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martes, 2 de junio de 2015

2 de junio de 1955 - Se firma la orden de construcción de lo que será el cosmódromo de Baikonur en la URSS

El cosmódromo de Baikonur es la primera base espacial de la Tierra. Desde allí se han realizado 2500 lanzamientos de cohetes espaciales con varios equipos cósmicos pero su mayor riqueza es su historia y las personas que contribuyeron al desarrollo de la industria espacial de Rusia.

"Valle rico", es lo que Baikonur significa en kazajo, el nombre que recibe el desierto al este del mar de Aral, el lugar desde donde comenzó la conquista del espacio. Entre los  planes para construir el primer -y más grande- cosmódromo del mundo estaban Daguestán (en el Cáucaso), el oblast de Mariiski e incluso el de Astracán. 

Pero en la estepa kazaja se encontró una combinación ideal de factores: lugar suficiente para ubicar a la distancia necesaria los receptores terrestres de las señales de radio, la cercanía al Ecuador y la gran cantidad de días de sol al año. 

La historia de Baikonur se inició a mediados del siglo XX. El 2 de junio de 1955 se firmó la orden del Estado Mayor General del Ministerio de Defensa de la URSS sobre la creación del Polígono Especial número cinco para las pruebas del primer cohete intercontinental balístico R.7, que podía transportar una carga termonuclear a una distancia de unos 10.000 kilómetros. 

El primer lanzamiento exitoso de un cohete se llevó a cabo en ese polígono secreto situado en medio de las estepas de Kazajistán. El 4 de agosto de 1955 el polígono se convirtió en un cosmódromo: allí se realizó el lanzamiento del primer satélite artificial de la Tierra, el Sputnik. Fue un hecho sin igual que dio inicio a la era cósmica de la historia moderna. En aquel entonces, el nuevo cosmódromo recibió su nombre, que se tomó de una cercana población kazaja.

La creación del cosmódromo, la construcción de su amplia infraestructura y de una potente base de investigación fue uno de los más importantes pasos para el desarrollo de la ciencia y tecnología soviética.

Soyuz
Desde Baikonur se han lanzado naves espaciales tripuladas de las series Vostok, Vosjod y Soyuz, complejos orbitales Salut y Mir, el sistema de múltiples usos Energía–Buran, vehículos interplanetarios y satélites. Más del 50% de todos los lanzamientos mundiales se han realizado desde esta base espacial.

Otro acontecimiento histórico sin precedentes que atrajo la atención de todo el mundo hacia la base espacial tuvo lugar el doce de abril de 1961: a las 21:07 (hora local) despegó desde allí el cohete Vostok-1, llevando en su interior al primer cosmonauta de la historia, Yuri Gagarin. Durante más de medio siglo de funcionamiento, la base ha colaborado en los principales logros de la exploración del espacio: desde aquí se lanzaron al espacio el primer animal, la perra Laika, el primer hombre, las primeras naves hacia la Luna, Venus y Marte, la nave desde la que el ser humano realizó la primera caminata espacial, las primeras estaciones orbitales y satélites científicos y aplicados.

Entre los años 1970 y 1980 Baikonur fue el principal cosmódromo de la Unión Soviética. Pero tras la desintegración de la URSS, la base quedó situada en el territorio de Kazajistán. Actualmente Rusia tiene un contrato de arrendamiento hasta el año 2050. En Baikonur se realiza más del 50 % de los lanzamientos de las naves espaciales de Rusia. El centro cuenta con dos aeropuertos, 470 kilómetros de vías férreas, 1281 kilómetros de carreteras, 6610 kilómetros de líneas de telecomunicación, 360 kilómetros de oleoductos, 92 puntos de comunicación, así como con una planta de producción de oxígeno y nitrógeno, esenciales para los cohetes.

El primer paso en el camino de la humanidad hacia el espacio se dio el 12 de enero de 1955. Ese día, en la estación de ferrocarril de Tiuratam, se separaron dos vagones del tren que acababa de llegar. Se trataba del primer grupo de trabajo que debía preparar todo lo necesario para recibir a la brigada de constructores de Baikonur.

Desde la estación de Tiuratam salen unos raíles que tras un kilómetro se interrumpen abruptamente en la estepa. Este ramal del ferrocarril no se terminó nunca. Dicen que cuando el futuro director de construcción del complejo de tecnología de misiles espaciales, Serguéi Koroliov, llegó al lugar vio los raíles que acaban en medio del campo y tomó la decisión de construir la pista de lanzamiento en el mismo lugar donde se terminaban. Así apareció la primera pista de lanzamiento de Baikonur: la plataforma Gagarin. Pero hasta el día de hoy siguen transportándose los cohetes por los raíles fundidos a principios del siglo XX.


Por cierto, el cosmódromo fue bautizado en honor a esa misma estación de trenes. Pero como la construcción se realizó en un ambiente de tremendo secreto, en los documentos oficiales aparecía con otro nombre. Es más, cerca del futuro cosmódromo se construyó uno falso para desviar la atención, y junto a él toda una ciudad falsa con sus colegios, edificios y todo tipo de servicios.

No solo el nombre de las instalaciones recién construidas era secreto, sino también la construcción en sí. Todos los materiales para levantar el cosmódromo llegaban a la estación de Tiuratam en vagones de pasajeros.

Incluso los trabajadores que los descargaban, únicamente de noche, no sabían nada del grandioso proyecto al que estaban dando vida con sus manos. Hasta el último momento estaban convencidos de que estaban construyendo... un estadio. Pero nadie preguntó para qué hacía falta un estadio en la despoblada estepa kazaja.

Circula una leyenda sobre la construcción. Cuando comenzaron a cavar el foso de 35 metros de profundidad para la plataforma Gagarin, se descubrieron los restos de una antigua hoguera. Los arqueólogos establecieron que el hallazgo era del 10.000-35.000 antes de Cristo.  

Koroliov consideró que el hallazgo era una buena señal. Todavía hoy se cuenta que dijo: "Estamos construyendo en los límites de la vida. Si antes de nosotros hubo vida aquí, para nosotros este será un lugar propicio". Dicen que el constructor cogió carbón de la antigua hoguera como recuerdo y que lo metió en una caja de cerillas. 

En los años de vida del cosmódromo han nacido varias tradiciones, cada una de las cuales cuenta con su historia. La más conocida es que los cosmonautas ven la película soviética Sol blanco del desierto en vísperas del vuelo. Se supone que la película, que trata sobre la valentía y la inteligencia personal que ayuda a sobrevivir en condiciones adversas, trae suerte a los cosmonautas en el espacio.

La historia de esta tradición es amarga. En 1971 Alexéi Leónov, quien formaba parte de la tripulación principal de la nave Soyuz 11, sufrió un malestar y los médicos concluyeron que no podía volar. En vez de Leónov y el otro tripulante, Valeri Kubásov, tuvieron que viajar al espacio tres cosmonautas de la tripulación de reserva. Todo el vuelo salió según lo esperado pero durante el aterrizaje se produjo una fuga del aire y pérdida de presión en la cápsula de descenso. Los cosmonautas Vólkov, Dobrovolski y Patsáyev no tuvieron bastante tiempo para normalizar el sistema y fallecieron.
Volkov, Dobrovolski y Patsayev
Esta catástrofe significó una gran falla para todo el programa espacial de la URSS. Los vuelos estuvieron suspendidos más de dos años, mientras se investigaban las causas de la catástrofe. En este triste periodo, los cosmonautas de la tripulación principal, Leónov y Kubásov, continuaron su entrenamiento e investigaciones en Baikonur, y una vez les ofrecieron ver alguna película inspiradora. La copia del recién aparecido filme Sol blanco del desierto estaba disponible solo en la ciudad de Almatý, la entonces capital de Kazajistán, pero la llevaron a la base para que los cosmonautas pudieran verla. El filme gustó mucho a los cosmonautas y les dio ánimos. Valeri Kubásov concluyó que la película traía suerte. Y en efecto, su siguiente vuelo transcurrió de una manera perfecta. Desde entonces los cosmonautas siempre ven Sol blanco del desierto y, efectivamente, ¡funciona!

El propio Yuri Gagarin, el primer hombre que viajó al espacio, estableció otra tradición. Gagarin pasó las últimas horas antes de su vuelo en una modesta habitación. Al salir de allí para dirigirse al espacio, dejó su firma en la puerta. Nadie sabe por qué y para qué lo hizo, pero desde entonces todos los cosmonautas dejan su firma en la pared antes del vuelo. Y si bien es cierto que la mujer de limpieza borró la firma de Gagarin, las siguientes firmas permanecen intactas como parte de la memoria del cosmódromo.

Baikonur es una zona militar y por eso el acceso a su territorio está cerrado incluso para los familiares de los cosmonautas. Esta regla se observa desde que así lo determinara el ingeniero general de la cosmonáutica rusa, Serguéi Koroliov. Incluso la esposa de Gagarin supo de su vuelo como todos otros ciudadanos de la URSS: a través de un informativo radial.

En la actualidad Rusia paga a Kazajistán 115 millones de dólares al año por el alquiler del cosmódromo de Baikonur. El  acuerdo se suscribió en 1994 para un plazo de 50 años. Tras el accidente del Protón-M en 2013 la parte kazaja pidió revisar el acuerdo. El septiembre de 2013 se restablecieron los lanzamientos de este tipo de cohetes.