viernes, 20 de febrero de 2015

Adolf Hitler, el artista

Braunau, Imperio Austro Húngaro. Veinte de abril de 1889. Llega un niño al mundo, pura promesa de realización de las mejores potencialidades del alma humana. Su infancia no difiere de las de muchos. Hijo de Alois Hitler y Klara Pölzl, era el tercer hijo de la pareja. Su padre era hijo no reconocido, por lo que durante mucho tiempo, el joven Adolf llevó el apellido Schicklgruber, hasta que su padre logró ser reconocido por su familia, momento en el que toda la familia se cambia el nombre a Hitler

Si una adivina viera su futuro, tal vez diría que este niño de tez blanca, blanquísima y ojos azules llegaría a ser líder de un país y que generaría cambios radicales en la faz de la tierra. Y no se equivocaría. Pero también, para decir la verdad completa, tendría que vaticinar que sería uno de los hijos predilectos del Demonio, y que a su paso traería el mal, la injusticia y el horror al mundo. 

Todos conocemos -o creemos conocer- a Adolf Hitler. Hemos escuchado todo lo que había  para oir acerca de cómo el cabo austríaco condecorado dos veces en la Primera Guerra Mundial con la Cruz de Hierro llegaría a convertirse en el Führer que arrastraría a Alemania y al mundo a la locura de la Segunda Guerra Mundial. 

Sabemos que inició su carrera política en Múnich, donde pronto dio pruebas de sus dotes oratorias. Se convirtió rápidamente en jefe del partido nazi explotando sin escrúpulos las aspiraciones y debilidades del pueblo alemán y recurriendo a menudo a la violencia. También estamos al tanto de cómo consiguió hacerse con el control del partido en 1933 para emprender a partir de entonces una audaz y provocadora política de fuerza, primero a expensas de Austria y luego de Checoslovaquia, mientras que aseguraba su autoridad en Alemania militarizando el país primero y ordenando la persecución implacable de sus oponentes políticos y de los judíos a quienes culpaba de todos los males del mundo. No es necesario recordar que en un momento dado la intimidación ya no bastó, y el Führer tuvo que poner en marcha su eficacísima maquinaria bélica. Iniciaba así la Segunda Guerra Mundial y la carrera de Hitler y del III Reich hacia un final siniestro y trágico.

Sabemos casi todo lo que debemos saber para que no vuelva a suceder semejante tragedia.

Pero…

Hay ciertos aspectos de él que no son tan conocidos de quien fuera nominado en 1938 para el Premio Nobel de la Paz (Aunque Hitler no consiguiera la mayoría de votos necesaria, las discusiones sobre sus méritos fueron «animadas». Se opinaba que podría ser merecedor gracias a las conversaciones que mantuvo con el británico Chamberlain sobre la paz en Europa. Tanto la nominación como los demás detalles relacionados con esta extraordinaria historia se archivaron bajo siete llaves y desaparecieron de la historia de los premios Nobel como por arte de magia después de la Segunda Guerra Mundial...) 

Generalmente retratado como una persona estricta y fría, es difícil imaginar a Hitler interesado en algo más allá de la política, la milicia y la superioridad de la raza aria, de no ser porque, aun siendo joven, antes de la Primera Guerra Mundial, Adolfo Hitler considerara a la pintura como posible carrera y sustento.

De pequeño, Hitler era diferente del resto de los niños. Tenía una fuerza interior y era guiado por su espíritu e instintos. Podía dibujar con habilidad cuando tenía sólo once años. Sus primeros dibujos y acuarelas, a la edad de 15, estaban llenas de poesía y sensibilidad. Uno de sus más notables obras de sus primeros tiempos Fortress Utopía ("utopía de fortaleza"), nos muestra que también fue un artista de una poco común imaginación. Su orientación artística tomó varias formas. Escribió poesía desde que era chico. Dictó una obra entera a su hermana Paula, que se sorprendió por su orgullo. A la edad de 16, en Viena, se embarcó en la creación de una ópera. Incluso diseñó el escenario, así como el vestuario; y, por supuesto, los protagonistas eran héroes wagnerianos

Adolf Hitler fue el autor de dos libros: Mein Kampf y Zweites Buch. El primero de ellos no necesita presentación. El otro libro, en cambio, nunca logro alcanzar la fama del primero. Esto puede deberse a que Zweites Buch no fue publicado durante los tiempos del Tercer Reich, sino que se mantuvo almacenada en una bóveda dentro de las instalaciones de la Central de Publicaciones del NSDAP hasta 1945, cuando fue descubierto por un oficial estadounidense, y sólo en 1961, el Institut für Zeitgeschichte, publicaría por primera vez el documento. Además, el contenido de este libro se centra más en la profundización del aspecto ideológico contenido en el primer libro que en proporcionar información biográfica sobre la vida del autor, lo que lo hace menos atractivo para el lector promedio y lo limita a un grupo de lectores especializados. 

Sin embargo, hizo algunas incursiones en la poesía

Hitler era devoto de su madre, por lo que su muerte, ocurrida el 21 de diciembre de 1907, le afectó mucho. Tal vez esa sea la razón por la que hizo este maravilloso poema dedicado a las madres. En él, intenta concientizar a las personas, cuyas madres aún siguen vivas, de lo valioso que es eso.

TU MADRE 

Cuando tu madre haya ya envejecido,
Cuando sus amorosos y esperanzados ojos
ya no vean la vida como alguna vez lo hicieron,
Cuando sus pies, ya cansados,
No puedan ya sostenerla mientras camina

Entonces, entrégale tu brazo en apoyo,
Acompáñala con alegría,
Vendrá la hora en que, sollozando,
deberás acompañarla en sus últimos pasos.

Y si algo te pregunta,
entonces dale una respuesta.
Y si te pregunta de nuevo, ¡háblale!
Y si te pregunta aún otra vez, respóndele,
No impacientemente, sino con gentil calma.

Y si no puede ella entenderte con claridad,
explícale todo con gentil alegría.
Vendrá la hora, la amarga hora,
en que sus labios no preguntarán nada más. 
El 15 de octubre de 1918, poco antes del final de guerra, Adolf Hitler fue trasladado a un hospital de campaña, donde quedó temporalmente ciego por un ataque con gases tóxicos. Esta experiencia también le inspiró a escribir un poema titulado “Ciego” el 14 de noviembre de 1918 en el Hospital Militar de la Reserva de Pasewalk.

CIEGO

Recientemente vi a un joven combatiente ciego
Tan sólo en la primavera de su vida, todavía casi un niño
Con noble rostro, de magnífica figura,
Sin embargo muertos y fríos sus pobres ojos,
Como cuando un niño da sus primeros pasos.
Parecía como si, riendo, soportara su destino,
¡Pero vaya una sonrisa! Aturdido, la mirada vacía
Como si estuviera oteando en la lejanía, -palpando
¡Porque es ciego!
Das una ojeada por sus juveniles rasgos, presurosamente,
y de nuevo te fijas en los ojos,
Muertos, cansados, que ya para nada sirven.
Fue un doloroso espasmo. Errante e interrogativo,
Deambula alrededor de la pálida boca, melancólico, acusadoramente.
Pocas cosas me llegan al corazón profunda y aclaradamente,
Esa sonrisa ciega -esa, jamás la olvidaré.
Penosos forcejeos antes de orientarse.
¡Porque es ciego!
Calladamente se ha entregado a su destino
¡Cuán cruel es la guerra, cuan dura la vida!
Lejos ya el ímpetu desbordante de la juventud.
¡Qué pensamientos desfilarán tras esa blanca frente!
Ya que a partir de ahora cierto sueño nunca se va a cumplir,
y a partir de ahora esos ojos permanecerán velados
para lo que antes tan queridos les era: el esplendor de las flores,
el cordial saludo de las estrellas en la noche,
la luz del sol desparramada sobre los campos.
¡Porque es ciego!
El pajarillo que se mece en el ramaje,
el retrato de la novia, el rostro querido de la madre,
¡La nueva luz del día que despierta!
La noche eterna es ahora el destino desgraciado.
¿Existe todavía algún sacrificio de esta envergadura,
que pueda ofrecerse a la Patria?
En la primavera de la vida -¡y ya un hombre ciego!
¿Nosotros los videntes podemos darnos cuenta de lo ricos que somos?
La palabra, tan escueta, alberga una profunda tragedia:
¡Ciego!
Doy gracias al Señor de poder volver a ver.
Huérfano de padre desde los 16 años, acudió a Viena para inscribirse en una de las escuelas de arte más prestigiosas del circuito europeo, la Academia de Bellas Artes de la ciudad donde esperaba perfeccionar eso que creía un talento suyo. El adolescente, entonces con 18 años, sufrió sin embargo el rechazo de la institución, que por dos ocasiones (en 1907 y 1908) le negó la entrada por la simple razón de que adolecía de “ineptitud para la pintura”. El director le recomendó estudiar arquitectura, pero lamentablemente el joven carecía de la formación previa que le permitiera inclinarse hacia esta alternativa.

El incidente es uno de los favoritos de la llamada historia contrafáctica, aquella que elucubra una secuencia histórica hipotética a partir de un suceso que pudo haber sido. Como sabemos, el joven de la historia es Adolf Hitler, personificación de la maldad por mucho tiempo, insoslayablemente, unos de los líderes más temibles que han existido en la historia del poder político.
¿Qué hubiera pasado si el juicio de la academia hubiera sido menos estricto? ¿Ahora Adolf Hitler sería un nombre más en la historia de la pintura occidental?

Por otro lado, igualmente resulta interesante reflexionar sobre la noción de “juicio estético”: ¿cómo afecta nuestra percepción sobre determinada acuarela o dibujo saber que su autor es Adolf Hitler? ¿Lo consideramos más o menos “bello”? ¿O ni siquiera admitimos que esa categoría pueda aplicarse a una obra suya?

En el año 2009  se subastaron 13 cuadros de Adolf Hitler y recaudó 106.000 euros, lo que superó todas las expectativas. A pesar de las muchas protestas internacionales nuevamente queda demostrado que la figura de Hitler sigue despertando un interés enorme. A veces las protestas no hacen sino incrementar el interés hacia Hitler. Así que quienes patalean cada vez que maldicen a la figura de Hitler lo único que consiguen es que más personas se interesen por el Führer.