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domingo, 28 de junio de 2015

28 de junio de 1914 -en Sarajevo es asesinado el archiduque Francisco Fernando, precipitando el inicio de la Primera Guerra Mundial

El 28 de junio de 1914 Gavrilo Princip asesina en Sarajevo (Bosnia Herzegovina) al archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, sobrino de Francisco José I y heredero del trono del Imperio Austrohúngaro, y a su esposa Sofia Chotek


Este suceso se puede comprender considerando que en 1878 fueron ocupadas dos ciudades de Serbia, Bosnia y Herzegovina por el imperio astro-húngaro, posteriormente anexándolas a su imperio en 1908, de allí viene el resentimiento de Serbia hacia el imperio Austro-húngaro

El 28 de junio de 1914, el día donde los austriacos celebran el Vidovdan, una festividad religiosa ortodoxa, la eligieron como fecha para la visita del archiduque a la ciudad de Sarajevo, con su esposa, la condesa Sofía.

Los Serbios tomaron esta decisión en forma de burla y la organización nacionalista serbia "La Mano Negra” decidió hacer una conspiración contra el Archiduque, al principio la misión parecía que iba a terminar en fracaso, los primeros franco tiradores no habían encontrado el ángulo para dispararle, luego otro miembro arrojo una bomba contra el vehículo de Francisco pero fallo en el lanzamiento, este mismo la agarro con sus manos y la lanzó afuera del vehículo, que en consecuencia hiere a los pasajeros que iban en el auto de atrás, respecto a los otros miembros habían escuchado lo explosión y huido suponiendo que Francisco se encontraba muerto.

Luego Francisco se dirigió hacia el hospital para ir a visitar a las víctimas de la bomba que se había lanzado, pero el destino hizo que se encuentre en el camino con Gavrilo Princip, un estudiante bosnio de ascendencia serbia, para quien el atentado significaba “la venganza por todos los sufrimientos que Austria hacía sufrir al pueblo”. Princip formaba parte del grupo“Joven Serbia” tras el cual se escondía la organización secreta nacionalista la “Mano Negra” que abogaba por la independencia de Bosnia-Herzegovina respecto a Austro-Hungría y su integración en Serbia. Por su parte, ésta aspiraba a incorporar dicha provincia como un paso más hacia la creación de la Gran Serbia, confederación balcánica de naciones eslavas.

La motivación política del asesinato era compatible con la ideología del movimiento que, más tarde, fue conocido como Joven Bosnia. Al mando de los conspiradores militares estarían Dragutin Dimitrijević, jefe de la inteligencia serbia; su brazo derecho, el mayor Vojislav Tankosić y el espía Rade Malobabić. Tankosić armó y entrenó a los ejecutores del atentado y Malobabić les dio acceso a los túneles utilizados por los agentes serbios para infiltrar espías y armamento en Austria-Hungría. Sin embargo, en 1953, Dimitrijević y sus coacusados ​​fueron juzgados a título póstumo por el Tribunal Supremo de Serbia y fue hallado inocente, porque no había ninguna prueba de su presunta participación en el complot del asesinato

El asesino se encontró ante el convoy en el que viajaban los príncipes frente a la pastelería Moritz Schiller, que ahora alberga un museo sobre el magnicidio. Princip estaba allí por casualidad pero, lo que es más notable, el archiduque y su esposa, también. Se sabe que formaba parte del complot para llevar a cabo el magnicidio que, en aquel momento parecía haber fracasado tras un intento fallido, después de que tres terrorista no se atreviesen a utilizar las bombas y las pistolas que llevaban. De repente se topó de bruces con el archiduque y su esposa y decidió disparar. 

Princip en Terezin 
De la agitación del momento, Gavrilo Princip ni siquiera contó cuántos disparos realizó exactamente. Tampoco esperó a saber si había cumplido su propósito. Tan pronto hubo disparado, en automático tomó la dosis de cianuro que llevaba y apuntó su pistola contra su cabeza para rematarse; pero, en el momento en que iba jalar el gatillo, un testigo llamado Ante Velić se abalanzó sobre él y le impidió suicidarse sosteniéndole el brazo diestro, que era en el que tenía el arma. En cuestión de instantes toda una turba se congregó en derredor de ambos.

Gavrilo Princip fue juzgado junto con sus demás compañeros que habían sido capturados por las autoridades ante un tribunal austrohúngaro en Sarajevo por lo que se calificó como "alta traición" y declarado culpable el 23 de octubre de 1914, pero como en el momento en que cometió el atentado estaba a tan solo 27 días de cumplir la mayoría de edad (20 años), Gavrilo no pudo ser condenado a pena de muerte en virtud de la legislación austríaca, por lo que fue sentenciado a cumplir la pena máxima de 20 años de trabajos forzados en prisión, bajo un absoluto confinamiento en solitario en la pequeña fortaleza de Terezin, un presidio en que difícilmente se podía salir con vida, ya que era un centro en que se torturaba a los prisioneros políticos y se les dejaba morir de inanición.en la actual República Checa. Donde falleció el 28 de abril de 1918, oficialmente de tuberculosis ósea, a tan solo 6 meses de la capitulación de Austria-Hungría y del fin de la guerra. Cuando el director de la prisión de Terezin quiso transferirlo a otro sitio, Princip le dirigió a éste estas palabras:
«No hay necesidad de que me cambien a otra prisión. Mi vida se consume ya. Sugiero que me claven en una cruz y me quemen vivo. Mi cuerpo en llamas será una antorcha que ilumine a mi pueblo en el camino hacia la Libertad.»
En su celda, se encontró tras su muerte las siguientes líneas que había tallado con el mango de una cuchara en la pared:
«Nuestras sombras andarán por Viena, se pasearán por la corte, atemorizarán a la aristocracia.»
Al terminar la guerra, en Yugoeslavia, fue considerado un héroe nacional, motivo por el que fue objeto de honras. Sus restos fueron exhumados junto con el de sus compañeros en 1920 y trasladados al cementerio ortodoxo de San Miguel en Sarajevo. En el lugar, actualmente hay una capilla en honor a él y a los demás jóvenes de la Joven Bosnia que participaron en el atentado de Sarajevo.

La calle Gavrilo Princip en Belgrado.
La evaluación histórica de Gavrilo Princip es un asunto polémico, pues mientras que en la historiografía serbia es descrito como un héroe nacional, en la austríaca y principalmente en la anglo-estadounidense, como un terrorista que causó uno de los conflictos bélicos más terribles de la Historia. En Bosnia, su país de origen, la opinión en torno a su figura está dividida en la actualidad.

Todos los involucrados en el atentado que aún estaban vivos fueron apresados, juzgados, condenados y castigados. Aquellos que fueron apresados en Bosnia fueron juzgados en Sarajevo, en octubre de 1914. El resto de conspiradores fueron sometidos a una corte serbia en el frente de Salónica (bajo control francés). Esto culminó con la ejecución de los tres principales oficiales involucrados. Gran parte de lo que se conoce sobre los asesinatos del archiduque y su esposa tuvo origen en la información obtenida en esos juicios. 

El archiduque Francisco Fernando era un heredero con ideas propias y más avanzadas que las del emperador para abordar la crisis del Imperio Austro-Húngaro. Creía que había que introducir importantes reformas si se quería salvar la corona imperial. La alternativa era conocida como trialismo o monarquía trial, es decir, había que convertir la monarquía dual en una triple con tres Estados, el austríaco, el húngaro y el eslavo, con grandes reformas administrativas y en plano de igualdad. Al parecer, esta idea conectaba bien con los nacionalistas eslavos moderados pero no con los más radicales, instigados desde fuera por los serbios, embarcados en su proyecto de creación de una Gran Serbia que reuniera la mayoría de los territorios de población eslava de los Balcanes, idea apoyada por los rusos. Su asesinato y la guerra desbarataron, lógicamente, el proyecto del trialismo.

El magnicidio conmovió al Imperio en sus cimientos. En aquel momento, las circunstancias en los Balcanes eran explosivas. Los asesinos formaban parte del grupo de la “Joven Bosnia”. Aunque no habían recibido apoyo oficial serbio se sospechaba que habían sido ayudados por la sociedad secreta “La Mano Negra”, organización radical en su defensa del nacionalismo eslavo y con buenas conexiones con las esferas políticas y militares serbias. Viena era consciente que debía actuar con energía. En primer lugar, porque si no lo hacía podía alentar a otros grupos, sectores y minorías eslavas en sus pretensiones independentistas. Pero, también había una dimensión externa. Los austriacos estaban embarcados en la formación de una nueva Liga Balcánica pero ahora contra Serbia, su principal enemigo en la zona. El atentado podía ser aprovechado para intentar eliminar el poder serbio.

Pero los austriacos no podían tomar una decisión antes de consultar con sus aliados alemanes. Berlín había sido bastante prudente en las guerras y crisis balcánicas previas, conteniendo siempre el ímpetu de Viena, pero en este momento le preocupaba mucho la profunda crisis interna del Imperio Austro-Húngaro y esperaba que el posible conflicto volviera a quedarse en algo localizado. Así pues, el káiser Guillermo II animó a los austriacos a que tomaran medidas contundentes. En principio, el cálculo alemán no era muy descabellado, ya que sabían que Francia aún no había conseguido un nivel militar similar al alemán, lo rusos tenían un ejército muy atrasado y los británicos andaban en plena crisis irlandesa.

Austria deseaba organizar una expedición militar de castigo contra Serbia, es decir, quería ir más allá que lo estrictamente diplomático. Por eso el ultimátum se preparó para que no pudiera ser aceptado por los serbios. El día 23 de julio fue presentado al gobierno de Belgrado. Tenía que ser contestado en dos días sin ninguna posibilidad de negociación diplomática. El ultimátum exigía al gobierno serbio la búsqueda y captura de los responsables materiales del asesinato y la supresión en su territorio de todo tipo de agitaciones y propaganda contra el Imperio Austro-Húngaro. Otra cláusula exigía que se debía aceptar que funcionarios imperiales actuaran en territorio serbio contra los elementos antiaustriacos. Es evidente que el ultimátum, especialmente la última cláusula, afectaba a la soberanía serbia, y no fue aceptado. Viena rompió relaciones diplomáticas con Belgrado.

El mes de julio fue muy agitado también en el lado de la Triple Entente. Los rusos eran tradicionales aliados de los serbios y no estaban dispuestos a abandonar a sus hermanos eslavos. La potencia militar rusa había sufrido en la guerra ruso-japonesa pero se habían hecho esfuerzos para mejorar. San Petersburgo avisó a los alemanes que si los austriacos atacaban Serbia se les declararía la guerra. En los días del ultimátum austriaco a Serbia, Rusia puso en alerta a una parte considerable de su ejército y decretó la premovilización.

Por su parte, Francia estaba dispuesta a apoyar a su aliado ruso. El presidente Henri Poincaré visitó San Petersburgo los últimos días de julio y prometió entrar en conflicto si Alemania emprendía acciones bélicas.

El gobierno británico era el menos belicista de todos, ya que la opinión pública veía muy lejos los conflictos balcánicos, pero, por otro lado, Londres era consciente de sus compromisos en la Triple Entente y, especialmente con París. Además temía que el equilibrio continental de fuerzas se rompiese a favor de los alemanes.

Cuando la tensión se acrecentó con el rechazo serbio al ultimátum, Gran Bretaña intentó mediar para encontrar una solución diplomática, pero Austria se negó en rotundo y declaró la guerra a Serbia el 28 de julio, bombardeando Belgrado. Pero los británicos insistieron en una salida pacífica, aunque advirtieron que si Alemania y Francia entraban en guerra, no se quedarían al margen. Los alemanes tomaron nota de la advertencia y se alarmaron, pero el Estado Mayor, cada vez más poderoso en Alemania, presionó para que Berlín apoyase sin condiciones la iniciativa militar austriaca.

Cuando Serbia fue atacada, Rusia decidió que había que actuar pero no era tan fácil. Podía optarse por una movilización parcial contra Austria por el ataque a sus aliados eslavos, o la movilización general, pero esta decisión sería vista por Alemania como una provocación. Hacia el 28 de julio, el siempre dubitativo zar Nicolás ll parecía inclinarse por la primera medida, a pesar de la presión de sus generales por la segunda opción. Al final, se decretó la movilización general el día 30.

La movilización rusa provocó que, al día siguiente, Alemania lanzase un ultimátum a Rusia para que frenase esta medida militar. También se dirigió a Francia para preguntar por su actitud ante estos hechos y reclamando como rehenes las fortalezas de Toul y Verdún en caso de que se declarase neutral, como garantía. En realidad, Berlín sabía que París no aceptaría ninguna condición, por lo que era una provocación para que los franceses atacasen primero y fueran vistos como los agresores. En este caso, Francia optó por cierta prudencia, ya que atrasaron sus líneas militares fronterizas unos kilómetros.

El día 2 de agosto, Alemania invadió Luxemburgo y envió a Bélgica un ultimátum para que dejara el paso libre a sus tropas hacia la invasión de Francia, pero los belgas se negaron. El día 3 de agosto, Alemania declaró la guerra a Francia y atacó Bélgica. Las invasiones de Luxemburgo y Bélgica provocaron un escándalo internacional, ya que eran dos países neutrales fuera del juego de alianzas de la época de la paz armada y fueron determinantes para terminar con cualquier duda británica, ya que se temía que los puertos continentales del Canal de la Mancha cayesen en manos alemanas. Ese mismo día, el Parlamento británico votó la aprobación de los créditos para la movilización general. El día 4 de agosto, Londres envió un ultimátum a Berlín para que detuviera la invasión de Bélgica, que derivó en una declaración de guerra. A partir de entonces, en las primeras semanas del mes de agosto las declaraciones de guerra se sucedieron en cascada entre los principales contendientes. La guerra había comenzado

Durante cuatro años se movilizaron más de 70 millones de hombres, de los cuales murieron unos diez millones, otros 21 millones resultaron heridos y 7,7 millones fueron dados por desaparecidos o cayeron prisioneros, según informes de la Enciclopedia británica.


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