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martes, 17 de octubre de 2017

Cine e Historia - "Un puente demasiado lejos"


Título original: A Bridge Too Far
Año: 1977
Duración: 175min.
País: Reino Unido
Director: Richard Attenborough.
Guión: William Goldman (Novela: Cornelius Ryan).
Productora: United Artists
Reparto:  Sean Connery,  Edward Fox,  James Caan,  Dirk Bogarde,  Michael Caine, Robert Redford,  Anthony Hopkins,  Liv Ullmann,  Maximilian Schell,  Gene Hackman, Ryan O'Neal,  Laurence Olivier,  Elliott Gould,  Hardy Krüger,  Siem Vroom, Marlies van Alcmaer,  Wolfgang Preiss,  Josephine Peeper,  Paul Maxwell, Walter Kohut,  Peter Faber,  Frank Grimes,  Jeremy Kemp,  Donald Pickering, Donald Douglas,  Peter Settelen,  Stephen Moore,  Michael Byrne,  Paul Copley, Nicholas Campbell,  Gerald Sim,  Harry Ditson,  Erik Chitty,  Brian Hawksley, Colin Farrell,  Christopher Good,  Norman Gregory,  Alun Armstrong,  Anthony Milner, Barry McCarthy,  Lex van Delden,  Michael Wolf,  Tim Beekman,  Edward Seckerson, Tom van Beek,  Arthur Hill.
Música: John Addison. 
Fotografía: Geoffrey Unsworth.
Premios: 1977: Premios BAFTA: Mejor actor secundario (Edward Fox) y fotografía. 6 nominaciones

Sinopsis: En septiembre de 1944, alentados por el éxito de la invasión de Normandía, los aliados emprendieron con determinación la operación "Market Garden", un arriesgado plan para poner fin lo antes posible a la guerra, invadiendo Alemania y destruyendo la industria bélica de Hitler. La clave era conquistar varios puentes por los que pasarían las tropas. No obstante, las estrategias en el campo de batalla, combinadas con los errores del servicio de información, la mala suerte y las pésimas condiciones climáticas condujeron la operación a un completo desastre.


Ante la detención del avance aliado en la frontera alemana, el mariscal Montgomery planea una audaz operación aerotransportada, denominada en clave Market Garden, que tiene como objetivo la captura de cuatro puentes estratégicos para invadir Alemania desde Holanda. De ellos, el objetivo crucial se encuentra en Arnhem, donde la captura del puente sobre el Rin es la clave de toda la operación. Dicho objetivo queda asignado a la 1ª división aerotransportada británica del general Roy Urquhart (Sean Connery), que se verá situado en el centro de una durísima batalla por el control del estratégico puente de Arnhem.

Roy Urquhart es interpretado en la película por Sean Connery

La acción nos traslada a septiembre de 1944. El Alto Mando aliado, entusiasmado por el éxito de Normandía y la liberación de más de media Francia, incluyendo París, concibe una ambiciosa operación para poner fin rápidamente a la guerra. Esta consiste en una combinación de audaces golpes de mano tras las líneas alemanas, una cadena de tres ataques simultáneos en la ruta que va del noreste de Francia al centro de Holanda para, desde allí, una vez despejado el panorama de enemigos, cruzar la frontera alemana directamente hacia el corazón industrial del Reich, y así ocuparlo y destruirlo y obligar a Hitler a rendirse. El punto decisivo: el puente que las tropas blindadas angloamericanas han de cruzar para cumplir con los objetivos, en la ciudad holandesa de Arnhem. La toma de este puente se convierte en el hecho central de la operación, pero las deficiencias estratégicas, producto de la ansiedad y la precipitación, las condiciones climáticas, la enconada resistencia alemana, subestimada por culpa de los errores de los servicios de inteligencia, y unas buenas dosis de mala suerte, se conjugarán para dar un buen revés a los Aliados.

Lo más destacable de esta película es la rigurosidad, histórica en la narración de los hechos y combates que se produjeron, y las causas de la derrota aliada (mal funcionamiento de las radios, fuerte resistencia alemana, mal tiempo). Por otra parte, el apartado técnico es magnífico.

El filme tiene una pequeña introducción que hace hincapié en la animadversión mutua entre los generales Montgomery (británico, en el norte) y Patton, (norteamericano, en el sur); no había suministros suficientes para ambos ejércitos, y cada uno de ellos quería ser el vencedor sobre Alemania. "Cada uno de ellos quería ser el primero en llegar a Berlín", señala. Puede ver la película aquí


Antes de sumergirnos en la historia, quisiera agregar que la película se conoció en España como "Un puente lejano". Personalmente, opino que es mucho mejor el título con que fue exhibida en hispanoamérica. Además de ser más fiel la traducción, da una mejor idea de lo exageradamente ambicioso de su propósito, que terminaría en el sacrificio inútil de muchos hombres.


Mientras los Ejércitos aliados se aproximaban lentamente a las fronteras de Alemania, la resistencia enemiga se endurecía. El general Dempsey, que dirigía las operaciones del Ejército 2 británico, advertía continuas señales de la cada vez más resuelta defensa opuesta por los alemanes. Muchas veces, sus vanguardias se vieron forzadas a detenerse frente a las unidades formadas por la Hitler Jugend. Estos combatientes fanáticos, atrincherados en grupos aislados de casas u ocultos en los pantanos inaccesibles, defendían con encarnizamiento las puertas de su patria. Fue en estas circunstancias cuando Montgomerv concibió el plan de romper rápidamente la linea defensiva alemana mediante una serie de lanzamientos de paracaidistas. Esperaba que la conquista de determinado número de puentes entre la frontera holandesa y el Bajo Rhin abriría camino al Ejército 2, permitiéndole avanzar velozmente a través de Holanda para penetrar en las llanuras de Alemania septentrional. Teniendo en cuenta que el impulso inicial del avance aliado había experimentado una disminución de su ritmo a fines de la primera semana de septiembre, Montgomery tuvo la seguridad de que aquel era precisamente el momento más oportuno para emplear las fuerzas aerotransportadas. Tras la conquista de los puentes holandeses, podrían lanzar el Ejército 2 a un ataque que le situaría en un extenso frente vuelto hacia el Este, entre Arnhem y Zwolle; por lo tanto, una vez constituida una profunda cabeza de puente a través del Ijseel Meer, se encontraría en una posición muy fuerte, desde la que podría desencadenar aquel “poderoso y violento golpe al corazón de Alemania” que había decidido lanzar. Los principales puentes por conquistar eran cinco: uno, en el canal Wilhehnina, a más de 30 km de la frontera holandesa; otro. en el canal Zuid Willensvaart, 16 km más al Norte, y los otros tres, respectivamente, en el Mosa, en el Waal y en el Bajo Rhin. Se lanzaría una división del Ejército aerotransportada en la zona comprendida entre Eindhoven y Uden, con el fin de conquistar los dos puentes sobre los canales y para desembarazar el camino entre uno y otro; una segunda división debería asegurarse la posesión del puente sobre el Mosa, en Grave, y del que cruza el Waal, en Nimega, mientras una tercera seria lanzada en Arnhem para ocupar el punto de cruce del Bajo Rhin, de 135 metros de ancho. Se trataba de un plan ambicioso, pero audaz y genial, y de haber tenido éxito las ventajas habrían sido incalculables. En efecto, se habría envuelto la Línea Sigfrido, con lo que los Aliados hubieran dispuesto de un trampolín de lanzamiento para entrar en territorio alemán, y además, una vez que Ejército 2 hubiese iniciado su avance hacia el Ijssel Meer, todas las unidades alemanas presentes en Holanda occidental habrían quedado aisladas.

Cuando el general Urquhart fue convocado al puesto de mando de su Cuerpo de Ejército, no tardó en darse cuenta de que se trataba verdaderamente de un cometido dificilísimo. El comandante del Cuerpo de Ejército, teniente general F. A. M. Browning, le Comunicó que la División 101 norteamericana efectuaría el lanzamiento al norte de Eindhoven para conquistar la ciudad, los cuatro puentes ferroviarios y de carreteras sobre el río Aa y el canal Zuid Willemsvaart, en VecheL así como los puentes sobre el Dommel, en St. Oedenrode, y sobre el canal Wilhelmina, en Son. Al mismo tiempo, la División 82 norteamericana conquistaría los puentes sobre el Mosa, en Grave, y sobre el Waal, en Mimega Luego, Browníng, trazando otro amplio circulo sobre el plano cubierto con una espesa hoja de material transparente,”con un amplio gesto de la mano”, como relató Urquhart, habla rematado: “Este es el puente de Arnhem, es preciso poseerlo a toda costa”. La operación, a la que se denominó convencionalmente “Market Garden”, era la operación de desembarco aéreo más ambiciosa que se había proyectado hasta entonces. A pesar de ello. se tuvo que proyectar en todos sus detalles en sólo seis días. Y la elaboración del plan presentaba enormes dificultades. Los mayores problemas, relacionados con las misiones específicas de la división de Urquhart, eran dos: la penuria de aviones de transporte y la convicción de que la artillería antiaérea en el sector de Arnhem era demasiado potente para permitir el lanzamiento de las inmediatas proximidades del puente y en ambas orillas del río. La prioridad en lo que respecta a aviones, afirmó Browning cuando Urquhart le pidió un número mayor para la división británica, debía concederse a los norteamericanos. Era obvio que la conquista del puente de Arnhem no tendría ninguna finalidad si los norteamericanos no lograban conquistar los del Mosa y del Waal. Así, mientras los paracaidistas de las dos divisiones norteamericanas tomarían tierra en Holanda en un sólo lanzamiento, la división británica seria transportada en tres oleadas sucesivas, ya que no había más aviones disponibles. Eran muy graves los peligros que entrañaba este fraccionamiento de la división. En efecto, los hombres de la primera oleada deberían llevar a término con éxito, una doble misión: apoderarse de los puentes y proteger el aterrizaje de los que los seguirían. Y aunque se admitiera que con el primer lanzamiento se podría efectuar un ataque por sorpresa, el enemigo tendría tiempo suficiente para organizar la defensa en el intervalo de tiempo entre la primera oleada y las siguientes. 


La Operación “Market Garden”, se inició la mañana del domingo 17 de septiembre de 1944. El tiempo correspondía a las previsiones meteorológicas: vientos débiles y visibilidad buena; a las 10 horas los escasos bancos de nubes estratificadas se habían aclarado. Los soldados empezaron a ocupar sus puestos en los aviones en ocho aeródromos británicos y 14 norteamericanos, que se extendían desde Dorsetshire a Lincolnshire. Los americanos se dirigirían a sus objetivos de Grave y Nimega y los ingleses sobre Arnhem. Los Aliados creían que la amenaza más seria la representaba la artillería antiaérea y las posibles pérdidas se habían calculado alrededor del 40% de los planeadores y de los aviones de transporte. Mas la artillería antiaérea estaba muy lejos de la potencia temida y las pérdidas de aviones de transporte, de un total de 1545 aparatos y 478 planeadores, fueron muy limitadas; en cuanto a los monoplazas FockeWulf y a los Messerschmiu con que se enfrentaron, atacaron a los cazas de escolta, pero no las formaciones principales. La División 82 norteamericana de Gavin tomó tierra en las cercanías de Grave y de Nimega sin contratiempos. Uno de sus batallones, que tomó tierra a ambos lados del puente sobre el Mosa lo conquistó en una hora. Seis horas después, otras unidades de su división conquistaron un segundo puente, sobre el canal Mosa-Waal, y penetraron hacia el Este, hasta las orillas de Reichswald. La resistencia enemiga fue arrollada rápidamente y el general Gavin sólo encontró una oposición seria cuando mandó un batallón en dirección Norte, para conquistar el puente sobre el Waal. Mientras tanto, más al Sur, la División 101 norteamericana de Maxwell Taylor habla actuado con igual rapidez, obteniendo éxitos iniciales comparables a los de la División 82. Los aviones fueron objeto de un potente fuego antiaéreo mientras se aproximaban a Eindhoven, pero sufrieron pocos daños, y los norteamericanos, apenas hubieron aterrizado, avanzaron rápidamente y neutralizaron la esporádica resistencia. Conquistaron todos los puentes sobre el canal Zuid Willemsvaart, en Vechel y, aunque el puente que atravesaba el canal Wilhelmina, en Son, había sido volado por los alemanes, un regimiento paracaidista logró atravesar el canal durante la noche y avanzó hacia el Sur, penetrando en la periferia de Eindhoven y abriendo un angosto paso para las fuerzas acorazadas británicas. Habla comenzado el ataque. El general Horrocks, desde el tejado de una fábrica en las orillas del canal Mosa-Escalda, había presenciado el paso de las oleadas de aviones, y cursó al Cuerpo de Ejército XXX las órdenes para que comenzara la acción. Antes de la noche, los americanos y los ingleses enlazaron en Eindhoven: el estrecho corredor hacia Arnhem había quedado abierto hasta Nimega.

La reacción alemana
El general Willi Bittrich era el comandante del II Panzerkorps SS. Dos divisiones de este Cuerpo, la 9ª y la 10ª Panzerdivisionen, se estaban reorganizando y tomando nuevamente posiciones al norte y este de Arnhem. Otras unidades escogidas, comparables a la Hermann Goering y a los Alpen Jäger estaban estacionadas en los suburbios de la ciudad, en los bosques, en los cuarteles del Ejército holandés a lo largo de la carretera a Nimega. En la zona de Arnhem había también tres bata!Iones de infantería, muy fuertes y perfectamente adiestrados; diversos batallones FIiegerhorst, formados por personal de Aviación de los servicios de tierra; muchos miembros del personal de la Marina que había formado parte de las defensas costeras ahora abandonadas, incluyendo artilleros; SS holandeses mandados por un oficial alemán, así corno bastantes baterías antiaéreas. Sin embargo, no eran estas unidades las que constituían la verdadera amenaza para el buen resultado de la empresa de la División británica, sino los 8500 hombres de las 9ª y 10ª Panzerdivisionen de las Waffen SS, al mando del general Willi Bittrich. 

Willi Bittrich es interpretado por Maximilian Schell

Bittrich, alto, rígido, de buena presencia, dotado de una inteligencia nada común, era uno de los generales de las Waffen SS más apreciados en el Ejército alemán. Tenla gustos refinados, modales distinguidos y un agradable sentido del humor. Era también un hombre de mente muy ágil, y aquel domingo por la tarde, cuando Model llegó a su puesto de mando, hacia las 15, ya habla intuido cual era el carácter de la amenaza aliada y tomado las disposiciones necesarias para enfrentarse con ella. Un grupo táctico de la 9ª Panzerdivision SS estaba ya en marcha hacia la zona de aterrizaje, con la orden de aniquilar a las tropas enemigas que habían tornado tierra en Oosterbeek, al oeste de Arnhem. “Es necesario atacar sin dilación —añadía a la orden—. El cometido esencial es ocupar y defender el puente.” También estaban en movimiento algunas unidades de la División 10, pero en dirección a Arnhem. Bittrich había intuido inmediatamente que tan importante era impedir la previsible intención aliada de realizar el enlace con las vanguardias del Ejército 2 como destruir las tropas aerotransportadas que habían penetrado al norte del Bajo Rhin. Y como era evidente que el Ejército 2 intentarla avanzar hasta Amhem a través de Nimega, la División 10 recibió la orden de trasladarse a esta localidad. “Pronto eliminaremos la amenaza británica al norte del Bajo Rhin”, afirmaba confiadamente Bittrich. “No debemos olvidar que los soldados británicos no obran con iniciativa propia cuando combaten en poblaciones y, en consecuencia, cuando sus oficiales tienen dificultades en ejercer el mando los soldados se muestran habilísimos en la defensa, pero nada temibles en lo que se refiere al ataque”. El éxito de este plan estaba condicionado especialmente por la capacidad que tuvieran las unidades que primero establecieran contacto con los paracaidistas británicos de detener el avance inicial desde las zonas de aterrizaje. Y en este aspecto Bittrich tuvo la fortuna de poder disponer, para esta operación, de reclutas de refresco y entusiastas, formados en su mayor parte por jovenzuelos de 17 a 19 años, entre los cuales se encontraba también un batallón de reclutas de la SS, al mando del comandante Sepp Kraft. “El único modo de neutralizar un ataque aerotransportado cuando se dispone de fuerzas menores —según Kraft— era hacerle frente inmediatamente con decisión.” Y Kraft estaba decidido a llevar a la práctica su máxima. Destacó una compañía hacia las zonas de aterrizaje a fin de que se empeñase en una acción retardadora; luego, desplegó el resto de sus hombres —unos 400— en una línea defensiva avanzada a través de la carretera que llevaba a Arnhem, con la orden de resistir en las posiciones en espera de los refuerzos de la 9ª División, que intervendría con las autoametralladoras, los carros de combate ligeros y la artillería. 

Comienzan los problemas
Para los hombres de la división británica aerotransportada las desventuras empezaron inmediatamente después del aterrizaje. La 1ª Compañía Autónoma paracaidista había tomado tierra apenas sin incidentes y pudo extender por los campos las cintas de nylon colorado que señalarían el lugar a las siguientes oleadas. La artillería antiaérea enemiga sólo había abatido siete aviones de la primera oleada, pero, en cambio, se perdieron bastantes planeadores durante el trayecto, sobre, todo a causa de la rotura de los cables de remolque, y precisamente se trataba de los planeadores que transportaban casi todos los vehículos del primer escuadrón de exploración aerotransportado, el que tenla la misión de guiar el avance hacia los puentes. En vanguardia se encontraba el Batallón II de la 1ª Brigada paracaidista del general G. W. Lathbury. El teniente coronel John D. Frost, que mandaba este batallón, no dejó de advertir que los habitantes del lugar, hombres, mujeres y muchachos, se había agrupado alrededor de los soldados apenas éstos empezaron a avanzar desde las zonas de aterrizaje, y les ofrecían manzanas, Peras, tazones de leche y tazas de té. Los ingleses se retrasaban para aceptar tos regalos y para demostrar su agradecimiento a aquella población tan cordial, que creía que la guerra ya había terminado. Pero todas estas cortesías hicieron aún más lenta la marcha, ya frenada por la natural precaución de los hombres. Otra causa del retraso la constituyeron los planos, muchos de los cuales se habían compilado con una imprecisión increíble y registraban, como, se lamentó un comandante de compañía, solo una pequeña parte de las carreteras existentes. La carretera por la que se encaminaron los: hombres del coronel Frost era la más meridional de las que conducían a Arnhem y pasaba a través de Heelsum y al sur de Oosterbeek. Era también la única cuya defensa era más bien débil, a consecuencia de las contramedidas tomadas por los alemanes; pero la resistencia enemiga, aunque nada tenaz ni bien organizada, fue lo suficientemente obstinada para dificultar el avance de los ingleses, y para obligarles, de vez en cuando, a detenerse. 

El general Urquhart, cuyos aparatos de radio habían demostrado ser del todo inadecuados como medios de comunicación con los comandantes subordinados, se vio obligado a adelantarse personalmente para pedir al Batallón II que acelerase su avance. Dentro de poco caería la oscuridad y los puentes de Arnhem estaban todavía distantes. El Batallón III de la brigada de Lathbury, al mando del teniente coronel J. A. C. Fitch, se encontraba en dificultades y avanzaba lentamente, siguiendo la carretera más al Norte, que atravesaba Oosterbeek. Pero cuando llegó a una encrucijada, a unos 3 km de la ciudad (donde cayó el general Kussin, comandante alemán de la zona de Amhem, quien llegaba a toda velocidad del pueblo de Woliheze en un Citroën del Estado Mayor), la sección de cabeza, y con ella todo el batallón, se encontró sometida a un intenso fuego de los morteros pesados alemanes. El Batallón III estuvo detenido bastantes minutos en aquella posición peligrosa y expuesta a la acción mortífera de las bombas, mientras los hombres caían por todas partes, muertos o heridos por los pesados proyectiles que estallaban entre los árboles. Luego, el general Lathbury comprendió que “detenerse por más tiempo en aquella encrucijada equivalía a un suicidio” y ordenó al coronel Fitch que reanudase el avance. Pero el Batallón III no pudo llevar a cabo grandes progresos. Los hombres de Sepp Kraft, que habían recibido ya el refuerzo del grupo táctico de la División 9, se defendían bien, apoyados por un gran número de cañones autopropulsados, y en la periferia de Oosterbeek impusieron a los ingleses una nueva detención. 

En el bando alemán, no hubo un «General Ludwig». El personaje interpretado por Hardy Kruger es una composición de los generales Walter Harzer y Heinz Harmel. (Heinz Harmel no autorizó que su nombre se mencionara en la película), de la 9.ª División Panzer de la SS Hohenstaufen y la 10.ª División Panzer Frundsberg respectivamente. En la reunión entre «Ludwig» y Bittrich, justo después de los primeros aterrizajes británicos, Bittrich comenta que irá a Arnhem y que Ludwig debería ir a Nimega. En realidad, a la 9.ª SS de Harzer se le ordenó ir a Arnhem y a la 10.ª SS de Harmel, a Nimega.

Como entre tanto ya había caído la noche, Lathbury aconsejó al coronel Fitch que concediera a sus hombres un' par de horas de descanso. Se enviaron algunas patrullas de reconocimiento hacia Arnhem y se advirtió al coronel Frost que el Batallón III no debía intentar llegar al puente hasta la mañana siguiente. Pero ni siquiera el Batallón I, de la brigada de Lathbury, podría llegar al puente antes de la mañana. Al principio, este batallón, mandado por el teniente coronel David Dobie, había recibido la orden de dirigirse a las alturas al norte de Arnhem y bloquear la carretera que conducía a la ciudad. Pero, en seguida, al norte del Wofiteze, se había visto envuelto en un encarnizado combate con los medios acorazados, la artillería' y la infantería del enemigo. Después de sufrir muchísimas pérdidas, el coronel Doble comprendió que las fuerzas alemanas, situadas en las posiciones al norte de la ciudad, eran demasiado importantes para que las suyas pudieran ocuparlas, conforme preveía el plan, y dio la orden de avanzar hacia el puente apenas apuntase el alba. El coronel Frost, que mientras tanto había llegado al puente, tenía urgente necesidad del apoyo de Dobie, porque ya no contaba más que con unos 500 hombres. 

A la 3ª Compañía de Frost se la había destacado para guarnecer el puente ferroviario; pero dicho puente había saltado por los aires antes de que pudieran llegar a él; ahora la compañía se encontraba bloqueada en la ciudad, donde estaba empeñada en combate cerca de la estación ferroviaria. Con las tropas de que disponía, Frost logró situarse en el extremo septentrional del puente y ocupar los edificios situados a su alrededor. Pero dos valientes intentos de conquistar el extremo meridional habían sido rechazados. El enemigo estaba recibiendo refuerzos de infantería, artillería y de modernos carros de combate Königstiger, mientras Frost sólo tenía poquísimas esperanzas, de recibir a su vez refuerzos. El general Urquhart —él mismo lo confesaría más tarde— ya se daba cuenta de que “estaba perdiendo la iniciativa de la batalla”. Como no podía dirigir por radio las operaciones de la división, decidió permanecer con el general Lathbury, quien se encontraba con las unidades avanzadas del Batallón III. El lunes por la mañana, el batallón continuó su avance hacia Arnhem, y no tardó en verse empeñado en una violenta y desordenada batalla contra los carros de combate y los cañones autopropulsados alemanes en las cercanías del hospital católico de Santa Isabel. La confusión empeoró cuando el Batallón I del coronel Dobie, que intentaba irrumpir desde el puente, se convirtió en blanco de un intenso fuego por parte de morteros, autoametralladoras, carros de combate y tiradores escogidos, que se encontraban en las cercanías de la estación ferroviaria, cerca del hospital. “Parecía corno si los alemanes tuvieran centenares de carros de combate”, comentó un soldado inglés. “Se velan y se oían por todas partes. Tenían más morteros que nosotros y los sabían utilizar muy bien. Las granadas nos caían encima sin interrupción”. Y ya no se trataba solamente de las granadas enemigas, sino que además, en las unidades británicas se había producido tal confusión y tal fraccionamiento que ya no era posible distinguir a los amigos de los enemigos o saber en qué casas se habían atrincherado los paracaidistas británicos y en cuáles los alemanes. 


En medio de este desbarajuste, el general Lathbury fue alcanzado y paralizado por una bala que le hirió en la columna vertebral, y el general Urquhart, rodeado por los Panzergrenadier, se vio obligado a esconderse en el ático de una casa, y allí hubo de permanecer toda la noche junto con el comandante de un pelotón del Batallón III y con un oficial del Servicio de Información. Un cañón autopropulsado alemán estaba situado justamente bajo la ventana. El mando de la división pasó entonces a manos del general de brigada Hicks. El día anterior su brigada había defendido las zonas de aterrizaje; pero ahora que la brigada de Lathbury se estaba desintegrando, era evidente que su misión esencial iba a ser la de acudir en ayuda de los destacamentos que se obstinaban en el intento de llegar al puente. Hicks no podía valorar cuantas eran las unidades todavía eficaces de la brigada de Lathbury, porque, en la práctica, no existían verdaderos enlaces radio. Varios de estos aparatos habían sido destruidos y muchos de los que todavía no lo estaban eran de un tipo destinado a comunicaciones a corta distancia, poco superior a los 5 km; por ello, la recepción en el puesto de mando de la división era irregular, débil y con interferencías, y así los mensajes recibidos resultaban, la mayoría de las veces, incomprensibles. Por esta razón, cuando Hícks envió a Arnhem dos compañías del 2.° South Staffordshire Regiment, no tenía una idea precisa de la situación que encontrarían. No juzgó oportuno enviar refuerzos más consistentes porque el tiempo estaba empeorando y los aeródromos británicos se estaban cubriendo de niebla, por lo que había sido preciso aplazar el segundo lanzamiento. Hicks no se atrevía a reducir más el número de tropas que defendían las zonas de aterrizaje mientras no hubieran llegado las unidades, tan necesarias, de la 4ª Brigada paracaidista. Por su parte, Bittrich, que sabía que los ingleses efectuarían un segundo lanzamiento, porque sus hombres habían encontrado sobre el cadáver de un oficial británico una copia completa de los planes de la Operación "Market Garden", efectuó un audaz intento para obligar al enemigo a desalojar las zonas de aterrizaje.

Aquel martes fue una jornada desastrosa. Todos los ataques convergentes de las unidades que se encontraban en el interior de la ciudad fracasaron, y las pérdidas fueron muy elevadas y antes de que terminara, aquellos hombres exhaustos pudieron ver, con profunda consternación, a los aviones de la RAF que, desafiando el violento fuego de la artillería antiaérea, lanzaban los abastecimientos en las zonas establecidas, las cuales ahora estaban en manos alemanas. Al caer la noche algunos contingentes británicos siguieron combatiendo en el interior de la ciudad con empuje y valentía, pero en medio de una confusión creciente, mientras otros se retiraban, desilusionados y desmoralizados. Los coroneles de los cuatro batallones que luchaban en Arnhem hablan sido heridos o habían perdido más de la mitad de sus oficiales. Y era asimismo evidente que los hombres de Prost, agotados por el esfuerzo, ya no podrían resistir más en el puente. Sin embargo, aún resistieron todo el día y la noche siguiente. No tenían víveres ni agua, y disponían de escasas municiones. Los sótanos vados de los edificios alcanzados y ennegrecidos estaban repletos de heridos y de moribundos, y el espectáculo, entre el polvo, el humo y los escombros bañados en sangre, parecía excluir toda posibilidad de victoria. Mientras tanto, el resto de la división había formado un perímetro defensivo en forma de herradura irregular al oeste de Oesterbeek, al norte del transbordador de Heveadorp. Urquhart esperaba que si lograba resistir en aquel punto, el Ejército 2 quizá tendría la posibilidad de atravesar el río y unírsele, incluso en el caso de que Frost no consiguiera mantenerse en el extremo septentrional del puente. Todo dependía de la rapidez con que pudiera avanzar el Ejército 2. Y todo parecía justificar las esperanzas de recibir los refuerzos lo más pronto posible cuando le llegó la noticia de que los norteamericanos y los Irish Guards habían conquistado el puente de Nimega, a unos 16 km más al Sur. En efecto, al amanecer del viernes, Urquhart recibió del mando del Cuerpo de Ejército XXX una comunicación que decía: “Cursada orden División 43 correr cualquier riesgo para relevar el mismo día”. Pero los alemanes defendían aquellos 16 km entre Nimega y Amhem, con una tenacidad que rivalizaba con su habilidad. Además la única carretera a espalda de las unidades avanzadas del Cuerpo de Ejército XXX estaba expuesta a la constante amenaza de la artillería y de la infantería de Model, que se estaba reorganizando rápidamente y a la que afluían cada vez más refuerzos en hombres y medios; el avance británico se desarrollaba de manera caótica y dificultaba el transporte de las municiones, y cuando llegó el momento de solicitar el apoyo de la aviación se descubrió que los aparatos de radio con que contaban los dos únicos autos para el enlace con la RAF eran ineficaces. Todas estas causas concurrieron para hacer que el avance del Cuerpo de Ejército XXX fuese más lento de lo previsto. Urquhart, angustiado por la situación en que se encontraba su división, comprendió que sería muy difícil recibir ayuda, y a medida que pasaban las horas, la resistencia en la orilla izquierda del río se fue debilitando. En toda la línea defensiva y en la zona interior de la misma, que los alemanes llamaban “el gran caldero”, sus hombres no tenían un momento de tregua ni posibilidad de dormir. Las raciones de víveres y las municiones se habían reducido al mínimo; y no habla apenas agua ni material sanitario. Carros de combate, patrullas de infantería, tiradores escogidos y cañones autopropulsados, que disparaban granadas de fósforo, se habían infiltrado repetidamente entre los puestos avanzados, causando numerosas bajas entre los defensores exhaustos. Algunos hombres se derrumbaron completamente, pero la mayor parte combatió con tenacidad. El Border Regiment, de la brigada de Hicks, fue rechazado de las alturas en las cercanías de Westerbouwing, y cuando las condiciones atmosféricas permitieron, finalmente, el lanzamiento de la brigada polaca del general Stanisław F. Sosabowski, al sur del río, cerca de Kerk-Driel; los ingleses ya hablan tenido que abandonar el lugar. 

Sosabowsky es interpretado por Gene Hackman

La noche del viernes los polacos intentaron cruzar el río, a pesar de los grandes peligros y dificultades. Mas, el sábado, al amanecer, cuando el enemigo reanudó el bombardeo sobre “el gran caldero”, ni siquiera 50 hombres habían logrado pasar a la otra orilla. El Batallón IV del Regimiento Dorsetshire, unidad avanzada del Cuerpo del Ejército XXX, que al fin habla alcanzado el Bajo Rhin, repitió la tentativa la noche del sábado, pero también fracasó y muchos hombres resultaron muertos a bordo de las embarcaciones. El principal objetivo de este intento de cruce no era tanto el de apoyar a la división aerotransportada como el de reforzar la línea del perímetro mientras se procedía a la evacuación del mismo. Porque era evidente que la precaria cabeza de puente al norte del río ya no era defendible y se había decidido retirar los restos de la citada división aerotransportada. La evacuación empezó la noche del lunes. Los alemanes, que al principio se mantuvieron tranquilos, no tardaron en intuir lo que estaba ocurriendo y, a partir de medianoche, la retirada continuó bajo el fuego incesante de las ametralladoras y de la artillería pesada, situada en las alturas de Westerbouwing. Quince carros de combate alemanes penetraron en el interior del perímetro y, por primera vez en una semana, no encontraron resistencia. En el interior hicieron prisioneros a más de 300 heridos, y el número de los que se encontraban ya en los hospitales de campaña alemanes y en los hospitales holandeses era, por lo menos, diez veces superior. La Operación “Market Garden” habla costado la vida a más de 10.000 soldados británicos, norteamericanos y polacos, muchas más que en Normandía, más un número importante de prisioneros. Los alemanes habían perdido, entre muertos y heridos, más de 3400 hombres. 


Una meta que no se alcanzó por muy poco margen Son muchas las razones que se pueden aducir para explicar el fracaso de la operación. La menos humillante es que las matas condiciones atmosféricas, además de impedir el envío de refuerzos y de abastecimientos a las fuerzas aliadas, también impidieron bombardear y dispersar a las tropas alemanas que avanzaban hacia el sector de operaciones. Sin embargo, existen otras explicaciones más desconcertantes. Quizá era dificil prever la presencia de generales alemanes habilísimos, como eran Model, Student y Bittrich, en la zona inmediata a los combates y prever también que reaccionaron con rapidez tan fulminante, concentrando las fuerzas en el sector amenazado. Pero queda también el hecho innegable de que los ingleses aterrizaron en Arnhem sin contar con suficientes indicaciones. por parte del Servicio de Información aliado, sobre la resistencia que en la zona encontrarían. Además, tenían en dotación una cantidad insuficiente de aparatos para el enlace. Corno se desprende de los documentos conservados en los archivos del Ministerio de la Guerra, el alcance de los aparatos de radio de dotación a los batallones, brigadas y divisiones era casi siempre insuficiente y una parte de sus operadores no estaban debidamente adiestrados. Así, las comunicaciones por radio durante el desarrollo de la batalla fueron intermitentes o no existieron en absoluto. La escasez de aviones constituyó también, por lo menos en parte, una de las causas determinantes de la derrota británica: en efecto, la subdivisión de los lanzamientos en tres días hizo que el enemigo no sintiera jamás el peso del ataque global de toda la división aerotransportada. Si los aterrizajes se hubieran concentrado en una zona más restringida, sí el general Urquhart los hubiera efectuado más cerca del objetivo y hubiese insistido en la defensa de las alturas de Westerbouwing después de que la conquista del puente se reveló imposible, quizás la operación habría concluido victoriosamente. No obstante, nadie puede afirmarlo con certeza. En cambio, la elección de la dirección de ataque no había sido un error. Una rápida y victoriosa conclusión de la Operación «Market Garden», seguida de una ofensiva contra las defensas alemanas a lo largo del Escalda, habría tenido consecuencias incalculables. Según palabras de Churchill, fue “una gran meta casi al alcance de la mano”. Pese a todo, la operación no fue un fracaso total, pues permitió la conquista de los pasos del Mosa y del Waal junto con aquello que el general Kurt Student definió corno “un excelente trampolín de lanzamiento desde el cual desencadenar el ataque definitivo contra Alemania”. Y aunque no se pudo lanzar un ataque definitivo tan pronto como se habla esperado, todos comprendían que el día de realizarlo no estaba lejos.

lunes, 3 de julio de 2017

Cine e Historia - "Ha Vuelto"


Título original: Er ist wieder da
Año: 2015
Duración: 116 min.
País: Alemania.
Director: David Wnendt.
Guión: David Wnendt (Novela: Timur Vermes).
Productora: Mythos Film / Claussen Wöbke Putz Filmproduktion / Constantin Film Produktion
Reparto:  Oliver Masucci, Fabian Busch, Christoph Maria Herbst, Katja Riemann, Franziska Wulf, Lars Rudolph
Música: Enis Rotthoff. 
Fotografía: Hanno Lentz. 
Sinopsis: En el año 2014, Adolf Hitler se despierta en Berlín, sin memoria de nada sucedido tras el año 1945. Sin casa y sin recursos, Hitler comienza a reinterpretar la Alemania que ve en pleno siglo XXI desde su perspectiva nazi.



Hitler, en la película
La premisa de "Ha vuelto" es sencilla: Hitler se despierta en el siglo XXI sin que nadie se crea que es él, por lo que la gente decide verlo como un imitador y se convierte en todo un ídolo de masas, algo que él no duda en aprovechar para intentar ganar nuevos adeptos para su causa sin olvidar de que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos.


El filme oscila entre lo referente a la crítica social y también hacia los medios de comunicación. Su lectura del creciente racismo hacia los inmigrantes en Alemania por todo lo relacionado con la crisis de los refugiados encaja bien con una lectura de cómo Hitler ascendió al poder y también los motivos de que no sería tan descabellado que lo hiciera hoy en día. 

La historia nos presenta a un productor de televisión que no puede convencer a su canal de aceptar uno de sus proyectos. Revisando el material para su último trabajo, descubre a un hombre disfrazado como Hitler. Su gran parecido le da una idea: llevar a este sujeto a recorrer el país y grabar la reacción de la gente. (Incluso, los productores afirmaron que muchas de las escenas con la gente fueron improvisadas. Sin guión, sin red. A lo que salga). El éxito es tal, que las personas comienzan a hablarle sobre todo lo que está mal y porque las cosas no funcionan en Alemania, convirtiendo a Hitler en una estrella de la televisión y las redes sociales.


La idea fue satirizar a uno de los dictadores más tenebrosos y sanguinarios de la historia. ¿Cómo? Despertándolo en nuestro tiempo sin que nadie sepa que él era él. De esta manera, Hitler comenzó a ser visto como un gran imitador. Sobre todo, después de su aparición en un programa de humor político.


Pero poco a poco, el “personaje” mostrará la hilacha y la gente, que lo veía como un popstar, comienza a mostrarse interesada en sus “nuevas” ideas políticas. Sin embargo, el público se escandaliza cuando se entera de que mató a un perrito que le mordió...


La clave está en el desarrollo del personaje de Hitler, cuyo rol no se limita al de simple payaso. Conforme avanza el metraje, el personaje va aprendiendo a manejarse y las situaciones en las que se ve envuelto, ilustran a una sociedad que se deja embaucar por el carisma y la elocuencia, que está dispuesta a aceptar ideologías horribles, pero que, al mismo tiempo, es también capaz de escandalizarse por banalidades. Para contarlo se opta por un tono de sátira y humor negro. Hay que destacar la reflexión que plantea: ¿quién engrandece a los tiranos? En "Ha vuelto" se propone la idea de que es la gente, esa a la que los políticos les gusta llamar "el pueblo". Que una vez que un sujeto se ha ganado la simpatía y la empatía de las personas, diciéndoles lo que quieren escuchar, que les ofrece soluciones fáciles, que les quita la responsabilidad de sus acciones, que puede hacerse del poder. Esto es lo que hace tan pertinente a esta cinta.



El director y guionista de la película,  David Wnendt explicó:
Los alemanes deberían poder reírse de Hitler en lugar de verle como un monstruo, porque eso le libera de la responsabilidad de sus acciones y desvía la atención de su culpa en el Holocausto. Pero debe ser el tipo de risa que te atraganta, y casi te sientes avergonzado cuando te das cuenta de lo que estás haciendo
En cierto momento de la historia, Hitler entabla conversaciones con personas de diferentes regiones, la mayoría originarios de pequeños suburbios, quienes afirman que son los inmigrantes los responsables de que las cosas no vayan bien en Alemania. Lo más destacable, en cualquier caso, es que utiliza al Führer no solo para provocar la carcajada (con éxito), sino para invitar a la reflexión, para advertir de que el discurso y la amenaza del nazismo siguen muy, pero que muy vivos. En Alemania, “Er ist wieder da” fue un éxito cinematográfico.





Hitler, en la realidad
Poco antes de que finalizara la Primera Guerra Mundial, el 13 de octubre de 1918, el cabo Adolf Hitler se quedó atrapado en un ataque de gas venenoso británico cerca de Ypres. Lo trasladaron a un hospital de campaña y allí se quedó ciego temporalmente por los gases tóxicos. El 10 de noviembre, a medio recuperar en un hospital militar al noroeste de Berlín, le informaron que la monarquía había sido depuesta y que se había proclamado la República de Weimar. Al enterarse de que al día siguiente se iba a firmar un armisticio y que la guerra la habían perdido, se quedó ciego de nuevo.

Aunque sus oponentes políticos después lo tacharon de cobarde, parece que esta es una de las acusaciones que no tiene fundamento. En 1916, en el norte de Francia, Hitler fue herido en una pierna. Regresó al frente en marzo de 1917 y lo ascendieron a cabo, pero ese fue el grado más alto al que llegó, porque consideraban que no poseía dotes de mando.


Hitler fue condecorado en dos ocasiones, en una de ellas recibió la Cruz de Hierro de 2ª clase el 2 de diciembre de 1914 y la Cruz de Hierro de 1ª Clase el 4 de agosto de 1918. Estos honores no se suelen dar a soldados de tan baja graduación. Hitler ganó su última Cruz de Hierro, según diversos testimonios, al haber capturado sin ayuda a quince soldados enemigos, pero ningún registro militar apoya esta condecoración ni hay ninguna prueba de que esto sea cierto. Bernhard Horstmann, en una investigación, dijo que la ceguera temporal de Hitler pudo haber sido resultado de una reacción histérica a la derrota alemana.

Durante aquella experiencia, Hitler dijo que al quitarse la venda de sus ojos, descubrió que el objetivo de su vida era lograr la salvación de Alemania. Mientras tanto, fue tratado por un especialista en psiquiatría y un médico militar, que según informaron, el diagnóstico sobre Hitler era "incompetente para comandar gente" y "peligrosamente psicótico".


El nazismo fue, ante todo, una conspiración para conseguir el dominio político, primero en Alemania, en Europa después y, con el tiempo, en todo el mundo. Nunca desarrolló una doctrina política coherente, sino que adoptó de cualquier fuente disponible, tanto de Alemania como de fuera de ella, las teorías sociales que mejor respondían a sus exigencias. En efecto, el nacionalsocialismo fue creado por un grupo de hombres unidos por otro hombre que se nombró a sí mismo jefe, y supo avivar su orgullo patriótico y sus ambiciones personales. Sin el magnetismo personal de Adolf Hitler no habría existido ni un movimiento nazi ni un III Reich. En el caso de que hubiera estallado un conflicto bélico, habría sido por unos motivos distintos de los hitlerianos; es muy probable que se hubiese tratado de una guerra entre el Occidente capitalista y el Este comunista, con una Alemania aliada a las potencias occidentales no enemigas de Hitler. La guerra fue una creación personal de Hitler, lo mismo que el imperio germánico. Por esto, el mundo hubo de enfrentarse en 1939 a la persona de Hitler: un hombre capaz de amalgamar, con su poder hipnótico, los elementos más dispares. 

No pueden emplearse raseros convencionales para juzgar a hombres de la talla de Hitler, pues son productos de la Historia, resultantes de la mezcla explosiva de un ser humano fuera de lo normal y de las circunstancias en que vivió. El Alto Mando del Ejército alemán nunca pudo imaginar que aquel cabo austriaco se convertiría en su comandante supremo, y que casi toda Europa se transformaría en un campo de batalla porque así lo deseaba él. Los diplomáticos lo consideraban como un demagogo ignorante y sin habilidad hasta que les demostró lo contrario y les venció en su propio terreno; los industriales lo veían como un necio del que podrían aprovecharse, hasta que les obligó a seguir sus directrices. Los profesionales de la enseñanza pensaban que se trataba de un soñador carente de cultura, hasta que conquistó el poder y señaló nuevas directrices para sus respectivas disciplinas. En esencia era como un escultor, y su materia prima el pueblo alemán. La razón podría inducimos a rechazar esta imagen del Führer, porque es falsa y sentimental. 

Hitler debió su éxito al hecho de que apareciese como un nuevo Mesías en una época de degradación nacional. Fue el profeta de una gran ilusión, de una ilusión que satisfacía los deseos nacionalistas de millones de personas que no habían sabido dar una finalidad a sus vidas. Es corriente dar la denominación de «grandes» a los hombres en relación con el poder que ejercen. Para sus partidarios, Hitler estaba al mismo nivel que César o Napoleón. Pero, sólo el poder que supo crear tenía una dimensión en la que encaja el calificativo de grande; el hombre estaba muy por debajo del sueño que inspiraba. 

Era desconfiado, y carecía por completo de cualidades humanas y de principios morales. No admitía consejos y prefería seguir sus intuiciones, actitud que con el tiempo llegó a convenirse en una especie de locura. Su fuerza vital derivaba de un egocentrismo monstruoso, de una confianza ciega en sí mismo que le llevaba a creer que era el hombre del destino, elegido por la Providencia para ser el guía de los pueblos septentrionales. Son famosas sus propias descripciones, todas ellas impregnadas de cieno misticismo. Decía que se movía «con la seguridad de un sonámbulo» y hablaba de la «ilimitada con fianza en sí mismo», de modo que nada podría «derribarlo de su posición». Los hechos más destacados de su carrera revelan cierta incertidumbre en el período inicial y un exacto cumplimiento una vez elegido su camino. En su juventud, especialmente mientras residió en Viena, vivió en lo que podría llamarse un estado de sopor, como un individuo incapaz de trabajar y de hallar un medio digno de vida. Fue aquella una época destructiva, en la que, basándose en innumerables y desordenadas lecturas, elaboró los elementos de sus ilusiones acerca de la grandeza alemana. Ya en su niñez comenzó a manifestar los síntomas que lo convertirían después en un déspota. En 1903, sus maestros observaron que carecía de control de sí mismo, que era pendenciero, obstinado, arrogante y neurótico, a lo que se agregaba el hecho de que reaccionaba con manifiesta hostilidad ante los consejos y las advertencias que se le hacían. Durante su juventud, en Viena, no fumaba, ni bebía, ni mostraba demasiado interés por las mujeres. Cuando comprobó que sus actividades artísticas juveniles no le proporcionaban ninguna fama, las abandonó y se pasó al campo de la política. Pero Hitler no era como los fanáticos corrientes, los propagandistas vociferantes que le enseñaron los vulgares denuestos de los cuales se sirvió al principio de su carrera; se diferenciaba de ellos, precisamente, por su habilidad en atraer al público con su oratoria y ganarlo para su causa.


Hombres de muy diversa condición, como Goebbels, un joven universitario, inteligente y oportunista, de origen humilde; Goering, un héroe de la aviación, de origen pseudoaristocrático, y el general Ludendorff, veterano del Alto Mando alemán, unieron sus destinos al suyo, pese a que ni siquiera era un auténtico alemán. Goebbels, que se hallaba en una edad en que es fácil impresionarse, lo veía como un dios, y por lo que a Goering se refiere, en 1922 le bastaba con oírle hablar para que sintiese un hondo deseo de servirle. Incurriríamos, pues, en un error si no concediésemos cierra grandeza histórica a este hombre que se convirtió en el Führer alemán. Hitler salió del anonimato absoluto, y en poco más de diez años se aseguró el dominio de la mayor parte de Europa. Y ello no se debió a la casualidad, sino que fue fruto de un proceso grandioso, que no habría sido posible si él no hubiera sido un orador cargado de magnetismo, lo mismo en la tribuna que fuera de ella, y dotado del poder hipnótico y la fascinación emotiva de cienos predicadores. Sabía fascinar a su auditorio, y al propio tiempo aplacar sus exigencias morales. Él mismo lo admitió en su obra Mein Kampf:
El arte de la propaganda consiste en saber despertar la imaginación de la gente, haciendo hincapié en sus sentimientos, en encontrar la fórmula psicológica que fije la atención y pulse el corazón de las masas.
Otto Strasser, oponente político de Hitler dentro del Partido nazi, y que tenía motivos tanto para temerle como para criticarle, escribió de él: 
Hitler responde a las vibraciones del corazón humano con la sensibilidad de un sismógrafo... Adolf Hitler penetra en una sala, olfatea el aire, va a tientas por un momento, busca el camino y capta la atmósfera. De pronto estalla, y sus palabras dan en el blanco como una flecha. 
Fuera de su elemento, Hitler aparecía con frecuencia inseguro. Mientras no tuvo en sus manos el poder absoluto, no le gustó mezclarse con la aristocracia. En sus primeros contactos con el presidente Hindenburg estaba nervioso, aunque se mostraba inflexible, y prefería que le acompañara siempre Goering, que era hombre de mundo y con su presencia le daba seguridad social. Con las mujeres hacía gala de una amabilidad torpe, comportándose de un modo afectadamente cortés; les besaba la mano y les ofrecía flores, pero en cuanto le era posible dirigía la conversación hacia el terreno político, en el que se hallaba a sus anchas. 


Sólo se sentía a gusto con las mujeres mediocres que le acompañaban en sus retiros. Le complacía su compañía y la admiración que sentían por él, obligándolas a permanecer levantadas hasta las altas horas de la madrugada. No es probable que sintiera nunca la necesidad física de una mujer. De esta forma pudo concentrar en un objetivo único todas las energías que muchos dispersan en relaciones personales o en actividades ajenas a las que les es propia. Llevaba una vida social insulsa, y Eva Braun, la mujer a quien quizás llegó a amar, era, en realidad, una nulidad. Otro aspecto de la línea de conducta de Hitler fue la eliminación gradual de los expertos. Como opinaba que el único principio de gobierno era la intuición, con el tiempo prefirió rodearse de hombres carentes de preparación o de alguna habilidad específica; y así, pocos jerarcas nazis, si exceptuamos a Goebbels, estaban a la altura de las misiones que se les habían confiado. Hitler estaba convencido de la necesidad de lo simple y sencillo y de que los técnicos no hacen sino complicar las cosas y alejar al hombre del camino que debe seguir. Como explicó el Führer a un corresponsal extranjero en 1936
Le diré lo que me ha llevado al puesto que ocupo. Nuestros problemas políticos eran muy complejos; el pueblo alemán no sabía resolverlos. En estas circunstancias prefirió confiar a los políticos la misión de solucionarlos. Yo simplifiqué y reduje tos problemas a su forma más simple. La masa se dio cuenta de ello y me siguió.
Más tarde añadiría: 
El instinto es supremo, y del instinto nace la fe... Mientras el pueblo sanó cerró filas y formó una comunidad compacta, los intelectuales corrieron de aquí para allá como gallinas. Con los intelectuales es imposible hacer historia. 
Estas cualidades permitieron a Hitler conocer las necesidades, conscientes o inconscientes, de gran parte del pueblo germano, de todas las clases sociales, y llenar, con su propaganda violenta e ilusoria, el vacío existente en la vida de muchos alemanes. Cuando alcanzó el poder, acabó con el desempleo crónico de los desheredados y alimentó su amor propio nacional rechazando la vergüenza del Tratado de Versalles. 


Pero, en contrapartida, les privó de los derechos civiles y se convirtió en su amo absoluto. Después perdió gradualmente todo contacto con ellos y se encerró en sí mismo, atento únicamente a la realización de sus sueños imperialistas. La lección que aprendió Hitler, al fracasar en su intento de adueñarse del poder en 1923, fue que la legalidad debla ser el camino para alcanzarlo: la revolución armada era una cosa, y la revolución constitucional, otra. La fuerza de su instinto se pudo comprobar en 1932, cuando supo frenar a sus partidarios más impacientes porque no había llegado todavía el momento de ascender legalmente al poder. En 1923 la revolución, había alcanzado sus objetivos: a partir de entonces, Hitler no se expuso sino a riesgos perfectamente calculados, riesgos que estaba seguro de que le proporcionarían nuevos y espectaculares éxitos. Uno de los mayores riesgos que tuvo que afrontar antes de 1933 fue la elección de quienes habían de ayudarle. Porque, como ya hemos afirmado antes, el nazismo no fue sólo una expresión de la personalidad y la ideología de su jefe, sino también, en cierto modo, de la de los hombres que le sirvieron, aunque estuviesen dominados por su voluntad absoluta. En el manejo de los hombres que necesitó para llevar a término sus planes desmesurados -hombres violentos e impetuosos unos, tortuosos otros, y todos ellos con una carga explosiva de ambición y falta absoluta de prejuicios- fue donde Adolf Hitler dio pruebas evidentes de su conocimiento de la psicología humana. Lo mismo cabe decir del arte sorprendente con que sin duda se ganó la voluntad de su pueblo, presentándole astutamente unos ideales deslumbrantes, capaces de arrastrarle a la empresa más descomunal: la abierta e insensata decisión de conquistar el mundo entero para ponerlo a los pies de la raza aria, cuya encarnación suprema la veía en su pueblo. Y, por supuesto, que buena parte de ese mismo pueblo también acabó por convencerse de tan dementes ideas.

miércoles, 28 de junio de 2017

Cine e Historia - "Malcolm X"


Título original: Malcolm X
Año: 1992
Duración: 194 min.
País: EE.UU.
Director: Spike Lee.
Guión: Arnold Perl y Spike Lee.
Productora: Warner Bros / Largo International / 40 Acres, A Mule Filmworks
Reparto:  Al Freeman jr., Albert Hall, Angela Bassett, Delroy Lindo, Denzel Washington, Lonette McKee, Spike Lee y Martin Donovan.
Música: Terence Blanchard. 
Fotografía: Ernest Dickerson. 
Sinopsis: Malcolm Little (Denzel Washington) nació en 1925 en Omaha, Nebraska. Su padre, ministro baptista, murió siendo él niño y su madre acabó en un psiquiátrico cuando el Ku Klux Klan incendió su casa. Rechazado por el ejército, se hizo delincuente y fue a parar a la cárcel, donde se convirtió al Islamismo y cambió su apellido por una X, como símbolo de los que ignoran su origen. Una vez libre, lideró la oposición más radical contra el racismo, pero tras peregrinar a la Meca suavizó sus posturas. Casado y padre de seis hijos, murió asesinado en 1965.


Malcolm X Nació como Malcolm Little en 1925 en Omaha, Nebraska, y creció en una atmósfera de violencia racial. Sus padres, militantes afroamericanos, fueron regularmente atacados por turbas racistas. Poco después de que su padre fuera encontrado muerto (la versión oficial afirma que sufrió un accidente, los rumores alegan que en realidad fue asesinado por parte del Ku Klux Klan), su madre sufrió una crisis nerviosa y fue internada en un hospital siquiátrico. El joven Malcolm deambuló entre reformatorios antes de instalarse en Nueva York, donde coqueteó con la delincuencia juvenil y fue encarcelado durante años por robo.

La industria de Hollywood reflejó una ‘cultura de la victoria’ basada principalmente en los ideales estadounidenses de excepcionalismo y triunfalismo. Estos ideales se expresaron a principios del siglo veinte en el cine a través del género del western; al parecer el relato bélico por medio de la pantalla expresó y propagó mejor que ningún otro medio la cultura y el pensamiento de la clase dominante debido a que como bien afirma Eric Hobsbawm “A diferencia de la prensa, que en la mayor parte del mundo interesaba sólo a una pequeña elite, el cine fue, casi desde el principio, un medio internacional de masas”.

Es en la década del ‘20 en los Estados Unidos en donde podemos situar el nacimiento del cine de protesta, los diversos grupos étnicos y sociales fuera del hegemónico ‘WASP’ (White Anglo-Saxon Protestant) que representaba al establishment, comenzaron a expresarse por medio del audiovisual. Los más radicales fueron los negros produciendo algunos ‘contrafilms’ como por ejemplo ‘The Birth of a Race’ que representaba la visión negra de la sociedadestadounidense, pero con muy poco éxito hasta en la población negra. La segunda oleada de films producidos por negros a partir de los setenta tuvo un mayor éxito debido a la inclusión de un mayor realismo, anteriormente negado.

La década del ochenta, bajo la presidencia de Ronald Reagan, estuvo marcada por la implementación del modelo neoliberal, la economía estaba dominada por la especulación; se terminó de desmontar el ‘estado de bienestar’ y con políticas de austeridad se logró ampliar la brecha entre ricos y pobres de una forma inédita, aumentando los índices de desempleo y subempleo. La cantidad pobres aumentó considerablemente, los más golpeados por esta pobreza fueron los negros con una población del 33,8 % por debajo del límite de la pobreza.

La redistribución de la riqueza de abajo hacia arriba expresó cifras descomunales, el Empobrecimiento de los que menos tenían dejó a una gran masa de la población desolada A finales del mandato de Reagan, la diferencia entre ricos y pobres en los Estados Unidos había aumentado de forma dramática. Mientras que en 1980 los altos ejecutivos de las corporaciones ganaban 40 veces más de lo que ganaba el obrero medio, en 1989 ganaba 93 veces más.

Con la llegada del vicepresidente de Reagan, George Bush, a la presidencia en enero de 1989 poco y nada cambiarían las líneas de gobierno. En dicho contexto el productor, director, guionista y actor de cine Spike Lee realizó su obra cumbre.

Spike Lee
Ya en los años noventa, la película de Spike Lee se puede situar dentro del grupo que podemos denominar ‘contra-consenso’, debido principalmente a que posee una actitud crítica hacia la sociedad estadounidense en general, especialmente a su población blanca. Este film no busca por medio de la crítica la reforma del sistema como la mayoría de las películas ubicadas dentro de la línea del consenso lo hacen; estos últimos en sus instancias finales intentan demostrar que el sistema funciona aunque sea por medio de válvulas inesperadas; en cambio el film analizado se encarga constantemente de remarcar las fisuras del sistema de las cuales la población negra son los más perjudicados y la única solución posible al problema es la unión de todos los afro-americanos con el fin de tener una mayor fuerza de acción en contra de la opresión generalizada.

La película ‘Malcolm X’ posee ciertas particularidades. Su productor Spike Lee es reconocido en el ambiente del cine por ser un productor independiente y un acérrimo crítico de Hollywood y su aparato político, económico y cultural, sin embargo para este film optó por firmar un contrato con la Warner Bros, una de las más reconocidas firmas audiovisuales a nivel global, para llevar adelante su más ansiado proyecto. 

Una vez firmado dicho contrato comenzaron los conflictos. El primero de ellos fue la negativa de Spike Lee en aceptar a Norman Jewison (director impuesto por la Warner) debido principalmente a que Jewison era blanco y el proyecto necesitaba, según Lee, un director negro. Jewison dio un paso al costado y se solucionó el problema. Otro dilema surgió en torno al presupuesto y la duración de la película, Lee pidió 31 millones de dólares, cuando la Warner aportó tan solo 20 millones con el fin de que la duración del film sea de 135 minutos y no 195 minutos como era el proyecto original. El conflicto nuevamente se resolvió a favor de Lee debido a que los 11 millones de dólares restantes fueron aportados, en condición de donación, por celebridades afro-americanas (entre otros los jugadores de básquet Magic Johnson y Michael Jordan, la cantante Janet Jackson y el actor Bill Cosby). En cuanto a la duración de la película, la Warner cedió su posición debido a las reacciones positivas que obtuvieron en el público los primeros avances de la película.

Denzel Washington y Malcolm X
El film ‘Malcolm X’ es un drama que está basado en hechos reales, al ser una película biográfica las acciones del film giran en torno a un solo personaje. Dicha reconstrucción es ampliamente realista, a pesar de ciertas licencias que se tomó el director de la película, la época que intenta evocar está muy bien lograda debido a la meticulosa inclusión de ropas, objetos, escenarios y hechos de la época. Por otra parte el film posee claramente cuatro secciones diferenciadas en las cuales al mismo tiempo coexisten cortes abruptos con cortes de transición. La introducción se encarga de presentarnos al personaje, nos muestra la vida cotidiana de cualquier afro-americano en la década del cuarenta que debido a los trastornos de una niñez perturbada, se ve perdido en medio de la delincuencia y las drogas. La segunda parte de la película es su paso por la prisión en donde la vida de Malcolm X cambia radicalmente debido a su conversión al islamismo y su integración a la organización musulmana denominada ‘Nación del Islam’. La tercera sección muestra su militancia, la cual debido a su carisma y poder de retórica produce el crecimiento de su grupo a la par que crece su figura mediática. La última sección se da a partir del quiebre de relaciones con la ‘Nación del Islam’ y su cambio de pensamiento luego de su peregrinación a La Meca, ambos factores que lo llevarían a su trágico destino.

La reconstrucción del film y su estructura es ampliamente didáctica, este aspecto es más notable en la introducción del film, en la cual al mismo tiempo que relata la historia de Malcolm Little (El nombre de Malcolm Little fue dejado de lado al convertirse al islamismo y el ‘Little’, apellido dado por los esclavistas a sus antepasados, fue intercambiado por una ‘X’ Malcolm cambia su apellido por una X. La equis de lo desconocido, del apellido perdido en sus orígenes africanos por culpa del demonio blanco que en matemáticas significa lo desconocido) antes de su paso por prisión, va introduciendo escenas de su niñez, las cuales son explicadas por él mismo con su voz en off. De esta forma el director apela a la inclusión de información necesaria para la comprensión del complejo personaje sin tener que relatar una historia lineal desde su niñez que por motivos de duración del film es necesario recortar.

El único personaje ficticio de la película es Baines (personificado por Albert Hall). En un primer momento Baines es quien dentro de prisión rescata a Malcolm X de la drogadicción. Baines expresa que 
“Lo primero que un negro debe tener es respeto por sí mismo. Respetar su cuerpo y su mente. Dejar de meterse en su cuerpo los venenos del blanco. Sus cigarrillos, sus drogas, su licor, sus mujeres blancas (…)”. 
Baines también crea en Malcolm X la necesidad del conocimiento, lo que lo lleva a su conversión al islamismo y a su militancia dentro de la ‘Nación del Islam’. Según Baines el conocimiento de lo que piensa el hombre blanco es de suma importancia y éste le enseña a atacar la base de dicho pensamiento, esta idea se expresa en la escena en que acompaña a Malcolm X a la biblioteca de la prisión y le hace leer de un diccionario las definiciones de negro y blanco; en esta escena Spike Lee acude a un recurso que en nuestro campo se denomina cita textual, debido a que mientras Malcolm X lee en voz alta las definiciones de los términos mencionados anteriormente la cámara sigue las palabras del texto. La primera definición expresa: “Falto de luz. Ausencia de color. Envuelto en tinieblas. Oscuro o sombrío. Sucio, opaco, hostil, terrible (…) malvado o muy perverso (…) desgracia, deshonor, culpabilidad, malintencionado, engañoso, sinvergüenza.” La segunda definición: “El color de la nieve pura (…) lo opuesto a negro. Libre de mancha, inocente, puro. Sin mala intención, inofensivo, honesto, equitativo y honorable”. 


Baines continúa inculcándole ideas a Malcolm X; como por ejemplo la escena en que les habla a varios presos negros, en donde afirma 
“Cuando ese astuto demonio de ojos azules nos encadenó a 100 millones de nosotros, destruyó nuestras familias, nos torturó, nos alejó de nuestro idioma, nuestra religión, nuestra historia. Déjame hablarte de historia negra. Nosotros somos los primeros hombres. (…) pero ellos nos enseñan que colgábamos de los árboles. Eso es mentira (…) éramos una raza de reyes cuando los blancos andaban en cuatro patas en Europa. ¿Ustedes saben de dónde venimos? ¿Cuál es tu nombre?” 
le pregunta a Malcolm X a lo que él le responde: “Malcolm Little” Baines le dice 
“No. Ese es el nombre que los esclavistas le dieron a tu familia. Ni siquiera sabes quién eres”. 
En cierto modo el rol de Baines dentro de prisión representa el pensamiento cristalizado del futuro Malcolm X. Hasta este punto el personaje de Baines estuvo basado en un personaje verídico. Fuera de prisión encarnará la traición de la ‘Nación del Islam’ y sus ministros condensado en éste único personaje, borrando de la historia a Louis X (Louis Farrakhan) y los demás conspiradores en el asesinato de Malcolm X, lo cual lo pone en un dilema de carácter moral dado que Malcolm X le debía según él todo a Baines por haberlo salvado de las drogas y la delincuencia, motivo por el cual no puede concebir una traición que parta de él.

La controvertida muerte de Malcolm X poco y nada se pone a debate, la película afirma mediante ciertos diálogos que el asesinato fue llevado a cabo por miembros de la ‘Nación del Islam’ ayudados presuntamente por alguien más: “Ellos no están trabajando solos, los están ayudando mucho” afirma Malcolm X a su esposa en una charla telefónica. La ayuda nunca se especifica aunque uno puede llegar a entender que esta proviene del FBI y/o la policía. Esta noción queda a interpretación del espectador. La escena siguiente a la charla telefónica mencionada muestra como el FBI tiene intervenidos sus teléfonos, grabando y escuchando sus llamadas; también tienen innumerables cantidad de fotografías producto de la investigación de dos agentes federales blancos que siguieron a Malcolm X en sus viajes por África y Asia. Por otra parte la policía está presente en las afueras del salón ‘Audobon’ antes, durante y después del asesinato de Malcolm X

Gente esperando para ingresar al recinto donde se velaba  a Malcolm X

Después del asesinato de Malcolm X en febrero de 1965 y con motivo de su funeral, Ossie Davis pronunció un conmovedor discurso el cual fue parcialmente recreado con el fin de incluirlo en la película; este discurso en forma de moraleja se encargó de reafirmar la condición de Malcolm X como un afro-americano, al mismo tiempo que la pantalla muestra imágenes reales de Malcolm X, imágenes de su funeral, imágenes de su viaje por Egipto, su saludo con Mohammed Alí, su saludo con Martin Luther King e imágenes de ‘Los Panteras Negras’, entre otras; la voz en off de Ossie Davis comenta:
“Nuestro propio Príncipe Negro que no titubeó al morir porque nos amaba tanto (…) Dejemos que su partida nos sirva solo para unirnos ahora”.
No es casualidad que las dos escenas finales del film sea la reivindicación de Malcolm X en dos escuelas primarias diferentes, la primera una escuela norteamericana en la cual la maestra apela a la frase “Todos somos Malcolm”, frase que repiten los niños afro-americanos, y una segunda escuela ubicada en Soweto con la participación especial del líder político y luchador contra el apartheid Nelson Mandela en el papel de un maestro quien ante su clase repite las palabras de Malcom X :
“Como el hermano Malcolm dijo: ‘Reclamamos nuestro derecho en esta tierra de ser hombres, de seres humanos, de recibir los derechos de un ser humano, de ser respetados como seres humanos en esta sociedad, en esta tierra, este día, lo cual pretendemos hacer valer…”
¿Martin o Malcolm? 
Es una pregunta recurrente cargada de falsas analogías y fáciles respuestas. Martin Luther King es venerado en EEUU, tiene su propia fecha conmemorativa oficial, su figura es menos controvertida y está asociada a la amabilidad, a la doctrina cristiana del «poner la otra mejilla». Por el contrario, Malcom X no tiene fechas en las que se celebren su memoria y su legado, era más polémico, musulmán y su imagen se asocia al «ojo por ojo» y a la idea del «by any means necessary» (sea como sea, por todos los medios necesarios) que algunos se afanan en asociarlo con la metodología del yihadismo. Nada más artificial y más lejos de la realidad.

No cabe la simplificación del «Martin era bueno y apostaba por la harmonía racial» y «Malcolm era demasiado violento y apostaba por el racismo negro». MLK no fue solo el memorable discurso del «I have a dream», ni MX «el negro más agresivo de América». Fueron amigos y se respetaron. Fueron sensibles a los desposeídos y a los vietnamitas masacrados. Ambos fueron muertos. Sus tragedias fueron las de aquellos líderes que nacen antes de su tiempo.


Sin embargo, Malcolm X es considerado por otros como portavoz de un mensaje de odio y venganza. Violento, radical, racista, misógino, y antaño mafioso, traficante y proxeneta.

Como ya señalamos, cuando Malcolm tenía seis años murió su padre y a raíz de ello su madre ingresó en un sanatorio mental. De este encierro -son 24 años los que permanece en el psiquiátrico- Malcolm concluirá que las mujeres son generalmente débiles y poco fiables. Se traslada a Boston a casa de la hermanastra de su madre. Allí mantiene una vida hedonista, de pillaje y gamberreo. El historiador y ganador del Pulitzer Manning Marable relata en la exhaustiva biografía ‘Malcolm X: una vida de reinvención’ que Malcolm mantuvo durante esos años una relación homosexual remunerada con un acaudalado hombre blanco.

Le ofrecieron trabajo en una empresa ferroviaria de Nueva York por lo que se trasladó a Harlem. Allí entra en el hampa. Dentro de la mafia se dedica a las estafas, apuestas, atracos, proxenetismo y tráfico de drogas. Posteriormente en sus memorias justificará esta actitud diciendo que se hallaba “sumido en la sociedad del hombre blanco [sic]”. Con 21 años es condenado a entre ocho y diez años de prisión en Norfolk, Massachussets, por atraco a mano armada. Convertido al islam, ingresa en la secta musulmana ultranacionalista afroamericana Nación del Islam (NDI, llamada también Los Musulmanes Negros). El ala radical de la NDI, donde se encontraba Malcolm, afirmaba que Alá habría creado primero a la raza negra y que el demonio (Yacub) había creado la demoniaca raza blanca para vengarse de Alá.

En 1960 fundó el periódico oficial de la secta, titulado ‘Muhammad speaks’. Fue soporte e inspiración para el boxeador Muhammad Ali (Cassius Clay) que también formó parte de la Nación del Islam y después de los Black Supremacists o Black Power (supremacistas negros). Por ejemplo, Malcolm se postuló absolutamente en contra de los matrimonios Mixtos: los negros con los negros y los blancos con los blancos.

Malcolm X recorrió el país impulsando un mensaje “Black Power” que va más allá de la postura oficial de la Nación del Islam, con un mensaje más radical y más xenófobo. Radical hasta el punto en que llegará a sentarse a la mesa con miembros del Ku Klux Klan y del Partido Nazi de los EE.UU. para llegar a un acuerdo político a favor de la segregación racial. Tras unas desatinadas declaraciones acerca del asesinato de Kennedy –dio a entender que se alegraba-, las mismas autoridades de la Nación del Islam le apartaron de los cargos públicos que le habían asignado.

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