miércoles, 20 de mayo de 2015

20 de mayo de 1520 - en el Templo Mayor de Tenochtitlán (México), los españoles al mando de Pedro de Alvarado llevan a cabo la Matanza de Tóxcatl.

En la conquista de México hubo un hecho en el cual los españoles llevaron a cabo una masacre contra la clase noble de los mexicas. Estos últimos se encontraban llevando a cabo una celebración venerando al Dios Huitzilopochtli, el dios tutelar. 

Pedro de Alvarado
Antes de salir de Mexico-Tenochtitlan a combatir a Pánfilo de Narváez, Hernán Cortés dejó a cargo de Pedro de Alvarado una guarnición de ciento treinta españoles y numerosos tlaxcaltecas para cuidar que no escape Moctezuma [1]. Alvarado, con mucha suspicacia y recelo, veía que los mexica estaban inquietos por la proximidad de las fiestas de Tóxcatl, ceremonia importante para ellos que caía el 20 de mayo. Antes de que iniciara la fiesta, Alvarado fue al teocalli (pirámide coronada por un templo.) donde vio a los sacerdotes que ornaban los templos, a tres ídolos en andas como si fuesen a sacarlos en procesión y junto a ellos tres víctimas destinadas al sacrificio. Alvarado sacó a las víctimas y las llevó al cuartel; los mexica pensaron que su actitud se debía a que los españoles condenaban los sacrificios humanos. Pero Alvarado no los salvó, al contrario, los atormentó para que confesaran la fecha del supuesto levantamiento. Ninguno sobrevivió. Luego siguió con dos mancebos de la familia de Moctezuma, quienes dijeron cuanto quería escuchar Alvarado y lo que callaron lo dijo por ellos el intérprete Francisco, indio de Cuetláxtlan.

Este día 20 de mayo de 1520, los mexica inician las ceremonias de su fiesta de Tóxcatl o renacimiento de Tezcatlipoca, en el Templo Mayor de la Gran Tenochtitlan. Unos cuatrocientos señores –desarmados todos- asidos de las manos bailan; poco más de tres mil los observan sentados.

Con la mitad de sus hombres, se dirige al teocalli -la otra mitad la deja cuidando a Moctezuma que sigue preso. Mientras, los mexica siguen bailando y cantando; de pronto, los españoles se lanzan sobre ellos espada en mano; hombres, mujeres y niños, nadie escapa de sus filos mortales. Sus aliados totonacas y tlaxcaltecas los siguen en la matanza. Los que tratan de huir por las puertas son muertos por las picas de los españoles; los que escalan la cerca por los ballesteros y las flechas de los tlaxcaltecas. Todos son asesinados. El patio se inunda de sangre… luego, Alvarado quita sus joyas a los cadáveres de los danzantes, tarea que interrumpe porque ha sido dada la voz de alarma en la ciudad y los españoles tienen que responder a la indignación popular, deben fortalecerse y disparar sus arcabuces y piezas de artillería.



Hay más de una versión de la matanza conocida como "la Matanza de Tóxcatl", también llamada "la Matanza del Templo Mayor"Desde la perspectiva de los españoles, Bernal Díaz del Castillo justifica la agresión contra la nobleza mexica en el Templo Mayor, puesto que según se había él enterado, los mexicas se habían propuesto asesinar a Pedro de Alvarado, que como se ha dicho, había quedado a cargo de las tropas españolas en México-Tenochtitlan. El asesinato sería efectuado en el contexto de la celebración de Tóxcatl. Es de destacar que el rito efectuado por los mexicas era tomado como un hábito pagano ya que se removía la efigie de la virgen María así como la Cruz que habían puesto en el Templo Huizilopochtli. Estos ritos tradicionales de la cultura azteca eran de las principales razones esgrimidas por los invasores para sostener su barbarie tildando de “incivilizados” a estos pueblos. Lo cierto es que esta es la visión de los conquistadores que en esa época con la gran influencia de la Iglesia Católica veían estos actos con muy malos ojos.

Sin embargo, las fuentes indígenas señalan que los mexicas habían solicitado permiso a Alvarado para la realización de una de sus ceremonias religiosas más importantes, en la que se efectuaba un rito parecido a la comunión católica. Pedro de Alvarado autorizó la celebración del dicho acto religioso, pero cuando los señores mexicas se encontraban bailando y desarmados, los españoles cerraron las salidas del Templo Mayor y abrieron fuego contra los pipiltin (nobles) tenochcas. Los informantes indígenas de Bernardino de Sahagún describieron así el episodio:
Al momento todos [los españoles] acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren. A algunos les acometieron por detrás; inmediatamente cayeron por tierra dispersas sus entrañas. A otros les desgarraron la cabeza: les rebanaron la cabeza, enteramente hecha trizas quedó su cabeza.
Pero a otros les dieron tajos en los hombros: hechos grietas, desgarrados quedaron sus cuerpos. A aquéllos hieren en los muslos, a éstos en las pantorrillas, a los de más allá en pleno abdomen. Todas las entrañas cayeron por tierra Y había algunos que aún en vano corrían: iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos. Anhelosos de ponerse en salvo, no hallaban a donde dirigirse
Los mexicas intentaron defenderse del inesperado ataque de los españoles, pero como estaban desarmados no pudieron hacerlo. El resultado del enfrentamiento fue un número desconocido de muertos. Una vez perpetrada la masacre, los españoles se refugiaron en las casas donde habían sido hospedados por los mexicas, y pusieron preso a Moctezuma. Más tarde, los mexicas sitiaron a los invasores. Cuando Cortés volvió del Golfo de México, encontró los ánimos caldeados en Tenochtitlan a causa de los sucesos ocurridos, y preparó la evacuación de Tenochtitlan, que se efectuó el 30 de junio de 1520.

Veintidós años después, el dominico Fray Bartolomé de las Casas, en la relación que hizo al emperador Carlos —y que luego se divulgó por toda Europa— de las atrocidades cometidas por los conquistadores, reflejó lo que conocía del suceso por testimonios ajenos. Aunque con alguna imprecisión (Las Casas supone que hubo muchas fiestas en sitios distintos, y que en muchas de ellas se organizaron matanzas), la descripción no difiere en lo esencial de la indígena, y su predicción del recuerdo perpetuo fue acertada:
 [...] e comienzan con las espadas desnudas a abrir aquellos cuerpos desnudos y delicados, e a derramar aquella generosa sangre, que uno no dejaron a vida [...] Fue una cosa ésta que a todos aquellos reinos y gentes puso en pasmo y angustia y luto e hinchó de amargura y dolor; y de aquí a que se acabe el mundo o ellos del todo se acaben, no dexarán de lamentar y cantar [...] aquella calamidad e pérdida de la sucesión de toda su nobleza [...]
Luego de la masacre los españoles de refugiaron en donde habían estado hospedándose con mexicas deteniendo y poniendo prisionero a Moctezuma. Los mexicas reaccionaron sitiando a los españoles y cuando regresó Cortes desde el Golfo de México hallo una Tenochtitlan convulsionada. Luego no tuvo más remedio que evacuar la ciudad el 30 de junio de 1520.

La matanza fue una muestra más de la barbarie y el salvajismo que caracterizaba a los invasores europeos de la época. Propio de delincuentes e ignorantes que lo único que buscaban era el oro sin importar absolutamente nada de lo que otras culturas pudieran aportar en otros aspectos.
  

[1] La ortografía "Moctezuma" es la más frecuente y moderna; no obstante, la mayoría de las fuentes de los siglos XVI y XVII refieren que su nombre fue Motecuhzoma, incluido Fray Bernardino de Sahagún que usó una forma más próxima al náhuatl: Motecuçoma y Motecuhzomatzin. Por razones de cortesía y respeto real se agregaba con frecuencia -tzin (sufijo reverencial en náhuatl) para llamarlo. También se le llama Moteczuma en la obra de Salvador de Madariaga "Hernán Cortés"