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martes, 19 de mayo de 2015

Ana Bolena

Se cree que nació en Norfolk o Kent, en 1501 o 1507. Fue hija de sir Thomas Boleyn, que la llevó a Francia en 1519, para que se desenvolviera en la corte, como dama de honor de la reina Claudia. 

En 1522 Ana volvía a Inglaterra convertida en una dama elegante y educada que pronto atrajo las miradas de los miembros de la corte del nuevo rey Enrique VIII. En el nuevo escenario cortesano, el rey estaba casado con Catalina de Aragón, con quien sólo había tenido una hija, María, y mantenía una relación extramatrimonial con María Bolena, hermana de Ana.

Fue en un baile de la corte donde Ana brilló con luz propia y captó la atención del rey quien desde entonces estuvo obsesionado con ella. Además, Ana supo jugar muy bien sus cartas. Si algo tenía claro era que no quería ser una amante más. Ella quería ser reina. Para ello no dudó incluso en poner tierra de por medio y ponerle las cosas difíciles a Enrique aunque fuera el rey. La jugada le salió bien y Enrique VIII llevó su obsesión a las últimas consecuencias.

Obra de Marcus Stone, de 1870, en la que aparecen Enrique VIII y Ana Bolena observados por la reina Catalina de Aragón
La decisión de separarse de Catalina no fue solamente por su enamoramiento de Ana. Su primera esposa no le había dado el heredero deseado. A esto se añadía que Catalina era tía del emperador Carlos V, su máximo enemigo en Europa, por lo que hacía muy complicada su política exterior. La opción de estar con Ana no sólo le daría esperanzas de concebir un vástago sino también le abría las puertas a enfrentarse abiertamente con el imperio.

El 25 de enero de 1532 la pareja contrajo matrimonio en secreto, y en mayo el arzobispo Cranmer declaró nulo el casamiento con Catalina y legitimó la unión con Ana Bolena. Los amores entre Ana Bolena y Enrique VIII, y el consiguiente divorcio de Catalina de Aragón, fueron la causa directa del cisma de Inglaterra. 

Enrique VIII ascendió al trono en 1509, tras la muerte de su padre Enrique VII, primer monarca de la dinastía Tudor. El mismo año se casó con Catalina de Aragón, la hija menor de los Reyes Católicos, viuda de su hermano mayor, el príncipe Arturo, que murió en 1502 víctima de una enfermedad. El hecho de que Catalina hubiera estado casada primero con su hermano mayor, el fallecido príncipe Arturo fue el argumento utilizado por Enrique y sus asesores políticos para afirmar que su matrimonio con la esposa de su hermano no podía ser válido. Catalina de Aragón murió años después asegurando con firmeza que no había consumado su matrimonio con Arturo y que ella había sido la única reina legítima de Inglaterra.

En junio de 1533 fue coronada como la legítima reina de Inglaterra. Con el tiempo, Ana quedó embarazada. Pero el gran sueño del Rey que era tener un hijo varón fue defraudado cuando nació su hija, a la que llamaron Isabel. Esta niña se convertiría posteriormente en Isabel I, reina de Inglaterra y sucesora de María I, hija de Enrique VIII y Catalina, recordada por abrogar las reformas religiosas introducidas por su padre, Enrique VIII, y por someter de nuevo a Inglaterra a la autoridad del Papa, el 30 de noviembre de 1554, con el apoyo del Cardenal Reginald Pole. En dicho proceso, condenó a casi 300 religiosos disidentes a morir en la hoguera en las Persecuciones Marianas, recibiendo por ello de la historiografía protestante el apodo de "María la Sanguinaria" (en inglés, Bloody Mary, curiosamente con este nombre se conoce en la actualidad un cóctel) El restablecimiento del catolicismo romano fue revertido luego por Isabel I, durante su reinado de 1558 a 1603.

Acusada de traición y de adulterios. Fue condenada a muerte, el 19 de mayo de 1536 subía al patíbulo en la Torre de Londres una de las mujeres más controvertidas de la historia de Inglaterra. Acusada por algunos de haber provocado la ruptura con Roma, alabada por otros como mártir y víctima de un marido caprichoso y obsesionado con un heredero. Su matrimonio con Enrique VIII fue una de las razones por las que Inglaterra se separó de las doctrinas de Roma viendo nacer la religión anglicana. Para poder separarse definitivamente de su primera esposa, el rey no dudó en proclamarse cabeza de la iglesia de Inglaterra y decidir por sí mismo su propio destino y el de todo su pueblo. 

La felicidad de la nueva reina de Inglaterra duró muy poco tiempo. En enero de 1536, Ana dio a luz a un niño muerto el mismo día en que Catalina de Aragón fallecía. Enrique no se dignó a acudir al lecho de su esposa a consolarla. Ya había encontrado consuelo en la dama de honor de Ana, Juana Seymour.

Obsesionado por conseguir el ansiado varón, el rey decidió deshacerse de Ana y no dudó en hacerlo de la manera más cruel. La reina fue acusada de adulterio por haber mantenido relaciones con distintos caballeros de la corte que confesaron bajo tortura y haber tenido relaciones incestuosas con su propio hermano.

Ana Bolena fue trasladada a la Torre de Londres donde donde fue decapitada. Subió al patíbulo con toda la dignidad de la que fue capaz y defendiendo en todo momento su inocencia.

Enrique VIII no esperaría demasiado para casarse con Juana Seymour, la que se convertiría en su tercera esposa, pero moriría solo un año después, doce días después de dar luz a Eduardo VI, futuro rey de Inglaterra.  Todavía tendría tres esposas más: Ana de Cleves, Catalina Howard y Catalina Parr

Anne Boleyn, como se la conoce en inglés, no recibió un funeral solemne, acorde con su rango y sus orígenes aristocráticos. Sus restos mortales fueron envueltos y enterrados en una tumba común en la capilla de San Pedro ad Vincula, donde seis años después se enterrarían también los restos de la reina Catalina Howard, quinta esposa de Enrique VIII, que también fue ejecutada. Ana Bolena no contó con el apoyo del pueblo británico, que la había tachado de prostituta por haberle usurpado el trono a Catalina de Aragón, aunque posteriormente sería vista como una mártir cristiana que había sido vilipendiada injustamente. En 1876, la reina Victoria ordenó la restauración de la iglesia de San Pedro ad Vincula, se identificaron los despojos de Ana Bolena y se colocó una losa sepulcral acompañada de una inscripción. 


Cuenta la leyenda que su fantasma decapitado sigue vagando por la Torre de Londres. El fantasma de Ana Bolena ha sido visto desde su muerte el 19 de mayo de 1536, y se han contabilizado unas 30.000 apariciones. A lo largo de los siglos, el personal de la Torre de Londres ha declarado ver el fantasma de Ana Bolena, vagando por los calabozos.

Cada año, en estas fechas, se depositan flores en la capilla de San Pedro ad Vincula, en el recinto de la Torre de Londres, para honrar su memoria