jueves, 9 de abril de 2015

9 de abril de 1914 - un grupo de marinos de la Armada de Estados Unidos fueron arrestados por el ejército federal de Victoriano Huerta en el puerto de Tampico, hecho que concluyó con una invasión a México.

Por la Revolución, Washington mantenía naves de guerra patrullando las aguas de la costa mexicana para, oficialmente, proteger a sus trabajadores  -y extraoficialmente, uno puede suponer-, cuidar el oro negro que sus empresas extraían de México.

Ese día, proveniente  del buque USS “Dolphin” que se encontraba fondeado frente a Tampico, desembarcaron en una lancha en el puerto, en una zona sujeta a control militar, varios infantes de marina quienes fueron aprehendidos y desarmados.

USS "Dolphin"
Los americanos no habían atendido una orden para permanecer en sus naves y desembarcaron para adquirir gasolina, por lo que su detención se realizó bajo las órdenes del coronel Ramón H. Hinojosa, lo que provocó el reclamo del comandante de la flota del Atlántico de Estados Unidos, Henry T. Mayo. De acuerdo con los documentos que registran este acontecimiento, identificado como el “Incidente Tampico”, el arresto de los oficiales estadunidenses duró aproximadamente 90 minutos. Los marinos estadunidenses dicen que no tenían conocimiento de que había una disposición de que no podían bajar a tierra. Cuando se entera el general Morelos Zaragoza, que es el comandante militar y gobernador de Tamaulipas, ofrece una disculpa a los marinos y ordena su pronta liberación. Sin embargo, cuando llegan con Mayo y le dan parte de todo lo acontecido, éste no queda satisfecho con la disculpa verbal

El Presidente Wilson, quien buscaba un pretexto para intervenir y enviar tropas a territorio mexicano, consideró el arresto como un insulto al honor norteamericano exigiendo se otorgara una satisfacción a los Estados Unidos por la supuesta ofensa a que habían sido sujeto los marinos norteamericanos. El mando naval americano exigió la liberación de sus marinos y que en desagravio se izara la bandera de las barras y las estrellas en el puerto de Tampico y se dispararan 21 cañonazos en honor a la Armada norteamericana, petición rechazada por el general Ignacio Morelos Zaragoza, responsable de la zona militar y gobernador de Tamaulipas.

Ese fue el mero pretexto que aprovechó el presidente estadunidense Woodrow Wilson para ordenar la invasión posterior, el día 21 de abril al puerto de Veracruz. Todas las condiciones estaban dadas para que el gobierno de Washington desconociera al gobierno de Victoriano Huerta -emanado de un golpe de Estado en contra del presidente Francisco I. Madero en 1913, entre el 9 y 18 de febrero, en los hechos conocidos como La Decena Trágica- y presionara su salida del poder en México, a través de la invasión. En Washington, en una sesión conjunta del Congreso convocada el 20 de abril para responder a “la ofensa”, se pidió una declaración de guerra contra México, que finalmente quedó en el envío de una fuerza expedicionaria. La flota del Atlántico fue dirigida a Veracruz. El ataque comenzó el 21 y en menos de 24 horas tres mil marines habían ocupado la ciudad. El saldo fue de 19 invasores muertos y 71 heridos; los defensores perdieron 126 vidas y tuvieron 195 heridos.


Este acto de guerra del gobierno de Woodrow Wilson fue justificado como “una ayuda a la democracia mexicana”, pues evitaría que Victoriano Huerta recibiera un cargamento de armas y municiones que venían de Alemania en el vapor “Ypiranga”. El barco en efecto no entró a la dársena, pero navegó a Puerto México, hoy Coatzacoalcos, y allá dejó su mercancía. En Veracruz muchos mexicanos perdieron la vida ante un ejército experimentado y bien pertrechado al mando de sargentos que ansiaban tomar el país de una buena vez por toda. Los cadetes de la H. Escuela Naval dieron un inmortal ejemplo de patriotismo

Para 1914, el puerto de Tampico es el segundo en importancia para México, y por consecuencia para el gobierno huertista, debido a las instalaciones petroleras inglesas y estadunidenses que operaban en la zona. Está ocupando para esos años el tercer lugar en la producción mundial de petróleo.

Según la confesión del soldado norteamericano más condecorado de todos los tiempos, Smedley D. Butler, general brigadier de la infantería de marina, veterano de la toma de Veracruz, en su libro War is a Racket (“La guerra es una conspiración criminal”) Todo se reducía a intereses económicos: 
“Pasé 33 años y cuatro meses en servicio militar activo y durante ese periodo la mayor parte del tiempo fui un golpeador de lujo al servicio de los Grandes Negocios, de Wall Street y de los banqueros. En pocas palabras, fui un mafioso, un gángster del capitalismo. Ayudé a que México, y en especial Tampico, fuera un lugar seguro para los intereses petroleros norteamericanos en 1914 [...]. El problema con Estados Unidos es que cuando el dólar tiene ganancias locales de sólo el 6 por ciento, se torna inquieto y viaja a donde pueda ganar el 100 por ciento. Entonces la bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera.”

Cualquier semejanza con la actualidad es una simple coincidencia