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domingo, 26 de julio de 2015

26 de julio de 1822 - En el puerto de Guayaquil (Ecuador) se entrevistan el general argentino José de San Martín y el venezolano Simón Bolívar.

No era el mejor de los momentos el que estaba atravesando el Protector del Perú, el General José de San Martín, cuando concurrió a entrevistarse en Guayaquil con Simón Bolívar. Sus ideas monárquicas no lograban el consenso adecuado, su administración era puesta en duda, las tropas realistas aún no habían sido derrotadas y las dirigencias dominantes en Santiago de Chile y en Buenos Aires lo miraban con recelo. En el territorio nacional sólo contaba con el apoyo de los caudillos del Litoral y del líder cordobés Juan Bautista Bustos, pero su idea de un Congreso soberano que eligiera una autoridad nacional tras Caseros -y que fuera acordada en el Tratado de Benegas- sería boicoteada a instancias del Ministro Bernardino Rivadavia en la firma del Tratado del Cuadrilátero, que pospone dicho encuentro.

Sin el apoyo de Buenos Aires, el general parte al encuentro de Bolívar en inferioridad de condiciones, pero con la certeza de que sólo uniendo fuerzas con él, se podrá expulsar a los españoles de suelo americano. Previo a dicha reunión, lo pondrá de manifiesto de la siguiente manera:
“… voy a encontrar en Guayaquil al Libertador de Colombia; los intereses generales de ambos Estados, la enérgica terminación de la guerra que sostenemos y la estabilidad del destino a que con rapidez se acerca la América hacen nuestra entrevista necesaria, ya que el orden de los acontecimientos nos ha constituido en alto grado responsables del éxito de esta sublime empresa.”
Estando San Martín en el Perú, hace un balance de su situación, y se encuentra con un ejército disminuido por las enfermedades y los españoles se hacían fuertes en la selva y en la sierra. Se necesitaban los auxilios del Libertador del Norte Simón Bolívar, pues contaba con un ejército más entero. Además, San Martín le había prestado muchos de sus hombres a Bolívar para que éste triunfara en Riobamba, Pichincha y Bombona por la libertad de Quito. San Martín meditaba seriamente pedirle a Bolívar una justa retribución a su cooperación. En 1821, ambos libertadores se encuentran en Guayaquil. San Martín tenía dos propósitos: resolver la anexión o no de Guayaquil al Perú, y pedir ayuda para la pronta terminación de la guerra. El primer propósito se encontró burlado, pues Bolívar llega primero a Guayaquil y le da la bienvenida a San Martín en “suelo colombiano”

 San Martín se embarcó en la goleta Macedonia para reunirse con Bolívar, la entrevista se llevaría a cabo en Guayaquil (Ecuador) los días 26 y 27 de julio de 1822. Nos dice FelipePigna al respecto:
"Entre San Martín y Bolívar había diferencias políticas y militares. Se ha pretendido llenar de misterio la entrevista, cuando en realidad ha quedado bastante claro lo que pasó en aquellos memorables días. Básicamente había dos temas en discusión. Mientras San Martín era partidario de que cada pueblo decidiera con libertad su futuro, Bolívar, preocupado por el peligro de la anarquía, estaba interesado en controlar personalmente la evolución política de las nuevas repúblicas. El otro tema polémico era quién conduciría el nuevo ejército libertador que resultaría de la unión de las tropas comandadas por ambos. San Martín propuso que lo dirigiera Bolívar, pero éste dijo que nunca podría tener a un general de la calidad y la capacidad de San Martín como subordinado.”
Tras la asistencia al baile organizado por la municipalidad, San Martín volvió a embarcarse en la Macedonia, que en la madrugada del 28 inició su retorno hacia Lima, con sus expectativas defraudadas. Lo expresará en una carta a Bolivar, un mes después:
 “Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso de que su delicadeza no le permitirá jamás mandarme y que aún en el caso de que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba seguro que el Congreso de Colombia no consentiría su separación de la República, permítame General le diga, no me han sido plausibles (…) en fín, general, mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado el primer Congreso del Perú y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo y es preciso conformarse (…) Nada  diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia. Permítame, general, que le diga que no era a nosotros a quienes correspondía decidir. Concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado, sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos Estados de Sud América.”
La entrevista entre San Martín y Bolívar tuvo lugar los días 26 y 27 de julio de 1822 en la ciudad de Guayaquil. Los dos libertadores, el del Norte y el del Sur conferenciaron a solas, sin la presencia de testigos. Es frecuente rodearla de misterio, porque para determinar lo realmente conversado entre ellos es necesario recurrir a fuentes indirectas o comentarios de los próceres a terceras personas.


 Existe además una polémica entre los historiadores bolivarianos y los sanmartinianos acerca de lo tratado por los libertadores en la entrevista. Para San Martín, lo conversado en las reuniones era un secreto que se debía guardar para no poner en peligro las operaciones militares contra los realistas que todavía no estaban definidas, y, por varios años, no reveló lo conversado. Volvamos a la significativa carta de San Martín a Bolívar del 29 de agosto de 1822: 
“Los sentimientos que exprime esta carta quedarán sepultados en el más profundo silencio. Si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla y los intrigantes y ambiciosos, para soplar la discordia.”
Bolívar, en cambio, produjo a los pocos días varios informes, redactados por su secretario, en el que da su versión acerca de lo tratado con San Martín en Guayaquil, pero en ellos, Bolívar omitió el pedido de San Martín de unir ambos ejércitos y de este modo terminar en forma rápida la guerra.


El contexto internacional

En Europa estaba vigente una alianza de los reinos más poderosos del momento, llamada “La Santa Alianza”. Se había formado luego de la derrota de Napoleón y estaba compuesta por Austria, Prusia, Inglaterra, Rusia y Francia. La forma de gobierno consentida en Europa era la monarquía constitucional y el sistema republicano era pensado como una fuente de anarquía y desorden.


Campañas de San Martín

Las tropas rioplatenses, reunidas con las chilenas, derrotaron a los realistas en la batalla de Maipú, 5 abril de 1818, cerca de Santiago de Chile. El próximo paso en el plan de San Martín era la conquista del Perú. Era preciso el dominio de Océano Pacífico, que, por el momento, lo ejercía la flota española. Se creó una escuadra argentino/chilena concediendo el mando al almirante ingles Thomás Cochrane. Esta fuerza naval libró varios combates derrotando a la flota española del Pacífico y despejando el camino para la expedición a Lima. El 20 de agosto de 1820 partían las naves de la expedición al Perú desde Valparaíso, al mando de Cochrane, mientras las fuerzas terrestres estaban al mando de San Martín, que también era el general en jefe de toda la fuerza, tanto naval como terrestre. Luego de algunas escaramuzas los realistas decidieron abandonar Lima sin librar batalla. El 5 de julo de 1821 se retiraron de la ciudad dejando el terreno abierto para San Martín, quien se instaló con su ejército en Lima, declaró la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 y asumió la jefatura del gobierno con el título de Protector del Perú.

En mayo de 1822, San Martín puso en marcha el último plan de batalla. Desde el puerto de El Callao, en Perú, donde ejercía como Protector, envió un emisario a Santiago de Chile y a Buenos Aires. Necesitaba 1500 hombres más, bien armados y dispuestos, para terminar definitivamente la guerra contra el imperio español. Pero Buenos Aires, dominada por Martín Rodríguez y Rivadavia, despreocupada por la suerte del resto del continente americano, no estaba dispuesta a colaborar con el general al que creía un enemigo político.

En Perú, el panorama era más confuso que alentador y las fuerzas realistas se reagrupaban, alentando las desconfianzas y quejas contra San Martín. Sólo quedaba entonces una solución: acudir a la ayuda de los ejércitos bolivarianos, que luchaban en el norte del subcontinente.


Campañas de Bolívar

Mientras tanto, Bolívar, luego de algunas derrotas militares que lo alejaron del Continente, a partir del año 1818 volcó la situación definitivamente a favor de los patriotas y desde entonces prácticamente su avance se hizo imparable. Bolívar venció a los realistas en la Batalla de Boyacá, el 7 de agosto de 1819 y durante los próximos dos años, la oposición fue completamente eliminada. El 24 de junio de 1821 en la Batalla de Carabobo obtuvo una victoria decisiva sobre el ejército español.


Situación de Guayaquil

Mientras esto acontecía, en octubre de 1820, el Puerto de Guayaquil proclamó su independencia de España. José Joaquín de Olmedo, designado jefe político de la provincia convocó a un cabildo abierto el cual se reunió el 9 de octubre. En él se decidió nombrar y ratificar autoridades, siempre y cuando juraran lealtad al nuevo régimen independiente.

Al poco tiempo, el general venezolano Antonio José de Sucre, entró con sus tropas en Guayaquil y firmó otro acuerdo entre la Junta de Guayaquil y el Gobierno de Colombia. Pero las fuerzas de Sucre fueron derrotadas por el general español, Aymerich, por lo que la junta guayaquileña, con fecha 17 de septiembre de 1821, se dirigió a San Martín, solicitándole auxilio militar. San Martín envió la división del norte, al mando de Andrés de Santa Cruz que estaba compuesta por tropas del Río de la Plata, chilenas, peruanas, y los Granaderos a Caballo, la elite del ejército de San Martín. Se reunieron ambas fuerzas y Sucre avanzó con su ejército hasta las lomas de Pichincha, donde el día 24 triunfó el ejército libertador. El 29 de mayo de 1822 Quito quedaba incorporado a la República de Colombia.

Las intenciones de San Martín y de Bolívar con respecto de la provincia de Guayaquil eran distintas: mientras San Martín proponía para determinar el futuro de Guayaquil una consulta con el voto de la provincia, Bolívar entendía que Guayaquil era parte de Colombia y que ella por sí no podía determinar acerca de su independencia o de su anexión al Perú. Estaba decidido a incorporar la provincia a Colombia. Llegó a Guayaquil el 11 de julio y aquel mismo día se presentó ante el Cabildo, donde se discutió la incorporación de Guayaquil a Colombia, produciéndose la anexión el 13 de julio de 1822.


La Entrevista

Recordemos las palabras de San Martín, antes de emprender viaje hacia Guayaquil.
“Voy a encontrar en Guayaquil, al libertador de Colombia; los intereses generales de ambos estados, la enérgica terminación de la guerra que sostenemos y la estabilidad del destino a que con rapidez se acerca la América, hacen de nuestra entrevista necesaria. El orden de los acontecimientos nos ha constituido en alto grado responsables del éxito de esta sublime empresa.”
Sin estar al corriente de estos hechos, el 14 de julio, el Protector zarpó del Callao a bordo de la goleta "Macedonia", rumbo a Guayaquil. El día 25 fondeaba en la isla de Puná situada en la entrada de la ciudad. Allí encontró que Bolívar había resuelto en forma definitiva y unilateral el problema en torno a esa provincia y que los miembros de la junta y algunos simpatizantes de su anexión al Perú se habían refugiado en los barcos de la escuadra peruana surtos en dicho puerto.

Al mediodía del 26 de julio de 1822, descendió San Martín con su comitiva y una pequeña escolta. Desde el muelle hasta la casa escogida para el encuentro de los dos libertadores había formado un batallón de infantería que hizo los honores que, por su alta graduación y rango, se le debían. Al llegar a la residencia, Bolívar lo esperaba al pie de la escalera. Comenzaron enseguida las felicitaciones de las corporaciones, de las diversas personalidades y de las damas guayaquileñas. Concluido el ceremonial del recibimiento, ambos libertadores tuvieron su primera entrevista en tierra, la cual fue a puertas cerradas y sin testigos, prolongándose por espacio de hora y media. La tarde del mismo 26, el Protector visitó a Bolívar en su casa, teniendo ambos caudillos una nueva entrevista confidencial, aunque esta vez más corta, pues duró aproximadamente una media hora. Al término de ella, el Protector se retiró a su alojamiento, donde en aquella noche del 26 recibió el saludo de numerosísimas personas.

El día 27 sería el último de permanencia en Guayaquil de San Martín. Antes de ir a visitar nuevamente al Libertador, dejó arreglado todo el equipaje, porque tenía la intención de partir inmediatamente después de su asistencia a la fiesta, que en su honor, se daría esa noche en el Cabildo. Al mediodía el Protector abandonó su alojamiento y se trasladó a casa del Libertador, donde sostuvo con éste una tercera entrevista que se prolongó de la una a las cinco de la tarde. Luego, ambos se trasladaron a un gran salón donde se llevó a cabo un banquete. Más tarde, San Martín asistió al baile ofrecido en su honor. A la una de la mañana, del ya 28 de julio, el Protector comunicó al Libertador su retiro, el cual se llevó a cabo en forma sigilosa, sin que nadie se diese cuenta, a través de una puerta excusada. Después de más de 20 días de travesía, San Martín llegó a Lima el 19 de agosto, siendo aclamado vivamente por el pueblo.


Lo esencial de la entrevista de Guayaquil

San Martín le propone a Bolívar, en enero de 1822, dialogar sobre los intereses generales de ambos Estados, la enérgica terminación de la guerra que sostenemos y la estabilidad del destino que con rapidez se acerca a América. El encuentro es diferido como consecuencia de las maniobras militares de Bolívar en Quito. Se agudiza la cuestión de la soberanía de Guayaquil. Bolívar sostiene la tesis de que Guayaquil forma parte de Colombia. San Martín razona de manera diferente. Dice: siempre he creído que en tan delicado negocio, el voto espontáneo de Guayaquil sería el principio que fijase la conducta de los Estados limítrofes, a ninguno de los cuales compete prevenir por la fuerza la deliberación de los pueblos. 

San Martín, ya en su retiro voluntario, escribe a su querido amigo Tomás Guido, en setiembre de 1822: 
“Lo diré a usted sin doblez. Bolívar y yo no cabemos en el Perú. He penetrado sus miras arrojadas, he comprendido su desabrimiento por la gloria que pudiera caberme en la prosecución de la campaña. Él no excusará medios, por audaces que fuesen, para penetrar en esta república seguido de sus tropas y, quizás entonces, no me sería dado evitar un conflicto a que la fatalidad pudiera llevarnos, dando así al mundo un humillante escándalo. Los despojos del triunfo, de cualquier lado a que se incline la fortuna, los recogerían los maturrangos, nuestros implacables enemigos, y apareceríamos convertidos en instrumentos de pasiones mezquinas. No seré yo, mi amigo, quien deje tal legado a mi patria, y preferiría perecer antes que hacer alarde de laureles recogidos a semejante precio. ¡Eso no!”
Historiadores bolivarianos han puesto en duda, desde el año 1941, la autenticidad de la carta de San Martín a Bolívar, fechada el 29 de agosto, a la que hemos hecho referencia y que fue publicada en Francia e Italia por Gabriel Lafond de Lurcy, en el año 1843. En consecuencia, resulta ineludible presentar otras cartas posteriores de San Martín que confirman plenamente la “carta de Lafond”. San Martín escribe a Guillermo Miller desde Bruselas, el 19 de abril de 1827: 
“En cuanto a mi viaje a Guayaquil, él no tuvo otro objeto que el de reclamar del general Bolívar los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra del Perú. Auxilios que una justa retribución (prescindiendo de los intereses generales de América) lo exigía por lo que el Perú tan generosamente había prestado para libertar el territorio de Colombia. Mi confianza en el buen resultado estaba tanto más fundada, cuanto el ejército de Colombia después de la batalla de Pichincha se había aumentado con los prisioneros y contaba con 9.600 bayonetas. Pero mis esperanzas fueron burladas al ver que en mi primera conferencia con el Libertador me declaró que, haciendo todos los esfuerzos posibles, sólo podría desprenderse de tres batallones con la fuerza total de 1.070 plazas. Estos auxilios no me parecieron suficientes para terminar la guerra, pues estaba convencido que el buen éxito de ella no podía esperarse sin la activa y eficaz colaboración de todas las fuerzas de Colombia. Así es que mi resolución fue tomada en el acto, creyendo de mi deber hacer el último sacrificio en beneficio del Perú. Al día siguiente y en presencia del vicealmirante Blanco, dije al Libertador que habiendo dejado convocado al Congreso para el próximo mes, el día de su instalación sería el último de mi permanencia en el Perú, agregando: ahora le queda a Ud. a poner el último sello a la libertad de América.”
San Martín se refiere nuevamente a la entrevista de Guayaquil muchos años después. En carta al presidente del Perú, mariscal Ramón Castilla
“Boulogne-sur-Mer, 11 de setiembre de 1848. Yo hubiera tenido la más completa satisfacción habiéndola puesto fin con la terminación de la guerra de la independencia en el Perú, pero mi entrevista en Guayaquil con el general Bolívar me convenció (no obstante sus protestas) que el solo obstáculo de su venida al Perú con el ejército de su mando no era otro que la presencia del general San Martín, a pesar de la sinceridad con que le ofrecí ponerme bajo sus órdenes con todas las fuerzas que yo disponía. Si algún servicio tiene que agradecerme la América, es el de mi retirada de Lima, paso que no sólo comprometía mi honor y reputación, sino que me era tanto más sensible cuanto que conocía que con las fuerzas reunidas de Colombia, la guerra de la independencia hubiera terminado en todo el año 23. Pero este honroso sacrificio, y el no pequeño de tener que guardar un silencio absoluto (tan necesario en aquellas circunstancias) de los motivos que me obligaron a dar ese paso, son esfuerzos que Ud. podrá calcular y que no está al alcance de todos poderlos apreciar.” 

Reflexiones de Bolivar

Bolívar comenta a Santander la posibilidad de irse fuera del país, y agrega: “Lo que lograré ciertamente, o sigo el ejemplo de San Martín.” (Pativilca, 7 de enero de 1824). Está tentado a renunciar al mando por el horrible peligro de las disensiones civiles. Le escribe al presidente del Congreso, diciendo: “No ha mucho tiempo que el Protector del Perú me ha dado un terrible ejemplo, y sería grande mi dolor si tuviese que imitarle.” (Pativilca, 9 de enero de 1824). El retiro voluntario de San Martín es juzgado por Bolívar, en el tiempo de su templanza, con espíritu de justicia. 

En consecuencia: ¿por qué extrañarse cuando Bolívar sublima el ejemplo dado por San Martín? Bolívar reflexiona (Bolívar a Sucre, Cuartel General de Chancay, 7 de noviembre de 1824): 
"Hay que tener en cuenta que el genio de San Martín nos hace falta y sólo ahora comprendo el porqué cedió el paso para no entorpecer la libertad que con tanto sacrificio había conseguido para tres pueblos.” 
Monumento en Guayaquil a los Libertadores Bolívar y San Martín terminado en 1938.

Conclusiones

San Martín fue a Guayaquil a solicitar la unión de los dos ejércitos para terminar la guerra de la independencia de América del Sur. En los días previos al encuentro también había solicitado refuerzos a Chile y las provincias del norte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Además le propuso a Bolívar la Jefatura Suprema del que tendría que ser el ejército unido libertador y le ofreció servir a sus órdenes, pero en vista que Bolívar no aceptó, San Martín decidió dejarle campo libre para que Bolívar concluyera dicha gesta libertadora. Guardó el secreto de lo tratado en la entrevista para mantener incólume la unidad sudamericana. A juicio de San Martín, los resultados de la entrevista son desconsoladores. La desinteligencia era manifiesta puesto que no se había logrado el acuerdo para que ambos Libertadores terminaran, juntos y prontamente, la guerra de la independencia. 

Los primeros informes de Bolívar omiten el pedido de refuerzos para terminar la guerra que había hecho San Martín, pero sus allegados señalan que San Martín expresó la necesidad de la ayuda del ejército colombiano para terminar la guerra. Lo que está claro es que Bolívar no pudo o no quiso aunar ambos ejércitos y dirigir la guerra contra los españoles en el Perú bajo una sola jefatura.

Como conclusión, puede decirse que el tema militar fue el punto central de la entrevista y que al producirse el desencuentro se produjo también el desencanto. Ambos personajes no quedaron satisfechos con la entrevista y es por ello que en sus testimonios se trasluce ese desconcierto y esa desilusión.