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martes, 26 de mayo de 2015

26 de mayo de 1805 - Napoleón es coronado Rey de Italia

Napoleón es considerado como uno de los mayores genios militares de la Historia, habiendo comandado campañas bélicas muy exitosas, aunque con ciertas derrotas igualmente estrepitosas. Sus agresivas guerras de conquista se convirtieron en las mayores operaciones militares conocidas hasta ese momento en Europa, involucrando a un número de soldados jamás visto en los ejércitos de la época. Además de estas proezas bélicas, a Napoleón también se le conoce por el establecimiento del Código Napoleónico y es considerado por algunos un «monarca iluminado» debido a su extraordinario talento y capacidad de trabajo. Otros, sin embargo, lo consideran un dictador tiránico cuyas guerras causaron la muerte de millones de personas, así como uno de los personajes más megalómanos y nefastos de todos los tiempos. Se le juzga como el personaje clave que marcó el inicio del siglo XIX y la posterior evolución de la Europa contemporánea.  Artífice del golpe de Estado del 18 de Brumario que le convirtió en Primer Cónsul (Premier Consul) de la República el 11 de noviembre de 1799; cónsul vitalicio desde el 2 de agosto de 1802 hasta su proclamación como Emperador de los franceses (Empereur des Français) 18 de mayo de 1804, siendo coronado el 2 de diciembre; proclamado Rey de Italia el 18 de marzo de 1805 y coronado el 26 de mayo, ostentó ambos títulos hasta el 11 de abril de 1814 y, nuevamente, desde el 20 de marzo hasta el 22 de junio de 1815.

Napoleón como Rey de Italia. Cuadro de Aubrey-Maturin
Durante un periodo de poco más de una década, adquirió el control de casi toda Europa Occidental y Central mediante una serie de conquistas y alianzas, y sólo tras su derrota en la Batalla de las Naciones, cerca de Leipzig, en octubre de 1813, se vio obligado a abdicar unos meses más tarde. Regresó a Francia y al poder durante el breve período llamado los Cien Días y fue decisivamente derrotado en la Batalla de Waterloo en Bélgica, el 18 de junio de 1815, siendo desterrado por los ingleses a la isla de Santa Elena, donde falleció.

La Revolución Francesa, una de las más terribles que la historia registra, cambió el aspecto del mundo europeo, al dar como última consecuencia el imperio napoleónico. Italia también hubo de transformarse de acuerdo con la nueva tónica. Napoleón, que era italiano de nacimiento, aspiraba a crear un reino unido de entre el mosaico de pequeños estados de la península. Su acción sembró en las clases cultas los gérmenes del resurgimiento político del país, que fructificaron mucho después de la muerte del Gran Corso. Ello explica que los italianos hayan recibido a Napoleón como a su libertador, más que como a su conquistador.

Los austríacos, empero, defendieron tenazmente sus posesiones peninsulares: en la primera guerra de Italia, Napoleón hubo de forzar, a impulso de valor y tenacidad, el Paso do Arcóle entre el 15 y 17 de noviembre de 1796, tal vez la batalla más sangrienta de dicha campaña. En 1797, Bonaparte al mando del ejército derrotó sucesivamente a cuatro generales austríacos cuyas tropas eran superiores en número y forzó a Austria a firmar un acuerdo de paz. El resultante Tratado de Campoformio le dio a Francia el control de la mayoría del norte de Italia, así como el de los Países Bajos y el área del Rín. Una cláusula secreta prometía otorgar Venecia a Austria. Bonaparte marchó contra Venecia, ocupándola y acabando con más de 1000 años de independencia. Posteriormente, en 1797, Bonaparte organizó los territorios ocupados en Italia en lo que se conoció como la República Cisalpina. Como fruto de esa primera incursión napoleónica, surgieron en Italia varios nuevos estados, entre ellos, la República Cisalpina, la República Romana, la República Partenopea y la República Ligúrica.

En marzo de 1798 Bonaparte propuso llevar a cabo una expedición para colonizar Egipto, en aquel entonces una provincia otomana, con el objetivo de proteger los intereses comerciales franceses y cortar la ruta de Gran Bretaña a la India. El Directorio, aunque preocupado por el alcance y el costo de la expedición, rápidamente aprobó la empresa dado que significaba sacar a Bonaparte del centro del poder.

Napoleón inició la guerra contra Austria para reconquistar posiciones perdidas. Con grandes dificultades atravesó los Alpes por el paso de San Bernardo y cayó sobre las fuerzas austríacas, en Lombardía; logró una victoria aplastante en Marengo el 14 de junio de 1800, y se adueñó de Italia.

Convención de Alessandria. Al día siguiente de la batalla de Marengo, el general francés Berthier y el austríaco Melas firmaron el acuerdo por el que Austria se retiraba de Italia.
Después de 1804, proclamado Napoleón emperador de Francia, la República Romana, que antes lo había elegido presidente por diez años, se transformó en reino, y Bonaparte fue coronado rey de Italia en Milán, donde dejó como virrey a Eugenio Beauharnais. En el trono de Nápoles sentóse primero José Bonaparte, que luego paso al de España, y posteriormente Joaquín Murat. De tal modo, Italia se vio unificada por las armas napoleónicas; los soldados italianos prestaron su concurso de sangre en las varias guerras sostenidas por Napoleón en Alemania, Austria, España y Rusia; en esta última, dieron pruebas de arrojo y devoción al emperador en la batalla de Smolensko. Napoleón, por su parte, honró a Italia al dar a su hijo y heredero el título de rey de Roma. Fue nombrado

La caída de Napoleón fue trágica para Italia, pues los vencedores la dividieron nuevamente, por dictado del Congreso de Viena, en siete pequeños estados bajo el predominio de Austria, que se adueñó de Lombardía y del Véneto.

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