se había reaprovisionado de carbón en proximidades del Cabo de Hornos, oportunidad en que von Spee reunió a los comandantes de sus cruceros. Fuentes históricas afirman que cuando el almirante alemán expresó su intención de atacar Stanley, éstos se opusieron aconsejando proseguir directamente hacia Alemania. ¿Qué llevó a este astuto marino alemán desechar una prudente propuesta? 

Otros datos aseguran que el 4 de diciembre de 1914, zarparon desde el Río de la Plata dos buques mercantes auxiliares de la Marina Imperial Alemana, el Mera y el Elinore Woermann. Estos vapores de carga transportarían en sus bodegas cemento, rollos de alambre de púas, equipo para construir trincheras y fortificaciones, así como provisiones. Habrían enfilado hacia las Malvinas, y regresaron nuevamente al estuario rioplatense el 11 de diciembre, tres días después de la pérdida del escuadrón alemán. ¿Si solamente intentaban destruir una estación de radio y seguir su marcha hacia Europa, que objeto tendría llevar grandes cantidades de material de fortificación? También se afirma que otros dos buques mercantes, en este caso para transporte de carbón, el Baden y el Santa Isabel fueron hundidos por la armada británica a 80 km de las islas durante la noche del 8 de diciembre. Otra enigmática presencia fue la del trasatlántico alemán Seydlitz, que se presume podría tener como misión el transporte de “voluntarios” proveniente de la comunidad alemana residente en Chile para un eventual refuerzo de la defensa de las Islas Malvinas 



25 años después
Un pequeño acorazado alemán llamado "Graf Spee" rondaba las aguas del Atlántico Sur. Los británicos llegaron a considerar probable un ataque a las Islas Malvinas en esos días, El comodoro Harwood comandaba la División de América del Sur, con base en Malvinas. Entre los objetivos probables, además de las Islas Malvinas, se encontraba el Río de la Plata y Río de Janeiro. 

El Graf Spee - 1939
Acertó en su elección adivinando que el Graf Spee se dirigía hacia el Río de la Plata, punto de origen de un impoertante tráfico de buques mercantes con destino a Gran Bretaña y lo enfrentó en la Batalla del Río de la Plata el 13 de diciembre de 1939. Solo cinco días después del 25 aniversario de la batalla de Malvinas, los barcos de la Royal Navy con asiento en el archipiélago se enfrentaban con el Graf Spee...

Aunque no lo derrotaron en combate, lo obligaron a buscar refugio en Montevideo, de donde no pudo salir de la trampa, debido a que ya no tenía sufientes municiones para enfrentar a la flota británica que estaría esperándolo a la salida del estuario; por lo que fue hundido por su propia tripulación. Ver el post "13 de diciembre de 1939 - Batalla del Río de la Pata"




miércoles, 26 de julio de 2017

Capitán Rick Jolly: Condecorado por ambos bandos por su conducta en la guerra

Un sabio una vez explicaba sobre el bien y el mal, la paz y la guerra. 

Él decía que dentro de cada uno de nosotros hay una lucha constante entre dos grandes lobos. Uno se alimentaba de miedo, odio, tristeza, etc. y el otro de amor, esperanza, bondad, etc. 

Un alumno le pregunto, que cual de los dos habría de vencer, y el maestro contesto: "Aquel al que tú alimentes". 

La guerra no es natural, sin embargo nuestra ignorancia y falta de conciencia la ha vuelto la constante de nuestra historia como raza. Sin embargo, ni siquiera en el campo de batalla, triunfa siempre el primero de estos lobos


No había duda de que el Capitán-Cirujano Rick Jolly la merecía, cuando la reina le distinguió con una OBE, Excelentísima Orden del Imperio Británico (en inglés: The Most Excellent Order of the British Empire)

Se hizo acreedor a la distinción durante el Conflicto del Atlántico Sur, en 1982, Estaba a cargo del Hospital de Campaña Ajax Bay, salvando vidas de los soldados británicos, a menudo bajo el fuego enemigo. Pero unos pocos años después de haber sido condecorado en Gran Bretaña, el Dr. Jolly recibió la Orden de Mayo, una de las más altas distinciones argentinas, otorgado "a los extranjeros que se distinguen por el servicio o logros personales, o que han ganado la gratitud de la nación", por haber salvado las vidas de sus soldados también; en un hospital improvisado en la primera línea que ofrecía exactamente el mismo nivel de atención a los dos lados. Rick Jolly es el único oficial en toda la historia que ha sido condecorado por ambas partes por conducta durante la guerra. 

De izquierda a derecha, la Orden del Imperio Británico, por servicio distinguido; la Medalla al Servicio General, por sus servicios en Irlanda del Norte; La medalla del Atlántico Sur, por sus acciones en la guerra del 82; en su mano derecha, la Orden de Mayo, reconocimiento hecho por el Gobierno Argentino por sus acciones humanitarias durante la guerra de Malvinas.
En palabras del Dr. Jolly, su increíble historia de valentía y compasión:
Nuestra actitud era simple... Tratar los argentinos heridos en la misma forma que nos gustaría ser tratados 
La gente supone que tienes que odiar a tu enemigo, pero que no podía estar más lejos de la verdad. Las únicas personas que saben lo que está pasando es la gente en el otro lado.
Durante los años en los que me han estado preguntado qué hacía si tuviera que elegir a quién tratar en primer lugar, un argentino o un británico. Mi respuesta siempre era “el que necesitaba una atención más urgente”
El Dr. Jolly, insistió en que todos sus hombres siguieran su ejemplo. Y estaban dispuestos a hacerlo, tratando al enemigo herido, con pleno respeto a medida que el conflicto hacía estragos en las Islas Malvinas, Georgia del Sur, Goose Green y Puerto Argentino (Stanley). A pesar de ello, Tomó un tiempo para que los pacientes argentinos se dieran cuenta de que estaban en buenas manos en el hospital de campaña Ajax.
Muchos de los conscriptos argentinos estaban muy asustados y desconfiados cuando llegaron a nosotros. Ellos habían sido alimentados con propaganda vil sobre la forma en que tratábamos a los prisioneros de guerra. Algunos incluso habían escuchado que los británicos comían a sus prisioneros!
Solían hacer la señal de la cruz antes de una operación y que estaban muy aliviados cuando despertaban después de la cirugía y encontraron todas que todas sus partes del cuerpo estaban todavía intactas.
Fue entonces cuando se dieron cuenta de que lo que les habían dicho acerca de los británicos era mentira.
Uno de los pacientes favoritos del Dr. Jolly fue un aviador rescatado de las aguas heladas del Atlántico Sur. 
Su nombre era Ricardo Lucero. Él iba a venir a atacar a uno de nuestros barcos, cuando un misil le impactó se eyectó en el último momento, se rompió la rodilla.
Cuando él vino a nosotros, le dije, "Bienvenido, eres un piloto, soy un médico de la aviación y le admiro. Usted tiene la rodilla rota y vamos a tratar de arreglarla". Le dije que iba a enviar un mensaje a su esposa en Córdoba para hacerle saber que estaba bien y me dio las gracias. Durante su tratamiento le dije que nunca volvería a volar pero demostró que estaba equivocado. Sin embargo, fue muy triste cuando me enteré de que había muerto en 2010 en un accidente"
El Hospital de Campaña Ajax inicialmente se trataba de un barco en el mar, pero el Dr. Jolly quería estar más cerca de los heridos.

En 24 horas su equipo convirtió una granja abandonada en un hospital funcionando plenamente; aunque increíblemente básico, el hospital, durante el conflicto de tres semanas y media, atendió a 580 heridos y ni uno solo murió en el hospital. 


Ese logro fue aún más increíble si se tiene en cuenta que el hospital estaba bajo la constante amenaza de los bombarderos argentinos y aviones de combate. 


Los hospitales tienen pintadas cruces rojas en sus techos para permitir a los aviones enemigos identificarlos, pero el hospital estaba junto a depósitos de municiones, que eran objetivos legítimos, 
Cualquiera que diga que no tenía miedo está mintiendo, pero se necesitaba. Les dije a los chicos en el principio que estábamos allí por una sola cosa: para asegurarnos de que cualquiera que se acercara a nosotros con una lesión salvara su vida. El resto es irrelevante. Desde luego que lo logramos.
En marzo de 1999, El Dr. Jolly visitó Argentina, integrando la comitiva de Carlos, el príncipe de Gales, durante la visita que realizó a Buenos Aires, el heredero de la corona .

Di Tella (izq), Jolly(der)
Tras ser condecorado con la Orden de Mayo al Mérito, por el Ministro de Relaciones Exteriores, Guido Di Tella, debido a su intervención en favor de más de un centenar de soldados argentinos heridos durante la Guerra de las Malvinas, existió la posibilidad de que la Policía Federal lo retuviera para hacerlo comparecer ante la Justicia.

El presidente del Centro de Ex-Combatientes de Ushuaia, Rubén Acuña, pidió a la jueza federal de Río Grande, Liliana Herraez de Andino, que el médico británico fuera citado como testigo por su supuesto conocimiento de crímenes de guerra cometidos por las tropas inglesas contra soldados argentinos durante los enfrentamientos de 1982.

La causa abierta en esa ciudad se refiere al levantamiento compulsivo de minas antipersonales que las tropas británicas habrían obligado a realizar a soldados argentinos. En esos hechos perdieron la vida dos combatientes argentinos y otros resultaron con graves heridas.

Después de la condecoración, Di Tella se refirió a ese pedido de declaración por los crímenes de guerra. "Conozco ese episodio y veo que no tienen toda la información. Se la haremos llegar (a los ex-combatientes) para que no acusen a amigos como el doctor Jolly".

El secretario general de la Federación de Veteranos de Guerra, César González Trejo, en declaraciones hechas a un diario de Buenos Aires, dijo que el médico británico operó a soldados argentinos que resultaron heridos cuando los obligaron a levantar minas. Según González Trejo, los entonces soldados Vallejo, que perdió una pierna, y Pinatti, a quien se le desfiguró el rostro, fueron atendidos por Jolly.

La Guerra de las Malvinas fue una guerra única para finales del siglo XX en muchos aspectos. Entre los que destaca el hecho de que ambos bandos obedecieron en general a la Ley de Conflictos Armados.

Ambas partes trataron a los prisioneros de conformidad con el Tercer Convenio de Ginebra y, en un aspecto poco conocido del conflicto, ambas partes cooperaron intercambiando las víctimas entre sus buques hospitalarios en la Caja Roja identificada por la Cruz Roja. La Caja Roja era una zona segura de mar en la que los buques hospital podían operar sin temor a un ataque.

Esto no es para afirmar que la Guerra de las Malvinas se llevó a cabo como un juego bien educado de cricket. Es en la naturaleza del conflicto armado que los seres humanos colocados en circunstancias extremas cometerán actos que de otro modo son incomprensibles. Las leyes que rigen la conducta de la guerra exigen que los soldados cambien casi instantáneamente de tratar de matarse entre sí para cuidar a los heridos y reunir a los prisioneros inmediatamente después de la batalla y en algunas circunstancias durante la misma. El acto de tomar prisioneros durante una batalla puede ser intrínsecamente peligroso para un soldado, ya que requiere que un soldado se exponga potencialmente al fuego hostil de otros combatientes enemigos que aún no han elegido rendirse. La señalización de una intención de rendirse puede ser fácilmente interpretada como un acto hostil, Especialmente si se trata de un movimiento súbito o emerger desde una posición oculta. En la niebla de la guerra es demasiado fácil para los combatientes malinterpretar las acciones de cada uno y reaccionar en consecuencia, Especialmente cuando fracasar en reaccionar, puede poner en peligro la propia vida.


Para finalizar, señalemos que todo lo expuesto no quiere decir que no hubo incidentes lamentables en ambas partes durante la Guerra de las Malvinas. Durante las batallas del conflicto hubo a menudo feroz combate cuerpo a cuerpo. En ambos lados, hubo ejemplos de incidentes que fueron percibidos como crímenes de guerra perpetrados por el enemigo.

El presente post fue confeccionado principalmente a partir de artículos periodísticos publicados en medios argentinos, británicos y norteamericanos; también el documental "Falklands Combat Medics (2012)" de Military History.

Actualización: Rick Jolly murió el 13 de enero de 2018 en su casa de Torpoint, Inglaterra a los 71 años.

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