miércoles, 5 de agosto de 2015

Los repartos de Polonia

Uno de los escándalos internacionales más oprobiosos de la Historia fueron los repartos de Polonia, que en el Siglo XVIII efectuaron tres países Vecinos. En dicha época, Polonia era un reino extenso y rico, pero que vivía siempre en perpetua discordia. Los nobles polacos dominaban a sus reyes y les imponían los acuerdos de sus asambleas que se realizaban al aire libre, estando todos los señores montados a caballo. Por tal causa la corona de Polonia fue ofrecida varias veces a Príncipes extranjeros, y como consecuencia vino el desprestigio. Entonces los estados vecinos más poderosos (Prusia, Austria y Rusia) resolvieron dominar por la fuerza y repartirse los territorios polacos. Los repartos de Polonia fueron tres:

Primer Reparto (1772)

Austria mostraba deseos de impedir un mayor fortalecimiento de Rusia debido a los éxitos militares rusos en su lucha contra el Imperio Otomano, por lo cual el rey prusiano Federico el Grande proyectó evitar un enfrentamiento austro-ruso dirigiendo las ambiciones de ambos Estados sobre la debilitada Polonia; tras una serie de negociaciones, el día 19 de febrero de 1772 el acuerdo secreto de partición se firmó en Viena, mientras que Prusia y Rusia ya habían alcanzado un convenio en San Petersburgo el 6 de febrero de 1772.

A comienzos de agosto, ejércitos de los tres países invadieron la confederación alegando que la revuelta de la Confederación de Bar generaba una peligrosa inestabilidad en Polonia, ocupando los territorios que habían acordado repartirse, venciendo la resistencia militar opuesta por la Confederación de Bar. El 5 de agosto de 1772 publicaron el manifiesto sobre la ocupación, alegando que buscaban preservar la autoridad del rey polaco Estanislao II Poniatowski pero demandando territorios polaco-lituanos a cambio de ello, para asombro y espanto del país, agotado por las disputas con la Confederación de Bar.

El rey prusiano Federico el Grande escribió en una carta, acerca de la participación de la emperatriz María Teresa, de religión católica, en el desmembramiento: 
"La emperatriz Catalina y yo somos meros ladrones, pero me gustaría saber cómo la emperatriz María Teresa calmó a su confesor. Lloró y luego participó en la partición. ¡Y cuanto más lloraba más territorio se anexionaba!"
Los regimientos de la Confederación de Bar, cuya junta ejecutiva había sido expulsada de Austria tras la alianza de ésta con Rusia y Prusia, no se rindieron fácilmente. Cada fortaleza a su mando resistió todo lo que pudo. Las fortalezas de Tyniec, resistieron hasta finales de marzo de 1773 junto con las de Częstochowa defendida por Kazimierz Pułaski. Cracovia cayó el 28 de abril de 1773, tomada por el general ruso Aleksandr Suvórov que deportó a la guarnición polaca a Siberia.

Por su parte el rey de Polonia, Estanislao II negó apoyo a la resistencia, en tanto su propia posición como monarca dependía de los subsidios pagados por la corte de Rusia. Ni Francia ni Gran Bretaña, consideradas la esperanza de la resistencia de la confederación, prestaron apoyo ni protestaron una vez consumada la repartición. Así fue aplastado el intento de resistir, que costó cerca de 100.000 soldados y la devastación del país, aunque fue el primer signo de la recuperación de la conciencia nacional.

"Rejtan - La caída de Polonia", óleo de Jan Matejko, mostrando al aristócrata Tadeusz Rejtan tratando de impedir la entrada al Sejm de los nobles que votarían a favor de la partición

Segundo reparto (1793)

El impacto causado por el primer reparto, así como los procesos de desarrollo económico y demográfico despertaron a los polacos del letargo. Se dejaron ver también los resultados del trabajo educativo y periodístico y de la literatura polaca; en el escenario de la vida pública entró una generación de polacos más culta, educada en el espíritu patriótico y capaz al sacrificio. El desarrollo económico de las ciudades y la elevación del nivel cultural de la burguesía hicieron que ésta se interesara más vivamente por los asuntos públicos.

La Comisión de Educación Nacional, creada en 1773, introdujo modernos libros de texto en las escuelas, sometiéndolas al dominio de las universidades reformadas. Las ideas de la Ilustración, juntamente con las ideas patrióticas y reformistas eran divulgadas por la prensa, la literatura, el teatro, la pintura, la música y la historiografía. El centro que irradiaba la cultura de la Ilustración era Varsovia con sus 100.000 habitantes, el Teatro Nacional dirigido por Wojciech Boguslawski, los periódicos, las bibliotecas y la corte real.

El deseo de la reforma se hizo general. Sin embargo, cualquier reforma en Polonia dependía del consentimiento de Rusia que era la garante del sistema político del Estado polaco. Transcurridas dos décadas desde el primer reparto, el predominio político de Rusia sobre Polonia se intensificó, al extremo que el rey Estanislao II Poniatowski y los aristócratas del Sejm preferían preservar la influencia rusa y abstenerse de implantar reformas políticas y administrativas que fortalecieran a Polonia, por temor a que esto provocase una invasión rusa y la pérdida de los privilegios de la aristocracia.

Cuando estalló una guerra de Rusia contra Turquía, el rey Estanislao Augusto obtuvo el consentimiento de la zarina Catalina II de convocar una dieta en condiciones de una confederación y de aumentar el ejército. En el ambiente de gran animación política, la Dieta de los Cuatro Años, llamada también la Gran Dieta (1788-1792), resolvió aumentar el ejército hasta 100.000 soldados, aprobó la ley de ciudades reales que concedía mayores derechos políticos a la burguesía, anuló las garantías rusas, resolvió firmar una alianza con Prusia y, como recapitulación de un trabajo de muchos años, aprobó en 1791 la Constitución del Tres de Mayo, la segunda constitución en el mundo, después de la de los Estados Unidos, y la primera en Europa que eliminaba diversos defectos de la vida política en la República de las Dos Naciones, suprimiendo el libre veto y los privilegios de la aristocracia, fijando el derecho de voto en favor de las clases medias emergentes, y colocando a los campesinos bajo protección directa del rey (quitando ese poder a los nobles).

La constitución preveía el fortalecimiento del poder real estableciendo la monarquía hereditaria, la reorganización del gobierno y el perfeccionamiento del trabajo de la dieta, mantuvo las libertades cívicas de la nobleza y concedió ciertos derechos públicos a la burguesía. Se suprimió la división del Estado entre la Corona y Lituania, unificando de esta manera el sistema político. El gobierno basado en la constitución tenía posibilidad de sacar al Estado de la crisis política.

La Constitución del 3 de mayo de 1791 significó para Polonia una mejora en su administración, pero también el fin de la anarquía legislativa y gubernamental que permitía la influencia de Rusia. Los aristócratas polacos descontentos con la nueva constitución formaron la Confederación de Targowica, auspiciada por Rusia, y en abril de 1792 lanzaron una revuelta contra la Constitución recién aprobada. Asimismo, este fortalecimiento del gobierno central polaco atacaba las aspiraciones de Rusia, que prefería mantener una Polonia debilitada y sujeta a la influencia rusa.

Rusia se opuso decididamente a la Constitución del Tres de Mayo. Sus adversarios entre los magnates polacos, animados por la actitud hostil de Rusia, se confederaron en Targowica para defender al antiguo régimen.Tropas rusas entraron a Polonia. 

Los reformistas del Sejm, junto con el rey Estanislao II Poniatowski, debieron afrontar una guerra contra los nobles rebeldes y las tropas rusas que los apoyaban; así combatieron dirigidos por Tadeusz Kosciuszko, mas fueron vencidos en condiciones de grave inferioridad numérica. Los reformistas polacos habían pedido el apoyo de Prusia, pero el rey prusiano Federico Guillermo II temía fundadamente el liberalismo expresado en la nueva Constitución polaca, que copiaba muchas ideas extraídas de la Revolución Francesa; considerando más ventajoso unirse a una Rusia autocrática que apoyar a una Polonia liberal, las tropas prusianas negaron apoyo a los polacos.

Por su parte, Prusia reclamaba a los rusos territorios en Polonia como recompensa por abandonar a los polacos reformistas. Así, Rusia y Prusia acordaron una nueva partición en enero de 1793: Rusia se apropió de 250.000 km² de los territorios polacos al este del río Bug y otros territorios ucranianos y rutenos, mientras que Prusia tomaba posesión de la Posnania que incluía la desembocadura del Vístula, 58.000 km², llegando a apenas 80 kilómetros de Varsovia. La Constitución del 3 de mayo fue derogada y los aristócratas de la Confederación de Targowica recobraron sus privilegios.

Tercer reparto (1795)

Frente a estas circunstancias, los polacos intentaron mantener su independencia en tanto los aristócratas de la Confederación de Targowica estaban desilusionados porque Rusia había aprovechado la derogatoria de la Constitución del 3 de mayo para anexarse nuevos territorios, en contra de la promesa hecha por los embajadores rusos al rey Estanislao II. En abril de 1794 los gobiernos de Prusia y Rusia ordenaron que el ejército polaco redujera sus efectivos a la mitad, entregando la otra mitad de las tropas a los ejércitos ruso y prusiano para su enrolamiento en éstos. Ante ello, un regimiento de soldados polacos se sublevó en Ostrołęka y este evento causó una sublevación generalizada en Polonia contra las guarniciones rusas y prusianas que habían sido acantonadas en territorio polaco de manera permanente desde 1793.

En esta ocasión Tadeusz Kosciuszko dirigió las tropas polacas en un esfuerzo para restablecer la plena independencia del país y también estimular reformas políticas, para lo cual concibió la idea de proclamar el fin de la servidumbre campesina. Este plan serviría para reclutar más tropas, unir a la gran masa de campesinos al movimiento nacionalista (ante el cual habían mostrado indiferencia en el pasado), y eliminar distinciones sociales que pudieran ser explotadas por rusos y prusianos. No obstante, su esfuerzo fracasó en tanto muchos aristócratas se negaron a esta concesión, mientras que el temor a las ideas de la Revolución Francesa causaba que la aristocracia polaca más reaccionaria prefiriese aceptar la dominación rusa antes que las reformas propuestas por Kosciuszko.

Kosciuszko y sus aliados declararon asimismo que su objetivo final era restablecer la independencia de Polonia bajo los principios de la Constitución de 1791, lo cual significaba que no se proponían restaurar los privilegios que tenía la nobleza polaca y lituana en el régimen anterior, precipitando nuevamente la pérdida de apoyo entre la gran nobleza, que rehusó apoyar la revuelta. De igual modo, la sublevación esta vez se extendió a Lituania, donde la aristocracia local manifestó su rechazo a la ocupación militar rusa y expulsó a sus guarniciones de Vilna y Kaunas, en tanto los rebeldes polacos habían ofrecido reducir la preponderancia de Polonia en el esquema de la República de las Dos Naciones y aumentar la importancia política de los lituanos.

A inicios de septiembre de 1794 las tropas polacas empezaron a ser vencidas por las fuerzas superiores en número del general ruso Aleksandr Suvórov, que tomó Varsovia en noviembre de 1794, poniendo fin a la revuelta. En simultáneo, tropas prusianas retornaron a suelo polaco, reforzadas en hombres y material, para recuperar sus posiciones perdidas; ante la imposibilidad de seguir la resistencia tras la caída de Varsovia, los rebeldes polacos capitularon.

En octubre de 1795 se suscribieron los últimos acuerdos entre Rusia y Prusia para disponer un tercer reparto de Polonia-Lituania, en virtud del cual la República de las Dos Naciones dejaba de existir, considerando innecesario reunir un Sejm al tener de antemano planeada la extinción de Polonia-Lituania. Las negociaciones se realizaron en San Petersburgo y fueron marcadas por disputas entre Austria y Prusia, hasta que el acuerdo final se celebró en 1796. De acuerdo a los términos pactados, Rusia ocupaba todo el resto de Bielorrusia aún bajo dominio polaco, y se le otorgaba la llanura central polaca, con las regiones de Masovia, Polesia, y Podlaquia, Rusia también se apoderó de la totalidad de Lituania, fijando la frontera de sus nuevos dominios hasta el río Niemen.

El Reino de Prusia se anexó los territorios aún libres de la Polonia Mayor junto con Łódź, Varsovia, y sus alrededores, mientras confirmó su dominio sobre el litoral de Pomerania. En el mismo tratado se pactó evitar conflictos con Austria reconociendo a ésta la posesión sobre la totalidad de las provincias polacas de Galitzia y la Polonia Menor, incluyendo como posesión austriaca a la ciudad de Cracovia.

El rey Estanislao II fue forzado a abdicar sin designar sucesor y marchó exiliado a Rusia, residiendo en un palacete de San Petersburgo hasta su muerte en 1798. Los aristócratas que se habían negado a apoyar la revuelta de Kosciuszko conservaron sus bienes y privilegios como súbditos rusos, mientras que se expropió a los sostenedores de la revuelta.

Como resultado de ello, se consumó el tercer reparto de Polonia. Prusia ocupó Varsovia y las tierras hasta el Niemen, Austria se anexó las tierras situadas entre el Pilica, el Vístula y el Bug, y Rusia, las tierras hasta el Bug y el medio Niemen. Por los próximos 123 años el Estado polaco desapareció del mapa en el momento en que las reformas internas y el estado de la educación y de la economía daban sólidas garantías de su existencia y desarrollo. 

Repartos de Polonia

Siglo XX

Llegado el siglo XX y durante la I Guerra Mundial Alemania y Austria-Hungría ocupaban la totalidad de lo que en el pasado era el territorio polaco tras arrebatárselo a Rusia.

En 1918 el mando del territorio polaco es transferido por los alemanes a Jozef Pilsudski, que sería el encargado de formar la nueva nación independiente tras más de un siglo y será tras el Tratado de Versalles, que pone fin a la I Guerra Mundial, cuando se reconoce internacionalmente la soberanía de la República de Polonia. En el acuerdo se definen la nueva frontera occidental del país y se crea un corredor polaco, que era una estrecha franja de terreno que constituía la única salida al mar y que años mas tarde en la II Guerra Mundial sería el pretexto que utilizaría Alemania para iniciar la guerra con Polonia ya que separaba su territorio occidental de la Alemania oriental (Prusia).

El tema de la delimitación de las fronteras orientales es otro asunto. En los años sucesivos a la finalización de la I Guerra Mundial el ambiente por la región de Europa oriental era algo tenso e inestable debido sobre todo a cuestiones territoriales. En esa región de Europa había un gran número de nacionalidades e intereses políticos que buscaban crear su nación, por lo que había que ganar territorios y Polonia no iba a ser menos. Tras tener guerras con Ucrania, Lituania, Rusia y Checoslovaquia no será hasta 1921 tras la victoria en la guerra contra Rusia y con la firma del Tratado de Riga cuando se definen los límites orientales y acabaría incorporando para sí la parte occidental de Ucrania, parte de Lituania (incluyendo Vilnius) y otros territorios de los Sudetes ganados a los checoslovacos.

Aun con la firma de tratados y pactos entre los países de la región, en los siguientes años el ambiente por la zona se iba caldeando ya que las soluciones tomadas en los años anteriores no satisfacían de todo a algunos y no todos los países habían quedado contentos con lo que les había tocado en la marcación de las nuevas fronteras.

Así, el 1 de Septiembre de 1939 la Alemania nazi invade Polonia y, días después, fruto de la alianzas firmadas en el período de entreguerras, Francia e Inglaterra declaran la guerra a Alemania, dando comienzo la II Guerra Mundial.

Más tarde entra en el conflicto la Unión soviética y, en teoría aliada de Polonia, invade el país por el Este al tiempo que por el Oeste entran los nazis. Alemanes y soviéticos se reparten Polonia por cuarta vez y, debido al Pacto Ribbentrop-Molotov, por lo menos durante el período inicial de la guerra no se atacarán uno al otro. Según avanza la guerra y se recrudece el tema, ahí será el momento en que ya no vale ni el pacto ni nada y es cuando los rusos y nazis se enseñan los dientes y empiezan a darse leña entre ellos.

Mientras Molotov firma el pacto, von Ribbentrop y Stalin sonríen satisfechos

Al terminar la guerra y tras la victoria de los aliados, Polonia cae bajo el dominio de la Unión Soviética. Con las nuevas fronteras Polonia perdía sus territorios del Este (lo que hoy en día es Ucrania occidental) incluyendo la importante ciudad de Lvov y Lituania pero en cambio ganará una parte de Prusia oriental, territorios y ciudades como Wroclaw, Poznan o Sczeczin y conseguirá más kilómetros de mar ganados a Alemania.

Durante más de 30 años Polonia se verá bajo el dominio del régimen comunista impuesto y apoyado por la Unión Soviética. Aunque no se trataba de un comunismo tan extremo como el que había en la URSS toda oposición al régimen era eliminada y cualquier protesta sofocada.

Aún así, los años del comunismo se recordarán por los actos de protesta de los obreros y del papel que tuvo la Iglesia en el apoyo de la iglesia a los que se oponían al régimen. Es en los años 80 cuando las revueltas se intensifican hasta el punto que el país llegó a estar en estado de sitio y Rusia a punto de entrar con sus tanques en el país.




Fuentes