jueves, 28 de mayo de 2015

28 de mayo de 1871 - Cae la Comuna de Paris en manos de los ejércitos prusianos y franceses reaccionarios, dejando más de 30.000 muertos

“Por primera vez en la historia, las calle de Paris son seguras, porque los banqueros, los recaudadores, los empresarios, los ministros, y los curas han emigrado. La ciudad es ahora habitable”
 Bertold Brecht, “Los días de la Comuna”.

Este año se cumple el 144 aniversario del establecimiento de la Comuna de Paris, proclamada por el proletariado francés en marzo de 1871.

Este acontecimiento, que si bien recibe ciertas atenciones, no es colocado en el lugar que merece realmente en la historia de la humanidad y en la historia de los movimientos obreros a nivel internacional.

La burguesía de todo el mundo, teme difundir en profundidad los acontecimientos de aquellas semanas de 1871 y por todas partes se lo considera como un mero hecho puntual, coyuntural y anecdótico que apenas si merece mención en los libros de textos.

Sin embargo, para las y los revolucionarios de todo el mundo, la Comuna de Paris tiene otro significado. La Comuna, fue la primera ocasión en toda la historia de la humanidad, en la que el pueblo obrero y trabajador tomaba las riendas del poder y trataba de implantar un gobierno inspirado en los principios socialistas y revolucionarios.

Sin embargo, este gobierno, todavía inexperto no lanzarse a la toma del poder político de la República Francesa, que hubiera adelantado en casi 50 años el establecimiento del primer estado obrero en la historia de la humanidad, honor que recaería en los bolcheviques rusos de 1917.

La génesis de la revolución de Paris se encuentra a nivel externo en las llamadas guerras franco-prusianas, enmarcadas en los deseos imperialistas de la naciente burguesía alemana de Guillermo I y el terrateniente Otto von Bismarck, iniciada en los años 60 del siglo XIX y que tenía por objetivo, no solo unificar a los antiguos estados alemanes en una sola nación, si no en expandirse por media Europa y colocar al Imperio Alemán a la cabeza del continente. En ese contexto la guerra se extiende al Imperio de Francia en 1870. En mitad de esa guerra, el emperador francés Napoleón III cae prisionero de los alemanes y se produce un vacío de poder en Paris.

El 1 de septiembre de 1870, mientras el emperador francés Napoleón III se rindió a los prusianos en la batalla de Sedan, los republicanos de París se alzaron y proclamaron la III República tres días después, de carácter moderado y bajo la influencia de la burguesía encarnada en Adolphe Thiers. Entre tanto, las fuerzas imperialistas prusianas proclamaron el II Imperio Alemán en Versalles, en enero de 1871.

A nivel interno, las causas de la revolución obrera francesa de 1871 se tienen que buscar en la lógica de la lucha de clases imperante en todo el mundo a finales del siglo XIX. El pueblo obrero de Paris, harto y cansado de la miseria, del hambre, de la explotación y de la opresión de banqueros, industriales, burgueses y curas, estallaba ahora de indignación al ver como sus hijos morían a decenas en el frente prusiano luchando por una burguesía imperialista y por un soberano que no le suponía más que sufrimiento y explotación. La sociedad de clases, establecida a sangre y fuego al calor de las revoluciones industriales de la era moderna y contemporánea, se había establecido con especial dureza en aquellos países que, como Francia, habían desarrollado una fuete industrialización y sentaban las bases para la hegemonía de una clase burguesa fuerte y de un sistema capitalista especialmente voraz que se manifestaba con saña en la opresión interna de su clase obrera y en la opresión externa en el imperialismo africano y asiático, esclavizando y sometiendo a miles de personas en todo el mundo.

En ese contexto de luchas y ante el vacío de poder en Paris por la captura del emperador en el frente y por la huida del recién establecido gobierno provisional burgués de la III Republica de la mano de Thiers en Versalles, para poder negociar con los alemanes, se produce la toma del poder político de la capital francesa, Paris.

Los parisinos organizaron un levantamiento contra el gobierno provisional burgués el 17 y 18 de marzo de 1871 y establecieron un gobierno del proletariado en París denominado Comité Central de la Guardia Nacional, nombrada así en honor a estas milicias populares formadas por los hijos de la clase obrera y de amplia conciencia de clase y revolucionaria, que fueron quienes se alzaron en armas contra la burguesía, y fijaron la elección de un consejo municipal para el día 26 de marzo.

Así el 28 de marzo de 1871, se proclamó la Comuna de París, enarbolando la bandera roja en reemplazo de la tricolor, formada por 92 miembros, conocidos como los communards, presidida por el socialista Louis Auguste Blanqui.

Entre las medidas adoptadas por la Comuna estuvieron;
  • Disolver al Ejército regular (resquicio del orden aristocrático), sustituyéndolo por la Guardia Nacional democrática, es decir por todo el pueblo en armas.
  • Creación de un sistema sanitario, que garantizara la salud del pueblo y de las tropas de la Guardia Nacional en lucha.
  • Los pequeños industriales fueron respetados aunque en un nuevo marco de relaciones laborales, en la que el trabajador tenía sus derechos.
  • Los alquileres empezaron a estar controlados por la municipalidad, fijándose un tope máximo y supresión de intereses por deudas.
  • La educación pasó a ser laica, gratuita y obligatoria. Los programas de estudios pasaban a ser realizados por los propios profesores, los cuales garantizaban el carácter científico de las disciplinas.
  • Se crearon guarderías para cuidar a los hijos de las trabajadoras.
  • Se creó una Formación Profesional en donde los obreros daban gratis las prácticas a los alumnos.
  • Creación de la Asociación Republicana de Escuelas con el propósito de crear en las universidades un estímulo basado en el conocimiento científico.
  • En el mundo del arte y cultural aparecen gran cantidad de asociaciones para la promoción del teatro y las bibliotecas.
  • La abolición de la guillotina, método represivo controlado por la burguesía.
  • La abolición del trabajo obrero nocturno.
  • Otorgamiento de pensiones a viudas de héroes de guerra.
  • Se permitió a los obreros formar cooperativas, tomando fábricas abandonadas.
  • Libertad de prensa, de reunión y asociación.
  • La vida religiosa fue separada de la vida civil. El estado tomó posesión de los bienes de la iglesia, y estas sólo pudieron seguir con sus actividades si ofrecían sus instalaciones para realizar en ellas reuniones políticas.
Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza. Tras un mes de combates, el asalto final al casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada Semana Sangrienta (Semaine sanglante) del 21 al 28 de mayo. El balance final fue de unos 30.000 muertos, y París estuvo sometida a la ley marcial durante cinco años.

Sin embargo y a pesar de la enorme labor política de la Comuna (liderada por el “Consejo de la Comuna”), dos elementos, fruto de la falta de experiencia política de los comuneros revolucionarios fueron claves para que la burguesía, rearmada en Versalles iniciara la contraofensiva contra los revolucionarios:
  • La falta de decisión militar contra Versalles, de forma que en vez de marchar sobre los resquicios del gobierno burgués en Versalles, aniquilar la contrarrevolución y tomar el poder en toda la nación, y
  • ante el temor de desatar una guerra civil se ignoró al gobierno burgués de Thiers que, durante todo este tiempo se rearmo militarmente con la ayuda de la burguesía alemana de Versalles, tan interesada como la francesa en el aniquilamiento del gobierno revolucionario de la clase obrera de Paris.
Por otro lado, el Banco de Francia, lejos de ser controlado y gestionado directamente por la clase obrera se respetó, por lo que este, dirigido por la burguesía, desvió en secretos millones de francos al gobierno burgués de Thiers para rearmarse y lanzarse contra el gobierno comunero.

Ante el temor del propio Bismarck a que el fenómeno de la Comuna se contagiara al resto de Europa (especialmente en Alemania, con un fuerte movimiento obrero), le devuelve al gobierno burgués de Thiers todas las tropas que todavía mantenía retenidas, para la eliminación de los comuneros.

Así el 21 de mayo de 1871 un ejército burgués de 180.000 hombres se lanza a la conquista de París calle por calle. La defensa se organizó en barricadas, defendida por la guardia nacional y por el pueblo obrero en armas, en las que luchaban tanto hombres como mujeres. La lucha fue desigual ante el poderío militar del ejército burgués, con el apoyo militar de sus aliados de la burguesía alemana a la que la unían comunes intereses de clase, sin embargo los comuneros lucharon hasta muerte.

La batalla duró una semana, hasta el 28 de mayo, cuando cae la última barricada defendida por un solo comunero por la muerte de sus compañeros. El 28 de mayo de 1871, el gobierno burgués de Thiers anunció oficialmente la liberación de París, luego de una sangrienta ofensiva, que terminó con la vida de muchos compatriotas.

A partir del 28 de mayo de 1871, cuando la Comuna ha sido completamente dominada por las fuerzas de Versalles comenzó una cruel represión. Personajes como el general Gaston Alexandre Auguste de Galliffet, se distinguieron por una crueldad infinita. Miles de obreros y simpatizantes de la Comuna fueron fusilados (entre otros lados en el famoso “Muro de los Comuneros” en pleno centro de Paris y lugar de conmemoración de los revolucionarios franceses hasta el día de hoy), a los que habría que sumar unas 40.000 personas enviadas a las colonias, con trabajos forzosos, en donde gran parte murió de enfermedades y por malos tratos. La burguesía se vengaba de la osadía del pueblo obrero ante su deseo de ser libre y ahogaba en sangre (como han hecho históricamente las clases dominantes en todo el mundo y a lo largo de la historia, desde la época de Espartaco hasta nuestros días) el deseo del pueblo obrero francés de ser libre.

La famosa Semana Sangrienta posterior a la entrada de las tropas versallescas en París, se cobró la vida de más de 30.000 revolucionario (otras fuentes hablan de hasta 50.000). No contentos con este baño de sangre los Consejos de Guerra señalaron 13450 sentencias, entre las cuales se encontraban 157 mujeres y 80 niños. Las fotos de la represión de la Comuna son estremecedoras.

Pero la represión ideológica y psicológica sobre lo que significó la Comuna se extendió mucho en el tiempo. Los Consejos de Guerra se extendieron hasta 1874. No solo espero la muerte y la cárcel a estos revolucionarios. Gran número de ellos sufrieron penas de deportación a las lejanas tierras de Nueva Caledonia y Guayana. Este decreto se aprobó el 13 de marzo de 1872, poniéndose en práctica al mes siguiente. Se calcula en unos 7.000 los deportados. Otro decreto del 14 de marzo de 1872 prohibía a los franceses pertenecer a organizaciones revolucionarias internacionales. Quedó completamente prohibido cualquier comentario sobre la misma y Thiers se encargó, en una campaña de propaganda, de mostrar a los revolucionarios como asesinos y gente sin piedad.

Habría que esperar a 1889 para que una amnistía general liberara a los cientos de presos de la Comuna que aún estaban en las cárceles, presidios y deportación.

Hoy a todos los ejecutados de la Comuna les recuerda una placa en el cementerio parisino de Père-Lachaise.
Ya que los sucesos de la Comuna de París tuvieron lugar antes del cisma entre anarquistas y marxistas, ambos movimientos políticos la consideran como propia y la celebran como la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de la Europa occidental. Marx la describió como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado en que el Estado es abolido, a lo que Bakunin respondió que al no depender de una vanguardia organizada y al no haber arrabatado el poder al Estado francés o intentado crear un estado revolucionario, la comuna parisina era anarquista.

Hay lecciones que debemos sacar de esta experiencia histórica; por un lado, la determinación del pueblo obrero de tomar el poder, de librarse de la opresión y la explotación y de instaurar un gobierno obrero, que demuestran el grado de evolución del movimiento obrero frente a las tendencias utopistas que resultaban hegemónicas en el movimiento obrero francés hasta ese momento. La lucha obrera y el espíritu internacionalista impregnaron cada segundo de vida de la Comuna de Paris. De hecho, de las entrañas mismas de esta experiencia histórica nacieron para la humanidad los dos grandes símbolos del movimiento obrero mundial; la bandera roja, enseña oficial de los comuneros franceses y el himno por excelencia del movimiento obrero “La Internacional”, nacido al calor de la primera Asociación Internacional de Trabajadores establecida por Marx y Engels unos años antes, que fue escrito por el poeta y revolucionario francés Eugène Pottier durante los días de la Comuna.

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