Translate

miércoles, 25 de noviembre de 2015

25 de noviembre de 1956 - Zarpan desde México, Fidel Castro y 81 expedicionarios más en el yate Granma para iniciar la Revolución cubana.

Tras el fracaso del asalto al Cuartel Moncada (26 de julio de 1953), Fidel Castro y sus compañeros supervivientes fueron condenados a varios años de prisión. Sin embargo, la presión popular y el esfuerzo de sus familias, hizo que tras veintidós meses presos en Isla de Pinos, fuesen amnistiados. Fidel Castro se dirigió entonces  a México desde donde preparó una expedición a Cuba para comenzar una insurrección armada contra la dictadura batistiana. 

Para tal fin fue adquirida una embarcación por la Generación de Centenario quien tenía como figura representativa a Fidel Castro y que pasarían a conformar el Movimiento 26 de Julio. El yate fue comprado a una empresa estadounidense y el nombre Granma proviene de un apodo común en inglés para una abuela (abreviatura de "grandmother") y fue usado para el traslado de 82 expedicionarios de dicho movimiento a las costas cubanas para iniciar la lucha revolucionaria contra la dictadura de Fulgencio Batista, entre los jóvenes que viajarían a la isla en dicho yate se encontraban Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y Juan Almeida, entre otros.

El 25 de noviembre partió el yate Granma desde la ensenada de Tuxpan, en el puerto de Veracruz, donde hoy está anclada una reproducción que representa un emblema de orgullo para los vecinos del lugar. Varios factores incidieron en la tardanza de la llegada a las costas cubanas del yate que zarpó de tierras veracruzanas el 25 de noviembre de 1956. Los 82 hombres a bordo, unidos al peso de las armas y las roturas del motor obstaculizaron el avance de la embarcación, a lo cual se unieron momentos de mal tiempo.


En la madrugada del primero de diciembre, el Granma se acercó a la zona escogida para su desembarco. Sin escatimar esfuerzos, Roque y Mejía, piloto y timonel, alternaban ambas tareas, mientras oteaban el horizonte y buscaban inútilmente el faro de Cabo Cruz.

En su lucha contra aquellos vientos tempestuosos Roque cayó al mar, ante el embate de una ola gigantesca. A pesar de un tiempo que retaba a los marinos más avezados, el coraje se impuso, cuando Fidel ordenó detener la marcha y rescatar al combatiente. Una hora más tarde divisaron las luces. Llegaron a las boyas por el canal de Niquero y, para su sorpresa, su actual ubicación no coincidía con la carta náutica, por lo cual se vieron precisados a cambiar el rumbo.

Al llegar el atardecer de ese día, Fidel informó que de un momento a otro desembarcarían y dio a conocer la estructura militar que existiría a partir de ese momento en los combatientes, lo cual conformaba la génesis del Ejército Rebelde, que iría a la Sierra Maestra a luchar con las armas en la mano contra la tiranía batistiana.

Es por ello que, al llegar a tierra, no encontraron el respaldo de los insurrectos cubanos. Estaba previsto que les ayudaran a avanzar en aquel terreno inhóspito para ascender hacia las montañas, donde establecerían los campamentos del Ejército Rebelde, pero no fue posible debido a los dos días de tardanza en su llegada por los múltiples inconvenientes que caracterizaron el viaje.

En la tarde del primero de diciembre, Fidel informó que se dirigirían a la costa para desembarcar. El yate llegó a las costas orientales de Cuba el 2 de diciembre de 1956 cerca de la playa Las Coloradas y marcó el inicio de las luchas guerrilleras, que culminaran con el Triunfo de la Revolución Cubana, el 1 de enero de 1959.

Fue difícil, pues tuvieron que atravesar más de un kilómetro de tupidos manglares y grandes pantanos, transportando cargas pesadas y venciendo el agotamiento. Era muy difícil avanzar hacia las montañas, sus zapatos se destruían porque el fango ablandaba y hacía pedazos las suelas, lo cual obligó a la mayoría a andar descalzos por vez primera en sus vidas.

Antes de bajar el pelotón de la retaguardia, cruzaron cerca una lancha de cabotaje y un barco arenero. Surgió entonces otra dificultad, a primera vista invencible. Por falta de petróleo, el yate no pudo regresar a las costas de Caimán Brac, como era la idea inicial de Fidel. En aquellos momentos, la voluntad no flaqueó y se crecieron a pesar de no saber en qué lugar se encontraban. Por ello, prefirieron esperar a que llegaran refuerzos, si es que se encontraban en Cuba.

La verdad les llegó con el campesino Ángel Pérez Rosabal, quien les confirmó que estaban en el territorio nacional. Su ascenso a las montañas de la Sierra Maestra dio continuidad a la lucha contra el régimen de Batista.


Los constantes triunfos contra los soldados batistianos, llamados despectivamente por el pueblo "casquitos", unidos a la estrategia de la lucha clandestina, convirtió en victoria aquel  esfuerzo titánico que culminó con el Triunfo de la Revolución Cubana. 

Hoy el Granma se encuentra en el memorial  que lleva su nombre, y  constituye el tesoro más preciado del Museo de la Revolución.