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jueves, 8 de enero de 2015

8 de enero de 1297 - Francesco Grimaldi, disfrazado de monje, lidera a sus hombres para capturar la fortaleza que protege la Roca de Mónaco, y establece a su familia como jefes de Mónaco.

Desde el siglo XIII, los Grimaldi, una familia patricia originaria de Génova, ocupan ese pedazo de tierra rocosa a orillas del Mediterráneo, enteramente rodeado de territorio francés; dominio que los convierte en la dinastía reinante más vieja de Europa.

En teoría, Mónaco es un Estado independiente. En la práctica, su supervivencia está atada a la relación con Francia que, entre otras cosas, asegura su defensa. En 1641, un tratado puso al Principado bajo cierta tutela francesa, pero con respeto de su autonomía. Unidad aduanera o protectorado, las fórmulas de su relación con Francia han ido cambiando y adoptando términos que van de la "amistad protectora" a una "comunidad de destino", tal la fórmula adoptada en 2002.

En términos oficiales, según la reforma del tratado adoptada ese año, "la República Francesa asegura al Principado de Mónaco la defensa de su independencia y de su soberanía y garantiza la integridad del territorio monegasco en las mismas condiciones que el suyo". Por su lado, el Principado "se compromete a que las acciones que lleva adelante en el ejercicio de su soberanía sean concordes con los intereses fundamentales de la República Francesa en los planos político, económico, de seguridad y de defensa".

En esa última reforma del tratado que lo une a Francia, Mónaco logró sortear la cláusula que establecía que, en caso de vacancia de la corona, volvería a la condición de protectorado francés; una amenaza que se hacía demasiado real a la luz de la larga soltería del príncipe Alberto II.

Precisamente, el actual soberano y flamante esposo se ha empeñado en una campaña para redorar los blasones de los Grimaldi, presentando a su diminuto feudo como un sitio moderno abierto a las tendencias del momento, como la ecología, por ejemplo.

Su casamiento, como otrora el de sus padres, Rainiero III y Grace Kelly, es parte fundamental de este relanzamiento que también espera ser económico, ya que Mónaco se vio afectado por la crisis de estos años, con una marcada caída de los ingresos que le aporta el turismo.

El Principado de Mónaco, cuya superficie no rebasa el 1,5 Km cuadrado, es actualmente una estrecha franja de tierra en la Costa Azul Francesa que se llamaba antiguamente Fraxinetum, y era un famoso nido de piratas sarracenos hasta finales del siglo X D.C. Desde entonces, los numerosos promontorios escarpados que recorren la costa, incitaron a una turbulenta nobleza a edificar castillos fortificados. En el siglo XII, el emperador Federico I "Barbarroja" concedió a la República de Génova algunos derechos sobre el litoral próximo a Niza. Entre las primeras familias de Génova se encontraba la de los Grimaldi, cuyos miembros se interesaron por el excelente puerto que constituía Mónaco, y por el cabo rocoso que lo dominaba.

Raniero I Grimaldi, Señor de Gagnes (1297-1301)
En 1297, Francesco Grimaldi puso los ojos sobre Mónaco y decidió establecerse allí permanentemente. Según la tradicional leyenda, Francesco y sus hombres habían conseguido introducirse en el castillo de Mónaco, disfrazados de monjes franciscanos y, mediante ese engaño, se hicieron con la plaza fuerte el 8 de enero de ese año. De ahí que dos monjes franciscanos sean representados sosteniendo el escudo de armas de Mónaco, escudo que no es otro que el de la familia Grimaldi... 


Ya desde el siglo XV, Mónaco asentaba lentamente su independencia: en 1489, los duques de Saboya declararon la señoría monegasca libre de cualquier obligación y deber hacia otro señor feudal. En 1512, el mismísimo rey de Francia reconocía la independencia de Mónaco, con Luciano -asesinado en 1523-, quien se apresuró en acuñar moneda propia. En 1525, Carlos V de Austria, emperador Romano Germánico y rey de España, reconocía jurídicamente la soberanía de los Grimaldi sobre Mónaco 

Honorato II, rechazó la protección española prefiriéndole a ésta la francesa. Fue el primer Grimaldi en olvidar su apellido en los documentos oficiales, y a darse el título de "príncipe" en 1612. En 1642, Luis XIII de Francia le concedió el título de duque de Valentinois y Par de Francia.

Honorato II Grimaldi, 1er Príncipe de Mónaco entre 1612 y 1662
En 1793, el principado monegasco desapareció por un tiempo, incorporado por los revolucionarios franceses al departamente de los Alpes-Marítimos. Con la Restauración de los Borbones en 1814, Honorato IV de Mónaco (1758-1819) recuperó su principado aunque se encontraba demasiado enfermo como para asumir el gobierno. Su esposa, Luisa-Felicidad de Aumont-Mazarin (1759-1826), le había aportado como dote el ducado de Mazarin y una gran fortuna, pero se había divorciado posteriormente en 1798, para contraer otro matrimonio.

Honorato V de Mónaco (1778-1841)
El hijo de ambos, Honorato V, había entrado al servicio del emperador Napoleón I, siendo Gran Caballerizo de la emperatriz Josefina de Beauharnais, y creado "barón del Imperio". En 1816, fue obligado a rendir homenaje al Rey de Cerdeña y Piamonte por los territorios limítrofes de Menton y de Roquebrune. Sin embargo, y ya antes de los inicios del siglo XIX, el principado monegasco se había empobrecido, cayendo en la incapacidad de encontrar fuentes de ingresos suficientes para su supervivencia.  

Príncipe Carlos III de Mónaco, soberano entre 1856 y 1889
Gracias a Carlos III de Mónaco (1818-1889), sobrino de Honorato V y sucesor de su padre Florestan I desde 1856, tuvo una idea brillante cuando en 1863 ofreció la concesión de los "baños de mar" y la autorización de fundar un casino a Louis Blanc, prohibidos en los territorios vecinos y muy a pesar de la oposición del gobierno francés.

Esto le permitió a Mónaco un rápido enriquecimiento y desarrollo, al punto que en 1869, el soberano pudo darse el lujo de suprimir los impuestos personales e inmobiliarios, lo que generó un boom de construcción. Unos años antes, se creó la Sociedad de Baños de Mar a la que se le concedió la explotación del casino, ubicado en un barrio que adquirió desde entonces el nombre de Monte Carlo, en homenaje al visionario soberano.

Si bien cedió sus territorios de Menton y Roquebrune a Francia en 1861, Carlos III inauguró para su pequeño Estado, una prosperidad siempre palpable, además de poner Mónaco de moda entre la alta sociedad europea de la época. En 1858, había fundado la Orden de San Carlos cuyo collar es reproducido rodeando el escudo de armas del principado.

Estas primeras exenciones marcaron en efecto el destino del principado como paraíso fiscal y refugio de fortunas bien o mal habidas. Ni la Segunda Guerra Mundial interrumpió la vocación del pequeño Estado de ser "facilitador" de  transacciones bancarias y financieras. Mónaco adoptó una política de "neutralidad" al estilo suizo, lo que le permitió al gobierno alemán eludir el embargo impuesto por los aliados y al Principado sostener su prosperidad financiera.

Inmobiliario, turismo y juego son las caras visibles de una economía que opera principalmente en las sombras y explica la desproporcionada prosperidad de un territorio diminuto -2 kilómetros cuadrados- poblado por 30 mil almas.

En el año 2009, la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos) sacó a Mónaco de la lista de paraísos fiscales para pasarla a una un tanto gris de territorios que "se comprometen a mejorar la transparencia e intercambio de información" sobre operaciones financieras en sus jurisdicciones.

Pero más allá de este logro diplomático, y de la propaganda, lo cierto es que la economía de Mónaco depende de unas 70 entidades financieras que operan en su territorio y mueven fondos por un monto que ronda los 50 mil millones de euros en el marco de una estricta confidencialidad y respeto al secreto bancario.

La ausencia casi total de toda imposición directa es lo que vuelve "paradisíaco" al lugar. Sin impuesto al patrimonio ni a la renta personal -en los papeles, Mónaco financia su presupuesto con el IVA-, y con una bajísima tributación para las industrias y sociedades, el principado se ha convertido en el sitio de residencia ideal para millonarios y famosos de la élite internacional.

Del total de su modesta población, sólo un 21,5% son monegascos por nacimiento, lo que ratifica la apertura del Principado a quienes buscan eludir al fisco de sus respectivos países refugiándose en un soleado paraíso mediterráneo.


Alberto II de Mónaco (Mónaco, 14 de marzo de 1958) es el actual soberano de Mónaco, sucediendo a su padre Raniero III de Mónaco desde 2005. Su nombre completo es Albert Alexandre Louis Pierre Grimaldi) y está casado con la sudafricana Charlene Wittstock. Como soberano de Mónaco, lleva la siguiente titulatura: 
Su Alteza Serenísima, Alberto II, príncipe soberano de Mónaco, duque de Valentinois, marqués de Baux, conde de Carladès, conde de Polignac, barón de Calvinet y de Buis, señor de Saint-Rémy y de Matignon, conde de Torigni, barón de Saint-Lô, de La Luthumière y de Hambye, duque de Estouteville, de Mazarin y de Mayenne, príncipe de Château-Porcien, barón de Massy, conde de Ferrette, de Belfort, de Thann y de Rosemont, barón de Altkirch, señor de Issenheim, marqués de Chilly, conde de Longjumeau y marqués de Guiscard.