domingo, 2 de agosto de 2015

Paul von Hindenburg: el héroe de guerra que alzó a Hitler al poder

Paul von Hindenburg
Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg Nació en Posdam, Prusia, el 2 de octubre de 1847 en el seno de una familia aristocrática. Su padre, Robert von Beneckendorff von Hindenburg (1816-1902), era militar desde 1832 y en ese momento teniente del 18º Regimiento de Infantería en Posen, su madre, Luisa Guillermina Schwickart (1807-1893) fue una pintora. 

Realizó sus estudios en la Escuela de Cadetes de Wahlstatt del Berlín, graduándose en el año 1832. Participó en la Guerra de las Siete Semanas en la que Prusia derrotó a Austria y, posteriormente, en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), éxito que permitió la unión de todos los territorios alemanes, dando lugar a la formación del Imperio Alemán (o Segundo Reich).

Aunque Hindenburg se retiró del ejército en 1911 como General, el estallido de la Primera Guerra Mundial le hizo retornar con más fuerza. Se reincorporó como comandante y lideró al ejército alemán contra los rusos en las batallas de Tannenberg y de Los Lagos Masurianos en 1914, gracias a sus talentosos colaboradores, Max Hoffmann y Erich Ludendorff, quienes diseñaban los planes de batalla. Los alemanes derrotaron fácilmente a sus rivales y Hindenburg se ganó una gran fama y un gran prestigio, por lo que fue ascendido a Mariscal de Campo y se le concedió la comandancia del frente oriental.

En agosto de 1916 se puso al frente de la dirección suprema del ejército, como líder del Estado Mayor alemán. Paró la batalla de Verdún y fortificó el frente francés con la creación de la famosa “Línea Hindenburg”. Un sistema que más adelante copiarían los franceses con la llamada “Línea Maginot”, que acabaría por causarles estragos en la Segunda Guerra Mundial. Hindenburg aceptó la paz ofrecida por Lenin y firmó el armisticio germano-ruso de Brest-Litovsk en 1917.

Sin embargo, su derrota contra Foch le obligó a pedir el armisticio que consagró la derrota alemana de 1918. En ese momento, trató de salvar la monarquía y sofocar los disturbios entre la población. Pero con la firma del Tratado de Versalles se vio incapaz de seguir y presentó su dimisión, al mismo tiempo que promulgó la llamada: “Dolchstoßlegende” (Leyenda de la puñalada por la espalda), en la que culpaba a los socialistas y a los revolucionarios de causar la caída de Alemania. Más adelante, sería utilizada por los líderes nazis como argumento contra la socialdemocracia alemana.

Hindenburg, el káiser y Ludendorff
Convertido en un símbolo de la vieja Alemania monárquica, en 1925 los conservadores alemanes presionaron a Hindenburg para que se presentase su candidatura, representando al bloque de derechas, para la Presidencia de la República de Weimar. En abril de ese mismo año, fue elegido segundo presidente, sucediendo a Friedrich Ebert. Desde este momento, aun teniendo en cuenta el conservadurismo de Hindenburg, intentó ser lo más fiel a la constitución posible. La respetó de la forma más escrupulosa hasta 1932.

En 1930, debido a la crisis económica de la época, nombró un nuevo Gabinete que respondiera solo a él. A través de su ministro Brüning, Hindenburg gobernó prácticamente por decreto. Pero la crisis económica se agravó y hubo muchos disturbios. Esto favoreció al partido Nacional Socialista encabezado por Adolf Hitler, el cual fue aceptado por la gente.

Si bien defraudó a sus partidarios más reaccionarios al aceptar la política de reconciliación de Gustav Stresemann (lo cual permitió su reelección frente a Adolfo Hitler en 1932, apoyado por un bloque de centro-izquierda), pronto se mostró como el ultra-conservador que era, frenando el proyecto de reforma agraria de su Gobierno, negándose a ilegalizar la violencia nazi y, finalmente, nombrando a Hitler Canciller (1933). 


En 1932, Paul von Hindenburg fue elegido nuevamente Presidente, derrotando en las urnas a Adolf Hitler, su principal opositor. En 1933, debido a la crisis económica y a la popularidad del partido Nazi que ya había conseguido muchas bancas en el parlamento (Reichstag). Franz von Papen, (quien fue sucedido como Canciller de Alemania por Kurt von Schleicher tras los resultados de las elecciones de noviembre de 1932, al no poder el gobierno mantener una mayoría operativa), convenció a Hindenburg para que nombrase a Hitler como Canciller de la República, en su reemplazo, el 30 de enero de 1933. Tras el incendio del edificio del Reichstag (Parlamento alemán) el 27 de febrero, Hindenburg firmó un decreto en el que se suspendían los derechos fundamentales, dejando vía libre a la actuación arbitraria de los nacionalsocialistas. Finalmente, el 24 de marzo de 1933 se promulgó una ley que concentró todos los poderes del Estado en el Führer (Ermächtigungsgesetz), liquidando, de hecho, si bien no de jure, la República de Weimar y dando paso a la Alemania nazi.


Fueron los pasos necesarios para acabar con sus oponentes. Primero promulgó una ley destinada vagamente a restablecer «el funcionamiento de carrera», pero que sirvió en realidad para depurar a los judíos y marxistas de los servicios del Estado, y en general de todo aquel que ocupase un puesto codiciado por los nuevos jefes nazis. Tras su primer encuentro con Benito Mussolini, el 14 de junio de 1934 en Venecia, Hitler y la jefatura del nacionalsocialismo (Joseph GoebbelsHermann GöringReinhard Heydrich y Heinrich Himmler) se deshicieron de su otrora apreciado Ernst Röhm y otros opositores al régimen: Gregor StrasserKurt von SchleicherGustav von Kahr, a la cabeza de un centenar, todos ejecutados a quemarropa en la que fuera llamada «Noche de los cuchillos largos» (30 de junio de 1934). Von Papen se libró de la quema gracias a la protección de Hindenburg, todavía presidente del Reich; pero por las dudas se aprestó a dimitir de su cargo de vicecanciller, se fue a Viena como embajador y más tarde siguió sirviendo a Hitler en Ankara.

Sin duda, Hindenburg fue un gran militar, pero un político relativamente pobre. No sólo porque permitió el ascenso de Hitler al poder, sino porque no fue capaz de frenar la maltrecha situación económica de Alemania durante los años 20 y porque mantuvo la viva la creencia de que la Primera Guerra Mundial no fue una derrota alemana frente a los aliados, sino una traición interna, lo que daría alas a la expansión del Nacionalsocialismo por el país germano.

Un año más tarde, el 2 de agosto de 1934, Hindenburg falleció en Neudeck, debido a la demencia senil que padecía. Su muerte supuso la desaparición del último obstáculo de Adolf Hitler y los nacionalsocialistas para acaparar todo el poder en Alemania.

Hitler, gracias a una ley promulgada en el mismo instante por él, se convirtió en jefe supremo del Estado, unificó ambos ministerios (Estado y cancillería) y el ejército juró fidelidad al «Führer y canciller Adolf Hitler». En ese momento las SS contaban con más de cien mil hombres dirigidos por un ex agricultor fanático que, según algunos, superó en temeridad al propio Führer: Himmler.

Fuentes
http://redhistoria.com/