miércoles, 18 de febrero de 2015

La Sexta Cruzada

La Sexta Cruzada (1228-1229), fue emprendida en 1227 por el emperador del Sacro Imperio romano Germánico, Federico II de Hohenstaufen. La sexta Cruzada fue una cruzada pacífica, ya que se resolvió por medios diplomáticos, evitando así la confrontación militar.

Tras el fracaso de la Quinta Cruzada, Juan de Brienne, rey de Jerusalén y protagonista de la quinta Cruzada, decide viajar a Europa en el otoño de 1222, con el fin de acordar con el Papa el futuro del reino en medio oriente, bastante presionado pues selyúcidas y ayyubíes mantenían algunas pugnas y guerras, mientras los reinos cristianos sólo dependían de un frágil comercio para mantenerse con vida. En su nueva discusión el Papa y Juan de Brienne coincidieron en comprometer al gran rey ausente durante la campaña anterior: Federico II de Alemania.

Gregorio IX
El emperador Federico II de Hohenstaufen firmó el Tratado de San Germano (1225), y se comprometía a llevar una cruzada hacia Tierra Santa, pero por razones políticas había retrasado en varias ocasiones el inicio de su cruzada a Jerusalén. Pero cuando en el año 1227, Federico partió de Bríndisi hacia Siria, pero una epidemia lo obligó a regresar a Italia. El papa Gregorio IX lo excomulgó, ya que consideró, que al haber regresado, quebrantó sus votos de cruzado. Sin embargo, al año siguiente, Federico fue a Jerusalén, mientras que el Papa lo llamó "Anticristo”.  Esta cruzada fue la única pacífica que tuvo éxito.

Sin embargo, a pesar de no contar con la bendición del papa, en junio de 1228, después de muchas dudas, Federico II decidió emprender la cruzada para liberarse de la excomunión que el Papa le había otorgado. Se embarcó, por segunda vez, en Bríndisi. Iba al frente de tropas alemanas, genovesas y pisanas. Habría llegado hasta Acre en septiembre del año 1228. 

El 18 de marzo 1229 Federico II de Alemania recibió la corona de Rey de Jerusalén con motivo del matrimonio que él tenía con Isabel II de Brienne, a pesar de la oposición del clero local y casi todos los señores feudales. Esta coronación formal no era auténtica, ya que Federico II estaba marcado por una excomunión, lo cual no le permitía participar en ceremonias religiosas.

Federico no perdió tiempo en tierra santa y se mantuvo al tanto de los acontecimientos y sorprendiendo a todos decide meterse en la ya mencionada, guerra civil entre musulmanes. Para entonces al-Kamil,  nieto de Saladino, sultán de Siria y Egipto, era el hombre más poderoso del mundo musulmán. Se hallaba en guerra por el sultanato que contra Moadhan, su hermano, esto hizo que Federico tome este contexto como su herramienta para llegar a un acuerdo. El emperador, ante la sorpresa de todo el mundo cristiano, tenía gran simpatía por al-Kamil, de quien recibió el ofrecimiento de ayuda y apoyo si es que el recibía el mismo trato en la guerra que estaba llevando a cabo contra su pariente rebelde.  

¿Es que acaso Federico olvidaba que al-Kamil había sido aquel sultán que humilló a los cruzados en la campaña anterior y que los obligó a regresar a casa con las manos y bolsillos casi vacíos? Todo medio oriente se preguntaba eso, pero Federico no daba marcha atrás en sus planes y sin ningún reparo moral o religioso aceptó la oferta de Al-Kamil estableciendo el siguiente pacto: se le daría al emperador europeo Jerusalén con excepción de dos mezquitas, entre ellas la Cúpula de la Roca, claro está, y otras plazas como Belén, Nazareth y Tiro, en las cercanías, lo que permitiría la total defensa de la sagrada ciudad, en caso de un ataque. El sultán a cambio sólo exigía que se lo ayuden en la guerra contra su pariente y el paso libre de los musulmanes para peregrinar en Jerusalén. Federico, había logrado lo impensable en un corto período y sin un inútil derramamiento de sangre. Además,  los bandos beligerantes acordarían una tregua de 10 años y  los cristianos reconocerían la libertad de culto para los musulmanes en las ciudades cristianas; debido a esto, el Papa excomulgó a Federico II una vez más.

El Tratado fue de importancia mundial, ya que hubo un compromiso entre los intereses de Oriente y de Occidente. Entre sus consecuencias, se produjo un enorme aumento de los intercambios culturales y comerciales entre el levante y el poniente. Sin embargo, solo podría mantenerse siempre y cuando el sultán al-Kamil permaneciera con vida y Federico II fuera capaz de ejercer su influencia en el Reino de Jerusalén. Los descendientes de estos líderes causaron un contraste entre mundo cristiano y el mundo islámico.

Federico II estaba casado con Isabela II de Jerusalén, hija de Juan de Brienne quien fue rey de Jerusalén entre 1210 y 1225 y regente del Imperio Latino de Constantinopla entre 1229 y 1237. Por lo tanto, el emperador germano heredó el Reino de Jerusalén, a pesar de la oposición del papa.

Gracias a su esposa, la corona del reino de Jerusalén le pertenecía. Por ende, Federico tuvo dónde resguardar a su ejército a pesar de que sus enemigos musulmanes y cristianos rondaban todo el tiempo. La mayor parte de sus problemas provenían  de su ejército, ya que los primeros soldados que habían llegado a tierra santa estaban regresando. Estos  tenían miedo a las represalias  y para inicios de 1228 contaban solo con alrededor 5 mil soldados, un ejército muy mermado. Sin embargo, no se resignaría a regresar  con las manos vacías y humillado.

El emperador Federico II se mantuvo durante algunos meses en Tierra Santa, intentando, sin éxito, poner orden a la situación del reino de Jerusalén. La relación con el papado, sin embargo, no mejoró mucho, el Papa estaba decepcionado por la efímera victoria y una Jerusalén a merced de los musulmanes desmilitarizada sin paredes e indefendible, el Papa también se sentía decepcionado por la solución diplomática de Federico II, pero la razón quizás más importante fue el resentimiento del Papa por el nuevo éxito de aquel emperador que amenazaba su supremacía en la región de Italia

Debido a algunos pequeños roces entre caravanas y algunas guarniciones, nada importante, se habían hecho algunos prisioneros, que fueron inmediatamente intercambiados mediante el pacto. En el bando musulmán, Al-Kamil tampoco fue bien visto por semejante intercambio que sólo favorecía a su gobierno así que se dedicó a armar toda una propaganda que engañó al pueblo haciéndole creer la hipotética superioridad del ejército de Federico, quedando así justificado su pacto. El tratado quedó firmado exactamente el 18 de febrero de 1229, con la presencia de musulmanes notables, el emperador, obispos y el maestre de la orden teutónica. Muchos nobles cristianos prefirieron no asistir debido a que consideraban un agravio pactar con los infieles, ¿o era quizá porque se recuperó Jerusalén sin la necesidad de guerra?

La Sexta Cruzada fue un éxito: Jerusalén es una vez más cristiana y Federico II demostró que los estados cruzados se podrían mantener por otros medios que no sean militares. Esta estrategia diplomática se reanudaría a partir de entonces, especialmente durante 1239.

Pero esta cruzada dejó atrás muchos problemas sin resolver, las fortificaciones de Jerusalén no se reconstruyeron, y la ciudad estaría a merced de los musulmanes, luego de la culminación de la tregua de 10 años acordada. Luego de la partida de Federico II y el fin de la tregua entre cruzados y musulmanes, el Reino de Jerusalén sería reconquistaba por las fuerzas islámicas en 1239.

Sea como sea la obra de Federico tenía que ser calificada de antológica. En marzo de 1229 Federico entra a la ciudad y es coronado oficialmente como rey de Jerusalén con nueva capital. Su ingreso no fue bienvenido, las calles estuvieron prácticamente vacías el día de su ingreso, pues no dejaba de levantar sospechas frente a todos, tanto cristianos, judíos o musulmanes. Su fama de soberbio y malvado se había esparcido por todas partes. En su escolta sólo se hallaban algunos de sus amigos ingleses y los caballeros teutónicos y tras el término de la procesión el musulmán Qadi Shams le hace la entrega de las llaves de la ciudad.

Así terminó oficialmente la sexta Cruzada, con la pacífica recuperación de Jerusalén, el resto de tiempo el emperador Federico se dedicó a vagabundear por la ciudad y mientras recorría las calles de aquella santa ciudad visitó lugares sagrados para el Islam como la Cúpula de la Roca, además, tuvo muchos roces con los cristianos y hasta prefirió a los musulmanes antes que a estos, lo que le generó muchas críticas. Incluso,  prohibió que todos los cristianos ingresaran a lugares sagrados para los musulmanes.

Tampoco acarreaba todas las gracias musulmanas, pues no era desconocido su agnosticismo o hasta ateísmo lo que le valió desprestigio. De ahí en más sólo se dedicó a organizar la ciudad y preparar su retorno, justo cuando se enteró que existía una sublevación en Damasco y se vio obligada a acabarla. Sin embargo, las cosas para Federico se hicieron pronto insostenibles, tanto porque sus pares cristianos lo miraban con desdén, así como cuando le llegaron noticias de que su suegro Juan de Brienne y el Papa se encargaban de generar disturbios en su reino. El papa, apoyado por la Liga Lombarda, planeó la invasión del reino de Sicilia, por lo que, en 1229, Federico tuvo que regresar a Europa (dejándole encargado a Balian de Sidón y Garnier, el germánico, el reino de Jerusalén y en especial la capital) donde derrotó a las fuerzas lombardas y pontificias.

Si bien Federico había conseguido recuperar la dichosa ciudad, no pudo acabar con los sultanatos, recuperar nuevas tierras y obtener grandes riquezas producto del saqueo. Esto era lo que los ejércitos, el Papa y los reyes más buscaban. Pero fue astuto, pues con eso consiguió callar a Roma y a todos aquellos que buscaban una innecesaria guerra en medio oriente. El 1 de mayo de 1229 Federico ponía marcha rumbo a Europa, llegando en junio a Brindisi. Atrás dejaba una ciudad sagrada recuperada pero en proceso de fortificación lo que hacía en extremo difícil mantenerla de posibles ataques. Los musulmanes asaltaron la ciudad a un par de semanas de la partida del soberano y los roces parecieron comenzar otra vez. En pocas palabras Federico dejó atrás la semilla para una nueva guerra civil, religiosa, ¿acaso la Séptima Cruzada?