martes, 6 de enero de 2015

Los Reyes Magos

Los magos de oriente son personajes citados en la Biblia, en el Nuevo Testamento. Es poco lo que realmente se sabe de ellos: se ignora cuantos eran y de qué tierras proceden. Escrituralmente, solo es sabido de ellos que cuenta el Evangelio de Mateo:
Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? (Mateo 2,1-2).Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. (Mateo 2:11, versión Reina-Valera 1960).
La tradición cuenta que vinieron de Oriente, en número de tres, que iban guiándose por una estrella que les condujo hasta Belén. Allí buscaron al Niño Jesús recién nacido y le adoraron, ofreciendo oro (presente conferido a los reyes), incienso (empleado en el culto en los altares de Dios) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos). Antes de llegar, en la ciudad de Jerusalén, encontraron al gobernador Herodes el Grande, quien astutamente les conminó a que, de regreso, hablaran con él para darle noticia del sitio exacto donde se encontraba dicho niño, para poder ir él también a adorarle. (En realidad, lo que quería era darle muerte, por eso ordenó la matanza de los inocentes).

La historia sigue contando cómo un ángel se apareció a los tres reyes magos y les advirtió del peligro que corría Jesús si ellos obedecían el deseo de Herodes. Así pues, no volvieron por el mismo sitio.

Parece ser que por el hecho de que el relato evangélico indicara que trajeron tres dones (oro, incienso y mirra), se dio por sentado que eran tres los personajes que los traían. Aunque también en algún momento las distintas tradiciones han señalado que eran dos, cuatro, siete y hasta doce.

La primera vez que surge el nombre con que hoy conocemos a los Reyes Magos es en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). El friso de la imagen está decorado con mosaicos de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes. Esta procesión está conducida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frigio y su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen que está sentada en un trono y tiene al Niño en su rodilla izquierda. Encima de sus cabezas se pueden leer tres nombres, de derecha a izquierda: Melchor, Gaspar, Baltasar...

Poco a poco la tradición ha ido añadiendo otros detalles a modo de simbología: se les ha hecho representantes de las tres razas conocidas en la antigüedad y representantes de las tres edades del hombre.

La llegada de los Reyes Magos es un tema tratado también en los Evangelios Apócrifos. Según la tradición esotérica aplicada al cristianismo, estos personajes procedían del lugar donde se encontraba el Preste Juan.

Otra leyenda cuenta que después de la Resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en Saba (India), que fueron bautizados y que se les consagró obispos; después fueron martirizados en el año 70 y fueron depositados en el mismo sarcófago. Los restos fueron llevados a Constantinopla por Santa Elena. Posteriormente, Federico I Barbarroja, en el siglo XII, las trasladó a Colonia, donde hoy reposan sus cenizas con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia.

Actualmente en la catedral de Colonia, se veneran los supuestos restos de los Reyes Magos en una urna dorada colocada en el altar mayor.

Si bien parece contradictorio que practicantes de la magia (severamente amonestada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento) sean admitidos como adoradores del Mesías, el término griego no era utilizado preponderantemente para referirse a los hechiceros; se utiliza, en este caso para referirse a hombres sabios (cual se los llama en diversas versiones de la Biblia en inglés), o más específicamente, hombres de ciencia. De hecho, también poseían conocimiento de las Escrituras (Mateo 2:5-6).

San Mateo nos deja ver que eran astrónomos que conocían con precisión el movimiento de la estrella. Aunque bien intencionados, su visita es causa de turbación general y del celo de Herodes (2:3). A pesar de ser anciano y de haber reinado ya por más de treinta años, Herodes les ruega que averigüen el sitio preciso del nacimiento del Mesías (2:8) con el fin de acabar con su potencial sucesor. Los sabios, que no sospechan esto, encuentran al Niño, al cual adoran y obsequian oro, incienso y mirra (2:11), pero prevenidos por un ángel (2:12), no regresan con Herodes. Iracundo, el rey manda a matar a los niños menores de dos años. Para entonces, José ha sido avisado en sueños (2:13) de huir a Egipto con los suyos.


A partir de ese relato, tanto la Iglesia Católica como el vulgo en general han ido elaborando una historia sobre los hechos y la personalidad de estas tres figuras, incluyendo el presunto estatus real.

Desde muy antiguo el tema de los Reyes Magos ha sido ejecutado por artistas pintores y escultores. Les han representado en número de tres, cuatro, y en algún caso (pocos) en número de dos. Actualmente existe en el mundo un monumento a la figura de los reyes magos, se encuentra en la localidad alicantina de Ibi, España.

La celebración del seis de enero se remonta a los primeros años de la evangelización en el Nuevo Mundo y sigue vigente hasta nuestros días. Según la tradición mexicana y la de casi toda América Latina, son ellos quienes traen regalos a los niños.

La costumbre consiste en que los pequeños previamente escriben laboriosamente una carta para pedir a Melchor, Gaspar y Baltazar los juguetes que quisieran recibir. La víspera de la fiesta (6 de enero) dejan junto a la ventana sus zapatos con un poquito de paja para dar de comer a los animales que traerían a los Santos Reyes (también conocidos de esta forma en México). A la siguiente mañana, la paja desaparece, en cambio el calzado está colmado por la cantidad de juguetes. Llenos de curiosidad, los muchachos se levantan muy temprano para gozar de la sorpresa de los obsequios.

Sin embargo, tan bella tradición se está perdiendo en el México contemporáneo. Muchas veces, los regalos se dan en Nochebuena y no es posible que solamente los reciban los adultos, sino que los niños participen en el intercambio. Además, los deseos de los pequeños también han cambiado: hoy piden costosos regalos relacionados con la tecnología, mientras que los tradicionales juguetes -la mayoría elaborados con madera- ya no son del gusto infantil, como lo fueron de sus padres y abuelos. 

Pero los juguetes mexicanos tradicionales se rehúsan a ser reemplazados y afortunadamente se siguen haciendo prácticamente en todo el país. El estado de Guanajuato es especialmente rico en variedad e inventiva. Sus artesanos están pensando siempre en producir verdaderas obras de arte.

La juguetería se hace de toda clase de materiales, muchos de ellos de desperdicio. Los hay de madera, barro, cartón, papel, trapo, plomo, hojalata, piel y cuero, palma, carrizo, ixtle, bellotas, bules, lacas y todo lo imaginable; muchas veces se combinan varios elementos para crear el efecto deseado. En las comunidades rurales, los padres manufacturan a veces los juguetes para sus hijos. En pueblos alfareros, la loza se suele trabajar por mujeres; las niñas se sientan junto a sus mamás para ver cómo ellas moldean sus piezas, comienzan por tomar en sus manos un poco del material y forman sus primeras obras; así, jugando, aprenden el oficio de sus mayores y al mismo tiempo se hacen sus propios juguetes.

Sobre la Rosca de Reyes

Otra costumbre del Día de Reyes es partir la rosca. Se suele invitar a un grupo de amistades y cada uno debe de tomar el cuchillo para cortar su porción. En el interior del pan hay uno o varios pequeños muñecos (representaciones plásticas del Niño Jesús) y la persona que lo encuentra está obligada a ofrecer una fiesta, tamales o atole, el día dos de febrero, Día de la Candelaria. En el pasado las figuras solían ser de porcelana, pero ahora se acostumbran de material sintético. Actualmente la partida de la rosca consiste en una reunión familiar o de amigos donde el propósito es convivir. ¡Ojalá esta tradición perdure por años!