Translate

lunes, 8 de junio de 2015

8 de junio de 1972 - en la Guerra de Vietnam, el fotógrafo de AP Nick Ut toma la famosa foto premiada con un Premio Pulitzer de la niña Phan Thi Kim Phuc corriendo desnuda por una carretera, quemada por el napalm.

Si hubo una fotografía que capturara la naturaleza horrible de la guerra de Vietnam, fue la de una niña de nueve años de edad corriendo desnuda por la calle, gritando de dolor de las quemaduras de napalm que habían comido en su carne. El fotógrafo que tomó esa foto de la joven Kim Phuc fue galardonado con el Premio Pulitzer. Pero, irónicamente, la imagen que se trasladó a millones a las lágrimas, en última instancia, hizo a Kim Phuc víctima de nuevo. Esta es su historia.

Al fotógrafo de The Associated Press Huynh Cong “Nick” Ut sólo le tomó un segundo tomar la icónica foto en blanco y negro, hace 40 años. Con ella transmitió los horrores de la guerra en Vietnam mejor que cualquier texto, ayudando a poner fin a una de las guerras más controversiales en la historia estadounidense.


Pero detrás de esa foto hay una historia menos conocida. Es la historia de una niñita malherida unida por el destino con un joven fotógrafo. Un momento capturado en el caos de una guerra que sería su salvación y camino a una aventura de vida.

“Siempre he querido huir de ese recuerdo”, dijo Kim Phuc, “Pero parece que la foto no me deja ir”.

Era el 8 de junio de 1972 cuando Phuc escuchó el grito de un soldado: “¡Tenemos que desalojar este lugar! ¡Bombardearán aquí y estaremos muertos!”.

Segundos después vio las estelas de las bombas, amarillas y púrpuras, sobrevolando el templo Cao Dai donde su familia estaba refugiada desde hace tres días, mientras las fuerzas vietnamitas del norte y sur peleaban por el control de la villa.

El suelo se estremeció y un calor infernal sofocó la zona mientras un estallido escupió llamas anaranjadas en todas direcciones. Las llamas alcanzaron el brazo izquierdo de Phuc. Su ropa de algodón se derritió al contacto. Los árboles se convirtieron en ardientes antorchas. Sentía dolor agudo en su piel y músculos. “Seré fea y ya no seré normal”, pensó mientras rozaba furiosamente con su mano derecha su brazo quemado. “La gente me verá de forma diferente”.
Impactada, salió corriendo por la Autopista 1 detrás de su hermano mayor. No vio a los periodistas extranjeros que estaban en la dirección hacia donde ella huía, gritando. En ese momento perdió el conocimiento.

Ut, el fotógrafo vietnamita de 21 años que tomó la foto, llevó a Phuc a un pequeño hospital. Ahí le dijeron que no había nada que hacer. Pero mostró su insignia de prensa estadounidense y pidió que los médicos la atendieran y le aseguraran que no la iban a olvidar.

“Lloré cuando la vi corriendo”, dijo Ut,“Si no la ayudaba, si algo le pasaba y moría, creo que me hubiera suicidado”.

Al regresar a la oficina en Saigón, reveló su rollo. Cuando salió la imagen de una pequeña niña desnuda, todos temieron que fuera rechazada por la estricta política de la agencia contra la desnudez. Envió a la AP la foto, donde tuvo bastantes problemas por el desnudo de la niña, aunque finalmente gracias al veterano editor Horst Faas quien la vio y supo que era una foto extraordinaria pudo publicarse. Argumentó el valor fotográfico de la imagen más allá de otras consideraciones y ganó. Luego ganaría numerosos premios, como el Pulitzer Prize, World Press Photo, Sigma Delta Chi, Overseas Press Club, National Press Club y el George Polk Memorial Award. En 2012 Út ha recibido el Salón de la Fama de Leica por sus contribuciones al fotoperiodismo

Un par de días después que la imagen impactara al mundo, otro periodista encontró que la pequeña niña de algún modo había sobrevivido al ataque. Christopher Wain, corresponsal de la televisora británica British Independent Television Network, quien le dio a Phuc agua de su cantimplora y le roció la espalda que se le quemaba, luchó para que la transfirieran a la unidad Barsky, operada por estadounidenses. Era la única instalación en Saigón equipada para atenderle sus severas lesiones.  Una tercera parte del pequeño cuerpo de Phuc recibió quemaduras de tercer grado, aunque su cara de alguna forma quedó intacta. Con el tiempo la piel quemada comenzó a sanar.

Recuerda Phuc:
“No tenía idea de dónde estaba o qué me había ocurrido.Desperté y estaba en el hospital con mucho dolor y las enfermeras estaban a mi alrededor. Desperté con un terrible temor. Todos los días a las 8 de la mañana, las enfermeras me ponían en la tina de quemados para retirar toda mi piel muerta”, dijo. “Yo sólo lloraba y cuando no soportaba más, me desmayaba”.
Después de múltiples injertos de piel y cirugías, Phuc finalmente fue dada de alta, 13 meses después del bombardeo. Ella vio la foto de Ut, que para entonces le hizo ganar el premio Pulitzer, pero todavía desconocía el alcance y poder de esa imagen. Phuc sólo quería irse a casa y ser una niña otra vez.

Durante un tiempo, la vida regresó a la normalidad en cierto modo. La foto fue famosa, pero Phuc fue relativamente una desconocida, salvo para quienes vivían en su pequeña aldea cerca de la frontera camboyana. Ut y otros periodistas le hacían visitas ocasionales que cesaron después del 30 de abril de 1975, cuando las fuerzas comunistas del norte tomaron el control de Vietnam del Sur, lo que puso fin a la guerra.

La vida bajo el nuevo régimen fue dura. El tratamiento médico y los analgésicos eran caros y resultaban difíciles de encontrar para la adolescente, que seguía sufriendo jaquecas y dolores intensos.

La joven trabajó intensamente y logró ingresar a la escuela de medicina para buscar su sueño de ser doctora. Pero todo terminó una vez que los líderes comunistas se percataron del valor propagandístico de la “niña del napalm” que aparecía en la foto.

Se vio obligada a dejar la escuela y a volver a su provincia de origen, donde se le hacía participar en encuentros con periodistas extranjeros. Las visitas eran vigiladas y controladas. Se le indicaba qué debía declarar. Sonreía e interpretaba su papel, pero el descontento comenzaba a consumirla.
“Quería escapar de esa imagen. Fui quemada por el napalm; fui una víctima de la guerra… pero crecí y me volví otro tipo de víctima”.
Se refugió en el Cao Dai, la religión de Vietnam, en busca de respuestas que no llegaron.
“Mi corazón era exactamente como una taza de café negro. Deseaba haber muerto en aquel ataque con mi primo, con mis soldados de Vietnam del Sur. Deseaba haber muerto en aquel tiempo para no sufrir así más… era muy difícil para mí soportar toda esa carga con aquel odio, ira y amargura”.
De pronto, una vez más, la foto que le había dado aquella fama indeseable, le abrió una oportunidad.

En 1982 viajó a Alemania Occidental para recibir atención médica con ayuda de un periodista extranjero. Luego, el primer ministro de Vietnam, conmovido por su historia, hizo los arreglos para que estudiara en Cuba. En 1986 obtuvo la licencia para viajar a estudiar a la Universidad de La Habana, donde comenzó sus estudios en las lenguas del inglés y el español. 

Estuvo al fin libre del escrutinio público, pero su vida distaba mucho de ser normal. Ut, que trabajaba entonces en la AP en Los Ángeles, viajó para reunirse con ella en 1989, y encontró que no se le dejaba sola un solo momento. No hubo forma de que él supiera que ella quería de nuevo su ayuda, desesperadamente.
“Sabía en mis sueños que un día el tío Ut me ayudaría a tener libertad, pero estaba en Cuba, estaba realmente decepcionada porque no podía tener contacto con él. No podía hacer nada”.
Cuando estaba en La Habana, Phuc conoció a un joven vietnamita. Creyó que nadie la querría nunca, debido a las cicatrices que le cubrían la espalda y un brazo. Pero Bui Huy toan pareció amarla aún más por esa causa.

Ambos decidieron casarse en 1992 e irse de luna de miel a Moscú. En el vuelo de regreso a Cuba, los recién casados desertaron durante una escala en Canadá para cargar combustible. La mujer vietnamita se sintió libre. Hoy tienen dos hijos


Phuc habló con Ut para darle la noticia, y él la alentó a contar su historia al mundo. En 1996, la Fundación de los Veteranos de Vietnam la invitó a Washington y allí conoció a uno de los pilotos que participaron en el bombardeo de Trang Bang, su aldea. Kim Phuc le perdonó públicamente entre sollozos, convirtiéndose en el símbolo mundial de la reconciliación. “El perdón es más poderoso que cualquier arma del mundo” dijo entonces.

A la postre, la prensa encontró a Phuc, viviendo en Toronto. La mujer decidió que debía tomar el control de su propia historia. En 1999 se publicó un libro y se lanzó un documental, tal como ella quería que se hicieran. Se le pidió ser embajadora de la Buena Voluntad de ONU para ayudar a las víctimas de la guerra. Desde entonces, se ha reunido con Ut muchas veces para contar su historia. Incluso viajaron a Londres para conocer a la reina.

“Hoy estoy feliz de haber ayudado a Kim”, dijo Ut, que sigue trabajando para la AP y que volvió recientemente a la aldea de Trang Bang. “La llamo mi hija”.

Después de más de cuatro décadas, Phuc, puede finalmente mirar la foto en que corre desnuda, y entiende por qué sigue siendo tan poderosa. La salvó, la puso a prueba y finalmente la liberó.
“La mayoría de la gente conoce mi foto pero hay muy pocas que conocen mi vida. Estoy muy agradecida de poder aceptar esta imagen como un regalo poderoso. Es mi elección. Así puedo trabajar con esto por la paz”

En 1997 creó la Fundación Kim Phuc, que tiene como misión ayudar a los niños víctimas de la guerra, y ese mismo año fue nombrada Embajadora de la Buena Voluntad de la UNESCO.

Kim aún tiene contacto frecuente con el fotógrafo Nick Ut, con quien comparte una amistad.





Huynh Cong }ut
Huynh Cong Ut es hijo de un granjero vietnamita, y su contacto con la fotografía fue en la agencia de noticias Associated Press cuando sólo contaba 16 años, poco después de que su hermano mayor, Huynh Thanh My, otro fotógrafo de AP,  murió durante una asignación de la AP en el delta del río Mekong. El propio Ut fue herido tres veces en la guerra. Desde entonces, ha trabajado para AP en Tokio, Corea de Sur, Hanói y posteriormente en EEUU.

Huynh Cong Ut, conocido profesionalmente como Nick Ut, es un fotógrafo vietnamita nacionalizado estadounidense (nacido el 29 de marzo de 1951 en Long An, Vietnam, vive en Monterey Park, California) ha trabajado más de 35 años para la agencia Associated Press (AP) Aunque su trabajo más icónico fue la foto de la niña Phan Thị Kim Phúc.

Tras el fin de la guerra, llegó a Los Ángeles en 1977 como refugiado vietnamita. Continuó trabajando para AP en Tokio, Corea de Sur, Hanói y posteriormente en el mismo EEUU.   

Famoso mundialmente por aquella icónica foto con menos de 20 años, Út ha seguido trabajando realizando potentes imágenes e historias fotográficas. Como ejemplo, las fotos de Paris Hilton llorando en el asiento trasero del coche del Sheriff del Condado de Los Ángeles en 2007, mientras la llevaban a un juicio. También volvió a Vietnam con el proyecto de liberar a los últimos prisioneros norteamericanos y ha documentado los efectos del agente naranja.

Puede interesarle: