martes, 4 de agosto de 2015

4 de agosto de 1789 - en Francia, la Asamblea Nacional de la Revolución francesa abole los privilegios de la aristocracia y del régimen feudal.

Las noticias de los sucesos de París, especialmente de la caída de la Bastilla, fueron extendiéndose por el mundo rural francés. Los campesinos creyeron que el poder del estado había desaparecido y que los señores estaban armando cuadrillas de bandoleros para "vengarse" del pueblo y poner orden en el campo. La situación de escasez y hambruna hizo aumentar el desconcierto y la incertidumbre, las iglesias y los castillos son saqueados por los campesinos en prácticamente todas las regiones, destruyendo la documentación en la que constaban los contratos señoriales (en los que figuraban la propiedad de las tierras, las rentas que debían pagar los campesinos, y sus obligaciones personales para con los señores) y  buscando provisiones desesperados por la crisis alimentaria causada por las malas cosechas de 1788. Los insurgentes toman las oficinas de impuestos, símbolos del Antiguo Régimen donde se protegen los derechos señoriales. La quema de castillo y palacios, el desorden, etc. hicieron aumentar el "miedo". Mientras tanto, las noticias de lo que estaba sucediendo en gran parte del mundo rural llegaron a París. El miedo a la reacción violenta de los “privilegiados”, aunado al rumor de la presencia de ejércitos extranjeros en el suelo nacional y al sentimiento de inseguridad provocado por las bandas de vagabundos lanzados a la calle por la crisis, crea un ambiente de pánico: el “Gran Miedo”. ¿Cómo detener la agitación sin llamar al ejército? ¿Qué hacer para reafirmar el carácter sagrado de la propiedad alivianando la situación? El margen de los diputados era estrecho.  La Asamblea Constituyente tuvo que hacer frente a la situación e intentar poner orden, a la vez que extendía la revolución

La noche del 4 de agosto de 1789, la Asamblea Nacional abolió el feudalismo, eliminando los derechos señoriales del Segundo Estado (los nobles) y las prebendas que recibía el Primer Estado (el clero). En cuestión de horas, los nobles, el clero, las provincias, ciudades, pueblos y compañías perdieron sus privilegios.

Es una de las escenas fundacional de la identidad francesa. La Asamblea Constituyente derribaba al régimen social centenario construido sobre un sinfín de desigualdades, y edificaba un orden nuevo, regido por el principio de la igualdad de todos ante la Ley: tres semanas después de la toma de la Bastilla, el Antiguo Régimen era derrumbado.

Toma de la Bastilla
Todo empezó con la lectura de un balance de la situación por un diputado del tercer estado pidiendo no cambiar nada a las leyes y a los impuestos. Fueron dos nobles, Louis-Marie de Noailles y el duque de Aiguillon, Armand Désiré de Vignerot du Plessis, los que propusieron la abolición de los señoríos y demás privilegios feudales. Se propusieron cuatro resoluciones: igualdad ante el impuesto, acceso de todos los ciudadanos a todos los cargos, la recompra de los derechos feudales y la cancelación de las obligaciones y servidumbres personales. Ironía de la historia: la abolición de los privilegios fue solicitada por dos privilegiados.

La sesión duró hasta las dos de la mañana. En una atmósfera de trance colectivo, los oradores se sucederían a la tribuna, despojándose uno tras otro de sus derechos ancestrales: renuncia a los derechos del rey, abolición de los privilegios eclesiásticos, abrogación de decenas de exención fiscales y derechos ligados a los estatutos particulares. El sacrificio de estos grandes cuerpos constitutivos de la sociedad francesa se sumó a él de algunas regiones cuyos privilegios y libertades fueron cancelados en nombre del principio de la igualdad en el suelo nacional.

La noche del 4 de agosto fue el fruto de un compromiso político donde no sólo los “privilegiados” (los nobles y el clero), sino también muchos representantes de la clase media que gozaban de regímenes fiscales que les permitían escapar del impuesto y de la milicia, se despojaron, aunque fuera temporalmente, de sus privilegios, para asegurar esta igualdad sagrada que se llama la igualdad ante la ley.
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Es, probablemente, una de las obras más significativas de los inicios de la Revolución Francesa, la abolición de varios privilegios que se mantenían como resabio del feudalismo. En una Francia donde el Antiguo Régimen, para el año 1789, agonizaba, la abolición del régimen arcaico de privilegios feudales era mucho más que un símbolo para los sectores no privilegiados, era el fin de una sociedad que basada en sus estamentos y aseguraba la desigualdad casi como algo inamovible.

Decreto del 4 de agosto de 1789 de la Asamblea Nacional Francesa.
Art. 1. La Asamblea Nacional suprime enteramente el régimen feudal y decreta que los derechos y deberes, tanto feudales como censales,... la servidumbre personal y los que los representan, son abolidos sin indemnización, y todos los demás declarados redimibles, y que el precio y el modo de la redención serán fijados por la Asamblea Nacional 
Art. 3. El derecho de caza y coto abierto queda de igual forma abolido... 
Art. 4. Todas las justicias señoriales son suprimidas sin ninguna indemnización..
Art. 5. Los diezmos de cualquier tipo y los censos a que dieran lugar bajo cualquier denominación con que sean conocidos y percibidos, incluso por abono, poseídos por los cuerpos regulares y seculares, como sus beneficios, los edificios y todo tipo de manos muertas, incluso de la Orden de Malta y otras órdenes religiosas y militares..., serán abolidos.
Art. 7. La justicia será gratuita (...)
Art. 10. Se declara que todos los privilegios particulares de las provincias, principados, regiones, cantones, ciudades y municipalidades, ya sean pecunarios o de cualquier otro tipo, quedan abolidos definitivamente y se someterán al derecho común de todos los franceses. (…)
Art. 11. Todos los ciudadanos, sin distinción de nacimiento, podrán ser admitidos a todos los empleos y dignidades eclesiásticas, civiles y militares, y ninguna profesión útil reportará deshonra.
Art. 12. En el futuro no se enviará a Roma, ni a la vicelegación de Avignon, ni a la nunciatura de Lucerna, ninguna renta (…)
Art. 17. La Asamblea proclama solemnemente al rey Luis XVI Restaurador de la libertad francesa.
Ese fue el final del Antiguo Régimen social en Francia. La Asambléa pudo entonces reconstruir la sociedad sobre nuevas bases. Decidió colocar a la cabeza de la Constitución una exposición de los principios generales sobre los cuales se fundaría el nuevo orden. Esta fue la célebre Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, votada el 26 de agosto de 1789. Se compone de diez y siete artículos y fue puesta "bajo los auspicios del Ser Supremo". Quedaban así establecidas las garantías individuales apoyadas por un gobierno constitucional. Pero esta Declaración fue también el advenimiento de la igualdad ante la ley, sin la cual la libertad no sería sino un privilegio más de los, poderosos. Para los franceses de 1789 libertad e igualdad eran inseparables: dos palabras para una sola idea.




Fuentes