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domingo, 25 de enero de 2015

Las minas de Potosí

El 25 de enero de 1538 se descubrió la primera mina de plata en el llamado Cerro Rico de la ciudad Potosí, en el suroeste de Bolivia. Su hallazgo se atribuye al indio yamacona Diego Huallpa, que había servido al inca Huayna Cápac.

Cuando la naturaleza era considerada como los indígenas insisten hoy en día que debe serlo y no saqueada según los hábitos europeos, había en el Altiplano andino una montaña llamada Sumaj Orcko, “el Cerro Magnífico”, que luego, una vez iniciada la explotación sin control de minerales de plata, se llamó “Potosí” nombre que quizá signifique “que hace mucho ruido” por las continuas explosiones que provocaban los mineros.

Las vetas de plata que afloraban a la superficie habrían sido descubiertas casualmente el 25 de enero de 1538 por Diego Huallpa, un indígena (otros dicen en 1545). La leyenda dice que Diego, extraviado cuando regresaba con su rebaño de llamas, decidió acampar al pie del cerro y encendió una gran fogata para abrigarse.

Cuando despertó por la mañana, se encontró con que, entre las brasas humeantes de la fogata, brillaban hilitos de plata derretida por el fuego, porque el metal afloraba. El hallazgo derivó en el cambio del nombre de Sumaj Orcko a Cerro Rico y luego a Potosí.

El primero de abril de 1545 los capitanes Diego de Zenteno, Juan de Villarroel, Francisco de Zenteno, Luis Santandia y el maestre de campo Pedro de Cotamito firmaron el documento de descubrimiento y toma de posesión del terreno.

El acta disimula apenas la codicia con el lenguaje ceremonial de entonces, reverencioso de palabra a los reyes y a los dioses:
“Yo, Don Diego de Zenteno, Capitán de S.M.I., Señor D. Carlos V, en estos reinos del Perú, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y a nombre del muy Augusto Emperador de Alemania, de España y destos Reinos del Perú, señor Don Carlos Quinto y en compañía y a presencia de los capitanes, Don Juan de Villarroel, Don Francisco Centeno, Don Luis de Santandía, del Maestre de Campo Don Pedro de Cotamito y de otros españoles y naturales que aquí en número de sesenta y cinco habemos, tanto señores de basallos como basallos de señores, posesionóme y estaco deste cerro y sus contornos y de todas sus riquezas, nombrado por los naturales este cerro Potosí, faciendo la primera mina, por mí nombrada la Descubridora y faciendo las primeras casas, para nos habitar en servicio de Dios Nuestro Señor, y en provecho de su muy Augusta Magestad Imperial, Señor Don Carlos Quinto. A primero de Abril deste año del señor de mil e quinientos y cuarenta y cinco.
- Capitán Don Diego de Zenteno.- Capitán Don Juan de Villarroel.- Capitán Don Francisco de Centeno.- Capitán Don Luis de Santandía.- Maestre de Campo Don Pedro Cotamito.- Non firman los demás por no saberlo facer, pero lo signan con este signo +.- Pedro de Torres, Licenciado”.
No sabrían firmar, pero sabían lo que era “estacar” el cerro. Sus continuadores estacaron y “alambraron” campos con los mismos fines: apoderarse de todas las riquezas.

Todo el cerro Rico de Potosí era un inmenso depósito de minerales de plata que llegaban a la superficie en varios sitios. En parte esta afloración fue su desgracia, porque fue atacado sin piedad al punto que tuvo hasta 5.000 bocaminas y socavones, casi todos conectados entre ellos con una longitud total de unos 1000 kilómetros.

Se formó hace millones de años como resultado de una erupción volcánica que con las rocas ígneas que lo constituyen trajo del interior de la Tierra toda clase de metales: plomo, estaño, cobre, hierro, pero plata sobre todo en grandes cantidades, como cloruros y sulfuros.  El monte tenía 5.183 metros de altura sobre el nivel del mar y su circunferencia era de una legua (5.573 m).

En realidad en Potosí no existía una sola mina de plata, sino muchas. Todo el cerro era un inmenso depósito argentífero al que se accedía por varios lugares. Llegó a tener más de 5.000 bocaminas y socavones, muchísmos de ellos interconectados.

El gran problema consistía en que estaba enclavado a 4.070 metros de altura. Ponerlo en producción suponía llevar la colonización al techo del mundo americano, una zona desolada y fría, donde no vivía nadie, por lo que fue necesario llevarlo TODO: mineros, herramientas, trabajadores, ganado, alimentos... absolutamente todo. Esta fue la mayor complicación

La promesa de riquezas sin límite, que como dice Quevedo pasaron casi sin dejar rastro por España debido a la política desastrosa de sus reyes y eran “en Génova enterradas”, en alusión a los banqueros de Italia, venció todos los obstáculos a pesar de la precariedad de recursos: todo lo necesario para la explotación fue alzado a 4.070 metros de altura: mineros, herramientas, trabajadores, ganado, alimentos.

En 1546, año siguiente del hallazgo de la mina, se fundó allí la Villa Imperial de Potosí. Al influjo de sus enormes riquezas, las mayores del mundo en ese momento, Potosí se convirtió en una ciudad muy grande para su época: unos 120.000 habitantes, más que Madrid y algunos dicen que también más que Londres o París en el siglo XVII. De ser así hubiera sido entonces la ciudad más grande del mundo, aunque cifras poco seguras dan a las capitales europeas poblaciones mayores.

Otra versión sugiere que los Incas conocían la existencia de plata en el cerro, pero cuando el emperador intentó comenzar a explotación metalífera se produjo una tremenda explosión que habría sido el origen del nombre actual “P’utuqsi”, gran ruido, porque según la leyenda la plata estaba reservada para los que vinieran después de él, los españoles, que bien pudieron ser los introductores intencionales de esta variante, que los favorecía y los legitimaba.

En 1625 tenía 160.000 habitantes. Miguel de Cervantes no se mantuvo fuera de su influencia porque el Quijote acuña la expresión “vale un Potosí”, con el significado de una fortuna incalculable, lo que de paso señala que en general en España estaban al tanto del saqueo.

Potosí produjo el 80 por ciento del total de la plata que se extrajo en el Perú y el 50 por ciento de toda la que se obtuvo en el mundo a fines del siglo XVI. 

De plata eran los altares de las iglesias y las alas de los querubines en las procesiones. En las casas de los mineros más ricos circulaban todo tipo de perfumes, joyas, porcelanas y objetos suntuosos, y se dice que hasta las herraduras de los caballos eran de plata.

Esto vale para los españoles que saqueaban la montaña y vivían de esta forma. Los indios sufrieron gracias a la riqueza de su tierra de manera indecible. Decenas de miles fueron sometidos a la mita, un sistema incaico que adoptaron y aplicaron los españoles hasta convertirlo en esclavitud, para proporcionar mano de obra para las minas. Los mitayos trabajaban hasta 16 horas diarias cavando túneles o extrayendo el metal manualmente o a pico.

Los indios morían como moscas en los derrumbes y si se rebelaban, ahí estaban las fuerzas del orden para aplicarles la justicia del trabuco sin más. Los españoles ni siquiera retiraban los cadáveres del interior de las minas, para ahorrar costos, y se limitaban a introducir más indios esclavos para que sigan el camino de los anteriores. El resultado fue que los buitres giraban incesantemente en torno de las bocas.

Entre 1545 y 1625 un número indeterminado de indígenas murieron en las minas hasta que los explotadores comenzaron a observar que la mano de obra se les terminaba. Las muertes de debían a las terribles condiciones de trabajo sumadas a la mala alimentación, a gases subterráneos y al mercurio, metal pesado muy venenoso, utilizado para obtener plata a través de amalgamas, en este caso la aleación de mercurio y plata. La montaña que había sido sagrada desde tiempo inmemorial, antes de los Incas, mereció para los indígenas a partir de 1559 una denominación nueva, que ilustra sobre su nuevo aspecto de raíz europea: “La boca del infierno”.

La solución que encontraron los españoles no era por supuesto mejorar las condiciones de trabajo, cambiar los métodos ni reducir el régimen de explotación que cargó galeones durante tres siglos con riquezas, sino pedir al rey que autorizara la importación de 1500 a 2000 esclavos africanos por año. El permiso vino puntual y durante la colonia llegaron unos 30.000 esclavos para trabajar en las minas del cerro Rico. Los esclavos también fueron usados como animales de carga, porque los cristianos descubrieron que era más económico un negro que una mula. En 1650 la producción de plata estuvo en su máximo y a partir de entonces comenzó a declinar por agotamiento. Cuando mermó de manera evidente, Potosi entró en una decadencia de la que no se recuperó. En 1719, una epidemia de fiebre tifoidea mató a cerca de 22.000 personas, y otras tantas abandonaron la ciudad.

La mina de Potosí según el grabado de D'Bry (siglo XVII)
Para 1750 la población se redujo a 70.000 habitantes. Treinta años después, cayó a 35.000 habitantes. Desde 1776 Potosí, como todo el Alto Perú, pasó a formar parte del virreinato del Río de la Plata, por lo que la plata dejó de embarcarse a España por el puerto de Arica y empezó a embarcarse por el de Buenos Aires, a 55 días a caballo de distancia. Al estallar el movimiento de independencia, la población había descendido a tan sólo 8.000 habitantes.

Pero Potosí no desapareció porque le quedaba un metal en la manga: el estaño, al que los españoles, en su fiebre de plata, no le dieron importancia. Fue explotado desde inicios del siglo XIX pero a principios del siglo XX la sobreproducción, otra vez fruto de la codicia, provocó la caída de los precios y Potosí, la ciudad que nació rica, tras un periodo de relativa prosperidad volvió a la pobreza.

España, poseída por la mentalidad mercantilista, no pudo subirse el tren del desarrollo industrial que ya ponía en marcha Inglaterra. No se preocupó por desarrollar sus artesanías, que habían sufrido un colapso con la expulsión de los artesanos árabes en 1492. Entonces la plata de Potosí fue utilizada para comprar los productos que otros países elaboraban. Al final fueron Inglaterra, Holanda y Francia las que terminaron quedándose con la plata potosina a cambio de vender a España lo que ésta necesitaba pero no producía.

A nuestra América le quedaron galerías laberínticas, un gigantesco hormiguero, para deleite de turistas, un cerro Rico que ahora es pobre y el recuerdo de millones de muertos que fueron hombres traídos atados, a pie a veces desde miles de kilómetros, para ser bajados a la mina. No volvían a sus casas, porque como a la puerta del infierno del Dante en la Divina Comedia, en la boca de las minas había un cartel invisible que decía: “dejad toda esperanza, vosotros que entráis”.

Hoy en día Potosí no tiene plata; pero para sobrevivir, o en la creencia de que van a sobrevivir, todavía trabajan mineros en sus galerías. Consiguen 50 dólares por ocho toneladas de mineral de cinc. Inician el trabajo casi en la niñez, pero al cabo de 10 años están ya esperando la muerte debido al efecto del polvo de roca de las paredes, que penetra en la piel, les quema el olfato y el gusto, les daña los pulmones y al final los mata. (En una de las novelas del peruano José María Arguedas, uno de esos mineros tose sin parar para recoger en un papel pequeñas cantidades de “carbón” que salen por las vías respiratorias, con la esperanza vana de que superada cierta cantidad, no morirá).

Un lejano recuerdo de las viejas creencias, convertidas en supersticiones, se advierte en el Tio, una figura de barro cocido a la que le entregan ofrendas en su santuario en el fondo de la mina. Los mineros creen que el Tío, a cambio de las ofrendas, les permitirá obtener una buena ganancia aunque no consiguen ni para sobrevivir. El Tío recibe cigarros y hojas de coca a cambio de sus favores.


Cuando los españoles advirtieron el negocio fabuloso que era Potosí organizaron la explotación y la defensa contra posibles invasores ingleses, franceses o portugueses. Trazaron caminos para movilizar tropas y sacar la producción hacia el Perú pero también hacia el Sur, hacia las amplias planicies surcadas de grandes ríos navegables por donde se podía llegar a la plata. Esos ríos terminaban en el Río de la Plata, el Mar Dulce de Solís, y cruzaban un país que mereció el nombre de República de la Plata, o Argentina. Gracias a ese gigante derrumbado que es hoy el cerro Potosí y gracias a millones de muertos en sus socavones.

sábado, 24 de enero de 2015

Calígula

Hay personajes que han pasado a la historia como grandes militares, como César y Alejandro, o como grandes políticos y gobernantes, como Augusto. Sin embargo, también los hay que han quedado retratados como auténticos ejemplos de depravación; este es el caso de Calígula. Su nombre real y completo era Cayo Julio César Augusto Germánico, o “Gaius Julius Caesar Augustus Germanicus” en el latín de aquel entonces. Nació el 31 de agosto del año 12 d.C., y murió asesinado por sus propios guardias el 24 de enero del año 41, tras un breve pero sangriento y nefasto gobierno, que duró desde el 16 de marzo del año 37 hasta el día en que su vida fue cegada.

El problema de las fuentes en el caso de Calígula es complejo. Se trata en efecto de un personaje discutido y enfrentado políticamente a los grupos de los que provenían los historiadores romanos y griegos, por lo que su descripción no es especialmente objetiva.

¿Son las fuentes históricas fiables en el caso de Calígula?

Muchas de las informaciones sobre Calígula provienen de fuentes predispuestas contra él, en especial de Suetonio y Dión Casio. Cabe destacar que las fuentes se concentran más en anécdotas que en la política del joven emperador, dándonos una visión distorsionada y poco veraz de su figura. Esta imagen tan negativa del cruel Calígula, así como del resto de los miembros tardíos de la dinastía Julio Claudia, no vienen a hacer más que sentar las bases del cambio de dinastía reinante, y propiciar una imagen más benigna de los Flavios, emperadores durante cuyo gobierno fueron escritas estas biografías.

Pocos son los datos políticos seguros que nos han llegado, tampoco ha permanecido la parte de los Anales de Tácito relativa al reinado de Calígula. Y aunque probablemente el historiador romano también debía pronunciarse contra el joven soberano, al menos nos habría proporcionado informaciones útiles sobre la línea política que siguió, informaciones prácticamente ausentes en Suetonio y Dión Casio.  Suetonio dedica 9 capítulos de su biografía al Calígula emperador y 39 al Calígula monstruo.

Calígula tendrá, en el futuro, un lugar de dudoso honor en la sangrienta lista de los emperadores romanos, sin que esto quiera decir que fue intrínsecamente peor que otros. Y es que la fama de algunos malvados de la Historia suele depender de un cúmulo de circunstancias presentes y futuras a partir de las cuales, los historiadores hacen su trabajo.

En el caso de Cayo César Germánico llovía sobre mojado tras su antecesor, el impresentable Tiberio. Con su mandato, el Imperio Romano alcanzará su plenitud tras la época puente del Principado que había iniciado Augusto y proseguido Tiberio, ya con el título de Imperio. Calígula añadiría a la nueva simbología imperial elementos helenístico-orientales que intentarían embellecer lo que, bajo su reinado, no sería otra cosa que una durísima monarquía teocrática a merced de sus caprichos.

Sobrino y sucesor de Tiberio (quien lo había adoptado), hijo de Germánico y de Agripina, y tercer Emperador romano, nació en Antium (hoy Porto D’Anzio). Será conocido como Calígula (diminutivo de caliga, sandalia militar). Cuando Calígula tenía apenas dos o tres años, comenzó a acompañar a su padre en las campañas militares que éste dirigía en el Norte de Germania. En ese contexto, fue algo así como una mascota del Ejército, y hasta le habían confeccionado un uniforme militar pequeño con una mini armadura y todo lo demás. Fue pues en ese entonces cuando recibió el sobrenombre de “Calígula”. Ese sobrenombre, de tan tierno significado, resultó siempre molesto para él, y lo tuvo hasta sus últimos días, sin imaginar que, en la actualidad, su sobrenombre evocaría  sangre, muerte y horror.

Antes de ser elevado al trono, debió dar señales alarmantes, ya que el propio Tiberio, a quien acompañaba en su retiro de la isla de Capri, comentó: «Educo una serpiente para el Imperio». La serpiente lanzó muy pronto el veneno, pues con ocasión de la muerte de Tiberio, y cuando todos creyeron que el viejo crápula había dejado de vivir, con el cuerno aún caliente, Calígula arrancó el anillo del dedo del Emperador, y se lo puso para hacerse proclamar por los presentes nuevo César.

No obstante, en pleno juramento, Tiberio, el pretendido cadáver, pidió un vaso de agua, y el terror se enseñoreó de todos, y muy en especial de Calígula, que lucía ya el anillo imperial y se relamía de gusto ante la perspectiva inmediata de asumir el poder. Aunque Macro, allí presente, ante lo violento y peligroso de la situación, se abalanzó sobre el moribundo y, con su propia almohada, lo asfixió. Calígula, el nuevo Emperador, por fin pudo respirar tranquilo... Calígula era un hombre sin atractivos, de aspecto aterrador que acentuaba con su costumbre de ensayar continuamente las más diversas muecas con las que deseaba asustar, aún más, a los que le rodeaban. Su escasa cabellera era muy encrespada, lo que le acomplejaba doblemente. Muy pronto haría prácticas de sadismo en especial sobre las mujeres que tenía más próximas, con las que se ensañaba, según contaba Séneca.

Con ocasión de su acceso al trono a los 23 años, Calígula sacrificó 160.000 animales como acción de gracias por tan importante suceso, e inició desde aquel momento, su ascensión imparable hacia el poder máximo y caprichoso que culminará en su inclusión en la no muy ejemplar historia de los emperadores romanos en un destacado primerísimo puesto de crueldad y arbitrariedad, a pesar de que, sorprendentemente, inauguró su reinado ejerciendo una política de tolerancia como reacción al despotismo y maldad de su antecesor, su protector Tiberio. Incluso suspendió los odiosos procesos por lesa majestad de su antecesor, además de volver a los comicios en los que se elegía a los magistrados (con Tiberio lo había hecho el Senado). Además, nadie le negó su amor por los desfavorecidos y su odio por los ricos, conducta esta última que, al final, sería su perdición.

En correspondencia, en estos primeros tiempos el pueblo romano lo adoraba, quizá por ver en él al hijo de aquel Germánico desgraciado y bueno y deduciendo, erróneamente, que sería como su progenitor. Todo empezó a torcerse cuando, en apenas un año, gastó todo el tesoro que había heredado de Tiberio, unos 2.700 millones de sestercios, teniendo que tapar aquel enorme agujero con nuevos y gravosos impuestos de los que no se salvaba nadie. Por ejemplo, impuso un canon a los alimentos, otro por los juicios, a los mozos de cuerda, a las cortesanas e incluso a todos los que tenían la feliz idea de contraer matrimonio. Pero todo este atraco no era suficiente y, tras insistir una y otra vez en esta actitud de pedigüeño, en el transcurso de sus muchos delirios, aseguraría sentirse en la más absoluta ruina, llegando en su sicopatía a pedir limosna en las calles romanas además de obligar a testar en su benefició a sectores de la población bastante ricos, poniéndose muy nervioso si éstos, los llamados a cederles sus riquezas, no se morían pronto. Durante esta fiebre de miseria más o menos imaginaria, pero no menos obsesiva, llegó a confiscar las posesiones de sus propias hermanas, Julia y Agripina, y acusarlas de conspirar contra él. Pero volviendo atrás, a los primeros tiempos de su poder absoluto, aquellas primeras bondades del inicio de su reinado las olvidó Calígula apenas medio año más tarde, superando enseguida las atrocidades de su predecesor, acaso por sufrir un conjunto de enfermedades mentales que le provocaban noches interminables presididas por el insomnio, además de sufrir de continuo espantosos ataques de epilepsia, que nunca le abandonaron.

También formaba parte de su esquizofrenia su desinterés, convertido en odio, por los más famosos autores contemporáneos, ordenando la destrucción (aunque, a la postre, no lo consiguió) de todas las obras de Homero, Virgilio, Tito Livio y otros. Tuvo una pasión incestuosa por una de sus hermanas, Julia Drusila. Muy jóvenes ambos, Calígula la había poseído por primera vez, siendo sorprendidos los dos adolescentes en el lecho por la abuela Antonia, en cuya casa vivían. Nunca renunciaría a ella, sino que, años después, y a pesar de que la habían casado con un tal Lucio Casio Longino, Calígula la compartió y fue Drusila, al mismo tiempo, esposa legítima de su hermano.

Incluso durante una grave enfermedad que parecía iba a ser definitiva y con un fatal desenlace, Calígula nombró como heredera a su misma adorada hermana y esposa. J.ustificaba esta atípica relación en que, en las dinastías de los Ptolomeos, en su adorado Egipto, esto —la unión de dos hermanos— era considerado una relación incluso sagrada. Su amor hacia Drusila le llevó a sentarla junto a él en el Olimpo que había creado con su misma persona como dios principal, divinizándola también. Cuando ella murió, Calígula no tuvo consuelo, y muy afectado, ordenó e impuso un luto general, dictando durísimos castigos para los que, en ese período de duelo, se bañaran, se rieran aunque fuese poco o, en fin, hubieran comido en familia de forma distendida o agradable. A continuación huyó de Roma y no paré hasta Siracusa. A su regreso, volvió desaliñado, con los cabellos enredados y obligando a que, en adelante, todos juraran por la divinidad de la difunta Julia Drusila. 

Fue también amante de Enia Nevia, esposa de Macron, y entre las cortesanas, su favorita fue Piralis. Asimismo, se divertía mucho divorciando, en ausencia de sus maridos, a damas de alta alcurnia, con las que también se acostaba. No obstante, y por medios legales, Calígula tuvo otras esposas: Junia Claudila (que falleció tras su primer parto), la misma esposa de Pisón, Livia Orestila, Lolia Pauline y Cesonia. Esta última fue la que más le duró, al parecer por sus artes libertinas, que excitaban al Emperador de manera especial y lo hacían deudor de sus caricias. La pasión por Cesonia y la manera cómo la consiguió, son dignas del carácter del Emperador. Era Cesonia una bella matrona llena de sabiduría a quien Calígula conoció el mismo día que ella paría en palacio (de donde era habitante como una mas de las muchas personas al servicio del emperador) una hermosa niña.

Encariñado desde ese momento con la madre y con la niña, puso a ésta el nombre de Drusila, en honor de su hermana y amante, y se proclamó padre de la criatura. Y, puesto que era el padre por su propia decisión, automáticamente obligó a que se le reconociera también como esposo de la madre, Cesonia. Momentáneamente metamorfoseado en ilusionado padre de familia, condujo a su esposa e hija a todos los templos de Roma, presentando a la pequeña a la diosa Minerva para que le insuflara saber y discreción. Sin embargo Cesonia ya había parido tres hijos de su matrimonio anterior con un funcionario de palacio, además era una mujer con la juventud ya perdida y no excesivamente hermosa. Por lo que se rumoreaba que aquella locura de Calígula por ella se debía a que Cesonia le había dado algún brebaje afrodisíaco, como por ejemplo, uno muy conocido extraído del sexo de las yeguas. Perdido el norte, Calígula empezó a practicar toda una serie de conductas absurdas y crueles como, por ejemplo, el nombrar cónsul a su caballo favorito, Incitatus (Impetuoso), al que puso un pesebre de marfil y dotó de abundante servidumbre a su disposición. También se distraía llevando sus cuentas personalmente, unas cuentas consistentes en redactar la lista de los prisioneros que, cada diez días, debían ser ejecutados.

Como el caballo de carreras que era, Incitatus participó en muchas carreras. Siempre, la noche antes de la competencia, Calígula decretaba un silencio general en la parte de Roma cercana a la villa de Incitatus, y quien perturbase el sueño de su caballo era enviado al sueño eterno por la espada de un soldado… Dicen que solo una vez en toda su vida Incitatus perdió una carrera, y el talentoso jinete vencedor fue ejecutado por orden de Calígula… 
Comía copos de avena mezclados con suaves y delgadísimas escamas de oro, tomaba el mejor vino en copas de oro, devoraba ratones, calamares, mejillones y pollo; vestía púrpuras de la mejor calidad y usaba collares con piedras preciosas; no copulaba con yeguas, sino con una bella mujer llamada Penélope, que pertenecía a la alta sociedad y había sido elegida por Calígula como esposa de su amado caballo…
Otra contabilidad llevada personalmente fue la de su propio gran prostíbulo, que había hecho construir dentro del recinto de su palacio y que resultó un negocio redondo. En otro orden de cosas, y para producir aún más terror, todas estas distracciones las vivía disfrazándose y maquillándose de forma que sus actos, de por sí ya terribles, contaran con el añadido de lo siniestro, de manera que sus caprichos resultaran implacables haciendo temblar a sus víctimas aún más. Las ejecuciones eran tan numerosas que, a veces, no había una razón medianamente comprensiva para tan definitivo castigo, como en el caso del poeta Aletto, que fue quemado vivo porque el Emperador creyó toparse con cierta falta retórica en unos versos compuestos, precisamente, a la mayor gloria de Calígula, por el desgraciado vate. La crueldad de Calígula podría resumirse en una frase que se trataba, en realidad, de una orden dada a sus matarifes respecto a cómo tenían que acabar con sus víctimas. Era ésta: «Heridlos de tal forma que se den cuenta de que mueren». La lista de sus desafueros sería interminable. A modo de muestreo, podemos decir que el Emperador, imbuido muy pronto de su carácter divino, hizo traer de Grecia algunas estatuas, entre ellas la de Júpiter Olímpico, escultura a la que ordenó arrancar la cabeza y sustituirla por una suya, y desde ese momento rebautizada como Júpiter Lacial (él mismo, transformado en el dios de dioses del Lacio).

Calígula dio un paso más allá y se autodivinizó: se autoproclamó un dios-sol; aparecía vestido como Hércules, Venus, Mercurio y Apolo; firmaba documentos públicos con el nombre de Júpiter; se erigió dos templos en Roma y otro en la provincia asiática de Mileto; usó el Templo de Cástor y Pólux como pórtico para su propio palacio imperial; destruyó las estatuas de hombres ilustres que Augusto había colocado en el Campo de Marte; desenterró al gran Alejandro Magno para quitarle la coraza y usarla regularmente; prohibió toda estatua que no fuera la suya; decapitó estatuas de dioses importantes y les reemplazó las cabezas con su cabeza; se hizo adorar por el pueblo, instaurando su propio culto e imponiendo la genuflexión (arrodillarse ante el emperador); en su culto, se hizo una estatua de oro de sí mismo a tamaño natural, a la cual le cambiaba de ropa todos los días, poniéndole una prenda idéntica a la que usaba; impulsó a los miembros de la alta sociedad a buscar ser sacerdotes de su culto para así obtener privilegios o salvarse de males; hizo sacrificar muchísimos pavos reales, gallos negros, faisanes y otros animales, todo para honrarse como dios; invitó numerosas veces, siempre en plenilunio, a hacer el amor a la Diosa Luna; conversó en muchas ocasiones de tú a tú con el gran Júpiter (equivalente de Zeus), llegándole a decir “si no me elevas al cielo, haré que caigas al infierno”; dijo que Júpiter le había pedido compartir su casa con él, y en base a esa excusa conectó el Palacio del Capitolio con el templo de aquel gran dios; intentó meter su estatua de dios (una versión de la estatua de Júpiter con sus rasgos).

Ya en terrenos más próximos a lo cotidiano, y en su afán por complicarle la vida a sus súbditos, se divertía, por ejemplo, regalando localidades a la plebe que, en principio, estaban destinadas a la aristocracia. Lo divertido para Calígula venía cuando, estos últimos, al encontrar ocupadas sus localidades, iniciaban un altercado con la chusma, espectáculo este mucho más divertido para Calígula que las propias representaciones teatrales. Calígula había sido un emperador que siempre había sorprendido y puesto a prueba a la gente. Como se quejara amargamente de que su reinado transcurría sin grandes cataclismos y, por tanto —según él—, su nombre y su tiempo apenas serían recordados por los historiadores, intentó suplir esta falta de terremotos, inundaciones, pestes o guerras auténticas, con la puesta en escena de batallas de ficción. Así, en una de sus incursiones por Germania y ante la nula presencia real de escaramuzas, durante el año 40, Calígula ideó dos grandes farsas: una que engañó a muchos, otra que lo hizo quedar como un verdadero loco, y que casi seguramente fue efectuada como una burla. En el primer caso, tras recibir la sumisión de Adminio (hijo de Cynobelino, rey de Britania) y de sus hombres, a los cuales Cynobelino había expulsado de Britania, Calígula los tomó y organizó una marcha pública en Roma, donde supuestamente ellos eran prisioneros de la ficticia guerra que se acababa de ganar contra la recientemente anexionada Britania. En ese desfile, también Calígula empleó prisioneros de guerra galos, que habían sido seleccionados por ser altos y fuertes, y a los cuales se les había pintado el pelo de rubio para que parecieran guerreros nativos de Britania. 

Escribió, entonces, a Roma anunciando su triunfo al tiempo que se quejaba de que, mientras él exponía su preciosa existencia luchando, en la metrópoli el pueblo y los senadores se divertían en inacabable holganza. 

En el segundo caso, Calígula hizo a sus soldados disparar al mar y recoger conchas que supuestamente eran los despojos del gran Neptuno (Dios del Mar, equivalente a Poseidón); sobre aquella recolección, aunque sin mencionar lo de Neptuno y las flechas lanzadas al agua, Suetonio cuenta lo siguiente: 
"Por último, se adelantó hacia las orillas del océano a la cabeza del ejército, con gran provisión de balistas y máquinas de guerra y cual si proyectase alguna grandes empresa; nadie conocía ni sospechaba su designio, hasta que de improviso mandó a los soldados recoger conchas y llenar con ellas sus cascos y ropas, llamándolas despojos del océano debidos al Capitolio y al palacio de los césares. Como testimonio de su victoria construyó una altísima torre en la que por las noches, y a manera de faros, encendieron luces para alumbrar la marcha de las naves"
En la cúspide de su locura, Calígula ordenó a sus soldados que lanzasen flechas al mar y recogiesen conchas, que después mostró como supuestos despojos del derrotado dios Poseidón…

Tras agotar el tesoro imperial en su favor y mandar asesinar a destacados miembros de la aristocracia para quitarles el dinero, acabó siendo asesinado en una estancia de su palacio por el jefe de los pretorianos, Casio Quereas, en el pasillo que comunicaba aquél con el circo, al que volvía el Emperador tras un descanso en uno de los espectáculos de los Juegos Palatinos. Se vengaba así, de camino, Quereas del trato vejatorio que siempre le infligió el Emperador, tratándole de afeminado e impotente.

Ahora había llegado su hora, y ya pudo empezar a alegrarse con la primera herida producida en el cuerpo de un Calígula medroso (un hachazo en el imperial cuello), que, sin embargo, no lo mató inmediatamente, aunque sí provocara en el sádico personaje gritos de dolor y desesperación. Inmediatamente acudieron el resto de los conjurados (hasta treinta de ellos con sus espadas desenvainadas) quienes, tras una estocada en el pecho propiciada por Cornelio Sabino, se ensañaron en la faena de acabar, definitivamente, con la vida del Emperador, su esposa Cesonia e, incluso, con la de la hija de ambos, una niña que fue estrellada sin piedad contra un muro. Se ponía fin, con la misma violencia sufrida, al sangriento y violento reinado de un loco que había torturado a su pueblo durante tres años y diez meses de pesadilla.

Después de su muerte, se encontraron abundantes listas de nombres destinados a ser ejecutados. Incluso, junto a estas, fueron hallados gran cantidad de venenos destinados a cumplir de ejecutores de aquéllos, tan abundantes que, al ser arrojados al mar, envenenaron las aguas marinas, que devolvieron a las playas miles de peces muertos. Calígula (que contaba 29 años al morir) fue borrado por el Senado de la lista de los emperadores de Roma. Había sido un hombre tan malvado y despiadado con los demás como cobarde él mismo. Por ejemplo, en vida sentía un terror patológico por las tormentas, que le arrastraba debajo de las camas cuando empezaban los relámpagos.

Murió, como ya se ha dicho, muy joven, y nadie sabría nunca lo que hubiera podido ser su reinado de vivir más años. Como en el caso de tantos personajes polémicos o indeseables, el cine no lo dejaría escapar, siendo uno de los films más conocidos uno seudo porno del escandaloso director Tinto Brass titulado “Calígula”


viernes, 23 de enero de 2015

Tras meses de asedio, se rinde la guarnición española en El Callao (Perú), último enclave realista en el continente sudamericano

La fortaleza Real Felipe, la principal del Callao representaba un punto estratégico de defensa del principal puerto del Perú desde su construcción en 1537.

El 11 de enero de 1826 se iniciaron las conversaciones para la rendición de las fortalezas del Callao, Perú, bajo dominio español, ante las fuerzas que, bajo la jefatura del venezolano Bartolomé Salom, sitiaban y bloqueaban el puerto. El Callao fue la última posesión de la Corona española en la Suramérica continental. El régimen colonial de la Península en nuestro hemisferio quedaría circunscrito, durante el resto del siglo XIX a las islas de Cuba y Puerto Rico en el Caribe.

Bartolomé Salom
Entre los puntos que se acordaron en la capitulación suscrita tras la rendición del virrey de La Serna y sus tropas en la planicie de Ayacucho, la tarde del 9 de diciembre de 1824, se estipuló la rendición de todas las fortificaciones realistas del Perú y el Alto Perú a favor de la República.

Sin embargo, en el Alto Perú (Bolivia), Casimiro Olañeta, que se había sublevado contra el Virrey, a quien tachaba de blando, desconocería la capitulación de Ayacucho, por lo que el sometimiento de su fuerza requirió de la marcha del ejército encabezado por Antonio José de Sucre del otro lado del Desaguadero.

Del mismo modo, José Ramón Rodil, también rechazaría la capitulación, manteniendo obstinada resistencia, la que depondrá a partir del 11 de enero de 1826. Las enfermedades, el hambre, el aislamiento absoluto del exterior y las bajas por bombardeos, le harían ver lo inútil de su postura.

Las negociaciones para rendir el Callao comienzan el 11 de enero de 1826, con la solicitud que José Ramón Rodil envía a Bartolomé Salom, jefe de los cuerpos terrestres y navales que imponían sitio al enclave realista del Callao. El mismo día 11, tras recibir Salom la solicitud de Rodil de dar inicio a conversaciones, oficia al Consejo de Gobierno, instalado en Lima -a 15 kilómetros de distancia-. Este cuerpo le autoriza a las negociaciones. Así el jefe republicano, responde a Rodil el día 12, y se da inicio a reuniones de comisionados de ambas partes. Dichas reuniones concluirán con la firma de una capitulación y entrega de las fortalezas del Callao el 23 de enero de 1826. Cabe indicar que entre el 11 y el 21 de enero, sin día de descanso, se mantuvo en actividad el cañoneo y la fusilería. Ello indicaba las dudas de uno y otro jefe respecto a la certeza de culminar el tratado de paz.

Tras el endurecimiento de las medidas patriotas para lograr la rendición de las fuerzas realistas atrincheradas en el Callao, ambas partes arreciaron en los ataques con la artillería y fusilería. En los últimos meses del sitio los disparos eran diarios; y por el lado patriotas desde tierra y mar. De allí que de las 3 mil ochocientas personas del sector civil, censadas a mediados de 1825 en el Callao, 767 habían perecido por peste o baleadas. Mil novecientas treinta y tres se habían pasado al bando de los patriotas en el curso del año 1825. Y cerca de 2.700 soldados realistas habían perecido por la peste o por las balas. Es por tanto comprensible la decisión del jefe español Rodil, tomada el 11 de enero de 1826, de llamar a negociar su rendición ante el jefe de los sitiadores

Después del asedio y bloqueo del puerto peruano de El Callao, en manos de los realistas, por parte de los independentistas americanos, que tuvo lugar entre el 1 de octubre de 1824 y el 23 de enero de 1826, cuando la bandera española fue arriada del fuerte Real Felipe, Bartolomé Salom toma la Plaza de El Callao. La de Rodil fue la última resistencia realista en América, después que los españoles derrotados en la Batalla de Ayacucho firmaron la capitulación con Antonio José de Sucre.

 José Ramón Rodil
La asombrosa resistencia del jefe realista mereció que Simón Bolívar dijera a Salom después del triunfo, cuando éste último pedía la máxima pena para el jefe realista: “El heroísmo no es digno de castigo”. Rodil obtiene condiciones honrosas en la capitulación llevando consigo las banderas de sus regimientos que fueron las últimas en abandonar el Perú. Con la entrega del Callao, desapareció el último ejército español de América del Sur. Regresó a la península en 1826 como Mariscal de Campo por haber defendido heroicamente El Callao, y por sus méritos militares se le otorgó en 1831 el título nobiliario de Marqués de Rodil.

jueves, 22 de enero de 2015

22 de enero de 1967 - En Managua (Nicaragua) se perpetra una masacre, cuando la Guardia Nacional ametralla una manifestación que protestaba contra el general Anastasio Somoza, causando más de 1000 muertos.

En 1966, el político opositor a la dictadura de los Somoza,  Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (director del diario LA PRENSA y Fernando Agüero Rocha fundaron una coalición de partidos políticos opuestos al somocismo y le llamaron Unión Nacional Opositora, que después rescataron para enfrentar al sandinismo en 1989 formada por cinco partidos: El Partido Conservador, acompañado del Partido Liberal Independiente y otras agrupaciones como los social cristiano y Partidos de izquierda como el Partido Socialista y células organizadas de lo que posteriormente fue conocido como Partido Comunista de Nicaragua. El FSLN, estaba proscrito

Las elecciones presidenciales del 5 de febrero de 1967 fue el motivo para organizar la UNO el año anterior y buscar y derrotar al candidato del oficialista Partido Liberal Nacionalista, propiedad de la Dinastía de los Somoza, el general Anastasio Somoza Debayle , jefe director de la Guardia Nacional (excompañero de aula de Chamorro en el Instituto Pedagógico La Salle de Managua)

El candidato presidencial de la UNO era Fernando Agüero Rocha, un conservador heredero del caudillismo de Emiliano Chamorro, forjador del conservatismo de inicio de 1900 , por lo tanto Pedro Joaquín Chamorro Cardenal usó como instrumento de su lucha política al diario LA PRENSA transformándole como medio de propaganda de la coalición, pues era el coordinador de la UNO. Los discursos y los gestos de Agüero atraían a todas las clases sociales del pueblo.

A dos semanas de las elecciones de Febrero de 1967 .las radios opositoras y la PRENSA convocaron a una manifestación en la Plaza de la República en la capital Managua el domingo 22 de enero de 1967, para ese mismo día, estaba organizado una promoción de bachilleres del combativo Instituto "Ramírez  Goyena".

Los mensajes decían que cada manifestante llevara su morral (que fuera preparado).

La Guardia y la dictadura insertaron provocadores y hasta distribuyeron armas en desuso o que técnicamente no podían dispararse.

Ese día se efectuó la gran manifestación de la UNO en la de la Plaza de la República cerca de las 5 de la tarde. Alguien dijo que «botarían del poder a los Somoza para marchar hacia la sede de la presidencia".


La protesta era contra el General Somoza, pero el Presidente de la época era Lorenzo Guerrero Gutiérrez que asumió al poder, el 3 de Agosto de 1966 En reemplazo de René Schick que fallecio por un paro cardíaco

En la esquina del edificio del Banco Nacional de Nicaragua (BNN) hoy Asamblea Nacional, (Edificio 22 de Enero) se detuvieron ante un pelotón de soldados de la GN; el teniente Sixto Pineda Castellón se subió encima de un camión de Bomberos, para preparar las mangueras y usarlas lanzando chorros de agua contra la multitud.
En ese momento sonó un disparo, realizado por un francotirador.

Más tarde sería identificado plenamente por el Oficina y servicio de inteligencia de la Guardia Nacional como David Tejada Peralta (exteniente de la Guardia Nacional y militante del FSLN) ubicado entre las ramas de los árboles de laurel de la india de la acera del Banco Nacional de Nicaragua. (versión de la dictadura de los Somoza).

Pineda murió y cayó al suelo desatándose una balacera contra la muchedumbre. Los guardias abrieron fuego con sus armas semiautomáticos como el Garand calibre 7,62 milímetros y perpetraron matanza pública y masiva, primero desde la mencionada avenida y después parapetándose detrás del edificio del Banco Nacional de Nicaragua.

Hubo entre 1000 y 1500 muertos, los dirigentes de la UNO se refugiaron en el Gran Hotel (actual Centro Cultural Managua) situado a 2 cuadras al norte de donde ellos estaban antes, por lo que una tanqueta Sherman mandada por el General Iván Allegret cañoneó a ese edificio abriendo enormes hoyos en sus paredes.
Se evitó la entrada de los miembros de la GN por la mediación de la embajada de los Estados Unidos .Al día siguiente, lunes , Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue detenido.

También estuvieron detenidos Herty Lewitwa, Carlos Guadamuz Portillo, Samuel Santos López y Edén Pastora entre otros. Ellos fueron detenidos y presos en la cárcel El Hormiguero. Agüero, en cambio, pudo continuar en campaña.

Dos semanas más tarde, el domingo 5 de Febrero de 1967, el pueblo nicaragüense fue manipulado e intimidado  y votó contra sus propios intereses: ganó el general Anastasio “Tachito” Somoza Debayle,  del oficialista Partido Liberal Nacionalista PLN), y perdió Fernando Agüero Rocha. Somoza asumió el poder el Primero de Mayo de 1967

Los 31 presos (incluido Pastora) fueron liberados por una amnistía del Congreso somocista el el 4 de marzo de ese mismo año.

El 28 de marzo de 1971 Agüero firmó un pacto con Somoza en la Sala Mayor del Teatro "Rúben Dariopara ser miembro de la Junta Nacional de Gobierno (JNG) en el periodo del Primero de Mayo de 1972 al primero de diciembre de 1974 y permitir la reelección de Tacho para su segundo periodo en la presidencia.

Pedro J Chamorro moriría asesinado 11 años después,  el 10 de enero de 1978, hecho que desató la celeridad de la lucha del pueblo nicaragüense para derrocar a Anastasio Somoza Debayle hasta el 19 de julio de 1979

La UNO desapareció como tal ese mismo año 1967 y no resurgiría hasta 1989 con el mismo nombre y las mismas siglas para derrotar por primera vez al FSLN en las elecciones del 25 de febrero de 1990

La responsabilidad histórica de ese hecho histórico  señala tanto a los que cometieron la masacre como a los que convocaron al pueblo para que sirviera de carne de cañón. La interpretación de este acontecimiento también debe incorporar como parte integrante de la masacre el comportamiento de hechores y provocadores frente a los cuerpos de las víctimas. Las evidencias muestran que ambos, provocadores y hechores observaron un total desprecio hacia los caídos.

La masacre del 22 de enero aconteció dentro de las rivalidades por el poder entre liberales y conservadores siendo directamente responsables el General Anastasio Somoza Debayle -quien fue el perpetrador- y Fernando Agϋero Rocha y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal -quienes fueron los provocadores-. Despreciaron a las víctimas a tal punto que hasta hoy permanecen ignorados sus nombres, el número de ellas, e incluso el lugar donde fueron depositados sus cadáveres.



miércoles, 21 de enero de 2015

La Guardia Suiza Pontificia

La Guardia Suiza Pontificia (GSP para abreviar) fue creada por el papa Julio II en 1505, cuando envió una bula a la Confederación Helvética. En esa bula se comunica que el Papa había encargado a Peter von Hertenstein llevar a Roma 200 hombres para que se ocuparan de la custodia del Papa y de los territorios vaticanos. El Vaticano no tenía personal suficiente ni entrenado para formar un cuerpo armado, de manera que la única solución en la época fue la contratación de mercenarios suizos. Éstos tenían una gran fama en la época, pues su efectividad y profesionalidad, combinadas con lo último en armamento portátil (alabardas y ballestas) les hacían ser muy codiciadas por lo reyes y señores feudales europeos
.
La fecha oficial de la creación de la GSP es el 21 de enero de 1506, varios meses después del pedido del Papa Julio II. Ese día, hacia la tarde, unos 150 soldados suizos, comandados por el capitán Kaspar von Silenen, del cantón Uri, entraron al Vaticano por primera vez, donde fueron bendecidos por el Papa. El tamaño de la fuerza no era muy grande, pero su objetivo había sido desde el principio, proveer de protección al Santo Padre, y no embarcarse en aventuras bélicas de gran tamaño.


Durante el conflicto político entre Carlos V de Alemania y Francisco I de Francia por quién el Papa Clemente VII (1523-1534) tenía preferencias, se produjo un gran enfrentamiento bélico que concluyó con el “Saqueo de Roma”. El día 6 de mayo de 1527, el ejército Imperial de Carlos V, del que formaban parte unos dieciocho mil lansquenetes, muchos de ellos luteranos, toman al asalto Roma y durante semanas sometieron a saqueo la Ciudad Eterna. El terrible episodio, que se inscribe en la segunda guerra entre el emperador Carlos V y el rey francés Francisco I, marcó el fin del papado renacentista en Italia.

Los 200 suizos combatieron con ferocidad y disciplina, protegiendo el Vaticano y al Papa, empezaron luchando en las escalinatas, ante la basílica de San Pedro y siguieron combatiendo mientras retrocedían hasta los escalones del altar mayor. 

Solo sobrevivieron 42 y murieron combatiendo 147 guardias suizos, tras matar a 900 entre el enemigo. Los 42 sobrevivientes formaron un círculo alrededor del Papa, Clemente VII, y lograron que escapara por un pasillo amurallado hasta el Castillo de Sant Angelo, donde se refugió. Los mercenarios suizos demostraron sobradamente su lealtad al Papa con el sacrificio de sus vidas. 

Después de estos acontecimientos vino la primera disolución de la Guardia Suiza, pues obligaron al Papa a ser custodiado por 200 alemanes. Pablo III (1536-1549) volvió a formarla en 1548 con 225 hombres, uno de cuyos destacamentos fue enviado por San Pío V (1566-1572) a combatir contra los turcos en Lepanto, donde consiguieron arrebatar dos banderas enemigas. Nuevamente disuelta por Pío VI (1775-1799) antes de partir al exilio en 1798 y forzado ante las presiones de  Napoleón Bonaparte, Pio VII volvió a formarla en 1801 pero con un total de sólo 64 soldados. León XII (1823-1829) lo aumentó a 200 en 1824 y siguió cumpliendo la misión originaria de la defensa del Papa.

El año de 1848 fue un hito en la historia del cuerpo pontificio, ya que en aquella fecha se produjo una revolución que prendía tomar el Quirinal, actuando decididamente el ejército con el objeto de defender aquél Palacio. El 20 de septiembre de 1870, cuando las tropas italianas invadían la Ciudad Eterna, la Guardia Suiza se reconcentró en el Vaticano dispuesta a su defensa.

La última reorganización de la Guardia Suiza la hizo Juan Pablo II el 5 de abril de 1979.Los guardias suizos sólo comienzan a escoltar al Papa cuando llevan ocho años de servicio en el Vaticano. Viven en unos barracones que hay a la derecha de la Plaza de San Pedro, y sólo se les permite casarse si tienen graduación, edad mínima de 25 años y al menos tres años de servicio.


La GSP está compuesta por ciento diez soldados: cuatro de ellos son oficiales, 23 mandos intermedios, 70 alabarderos, 2 tamborileros una banda de música y un capellán. Se les entrena en procedimientos y manejo de armas modernas (como el fusil suizo SIG 550), aunque también se enseña a manejar la espada y la alabarda.


La GSP tiene sus cuarteles frente al Palacio Apostólico Pontificio y todos han prestado el juramento de fidelidad al Pontífice un 6 de mayo, aniversario de la muerte de 147 guardias suizos durante el saqueo de Roma de 1527.

El actual uniforme ha sido diseñado por el Comandante de la Guardia Jules Répond (1910-1921) a partir del modelo que se atribuye a Miguel Ángel en 1905, por lo que es considerada una de las vestimentas militares más antiguas del mundo, es mucho más vistoso, más alegre y más brillante que el del siglo XIX: el yelmo, ornado con una pluma roja; los guantes blancos y la coraza, que aún tiene una reminiscencia medieval.

Los guardas suizos no usan propiamente botas, aunque sí medias adherentes a las piernas, sujetas a la altura de la rodilla por una liga dorada. Todo esto recuerda el esplendor de las antiguas cortes, la alegría y la dulzura del vivir que eran inherentes al Antiguo Régimen. ¿Cuál es la alegría que expresa este uniforme?; es la alegría de ser soldado, de combatir y de estar al servicio del Papa. Aunque también el color rojo simboliza la sangre derramada en defensa del Papado.
     

Para entrar en este cuerpo militar, además de ser suizo y católico se deben cumplir unos requisitos muy concretos. Por ejemplo, ser soltero, medir al menos 1 metro 74 centímetros, tener entre 19 y 30 años, poseer un título profesional y haber pasado por el ejército suizo. 

La Guardia Suiza es el ejército del Vaticano. Es la única religión que tiene un cuerpo armado propio, pero formado por mercenarios procedentes del país alpino. Últimamente han sido noticia por su escasa eficiencia. Recordemos el atentado a Juan Pablo II, y sus rencillas con la policía (italiana) que presta servicio en el minúsculo estado. Hoy son noticia porque el comandante de este ejército ha anunciado la posibilidad de admitir mujeres en su seno. Se saben de extrañas rencillas, muertes, enfrentamientos, suicidios, todo eso han salpicado estos palacios, asuntos que recuerdan las novelas conspirativas y esotéricas, como "Angeles y Demonios" de Dan Brown, tan de moda en los últimos años. Pero un caso se hizo célebre hace años, en 1998, la muerte del matrimonio Estermann y el suicidio de su asesino, el cabo del cuerpo, Cédric Tornay. Alois Estermann era comandante de la Guardia, muy próximo al Opus Dei, y de tendencia homosexual. Y fue asesinado junto a su esposa por el cabo, por negarle una promoción en el cuerpo, según la versión oficial vaticana. Se habló, no obstante, de que los militares eran amantes y que habían tenido una trifulca sentimental, y de que este tipo de relaciones homosexuales se dan con mucha frecuencia, siendo llamativas en unas tropas tan reducidas. Incluso se dice que el estado más homófobo de Europa tiene la proporción más alta de gays en su ejército. 

Sin embargo, esta versión ha sido discutida en muchas ocasiones y la familia del cabo Tornay, que acusa a la Santa Sede de manipular las pruebas, siempre ha exigido una investigación independiente. Del sensacionalismo a los libros de investigación más rigurosos, las hipótesis han hablado, cuando menos, de una historia de infidelidad de la mujer de Estermann con el recluta. Pero también de un turbulento romance homosexual entre los dos guardias en medio de una rígida disciplina militar teutónica, un material demasiado bueno como para no disparar los rumores más escabrosos. Se llegó a decir que Estermann había sido espía de los servicios secretos de Alemania del Este. Asì que, como se puede observar, se encierran aún muchos secretos escabrosos dentro de este cuerpo de èlite.

martes, 20 de enero de 2015

20 de enero de 1942 - Inicia la Conferencia de Wannsee

Conferencia de Wannsee

El 20 de enero de 1942, quince funcionarios de alto rango del gobierno alemán y del partido nazi se reunieron en una casa ubicada en el suburbio de Wannsee, en Berlín con el fin de debatir la "Solución final al problema judío en Europa" y tratar su implementación y coordinarla con miembros fundamentales de la burocracia ministerial alemana, incluidos los Ministerios de Asuntos Exteriores y Justicia, cuya colaboración era necesaria para implementar las medidas de exterminio.

Fue Heydrich, secundado por Adolf Eichmann, quien presentó, con lujo de detalles, el proyecto de Solución Final, es decir, de industrializar el genocidio judío -la liquidación de 11 millones de personas- utilizando técnicas modernas como las cámaras de gas, en vez de continuar con la liquidación a balazos y por pequeños grupos celebró la reunión 

La “solución final” era el nombre en código que utilizaban los nazis para la destrucción deliberada y cuidadosamente planeada, de todos los judíos de Europa. Los nazis usaban el término vago "Solución final" para ocultar su política de asesinatos en masa al resto del mundo. En realidad, los hombres en Wannsee hablaron sobre métodos de aniquilación, sobre liquidación, sobre "exterminio". La célebre Conferencia de Wannsee determinó que la manera en que la decisión de Hitler de resolver el “problema judío” a través del asesinato masivo sistemático debía transmitirse a los ministerios y las burocracias adecuados. Los invitados a la conferencia no deliberaron si dicho plan debía ejecutarse o no. Trataron la puesta en marcha de una decisión que ya se había tomado.

En el momento de la Conferencia de Wannsee, la mayoría de los participantes ya sabían que el régimen nacionalsocialista se había embarcado en el asesinato masivo de los judíos. Algunos se habían enterado de las acciones realizadas por los Einsatzgruppen (equipos móviles de matanza), que ya estaban masacrando a decenas de miles de judíos en la Unión Soviética bajo ocupación alemana. Otros sabían que estaban matando a los judíos en una “solución local al problema judío” en Serbia. Ninguno de los funcionarios presentes en la reunión se opuso a la política anunciada por Heydrich.

Heydrich indicó que aproximadamente 11.000.000 de judíos serían finalmente sometidos a la “solución final”, con las Leyes de Núremberg como base para determinar quién era judío. “Bajo supervisión adecuada, los judíos deben ser...  llevados al este”, anunció Heydrich, “y reclutados para trabajo apropiado...  Los judíos con condiciones para trabajar, separados por sexo, serán llevados a esas zonas, en grandes destacamentos de trabajo para construir caminos, y gran parte indudablemente se perderá por el desgaste natural. Los que sobrevivan... deberán ser tratados adecuadamente...”. A pesar de los eufemismos que aparecieron en los protocolos de la reunión, el objetivo de la Conferencia de Wannsee era claro: la coordinación de una política de genocidio de los judíos europeos.

La Conferencia de Wannsee, como se la conoce históricamente, no marcó el comienzo de la "Solución final". Los equipos móviles de matanza ya estaban matando brutalmente a los judíos de la Unión Soviética ocupada. En todo caso, la Conferencia de Wannsee fue el lugar donde la "Solución final" fue revelada formalmente a los líderes que no eran nazis y que ayudarían a organizar las operaciones necesarias para que los judíos de toda la Europa bajo ocupación alemana fueran trasladados a campos de "exterminio" operados por las SS y ubicados en Polonia. Ni uno solo de los hombres presentes en Wannsee objetó la política anunciada. Nunca antes un estado moderno se había propuesto asesinar a un pueblo entero.

Heinrich Himmler 


Heinrich Himmler (1900-1945) fue el líder del Reich (Reichsführer) de las temibles SS del partido nazi, de 1929 a 1945. Himmler presidió un vasto imperio ideológico y burocrático que, para muchos dentro del Tercer Reich y fuera de él, lo definía como el segundo hombre más poderoso de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Al recibir la responsabilidad total por la seguridad del imperio nazi, Himmler fue el funcionario principal y de alto rango a cargo de concebir y supervisar la implementación de la denominada solución final: el plan nazi para asesinar a los judíos de Europa.

Nació en una familia católica, conservadora y de clase media, en Munich, Alemania, el 7 de octubre de 1900. Su padre, Gebhard, era maestro de escuela secundaria. En 1913, la familia de Himmler se mudó a Landshut, una ciudad ubicada a unos 64 kilómetros al nordeste de Munich, luego de que Himmler padre aceptara el trabajo de vicedirector de la escuela secundaria de esa ciudad. El joven Himmler era inteligente, tenía buena capacidad de organización y era fervorosamente patriótico. Durante la Primera Guerra Mundial, soñaba con servir en el frente como oficial y, utilizando los contactos que su padre le facilitó a regañadientes, dejó la escuela secundaria para comenzar su entrenamiento como cadete del ejército el 1 de enero de 1918. Pero el 11 de noviembre de 1918, antes de que finalizara su entrenamiento, Alemania firmó el armisticio que daba fin a la Primera Guerra Mundial.

Himmler se graduó de la escuela secundaria en Landshut, en julio de 1919. Después de que las restricciones que impusiera sobre Alemania el tratado de paz de Versalles destruyeran sus esperanzas de alistarse en el ejército, estudió agricultura en la Universidad Técnica de Munich. Allí, ingresó a una fraternidad de alumnos nacionalista alemana y comenzó una profunda lectura de la literatura racista nacionalista (Völkisch), popular en la extrema derecha del espectro político alemán en el período de entreguerras. Cuando recibió su título universitario, en agosto de 1922, Himmler era un nacionalista völkisch fanático y un activista político.

Obligado a trabajar en una fábrica procesadora de estiércol en Schleissheim, cerca de Munich, Himmler se contactó con los nacionalsocialistas a través del jefe de personal de las SA, Ernst Röhm. En agosto de 1923, se unió al partido nazi, al que le dedicó toda su vida profesional luego de renunciar a su trabajo un mes después. El 9 de noviembre de 1923, Himmler marchó con Adolf Hitler, Röhm, Hermann Göring y otros líderes nazis en el Putsch de la cervecería contra el gobierno alemán.  Desempleado y sin nada que hacer después del fracaso del Putsch, Himmler encontró trabajo de secretario y asistente personal de Gregor Strasser, a quien Hitler designó líder de propaganda del Reich del partido nazi en 1926. Himmler también creó su propia reputación de orador y organizador en el partido. Sus discursos ponían énfasis en los siguientes temas: la “consciencia racial”, el culto a la raza alemana, la necesidad de la expansión y los asentamientos alemanes y la lucha contra los eternos enemigos de Alemania. Estos “eternos enemigos” eran el capital “judío”, el “marxismo” (es decir, el socialismo, el comunismo y el anarquismo), la democracia liberal y los pueblos eslavos. 

El 6 de enero de 1929, Adolf Hitler, el Führer (líder) del partido nazi, designó a Himmler Reichsführer de las SS. Las SS, que en 1929 contaban con un total de 280 hombres, dependían de las SA y tenían dos funciones principales: ser guardaespaldas de Hitler y otros líderes nazis, y promocionar las suscripciones para el periódico del partido nazi, Der Völkischer Beobachter (El Observador Nacionalista Racial). Desde este insignificante comienzo, Himmler percibió una oportunidad para el desarrollo de un cuerpo de elite para el partido nazi. Para cuando los nazis tomaron el poder en enero de 1933, las SS contaban con más de 52.000 personas. Himmler también introdujo en las SS dos funciones clave relacionadas con las metas centrales a largo plazo del partido nazi: seguridad interna y custodia de la pureza racial.

Después de desplegar sus SS en abril de 1931 para aplastar una sublevación de las SA (guardias de asalto nazis) de Berlín contra el liderazgo de Hitler (lo cual inspiró la adopción del lema de las SS “Mi honor es lealtad”), Himmler creó el Servicio de Seguridad (Sicherheitsdienst, SD) en el verano de 1931. El SD vigilaba a los opositores de Hitler dentro del partido nazi y reunía información de inteligencia sobre los líderes y las actividades de otros partidos políticos, además de funcionarios del gobierno federales y locales. En agosto de 1934, el segundo Führer del partido nazi, Rudolf Hess, anunció que, a partir de ese momento, el SD sería la única agencia que reuniría y evaluaría información de inteligencia política en el Tercer Reich.

El último día de 1931, Himmler también creó la Oficina de Raza y Asentamiento (Rasse- und Siedlungsamt) de las SS para evaluar solicitudes de hombres de estas fuerzas que querían casarse en virtud de un nuevo “Decreto de matrimonio” interno. La “experiencia” desarrollada en este papel de conservación de la “pureza racial” en las SS se utilizó después, durante la guerra, para determinar si una persona era “alemana” o no. Como mínimo, una decisión positiva suponía un puesto trabajo y mejores raciones en el territorio ocupado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Como máximo, la decisión acerca del origen étnico podía ser de vida o muerte.

El 9 de marzo de 1933, fue designado presidente provisional de la policía en Munich. Tres semanas después, fue nombrado comandante de la Policía Política de Baviera. A fines de 1934, obtuvo el mando de cada uno de los departamentos de la policía política estatal de Alemania y los centralizó en una única y nueva agencia en Berlín, la Policía Secreta Estatal Alemana (Geheime Staatspolizei, Gestapo).

Luego de que Hitler lo designara Reichsführer de las SS y jefe de la Policía Alemana, el 17 de junio de 1936, Himmler centralizó las diversas fuerzas de investigación de la policía criminal de Alemania en la Oficina de la Policía Criminal del Reich (Reichskriminalpolizeiamt) y unió a la Gestapo y la Policía Criminal en la Oficina Principal de la Policía de Seguridad (Hauptamt Sicherheitspolizei). En septiembre de 1939, Himmler fusionó la Policía de Seguridad y el SD en la Oficina Principal de Seguridad del Reich (Reichssicherheitshauptamt, RSHA), la agencia que se encargaría de implementar el Holocausto de 1941 a 1942. También unificó y centralizó las fuerzas de la policía uniformada (Ordnungspolizei, Orpo) de Alemania.

Hitler también autorizó a Himmler a crear un sistema centralizado de campos de concentración. Aunque solo había cuatro de estos establecimientos en 1937, el sistema creció durante la guerra e incluyó de 30 a 40 campos principales y cientos de subcampos. En este sistema, las autoridades de las SS de los campos de concentración mataron a alrededor de dos millones de prisioneros (judíos, prisioneros políticos, romaníes [gitanos], los denominados asociales, condenados reincidentes, homosexuales, testigos de Jehová, etc.).

Como recompensa por su papel en el asesinato de Ernst Röhm y los jefes de las SA, del 30 de junio al 2 de julio de 1934, Hitler anunció que las SS eran una organización independiente y que Himmler era su subordinado en su nueva función de Führer de Alemania, un cargo que colocaba su autoridad fuera de las leyes del estado alemán. Esta relación de mando fue la base para el inmenso poder que Himmler acumuló durante la Segunda Guerra Mundial. Al ligar la organización de las fuerzas de la policía alemana a las SS, Himmler logró eliminar la revisión administrativa o judicial externa del personal, las finanzas, las acciones y las operaciones de la policía. Como Reichsführer de las SS, Himmler recibía órdenes directamente de Hitler para llevar a cabo políticas ideológicas que las leyes del estado no permitirían. Esta “autoridad del Führer” basada en la ideología permitió la autorización de la encarcelación por tiempo indefinido y el asesinato en masa. Los líderes nazis justificaban esta cadena de mando fuera de la ley y las políticas iniciadas con su autorización mediante la legislación de emergencia nacional posterior al incendio del Reichstag en 1933 y la emergencia intensificada creada por la guerra.

Himmler expandió su autoridad durante la guerra. El 7 de octubre de 1939, poco tiempo después de que Alemania conquistara y dividiera Polonia con la Unión Soviética, Hitler designó a Himmler Comisario Político del Reich para el Fortalecimiento de la Reserva Étnica Alemana (Reichskommissar für die Festigung deutschen Volkstums, RKFDV), un cargo que autorizaba a éste y a las SS a planear, iniciar y controlar el avance de los proyectos de reasentamiento alemán en la Polonia bajo ocupación y, más adelante, en la Unión Soviética. En carácter de RKFDV, las organizaciones al mando de Himmler tenían la última palabra en cuanto a quién era alemán, dónde debían vivir las personas de etnia alemana y qué poblaciones debían ser trasladadas o aniquiladas para crear espacio para los pobladores alemanes.

En julio de 1941, Hitler extendió la autoridad de Himmler a las operaciones de seguridad y asentamiento en la Unión Soviética que estaba ocupada por los alemanes. La exclusiva responsabilidad de Himmler en la seguridad detrás de las primeras líneas autorizaba a los equipos móviles de matanza (Einsatzgruppen) y otras unidades policiales y de las SS a iniciar y dirigir el asesinato en masa de judíos, oficiales soviéticos, romaníes (gitanos) y discapacitados que vivían en instituciones con el apoyo de las autoridades alemanas militares y de ocupación civil. Con el consentimiento de Hitler, las SS, dentro de sus responsabilidades en asuntos de seguridad y asentamiento, asumieron el liderazgo en la planificación y la implementación de la denominada solución final del problema judío y en las operaciones de aniquilación en todo el Reich en contra de romaníes (gitanos) y discapacitados que vivían en instituciones.

En 1937, las SS asumieron el control de la Oficina de Enlace para los Alemanes Étnicos (Volksdeutsche Mittelstelle), la cual satisfacía las necesidades de las personas de etnia alemana que vivían fuera del Reich. Estas necesidades incluían vestimenta y equipamiento doméstico para comunidades de personas de etnia alemana instaladas recientemente. Estos artículos que las SS suministraban provenían, en parte, de efectos personales tomados de judíos asesinados en los centros de exterminio.

Quizás como reflejo del creciente poder de las SS en el estado, Hitler designó a Himmler ministro del Interior, en julio de 1943; de igual importancia fue el hecho de que esa designación guardara poco significado en la realidad de poder del Tercer Reich.

A fin de fortalecer la posición de las SS sobre las elites alemanas establecidas después de una guerra victoriosa, Himmler convenció a Hitler, a fines de 1939, de permitir la creación de fuerzas armadas de las SS, conocidas como Waffen SS. Si bien, inicialmente, solo contaban con cuatro divisiones, las Waffen SS finalmente presentaron más de 20 divisiones, armaron a medio millón de hombres y crearon una estructura de mando y operaciones para competir con el ejército alemán. Ese mismo año, Himmler creó un sistema disciplinario independiente para las SS, puesto que ni tribunales civiles ni militares tenían competencia para investigar delitos perpetrados por miembros de las SS y la policía o sus unidades auxiliares.

Como, según la opinión de Hitler, las derrotas militares habían reducido el prestigio de los generales, las SS de Himmler también usurparon la autoridad de las fuerzas armadas alemanas. En febrero de 1944, la Policía de Seguridad y el SD asumieron el control del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas. Luego del fracaso del putsch militar del 20 de julio de 1944, Hitler designó a Himmler comandante del Ejército de Sustitución (un cargo responsable de entrenar y supervisar al personal militar) y le dio el poder sobre los asuntos relacionados con los prisioneros de guerra. En diciembre de 1944, Himmler hizo realidad su antiguo sueño de tener autoridad en el campo cuando Hitler lo designó comandante en jefe del Grupo de Ejército del Alto Rin en el sudoeste de Alemania.

A pesar de las apariencias, Himmler no era todopoderoso en el Tercer Reich. Su rival más importante y poderoso durante el último año de la guerra era Martin Bormann, el secretario de Hitler y el jefe de la Cancillería del partido nazi. El aparato del partido nazi, anclado en el poder político de sus líderes provinciales (Gauleiter) que también ocupaban cargos en el estado como comisarios de defensa regional, ganó importancia cuando la guerra llegó a Alemania con la invasión de los ejércitos aliados. De modo similar, Albert Speer, ministro de Armamentos y Producción Bélica, ejerció un gran poder en los últimos años de la guerra, a pesar de sus protestas de falta de poder ante las SS después de la guerra.

Algunos consideran que Himmler era un chiflado, y que su fascinación con lo oculto, su interés en proyectos poco viables (como la búsqueda de los orígenes de la raza aria en el Tíbet), sus visiones de sí mismo como la reencarnación de un emperador medieval alemán y la manera pedante de su estilo de vida personal, los problemas maritales y los desórdenes financieros de sus hombres y oficiales de las SS permitían que sus subordinados (como el jefe de la Policía de Seguridad y el SD, Reinhard Heydrich) fueran los que realmente dirigían las SS detrás de bambalinas, tolerando las excentricidades de Himmler como tapadera de sus propias ambiciones más prácticas. Esta visión es imprecisa. Himmler era un organizador hábil y un administrador capaz que comprendía cómo obtener poder y utilizarlo, y era la fuerza conductora ideológica y organizativa detrás del surgimiento de las SS. Además, comprendía a sus hombres y sabía cómo conseguir que fueran leales a su persona y al concepto de la elite nazi a la cual pertenecían. Su capacidad para darles libertad a sus subordinados para que ejercieran iniciativas de implementación de la política nazi fue un factor importante del éxito mortífero de muchas operaciones de las SS. 

Después del fracaso del intento de asesinato a Hitler del 20 de julio de 1944, Himmler jugó con la idea de negociar una paz separada con los aliados occidentales mientras continuaba la lucha contra la Unión Soviética. Durante el invierno de 1944 y 1945, pensó en usar a los prisioneros de los campos de concentración como moneda de cambio para iniciar esas negociaciones. En abril de 1945, Himmler se reunió con el representante del Congreso Judío Mundial en Estocolmo, Suecia, Hilel Storch, para tratar la apertura de negociaciones. En parte, porque los aliados no negociarían con un hombre tan implicado en crímenes nazis y, en parte, porque Himmler no podría separarse de Hitler o de la creencia de que, de algún modo, los alemanes ganarían la guerra, sus desganados tanteos fracasaron. En abril de 1945, Himmler solicitó al conde Folke Bernadotte, vicepresidente de la Cruz Roja de Suecia, que transmitiera un ofrecimiento de rendición en el frente occidental al general Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe de las fuerzas aliadas. Hitler recibió la noticia del ofrecimiento en Berlín la noche del 28 al 29 de abril de 1945. En uno de sus últimos actos oficiales, Hitler despojó a Himmler de todos sus cargos y ordenó su arresto.

El  fin de la guerra encontró a Himmler vestido con el uniforme de la Policía con documentos a nombre de Heinrich Hitzinger. Fue capturado por soldados rusos el 20 de mayo de 1945 y entregado a los británicos, a quienes finalmente confesó su identidad. El 23 de mayo de 1945 se suicidó mordiendo una cápsula de cianuro que ocultaba en la boca para ese preciso propósito.

Reinhard Heydrich


El general de las SS Reinhard Heydrich fue el jefe de:
  • El Servicio de Seguridad del Reichsführer-SS (Sicherheitsdienst, SD) de 1931 a 1942.
  • La Policía Secreta Estatal Alemana (Geheime Staatspolizei, Gestapo) de 1934 a 1936.
  • La Policía de Seguridad Alemana (Sicherheitspolizei, SiPo), formada por la Gestapo y las fuerzas de investigación de la policía criminal (Kriminalpolizei, Kripo), de 1936 a 1942.
  • La Oficina Principal de Seguridad del Reich (Reichssicherheitshauptamt, RSHA); después de septiembre de 1939, la Policía de Seguridad y el SD se unieron formalmente bajo el mando de Heydrich en la RSHA.
Bautizado como católico apostólico, había nacido el 7 de marzo de 1904 en Halle an der Saale, a 32 kilómetros al noroeste de Leipzig, en el estado alemán de Sajonia. Su padre, Bruno Heydrich, era cantante de ópera y el director del conservatorio de música de Halle, que el mismo había fundado en 1901. La Primera Guerra Mundial y sus secuelas resultaron ser una catástrofe para la familia Heydrich. Bruno Heydrich apenas podía mantener abierto el conservatorio debido a la economía impuesta en la posguerra. Mientras su familia padecía problemas económicos, Heydrich, aún adolescente, se vio seducido por el nacionalismo racista (völkisch) y fue testigo de manifestaciones, huelgas y batallas callejeras en Halle durante el último año de la guerra y el posterior caos revolucionario. A pesar de estas actividades no escolares, tuvo excelentes calificaciones y se graduó del colegio secundario en la primavera de 1922. En 1931.

Cuando Heydrich era un civil desempleado, en medio de la Gran Depresión y con una nueva novia fanática del nacionalsocialismo, un amigo de la familia le presentó al jefe de lasSS, Heinrich Himmler, en Munich. Con la intención, en ese momento, de crear un servicio de inteligencia interna para el partido nazi, Himmler se impresionó tanto con las propuestas de Heydrich que lo introdujo en las SS en agosto de 1931 y le encomendó el desarrollo del SD. En enero de 1933, el SD liderado por Heydrich se había convertido en la agencia de inteligencia más importante dentro del partido nazi. En junio de 1934, el vicejefe del partido nazi, Rudolf Hess, la nombró la única agencia autorizada para reunir información de inteligencia política dentro del Tercer Reich.

Cuando Himmler fue nombrado comandante de la fuerza de investigación de la policía política de Baviera, el 1 de abril de 1933, designó a Heydrich como el segundo a cargo. Himmler y Heydrich centralizaron los departamentos de la policía política de Alemania en la Gestapo. Cuando las SS de Himmler se independizaron de las SA (guardias de asalto nazis) -después de la purga de su jefe de personal, Ernst Röhm, y de los principales líderes de esta fuerza que tuvo lugar del 30 de junio al 2 de julio de 1934-, Heydrich tomó el mando de la Gestapo y continuó siendo jefe del SD. Nueve días después de su nombramiento como Reichsführer SS (Líder de las SS del Reich) y jefe de la policía alemana, el 17 de junio de 1936, Himmler designó a Heydrich jefe de la nueva Oficina Principal de la Policía de Seguridad (Hauptamt Sicherheitspolizei) que reunió en una agencia a la Gestapo y las fuerzas de investigación de la Policía Criminal.

De 1936 a 1939, el cargo formal de Heydrich fue “Jefe de la Policía de Seguridad y del SD”. Después de que la Alemania nazi desencadenara la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia, Himmler vinculó formalmente a la Policía de Seguridad y al SD decretando la creación de la RSHA, el 27 de septiembre de 1939, al mando de Heydrich. La nueva agencia era potencialmente tan poderosa que Heydrich mantuvo en secreto su existencia formal hasta su muerte en 1942. La correspondencia que salía de la RSHA llevaba el membrete anterior a 1939: “el jefe de la Policía de Seguridad y el SD".

Al mando de Heydrich, la Policía de Seguridad y el SD eran la principal agencia a cargo del análisis de inteligencia y las medidas ejecutivas para eliminar a los numerosos enemigos internos y externos del estado nazi. El SD creó departamentos de inteligencia para el estudio de los presuntos artificios a largo plazo de cada uno de los enemigos del Reich: “judíos de todo el mundo”, “marxistas” (comunistas, socialdemócratas y sindicalistas), “iglesias políticas” (por ejemplo, luteranos y el clero católico que se oponían al régimen y miembros de otras religiones protestantes, tales como los testigos de Jehová, cuyos miembros no aceptaban la autoridad del estado nazi), opositores nacionalistas de derecha y masones. La Gestapo arrestaba a estos opositores políticos y, cuando correspondía, los incorporaba a campos de concentración mediante la autoridad policial otorgada por una Orden de custodia preventiva (Schutzhaftbefehl).

La Kripo investigaba los denominados “actos y comportamientos delictivos no políticos”. Los oficiales de la Kripo arrestaban a aquellos cuyo presunto comportamiento delictivo o antisocial se consideraba peligroso para el Reich. Además de personas con antecedentes penales, los oficiales de la Kripo arrestaban homosexuales, romaníes y sintis (gitanos) y gente que participaba en todo lo que la Kripo consideraba comportamiento “asocial”. De modo similar a la Orden de arresto protector, la Kripo utilizaba una Orden de detención preventiva (Vorbeugungshaftbefehl) como instrumento de arresto y encarcelamiento por tiempo indefinido.

Heydrich y Himmler compartían la visión de la identidad de los enemigos a largo plazo de la raza alemana y de las medidas que tomar contra ellos. Al igual que Himmler, Heydrich creía que la destrucción de opositores manifiestos y “visibles” no era suficiente para garantizar la seguridad y la supervivencia de la raza alemana según la definían los nazis. Estos opositores incluían: activistas comunistas y socialdemócratas; adeptos intelectuales y organizativos de la democracia liberal, el nacionalismo conservador tradicional y los valores cristianos; judíos con cargos importantes en los movimientos democráticos liberales y marxistas en Alemania y Austria e intelectuales judíos sin afiliación que se oponían al régimen nazi.

Carnicero, Bestia y otros apodos igual de feroces no bastan, sin embargo, para describir a cabalidad la vertiginosa crueldad de esa encarnación del mal en que se convirtió Reinhard Heydrich a medida que escalaba posiciones en las fuerzas de choque del nazismo, hasta llegar a ser nombrado por Hitler el Protector de las provincias anexadas al Reich de Bohemia y Moravia. Era hijo de un pasable compositor y recibió una buena educación, en un colegio de niños bien donde sus compañeros lo atormentaban acusándolo de ser judío, acusación que estropeó luego su carrera en la Marina de Guerra. Tal vez su precoz incorporación a las SS, cuando este cuerpo de élite del nazismo estaba apenas constituyéndose, fue la manera que utilizó para poner fin a esa sospecha que ponía en duda su pureza aria y que hubiera podido arruinar su futuro político. Fue gracias a su talento organizador y su absoluta falta de escrúpulos que las SS pasaron a ser la maquinaria más efectiva para la implantación del régimen nazi en toda la sociedad alemana, la fuerza de choque que destrozaba los comercios judíos, asesinaba disidentes y críticos, sembraba el terror en sindicatos independientes o fuerzas políticas insumisas, y, comenzada la guerra, la punta de lanza de la estrategia de sujeción y exterminación de las razas inferiores. 

El 27 de mayo de 1942, mientras Heydrich viajaba por una ruta conocida rumbo al aeropuerto para volar al cuartel general de Hitler, dos agentes checos lograron lanzar una granada de mano bajo su vehículo. Si bien el propio estallido no logró herirlo de muerte, las astillas de la granada en su pierna y la parte inferior de su espalda causaron una infección que le provocó la muerte el 4 de junio de 1942.

La muerte de Heydrich desencadenó represalias indescriptibles, como el exterminio de toda la población de Lídice, y torturas y matanzas de centenares de familias eslovacas y checas. Pero, también, mostró al mundo lo que, todavía en 1942, muchos se negaban a admitir: la verdadera naturaleza sanguinaria y la inhumanidad esencial del nazismo

La RSHA que Heydrich creó y la política de la “solución final” que inició serían terriblemente efectivas después de su muerte. Los alemanes y sus aliados del Eje exterminaron a alrededor de seis millones de judíos entre 1941 y 1945. Los jefes de las SS y la policía en la Polonia bajo ocupación nombrarían una operación de exterminio de 1,7 millones de judíos Operación “Reinhard” en “honor” al más despiadado profesional del asesinato en masa.