domingo, 16 de agosto de 2015

La vergonzosa Guerra de la Triple Alianza

La guerra que enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, entre 1865 y 1870, respondió más a los intereses británicos y de acabar con un modelo autónomo de desarrollo como el paraguayo, que podía devenir en un "mal ejemplo" para el resto de América latina, que a los objetivos de unificación nacional y defensa del territorio proclamados por sus promotores.

Quién hoy tiene la oportunidad de conocer al Paraguay poco podría imaginarse que hasta los años sesenta del siglo XIX era uno de los países más importantes de toda la región. Considerado un verdadero modelo económico, Paraguay presumía no poseer desocupados, ostentaba no tener deuda externa pero sí una población altamente educada y aspiraba a convertirse en una gran potencia económica, política, cultural y militar con influencia en el mundo entero. 

El gobierno fomenta la educación y consigue un alto índice de alfabetización. Por la Constitución de 1844 se obliga a invertir en la enseñanza de medicina y arte y a contratar maestros extranjeros. En 1862 las escuelas primarias tienen casi 25.000 alumnos. Como resultado de esa política "autosuficiente", el país se mantiene en un relativo aislamiento.

En 1856 se inaugura el ferrocarril, primera vía férrea de Sudamérica, que une a Asunción y Paraguarí. Si bien los rieles son importados, los coches son enteramente construidos en el país. El mismo año es botado el primer barco de vapor con casco de acero construido en América, el Yporá. También instala el telégrafo, promueve la fabricación de papel y tejidos y establece la primera fundición de hierro de hispanoamérica en Ybycuí: alimentado con leña, el alto horno puede fundir una tonelada de metal por día. Para desarrollar la agricultura se fomentan las "Estancias de la Patria", por medio de las cuales el Estado, propietaria de la tierra, otorga parcelas en arriendo a los campesinos.

Esta situación, desde luego, comenzó a inquietar a los países vecinos, en especial al Brasil y a la Argentina, los cuales afrontaban importantes crisis internas. Sin embargo, era otro el país al que verdaderamente le preocupaba la imponente estabilidad y riquezas del Paraguay: Inglaterra. Éste se veía amenazado por la persistencia de los López en mantener un sistema económico basado en la autosuficiencia, lo que no sólo significaba la pérdida de importantes mercados emergentes como los del acero y la industrialización de las materias primas, sino en la posibilidad de que otros países de América imitaran tales políticas y eliminaran también con el tiempo la tremenda influencia económica y política que ya ejercía Inglaterra sobre los mismos en aquel tiempo.

El conflicto que terminó por enfrentar al Paraguay con la Triple Alianza, formada por Argentina, Brasil y Uruguay, tuvo su origen en 1863, cuando el Uruguay fue invadido por un grupo de liberales uruguayos comandados por el general Venancio Flores, quienes derrocaron al gobierno de tendencia federal y único aliado del Paraguay en la región.

En su deseo de defender a cierto bando político uruguayo, el cual se encontraba legalmente en el poder y aliado de López, el Paraguay declara la guerra al Brasil, que apoyaba militarmente al bando contrario en oposición al gobierno uruguayo. López, quien ya había incursionado exitosamente en territorio brasileño, solicita el permiso al presidente argentino Bartolomé Mitre para pasar por su territorio a fin de llegar al territorio uruguayo atacado por el Brasil. Mitre le niega el paso y López decide tomar el norte argentino, razón más que suficiente para que Argentina se uniera al conflicto y declarara también la Guerra al Paraguay. 

Con la inclusión de la Argentina en el conflicto, y posteriormente del Uruguay, la guerra toma nueva dirección. El ejército paraguayo debe replegarse y poco a poco la gran fuerza militar de los Aliados comienza a destruir las ya debilitadas líneas de López. En tal situación, Argentina, Brasil y Uruguay aprovechan para firmar el 1 de abril de 1864 el Tratado Secreto de la Triple Alianza en el que se estipulaba que ninguno de los tres podría independientemente llegar a alguna negociación con el Paraguay, y que éste último debería cargar con todos los gastos de la guerra, siendo que empréstitos ingleses habían sufragado los gastos por parte de los aliados.

Brasil, la Argentina y el nuevo gobierno uruguayo firmaron en mayo de 1865 el Tratado de la Triple Alianza, en el que se fijaban los objetivos de la guerra y las condiciones de rendición que se le impondrían al Paraguay.

Hasta 1865 el gobierno paraguayo, bajo los gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano López, construyó astilleros, fábricas metalúrgicas, ferrocarriles y líneas telegráficas. La mayor parte de las tierras pertenecía al Estado, que ejercía además una especie de monopolio de la comercialización en el exterior de sus dos principales productos: la yerba y el tabaco. El Paraguay era la única nación de América Latina que no tenía deuda externa porque le bastaban sus recursos. Su posición geográfica, sin embargo, hace depender al Paraguay de los ríos navegables que lo llevan al océano. Y estas vías son propiedad de los países vecinos, cerrarle al Paraguay el tráfico fluvial es lo mismo que decretar su muerte.

La impopularidad de la Guerra de la Triple Alianza, sumada a los tradicionales conflictos generados por la hegemonía de Buenos Aires, provocó levantamientos en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis.

El caudillo catamarqueño Felipe Varela lanzó una proclama llamando a la rebelión y a no participar en una guerra fratricida diciendo:
"Ser porteño es ser ciudadano exclusivista y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre. Soldados Federales, nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la amistad con el Paraguay y la unión con las demás repúblicas americanas".
A pesar de contar con un importante apoyo popular, Varela fue derrotado por las fuerzas nacionales en 1867. Nada podían hacer las lanzas contra los modernos fusiles de Buenos Aires.

La guerra era para los paraguayos una causa nacional. Todo el pueblo participaba activamente de una guerra defensiva. Los soldados de la Triple Alianza peleaban por plata o por obligación. Esto llevó a los paraguayos a concretar verdaderas hazañas militares, como el triunfo de Curupaytí, donde contando con un armamento claramente inferior, tuvieron sólo 50 muertos frente a los 9.000 de los aliados.

Mitre, (Presidente de Argentina desde 1862 a 1868) trataba de explicar las dificultades de  la guerra echándole la culpa a la creciente oposición interna:
"¿Quién no sabe que los traidores alentaron al Paraguay a declararnos la guerra? Si la mitad de la prensa no hubiera traicionado la causa nacional armándose a favor del enemigo, si Entre Ríos no se hubiese sublevado dos veces, si casi todos los contingentes de las provincias no se hubieran sublevado al venir a cumplir con su deber, si una opinión simpática al enemigo extraño no hubiese alentado a la traición ¿quién duda que la guerra estaría terminada ya?"

Bartolomé Mitre
En Argentina, la oposición a la guerra se manifestaba de las maneras más diversas, entre ellas, la actitud de los trabajadores correntinos, que se negaron a construir embarcaciones para las tropas aliadas y en la prédica de pensadores que, como Juan Bautista Alberdi y José Hernández, el autor del Martín Fierro, apoyaban al Paraguay.

Bien avanzado el conflicto, y con algunas alternancias de victorias en varias batallas, es el Paraguay el que más padece de la guerra. Totalmente replegado en su propio territorio, y con un ejército prácticamente exterminado, Solano López se refugia en el norte del país. El ejército aliado, que en su gran mayoría era de origen brasileño (la Argentina ya deseaba acabar con el conflicto), arrasa y saquea sin piedad a varias ciudades paraguayas, que ya no tenían soldados que la defendieran. Se producirían matanzas en masa de civiles, la mayoría de ellos ancianos, niños y mujeres (los hombres ya casi habían desaparecido). Las órdenes eran de eliminar a todo hombre de más de 12 años de edad. La crueldad del ejército aliado se vio patente en una de las ciudades más afectadas del conflicto, Piribebuy. Se dice que allí se degolló a cerca de 900 paraguayos juntos, y que se quemó al hospital de esa ciudad con todos los enfermos y médicos que se encontraban allí vivos. 


Los niños de Acosta Ñú

Una batalla que no debe olvidarse es la de Acosta Ñú, el 16 de agosto de 1869, en la que un ejército de 20.000 aliados masacró a un casi desarmado “ejército” de 3.500 niños de entre 8 y 15 años. En recuerdo de aquel triste genocidio en esa fecha se conmemora el Día del Niño en Paraguay. El Conde D'Eu, un sádico en el comando de la guerra, después de la insólita batalla de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el conde D´Eu mandó incendiar la maleza, quemando vivos a las los niños sobrevivientes y a sus madres. 

Los niños de Acosta Ñú
Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileños, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto.
Escondidas en la selva próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaron a comandar un grupo de niños en la resistencia. Finalmente, después de un día de lucha, los paraguayos fueron derrotados.
El conde D’Eu, el comandante de la guerra, después de la insólita batalla de Acosta Ñu, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el conde D’Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a niños y madres.
Mandó hacer cerco del hospital de Piribebuy, manteniendo en su interior los enfermos ―en su mayoría jóvenes y niños― y lo incendió. El hospital en llamas quedó cercado por las tropas brasileñas que, cumpliendo las órdenes, empujaban a punta de bayoneta adentro de las llamas los enfermos que milagrosamente intentaban salir de la fogata. No se conoce en la historia de América del Sur por lo menos, ningún crimen de guerra más hediondo que ese.
Julio José Chiavenatto - historiador brasileño



En 1870, durante la presidencia de Sarmiento las tropas aliadas lograron tomar Asunción poniendo fin a la guerra. El Paraguay había quedado destrozado, diezmada su población y arrasado su territorio.

¡Muero con mi Patria!”. Con esa última frase en sus labios, el 1º de marzo de 1870, en Cerro-Corá, el Mariscal Francisco Solano López, herido, agotado y desangrado, medio ahogado, moribundo y anegada en sangre el agua inmunda del arroyo que, caído sentado, lo circundaba, recibió un tiro de Manlicher que le atravesó el corazón.Ahí quedó, muerto de espaldas, con los ojos abiertos y la mano crispada en la empuñadura de su espadín de oro –en cuya hoja se leía "Independencia o Muerte"-.

Las últimas palabras del Mariscal eran algo más que una metáfora: ya casi nada quedaba del Paraguay, toda su población masculina entre los 15 y 60 años había muerto bajo la metralla. Muchísimas mujeres y niños también, cuando no por las balas, por las terribles epidemias de cólera y fiebre amarilla, o simplemente sucumbieron de hambre. Por supuesto, tampoco quedaron ni altos hornos, ni industrias, ni fundiciones, ni inmensos campos plantados con yerba o tabaco, ni ciudad que no fuera saqueada. Apenas si un montón de ruinas cobijaba a los fantasmales trescientos mil ancianos, niños y mujeres sobrevivientes. Se condenó al país a pagar fortísimas indemnizaciones por “gastos de guerra”. Paraguay perdió prácticamente la mitad de su territorio, que pasó a formar parte de Brasil y de Argentina (las actuales provincias de Misiones y Formosa).

Francisco Solano López 
Un año antes de Cerro-Corá, viejo y pobre en su destierro de Southampton, don Juan Manuel de Rosas, que por sostener lo mismo que Francisco Solano López había sido traicionado y vencido en Caseros por los mismos que traicionaron y vencieron ahora al mariscal paraguayo, se conmovió, profundamente emocionado, ante la heroica epopeya americana. El Restaurador miró el sable de Chacabuco que pendía como único adorno en su modesta morada. Esa arma simbolizaba la soberanía de América; con ella San Martín había liberado a Chile y a Perú; después se la había legado a Rosas por su defensa de la Confederación contra las agresiones de Inglaterra y Francia. El viejo gaucho ordenó entonces que se cambie su testamento, porque había encontrado el digno destinatario del sable corvo de los Andes.

Mitre había hecho un pronóstico demasiado optimista sobre la guerra: "En veinticuatro horas en los cuarteles, en quince días en campaña, en tres meses en la Asunción", pero lo cierto es que la guerra duró casi cinco años, le costó al país más de 500 millones de pesos y 50.000 muertos. Sin embargo, benefició a comerciantes y ganaderos de Buenos Aires y entrerrianos cercanos al poder, que hicieron grandes negocios abasteciendo a las tropas aliadas.

El regreso de las tropas trajo a Buenos Aires, en 1871, una terrible epidemia de fiebre amarilla contraída por los soldados en la guerra. La peste dejó un saldo de trece mil muertos e hizo emigrar a las familias oligárquicas hacia el Norte de la ciudad, abandonando sus amplias casonas de la zona Sur. Sus casas desocupadas fueron transformadas en conventillos.

Pergeñado por el imperio inglés para terminar con la progresista Paraguay y todo su pueblo, y llevado a cabo por sus cipayos del Brasil de Pedro II, la Argentina de Mitre y el Uruguay de Venancio Flores, las cifras del genocidio son difíciles de digerir:
  • Población de Paraguay al comenzar la guerra 800.000 (100,00 %)
  • Población muerta durante la guerra 606.000 (75.75 %)
  • Población del Paraguay después de la guerra 194.000 (24.25 %)
    • Mujeres sobrevivientes 180.000 (22.50 %)
    • Hombres Sobrevivientes 14.000 (1,75 %
      • Menores de 10 años 9.800 (1,22 %)
      • Hasta 20 años 2.100 (0,26 %)
      • Mayores de 20 años 2.100 (0,26 %)
Exterminaron al 99 % de la población masculina mayores de 10 años. 

“Cuanto tiempo, cuantos hombres, cuántas vidas y cuantos elementos y recursos precisaremos para terminar la guerra. Para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto en el vientre de la madre” (Caxias en informe a Pedro II) 

¿Fueron Sarmiento y Mitre ajenos a este genocidio?. El primero fogoneaba desde la prensa, y Mitre fue partícipe y cómplice. Cuando lo echaron los brasileros por inútil, (no ganó ni una batalla pese a la superioridad numérica) lo reemplazó del Duque de Caxias, quien nombra a Mitre en un Informe al emperador:

Luís Alves de Lima e Silva, Duque de Caxias
“El General Mitre está resignado plenamente y sin reservas a mis órdenes. : él hace cuanto yo le indico, como está de acuerdo conmigo, en todo, incluso en que los cadáveres coléricos se tiren al Paraná, ya de la escuadra como de Itapirú para llevar el contagio a las poblaciones ribereñas, principalmente las de Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe que le son opuestas (...) El general Mitre también está convencido que deben exterminarse los restos de las fuerzas argentinas que aún le quedan, pues de ellas solo ve peligro para su persona.”“Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excrecencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse”. 
El Paraguay no se rindió. Murió. Fue exterminado, asesinado junto con su presidente, López. Su población de se redujo a algo más de 200.000 personas, en su mayoría absoluta de mujeres, niños y ancianos. Además de repartirse una importante parte de su territorio, los Aliados establecieron un gobierno interino a su total servicio. ¿Pero quién fue el mayor beneficiado del conflicto? ¿qué país recibió los pagos con grandes intereses por préstamos de guerra? ¿Qué país dejó de tener competencia económica? ¿Qué país no perdió siquiera a un solo soldado en la batalla? Sí... Inglaterra.