jueves, 10 de diciembre de 2015

10 de diciembre de 1977 - Es detenida y desaparecida Azucena Villaflor de Vincenti, una de las creadoras de Madres de Plaza de Mayo

Hoy recordamos a Azucena Villaflor de Vincenti, activista social argentina, una de las creadoras de Madres de Plaza de Mayo. El 10 de diciembre de 1977 es detenida y desaparecida




Azucena Villaflor fue una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. Quien, junto a otras madres, comenzó a reunirse en la plaza frente a la Casa Rosada reclamando la pronta aparición de sus hijos, secuestrados en la última dictadura militar. 

Desde sus quince años (1940) trabajó como telefonista en una fábrica metalúrgica y allí, en ese pulmón obrero vivió el 17 de octubre de 1945. Se casó en el 49 con Pedro De Vincenti y tuvo cuatro hijos: Pedro, Néstor, Adrián y Cecilia.

A principios de 1970, Néstor, uno de los hijos de Azucena, decidió convertirse en militante de la Juventud Peronista, en la Facultad de Arquitectura. Selló su destino y el de su madre.

El 30 de noviembre de 1976, ocho meses después del golpe de estado, Néstor, y la novia de éste, Raquel Mangin, fueron secuestrados por grupos armados pertenecientes a la dictadura militar autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional". Desde ese día Azucena comenzó la búsqueda de su hijo por Ministerios e Instituciones oficiales. Tras reiterados intentos infructuosos y advirtiendo lo inútil de esta forma de búsqueda inició, junto a otras madres de desaparecidos, una serie de manifestaciones pacíficas en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada (sede del gobierno en Argentina). Estas manifestaciones consistían en caminatas alrededor de la Plaza de Mayo y estas caminatas se repetían los jueves de cada semana.

Fue en la sala de espera del Vicariato de la Marina donde, indignada por las burlas y la humillación a las que eran sometidos por los funcionarios de la dictadura, Azucena le propone a otros familiares comenzar a reunirse en la Plaza de Mayo para reclamar públicamente por la vida de sus seres queridos. Varias de las mujeres estuvieron de acuerdo y empezaron a intercambiar teléfonos para avisar a otras familias. Algunas preguntaron qué iban a hacer en la plaza. "Nada -decía Azucena-, nada especial, aunque sea sentarse, conversar y ser cada día más", recordaba María Adela Antokoletz, una de las catorce mujeres que fundaron el movimiento Madres de la Plaza de Mayo.

Ese sábado 30 de abril a las cuatro y media de la tarde se reunieron por primera vez en Plaza de Mayo, como había impulsado Azucena Villaflor. Eran amas de casa, no sabían ni les importaba que estaban gestando la mayor epopeya ética de la argentina contemporánea. Catorce mujeres participaron el 30 de abril de 1977 de la primera ronda. Aquel fue el primer paso de Madres de Plaza de Mayo.

Desde entonces las madres de detenidos y desaparecidos, cansadas de reclamar en oficinas y cuarteles por la suerte de sus seres queridos, decidió protestar todos los jueves alrededor de la pirámide de la Plaza de Mayo. Desfilaban dando vueltas en silencio, con la cabeza cubierta por un pañuelo blanco.

Las Madres de Plaza de Mayo se convirtieron en el emblema de los kelpers (ciudadanos de segunda) argentinos privados de sus derechos cívicos. Por su parte, las Abuelas de Plaza de Mayo centraban su labor en el esclarecimiento de los casos de hijos de desaparecidos nacidos en el cautiverio y entregados en adopción con su documentación cambiada.

El grupo fue creciendo. Fueron a lugares a los que acudían otras madres a pedir por sus hijos, para sumarlas a la organización. Se llegó a ir casa por casa para convocar a otras madres que hubieran perdido hijos, acción riesgosa, ya que quien lo hacía debía resignarse a ser seguido por un auto, a que los dueños de casa llamaran a la policía o a que, simplemente, no le abrieran la puerta. De todas maneras, algunas sí se abrieron. En ese caso, la Madre que visitaba aconsejaba a los dueños de casa acerca del camino a seguir.

Al advertir la policía que el número de Madres que se reunían en la Plaza llegaba ya a 60 o 70, decidieron terminar con esa situación tan molesta para el gobierno. Arguyeron el estado de sitio, que no permitía las reuniones públicas de esa cantidad de personas, y a golpes las obligaron a caminar y circular. Así comenzaron las famosas rondas de las Madres.

La policía les impidió reunirse, argumentando que un decreto establecía el estado de sitio y estaban prohibidas las reuniones. Les dijeron; "Circulen, circulen", Y ellas circularon: comenzaron a dar vueltas alrededor de la Pirámide de Mayo, en tanto exigían conocer el destino de sus hijos y el castigo para los culpables.


En la Plaza las cosas no eran fáciles. Las Madres eran golpeadas, les lanzaban los perros, las detenían, les lanzaban gas lacrimógeno. Un día, un policía le exigió a una Madre que le mostrara sus documentos de identidad. La tercera vez que a una le exigieron sus documentos, las Madres -que por razones obvias no deseaban ser identificadas- decidieron mostrarle al policía los documentos de las 300 allí presentes. Fue la última vez que se los pidieron.

Por aquella época las Madres de la Plaza de Mayo eran "las madres de la subversión", "si mataron a sus hijos es porque algo habrán hecho", la puertas se les cerraban y muy poca gente conversaba con ellas.

En esa época, las Madres todavía no usaban el pañuelo blanco y solo se reunían en la Plaza de Mayo, en algún bar o en el atrio de alguna iglesia. En octubre de 1977 decidieron acudir a una marcha convocada por organismo de defensa de los derechos humanos y a otra convocada por la iglesia basílica de Luján, en la provincia de Bs.As.

Se les planteó el problema de como identificarse, y decidieron usar un pañuelo blanco en la cabeza. En esa ocasión el pañuelo fue un pañal de sus hijos, que todas guardaban como recuerdo. La marcha fue la oportunidad para que muchos argentinos descubrieran que en la Argentina había desaparecidos y que sus madres pedían por ellos.

En una audiencia, el Ministro del Interior, gral. Harguindeguy les advirtió que no podían seguir reuniéndose en la Plaza porque era peligroso y había estado de sitio. Azucena, que "era muy firme, le dijo se nos van a gastar las piernas, pero de la Plaza no nos vamos a ir". Cuando salieron de la Rosada, anocheciendo, las tres madres informaron a sus compañeras, el resultado de la reunión: nada. "Eran muchas las que esperaban, como sesenta. Quedó mucha tristeza y mucha indignación porque se siguieron burlando”.

La sede del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 fue la Argentina. El gobierno hizo lo posible para tapar lo que ocurría. Mientras muchos festejaban el acontecimiento deportivo, las Madres sufrían la indiferencia de la mayoría; algunos medios de comunicación las atacaban por antinacionales. Pero el Mundial también hizo que aumentara la presencia de periodistas extranjeros en el país. Las Madres comenzaron así a tener cierta repercusión mundial. Empezaron a viajar a Europa y a reunirse frente a las embajadas argentinas en algunos países europeos.


Una misión de la OEA visitó la Argentina en 1979. Sus funcionarios no recibieron a una comisión, sino a todas las Madres: unas 150. Sin embargo, la misión no logró los resultados que las Madres esperaban.

Al año siguiente, las Madres editaron su primer boletín. A esa altura ya se habían constituido grupos de apoyo en toda Europa y llegaban aportes económicos externos para sostener la organización.




"Los desaparecidos son eso, desaparecidos; no están ni vivos ni muertos; están desaparecidos”

Jorge Rafael Videla

"... había una mujer que estaba diciendo que era inútil estar allí, que nos ocultaban todo. Tenemos que ir a Plaza de Mayo porque allí se produjeron, a través de los años, las más grandes concentraciones y los hechos políticos y sociales significativos..." (María Adela Gard de Antokoletz recuerda las palabras de Azucena Villaflor).












"Si Azucena tenía en claro algo -decía Nora Cortiñas, otra de las fundadoras- era que una organización de este tipo se podía construir si se daba participación, si se hacía entre todas. En primer lugar, la idea de reunirnos en la Plaza fue de Azucena, pero aparte, ella era una líder natural, que no hacía esfuerzos por imponerse a los demás ni pretender liderazgos, era como una gallina que nos cobijó a todas como si fuéramos sus pollitos... hasta cobijó a quien iba a ser su secuestrador."

La Marina argentina tomó la decisión de infiltrarse en ese grupo de mujeres que se juntaba en la Plaza de Mayo y que perturbaba la paz dictatorial, en algún momento de setiembre del siniestro año 1977. Designaron para esa tarea de inteligencia a un joven oficial llamado Alfredo Astiz, quien se puso el nombre falso de Gustavo Niño Vela. Su coartada inicial fue que él vivía en Mar del Plata, que habían secuestrado a su hermano Horacio Eduardo el 25 de Marzo de 1976 y que su madre no podía venir porque estaba vencida de amargura, postrada.

Por eso, un mediodía de octubre -tal vez el día 16, tercer domingo de ese mes, Día de la Madre-, cuando familiares de secuestrados salían de una misa en la iglesia San Nicolás de Bari, sobre la avenida Santa Fe, alguien le tocó el hombro a Azucena Villaflor y le presentó a este joven, desesperado, que buscaba contactos para hacer algo por su pobre hermano. Lidia Moeremans, prima de Azucena, fue testigo presencial de este primer saludo

El ex capitán Alfredo Astiz en su juzgamiento por crímenes de lesa humanidad.
Será condenado a cadena perpetua, 
El día de la Virgen, el 8 de diciembre, estaban reunidas en la iglesia de la Santa Cruz. Astiz habría dado la señal y secuestraron a 8 personas, entre ellas, a la monja francesa Alice Domon, militante del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Azucena no estaba allí, salvó su vida apenas 48 horas.

Azucena Villaflor estaba en la casa de Chela y Emilio Mignone. Allí, en ese departamento de la avenida Santa Fe, se centralizaba la recolección de dinero y firmas para una solicitada que publicarían dos días después. Repentinamente, llegó María del Rosario de Cerruti y contó, desesperada, los secuestros que se acababan de producir en la puerta de la Iglesia de la Santa Cruz, en el barrio de San Cristóbal.

Cuando el sábado 10 de diciembre se levantó temprano, maldormida, compró el diario con la solicitada publicada. ese día de 1977, las Madres de Plaza de Mayo publicaron un anuncio en un diario con los nombres de sus hijos desaparecidos. Era un triunfo a pesar de todo. Volvió a salir de su casa antes de las nueve, a hacer compras.

"¿Qué querés almorzar, nena?", le preguntó a su hija Cecilia. Apenas movió la cabeza de la almohada para decirle que quería pescado. Con la bolsa y el monedero, Azucena fue hasta la avenida Mitre en busca del mercado, pero allí la interceptaron.

Azucena intentó resistir gritando y tirándose al suelo, pero los hombres fueron más fuertes y la cargaron a un coche. Así, el trabajo de infiltración de Astiz lograba capturar a la creadora de las Madres de Plaza de Mayo y trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), con su vestido de mangas cortas, atada y vendada. En las horas siguientes, ella descubrió que allí había otros detenidos y les preguntó sus nombres así, cuando la dejaran libre, avisaría a sus familias. También les dio el nombre de su hijo secuestrado por si alguien sabía algo de él. Pero casi no tuvo más tiempo. Antes de que se cumpliera una semana de su estadía en ese campo de concentración, Azucena fue subida a un avión y arrojada al Mar desde las alturas. Por un capricho de los vientos y de las mareas, su cuerpo fue a parar a las costas de Santa Teresita, Provincia de Buenos Aires; donde fue enterrada como NN en un Cementerio de la zona. 

Según los médicos policiales que examinaron los cuerpos, registraron que la causa de la muerte había sido "el choque contra objetos duros desde gran altura". Las autoridades locales dispusieron de inmediato que los cuerpos fueran enterrados como NN en tumbas individuales en el cementerio de General Lavalle. 

En 2003 la intendencia de General Lavalle, a raíz de una investigación periodística de estudiantes de Periodismo de la Universidad de la Plata, informó de la existencia de nuevas tumbas NN en el cementerio de la ciudad. El 8 de julio de 2005 el juez Cattani recibió el informe estableciendo que tres de los restos individualizados pertenecían a las dirigentes de las Madres de Plaza de Mayo: Azucena Villaflor de De Vincenti, Mary Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga, secuestradas entre los días 8 y 10 de diciembre de 1977 cuando integraban el grupo de la iglesia de la Santa Cruz. 

Los dos cuerpos femeninos restantes identificados con posterioridad corresponden a la religiosa Leonie Duquet, secuestrada el 10 de diciembre de 1977 en Ramos Mejía y trasladada a la ESMA, y a Angela Auad, quien se acercó a las Madres porque tenía a su marido, Roberto Genovés, preso en el Chaco. 

En el año 2003, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), realiza nuevas excavaciones descubriendo nuevas tumbas de NN en las Cercanías de General Lavalle, dentro de los restos encontrados se identifico el de Azucena Villaflor. Los restos de Villaflor fueron incinerados, y sus cenizas enterradas a los pies de la Pirámide de Mayo, en el centro de la Plaza de Mayo bajo azucenas blancas y claveles rojos, junto a la Pirámide y frente a la Casa de Gobierno.



"...hay muchísimas Madres que ya no están, pero la desaparición de Azucena, de Mary y de Esther casi nos hizo tambalear a este grupo que recién se armaba. Lo hicieron para liquidarnos, ellos no pensaron que nosotras íbamos a seguir." (Recuerda Hebe P. de Bonafini). 
Las Madres de Plaza de Mayo han sido nominadas en cinco ocasiones al Premio Nobel de la Paz: entre el 2008 y el 2012. El 14 de septiembre de 2011 recibieron el premio Félix Houphouët-Boigny, otorgado por la Unesco, por su trabajo en materia de Derechos Humanos


"Nos preocupa el hecho de que nos endiosen o que somos las sabias de la historia. Somos mujeres nada más, abuelas, madres con un dolor muy grande que supimos transformar en una lucha en paz. Acá no hay odio, no hay venganza. Esperamos a los nietos con los brazos abierto y el corazón caliente para contarles quiénes era sus papás" (Estela de Carlotto, activista argentina de derechos humanos y presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo)

Los vuelos de la muerte fueron una práctica de exterminio que las dictaduras militares de Argentina y Uruguay emplearon entre los años 1976 y 1983 para hacer desaparecer a los opositores políticos, tras haberlos detenido y torturado.

Los subían a un avión y, una vez a bordo, los anestesiaban. Mientras la aeronave proseguía el vuelo sobre el océano, los militares aprovechaban para expoliar a los prisioneros, los desnudaban, los metían en un saco con piedras y los lanzaban al mar. Los cuerpos recuperados en las costas eran habitualmente sepultados en fosas comunes clandestinas. Pero muchos pudieron ser identificados como procedentes de diferentes centros de detención de las juntas militares de ambos países. Se desconoce con certeza el número de personas asesinadas de esta manera, pero pueden ser más de 5.000, como aseguró Adolfo Scilingo, un oficial de la Marina que admitió en 1995 su participación en algunas de estas misiones. Los mandos militares argentinos y uruguayos llamaban a esta operación de exterminio “Proceso de reorganización nacional”. Muchos de los desaparecidos eran jóvenes y estudiantes, pero entre los cuerpos identificados está la monja francesa Léonie Duquet y Azucena Villaflor, una de las fundadoras de las Madres de la Plaza de Mayo.

Otro 10 de diciembre, pero en 1983, la democracia retornó a la Argentina. Una de las primeras acciones del presidente Raúl Alfonsín fue decretar el procesamiento de los máximos responsables de la represión durante la dictadura, a los que se condenó en 1985. En 1991, el presidente peronista Carlos Menem decidió indultar a la mayoría de ellos.

Las madres hasta el día de hoy continúan su lucha para conocer lo que hace mas de 35 años ocurrió con sus hijos y nietos, y que tanto atormenta sus vidas.


También en Facebook en https://www.facebook.com/elkronoscopio/posts/1924039171155226


Puede interesarle