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domingo, 7 de junio de 2015

7 de junio de 1981 - Israel lleva a cabo un ataque aéreo por sorpresa, denominado Operación Ópera, consistente en la destrucción del reactor nuclear Osirak, situado cerca de Bagdad, Irak.

En la tarde del 7 de Junio de 1981, Osirak, el reactor nuclear Iraquí, era bombardeado por la aviación israelí sin aviso ni declaración de guerra (Realmente no se había firmado la paz con Israel desde el último conflicto). Un ataque aislado en el marco de la guerra de Irak-Irán. Esto supuso un ataque preventivo que posiblemente evitó un desequilibrio de fuerzas en la zona, ya que todo apuntaba al uso de este reactor como fuente de material nuclear para su uso militar.


Irak en busca de la bomba

A los pocos años de su acceso al poder, Saddam Hussein comenzó a interesarse por las aplicaciones energéticas del átomo, al menos de forma oficial. Previamente, antes de la ascensión al poder por parte de éste, a principios de los 60, se adquirió a la Unión Soviética un reactor IRT de 2 MW (Megavatios) para investigación que entró en funcionamiento en 1968 en Al-Tuwaitha, y que posteriormente, en 1978 fue mejorado para una potencia de 5 MW. Por otra parte, en 1970, Irak fue uno de los países que firmó el Tratado de No Proliferación, referente a armas nucleares. Con ello se comprometía al uso de la energía nuclear con fines científicos, económicos y sociales únicamente.

Todo indicaba que la versión oficial del uso pacífico era real, pero en 1974 comenzaron las sospechas. Irak expresó el deseo de comprar a Francia un anticuado reactor de gas-grafito para la producción de energía junto con material fisible. Concretamente se trataba de uranio altamente enriquecido al 93%. Este nivel de enriquecimiento lo capacitaba para la fabricación de armas nucleares. Esta petición resultaba sospechosa, por ser ese modelo de reactor poco eficiente para esa labor, mientras que en lo referente a la producción de plutonio resultaba realmente eficiente, produciéndolo mediante el bombardeo de uranio natural con neutrones lentos. De hecho, estos reactores eran usados por las potencias nucleares para lo producción de este material. Hay que señalar que junto al reactor, se solicitó también una planta que podría usarse para reprocesar el plutonio generado. Francia respondió que ya no fabricaba esos reactores, pero que si comercializaba uno más moderno, seguro, eficiente y barato que funcionaba con Uranio enriquecido al 20%.

Saddam Hussein
Saddam rechazó el nuevo modelo y se interesó a finales de los 70 por el reactor italiano Cirene. Esta actitud hizo sospechar a Israel, que desde 1974 hizo todo lo posible para evitar que Irak alcanzase la capacidad de generar material para armas nucleares, desde presión de los medios hasta contactos y persuasión con elementos clave del programa nuclear iraquí. Se dice que en junio de 1980, agentes israelíes asesinaron a Yehia El-Mashad, un científico atómico egipcio que trabajaba en el programa nuclear iraquí. También se ha afirmado que Israel envió cartas amenazantes a los altos funcionarios y técnicos de las empresas italianas y francesas relacionadas con el proyecto

Conviene señalar que tanto técnicos franceses como la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) verificaban regularmente que no existiese ninguna actividad anormal en el mismo, si bien una vez obtenido los materiales necesarios, se podría negar el acceso de éstos al reactor y para entonces ya sería demasiado tarde.


Neutralizar la amenaza

En el escenario de tensiones de oriente medio, Irak era uno de los países más ofensivos hacia Israel. Si bien eran muchos los países que no reconocían la existencia del estado judío, Irak pertenecía al conjunto de países que lo había atacado. Así fue en la guerra de independencia de 1948, o posteriormente, enviando tropas a otros conflictos. También acusaban al régimen de Hussein de dar apoyo a los terroristas, además de lanzar éste amenazas directas contra Israel. A ojos israelíes, el reactor iraquí era una amenaza y debía de ser neutralizada.

Curiosamente, esta amenaza hermanaba al estado judío con uno árabe, Irán. Irak atacó Irán en septiembre de 1980 en una guerra que duraría 8 años y la pronta entrada en funcionamiento del reactor suponía un serio problema ya que quedaba patente que el dirigente iraquí no tenía demasiados reparos en el uso de armas de destrucción masiva como era el caso de las químicas.

Menachem Begin
Ante esta perspectiva, Menachem Begin, Premio Nobel de la Paz 1978 y primer ministro israelí al frente del Likud (Partido derechista de Israel) y que en los 40 había liderado el movimiento independentista Irgún, decidió que sería buena idea que otros le hicieran el trabajo sucio. Los esfuerzos mediáticos y otros no oficiales ya comentados resultaron estériles, por lo que solo quedaba un ataque militar para neutralizar el reactor y con él, la capacidad nuclear iraquí. Realmente, el ataque israelí era demasiado arriesgado al poder dar lugar a una reacción de varios países árabes que volviesen a atacarle en coalición, una perspectiva nada agradable.

Al comienzo de la confrontación, la inteligencia israelí animó a Irán a lanzar un ataque contra el reactor israelí, aprovechando que aún no había sido cargado con combustible nuclear evitando contaminar la zona. Finalmente se decidieron a realizarlo, aunque resultó un ataque bastante pobre. El 30 de septiembre de 1980, la Fuerza Aérea iraní lanzó un ataque contra una central eléctrica cerca de Bagdad. Dentro del grupo de bombardeo, 2 F-4E Phantoms se separaron y atacaron el reactor que resultó levemente dañado. Solo se logró retrasar su entrada en funcionamiento.

F-4E iraní

Irán también poseía instalaciones nucleares y el temor de resultar atacadas en represalia provocó la ligereza del ataque y la cancelación de futuros. Era el caso de las instalaciones nucleares de Bushehr, que constaban de dos reactores de fabricación alemana. Con la revolución islámica en 1979, su construcción quedó paralizada quedando inacabados, al considerarse la energía nuclear anti-islámica. Posteriormente se cambió de actitud y se aceptaba su uso con fines civiles. En cualquier caso los iraníes estaban en lo cierto. El 24 de marzo de 1984 la Fuerza Aérea Iraquí lanzó un ataque contra estos reactores dañándolos. En los 4 años posteriores siguieron a éste otros 7 ataques. Israel debería hacerlo por sí mismo y el tiempo apremiaba, ya que se acercaban las elecciones y Begin temía que el próximo gobierno no fuese capaz de acometer esta acción.


El ataque israelí

Ante la inminencia de tener que lanzar un ataque contra un país árabe con lo que ello implicaba, Israel intentó por todos los medios evitar que Irak obtuviese material fisible, presionando sobre todo a Francia para evitar que éstos le proveyesen de uranio altamente enriquecido. No lo lograron, por lo que dieron paso al uso de la fuerza.

Se dio luz verde a la opción ataque aéreo que llevaba en preparación desde 1977, a pesar de que también tenía sus contras, como era la necesidad de atravesar el espacio aéreo de terceros países, si bien, una ventaja que se presentaba era el hecho de que el grueso de la defensa aérea iraquí (Antiaéreos y aviación) se concentraba en el conflicto con Irán. Entre los aviones de la IAF (Fuerza aérea israelí) con capacidad para atacar a superficie se encontraban los estadounidenses A-4N Skyhawk, F-4 Phantom, y F-16 Falcon, junto al KFIR C-2 de fabricación propia. De todos ellos, el F-16 era el más tecnológicamente avanzado y también poseía las mejores prestaciones de vuelo y supervivencia, además de poder alcanzar el blanco sin necesidad de ser reabastecido en vuelo. Hay que señalar que los primeros Falcon llegaron a Israel en Julio de 1980, por lo que los planes se diseñaron sin estar el avión en servicio. Para la escolta los acompañaron los F-15 Eagle.

Durante 9 meses los pilotos fueron intensivamente entrenados sin darles información alguna de para que lo hacían. Con esto se buscaba garantizar el secreto de la operación. Es por esto que la maniobra de bombardeo la practicaban simulando el ataque contra la cúpula de un radar en el desierto del Negev. Previamente al ataque ya se les ofreció modelos a escala de las instalaciones del reactor.

El 7 de Junio de 1981 llegó el momento. A las 15:55 despegaban de la base aérea de Etzion, al Este del Sinaí, 6 F-15 y 8 F-16 rumbo a Irak sobrevolando Arabia Saudí. Durante casi todo el vuelo, los Falcon volaron a 30 metros de altura y 670 Km/h. Existe un falso mito de que lo hicieron a gran altura y en una formación muy cerrada para confundir a los radares enemigos y que los identificasen como un único avión grande de pasajeros. Se apostó por el sigilo y para lograrlo, además de pasar inadvertidos al radar, en todo momento se mantuvo el silencio de radio.

Por su parte, los F-15 se dividieron en 3 parejas. Dos de ellas se separaron gradualmente. La primera cerca del cruce en el que confluyen las fronteras de Jordania, Arabia Saudí e Irak. Su misión era controlar el espacio aéreo, ofrecer defensa al grupo de ataque contra cazas enemigos y actuar de enlace de radio a modo de repetidor. Por su parte, la segunda se estableció a medio camino entre este punto y Bagdad. Su misión era ofrecer defensa frente a cazas hostiles. Sus radares permanecieron encendidos. Cercanos ya al reactor, la última pareja de F-15 se elevó sobre el mismo y comenzó a sobrevolarlo efectuando círculos. Por una parte ofrecieron protección a los atacantes frente a cazas y también lo hicieron contra las defensas antiaéreas al activar sus dispositivos de contramedidas electrónicas o ECM.

Ya estaba todo listo, era el turno de los F-16. Tras un viaje de 93 minutos y 1.100 kilómetros recorridos llegaba el momento clave. Los Falcon se separaron en parejas. En el momento justo realizaban la ascensión previa al lanzamiento de bombas para estar expuestos el menor tiempo posible. 
F-16 israeli
Una vez se lanzaron todas las bombas, uno de los F-15 que sobrevolaba el reactor y que cargaba equipos de reconocimiento hizo una última pasada para comprobar los daños. El reactor había quedado totalmente destruido, algo que confirmaron meses después las imágenes de satélite cedidas por Estados Unidos. Era irreparable. Se había logrado el objetivo. Cabe señalar que no se produjo contaminación nuclear alguna, ya que para la fecha, el combustible nuclear aún no había sido introducido.


Consecuencias

Las reacciones al ataque no se hicieron esperar e Israel sufrió todo tipo de censuras internacionales, incluida una de Estados Unidos, que le negó la venta de 4 F-16 pendientes de ser enviados. También Francia se mostró enérgica al haber perecido en el ataque un técnico francés. Por su parte, la AIEA expulsó a Israel ya que este ataque significaba una falta de confianza en su labor. Por su parte, el mundo árabe condenó en conjunto el ataque, pero esta condena fue suavizada por el hecho de que previamente se encontraba dividido por el conflicto de Irak-Irán. Por el contrario, el ataque consolidó al Likud en el gobierno en las elecciones celebradas ese mismo año.

En respuesta al ataque, se aprobó la Resolución 487 en la ONU, aprobada el 19 de junio de 1981, sin ninguna oposición y abstención alguna, ni siquiera la de los Estados Unidos. Vale la pena citar esta resolución:

“Siendo plenamente conscientes del hecho de que Irak firmó el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares desde que entró en vigor en 1970, de conformidad con este tratado, Irak ha aceptado la supervisión de la OIEA (Agencia Internacional de la Energía Atómica) de todas sus actividades nucleares, y que la Agencia ha declarado que hasta el momento se ha cumplido de forma satisfactoria con esta supervisión.
Tomando nota de que Israel no ha firmado el tratado de No Proliferación…
Teniendo en cuenta que, en los términos expresados en el Artículo 2, apartado 4, de la Carta de las Naciones Unidas: “Todos los miembros deberán abstenerse en sus relaciones internacionales de amenazar o emplear la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas”,
1.- Condena de forma enérgica el ataque militar de Israel, siendo una clara violación de la Carta de las Naciones Unidas y de las normas de conducta internacional;
2.- Exhorta a Israel a abstenerse en el futuro a realizar este tipo de actos o de amenazas de realizarlos.
3.- Considera además que el ataque constituye una grave amenaza de todo el régimen de supervisión realizado por la OIEA, que es el fundamento del Tratado de No Proliferación;
4.- Reconoce plenamente el derecho inalienable de la soberanía de Irak, y del resto de Estados, especialmente los países en desarrollo, para establecer programas de desarrollo tecnológico y nuclear para el desarrollo de su economía y su industria con fines pacíficos, de conformidad con sus necesidades presentes y futuras y en consonancia con la aceptación internacional de los objetivos de prevención de proliferación de armas nucleares;
5.- Exhorta a Israel a someter con carácter de urgencia sus instalaciones nucleares a la supervisión de la OIEA;
6.- Considera que Irak tiene derecho a la correspondiente reparación de los daños sufridos, cuya responsabilidad ha sido reconocida por Israel…”

La Asamblea General de la ONU siguió al Consejo de Seguridad con la Resolución N º 36/27 el 13 de noviembre de 1981, expresando su alarma y profunda condena a Israel por el "acto premeditado y sin precedentes de agresión", y exigiendo que Israel pague una indemnización pronta y adecuada por el daño y la pérdida de la vida que había causado. En la resolución también advirtió solemnemente a Israel a abstenerse de adoptar medidas en el futuro. 

El debate previo a la aprobación de la resolución de la ONU refleja las posiciones de los Estados miembros diferentes en cuestiones como la proliferación nuclear en la región y de la conveniencia y justificación de las acciones de Israel. El representante iraquí afirmó que "los motivos detrás del ataque israelí fueron para encubrir la posesión de Israel de armas nucleares y, más importante aún, la determinación de no permitir que la nación árabe para adquirir conocimientos científicos o técnicos." Siria pidió condena no sólo de Israel al terrorismo contra los pueblos árabes, sino también de los Estados Unidos "que siguen proveyendo a a Israel con los instrumentos de destrucción como parte de su alianza estratégica." 

El representante de Francia declaró que el único propósito del reactor de investigación científica. Los acuerdos entre Francia e Irak excluían el uso militar. El Reino Unido dijo que no creía que Irak tenía la capacidad para la fabricación de materiales fisionables para armas nucleares. El Director General del OIEA confirmó que las inspecciones de los reactores de investigación nuclear cerca de Bagdad no revelaron el incumplimiento de los acuerdos de salvaguardias.

Osirak. Fotografía del año 2002
La Junta de Gobernadores del OIEA condenó la acción de Israel. Además, la Junta pidió que la posibilidad de suspender los privilegios de Israel y de los derechos de los miembros se examinarán en la próxima Conferencia General, celebrada por la organización. En 26 de septiembre 1981, la Conferencia del OIEA condenó el ataque y votó a favor de suspender toda la asistencia técnica a Israel. se introdujo un proyecto de resolución para expulsar a Israel de la OIEA, pero la propuesta fue derrotada. Los Estados Unidos alegaron que el ataque no fue una violación del Estatuto del OIEA y que la acción punitiva en contra de Israel haría un gran daño a la OIEA y el régimen de no proliferación

Tras el ataque, se iniciaron conversaciones con Francia para la reconstrucción, pero finalmente no se llegó a acuerdo. Por ello, se iniciaron proyectos de enriquecimiento de uranio, que no requieren de un reactor. Paralelamente también se inició a mediados de los 80 el Proyecto 182, para la construcción de un reactor propio de agua pesada que funcionase con uranio natural, pero los recursos necesarios para el programa de enriquecimiento de uranio lo dejaron en un segundo plano hasta que finalmente se detuvo en 1988.

En los años posteriores, se supone que Irak abandonó la intención de obtener la bomba nuclear, pero a principios de siglo estalló nuevamente la polémica con misteriosas compras, marear a los inspectores de la ONU y las presiones de Estados Unidos que desembocó en la reciente Guerra de Irak en Marzo del 2003 y que permitió investigar a fondo las instalaciones iraquíes sin hallar evidencias de que tuviesen un programa nuclear con fines militares.