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lunes, 5 de octubre de 2015

5 de octubre de 1582 - el día en que en España, Italia y Portugal, nada pasó.

Se puede decir que este día de este año nunca existió ya que en Roma, el papa Gregorio XIII decretó el calendario gregoriano en sustitución del calendario juliano, y la noche del jueves 4 de octubre dará paso al viernes 15 de octubre, por lo cual el 5 de octubre de 1582 nunca existió en nuestro calendario.

Nuestro actual calendario proviene directamente del calendario romano, el cual se fue conformando desde los propios orígenes de Roma, y fue modificado a lo largo del tiempo, con dos importantes reformas, una la que llevó a cabo Julio Cesar, y que conformó el llamado calendario juliano, y otra la que llevaría, en el siglo XVI, el papa Gregorio XIII, que sobre la base del juliano se realizaron pequeñas pero importantes cambios, que principalmente tenían que ver con el desfase, y que da lugar al calendario actualmente usado en Occidente, el calendario gregoriano. 

La Vida de los romanos estaba regida por un calendario de origen etrusco o anterior. El año constaba de 10 meses; cuatro de 31 días y seis de 30, en total 304 días empezando en Marzo y terminando en Diciembre. Los cuales eran divididos a su vez en décadas, es decir, 10 días (semanas de 10 días).  Posteriormente los Etruscos introdujeron los meses de Enero y Febrero. Numa Pompilo (716-673 a.C.) añadió los meses de Ianuarius, dedicado a Jano dios de las puertas, al comienzo del año; pero una vez que la dinastía fue expulsada en el siglo VI a.C., siguió siendo Marzo el primer mes del año hasta que a mediados del siglo II a.C. se retomó Enero; y Februarius, dedicado a Plutón (Februus) dios del infierno, de los muertos; al final del año, se consagró como un rito de purificación, para que los difuntos no hicieran daño o no molestaran. Además redujo el número de días de los meses para sumar un total de 355 días, con lo que adaptaba el calendario al ciclo lunar.

Este calendario nos ofrece un año dividido en doce meses, de la siguiente manera: todos los meses tenían 29 días, menos los llamados meses largos, marzo, mayo, julio (en aquel momento Quintilis) y octubre, que tenían 31. Febrero tenía 28. Pero si sumamos todos los días, esto hace un año de 355 días, lo que produce un amplio desfase entre el calendario y el año astronómico, es decir, esto hace que las estaciones no caigan en sus respectivos meses. Por tanto, para que esto no ocurriera, se añadía un mes de 27 días cada dos años, conocido como mensis intercalaris, aunque Plutarco lo menciona como Mercedinus. En esos años, el mes de febrero quedaba reducido a 23 o 24 días, y seguidamente se intercalaba este mes de 27 días.

Julio César
La siguiente reforma del calendario vendrá por parte de Cayo Julio Cesar. Éste encarga la reforma al astrónomo Sosígenes, de origen egipcio. No era una casualidad elegir a un egipcio para este trabajo, pues éstos desde antiguo tenían cálculos mucho más exactos sobre la astronomía. 

Cuando se afrontó esta reforma, en el 46 a.C, el calendario romano llevaba un retraso de ochenta días con el año solar. Para ello Julio Cesar tuvo que ampliar el año 46 a.C para que se pusiera a la par con el año solar. De esta forma el año 46 a.C fue el año más largo de la historia, con 445 días. Julio César llevó a cabo una reforma del calendario de manera que el año tuviera los 365 días que todavía conservamos. Este calendario se llamó «juliano» y en él los meses impares tenían 31 días y los pares, 30 (excepto febrero, que tenía 30 sólo los años bisiestos). Por ser el último mes era el más corto, y por eso se le añadió después un día, el bis sextum, en los años llamados, por este motivo, bisiestos. 

El nuevo calendario, que se aplicó por primera vez en el año 45 a.C, tendrá un año de 365 días. Además se realizó una nueva división de los días de cada mes, quedando finalmente los meses tal y como los conocemos: Ianuarius (31 días), Februarius (28) Martius (31), Aprilis (30), Maius (31), lunonius (30), Julius (31), Augustus (31), September (30), Octobri (31), Novembris (30), Decembris (31). 

El quinto mes, Quintills, pasó a llamarse julio, Iulius, en honor a Julio Cesar. Luego ya con la reforma del calendario Juliano fue renombrado en honor a Julio César (por él mismo) por ser este el mes de su cumpleaños. Julio es el séptimo mes del año, pero era el quinto mes del calendario romano antiguo y lo llamaban quintilis, que significaba quinto. Julio César nació durante este mes. Cuando reajustó el calendario a su capricho, movió el comienzo del año de marzo a enero, y le puso su propio nombre al antiguo quinto mes, que quedó en lugar séptimo. También le proclamó dar 31 días a este mes, pese a la renuencia y alboroto de los científicos y astrónomos romanos..." Poco después, cuando Augusto llega al poder, también se le otorgará a él un mes. El sexto mes, Sextilis, pasó a llamarse Agosto, Augustus. Cuando el sexto mes se dedicó al emperador Augusto, no podía tener me­nos días que el dedicado a César y así se añadió un día a agosto tomado del mes de febrero, que desde entonces sólo tiene 28 días.

Sin embargo, los meses de Julius y Augustus no fueron aceptados rápidamente entre la población. Esto se puede notar en varios escritos medievales donde los nombres Quintilis y Sextilis siguieron siendo utilizados hasta bien entrado el medievo.

Los meses de septiembre (de “septem”, que en latín significa séptimo), octubre (de “octo”, octavo) noviembre (de “novem”, noveno y diciembre (de ”decem”, décimo) están desplazados dos lugares (del noveno al duodécimo) se ubican ahí porque antiguamente eran los meses séptimo a décimo en el calendario romano, pero rodaron dos lugares hacia adelante cuando Julio Cesar caprichosamente desbarajustó las reglas del calendario contra la astronomía y la climatología para satisfacer su ego humano y tener un mes (Julio) en pleno verano a su nombre.

Por otra parte, cuando Cesar hace la reforma se encuentra con el problema de que el año no dura 365 días exactos, sino que dura un cuarto de día más. El año bisiesto fue ya instituido por el calendario juliano, que añadía un día cada cuatro años en el mes de febrero, intercalándolo entre los días 23 y 24. Los romanos llamaban al 23 de febrero, "sexto calendas Martii" (el sexto día antes de las calendas de marzo). Al no permitir la peculiar cuenta y denominación de los días por los romanos "alargar" el mes, sólo les quedaba la opción de "repetir" un día. El día elegido para ser repetido fue el 23 de febrero, el sexto calendas, por lo que a los años en que se repetía (bis) ese día se les llamó bis-sextilis, que nos dio finalmente el nombre de bisiesto. Así quedó fijado el calendario juliano, y no será modificado hasta el siglo XVI, modificación que no alteró los meses ni los días de éstos. A partir de principios del siglo XVI se hace patente que el calendario está en desfase. El calendario juliano, aún mediante los años bisiestos, no estaba libre de error. Era un ligero desfase, unos doce minutos más al año, pero una acumulación de doce minutos en casi mil seiscientos años llevó a que en el 1582 el desfase respecto a la realidad astronómica era de diez días. 

Gregorio XIII
En esta época aplicar una modificación del calendario era muy difícil, ya no existía la unidad imperial romana, y Europa estaba dividida en una gran cantidad de estados. La única persona que podía tener alguna influencia sobre todos estos era el Papa, Así fue como en 1582, bajo el pontificado de Gregorio XIII, se llevó a cabo una nueva reforma del calendario, bajo el asesoramiento del astrónomo Cristóbal Clavius, quien realizó nuevos cálculos basándose en los ya hechos por Luigi Lilio.

El principal problema era volver a ajustar el año civil con la realidad astronómica, puesto que existía un desfase de 11 días. Gregorio decidió que del 5 de octubre de 1582, se pasara directamente al 15 de octubre.

Los nuevos cálculos del año dieron a éste una duración 365 días, 5 horas, 49 minutos, 12 segundos (los cálculos modernos han corregido esto). Ello corregía el antiguo cálculo de 365, y un cuarto de día. Se seguirán manteniendo los bisiestos cada cuatro años, siendo bisiesto los años cuyas dos últimas cifras sean divisibles para cuatro, pero con algunas excepciones. No serían bisiestos aquellos años cuya dos últimas cifras fueran cero, es decir, que los años 1700, 1800 y 1900, que hubieran sido bisiestos, no lo fueron porque acababan con dos ceros. A esto hay que sumar otra excepción, los años que acaben con dos ceros, pero sus dos primeras cifras sean divisibles para cuatro sí que se contaran como bisiestos. Por ejemplo el año 2000 acaba con dos ceros, pero sus dos primeras cifras se pueden dividir por cuatro, es por ello que si fue bisiesto. 

Todo esto se produce debido a que cada 134 años se produciría un error de un día, al contar cada cuatro años un día más. A pesar de todo esto, aún quedarían sin corregir veintiséis segundos cada año, que daría un día de más cada 3623 años, para cuya corrección bastaría con dejar de contar un bisiesto cada 3000 años. 

A este nuevo calendario se le llama calendario gregoriano, aunque realmente es el juliano con algunas modificaciones. Toda esta reforma, más o menos dificultosa era posible en la teórica, pero aplicarlo era otra cosa. La orden que dio el Papa para que se diera un salto del 4 de octubre de 1582 al 15 de octubre fue tan solo obedecida en tres países el mismo día de su implantación. Estos fueron España, Italia y Portugal. Países Bajos, Bélgica y Francia lo hicieron ese mismo año, pero en fechas diferentes. En Flandes y Holanda por ejemplo, se pasó del 21 de diciembre al 1 de enero, por lo que ese año no hubo fiestas de navidad. 

Poco a poco, en los siglos siguientes la gran mayoría de los países occidentales fueron realizando dicho cambio. En Gran Bretaña se adoptó en 1752, Rusia lo realizó en 1918, cuando el desfase era ya de catorce días, por ello la revolución de octubre realmente ocurrió en noviembre. De los últimos países en adoptar el calendario gregoriano fue Grecia, que lo hizo en 1923 y Turquía en 1927. En la actualidad sólo una parte de la iglesia ortodoxa sigue usando el calendario juliano. Debido a las diferentes fases de implantación del calendario a lo largo de la historia (como la Revolución de Octubre en Rusia -1917-, que como todo el mundo sabe, fue en noviembre), surge la necesidad de un calendario común que permita referirse sin ambigüedad a un momento de la historia. El concepto de día juliano (no confundir con calendario juliano) resuelve este problema.

Volviendo a 1582, el salto del 4 de octubre al 15 encontró un duro opositor en el pueblo. Estaba arraigada en las gentes más humildes la creencias del destino, todo estaba pensado por Dios desde un principio, por lo tanto quitar esos diez días iba contra el destino y los designios de Dios. Hay que pensar que era un pueblo analfabeto, y con una escasa cultura. Para ellos era más bien como quitar realmente diez días al tiempo. Se pensaba, por tanto, que quienes tenían que morir o nacer, o los acontecimientos que tuvieran que suceder en esos lo días nunca ocurrirían. Al Papa le costó revueltas en sus Estados, y sucesos similares tuvieron lugar en otros países conforme se iba aplicando el nuevo calendario.




Fuentes
http://enciclopedia.us.es/
http://www.tarraconensis.com/
http://historicodigital.com/
http://www.elalmanaque.com/
http://aliso.pntic.mec.es/