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viernes, 15 de enero de 2016

El Museo Británico y la Piedra de Rosetta

Aunque el Museo Británico (British Museum, coloquialmente “the British”) acoge arte de todo tipo no se le considera un museo “universal” de arte como podrían ser el Louvre de París o el Hermitage de San Petersburgo, ya que su colección se centra en el arte antiguo principalmente, si bien podemos encontrar dibujos y pinturas (Goya, Durero…) así como una extensa colección etnológica.


El Museo Británico es segundo museo más visitado del mundo, acogiendo cada año alrededor de 6 millones de visitantes. Actualmente, los fondos del museo albergan aproximadamente 7 millones de objetos de los cuales se exponen alrededor 50.000, mientras que el resto están guardados por falta de espacio o en procesos de estudio o conservación. Destacan piezas como la Piedra Rosetta o los Mármoles del Partenón.

El origen del museo se remonta a 1753 cuando Sir Hans Sloane donó al estado su colección privada de más de 80.000 artículos entre los que había libros y manuscritos, cuadros de Durero y antigüedades de Grecia, Roma, Egipto, Oriente y América. Se adquirió la casa Montagu y allí se constituyó el museo, que abrió sus puertas por primera vez el 15 de enero de 1759.

Con el paso del tiempo, la colección fue aumentando con diferentes adquisiciones, como la colección del embajador británico en Nápoles Sir William Hamilton, los Mármoles del Partenón donados por el Conde de Elgin o la Biblioteca del Rey donada por Jorge IV. El crecimiento de los fondos del Museo Británico hizo que la casa Montagu se quedase pequeña, por lo que en 1845 fue demolida y en su lugar se construyó el edificio actual de estilo neoclásico, obra del arquitecto Robert Smirke.

El museo atrajo a muchos historiadores y estudiosos, publicándose en 1808 el primer catálogo de su colección. Posteriormente, se decidió escindir todo el material que albergaba para dotar de identidad propia a otras entidades: en 1887 se trasladaron al Museo de Historia Natural las piezas naturales (aunque se consideró museo independiente en 1963), y la Biblioteca Británica se constituyó como tal, independiente del British, en 1973, aunque el edificio conserva la gran Sala de Lectura.

En el año 2000 se inauguró el Gran Atrio de Isabel II (Great Court), la última gran ampliación del British, una plaza cubierta (la mayor de Europa) con techo de acero y vidrio obra de Norman Foster.


El edificio del Museo Británico

De estilo neoclásico las obras de construcción del Museo Británico culminaron en 1857 y en su fachada principal cuenta con un conjunto escultórico una obra del escultor británico Richard Westmacott.

Dividido en diferentes estancias, las últimas ampliaciones del edificio se realizaron en el año 2000, cuando se construyó el Gran Atrio de la Reina Isabel II, diseñado por el arquitecto Norman Foster, situado en el centro del museo ocupando el sitio que antes estaba destinado a la Biblioteca Británica trasladada a una nueva sede.

El Gran Atrio es la mayor plaza cubierta de Europa destacándose por su techo de cristal y acero compuesto por 1656 pares de cristales y en centro de la construcción se ha instalado una sala de lectura

El Gran Atrio

Sus departamentos:

  • Departamento de antigüedades egipcias: Donde el público puede apreciar una de las mayores colecciones del mundo entre ellas se destacan papiros, momias y sarcófagos.
  • Departamento de etnografía: Alberga y custodia variados objetos procedentes de pueblos indígenas de todo el mundo.
  • Departamento de antigüedades griegas y romanas: Con famosas obras de arte como la vasija romana de cristal conocida como Vaso Pórtland que data del siglo I, el friso del templo de Apolo de Bassae y esculturas provenientes del Mausole de Halicarnaso de Turquía.
  • Departamento de antigüedades orientales: Aquí es posible admirar colecciones de arte y arqueología islámica, oriental y en especial cerámica de la India y China.
  • Departamento de grabados y dibujos: Contiene una importante colección de arte gráfico europeo con obras desde la edad media hasta nuestros días.
  • Departamento de antigüedades asiáticas occidentales: Una excelente muestra de obras tanto mesopotámicas a partir del año 5000 a. C. hasta la llegada del Islam durante el siglo VII de nuestra era.

El objeto más visitado del Museo Británico

En 1799, mientras "cavaban" y construían posiciones defensivas cerca de Rashid (antigua Rosetta), una pequeña ciudad en las afueras de Alejandría, un soldado del ejército de Napoleón descubrió una piedra negra de basalto, de 1,18 metros de largo por 73,1 centímetros de ancho, con tres nítidas bandas de grabados.

Los primeros catorce renglones en caracteres jeroglíficos (utilizados en Egipto en los monumentos), los treinta y dos centrales en escritura demótica (una escritura simplificada y popular empleada en Egipto desde alrededor del año 1000 a..J.C.) y los cincuenta y cuatro restantes en griego.

Aunque el soldado no reconoció los jeroglíficos egipcios en la parte superior, ni la escritura demótica del centro, sí reconoció el griego antiguo de la parte inferior. En lugar de utilizar la piedra como parte de la barricada, se la dio a eruditos que viajaban con el ejército de Napoleón. Ellos se dieron cuenta de que la piedra era algún tipo de antiguo decreto real escrito tres veces, en tres idiomas diferentes. La llamaron Piedra de Rosetta y comenzaron algunos estudios. 

Poco después, en 1801, los ingleses derrotaron a los franceses, y la Piedra de Rosetta se convirtió en una posesión inglesa, como parte del tratado de Alejandría. Fue transportada a Londres en 1802, donde desde entonces ha estado en exhibición en el Museo Británico. Hasta el presente, la Piedra de Rosetta es el objeto más visitado del Museo Británico.

El texto de la piedra de Rosetta ( que reproduce un decreto de Ptolomeo V - (208- 180 a.J.C.) - sobre los honores que debían rendirse en los templos ) es especialmente valioso porque refleja el mismo contenido en tres tipos de caracteres, uno de ellos bien conocido y dominado por los estudiosos.

Jean-Francois Champollion
En 1820, después de un par de décadas de intrigas políticas y artimañas académicas, Jean Francois Champollion (un lingüista e historiador francés) y Thomas Young (un lingüista y físico inglés) unieron sus talentos para descifrar finalmente la escritura demótica y los jeroglíficos egipcios de la Piedra de Rosetta, comparándolos con el texto griego conocido. Aunque el proceso fue complicado y no sin controversias, este fue el tan importante momento de "¡Ajá!" para los egiptólogos, los arqueólogos, los lingüistas, y para los historiadores. En resumen, la Piedra de Rosetta fue el código que resolvió el misterio de los jeroglíficos egipcios. Fue la Piedra de Rosetta la que le permitió a los eruditos leer las inscripciones y relieves -los textos, tablillas, y tumbas- que finalmente proporcionaron una comprensión moderna de la antigua civilización egipcia.

Desde el s. XVII muchos investigadores habían tratado de interpretar los signos que se hallaban a la vista de todos, grabados en templos y tumbas, pero que guardaban celosamente su secreto; tanto que entre los mismos egipcios estaba extendida la superstición de que encerraban eternas maldiciones para quien intentara descifrarlos. A lo largo de los siglos, algunos de estos signos, como la serpiente, habían sido incluso mutilados para evitar su supuesto efecto maléfico.

Los jeroglíficos se usaron en Egipto entre el cuarto milenio a.C. y el siglo IV d.C.. Según Champollion "es un sistema complejo, una escritura a la vez enteramente figurada, simbólica y fonética, en un mismo texto, en una misma frase, en la misma palabra". Inicialmente había signos que representaban un objeto material y también una idea relacionada con él (un disco representaba al sol y al día). Enseguida estos ideogramas o signos-palabra sirvieron para transcribir además el valor fonético de la palabra original y poder representar así otra homófona (la palabra escarabajo tiene las mismas consonantes que el verbo convertirse "kh-p-r" ). Las vocales no se escribían: el sistema jeroglífico reproduce el esqueleto consonántico de las palabras. Un mismo signo puede representar ideas distintas y palabras diferentes pueden pronunciarse de la misma manera, por lo que las confusiones no son difíciles.



Según Champollion, la escritura jeroglífica había utilizado también, desde tiempos muy lejanos, un alfabeto fonético en el que los signos correspondían al sonido inicial de la palabra que representaban; esto era necesario para poder transcribir (aunque de forma más o menos burda) nombres extranjeros a la lengua egipcia. Champollion afirma incluso que este alfabeto fonético fue el modelo sobre el que se basaron los alfabetos de las naciones asiáticas occidentales, especialmente el hebreo, caldeo y sirio.

domingo, 13 de diciembre de 2015

13 de diciembre de 1939 - Batalla del Río de la Plata

1. Su primera misión consiste en alcanzar el Atlántico sin dejarse ver, evitando a tiempo todo buque que pudiera aparecer en el horizonte. Observará usted la misma actitud, incluso después de un posible inicio de hostilidades entre Inglaterra y Alemania, en tanto no reciba usted un telegrama ordenándole que comience sus operaciones.
2. Su misión consistirá, a partir de entonces, en destruir por todos los medios los buques que aseguran el abastecimiento del enemigo. Evitará usted todavía, en la medida de lo posible, entrar en contacto con navíos militares adversarios. Aunque éstos últimos sean inferiores a usted en potencia, no los atacará más que en caso de que sea indispensable para proseguir su misión principal; la destrucción del comercio. 
3. Cambiando frecuentemente de zona de operaciones, sembrará usted la inquietud en el campo enemigo, dificultando, por consiguiente, la navegación, aunque no obtenga ningún resultado directo. Acrecentará usted tal inquietud trasladándose en ciertos momentos a regiones más alejadas…
Orden del Mando naval alemán, Berlín, 1939

El Tratado de Versalles prohibió a Alemania construir buques con más de 10.000 toneladas de registro bruto, además la flota alemana había quedado reducida a una escuadra sin mayor capacidad, que la de vigilar el tráfico marítimo en sus costas.

La necesidad de construir una poderosa flota se hacía evidente, pero en vista de las limitaciones, los ingenieros alemanes estaban obligados a planificar una flota diferente.  Se hacía imperioso diseñar un tipo de nave con las características de un acorazado, pero con las limitaciones que el tratado imponía.

Para ese efecto, utilizaron aleaciones muy ligeras pero de gran resistencia y en especial reemplazaron los remaches, por la soldadura de penetración.  De esa forma, el casco resultaba más liviano que cualquier otro barco de su época, con las mismas dimensiones.  En consecuencia, fue posible equipar a las naves con cañones de gran potencia de fuego, impensable en buques de la época con mayor calado.

Así nacieron los "Acorazados de Bolsillo", barcos con la versatilidad de un crucero, pero con la potencia de fuego de un acorazado.  Se planificaron tres barcos gemelos, el Admiral Scheer, el Deutschland (que luego fuer rebautizado "Lützow" para evitar la posibilidad de que fuera hundido un barco con el nombre del país, lo que sería muy negativo por sus aspectos propagandísticos) y el Graf Spee, puesto en servicio en 1934.


Comienzo de la campaña
El 21 de agosto de 1939, lunes, el acorazado Admiral Graf Spee zarpó del puerto de Wilhelmshaven para dirigirse hacia el Nordeste, al mando de su comandante, Hans Langsdorff (capitán del barco desde octubre de 1938), muy pocos notaron su ausencia y el hecho escapó a la inteligencia británica.

Su misión consistía en actuar como corsario en el Atlántico sur. Apoyado por su buque de abastecimiento, el petrolero Altmark, sus órdenes eran hundir buques mercantes británicos sin entrar en combate con fuerzas enemigas considerables, amenazando de esta forma vitales líneas de suministro aliadas y distrayendo unidades navales británicas de sus bases en otras partes del mundo:

Corsario alemán en acción
Se inició la guerra y se desconocía el paradero del acorazado desaparecido. No se supo de él hasta el 30 de setiembre de 1939, cuando dos botes de salvamento alcanzaron las costas brasileñas en las proximidades de Pernambuco. Sus ocupantes refirieron que su navío, el “Clement”, mercante de 5.051 toneladas, había sido inspeccionado y hundido por “un gran navío de combate alemán”

Más tarde un segundo mercante inglés fue hundido, esta vez en la ruta del Atlántico norte. La incertidumbre creció más cuando se supo que tres buques de carga, el Ashley (4.229 toneladas), el Newton Beach (4.661 toneladas) y el Huntsman (8.300 toneladas) habían desaparecido sin dejar rastro frente a la costa africana, entre El Cabo (Sudáfrica) y Freetown (Liberia).

Fue necesario destacar una escuadra de vigilancia en desmedro de la flota inglesa. En total se movilizaron para esta tarea no menos de 23 navíos: cuatro acorazados, catorce cruceros y cinco portaaviones.

En noviembre de 1939 el Admiral Graf Spee apareció en el Océano Índico, hundiendo un pequeño petrolero frente a la costa de África oriental y retornó al Atlántico sur por el Cabo de Buena Esperanza. En la ruta de El Cabo a Freetown, hundió tres buques en muy poco tiempo. Pero la buena estrella del corsario alemán se torció cuando el Doric Star siguió transmitiendo, pese a las amenazas, y comunicó las coordenadas del encuentro. El día 4 de diciembre se encontró con su buque de abastecimiento, el Altmark. Desde el 3 de septiembre, el Graf Spee había causado pérdidas al transporte británico por más de 50.000 toneladas. Como estuvo navegando desde el 21 de agosto y las máquinas no habían cesado de funcionar, el comandante Hans Langsdorff pensó en el retorno a Alemania para poner a punto sus máquinas.

Entre septiembre y diciembre de 1939, el Admiral Graf Spee había hundido nueve buques mercantes en el Atlántico sur y el océano Índico. El capitán del Admiral Graf Spee se adhirió estrictamente a las reglas militares relativas al ataque a mercantes, poniendo a salvo a la totalidad de la tripulación de los barcos atacados. No se perdió ninguna vida en ninguno de los hundimientos. La mayor parte de las tripulaciones de los barcos fueron transferidas a su buque de apoyo, el petrolero Altmark.


La cacería
Como resultado de la transmisión del mensaje del Doric Star, cayeron sobre el punto donde fue atacado dos de las nueve escuadras británicas: el Grupo H, formado por los cruceros pesados Sussex y Shropshire, y, sobre todo, el Grupo K con el crucero de batalla Renown y el portaaviones Ark Royal. Por fortuna para él, el Admiral Graf Spee había abandonado la zona del ataque. 

Recorrido hecho por el Graf Spee
La Fuerza G británica
El día 13 de Diciembre de 1939, el Graf Spee entraba en las aguas donde operaba la Fuerza G, al mando del Comodoro Henry Hardwood, cuya misión era asegurar la ruta Montevideo-Rio de Janeiro, con base en las Islas Malvinas. La flotilla de Hardwood estaba compuesta por los cruceros pesados Cumberland y Exeter, acompañados de los Cruceros ligeros Ajax y Achilles. De acuerdo a los informes de inteligencia, Hardwood sabía que tarde o temprano, el acorazado de bolsillo entraría en aguas del Atlántico Sur y que le tocaría a él enfrentarlo. La inteligencia había detectado también que, en Montevideo y Río de Janeiro, se realizaban grandes movimientos de víveres, bajo el control del agregado naval alemán y que no podían ser para otro, que para el Graf Spee.

Exeter
Achilles
Ajax

El olfato de Hardwood
Viendo el mapa, Harwood sabía que el buque alemán tenía tres posibilidades, llegar el día 12 cerca a Río de Janeiro, aproximarse a Montevideo el día 13, o moverse por los alrededores de las Malvinas el día 14. Hardwood se decidió por concentrar sus fuerzas frente al Río de la Plata desde el día 10.

La víspera del 13 de diciembre, el Admiral Graf Spee se aproximó a 150 millas de la costa brasileña, poniendo a continuación proa al sudoeste para alejarse de ella a velocidad de crucero. Se proponía cortar la ruta de los buques comerciales que alcanzaban Buenos Aires y Montevideo desde el nordeste y el este. Hacía media hora que había amanecido cuando el vigía del acorazado alemán alertó: "¡Remates de mástiles a proa!".


Batalla del Río de La Plata
En la mañana de aquel día de diciembre de 1939, el Graf Spee estaba a unos cientos de kilómetros de la costa frente al estuario del Río de La Plata. Los vigías oteaban el horizonte desde la amanecida y uno de ellos dio alarma de mástiles en el horizonte. El Graf Spee estaba camuflado con ondas blancas en sus líneas de aguas y un esquema de camuflaje para simularse como un crucero inglés.

El comandante de guardia, sorprendido de ver mástiles y no humo, ordenó despertar al capitán. El vigía creyó avistar un crucero y dos destructores. El comandante Langsdorff ordenó zafarrancho de combate y a cubrir puestos de combate; creía tener a la vista la avanzada de protección de un convoy. Como el Graf Spee era superior a esas naves y el objetivo estaba acorde con las directivas dadas, decidió combatir, para luego hundir el convoy. Pronto Langsdorff descubrió su error: el pretendido crucero era un buque de 10.000 toneladas, inferior al acorazado alemán únicamente en el calibre de su artillería: seis piezas de 203 mm contra otras tantas de 280 mm. Los otros dos navíos, que habían sido tomados por destructores, eran cruceros ligeros que disponían entre ambos de dieciséis cañones de 152 mm. Los tres buques eran los cruceros Exeter, Ajax y Achilles. Quienes dividieron sus fuerzas para atacar al acorazado alemán desde diversos puntos y dispersar los fuegos del mismo.

Langsdorff decidió aplastar a sus adversarios uno a uno y concentró sus fuegos sobre el más poderoso y peligroso de ellos: el crucero pesado Exeter. A las 06:16 fueron disparados los primeros fuegos desde los montajes triples de 280 mm del Admiral Graf Spee, y tres minutos después fueron contestados por el Exeter. La distancia se había acortado sensiblemente y no rebasaba los 15.000 metros. Las dos naves intercambiaban un rápido y nutrido fuego. El Exeter fue tocado, lo cual fue advertido por el Admiral Graf Spee gracias a las llamas y la densa humareda que salía de él. Algunos proyectiles del Exeter también habían tocado al acorazado alemán. El primero destruyó completamente la cocina, así como la red de agua potable de la nave. Otros dieron en el compartimiento de torpedos, averiaron el puesto de dirección de tiro antiaéreo y demolieron algunos camarotes. Hubo muertos y heridos. Pero los daños en el Admiral Graf Spee eran mínimos comparados con el infierno desencadenado en el Exeter. En menos de una hora recibió más de cien proyectiles. Cinco de sus seis piezas fueron silenciadas.

El comodoro Harwood, que había efectuado una vasta maniobra con el Ajax y el Achilles, se acercó a toda velocidad para participar en el combate y socorrer a su buque en peligro. La primera salva que realizó impactó en el Admiral Graf Spee, destruyendo una pieza de 150 mm y matando a todos sus servidores. A pesar de la superioridad de fuego del acorazado alemán, los dos cruceros ligeros ingleses acribillaron al acorazado. Langsdorff decidió concentrar su fuego sobre los cruceros ligeros Ajax y Achilles, que no se encontraban a más de 8.000 metros. Otro disparo del acorazado dio de lleno en las dos torres de popa del Achilles; las cuatro piezas de 152 mm fueron silenciadas. Finalmente, los cruceros británicos se apartaron. En este instante, Langsdorff tenía el combate en sus manos, pero debido a falta de información efectiva sobre sus resultados, la cantidad de bajas y pensando que estas unidades eran una avanzada de otras mayores, decidió no acabar con los sobrevivientes y se envolvió en humo y se alejó a toda máquina hacía la costa. Luego de salir del alcance de los poderosos cañones de 280 mm del acorazado, el comodoro Harwood decidió seguir al acorazado, tratando de no perderlo de vista.


La trampa de Montevideo
Los resultados del combate para el Graf Spee fueron 56 muertos y 20 impactos; los daños eran relativamente menores, pero habían mermado su provisión de municiones. Fue entonces cuando el acorazado alemán se dirigió hacia el Río de la Plata y entró al Puerto de Montevideo (Uruguay). El gobierno uruguayo ofreció una estadía de 72 horas, que debía emplear para la reparación de la nave con sus propios medios o la internación al término de la misma.

El Almirantazgo británico se convenció de que la fuerza de Harwood no podría impedir que el acorazado se abriera paso hacia el océano y decidió reemplazar al Exeter por el pesado Cumberland. Sin embargo, como se hallaba en las Islas Malvinas, aunque navegase a toda velocidad no podría ganar la embocadura del río de la Plata antes del día 17 de diciembre, es decir, tres días más tarde. La fuerza compuesta por el Renown y el Ark Royal, muy superior al Admiral Graf Spee, se encontraba a la altura de Pernambuco, 2.500 millas al norte, y antes de llegar a la desembocadura del Río de la Plata tenía que reabastecerse de combustible, por lo que su intervención antes de una semana, estaba descartada.

El Exeter, incapacitado para abrir fuego, pone proa a las Malvinas y el Ajax que se encuentra en muy mal estado, junto al Achilles siguen al barco alemán que se dirige al puerto de Montevideo.  Segundo error del capitán alemán.   Langdorff pretende entrar a puerto a realizar reparaciones y dejar heridos, pero también está consciente de que está muy corto de municiones para forzar una posterior salida. ¿Por qué eligió Montevideo y no Buenos Aires, donde habría podido recibir mejor apoyo?  Posiblemente, por desconocimiento de la situación política del momento.

Por tanto, la diplomacia y los servicios secretos ingleses entraron a conjugar un sesudo plan para engañar a los alemanes respecto de su situación.

El Graf Spee frente a Montevideo

Las maniobras diplomáticas
La delegación diplomática británica en Montevideo realizó una compleja y consistente labor de desinformación respecto de las fuerzas navales británicas apostadas en la salida del Estuario del Río de La Plata e hizo circular falsos rumores, amenazas e intimidaciones, de modo tal, se realizaron falsos comunicados entre fuerzas inglesas inexistentes a la salida del estuario, que llevaron a Langsdorff a tomar decisiones. En el puerto de Montevideo, por otro lado, las reparaciones del Admiral Graf Spee fueron saboteadas, retrasando ex profeso las mismas, con el fin de retener en puerto a la nave de guerra alemana el mayor tiempo posible, hasta la llegada de las naves británicas que ya estaban en camino, o incluso logrando su internamiento al cumplirse el plazo dado por el gobierno uruguayo.

De acuerdo a las leyes internacionales, el buque tenía 72 horas para realizar reparaciones antes de salir del puerto.  Las diligencias diplomáticas alemanas para extender el plazo no fueron más eficaces que las que realizaban los británicos para que se cumplieran con las leyes internacionales.   Bajo esas circunstancias, desde Alemania, Langdorff recibe las instrucciones de salir peleando o hundir el buque.  Específicamente recibe la orden de no permitir el internamiento del buque en Uruguay. Langdorff sabe también que no tiene suficientes municiones para intentar una salida, en especial si hay más barcos esperándole.

El día 15 de Diciembre, 320 oficiales y tripulantes, incluyendo al Capitán Langdorff, bajan a tierra para enterrar a los miembros de la tripulación muertos en el cementerio de Montevideo. Los prisioneros de guerra británicos desembarcados del Graf Spee acompañaron voluntariamente a los caídos en el cortejo fúnebre hacia el cementerio.


El hundimiento
El Alto Mando Naval alemán, a cargo del gran almirante Erich Raeder, evaluaba la situación de Montevideo a la luz de los informes del capitán Hans Langsdorff y los informes de inteligencia. Langsdorff envió un telegrama, en donde concluía:
Me propongo avanzar hasta el límite de las aguas jurisdiccionales. Si es posible abrirme paso hacia Buenos Aires, librar combate con el resto de mis municiones. Para el caso de que tal tentativa condujera a la destrucción cierta del Graf Spee sin proporcionarle la oportunidad de causar daños al enemigo, pregunto si ha de hundirse el navío en el estuario del Plata, aunque los fondos en él son insuficientes, o bien debe permitirse su internamiento, 
Comandante Graf Spee.
La respuesta del almirante Raeder dejaba prácticamente en completa libertad de acción al comandante del Admiral Graf Spee, salvo en lo referente a la internación en Montevideo. La última frase decía:
Procure que la destrucción sea total si se ve usted obligado a hundir su barco.  
Raeder
El 17 de diciembre, incapaz de dirigirse al puerto de Buenos Aires, el Admiral Graf Spee zarpó poco después de las 18:00, apenas dos horas antes de que expirase el plazo acordado por el gobierno del Uruguay. El buque avanzó lentamente por el estrecho canal en dirección a alta mar. Ahí le aguardaban las naves británicas. Los espectadores del muelle de Montevideo esperaban asistir al raro espectáculo de un combate naval. Tras la estela del acorazado marchaba el transporte alemán Tacoma, refugiado en el puerto uruguayo desde el comienzo de las hostilidades. Ambas naves pararon máquinas a unas cinco millas de la costa.

Aparecieron dos remolcadores que provenían de Buenos Aires y una serie de embarcaciones menores que iban y venían del acorazado al transporte, transportando a la tripulación, de más de 1.000 hombres. Más de medio millar de tripulantes fueron trasladados a Buenos Aires y parte a Montevideo.

Luego, a las 19:55, una enorme columna de llamas brotó repentinamente del Admiral Graf Spee. Al cabo de unos instantes se escuchó una fuerte explosión. El Graf Spee había explotado: los alemanes habían hundido su buque.


Langdorff se suicida
Langdorff y la tripulación, regresan a tierra. El día 19, en su habitación en el Arsenal Naval de Buenos Aires, se suicida de un disparo en la cabeza. El día 20 encuentran el cuerpo del marino, envuelto en la bandera del buque y una carta para el embajador alemán donde explicaba el por qué de su trágica decisión. 
“Excelencia:
Después de haber luchado largo tiempo, he tomado la grave decisión de hundir el acorazado Admiral Graf Spee a fin de que no caiga en manos del enemigo. Estoy convencido de que, en estas circunstancias, no me quedaba otra resolución que tomar después de haber conducido mi buque a la “trampa” de Montevideo. En efecto, toda tentativa para abrir un camino hacia alta mar estaba condenada al fracaso a causa de las pocas municiones que me quedaban. Una vez agotadas esas municiones, sólo en aguas profundas podía hundir el buque a fin de impedir que el enemigo se apoderara de él. Antes de exponer mi navío a caer parcial o totalmente en manos del enemigo, después de haberse batido bravamente, he decidido no combatir, sino destruir su material y hundirlo… Desde un principio he aceptado sufrir las consecuencias que implicaba mi resolución. Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío… Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí sólo corresponde la responsabilidad del hundimiento del acorazado Admiral Graf Spee. Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina. Me enfrento con mi destino conservando mi fe intacta en la causa y el porvenir de mi Patria y de mi Führer.
Dirijo esta carta a Vuestra Excelencia en la calma de la tarde, después de haber reflexionado tranquilamente, para que usted pueda informar a mis superiores y, si es necesario, desmentir los rumores públicos.
Capitán de navío Hans Wilhelm Langsdorff, Comandante del acorazado Admiral Graf Spee”.
 Sus restos fueron sepultados en el Cementerio del Norte, de Buenos Aires.


Funeral de Langdorff en Buenos Aires
El Águila del Graf Spee
La Suprema Corte abrió el camino a la subasta del águila del acorazado alemán Graf Spee, hundido en aguas uruguayas en 1939 tras una batalla naval, al determinar que la preciada pieza nazi es propiedad del Estado uruguayo.

"El juicio tuvo distintas etapas y ha culminado favorablemente para el Estado uruguayo. Ahora el Ministerio de Defensa deberá decidir el destino" de la pieza, señaló el prosecretario de la Presidencia Diego Cánepa.

La pieza en cuestión es una imponente águila de bronce de 2,8 metros de largo por 2 de alto y 350 kilos de peso que sostiene entre sus garras una esvástica y adornaba la popa del acorazado alemán de bolsillo "Admiral von Graf Spee".

El águila fue rescatada en 2006 del fondo de la costa uruguaya, pero el gobierno frenó en 2010 las intenciones de los rescatistas de venderla y desde entonces ha estado enfrentado con ellos en la justicia.


Según Carlos Rodríguez, abogado de los empresarios Alfredo y Felipe Etchegaray, dueños de los permisos para rescatar los restos del buque alemán, éstos reclamaban la propiedad para poder decidir cómo y cuándo vender el águila, lo que ahora dependerá del gobierno.

Según la resolución judicial, el Estado es el propietario, aunque ratificó que los rescatistas tienen derecho al 50% de lo que se obtenga por la venta de la pieza.

"Ahora vamos a hacer una nueva y última gestión política ante el Estado para que se proceda rápidamente a vender", dijo Rodríguez a la AFP. "Y si no, iniciaremos rápidamente las acciones jurídicas tendientes a forzar el cumplimiento del contrato" firmado entre los empresarios y el Estado para sacar los restos del fondo del Río de la Plata.

El abogado aseguró que "el Estado puede hacer lo que quiere" con los restos "pero tiene una obligación contractual de vender los objetos rescatados para indemnizar y pagar de esa manera a los rescatistas el precio convenido, que fue el 50% de lo que se obtenga" por la comercialización.

Según Alfredo Etchegaray, cuando el águila fue encontrada "la prensa inglesa llegó a hablar de que valía hasta 50 millones de dólares".

"Pero solo una subasta pública puede decir cuánto vale. No importa cuánto vale. El tema es que hace 40 años que estoy invirtiendo tiempo y mucho dinero en estos temas (búsqueda de naufragios) y queremos cobrar por el trabajo", indicó.

Actualización 12 de noviembre de 2017 
(nota del diario "El Observador" de Montevideo)
A través del Ministerio de Defensa, el gobierno ha buscado un destino para ese símbolo del poder nazi que fue rescatado del fondo del mar en 2006. Desde entonces, hubo presiones de todo tipo, intereses cruzados, cifras que prometen ser millonarias e intentos por evitar que el águila sea utilizado por algunos para reivindicar las ideas del Tercer Reich. La iniciativa más radical (y simbólica) de algunos miembros de la colectividad judía fue que el águila sea fundida.
El ministro de Defensa, Jorge Menéndez, convocó en agosto a los partidos políticos en busca de consensuar posiciones. Más adelante, conversó con el embajador alemán en Montevideo, Ingo von Voß, según informaron a El Observador fuentes oficiales.
En un encuentro realizado en la sede de la cartera, el jerarca lanzó la propuesta de Defensa al gobierno alemán: que el águila sea exhibida en Uruguay en un lugar a determinar. Una de las ideas es que sea en el Museo Naval, pero incluso está sobre la mesa la posibilidad de construir un sitio específico para rememorar esos hechos históricos. Otra alternativa es utilizar el espacio del museo sobre el Graf Spee que hay en el departamento de Durazno. 
El águila del Graf Spee pesa 350 kilos. La pieza mide 2 metros de alto y 2,8 metros de largo. Fue extraída del mar el 10 de febrero de 2006, 67 años después del hundimiento del barco.
Parte de la iniciativa es que sea el gobierno alemán quien se encargue de pagar el dinero que les corresponde a los hermanos Alfredo y Felipe Echegaray. Ellos fueron quienes idearon un plan para sacar esa imponente pieza de bronce del Río de la Plata. Aún resta definir qué cifra les correspondería, porque hay muchas versiones sobre el valor del águila. Algunas hablan de US$ 4 millones, mientras que otras estiman que en el mercado internacional podría llegar a costar US$ 50 millones. El ministro de Defensa hizo la propuesta y ahora está a la espera de la respuesta alemana. El jerarca estuvo acompañado en el encuentro por funcionarios de la cancillería uruguaya.
La oposición está a la espera de noticias del gobierno. El diputado nacionalista Jorge Gandini anunció que llamará a Menéndez para conocer en qué están las gestiones. El legislador propuso vender la pieza. "El águila guardada en una caja es un problema para algún día. Hay que subastarla y que los recursos ayuden a mejorar el equipamiento de la Armada ante un espacio marítimo cada vez más amplio y complejo", dijo a El Observador.
Ernesto Kreimerman, quien era presidente del Comité Central Israelita cuando el águila fue rescatada, propuso en aquel entonces fundirla, una medida cargada de simbolismo. Se lo propuso en varias oportunidades al exministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro. 
Kreimerman mantiene la misma propuesta hasta el día de hoy. "En ningún lado se conserva ningún símbolo del poder nazi en estado completo. Se destruyó hasta el búnker en Berlín", dijo. Según él, esa postura fue mantenida por el comité en los tiempos en que estaba liderado por Sergio Gorzy. Sin embargo, el actual presidente de la agrupación, Israel Buszkaniec, se distanció de esa posición. El titular del comité dijo que la intención del colectivo es evitar que el águila sea expuesta públicamente y el sitio se convierta en un lugar de peregrinación para los nazis de la región. "Podrían juntarse grupos nazis que hay en Uruguay, Argentina, Chile, Brasil", dijo.
Mientras tanto, una pieza histórica de la segunda guerra mundial lleva años tirada en un galpón.
Actualización 12 de diciembre de 2019 
(nota publicada en "Montevideo Portal")
(...) En junio, un fallo judicial en primera instancia condenó al Ministerio de Defensa Nacional y a la Prefectura Nacional Naval a "disponer y realizar la venta onerosa del águila y del telémetro del Graf Spee dentro de un plazo de 90 días (contados desde que quede ejecutoriada la sentencia) y a compartir el 50% de lo producido con los permisarios".
A pesar de que el Ministerio de Defensa anunció que apelaría el fallo (como parte de su estrategia en una batalla legal que lleva ya casi quince años), finalmente no lo hizo, tras negociaciones con el principal permisario e impulsor de esta aventura, el relacionista público Alfredo Etchegaray.
Originalmente, el gobierno tenía tres meses para realizar la subasta del águila, pero en las negociaciones se acordó prorrogar este plazo. La resistencia por parte del Ministerio de Defensa, influida también por las preocupaciones del gobierno alemán, tenía que ver con el destino de la pieza y el posible mal uso que podría darse a este símbolo hitleriano.
Ahora, los obstáculos parecen haberse salvado, dijo Etchegaray a Montevideo Portal. "En este momento el tema está en manos del presidente de la República, quien es quien tiene que emitir el decreto final", dijo el relacionista.
Ya se redactó un memorándum de acuerdo con el Ministerio de Defensa, "un preacuerdo ratificado por el equipo de asesores legales de la cartera". Ahora, el último paso corresponde a Presidencia.
El preacuerdo prevé la realización de una subasta pública internacional, cuyo resultado económico se dividirá entre permisarios y el Gobierno, que podrá usar ese dinero según estime conveniente. Además, se garantiza que los oferentes estarán calificados, lo que evitará que "cualquier loco pueda levantar la mano", dijo Etchegaray. "Y encima, Uruguay cumple con un contrato, que no es un detalle menor", afirmó.
El destino debe ser de perfil académico, lo que asegura que el águila nazi no termine en una colección privada, por ejemplo, una de las preocupaciones de quienes se oponían a la venta. "Puede ser un gobierno, una fundación o un museo", dijo Etchegaray, a modo de ejemplos.
El relacionista acotó que varios museos disponen de dinero para comprar el águila y recordó que este tipo de polémicas (como la ocurrida con el busto de Tutankamón vendido recientemente en seis millones de dólares) "son vendedoras de entradas".
El permisario también señaló que no es cierto que exista la posibilidad de que neonazis estén interesados en adquirir esta pieza o haya riesgos con el tráfico ilícito internacional (lo que además, con el actual acuerdo, no es una posibilidad, al dejar por fuera a particulares). "El propio Manuel Esmoris, de la Comisión de Patrimonio, me reconoció que eso es un bolazo. Los que sí se mostraron interesados son representantes de museos de Washington e Israel", dijo.
"Esta operación la financié solamente yo, vendiendo mis terrenitos y con los ahorros de toda una vida, con lo obtenido por mi trabajo desde que tengo 15 años", dijo Etchegaray, que ahora ve mucho más cerca la consumación de casi 40 años de trabajo detrás del águila del Graf Spee.

Monumento en Montevideo - "que perduren los ideales que hoy juntos defendimos"

martes, 21 de julio de 2015

Napoleón en Egipto

En 1798, Napoleón era un hombre flaco y enjuto de 28 años, devorado por la ambición y los sueños de gloria. Sus grandes victorias en Italia lo habían convertido en el ídolo de las masas y lo habían acostumbrado a mandar sin dar cuentas a nadie. Barras, su antiguo protector, dijo a sus colegas en el gobierno de Francia: «Promocionad a éste, o se promocionará a sí mismo». Lo cierto es que al Directorio –un gobierno colegiado de cinco miembros, que regía el país desde hacía cuatro años– le faltaba el prestigio que a Bonaparte le sobraba. Corrupción, golpes de Estado e insurrecciones habían marcado su trayectoria. La situación era tan inestable que Bonaparte tenía siempre un caballo ensillado por si tenía que partir a toda prisa. «Debería derrocarlos y proclamarme rey –confesaba el joven general–; pero aún no es el momento. Estaría solo».

Fue entonces cuando surgió la idea de la conquista de Egipto. Algunos miembros del Directorio, como Talleyrand, ministro de Asuntos Exteriores, pensaron que Francia podría establecer allí un dominio colonial. No sólo eso. Egipto podría ser la primera etapa de un proyecto más ambicioso: establecerse en la India, donde Gran Bretaña, el gran enemigo de la República francesa, gozaba de una amplia zona de influencia.

Bonaparte aceptó el desafío. Como muchos contemporáneos se sentía atraído por el exotismo oriental; había leído una obra muy popular por entonces, el Viaje a Egipto y Siria de ConstantinVolney, publicada en 1794, la mejor fuente de información sobre Egipto. Bonaparte conoció a Volney, pero obvió una advertencia del libro: «Si los franceses se atreviesen a desembarcar allí, turcos, árabes y campesinos se armarían contra ellos [...]. El fanatismo ocuparía el lugar de la habilidad y el coraje». En realidad, Bonaparte sólo quería mantener su popularidad con nuevas victorias, y si no las obtenía en Europa sería en África. «Quiero sorprender una vez más al pueblo [...]. Iremos a Egipto».

El 18 de mayo de 1798 partía de Tolón la impresionante armada francesa con destino a Egipto, compuesta por más de cincuenta navíos de guerra y 280 barcos para el transporte de tropas; en total, unos 40.000 hombres. Con los soldados también iban 167 científicos con la misión de estudiar todos los aspectos de la historia y la situación presente de Egipto. La armada se detuvo en Malta una semana, el tiempo que Bonaparte necesitó para arrebatar la isla a la orden de San Juan de Jerusalén. Luego continuó viaje hacia Egipto.

Alejandría se rinde

El 1 de julio, y a pesar del mar embravecido, Napoleón desembarcó cerca de Alejandría La operación se llevó a cabo con éxito porque nadie acudió a combatirles; los espías otomanos habían descubierto el plan francés, pero no tomaron medidas. Tampoco reaccionaron los mamelucos, la casta de guerreros mercenarios establecidos en el país desde hacía siglos. Éstos reconocían al sultán de Estambul como soberano nominal y le enviaban un tributo anual, pero actuaban con total independencia y y gobernaban el país a su antojo. Bajo su dominio, las defensas de Alejandría –con 25.000 habitantes, la décima parte de los que tuvo en sus tiempos de esplendor– se reducían a unas murallas ruinosas, veinte jinetes mamelucos, quinientos infantes egipcios, un par de cañones y muy poca pólvora.

Aun así, cuando los franceses llegaron a Alejandría se produjo una dura lucha. El general Menou recibió siete heridas al cruzar las murallas, pero al final los franceses forzaron las brechas. Bonaparte ofreció una rendición pactada y liberó a setecientos esclavos árabes procedentes de Malta. Al ver su generosidad, otras poblaciones, como Rosetta, se rindieron sin luchar e incluso expulsaron a los odiados gobernadores mamelucos.

Tras la toma de Alejandría por parte de las tropas francesas, Napoleón se dirigió con sus tropas hacia El Cairo.

Camino de El Cairo

Los invasores ya disponían de una sólida cabeza de puente, pero escaseaban las provisiones. El viaje de Alejandría hasta El Cairo fue un vía crucis para los soldados franceses por las elevadas temperaturas y la falta de agua. Un general escribía a un amigo: «Jamás lograría describirte el horrible país que fuimos a conquistar». 


Algunos soldados se suicidaron por culpa de la sed. Además, en El Cairo, el gran muftí, la principal autoridad religiosa del país, publicó una sentencia o fatua en la que llamaba a todos los verdaderos musulmanes a atacar a los infieles. Así, las aldeas ya no recibieron a a los franceses como libertadores y fueron acosados por los beduinos.

El 12 de julio, en Shubra Khit, unos 130 kilómetros al sur de El Cairo, el principal caudillo mameluco, Murad Bey, lanzó su primer ataque. Pronto se vio que la causa mameluca era desesperada. Aquellos soberbios jinetes cargaban en desorden, disparando sus carabinas al galope con cierta precisión; luego descargaban dos pistolas y embestían con la lanza y con afiladas cimitarras, capaces de cortar en dos a un hombre. Ese coraje de nada les sirvió frente a una infantería disciplinada que formaba cuadros cerrados erizados de bayonetas. Tras sufrir grandes bajas sin apenas causar daño al enemigo, Murad volvió a El Cairo.

Una vez que Napoleón divisó las pirámides, otorgaría un día de descanso a las tropas. Esto sería el 19 de julio, dos días antes de la famosa Batalla de las Pirámides.

La mañana del 21 de julio, las tropas francesas, bajo las órdenes de Bonaparte, marcharon con el fin de anexar El Cairo al territorio francés. A su llegada, justo cuando podían observar los minaretes de la ciudad, observaron el gran ejército de Murad Bey, apoyado por otras tropas a orillas del Nilo.

Como desde las posiciones francesas se veían las pirámides, Bonaparte, con fino instinto para la propaganda, decidió que aquella no sería la batalla de Embabeh ni la batalla de El Cairo, sino la batalla de las Pirámides. En su arenga antes de la batalla, dijo: «Soldados, cumplid con vuestro deber; desde esos monumentos cuarenta siglos de historia os contemplan».

La Batalla de las Pirámides

Aunque los Mamelucos eran superiores en número, lo cierto es que los franceses contaban con mejor tecnología, algo que no era muy difícil pues tan sólo usaban espadas, arcos y flechas. Sumado a esto tenemos el factor de la división de dichas tropas, pues el Nilo se encontraba entre las fuerzas de Murad, atrincherado en Embebeh, e lbrahim Bey, en campo abierto. Ibrahim Bey, segundo líder mameluco, pensó usar el Nilo como foso, forzando a Napoleón a un arriesgado asalto frontal anfibio. Pero Murad despreciaba a los invasores y cruzó el Nilo impetuosamente, cargando más allá del alcance de su propia artillería. Los orgullosos mamelucos fueron destrozados por las descargas de la infantería francesa. Todo acabó en un par de horas.


Observando la estampa, Napoleón se dio cuenta de que la única tropa que podría hacerle daño era la caballería, pues su ejército no contaba con mucha. De esta forma, estudiando la situación, se vería obligado a ir a la defensiva. Organizaría su ejército en cuadrados huecos con artillería, caballería y equipajes en su centro. Cada vez que la caballería mameluca buscaba huecos para atacar, su artillería disparaba. De esta forma conseguiría entrar en el campamento egipcio de Embebeh, obligando al ejército egipcio a escapar.

Esta batalla haría que Francia ocupara El Cairo y el bajo Egipto. Como consecuencia, el ejército mameluco se desplazaría a Siria con el fin de reorganizarse.

Otra consecuencia directa fue el final de 700 años de mandato mameluco en el país. Aun así, lo cierto es que a Bonaparte le duraría poco la alegría, pues tras esta victoria, el almirante Horatio Nelson lo derrotaría 10 días después en la famosa Batalla del Nilo, acabando por tanto las intenciones de Bonaparte por conquistar Oriente Medio.

En el nombre de Alá

Cuando Bonaparte entró en El Cairo se encontró con una ciudad de 250.0000 habitantes, caótica y deprimida. Los viajeros hablaban de «calles estrechas, sin pavimentar y sucias, casas oscuras a menudo en ruinas, incluso los edificios públicos parecen mazmorras. Las tiendas son poco mejores que los establos, el aire está lleno de polvo y del hedor de la basura». Bonaparte ordenó construir hospitales, exterminó las jaurías de perros callejeros, organizó la recogida de basuras... Hasta introdujo el alumbrado público. Para atraerse a las élites intentó crear un Diván o consejo de gobierno. En sus proclamas –editadas en una imprenta de tipos árabes confiscada al papa, la primera que se usó en Egipto– invocaba a Alá y en alguna ocasión llegó a ponerse un vestido árabe.
Pero los egipcios recelaban del dominio francés y la mayoría de la población era hostil. Un nuevo impuesto sobre la propiedad, sumado a un censo que dificultaba escapar a los recaudadores, contribuyó a exaltar los ánimos. Así, cuando el sultán otomano llamó a la guerra santa, estalló la revuelta en forma de caza de europeos. Bonaparte respondió con una represión implacable: cañoneó la ciudad, saqueó la mezquita de Al-Azhar e hizo decapitar a ochenta de los cabecillas del motín.

Una expedición fracasada

Napoleón siempre recordaría la expedición de Egipto como una aventura romántica y exótica, a la manera de Alejandro Magno. Pero lo cierto es que, en términos militares, fue un fracaso. La flota británica, mandada por Nelson, sorprendió a los franceses en la rada de Abukir y destruyó totalmente su armada. El general Desaix emprendió una fatigosa campaña Nilo arriba persiguiendo a Murad, que finalmente se pasó al bando francés.

En febrero de 1799, Bonaparte se internó en Siria buscando un choque decisivo con los otomanos. Las tropas, tras extenuantes travesías por el desierto, debieron luchar duramente para tomar plazas como El Arish y Jaffa. En esta última, Bonaparte cometió uno de los actos que más han empañado su reputación: la ejecución de tres mil prisioneros turcos a los que no podía alimentar, pero tampoco liberar porque si lo hacía volverían a enfrentarse a él. Su ejército llegó hasta San Juan de Acre, plaza defendida por turcos y británicos que resistió todos los asaltos franceses. El 21 de mayo, Napoleón tuvo que retirarse y aunque organizó una entrada triunfal en El Cairo, todos sabían que la expedición había sido un fracaso.

Semanas después, a Bonaparte se le presentó la ocasión de resarcirse. En julio, los turcos desembarcaron un ejército en la bahía de Abukir, al mando de Sayd Mustafá Pachá. El ejército otomano era superior en número, pero una carga de caballería del general Murat sembró el pánico en sus filas. Muchos intentaron salvarse nadando hacia los buques británicos. Pese a la victoria, la situación francesa no era buena: seguían varados en Egipto, sin poder volver por mar a Francia a causa del bloqueo de la armada británica y turca, a la que incluso se sumaron los rusos. Una flota española de veintiún buques que iba a ayudar a Napoléon fue también bloqueada por los británicos.
Los periódicos europeos que llegaron al campamento francés hablaban de la desesperada situación de Francia: los rusos habían entrado en Italia y destruido los logros obtenidos por Napoleón, Francia estaba a punto de ser invadida y el Directorio se mostraba inoperante. 

Regreso a Francia

Bonaparte decidió regresar como fuera y la noche del 22 de agosto se embarcó en Alejandría rumbo a Europa. De hecho, Bonaparte estaba desertando de su puesto, un delito punible con la muerte, y lo cierto es que sus tropas se sintieron traicionadas. Ni siquiera se despidió del general Kléber, al que había designado sucesor, temiendo sus reproches. Napoleón llegó a Francia el 9 de octubre de 1799. Un mes más tarde, el 18 de brumario según el calendario de la Revolución, ya era el amo de Francia. Egipto y la India sólo fueron un sueño.



Un viejo mito egipcio-moderno inventó una despiadada idea, que Napoleón Bonaparte utilizó a la esfinge de Giza como blanco para una práctica de tiro, se dice que así la dañó y fue culpa del francés.

Lejos está la realidad de esta historia que aun hoy en día los guías turísticos les venden a los turistas que sorprendidos no pueden creer semejante salvajada del no tan petiso emperador.

La esfinge data del 2500 antes de cristo, se supone que bajo el gobierno del faraón Khafra (Kefrén, su padre fue Keops), a la vez constructor de la segunda pirámide de Giza.

Más allá de este anti-occidentalismo la rotura facial de la Esfinge es más antigua,  durante siglos la esfinge fue maltratada por los hombres, en 1380 por los gobernantes musulmantes que según una interpretación del Coran debían destrozar toda imagen de culto, es más, hoy día las representaciones de Mahoma estan completamente prohibidas, es fácil encontrar en templos antiguos y mezquitas anteriores a esta época imagenes del profeta que luego fueron tachadas, al menos en su rostro.

A la esfinge le falta la nariz. Hay muchas leyendas al respecto culpando de la fechoría desde a las fuerzas de napoleón que la destruyeron a cañonazos, a los mamelucos o incluso a las tropas inglesas.


Todas ellas son falsas. Frederic Louis Norden dibujó en 1737 unos bocetos de la esfinge que fueron publicados en 1755, en los que ya carecía de nariz.



La movida iconoclasta tiene muchas más chances de ser el motor de la agresión contra la Esfinge que un dictador francés enamorado el imperio Egipcio que se llevó más material arqueológico a sus tierras que constrastan con el burdo ataque ¿cómo un estudioso de una cultura la destrozaría como blanco de sus cañones para una práctica de tiro? poco creíble.

Los mamelucos en el siglo XVIII siguieron con el maltrato al rostro de la Esfinge, Napoleón debe ser exonerado de semejante injuria.


Si miramos de cerca el hueco de la nariz podemos ver la huella de dos cinceles de gran tamaño, uno que entra desde arriba y otro desde la aleta derecha. El historiador egipcio al-Maqrizi (siglo XV)  le atribuyó a Muhammad Sa’im al-Dahr, un musulman sufista, la mutilación de la esfinge al ver cómo los campesinos la adoraban y realizaban ofrendas. Su enfado al presenciar esta adoración por una imagen fue tal que ordeno que la desfigurasen.





Fuentes
Encyclopedia Americana (1995)



sábado, 11 de julio de 2015

11 de julio de 1975 - en Xi'an, China, son descubiertos los Guerreros de terracota.

Los Guerreros de terracota son un conjunto de más de 8000 figuras de guerreros y caballos de terracota a tamaño real, que fueron enterradas cerca del autoproclamado primer emperador de China de la Dinastía Qin, Qin Shi Huang, en 210-209 a. C.

Se encuentran dentro del Mausoleo de Qin Shi Huang, también conocido como Mausoleo del Primer Emperador Qin. Fueron descubiertas, durante unas obras para el abastecimiento de agua, en marzo de 1974 cerca de Xi'an, provincia de Shaanxi, República Popular China. Desde el año 1987 están considerados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Enterrando estas estatuas se creía que el Emperador seguiría teniendo tropas bajo su mando. El ejército de terracota fue enterrado en formación de batalla en tres fosos, un kilómetro y medio al este de la tumba del Emperador, que a su vez dista 33 km al este de Xi'an. Los tres fosos tienen entre 4 y 8 metros de profundidad. Han sido excavados y se ha construido un hangar en las ruinas, llamado Museo del Ejército de Guerreros.

El primer foso fue descubierto en 1974 de forma casual por un grupo de agricultores que se encontraban excavando los campos. Es la colección de unos 8,000 soldados de tamaño real, puestos allí hace más de 2,000 años por el Emperador Qin quien deseaba le protegieran en su próximo mundo. En esa zona se había encontrado ya algunos restos a los que no se les había dado demasiada importancia hasta que la noticia del hallazgo del nuevo foso llegó a oídos de un arqueólogo que inició la excavación.

Yang Zhifa y su grupo de campesinos son los grandes responsables de que hoy los Guerreros de Terracota sean reconocidos como uno de los legados más importantes de la tradición china a la historia de la humanidad. 

La sequía que azotó la provincia de Shaanxi en 1974 hizo que las estatuas de arcilla, que fueron enterradas en el 210 a.C aproximadamente, vieran la luz, pues mientras que Yang y los suyos excavaban la tierra en busca de agua para hacer un pozo, dieron con restos de uno de los guerreros. 

Tras varios días cavando, los agricultores se encontraron con tierra roja. Según contó Yang, fue él mismo quien se encontró con lo que a primera vista parecía una vasija de arcilla. 
“Mi azadón desenterró el cuello de una estatua en terracota, sin cabeza y en cuyo cuello había una abertura grande. Le dije a mi colega que debíamos encontrarnos ante un antiguo horno de vasijas. Me respondió que prestáramos atención para que pudiéramos desenterrar las jarras y llevarlas a casa”. 
El trabajo continuó y los agricultores siguieron cavando en busca de algunos utensilios que les fuesen útiles para el uso diario. Lo que no sabían era que no estaban sobre un horno de cerámica ni nada parecido. Yang y los demás campesinos terminaron por descubrir la forma completa de un hombre que pertenecía al mausoleo gigante donde se albergaba el resto de los Guerreros de Terracota. 

Basado en los conocimientos que adquirió durante los seis años en los que perteneció al ejército, Zhifa decidió desenterrar las partes de la estatua que encontró y, junto con sus compañeros, llevarlos en carretas hasta el museo del distrito de Lintong. 

Las autoridades reconocieron las piezas y encontraron la relación directa con la Dinastía Qin. El Gobierno ordenó la exploración arqueológica de todo el terreno, lo que obligó al gran descubridor y a sus jornaleros a desplazarse de la zona junto con las demás familias campesinas

El foso tiene una superficie de 200 metros por 60 y contiene más de 7.500 guerreros, algunos de ellos aún por desenterrar. Las figuras son a tamaño natural: miden 1,80 metros de altura y están equipados con armaduras fabricadas también con terracota. La fosa se abrió al público en 1979.

Cada una de estas figuras tiene rasgos y características diferentes: bigotes, peinados, jóvenes, viejos, rasgos de etnias diferentes. Las cabezas y las manos se moldeaban aparte y luego se añadían a los cuerpos. Los uniformes reflejan también los rangos militares a los que pertenecen. Cada soldado llevaba un arma: arcos, lanzas, espadas, etc. Tras la caída de la dinastía Qin, los campesinos saquearon la tumba y robaron estas armas. Las figuras son de colores vivos y brillantes, pero este color se pierde apenas a las cinco horas de exposición al aire, debido a la oxidación. Se está buscando una técnica que permita mantener los colores originales; por el momento, se ha pospuesto la excavación de nuevos guerreros.

La segunda fosa abierta al público contiene 69 figuras y es conocida como “la fosa de los generales”. Se cree que representa al estado mayor del ejército. También son visibles las figuras de cuatro caballos. La última fosa contiene unos 1.000 guerreros, muchos de ellos sin restaurar.

En 1980 se descubrieron dos carros de bronce pintados. Cada uno de estos carros está formado por más de 3.000 piezas. Los cuatro caballos de cada carro están guiados por un conductor imperial. Según algunos estudios, el primero de estos carros serviría para allanar el camino del séquito del emperador mientras que el segundo sería el carro en el que el monarca dormiría. Los carros, a la mitad aproximada del tamaño real, tenían incrustaciones de plata y oro.

En 2009 se descubrieron más guerreros sin barba, lo que indica que eran jóvenes. Se estima que de unos 17 años, lo que indica que por aquel entonces también se reclutaban menores en el ejército. O seguramente estos jóvenes de 17 años eran ingresados en el entrenamiento por ser hijos de generales para ellos llegar a rangos militares de los mismos, no ingresaban al ejército hasta llegar a cumplir los 18 años de edad. 

En 2010 sus descubridores y excavadores oficiales -la arqueóloga Xu Weihong y su equipo, exclusivamente- recibieron el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.


Qin Shi Huang

Además de ser famoso por su Ejército de Guerreros de Terracota, el emperador Qin juega un papel muy importante en la historia de China.

El nombre Qín, que tiene una pronunciación similar en castellano a "chin", es uno de los posibles orígenes de la palabra China. La unificación de China en el 221 a. C. bajo el primer emperador Qin Shi Huang, nombre que podría traducirse como "El augusto emperador fundador de los Qin", marcó los comienzos de la China imperial, periodo que duró (con ciertas interrupciones) hasta la caída de la dinastía Qing en 1912 d. C.. La dinastía Qin dejó el legado de un centralizado y burocrático estado que sería continuado en dinastías sucesivas.

Imperio Qin hacia el 210 a. C.
El rey de Qin, Zheng, se autoproclamó "Primer emperador", una fórmula de títulos reservada anteriormente para deidades y los mitológicos gobernantes de China. Es conocido por los historiadores como Qin Shi Huang, Primer emperador de Qin. Su deseo era que los sucesivos gobernantes de china la gobernaran con los títulos de "Segundo emperador", "Tercer emperador", etc.

Qin Shi Huang
En el proceso de consolidación de su poder, Qin Shi Huang impuso el sistema burocrático no hereditario y centralizado del estado de Qin sobre su nuevo imperio en lugar del sistema feudal de la anterior dinastía Zhou. El imperio de Qin se apoyaba en la filosofía del legalismo (con hábiles consejeros como Han Fei o Li Si). La centralización, obtenida a través de métodos despiadados, se enfocaba en estandarizar los códigos legales y los procedimientos burocráticos, la moneda, el sistema de escritura y los patrones de pensamiento y estudios. Los caracteres utilizados en el antiguo estado de Qin se convirtieron en el estándar para todo el imperio. La longitud del eje de las ruedas de los carros también se unificó y las vías para vehículos, se estandarizaron para facilitar el transporte a lo largo del país. Para silenciar las críticas contra el mandato imperial, el emperador expulsó o condenó a muerte a muchos estudiosos confucianos que disentían, y confiscó y quemó sus libros.

Para evitar alzamientos futuros, Qin Shi Huang ordenó confiscar las armas y almacenarlas en la capital. Con el objetivo de prever el resurgimiento de los señores feudales, también destruyó los muros y fortificaciones que habían separado previamente a los seis estados. Se ideó un servicio militar nacional: todo varón entre las edades de diecisiete y sesenta años era forzado a servir un año en el ejército.

El engrandecimiento de Qin fue apoyado por las frecuentes expediciones militares que avanzaban por las fronteras del norte y del sur. Para repeler la intrusión de los pueblos nómadas (principalmente contra los xiongnu en el norte) las murallas de las fortificaciones construidas por los Reinos Combatientes se unieron para convertirlas en una sola; esto fue un primer precursor de la Gran Muralla China de 5000 km de largo construida posteriormente durante la dinastía Ming. Varios proyectos de obras públicas, incluyendo canales y puentes, también se emprendieron para consolidar y reforzar el mandato imperial. Una extravagante tumba para el emperador, completada con los guerreros de terracota, se construyó cerca de la capital Xiangyang, una ciudad a media hora de la moderna Xi'an. Estas actividades requerían de enormes desplazamientos de mano de obra y recursos, por no mencionar las necesarias medidas represivas.

Aunque la dinastía Qin fue de corta vida, su gobierno legalista tuvo un profundo impacto en las posteriores dinastías chinas. El sistema imperial que se inició durante la dinastía Qin creo un esquema que se desarrolló durante los siguientes dos milenios

El trabajo sin fin en los últimos años del reinado de Qin Shi Huang comenzó a provocar un descontento extendido. Sin embargo, el emperador fue capaz de mantener la estabilidad gracias a su firme control en cada aspecto de la vida de los chinos.


Los Guerreros de Terracota

Con el fin de protegerse de los enemigos en el más allá, él ordenó la construcción de su famoso ejército de guerreros de terracota que protegerían su magnífica tumba cuando falleciera.

Cientos de artesanos fueron llamados de todo el imperio para construir el ejército que fue terminado antes de su muerte en el año 210 aC.

Filas de soldados listos para la batalla han sido descubiertos en zanjas una tras otra. Hasta la fecha, cuatro zanjas han sido desenterradas, con el foso número uno conteniendo el ejército más grande, aproximadamente unos 6.000 soldados.


Cada soldado es una obra única, no hay dos estatuas iguales, sus expresiones faciales, los peinados, la postura, vestidos, toda característica que indicaba a su vez su posición y rango en el ejército.


En cuanto a las estatuas: la cabeza, brazos y cuerpo son huecas, mientras que las piernas estan hechas de terracota sólida.

Las armas de defensa que solían cargar fueron originalmente hechas de metal y se han desintegrado. El único testamento de la existencia de estas armas es la posición en la que se encuentran las manos de los soldados indicando que llevaban algún tipo de herramienta: ballestas, lanzas, espadas, hachas, etc.


Las armas que portaban los soldados de terracota eran armas reales, las mismas que eran llevadas a la batalla.

Incluídos en la armada habían también figuras de caballos y carruajes.


Se cree que los soldados que fueron encontrados junto con los equipos de caballos solían estar en carruajes de madera que se han desintegrado. Las manos que parecen sujetar las riendas de los caballos.




El Museo de los Guerreros de Terracota

Trabajos de excavación se llevan a cabo en el sitio donde los fosos han sido descubiertos.

Hasta la fecha, tres pozos subterráneos han sido excavados. Estructuras modernas de tipo hangar han sido construidas con un ambiente más controlado para proteger estos tesoros.

Las zanjas también han sido reforzadas y las excavaciones y trabajos de restauración continúan.

Los Guerreros que han sido restaurados están en formación, fila tras fila, erigidos uno tras otro, en lo que se cree fue la formación original de la armada, es una vista increíble.

Las Estatuas de los Guerreros que se pueden apreciar hoy en día, han sido reconstruidas por equipos de arqueólogos.

Ha sido un logro realmente increíble considerando las condiciones en que se han encontrado muchas de las piezas luego de estar enterradas por más de 2,000 años.

Esta es sólo una fracción de lo que se estima se encuentra en la espléndida tumba del emperador Qin que hasta la fecha sigue siendo un misterio.

La tumba real del emperador se encuentra a una milla de donde se encontró el ejército de terracota y todavía no existen planes para abrir la tumba hasta que los arqueólogos puedan estar seguros de que la tumba pueda ser desenterrada sin dañar sus contenidos.

Esta Armada es sólo una fracción de lo que se estima forma parte de la espléndida tumba del Emperador Qin que hasta la fecha sigue siendo un misterio, ya que sólo se han realizado excavaciones preliminares.

Otra ronda de excavaciones ha comenzado recientemente y un nuevo museo ha sido creado para dar cabida a las nuevas obras y artefactos que están siendo descubiertos.

Este es un acontecimiento muy especial, ya que las zanjas estarán abierta para los turistas, los cuales podrán apreciar el trabajo a medida que vayan progresando las excavaciones.