domingo, 6 de septiembre de 2015

6 de septiembre de 1930 - en Buenos Aires, el general José F. Uriburu derroca al presidente democrático Hipólito Yrigoyen, Iniciando así "la Década Infame".

Del exterior provenían ideologías nuevas, antiliberales, y formas de gobierno novedosas que entusiasmaban a sectores intelectuales de la Argentina, a los eclesiásticos y a los militares: Charles Maurras y Benito Mussolini eran sus exponentes más admirados. Habían conjugado orden, control ante el avance obrero, freno del comunismo y crecimiento en el terreno económico. Estas ideologías pronto tendrían sus difusores en Argentina.

Quienes derrocaron a Hipólito Yrigoyen, creyeron que habían triunfado y se habían ganado un lugar en la historia de la República. Jamás visualizaron, porque en definitiva tampoco les importaba, el daño que habían infringido a las instituciones argentinas.

Hipólito Yrugoyen

La década Infame

José Félix Uriburu tiene el triste recuerdo de haber sido el primer presidente de facto que llego por la fuerza de las armas al poder derrocando al presidente constitucional Yrigoyen iniciando un período que la historia conoce como "La Década Infame"

La asunción al poder por el General Uriburu como Presidente del Gobierno Provisional el 6 de septiembre de 1930, señaló el comienzo de un período de diecisiete meses de gobierno de facto. En esa misma época y posterior a ella, se ofrecieron diferentes descripciones de su gobierno: un régimen militar, un gobierno civil-militar, una dictadura personalista o una dictadura totalitaria.

Algunos autores describieron al régimen impuesto por Uriburu como civil-militar fundamentando que la revolución pudo realizarse porque el país reclamaba un cambio, lo que se podría interpretar como una sincera exigencia del patriotismo, un cambio que fue logrado por el cuerpo de militares y por el pueblo que acompañó al "General" hasta el triunfo. 

Manifiesto de Uriburu del 6 de septiembre de 1930 (fragmento)

(...) La indispensable disolución del actual  Parlamento obedece a razones demasiado notorias para que sea necesario explicarlas. La acción de una mayoría sumisa y servil ha esterilizado la labor del Congreso y ha rebajado la dignidad de esa elevada representación pública. Las voces de la oposición que se han alzado en defensa de los principios de orden y de altivez en una y  otra Cámara han sido impotentes para levantar a la mayoría de su postración moral y para devolver al cuerpo de que formaban parte el decoro y el respeto definitivamente perdidos ante la opinión. Invocamos, pues, en esta hora solemne, el nombre de la Patria y  la memoria de los próceres que impusieron a las futuras generaciones el sagrado deber de engrandecerla; y en alto la bandera, hacemos un llamado a todos los corazones argentinos, para que nos ayuden a cumplir este mandato con honor. Buenos Aires, 6 de Septiembre de 1930

Teniente general Uriburu
Comandante en Jefe del ejército y presidente del Gobierno provisorio.

Claramente, estos autores, manifestaron la gran popularidad representativa propia de la revolución, que significó la aceptación de la revolución por sí misma, obviando otras posibles soluciones legales. Más aún, lo que adquirió esta revolución, a pesar de las expresiones partidarias características de la misma, fue una auténtica plenipotencia representativa, obtenida por el consenso del pueblo que aplaudió la caída de Hipólito Yrigoyen: La ciudad entera acompañó a los cadetes del Colegio Militar y a la Escuela de Comunicaciones, desde San Martín hasta Plaza de Mayo, entre apretadas filas de hombres, mujeres, ancianos y niños que los vitoreaban y arrojaban flores a su paso. Básicamente fue el pueblo el que hizo la revolución situándose alrededor de los cadetes del Colegio Militar y demás tropas sublevadas, un pueblo que fue escoltado por esas tropas militares, desconociendo lo que tiempo después sucedería. 

Sin embargo, otros autores definieron a este régimen como militar puntualizando que la revolución fue propia de Uriburu apoyado por el cuerpo de cadetes del Colegio Militar. El objetivo del "General" fue derrocar a su enemigo y tomar el poder para beneficio propio; además de intentar efectuar reformas institucionales estableciendo un régimen corporativo y disolviendo los partidos políticos. 

Se acepta denominar al Golpe de Estado de 1930 como una dictadura teniendo en cuenta de que es una forma de Estado o de gobierno cuyas características se pueden identificar: un gobierno no democrático, no constitucional y establecido por la fuerza o la violencia. De esta manera se puede decir que la dictadura es un gobierno no constitucional en dos sentidos: por un lado, porque infringe el orden constitucional en el momento en el que se hace con el poder y por el otro, porque el dictador ejerce un poder no controlado ni frenado por los límites constitucionales. Además, el recurso del uso de la fuerza es una característica sobresaliente de este tipo de sistema, en donde el dictador es el que impone la ley.

Aviones militares sobre la ciudad de Buenos Aires 6 de septiembre de 1930

De hecho, la dictadura manifestó una cierta incapacidad constitutiva para someterse a normas dirigidas a disciplinar la sucesión en el poder y por tal razón, se tornó discontinua e intermitente en donde ningún principio preestablecido de sucesión fue considerado como vinculante por sus sucesores, no existiendo, de esta manera, ninguna garantía de continuidad. Esto es importante por dos razones: por un lado, porque caracteriza la noción de poder personalizado y por el otro, permite caracterizar a la dictadura como fundamentalmente “de facto”. Asimismo, por su afinidad al fascismo, la dictadura ejercida por el General Uriburu se la puede caracterizar como totalitaria, teniendo como características:
  • Un partido único de masas, guiado siempre por un hombre, el dictador y formado por una parte relativamente pequeña de la sociedad, es decir, un partido organizado jerárquica y oligárquicamente, superior a la burocracia gubernamental.
  • Se utiliza un sistema de terror, físico o psicológico, a través del control del partido y de su policía secreta que apoya, pero también supervisa al partido en nombre de sus líderes, en donde no sólo son objetos los enemigos manifiestos del régimen, sino también sectores de la población caprichosamente seleccionados. Además, este terror, ya sea ejercido por la policía secreta del partido o por presiones sociales organizadas por él, busca controlar y neutralizar a la sociedad.
  • Un monopolio técnicamente establecido y casi completo de poder por el partido y el gobierno que comprende todos los medios de difusión, como la prensa, la radio, etc.
  • Control central y dirección de toda la economía a través de la coordinación burocrática de organismos corporativos antes independientes.

El aspecto más oscuro del período de Uriburu fue, sin duda, la represión que descargó sobre muchos habitantes. Durante su gestión se inventó y aplicó la picana eléctrica. Centenares de ciudadanos fueron detenidos, confinados en Ushuaia, despedidos de sus empleos por el único delito de ser opositores a la dictadura del "General". Se exoneraron jueces, se clausuraron diarios y se fusiló a muchos habitantes anarquistas, políticos partidarios del radicalismo y a toda persona que hubiese desprestigiado, desvalorizado o difamado la figura del General Uriburu. Se realizaron numerosas cesantías de funcionarios y se iniciaron procesos por corrupción que terminaron sin sentido ya que no se pudo demostrar las culpas que le atribuían al Radicalismo. De esta manera, en la Justicia y en la Administración se debía eliminar a los cómplices yrigoyenistas, lo mismo para las Universidades, la prensa debía ser disciplinada, etc. Esto demuestra claramente la práctica concreta del gobierno que dio un lugar preponderante a las medidas policiales y de "limpieza" política encomendadas por el "General".

En el plano económico, su presidencia se caracterizó por una aguda recesión. Los aspectos más acentuados fueron la disminución de los ingresos, la caída del consumo, el crecimiento alarmante de la desocupación y el aumento de la presión fiscal.

En el plano político se recurrió a la ruptura del orden legal declarando el estado de sitio, la censura, las intervenciones provinciales y el fraude electoral.

Inspirado en la ideología totalitaria de Mussolini propició la reforma de la Constitución y de la ley electoral por otro sistema que incluyera un esquema corporativo y la instauración del "voto calificado" en reemplazo de los partido políticos. Asesorado por su ministro del interior Matías Sánchez Sorondo, convoco a elecciones para gobernadores y legisladores. La provincia de Buenos Aires en donde los conservadores dominaban parecía el lugar ideal para el plebiscito de Uriburu. Para la sorpresa de los reformadores, el resultado de los comicios favoreció a los radicales. Luego el proyecto de reforma constitucional no se concretó por la oposición de algunos partidos políticos y un sector de las fuerzas armadas liderado por Justo. 


La Sucesión Presidencial, la "Concordancia" y la Abstención Radical

Los partidos que apoyaron el golpe de septiembre de 1930 (conservadores y socialistas independientes) empezaron a distanciarse de Uriburu cuando este hizo más notorio su proyecto de reforma constitucional y el reemplazo de estos... "meros representantes de comités políticos...por obreros, ganaderos, agricultores, profesionales, industriales, etc..." (Manifiesto público de Uriburu del 01 de Octubre de 1930).

La Federación Nacional Democrática, que nucleaba a radicales antipersonalistas de Entre Ríos, partidos conservadores de distintas provincias, socialistas independientes y grupos minoritarios, señalaron la necesidad de llamar cuanto antes a elecciones.

En abril de 1931 se realizaron elecciones en la provincia de Buenos Aires respetando las leyes electorales vigentes. Resultaron triunfadores los radicales por 218.000 sufragios contra 187.000 de los conservadores, los socialistas obtuvieron 47.000 votos.

Ante estos resultados Uriburu decidió anular las elecciones. Los opositores fueron perseguidos y los grupos nacionalistas partidarios de Uriburu formaron la Legión Cívica Argentina, organizada en cuerpos armados.

El radicalismo decidió resistir. Marcelo T. de Alvear formó para ello una "Junta Reorganizadora" donde convergían antipersonalistas y personalistas. Se produjo entonces el 20 de julio de 1931 una rebelión en Corrientes, liderada por el teniente coronel Gregorio Pomar pero fue rápidamente sofocada. Alvear, acusado de instigarla fue arrestado y deportado.

El panorama político estaba despejado de opositores, Uriburu convocó entonces a elecciones presidenciales.

Las fuerzas políticas que se presentaron fueron: El Partido Demócrata Nacional, coalición política conocida como la Concordancia por el manifiesto del 11 de agosto de 1931 en que llamaban a distintas agrupaciones y ciudadanos a "concordar" e incorporarse a sus filas para garantizar orden y progreso.

Sostuvo la candidatura del general Agustín P. Justo y el doctor Julio Argentino Roca (hijo del presidente homónimo). En ella se agruparon los conservadores, algunos radicales antipersonalistas y los socialistas independientes. -

El Partido Radical presentó la fórmula Alvear - Adolfo Güemes, pero ésta fue vetada por decreto el 05 de abril de 1931, el mismo día que se anulaban las elecciones en la provincia de Buenos Aires.

La U.C.R. decidió entonces la abstención electoral, actitud que mantuvo hasta 1935.

La Alianza Democrática Socialista, alrededor de la cual se agrupó la oposición presentó la fórmula Lisandro de la Torre - Nicolás Repetto.

Las elecciones fueron el 08 de noviembre de 1931, triunfó la fórmula oficialista de la Concordancia, Justo - Roca, que obtuvo 606.000 sufragio contra 487.000 de la Alianza Democrática.

La Concordancia apeló al fraude para alcanzar el triunfo e impedir que los radicales llegaran al poder. Este método para acceder al gobierno fue llamado por el oficialismo "fraude patriótico".

La abstención radical le permitió al partido socialista llevar 43 diputados y 2 senadores (Alfredo Palacios y Mario Bravo) al Congreso. Los demócrata-progresistas conquistaron la gobernación de Santa Fe para Luciano Molinas y enviaron como senador a Lisandro de la Torre.

Estos hombres tendrían importante gravitación en el período siguiente de las fuerzas armadas liderado por Agustín P. Justo. 


La hora de la espada (fragmento)

“El único remedio está en acabar con la política. Adoptar un decenio de vacaciones políticas. (…)Ha sonado otra vez para bien del mundo, la hora de la espada. (…) (esta) hará el orden necesario, implantará la jerarquía indispensable que la democracia ha malogrado hasta hoy, fatalmente derivada (…) hacia la demagogia o el socialismo. Pacifismo, colectivismo, democracia, son sinónimos de la misma vacante que el destino ofrece al jefe predestinado; es decir, al hombre que manda por su derecho de mejor, con o sin ley (…). El sistema constitucional del siglo XX está caduco. El ejército es la última aristocracia; vale decir, la última posibilidad de organización jerárquica que  nos resta entre la disolución demagógica. (…)El Estado nada tiene que ver con la libertad. Su objeto es el orden.” 

Discurso de Leopoldo Lugones en el centenario de la batalla de Ayacucho (1924), donde defiende la injerencia de las Fuerzas Armadas en el sistema político. 


Fuentes
Leopoldo Lugones, El payador y antología de poesía y prosa. Biblioteca Ayacucho, 1979.