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martes, 17 de octubre de 2017

Cine e Historia - "Un puente demasiado lejos"


Título original: A Bridge Too Far
Año: 1977
Duración: 175min.
País: Reino Unido
Director: Richard Attenborough.
Guión: William Goldman (Novela: Cornelius Ryan).
Productora: United Artists
Reparto:  Sean Connery,  Edward Fox,  James Caan,  Dirk Bogarde,  Michael Caine, Robert Redford,  Anthony Hopkins,  Liv Ullmann,  Maximilian Schell,  Gene Hackman, Ryan O'Neal,  Laurence Olivier,  Elliott Gould,  Hardy Krüger,  Siem Vroom, Marlies van Alcmaer,  Wolfgang Preiss,  Josephine Peeper,  Paul Maxwell, Walter Kohut,  Peter Faber,  Frank Grimes,  Jeremy Kemp,  Donald Pickering, Donald Douglas,  Peter Settelen,  Stephen Moore,  Michael Byrne,  Paul Copley, Nicholas Campbell,  Gerald Sim,  Harry Ditson,  Erik Chitty,  Brian Hawksley, Colin Farrell,  Christopher Good,  Norman Gregory,  Alun Armstrong,  Anthony Milner, Barry McCarthy,  Lex van Delden,  Michael Wolf,  Tim Beekman,  Edward Seckerson, Tom van Beek,  Arthur Hill.
Música: John Addison. 
Fotografía: Geoffrey Unsworth.
Premios: 1977: Premios BAFTA: Mejor actor secundario (Edward Fox) y fotografía. 6 nominaciones

Sinopsis: En septiembre de 1944, alentados por el éxito de la invasión de Normandía, los aliados emprendieron con determinación la operación "Market Garden", un arriesgado plan para poner fin lo antes posible a la guerra, invadiendo Alemania y destruyendo la industria bélica de Hitler. La clave era conquistar varios puentes por los que pasarían las tropas. No obstante, las estrategias en el campo de batalla, combinadas con los errores del servicio de información, la mala suerte y las pésimas condiciones climáticas condujeron la operación a un completo desastre.


Ante la detención del avance aliado en la frontera alemana, el mariscal Montgomery planea una audaz operación aerotransportada, denominada en clave Market Garden, que tiene como objetivo la captura de cuatro puentes estratégicos para invadir Alemania desde Holanda. De ellos, el objetivo crucial se encuentra en Arnhem, donde la captura del puente sobre el Rin es la clave de toda la operación. Dicho objetivo queda asignado a la 1ª división aerotransportada británica del general Roy Urquhart (Sean Connery), que se verá situado en el centro de una durísima batalla por el control del estratégico puente de Arnhem.

Roy Urquhart es interpretado en la película por Sean Connery
La acción nos traslada a septiembre de 1944. El Alto Mando aliado, entusiasmado por el éxito de Normandía y la liberación de más de media Francia, incluyendo París, concibe una ambiciosa operación para poner fin rápidamente a la guerra. Esta consiste en una combinación de audaces golpes de mano tras las líneas alemanas, una cadena de tres ataques simultáneos en la ruta que va del noreste de Francia al centro de Holanda para, desde allí, una vez despejado el panorama de enemigos, cruzar la frontera alemana directamente hacia el corazón industrial del Reich, y así ocuparlo y destruirlo y obligar a Hitler a rendirse. El punto decisivo: el puente que las tropas blindadas angloamericanas han de cruzar para cumplir con los objetivos, en la ciudad holandesa de Arnhem. La toma de este puente se convierte en el hecho central de la operación, pero las deficiencias estratégicas, producto de la ansiedad y la precipitación, las condiciones climáticas, la enconada resistencia alemana, subestimada por culpa de los errores de los servicios de inteligencia, y unas buenas dosis de mala suerte, se conjugarán para dar un buen revés a los Aliados.

Lo más destacable de esta película es la rigurosidad, histórica en la narración de los hechos y combates que se produjeron, y las causas de la derrota aliada (mal funcionamiento de las radios, fuerte resistencia alemana, mal tiempo). Por otra parte, el apartado técnico es magnífico.

El filme tiene una pequeña introducción que hace hincapié en la animadversión mutua entre los generales Montgomery (británico, en el norte) y Patton, (norteamericano, en el sur); no había suministros suficientes para ambos ejércitos, y cada uno de ellos quería ser el vencedor sobre Alemania. "Cada uno de ellos quería ser el primero en llegar a Berlín", señala. Puede ver la película aquí


Antes de sumergirnos en la historia, quisiera agregar que la película se conoció en España como "Un puente lejano". Personalmente, opino que es mucho mejor el título con que fue exhibida en hispanoamérica. Además de ser más fiel la traducción, da una mejor idea de lo exageradamente ambicioso de su propósito, que terminaría en el sacrificio inútil de muchos hombres.


Mientras los Ejércitos aliados se aproximaban lentamente a las fronteras de Alemania, la resistencia enemiga se endurecía. El general Dempsey, que dirigía las operaciones del Ejército 2 británico, advertía continuas señales de la cada vez más resuelta defensa opuesta por los alemanes. Muchas veces, sus vanguardias se vieron forzadas a detenerse frente a las unidades formadas por la Hitler Jugend. Estos combatientes fanáticos, atrincherados en grupos aislados de casas u ocultos en los pantanos inaccesibles, defendían con encarnizamiento las puertas de su patria. Fue en estas circunstancias cuando Montgomerv concibió el plan de romper rápidamente la linea defensiva alemana mediante una serie de lanzamientos de paracaidistas. Esperaba que la conquista de determinado número de puentes entre la frontera holandesa y el Bajo Rhin abriría camino al Ejército 2, permitiéndole avanzar velozmente a través de Holanda para penetrar en las llanuras de Alemania septentrional. Teniendo en cuenta que el impulso inicial del avance aliado había experimentado una disminución de su ritmo a fines de la primera semana de septiembre, Montgomery tuvo la seguridad de que aquel era precisamente el momento más oportuno para emplear las fuerzas aerotransportadas. Tras la conquista de los puentes holandeses, podrían lanzar el Ejército 2 a un ataque que le situaría en un extenso frente vuelto hacia el Este, entre Arnhem y Zwolle; por lo tanto, una vez constituida una profunda cabeza de puente a través del Ijseel Meer, se encontraría en una posición muy fuerte, desde la que podría desencadenar aquel “poderoso y violento golpe al corazón de Alemania” que había decidido lanzar. Los principales puentes por conquistar eran cinco: uno, en el canal Wilhehnina, a más de 30 km de la frontera holandesa; otro. en el canal Zuid Willensvaart, 16 km más al Norte, y los otros tres, respectivamente, en el Mosa, en el Waal y en el Bajo Rhin. Se lanzaría una división del Ejército aerotransportada en la zona comprendida entre Eindhoven y Uden, con el fin de conquistar los dos puentes sobre los canales y para desembarazar el camino entre uno y otro; una segunda división debería asegurarse la posesión del puente sobre el Mosa, en Grave, y del que cruza el Waal, en Nimega, mientras una tercera seria lanzada en Arnhem para ocupar el punto de cruce del Bajo Rhin, de 135 metros de ancho. Se trataba de un plan ambicioso, pero audaz y genial, y de haber tenido éxito las ventajas habrían sido incalculables. En efecto, se habría envuelto la Línea Sigfrido, con lo que los Aliados hubieran dispuesto de un trampolín de lanzamiento para entrar en territorio alemán, y además, una vez que Ejército 2 hubiese iniciado su avance hacia el Ijssel Meer, todas las unidades alemanas presentes en Holanda occidental habrían quedado aisladas.

Cuando el general Urquhart fue convocado al puesto de mando de su Cuerpo de Ejército, no tardó en darse cuenta de que se trataba verdaderamente de un cometido dificilísimo. El comandante del Cuerpo de Ejército, teniente general F. A. M. Browning, le Comunicó que la División 101 norteamericana efectuaría el lanzamiento al norte de Eindhoven para conquistar la ciudad, los cuatro puentes ferroviarios y de carreteras sobre el río Aa y el canal Zuid Willemsvaart, en VecheL así como los puentes sobre el Dommel, en St. Oedenrode, y sobre el canal Wilhelmina, en Son. Al mismo tiempo, la División 82 norteamericana conquistaría los puentes sobre el Mosa, en Grave, y sobre el Waal, en Mimega Luego, Browníng, trazando otro amplio circulo sobre el plano cubierto con una espesa hoja de material transparente,”con un amplio gesto de la mano”, como relató Urquhart, habla rematado: “Este es el puente de Arnhem, es preciso poseerlo a toda costa”. La operación, a la que se denominó convencionalmente “Market Garden”, era la operación de desembarco aéreo más ambiciosa que se había proyectado hasta entonces. A pesar de ello. se tuvo que proyectar en todos sus detalles en sólo seis días. Y la elaboración del plan presentaba enormes dificultades. Los mayores problemas, relacionados con las misiones específicas de la división de Urquhart, eran dos: la penuria de aviones de transporte y la convicción de que la artillería antiaérea en el sector de Arnhem era demasiado potente para permitir el lanzamiento de las inmediatas proximidades del puente y en ambas orillas del río. La prioridad en lo que respecta a aviones, afirmó Browning cuando Urquhart le pidió un número mayor para la división británica, debía concederse a los norteamericanos. Era obvio que la conquista del puente de Arnhem no tendría ninguna finalidad si los norteamericanos no lograban conquistar los del Mosa y del Waal. Así, mientras los paracaidistas de las dos divisiones norteamericanas tomarían tierra en Holanda en un sólo lanzamiento, la división británica seria transportada en tres oleadas sucesivas, ya que no había más aviones disponibles. Eran muy graves los peligros que entrañaba este fraccionamiento de la división. En efecto, los hombres de la primera oleada deberían llevar a término con éxito, una doble misión: apoderarse de los puentes y proteger el aterrizaje de los que los seguirían. Y aunque se admitiera que con el primer lanzamiento se podría efectuar un ataque por sorpresa, el enemigo tendría tiempo suficiente para organizar la defensa en el intervalo de tiempo entre la primera oleada y las siguientes. 


La Operación “Market Garden”, se inició la mañana del domingo 17 de septiembre de 1944. El tiempo correspondía a las previsiones meteorológicas: vientos débiles y visibilidad buena; a las 10 horas los escasos bancos de nubes estratificadas se habían aclarado. Los soldados empezaron a ocupar sus puestos en los aviones en ocho aeródromos británicos y 14 norteamericanos, que se extendían desde Dorsetshire a Lincolnshire. Los americanos se dirigirían a sus objetivos de Grave y Nimega y los ingleses sobre Arnhem. Los Aliados creían que la amenaza más seria la representaba la artillería antiaérea y las posibles pérdidas se habían calculado alrededor del 40% de los planeadores y de los aviones de transporte. Mas la artillería antiaérea estaba muy lejos de la potencia temida y las pérdidas de aviones de transporte, de un total de 1545 aparatos y 478 planeadores, fueron muy limitadas; en cuanto a los monoplazas FockeWulf y a los Messerschmiu con que se enfrentaron, atacaron a los cazas de escolta, pero no las formaciones principales. La División 82 norteamericana de Gavin tomó tierra en las cercanías de Grave y de Nimega sin contratiempos. Uno de sus batallones, que tomó tierra a ambos lados del puente sobre el Mosa lo conquistó en una hora. Seis horas después, otras unidades de su división conquistaron un segundo puente, sobre el canal Mosa-Waal, y penetraron hacia el Este, hasta las orillas de Reichswald. La resistencia enemiga fue arrollada rápidamente y el general Gavin sólo encontró una oposición seria cuando mandó un batallón en dirección Norte, para conquistar el puente sobre el Waal. Mientras tanto, más al Sur, la División 101 norteamericana de Maxwell Taylor habla actuado con igual rapidez, obteniendo éxitos iniciales comparables a los de la División 82. Los aviones fueron objeto de un potente fuego antiaéreo mientras se aproximaban a Eindhoven, pero sufrieron pocos daños, y los norteamericanos, apenas hubieron aterrizado, avanzaron rápidamente y neutralizaron la esporádica resistencia. Conquistaron todos los puentes sobre el canal Zuid Willemsvaart, en Vechel y, aunque el puente que atravesaba el canal Wilhelmina, en Son, había sido volado por los alemanes, un regimiento paracaidista logró atravesar el canal durante la noche y avanzó hacia el Sur, penetrando en la periferia de Eindhoven y abriendo un angosto paso para las fuerzas acorazadas británicas. Habla comenzado el ataque. El general Horrocks, desde el tejado de una fábrica en las orillas del canal Mosa-Escalda, había presenciado el paso de las oleadas de aviones, y cursó al Cuerpo de Ejército XXX las órdenes para que comenzara la acción. Antes de la noche, los americanos y los ingleses enlazaron en Eindhoven: el estrecho corredor hacia Arnhem había quedado abierto hasta Nimega.

La reacción alemana
El general Willi Bittrich era el comandante del II Panzerkorps SS. Dos divisiones de este Cuerpo, la 9ª y la 10ª Panzerdivisionen, se estaban reorganizando y tomando nuevamente posiciones al norte y este de Arnhem. Otras unidades escogidas, comparables a la Hermann Goering y a los Alpen Jäger estaban estacionadas en los suburbios de la ciudad, en los bosques, en los cuarteles del Ejército holandés a lo largo de la carretera a Nimega. En la zona de Arnhem había también tres bata!Iones de infantería, muy fuertes y perfectamente adiestrados; diversos batallones FIiegerhorst, formados por personal de Aviación de los servicios de tierra; muchos miembros del personal de la Marina que había formado parte de las defensas costeras ahora abandonadas, incluyendo artilleros; SS holandeses mandados por un oficial alemán, así corno bastantes baterías antiaéreas. Sin embargo, no eran estas unidades las que constituían la verdadera amenaza para el buen resultado de la empresa de la División británica, sino los 8500 hombres de las 9ª y 10ª Panzerdivisionen de las Waffen SS, al mando del general Willi Bittrich. 

Willi Bittrich es interpretado por Maximilian Schell
Bittrich, alto, rígido, de buena presencia, dotado de una inteligencia nada común, era uno de los generales de las Waffen SS más apreciados en el Ejército alemán. Tenla gustos refinados, modales distinguidos y un agradable sentido del humor. Era también un hombre de mente muy ágil, y aquel domingo por la tarde, cuando Model llegó a su puesto de mando, hacia las 15, ya habla intuido cual era el carácter de la amenaza aliada y tomado las disposiciones necesarias para enfrentarse con ella. Un grupo táctico de la 9ª Panzerdivision SS estaba ya en marcha hacia la zona de aterrizaje, con la orden de aniquilar a las tropas enemigas que habían tornado tierra en Oosterbeek, al oeste de Arnhem. “Es necesario atacar sin dilación —añadía a la orden—. El cometido esencial es ocupar y defender el puente.” También estaban en movimiento algunas unidades de la División 10, pero en dirección a Arnhem. Bittrich había intuido inmediatamente que tan importante era impedir la previsible intención aliada de realizar el enlace con las vanguardias del Ejército 2 como destruir las tropas aerotransportadas que habían penetrado al norte del Bajo Rhin. Y como era evidente que el Ejército 2 intentarla avanzar hasta Amhem a través de Nimega, la División 10 recibió la orden de trasladarse a esta localidad. “Pronto eliminaremos la amenaza británica al norte del Bajo Rhin”, afirmaba confiadamente Bittrich. “No debemos olvidar que los soldados británicos no obran con iniciativa propia cuando combaten en poblaciones y, en consecuencia, cuando sus oficiales tienen dificultades en ejercer el mando los soldados se muestran habilísimos en la defensa, pero nada temibles en lo que se refiere al ataque”. El éxito de este plan estaba condicionado especialmente por la capacidad que tuvieran las unidades que primero establecieran contacto con los paracaidistas británicos de detener el avance inicial desde las zonas de aterrizaje. Y en este aspecto Bittrich tuvo la fortuna de poder disponer, para esta operación, de reclutas de refresco y entusiastas, formados en su mayor parte por jovenzuelos de 17 a 19 años, entre los cuales se encontraba también un batallón de reclutas de la SS, al mando del comandante Sepp Kraft. “El único modo de neutralizar un ataque aerotransportado cuando se dispone de fuerzas menores —según Kraft— era hacerle frente inmediatamente con decisión.” Y Kraft estaba decidido a llevar a la práctica su máxima. Destacó una compañía hacia las zonas de aterrizaje a fin de que se empeñase en una acción retardadora; luego, desplegó el resto de sus hombres —unos 400— en una línea defensiva avanzada a través de la carretera que llevaba a Arnhem, con la orden de resistir en las posiciones en espera de los refuerzos de la 9ª División, que intervendría con las autoametralladoras, los carros de combate ligeros y la artillería. 

Comienzan los problemas
Para los hombres de la división británica aerotransportada las desventuras empezaron inmediatamente después del aterrizaje. La 1ª Compañía Autónoma paracaidista había tomado tierra apenas sin incidentes y pudo extender por los campos las cintas de nylon colorado que señalarían el lugar a las siguientes oleadas. La artillería antiaérea enemiga sólo había abatido siete aviones de la primera oleada, pero, en cambio, se perdieron bastantes planeadores durante el trayecto, sobre, todo a causa de la rotura de los cables de remolque, y precisamente se trataba de los planeadores que transportaban casi todos los vehículos del primer escuadrón de exploración aerotransportado, el que tenla la misión de guiar el avance hacia los puentes. En vanguardia se encontraba el Batallón II de la 1ª Brigada paracaidista del general G. W. Lathbury. El teniente coronel John D. Frost, que mandaba este batallón, no dejó de advertir que los habitantes del lugar, hombres, mujeres y muchachos, se había agrupado alrededor de los soldados apenas éstos empezaron a avanzar desde las zonas de aterrizaje, y les ofrecían manzanas, Peras, tazones de leche y tazas de té. Los ingleses se retrasaban para aceptar tos regalos y para demostrar su agradecimiento a aquella población tan cordial, que creía que la guerra ya había terminado. Pero todas estas cortesías hicieron aún más lenta la marcha, ya frenada por la natural precaución de los hombres. Otra causa del retraso la constituyeron los planos, muchos de los cuales se habían compilado con una imprecisión increíble y registraban, como, se lamentó un comandante de compañía, solo una pequeña parte de las carreteras existentes. La carretera por la que se encaminaron los: hombres del coronel Frost era la más meridional de las que conducían a Arnhem y pasaba a través de Heelsum y al sur de Oosterbeek. Era también la única cuya defensa era más bien débil, a consecuencia de las contramedidas tomadas por los alemanes; pero la resistencia enemiga, aunque nada tenaz ni bien organizada, fue lo suficientemente obstinada para dificultar el avance de los ingleses, y para obligarles, de vez en cuando, a detenerse. 

El general Urquhart, cuyos aparatos de radio habían demostrado ser del todo inadecuados como medios de comunicación con los comandantes subordinados, se vio obligado a adelantarse personalmente para pedir al Batallón II que acelerase su avance. Dentro de poco caería la oscuridad y los puentes de Arnhem estaban todavía distantes. El Batallón III de la brigada de Lathbury, al mando del teniente coronel J. A. C. Fitch, se encontraba en dificultades y avanzaba lentamente, siguiendo la carretera más al Norte, que atravesaba Oosterbeek. Pero cuando llegó a una encrucijada, a unos 3 km de la ciudad (donde cayó el general Kussin, comandante alemán de la zona de Amhem, quien llegaba a toda velocidad del pueblo de Woliheze en un Citroën del Estado Mayor), la sección de cabeza, y con ella todo el batallón, se encontró sometida a un intenso fuego de los morteros pesados alemanes. El Batallón III estuvo detenido bastantes minutos en aquella posición peligrosa y expuesta a la acción mortífera de las bombas, mientras los hombres caían por todas partes, muertos o heridos por los pesados proyectiles que estallaban entre los árboles. Luego, el general Lathbury comprendió que “detenerse por más tiempo en aquella encrucijada equivalía a un suicidio” y ordenó al coronel Fitch que reanudase el avance. Pero el Batallón III no pudo llevar a cabo grandes progresos. Los hombres de Sepp Kraft, que habían recibido ya el refuerzo del grupo táctico de la División 9, se defendían bien, apoyados por un gran número de cañones autopropulsados, y en la periferia de Oosterbeek impusieron a los ingleses una nueva detención. 

En el bando alemán, no hubo un «General Ludwig». El personaje interpretado por Hardy Kruger es una composición de los generales Walter Harzer y Heinz Harmel. (Heinz Harmel no autorizó que su nombre se mencionara en la película), de la 9.ª División Panzer de la SS Hohenstaufen y la 10.ª División Panzer Frundsberg respectivamente. En la reunión entre «Ludwig» y Bittrich, justo después de los primeros aterrizajes británicos, Bittrich comenta que irá a Arnhem y que Ludwig debería ir a Nimega. En realidad, a la 9.ª SS de Harzer se le ordenó ir a Arnhem y a la 10.ª SS de Harmel, a Nimega.
Como entre tanto ya había caído la noche, Lathbury aconsejó al coronel Fitch que concediera a sus hombres un' par de horas de descanso. Se enviaron algunas patrullas de reconocimiento hacia Arnhem y se advirtió al coronel Frost que el Batallón III no debía intentar llegar al puente hasta la mañana siguiente. Pero ni siquiera el Batallón I, de la brigada de Lathbury, podría llegar al puente antes de la mañana. Al principio, este batallón, mandado por el teniente coronel David Dobie, había recibido la orden de dirigirse a las alturas al norte de Arnhem y bloquear la carretera que conducía a la ciudad. Pero, en seguida, al norte del Wofiteze, se había visto envuelto en un encarnizado combate con los medios acorazados, la artillería' y la infantería del enemigo. Después de sufrir muchísimas pérdidas, el coronel Doble comprendió que las fuerzas alemanas, situadas en las posiciones al norte de la ciudad, eran demasiado importantes para que las suyas pudieran ocuparlas, conforme preveía el plan, y dio la orden de avanzar hacia el puente apenas apuntase el alba. El coronel Frost, que mientras tanto había llegado al puente, tenía urgente necesidad del apoyo de Dobie, porque ya no contaba más que con unos 500 hombres. 

A la 3ª Compañía de Frost se la había destacado para guarnecer el puente ferroviario; pero dicho puente había saltado por los aires antes de que pudieran llegar a él; ahora la compañía se encontraba bloqueada en la ciudad, donde estaba empeñada en combate cerca de la estación ferroviaria. Con las tropas de que disponía, Frost logró situarse en el extremo septentrional del puente y ocupar los edificios situados a su alrededor. Pero dos valientes intentos de conquistar el extremo meridional habían sido rechazados. El enemigo estaba recibiendo refuerzos de infantería, artillería y de modernos carros de combate Königstiger, mientras Frost sólo tenía poquísimas esperanzas, de recibir a su vez refuerzos. El general Urquhart —él mismo lo confesaría más tarde— ya se daba cuenta de que “estaba perdiendo la iniciativa de la batalla”. Como no podía dirigir por radio las operaciones de la división, decidió permanecer con el general Lathbury, quien se encontraba con las unidades avanzadas del Batallón III. El lunes por la mañana, el batallón continuó su avance hacia Arnhem, y no tardó en verse empeñado en una violenta y desordenada batalla contra los carros de combate y los cañones autopropulsados alemanes en las cercanías del hospital católico de Santa Isabel. La confusión empeoró cuando el Batallón I del coronel Dobie, que intentaba irrumpir desde el puente, se convirtió en blanco de un intenso fuego por parte de morteros, autoametralladoras, carros de combate y tiradores escogidos, que se encontraban en las cercanías de la estación ferroviaria, cerca del hospital. “Parecía corno si los alemanes tuvieran centenares de carros de combate”, comentó un soldado inglés. “Se velan y se oían por todas partes. Tenían más morteros que nosotros y los sabían utilizar muy bien. Las granadas nos caían encima sin interrupción”. Y ya no se trataba solamente de las granadas enemigas, sino que además, en las unidades británicas se había producido tal confusión y tal fraccionamiento que ya no era posible distinguir a los amigos de los enemigos o saber en qué casas se habían atrincherado los paracaidistas británicos y en cuáles los alemanes. 


En medio de este desbarajuste, el general Lathbury fue alcanzado y paralizado por una bala que le hirió en la columna vertebral, y el general Urquhart, rodeado por los Panzergrenadier, se vio obligado a esconderse en el ático de una casa, y allí hubo de permanecer toda la noche junto con el comandante de un pelotón del Batallón III y con un oficial del Servicio de Información. Un cañón autopropulsado alemán estaba situado justamente bajo la ventana. El mando de la división pasó entonces a manos del general de brigada Hicks. El día anterior su brigada había defendido las zonas de aterrizaje; pero ahora que la brigada de Lathbury se estaba desintegrando, era evidente que su misión esencial iba a ser la de acudir en ayuda de los destacamentos que se obstinaban en el intento de llegar al puente. Hicks no podía valorar cuantas eran las unidades todavía eficaces de la brigada de Lathbury, porque, en la práctica, no existían verdaderos enlaces radio. Varios de estos aparatos habían sido destruidos y muchos de los que todavía no lo estaban eran de un tipo destinado a comunicaciones a corta distancia, poco superior a los 5 km; por ello, la recepción en el puesto de mando de la división era irregular, débil y con interferencías, y así los mensajes recibidos resultaban, la mayoría de las veces, incomprensibles. Por esta razón, cuando Hícks envió a Arnhem dos compañías del 2.° South Staffordshire Regiment, no tenía una idea precisa de la situación que encontrarían. No juzgó oportuno enviar refuerzos más consistentes porque el tiempo estaba empeorando y los aeródromos británicos se estaban cubriendo de niebla, por lo que había sido preciso aplazar el segundo lanzamiento. Hicks no se atrevía a reducir más el número de tropas que defendían las zonas de aterrizaje mientras no hubieran llegado las unidades, tan necesarias, de la 4ª Brigada paracaidista. Por su parte, Bittrich, que sabía que los ingleses efectuarían un segundo lanzamiento, porque sus hombres habían encontrado sobre el cadáver de un oficial británico una copia completa de los planes de la Operación "Market Garden", efectuó un audaz intento para obligar al enemigo a desalojar las zonas de aterrizaje.

Aquel martes fue una jornada desastrosa. Todos los ataques convergentes de las unidades que se encontraban en el interior de la ciudad fracasaron, y las pérdidas fueron muy elevadas y antes de que terminara, aquellos hombres exhaustos pudieron ver, con profunda consternación, a los aviones de la RAF que, desafiando el violento fuego de la artillería antiaérea, lanzaban los abastecimientos en las zonas establecidas, las cuales ahora estaban en manos alemanas. Al caer la noche algunos contingentes británicos siguieron combatiendo en el interior de la ciudad con empuje y valentía, pero en medio de una confusión creciente, mientras otros se retiraban, desilusionados y desmoralizados. Los coroneles de los cuatro batallones que luchaban en Arnhem hablan sido heridos o habían perdido más de la mitad de sus oficiales. Y era asimismo evidente que los hombres de Prost, agotados por el esfuerzo, ya no podrían resistir más en el puente. Sin embargo, aún resistieron todo el día y la noche siguiente. No tenían víveres ni agua, y disponían de escasas municiones. Los sótanos vados de los edificios alcanzados y ennegrecidos estaban repletos de heridos y de moribundos, y el espectáculo, entre el polvo, el humo y los escombros bañados en sangre, parecía excluir toda posibilidad de victoria. Mientras tanto, el resto de la división había formado un perímetro defensivo en forma de herradura irregular al oeste de Oesterbeek, al norte del transbordador de Heveadorp. Urquhart esperaba que si lograba resistir en aquel punto, el Ejército 2 quizá tendría la posibilidad de atravesar el río y unírsele, incluso en el caso de que Frost no consiguiera mantenerse en el extremo septentrional del puente. Todo dependía de la rapidez con que pudiera avanzar el Ejército 2. Y todo parecía justificar las esperanzas de recibir los refuerzos lo más pronto posible cuando le llegó la noticia de que los norteamericanos y los Irish Guards habían conquistado el puente de Nimega, a unos 16 km más al Sur. En efecto, al amanecer del viernes, Urquhart recibió del mando del Cuerpo de Ejército XXX una comunicación que decía: “Cursada orden División 43 correr cualquier riesgo para relevar el mismo día”. Pero los alemanes defendían aquellos 16 km entre Nimega y Amhem, con una tenacidad que rivalizaba con su habilidad. Además la única carretera a espalda de las unidades avanzadas del Cuerpo de Ejército XXX estaba expuesta a la constante amenaza de la artillería y de la infantería de Model, que se estaba reorganizando rápidamente y a la que afluían cada vez más refuerzos en hombres y medios; el avance británico se desarrollaba de manera caótica y dificultaba el transporte de las municiones, y cuando llegó el momento de solicitar el apoyo de la aviación se descubrió que los aparatos de radio con que contaban los dos únicos autos para el enlace con la RAF eran ineficaces. Todas estas causas concurrieron para hacer que el avance del Cuerpo de Ejército XXX fuese más lento de lo previsto. Urquhart, angustiado por la situación en que se encontraba su división, comprendió que sería muy difícil recibir ayuda, y a medida que pasaban las horas, la resistencia en la orilla izquierda del río se fue debilitando. En toda la línea defensiva y en la zona interior de la misma, que los alemanes llamaban “el gran caldero”, sus hombres no tenían un momento de tregua ni posibilidad de dormir. Las raciones de víveres y las municiones se habían reducido al mínimo; y no habla apenas agua ni material sanitario. Carros de combate, patrullas de infantería, tiradores escogidos y cañones autopropulsados, que disparaban granadas de fósforo, se habían infiltrado repetidamente entre los puestos avanzados, causando numerosas bajas entre los defensores exhaustos. Algunos hombres se derrumbaron completamente, pero la mayor parte combatió con tenacidad. El Border Regiment, de la brigada de Hicks, fue rechazado de las alturas en las cercanías de Westerbouwing, y cuando las condiciones atmosféricas permitieron, finalmente, el lanzamiento de la brigada polaca del general Stanisław F. Sosabowski, al sur del río, cerca de Kerk-Driel, los ingleses ya hablan tenido que abandonar el lugar. 

Sosabowsky es interpretado por Gene Hackman
La noche del viernes los polacos intentaron cruzar el río, a pesar de los grandes peligros y dificultades. Mas, el sábado, al amanecer, cuando el enemigo reanudó el bombardeo sobre “el gran caldero”, ni siquiera 50 hombres habían logrado pasar a la otra orilla. El Batallón IV del Regimiento Dorsetshire, unidad avanzada del Cuerpo del Ejército XXX, que al fin habla alcanzado el Bajo Rhin, repitió la tentativa la noche del sábado, pero también fracasó y muchos hombres resultaron muertos a bordo de las embarcaciones. El principal objetivo de este intento de cruce no era tanto el de apoyar a la división aerotransportada como el de reforzar la línea del perímetro mientras se procedía a la evacuación del mismo. Porque era evidente que la precaria cabeza de puente al norte del río ya no era defendible y se había decidido retirar los restos de la citada división aerotransportada. La evacuación empezó la noche del lunes. Los alemanes, que al principio se mantuvieron tranquilos, no tardaron en intuir lo que estaba ocurriendo y, a partir de medianoche, la retirada continuó bajo el fuego incesante de las ametralladoras y de la artillería pesada, situada en las alturas de Westerbouwing. Quince carros de combate alemanes penetraron en el interior del perímetro y, por primera vez en una semana, no encontraron resistencia. En el interior hicieron prisioneros a más de 300 heridos, y el número de los que se encontraban ya en los hospitales de campaña alemanes y en los hospitales holandeses era, por lo menos, diez veces superior. La Operación “Market Garden” habla costado la vida a más de 10.000 soldados británicos, norteamericanos y polacos, muchas más que en Normandía, más un número importante de prisioneros. Los alemanes habían perdido, entre muertos y heridos, más de 3400 hombres. 

Una meta que no se alcanzó por muy poco margen Son muchas las razones que se pueden aducir para explicar el fracaso de la operación. La menos humillante es que las matas condiciones atmosféricas, además de impedir el envío de refuerzos y de abastecimientos a las fuerzas aliadas, también impidieron bombardear y dispersar a las tropas alemanas que avanzaban hacia el sector de operaciones. Sin embargo, existen otras explicaciones más desconcertantes. Quizá era dificil prever la presencia de generales alemanes habilísimos, como eran Mode!, Student y Bittrich, en la zona inmediata a los combates y prever también que reaccionaron con rapidez tan fulminante, concentrando las fuerzas en el sector amenazado. Pero queda también el hecho innegable de que los ingleses aterrizaron en Arnhem sin contar con suficientes indicaciones. por parte del Servicio de Información aliado, sobre la resistencia que en la zona encontrarían. Además, tenían en dotación una cantidad insuficiente de aparatos para el enlace. Corno se desprende de los documentos conservados en los archivos del Ministerio de la Guerra, el alcance de los aparatos de radio de dotación a los batallones, brigadas y divisiones era casi siempre insuficiente y una parte de sus operadores no estaban debidamente adiestrados. Así, las comunicaciones por radio durante el desarrollo de la batalla fueron intermitentes o no existieron en absoluto. La escasez de aviones constituyó también, por lo menos en parte, una de las causas determinantes de la derrota británica: en efecto, la subdivisión de los lanzamientos en tres días hizo que el enemigo no sintiera jamás el peso del ataque global de toda la división aerotransportada. Si los aterrizajes se hubieran concentrado en una zona más restringida, sí el general Urquhart los hubiera efectuado más cerca del objetivo y hubiese insistido en la defensa de las alturas de Westerbouwing después de que la conquista del puente se reveló imposible, quizás la operación habría concluido victoriosamente. No obstante, nadie puede afirmarlo con certeza. En cambio, la elección de la dirección de ataque no había sido un error. Una rápida y victoriosa conclusión de la Operación «Market Garden», seguida de una ofensiva contra las defensas alemanas a lo largo del Escalda, habría tenido consecuencias incalculables. Según palabras de Churchill, fue “una gran meta casi al alcance de la mano”. Pese a todo, la operación no fue un fracaso total, pues permitió la conquista de los pasos del Mosa y del Waal junto con aquello que el general Kurt Student definió corno “un excelente trampolín de lanzamiento desde el cual desencadenar el ataque definitivo contra Alemania”. Y aunque no se pudo lanzar un ataque definitivo tan pronto como se habla esperado, todos comprendían que el día de realizarlo no estaba lejos.