martes, 25 de agosto de 2015

24 y 25 de agosto de 79 d. C. - Pompeya, congelada por el fuego del Vesubio

La erupción del Vesubio en el año 79 a.C. creó el infierno en la tierra para Pompeya y la vecina localidad costera de Herculano. De los habitantes de ésta solo quedaron algunos huesos. Un flujo volcánico a 400 grados arrasó con todo. Pero en Pompeya el menor calor generó costras de ceniza volcánica en torno a los retorcidos cuerpos de sus habitantes. En el siglo XIX, los arqueólogos inyectaron yeso en el vacío que dejó la muerte para crear moldes humanos


El relato detallado de esos momentos trágicos nos ha llegado en palabras de Plinio el Joven quien estuvo presente en la catástrofe durante la cual perdió la vida su tío el célebre naturalista Plinio el Viejo, almirante de la flota amarrada en Miseno, quien murió mientras trataba de socorrer a las víctimas del cataclismo en las playas de Estabia


Plinio el Joven cuenta a Tácito los terribles acontecimientos de aquellos días con estas palabras:
“Oía los gemidos de las mujeres, los alaridos de los niños, el clamor de los hombres, unos llamaban a gritos a sus padres, otros a sus hijos, otros a sus cónyuges y los reconocían por su voz; había quien lloraba su suerte y quien deploraba la de los suyos; muchos levantaban sus brazos invocando a los dioses; otros, en menor número afirmaban que no existían ya los doses y que aquella era la última noche del mundo…”
Su mundo desapareció en 24 horas. Vivían sin saber que bajo las laderas fértiles del Vesubio latía el germen de su propia destrucción, que llegó por sorpresa en el año 79 antes de Cristo. Los habitantes de Pompeya, entre 12.000 y 15.000 personas según se estima, y los de la vecina localidad costera de Herculano, con unos 4.000 habitantes, murieron sepultados por sus propios techos, asfixiados por los gases tóxicos de la erupción, o carbonizados por un flujo abrasador de roca y aire ardiendo que se abalanzó sobre Herculano a 30 metros por segundo y 400 grados de temperatura.


Una nube volcánica de 35 kilómetros llevó la oscuridad a la bahía de Nápoles. La falta de visibilidad impedía la huida a los pompeyanos, que tuvieron unas pocas horas más de vida. Pero su mundo había sido el del aire fresco que disfrutan los actuales visitantes cuando recorren sus calles ordenadas, con el volcán al fondo. Un universo urbano de placeres y gozos cotidianos.

Arqueólogos y turistas

En el año 79 d.C. Pompeya era una ciudad que en la actualidad consideraríamos pequeña (ocupaba unas 80 hectáreas), pero bastante importante en opinión de sus habitantes y de otros romanos.

Su historia se remonta a la época etrusca, y sus ciudadanos —unos 20.000— descendían de los pueblos prerromanos y de los colonos romanos que se establecieron en la zona cuando Roma extendió su dominación sobre la Campania, región fértil y rica. (imagen de un esqueleto de aquella época sepultado bajo las cenizas durante 1900 años).

Se alzaba a orillas del río Sarno, que en la actualidad carece de importancia pero que entonces permitía que Pompeya fuera el puerto en el que atracaban los buques mercantes que recogían los productos agrícolas y las manufacturas de la ciudad. Pompeya constituía uno de los centros a través de cuyos mercados y muelles la Campania mantenía contactos con el mundo exterior.

Las casas, en su tipo más sencillo, tenía una sola puerta a la calle, y estaba cerrada todo alrededor por altas paredes, privadas de ventanas y provistas sólo de altos y estrechos respiraderos hacia el exterior, que servían para la ventilación. Parecía, pues, una pequeña fortaleza. Desde la entrada, tras haber recorrido un estrecho corredor, se llegaba al patio central o atrio; alrededor de éste se abrían las habitaciones de alojamiento, los “cubicula”, y frente a la puerta estaba el “tablinum”, lugar de reunión de toda la familia.

Este tipo sencillo y austero de casa pompeyana, usado en los siglos IV y III a. C., se transformó, gracias a la influencia griega, en una casa más suntuosa, en una especie de verdadero y auténtico palacio. Pero, junto a la lujosa casa del rico patricio o del mercader enriquecido, estaba siempre la modesta habitación del pequeño artesano o del comerciante.

La casa de los Vettii, llamada así por dos sellos encontrados en la misma que pertenecían a dos libertos llamados Aulus Vettis Restitutus y Aulus Vettius Conviva, es una de las más importantes de Pompeya, ya que conserva en la actualidad sus magníficos frescos decorados

En el siglo XVIII, el descubrimiento de las ruinas de Pompeya provocó una auténtica conmoción entre los amantes de la Antigüedad. La ciudad había desaparecido del mapa entre el 24 y el 25 de agosto del año 79 d.C., cuando una mortífera erupción del Vesubio sepultó ésta y otras localidades del entorno, como Herculano y Estabia. A lo largo de los años se mantuvo el recuerdo de la existencia de unas ruinas antiguas en la zona, e incluso algunos se aventuraron a apuntar su localización a la luz de ciertos hallazgos. Pero no fue hasta 1738 cuando el futuro Carlos III de España, entonces rey de Nápoles, encargó a un ingeniero militar español, Roque Joaquín de Alcubierre, que iniciase las excavaciones. Esas primeras prospecciones se hicieron en la zona de Herculano, un punto especialmente dificultoso porque la ciudad había quedado sepultada bajo una capa solidificada de lava volcánica que llegaba a alcanzar los 26 metros de espesor. Por ello, pese a que se desenterraron algunas estatuas espléndidas, el monarca y sus asesores decidieron ampliar el alcance de la búsqueda. Fue así como, en 1748, se comenzó a excavar en la zona de la antigua Pompeya, si bien la ciudad no fue identificada como tal hasta mucho más tarde, en 1763.


Pompeya había quedado cubierta por una capa bastante menos gruesa de cenizas volcánicas solidificadas, tras la que se encontró otra mucho más ligera de lapilli (pequeñas piedras expulsadas durante una erupción volcánica); por ello, el acceso a las ruinas fue desde el principio mucho más fácil. Inicialmente los excavadores se sintieron decepcionados, pues no daban con las elegantes esculturas por las que suspiraba el rey. Durante dos años exploraron dos zonas opuestas de la ciudad, el anfiteatro y la vía de los Sepulcros. Tras una pausa, en el año 1755 se reanudaron los trabajos, siempre bajo la dirección de Alcubierre, que se mantuvo en el puesto hasta 1780. Los hallazgos se sucedieron: la villa de Cicerón, la finca de Julia Félix, más tarde el teatro Grande, el odeón, la villa de Diomedes y el templo de Isis. La expectación por los descubrimientos se extendió por toda Europa, y gran número de estudiosos, y también de simples curiosos –lo que hoy llamaríamos turistas–, empezaron a llegar al yacimiento para contemplar los edificios desenterrados, las estatuas y los primeros frescos que quedaban a la vista. El templo de Isis despertó especial interés; era el primer espacio sacro que se excavaba en Pompeya, el mejor conservado y, sobre todo, el primer santuario egipcio que podían ver con sus propios ojos los europeos, pues el viaje al país de los faraones no era factible en aquella época.

La vida en el hogar está ilustrada por delicados objetos, como una cuna de bebé de madera recuperada de la ira del volcán, o un banco para hacer una pausa en los paseos por los patios y jardines. En la calle, los residentes menos adinerados buscaban diversión en la tabernas como la de Salvio, de la que se salvaron algunos de los frescos más reveladores de la cotidianeidad pompeyana. «Aquí», exige un cliente al camarero. «No, me toca a mí», contesta otro. Las cocinas, un espacio menor en las casas, muestran las sopas y guisos de lentejas, alubias o cebolla que preparaban cuando estalló el Vesubio. La presencia de higos cuestiona la trágica fecha del 24 de agosto atribuida a Plinio, al ser octubre el mes de esta fruta.

Pompeya y la pequeña Herculano eran localidades cosmopolitas con una fuerte proporción de esclavos libres entre sus ciudadanos. Se estima que Pompeya debió tener entre 9 y 30 burdeles, la misma ciudad en cuyas paredes se han encontrado más de 50 graffitis con citas del poeta Virgilio. 

Las desinhibidas escenas de sexualidad conyugal que muestran algunos de los frescos más llamativos hablan de equilibrio en las relaciones entre sexos. En un fresco encontrado en la Casa de Lucius Caecilus, la pareja parece entretenida con las posturas sexuales, ella de espaldas, desnuda y reclinada sobre él, mientras un esclavo difuminado al fondo espera sus instrucciones.


La pintura colgaba en el patio de la casa, a la vista de todos. Los romanos estaban muy habituados a las imágenes de erotismo y sexualidad, que a menudo veían más como símbolos de fertilidad, superstición o, simplemente, de humor.


Es ese sentido del humor el que explica algunas imágenes más subidas de tono, como el de un lascivo sátiro que sujeta el pecho de una ménade, o la estatua del dios Pan en lo que antiguamente se definía como ayuntamiento carnal con una cabra. Esta jocosidad conmocionó a los arqueólogos que la encontraron a mediados del siglo XVIII en un jardín de Herculano.


En 1943, durante la segunda guerra mundial, una serie de bombardeos aliados dañaron seriamente los restos arqueológicos. Pero terminado el conflicto los trabajos se reanudaron a un ritmo intenso, aunque no siempre con el debido rigor; por ejemplo, los materiales desenterrados se utilizaron para la construcción de la autopista Nápoles-Salerno y como tierra fértil para los cultivos de la zona. Desde los años sesenta se han desenterrado tres nuevas casas: las de Fabio Rufo, Julio Polibio y de los Castos Amantes. Aun así, en la actualidad, 25 hectáreas del yacimiento, un tercio del total, aún no han visto la luz. Pero quizás el mayor reto para los arqueólogos sea la conservación de los edificios, mosaicos y frescos ya descubiertos, algo que resulta especialmente arduo en las condiciones de la actual crisis económica. Actualmente, un ferrocarril de cremallera conduce hasta el mismo cráter del volcán, siempre lleno de sugestión, pero siempre también humeante y amenazador. Nada hace suponer que el Vesubio haya cesado su actividad. Un observatorio vulcanológico situado próximo a él lo vigila atentamente, para prevenir al instante cualquiera de sus reacciones. La actividad del Vesubio no se ha extinguido, y su poder destructivo permanece latente, aunque Pompeya, Herculano y Estabia hayan quedado muy atrás…



EL MONTE VESUBIO

El Monte Vesubio es uno de los volcanes más conocidos en todo el mundo, la mayor parte de su fama proviene de su erupción en el año 79, que sepultó por completo la ciudad de Pompeya. El volcán se encuentra en Italia, en el Golfo de Nápoles y es uno de los volcanes que forman el arco volcánico de Campania. Este volcán es, de hecho, el único volcán activo situado en la parte continental de Europa, mide 1.281 metros de altura. Algunos de los otros volcanes que también se encuentran en este arco son Stromboli, Vulcano, Campi Flegrei y el Monte Etna. Estos volcanes son parte de la misma zona de subducción, que fue creada por las placas tectónicas euroasiáticas y africanas convergentes.

La primera erupción registrada. 
Una de las principales razones por la que el Vesubio es tan conocido es que en realidad es uno de los primeros volcanes en tener una erupción que se describe en detalle. Durante la erupción en el año 79 dC, Plinio el Joven vio la erupción volcánica de su ubicación en Miseno, a unos 18 kilómetros de distancia. Poco tiempo después, él escribió acerca de lo que vio, lo que nos da un registro temprano de las erupciones volcánicas. 


Erupción del Vesubio del año 79 d. C.,
según la descripción de Plinio el Joven
.
Él describió la erupción como una gran nube que se asemeja a un árbol, con un tronco y las ramas de humo y cenizas. Debido a Plinio el Joven los geólogos utilizan el término erupción pliniana para describir las erupciones que son similares a las del año 79, que son violentas y producen un gran volumen de gases en expansión, ceniza y rocas.

La erupción del Vesubio en el año 79 cubrió por completo las ciudades de Pompeya y Herculano. Los historiadores estiman que esta erupción podría haber matado a más de 16.000 personas. La principal causa de muerte durante esta erupción se debió a la asfixia por la ceniza volcánica. 

La parte más interesante de esta famosa erupción es que, debido a la ceniza caliente, se formaron moldes que preservaron a los fallecidos en detalle. Los únicos indicios de la erupción se produjeron unos pocos días antes, cuando las fuentes subterráneas de agua se secaron y se produjo un terremoto de menor importancia.

Actividad volcánica. 
En los 17.000 años anteriores, el Vesubio ha tenido 8 grandes erupciones, incluyendo la del año 79. Hace unos 3.780 años, una erupción ocurrió, y no sólo tomó a los residentes de las áreas circundantes por sorpresa, sino que fue lo suficientemente potente como para hacer que el área circundante (miles de kilómetros de ella) se convirtieran en desierto por más de 200 años.

Inmediatamente después de la erupción, en el año 79 dC, el volcán entró en erupción aproximadamente cada 100 años hasta 1037, momento en el que se detuvo temporalmente. Este largo período de tranquilidad provocó una erupción en 1631 que mató a 4.000 personas en el área.

Más recientemente, el Vesubio entró en erupción el 7 de abril de 1906, la erupción expulsó la mayor cantidad de lava registrada de este volcán. Esta erupción mató a 100 personas y cambió por completo los planes para los Juegos Olímpicos del Verano de 1908. La última gran erupción ocurrió el 18 de marzo de 1944, y destruyó varios pueblos cercanos, matando a 26 personas.

El volcán hoy. 
El Monte Vesubio y sus alrededores es un parque nacional, y está abierto a los visitantes. Existen varios caminos que lo rodean, incluyendo el acceso a la cumbre a pesar de la inminente erupción.


Hoy en día hay 18 pueblos alrededor de la base del monte Vesubio, y juntos contienen 600 mil personas, todos viviendo dentro de la zona roja. Esta zona se encuentra en la línea de fuego, en caso de que una erupción se produzca.

¿Qué sucedería en una erupción? Los científicos han medido que el Monte Vesubio se encuentra actualmente en la parte superior de una capa grande de magma, que se encuentra en el interior de la tierra y posee 154 kilómetros cuadrados, una cantidad muy grande de magma en comparación con otros volcanes de todo el mundo. Además, los científicos creen que la próxima erupción, como la del año 79, será una erupción pliniana, lo que significa que puede contener cenizas volantes y roca que alcanzarán velocidades de alrededor de 160 Km/h. Debido a su proximidad a Nápoles, y el gran número de personas que viven cerca, una erupción podría poner a más de 3 millones de personas en riesgo.

Gracias a las nuevas tecnologías, el gobierno italiano espera tener de dos semanas a 20 días de aviso antes de la próxima erupción, es de esperar que esto proporcione el tiempo suficiente para poner su plan de evacuación en vigor y salvaguardar a todas las personas que viven en la zona.




Fuentes
Grandes Civilizaciones del pasado: Roma Antigua (Anna Maria Liberati y Fabio Bourbon – Ed. Folio, 2005)