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lunes, 6 de julio de 2015

Louis Pasteur

Louis Pasteur, hijo de un curtidor, nació en Dole el 27 de diciembre de 1822, y creció en la pequeña ciudad de Arbois. En 1847 obtuvo un doctorado en Física y Química por la Escuela Normal de París

Louis Pasteur
Tras pasar varios años investigando e impartiendo clases en Dijon y Estrasburgo, en 1854 se marchó a la Universidad de Lille, donde fue nombrado catedrático de Química y decano de la Facultad de Ciencias. Esta facultad se había creado, en parte, como medio para aplicar la ciencia a los problemas prácticos de las industrias de la región, en especial a la fabricación de bebidas alcohólicas. Pasteur se dedicó de inmediato a investigar el proceso de la fermentación. Aunque su convicción de que la levadura desempeñaba algún tipo de papel en este proceso, no era original, logró demostrar, gracias a sus anteriores trabajos sobre la especificidad química, que la producción de alcohol en la fermentación se debe, en efecto, a las levaduras y que la indeseable producción de sustancias (como el ácido láctico o el ácido acético) que agrian el vino se debe a la presencia de organismos como las bacterias. La acidificación del vino y la cerveza había constituido un grave problema económico en Francia; Pasteur contribuyó a resolver el problema demostrando que era posible eliminar las bacterias calentando las soluciones azucaradas iniciales hasta una temperatura elevada. 

Pasteur hizo extensivos estos estudios a otros problemas, como la conservación de la leche, y propuso una solución similar: calentar la leche a temperatura y presión elevadas antes de su embotellado. Este proceso recibe hoy el nombre de pasteurización. 

Plenamente consciente de la presencia de microorganismos en la naturaleza, Pasteur emprendió una serie de experimentos diseñados para hacer frente a la cuestión de la procedencia de estos gérmenes. 

Generación espontánea 

¿Se generaban de forma espontánea en las propias sustancias o penetraban en ellas desde el entorno? Pasteur llegó a la conclusión de que la respuesta era siempre la segunda. Observó que en los cultivos que dejaba expuestos al aire aparecían gran número de microorganismos pero en los que se mantenían en condiciones estériles esto no sucedía. De este modo, Pasteur demostró que todo ser vivo procede de otro y nunca por generación espontánea. Sus descubrimientos dieron lugar a un feroz debate con el biólogo francés Félix Pouchet  que mantenía que, en las condiciones apropiadas, podían darse casos de generación espontánea. Estos debates, que duraron hasta bien entrada la década de 1870, a pesar de que una comisión de la Academia de Ciencias aceptó oficialmente los resultados de Pasteur en 1864, dieron un gran impulso a la mejora de las técnicas experimentales en el campo de la microbiología. 

El gusano de seda

En 1865 se marchó de París, donde era administrador y director de estudios científicos de la Escuela Normal, en auxilio de la industria de la seda del sur de Francia. La enorme producción de seda del país se había visto muy afectada porque una enfermedad del gusano de seda, conocida como pebrina, había alcanzado proporciones epidémicas. Al sospechar que ciertos objetos microscópicos hallados en los gusanos enfermos (y en las mariposas y sus huevos) eran los organismos responsables de la enfermedad, Pasteur experimentó con la cría controlada y demostró que la pebrina no sólo era contagiosa, sino también hereditaria. Llegó a la conclusión de que la causa de la enfermedad sólo sobrevivía en los huevos enfermos vivos, por tanto, la solución era la selección de huevos libres de la enfermedad. Merced a la adopción de este método, la industria de la seda se salvó del desastre. 

Teoría de los gérmenes como causa de enfermedades 

Los trabajos de Pasteur sobre la fermentación y la generación espontánea tuvieron importantes consecuencias para la medicina, ya que Pasteur opinaba que el origen y evolución de las enfermedades eran análogos a los del proceso de fermentación. Es decir, consideraba que la enfermedad surge por el ataque de gérmenes procedentes del exterior del organismo, del mismo modo que los microorganismos no deseados invaden la leche y causan su fermentación. Este concepto, llamado teoría microbiana de la enfermedad, fue muy debatido por médicos y científicos de todo el mundo. Uno de los principales razonamientos aducidos en su contra era que el papel desempeñado por los gérmenes en la enfermedad era secundario y carecía de importancia; la idea de que organismos diminutos fueran capaces de matar a otros inmensamente mayores le parecía ridícula a mucha gente. No obstante, los estudios de Pasteur mostraban que estaba en lo cierto, y en el transcurso de su carrera hizo extensiva esta teoría para explicar las causas de muchas enfermedades. 

La investigación sobre el carbunco 

Pasteur desveló también la historia natural del carbunco, una enfermedad mortal del ganado vacuno. Demostró que el carbunco está causado por un bacilo determinado y sugirió que era posible inducir una forma leve de la enfermedad en los animales vacunándoles con bacilos debilitados, lo que les inmunizaría contra ataques potencialmente letales. Con el fin de demostrar su teoría, Pasteur empezó inoculando a 25 ovejas con la vacuna “atenuada”; pocos días más tarde inoculó a éstas y a otras 25 con una muestra de un cultivo especialmente fuerte de carbunco. Predijo que las segundas 25 ovejas perecerían y concluyó el experimento de forma espectacular mostrando a una multitud escéptica los cadáveres de las mismas dispuestos unos junto a otros. 

La vacuna contra la rabia 

Pasteur dedicó el resto de su vida a investigar las causas de diversas enfermedades —como la septicemia, el cólera, la difteria, el cólera de las gallinas, la tuberculosis y la viruela— y su prevención por medio de la vacunación. Es especialmente conocido por sus investigaciones sobre la prevención de la rabia, llamada también hidrofobia en la especie humana, una enfermedad terrible y contagiosa que casi siempre era mortal. Tras experimentar con la saliva de animales afectados por la enfermedad, Pasteur llegó a la conclusión de que la enfermedad residía en los centros nerviosos: inyectando un extracto de la médula espinal de un perro rabioso a animales sanos, éstos mostraban síntomas de rabia. Estudiando los tejidos de animales infectados, sobre todo de conejos, Pasteur consiguió desarrollar una forma atenuada del virus que podía emplearse en inoculaciones. 

La historia de Joseph Meister

El 6 de Julio de 1885, una mujer llegó llorando con su hijo de 9 años al laboratorio donde investigaba Louis Pasteur. El chico se llamaba Joseph Meister y había sido mordido dos días antes por un perro rabioso en 14 sitios diferentes. De puro dolor, casi no podía andar y su muerte en breve plazo estaba prácticamente asegurada.

¡Salve usted a mi hijo, Monsieur Pasteur! – rogaba insistentemente aquella madre.

Pasteur había probado un remedio en animales pero jamás en personas. ¿Debía inocular aquel remedio al muchacho o no? Gran dilema. Antes de continuar, veamos qué pasaba tres años antes, en 1882.

En ese año trajeron al laboratorio de Pasteur un perro rabioso bien atado y con gran riesgo para todos. Fue introducido en una gran jaula donde había varios perros sanos para que los mordiese. Por otro lado, Emile Roux y Charles Chamberland sacaron baba de la boca del furioso animal, la inyectaron a conejos y conejillos de Indias, y esperaron que hicieran su aparición los primeros síntomas de la rabia.

El experimento tuvo éxito unas veces, pero otras muchas no, de cuatro perros sanos mordidos, dos amanecieron, seis semanas después, recorriendo furiosos la jaula y aullando, y, en cambio, transcurrieron meses sin que los otros dos presentasen el menor síntoma de hidrofobia al igual que con los conejillos de Indias. Dos conejos empezaron a arrastrar las patas traseras y terminaron muriendo en medio de horribles convulsiones, mientras que otros cuatro siguieron tranquilamente royendo las hortalizas. En el proceso no había ritmo, ni medida, ni regularidad.

La rabia es una de las enfermedades que más espanto han producido a la humanidad. Pasa al ser humano a través de la saliva en las mordeduras. Afecta al sistema nervioso provocando espasmos musculares dolorosísimos y posterior parálisis que, al llegar a los músculos que permiten la respiración, conduce a la muerte. Cuando quedan afectados los músculos de la boca y cuello hacen imposible cualquier deglución y resulta extraordinariamente dolorosa. Por eso, los animales que la padecen aparecen con la boca llena de saliva espumosa y rehuyen la ingestión de agua. De ahí que se la conozca también como hidrofobia (odio al agua). La cura en aquellos tiempos consistía en un hierro candente en la herida que dejaba la huella en la carne de por vida. Y sólo quedaba esperar.

Desde la inoculación por la mordedura hasta la aparición de los síntomas, hay un período de tiempo en función de lo lejos que haya sido la mordedura de la cabeza, puesto que el virus va por los nervios hasta llegar al cerebro. Durante ese tiempo todavía se puede actuar. Una vez aparecidos los síntomas era mortal en todos los casos incluso hoy en muchos a pesar de los avances médicos.

La rabia es un virus y no se podía ver al microscopio óptico. ¿Cómo detectar dónde estaba? Pasteur pensó que, por los síntomas, tenía que atacar al sistema nervioso y era allí donde había que buscarlo. Si se inyectaba bajo la piel el virus podía extraviarse antes de llegar al cerebro y para comprobarlo había que inyectarlo directamente en el cerebro. Había que hacer un pequeño agujero en el cráneo de un perro e inocularlo sin causarle daños. Roux le dijo que no había problema, pero Pasteur se negó a hacer ese experimento:

- Pero ¿qué me está diciendo? ¡Taladrar el cráneo a un perro! Le haría un daño tremendo al pobre bicho, y además, le estropearía el cerebro, le dejaría usted paralítico. ¡No! ¡No puedo consentirlo!

Suerte que, para Pasteur y la humanidad, Roux fue desobediente. Aprovechando una ocasión en que nuestro héroe tuvo que salir del laboratorio para asistir a una reunión, anestesió un perro sano con cloroformo, le hizo un pequeño agujero en la cabeza, puso en una jeringuilla una pequeña cantidad de cerebro machacado de un perro recién muerto de rabia, y por el agujero practicado en el cráneo del perro anestesiado metió la aguja de la jeringuilla y lentamente inyectó la mortífera substancia rábica.

A la mañana siguiente Roux contó a Pasteur lo que había hecho. Aún no habían transcurrido dos semanas, cuando el pobre animal empezó a lanzar aullidos lastimeros, a desgarrar la cama y a morder los barrotes de la jaula muriendo a los pocos días. Ahora tenían una forma segura de inocular la rabia.

Un día, uno de los perros inoculados con la substancia procedente del cerebro virulento de un conejo, dejó de ladrar, de temblar y, milagrosamente, se puso bien por completo. Pocas semanas más tarde, inyectaron en el cerebro a este mismo animal, una nueva dosis. La pequeña herida de la cabeza sanó rápidamente; Pasteur vigilaba muy atentamente pero durante meses enteros el perro siguió viviendo, juguetón, en su jaula. Fue el primer animal que había sobrevivido a los efectos del virus fatal, Estaba inmunizado por completo.

En aquel momento abrió los ojos: cuando un animal había estado rabioso y curado, no volvía a recaer. Ahora tenían que encontrar el modo de atenuar el virus. Sus ayudantes dijeron que sí a todo lo que propuso el maestro, aunque estaban perfectamente seguros de que no existía manera de poder atenuar el virus. Pero el tesón de Pasteur pudo con ellos. Descubrieron que si ponían a secar durante catorce días, en un matraz especial a prueba de microbios, un pequeño fragmento de médula espinal de un conejo muerto de rabia; al inyectarlo en el cerebro de perros sanos, estos no morían. Luego, pusieron a secar otros fragmentos de la misma substancia virulenta, durante doce, diez, ocho, seis días, y ver si podían contagiar a los perros nada más que un poco de hidrofobia.

Tal como los perros así tratados saltaban y olfateaban en sus jaulas sin dar señales de anormalidad alguna, los otros que no habían recibido las catorce dosis preventivas de cerebro desecado de conejo, lanzaban los postreros aullidos y morían rabiosos. Pasados tres años, Pasteur escribía a su amigo Jules Vercel:

Ni uno solo de mis perros ha muerto a consecuencia de la vacuna. Todos los mordidos han quedado perfectamente protegidos. Tiene que suceder lo mismo con las personas, tiene, pero … me siento muy inclinado a empezar conmigo mismo, a inocularme la rabia y tener después las consecuencias, porque empiezo a tener mucha confianza en los resultados.

Volviendo a 1885…

- ¡Salve usted a mi hijo, Monsieur Pasteur!

Pasteur le dijo que volviera aquella misma tarde a las cinco. Fue a ver a dos médicos, grandes admiradores suyos, Vulpian y Grancher, que habían estado en el laboratorio y sido testigos de cómo podía preservar de la rabia a los perros gravemente mordidos. Por la tarde fueron al laboratorio para examinar al niño mordido, y al ver Vulpian las sangrientas desgarraduras, dijo:

- Empiece usted. Si no hace usted algo, es casi seguro que el niño muera.

Y en aquella tarde del 6 de julio de 1885, fue hecha a un ser humano la primera inyección de microbios atenuados de hidrofobia. Consistía en extractos de médula espinal de conejos conservada en un frasco abierto durante 15 días. Se le aplicaron otras 12 inoculaciones en los 10 días siguientes con extractos de virulencia progresivamente mayor. Día tras día, el pequeño Joseph Meister soportó las restantes inyecciones. El muchacho jamás presentó el menor síntoma de la espantosa enfermedad.

Pasteur y Joseph Meister
Una vez que salió indemne de la prueba, Pasteur perdió el miedo y dijo al mundo que estaba dispuesto a defender de la hidrofobia a todos sus habitantes. El 26 de octubre de 1885 leyó ante la Academia de Ciencias “Un método para prevenir la rabia después del mordisco”. El mundo no tardó en aprovecharse de su descubrimiento. Muchas personas pasaron por su laboratorio. Los encargados del laboratorio no paraban de preparar cultivos y más cultivos para las inyecciones y hubo que suspender todo trabajo de investigación en aquellas series de habitaciones pequeñas y abarrotadas. Un total de 2.500 víctimas de mordeduras recibieron la vacuna en los 15 meses siguientes.

Todo el mundo reconoció abiertamente sus méritos. Empezó a llegar dinero en sumas que alcanzaron millones de francos para contribuir a la construcción de un laboratorio donde Pasteur pudiera disponer de todo el material necesario y seguir la pista a otras enfermedades. Los trabajos empezaron inmediatamente. El arquitecto se negó a percibir los honorarios y los constructores sólo aceptaron el pago de los gastos. El laboratorio fue construido pero nuestro héroe tenía entonces 63 años y salvar esas vidas liberó la tensión que había acumulado durante cuarenta años de incesante investigación.

Y no era para menos. Pasteur introdujo la pasteurización para salvar a los viticultores franceses; postuló la existencia de los gérmenes vapuleando a la generación espontánea; salvó a Francia del problema de su industria de la seda; tuvo un ataque de parálisis casi a los 50 años que había estado a punto de acabar con él y aun así quiso alistarse como voluntario para la guerra de Francia contra Prusia pero, como no le dejaron, observó las peligrosas condiciones de los hospitales militares y utilizó su fama para conseguir que los médicos, enfrentándose públicamente a ellos, hirviesen sus instrumentos y pasaran las vendas por vapor para matar los gérmenes y prevenir las muertes por infección recordándonos las enseñanzas de Semmelweis; obtuvo vacunas eficaces contra el cólera de los pollos, el carbunco y la erisipela del cerdo; estableció unos métodos de trabajo para la investigación bacteriológica rigurosos, exigentes y exactos que han permitido seguir con los estudios en este campo sin superar sus fundamentos. La era de las vacunaciones y antibiótica son gracias a él, así que ya sabéis a quién dar las gracias por vuestra salud y bienestar. De hecho, más de 40 enfermedades contagiosas son curables hoy día como resultado directo de los métodos que dijo. Por si fuera poco, se la jugó una vez más para salvarnos a todos de la rabia. Y todo esto en una sola vida.

En 1888 finalizó la construcción del Instituto Pasteur para curar casos de rabia. Se inauguró el 14 de noviembre de aquel año. Pasteur no pudo pronunciar una sola palabra en la ceremonia de inauguración e hizo que la leyera su hijo mientras él se secaba las lágrimas. Hoy día es el centro más famoso del mundo en investigaciones biológicas y trabajan científicos de todas las nacionalidades. Allí se han desarrollado numerosas vacunas y se continúa en el estudio de virus y microbios intentando controlar miles de enfermedades. Uno de los últimos logros de estos laboratorios fue el hallazgo del VIH, causante del SIDA, por parte de Luc Montagnier.

El día en que cumplió 70 años fue declarado el hijo más insigne de Francia en una celebración con carácter de fiesta nacional que tuvo lugar en la Sorbonne. Asistieron todos sus estudiantes y discípulos. Pasteur entró al recinto del brazo del Presidente de la República mientras la guardia republicana tocaba una marcha triunfal. El ministro de Instrucción Pública tomó la palabra y después de enumerar los trabajos de Pasteur, agregó:
¿Quién puede valorar en este instante lo que la humanidad os debe y lo que os deberá con el tiempo?. Hasta Joseph Lister se trasladó expresamente desde Inglaterra al evento para decirle: Usted ha levantado el velo que cubrió a las enfermedades infecciosas durante siglos; usted ha descubierto y demostrado su naturaleza microbiana.
El gran hombre estaba muy débil para hablar a los delegados que habían llegado de todas partes del mundo. Volvió a ser su hijo quien leyera el discurso, en el que expresaba su creencia invencible de que la ciencia y la paz triunfarían sobre la ignorancia y la guerra, así como su fe de que el futuro no pertenecería a los conquistadores, sino a los salvadores de la humanidad. Lástima que en este punto estuviera equivocado pensando que las generaciones venideras serían mejores.

Louis Pasteur murió el 28 de septiembre de 1895, en una modesta casa próxima a las perreras donde conservaba los perros rabiosos a las afueras de París. Su fin fue el de un católico ferviente, el de un místico, tal como lo había sido toda su vida: un crucifijo en una mano y la otra estrechada por madame Pasteur, su colaborador más paciente, más desconocido y más importante. En torno del lecho se agrupaban Roux, Chamberland y otros investigadores a los que había inspirado; hombres que habían arriesgado la vida ejecutando fantásticas correrías contra la muerte, y que, de ser posible, hubieran dado sus propias vidas ahora para salvar la del maestro. Sus últimas palabras fueron: “Uno debe trabajar, uno debe trabajar. Hice lo que pude”. Impresionante.

Su funeral fue el propio de un jefe de estado en la Catedral de Notre Dame. En su lápida se leen hoy sus palabras: 
Feliz aquel que lleva consigo un ideal, un Dios interno, sea el ideal de la patria, el ideal de la ciencia o simplemente las virtudes del Evangelio.
Es dudoso que en toda la historia de la humanidad haya otro científico haya sido honrado de esa manera. Hasta la profesión médica que tanto se había molestado por ser un “simple químico” le ofreció homenaje. Y no podría hacer otra cosa: aplicando sus métodos antisépticos la mortalidad descendió en los hospitales en un 55% y los de maternidad también de forma espectacular. Está reconocido como uno de los científicos más grandes de la Historia. 
Te animo a que te intereses por esos dominios sagrados llamados expresivamente laboratorios. Ten en cuenta que son los templos del futuro, la salud y el bienestar. En ellos la humanidad crecerá, se fortalecerá y mejorará. Allí, la humanidad aprenderá a progresar entendiendo la armonía de la naturaleza, evitando así su tendencia hacia la barbarie, el fanatismo y la destrucción (Louis Pasteur).
Joseph Meister, después que el Doctor Lois Pasteur le salvara la vida, nunca se desligó de él, convirtiéndose con el paso de los años en el portero del instituto y después que Pasteur muere, en la guardían de su cripta ubicada en el mismo instituto. En 1940 los nazis tomaron París. Por curiosidad, un oficial nazi le ordenó que abriese la cripta de Pasteur. Antes que hacerlo prefirió suicidarse.


Hay que decir que existen otras versiones de los hechos. El quien fuera jefe del laboratorio del instituto, el Doctor Wollman, se opone a las historias relatadas, referente al suicidio de Meister. Su diario revela que la fecha y los motivos del suicidio han sido alterados.

Según Wollman, Meister se suicidó entre el 14 de junio y el 16 de junio, justo después de la invasión alemana de Francia. Pero el 24 de junio, diez días después de que los alemanes entraron en París, Wollman escribió: "Esta mañana, Meister fue encontrado muerto." Se ha informado que Meister se disparó, pero Wollman declaró: ". Se suicidó con el gas". Wollman no hace ninguna mención de cualquier incidente ocurrido con los soldados alemanes y la cripta de Pasteur.

domingo, 5 de julio de 2015

5 de julio de 1811 - Venezuela declara su independencia de España

El 19 de abril de 1810 se formó en Caracas una junta conservadora de los derechos de Fernando VII. Los miembros del cabildo dela ciudad rechazaron la pretendida autoridad de la Regencia por considerarla ilegítima, y decidieron tomar el control del poder en nombre del rey. Alegaron su Derecho de establecer, tal como se había hecho en España, la formación de un gobierno provisional mientras que se erigía otro sobre bases legítimas que gobernaran todas las provincias del reino. La medida del cabildo partía de la necesidad de mantener el orden interno y de defender los intereses de la provincia, que en gran medida eran los suyos. El cabildo estaba compuesto por los criollos de Caracas, conocidos como mantuanos, que en su mayoría eran poderosos terratenientes, dueños de la mano de obra esclava y del comercio. La soberanía del pueblo recaía en ellos por un derecho proveniente de sus ancestros, representados en los primeros conquistadores del nuevo mundo. El poder soberano le pertenecía a los criollos por el derecho de conquista, un principio que les otorgó visibilidad política y relevancia social por más de 300 años.

En las esquinas, en las plazas y en las reuniones de la ciudad circulaban rumores, comentarios y especulaciones de todo tipo, producto de las noticias que entre 1808 y 1810 informaban de los terribles sucesos en España. El estado de alarma generó un ambiente de desconfianza y sospecha entre los habitantes pues la crisis en la península, además de afectar la legitimidad de las autoridades, propiciaba todo tipo de conspiraciones civiles y alzamientos militares. El miedo de una posible invasión de las potencias europeas, como la encabezada por Francisco de Miranda en 1806, que trató, bajo la bandera inglesa, de ocupar y levantar la provincia en dos oportunidades; así como la revuelta que en 1797 promovió Manuel Gual y José María España, en nombre de ideas provenientes de la revolución francesa, pusieron en evidencia el grado de amenaza en que se encontraba la Capitanía General. 

Francisco deMiranda
Pero la angustia real de los criollos radicaba en el hecho de que se desencadenara una revuelta de esclavos, tal como había ocurrido años antes en la isla francesa de Santo Domingo, Haití, donde los negros mataron a todos los blancos criollos, en una verdadera carnicería que provocó la destrucción total de la isla. El miedo de los criollos venezolanos estaba bien fundamentado, pues estaban conscientes que más del 80 por ciento de la población de la provincia de Caracas era de piel oscura, lo que aumentaba el peligro de un estallido social. El grado de incertidumbre y, por supuesto, el manifiesto deseo de autogobernarse, animó a los criollos a conspirar en contra de las autoridades coloniales que, ante las amenazas internas y externas, tomaron medidas radicales para mantener el orden. Las confabulaciones por parte de los mantuanos fueron frecuentes y, en casos, lograron comprometer a militares y a altos representantes del poder monárquico. 

El 19 de en abril de 1810 los criollos concretaron la conjura final que sería la definitiva. El cabildo de Caracas apresó al Capitán General Vicente Emparan y sustituyó a los principales funcionarios de la administración colonial por representantes locales afines a sus intereses. Este desplazamiento de autoridades se realizó sin violencia, en forma pacífica y en algunos casos el enroque se logró de manera amistosa. Los criollos en ningún momento asomaron la posibilidad de declarar la independencia de España, por el contrario, actuaron en su nombre, bajo el juramento de lealtad al rey caído, Fernando VII. El programa criollo no contemplaba la transformación del orden colonial, sino tan solo sustituir unas autoridades por otras. Era un cambio en el esquema político que pretendía consolidar el orden social y las estructuras productivas de la monarquía.

Ante la necesidad de establecer referentes de autoridad soberanas, con la legitimidad necesaria para mantener el orden interno, todos los cabildos provinciales, regionales y locales asumieron el control directo del poder. La formación de juntas iniciada en Caracas se expandió rápidamente y, al igual que en España y en América, en cada capital de provincia y de región se estableció una junta de gobierno en defensa del rey Fernando VII. El mismo 19 de abril se constituyeron juntas en el Hatillo y en La Guaira, seguidas por las de Maiquetía, Macuto, Valencia, Puerto Cabello, Cumaná, Barcelona, Cariaco, Carúpano, Rió Caribe, Margarita, Barinas, Punta de Piedra (Guiria), Guayana, Mérida, Trujillo, La Grita, Bailadores, San Antonio del Táchira y San Cristóbal. 

La cohesionada Capitanía General quedó dividida en tantos núcleos como grupos de poder existían. Sin embargo, era indispensable conformar un poder centralizado encargado de coordinar las Acciones de defensa, garantizar el control interno y establecer relaciones con las potencias internacionales, sin cuyo apoyo la aventura criolla corría peligro. Inmediatamente el cabildo de Caracas mandó emisarios a las distintas provincias para imponer su liderazgo. También envió representantes a Curazao, Nueva Granada, Estados Unidos e Inglaterra, con la finalidad de ganarse la aceptación internacional. Además, la junta remitió una comunicación a los cabildos de todas las capitales de América, que informaba su decisión y los animaba a que actuaran de la misma manera.

La pretensión de los criollos caraqueños descansaba en el predominio económico y demográfico que desde las primeras décadas del siglo XVIII alcanzó la ciudad. Además, Caracas era la sede de la Capitanía General desde 1777 y de los organismos encargados del manejo y administración de la política, de la justicia y de la economía colonial, lo que la convirtió el en punto de unión de toda Venezuela. Sin embargo, a partir del 19 de abril de 1810, la preeminencia de la capital fue desconocida por algunas provincias que se declararon fieles a la monarquía, por considerar que la junta recién establecida era ilegal e ilegítima. Entre las provincias de Venezuela, Coro, Maracaibo y Guayana reconocieron la autoridad de la Regencia y se opusieron abiertamente al gobierno capitalino.

El desencuentro entre las provincias era producto de disputas que desde el siglo XVIII dividieron a los centros regionales. Cada ciudad ejercía su influencia sobre una zona determinada, lo que generaba disputas a la hora de definir el control político, económico y comercial de la región. La profunda crisis de la monarquía incrementó las contradicciones entre las regiones, y al momento de formar sus juntas los miembros de los cabildos de las distintas ciudades se sintieron con el derecho, la autoridad y la fortaleza suficiente para exigir individualmente mayor autonomía, libertad e independencia del control ejercido desde los centros de poder regional. Esto provocó un estado de confusión y de desorden que impulsó al gobierno caraqueño a tomar medidas de fuerza para controlar la situación, y organizaron al ejército para atacar a las provincias opuestas a sus propósitos. Con estas acciones se inició la larga y desastrosa serie de choques militares que sumergió por más de 10 años al país en un enfrentamiento civil, librado en nombre de la independencia, la autonomía y la libertad.

La Junta de Caracas, a pesar de no contar con el apoyo y el acuerdo de importantes regiones, se autonombró como poder central y comenzó a mandar como gobierno autónomo. Entre las primeras medidas implementadas organizó el comercio, eliminó impuestos, reguló aranceles aduaneros y premió con una medalla grabada con el rostro de Fernando VII, a los militares que cooperaron el 19 de abril. Creó la Academia Militar de Matemáticas y la Sociedad Patriótica para la Agricultura y el Comercio, que pronto se convirtió en sede de los grupos radicales y extremistas que abogaban por la ruptura absoluta con España. La Junta de Caracas eliminó la trata y el Comercio de esclavos, pero mantuvo intacta la esclavitud, una medida que revelaba las Intenciones de los criollos y que generaría graves consecuencias en la conservación del orden interno. En procura por conseguir el apoyo de Gran Bretaña la Junta envió al viejo continente una comisión encabezada por Luís López MéndezAndrés Bello y Simón Bolívar, como portavoces de sus intereses. Esta comisión no logró persuadir a los británicos quienes mantuvieron una actitud ambigua frente al recién formado gobierno de Caracas. No obstante, los comisionados lograron contactar a Francisco de Miranda y lo convencieron para que regresara a Venezuela, esta vez no en calidad de invasor sino como promotor activo de los intereses de la junta, que muy pronto se inclinó por la independencia total de España. Por su parte, el gobierno de la península desconoció al de Caracas y tomó medidas para controlar lo que calificaron como una insurrección. Para ello encargaron a Antonio Cortabarría, ministro del Consejo Supremo de España e Indias, la tarea de organizar tropas y bloquear los puertos de la provincia alzada. Así mismo, nombró al gobernador de Maracaibo, Fernando Miyares, como Capitán General de la Provincia en recompensa por su fidelidad a las autoridades españolas y por las acciones militares que emprendió contra algunas ciudades insurrectas. Esta situación fortaleció las reacciones a favor de la monarquía que agravaron la inestabilidad entre las provincias, y restó popularidad al gobierno de la capital. No obstante la junta de Caracas convocó un Congreso Nacional compuesto por diputados y representantes regionales afines a su causa, cuya tarea sería organizar el nuevo orden político que le daría legitimidad al Estado. 

La instalación del Congreso se llevó a cabo el 2 de marzo de 1811 en la casa del Conde San Javier (hoy esquina de El Conde) en Caracas, integrado por cuarenta y cuatro diputados que representaban a las provincias de Caracas, Barinas, Barcelona, Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo. con asistencia de la Junta Suprema. Acto seguido se eligió un Presidente provisional del Congreso y pasaron, precedidos por los miembros de la Junta a la catedral de Caracas, donde el arzobispo Narciso Coll y Pratt ofició la misa y después del evangelio los diputados prestaron juramento, bajo estos términos: "¿Juráis a Dios por los Santos Evangelios que vais a tocar, y prometéis a la Patria conservar y defender sus derechos y los del Señor Don Fernando VII, sin la menor relación o influjo con la Francia; independientes de toda forma de gobierno de la península de España; y sin otra representación que la que reside en el Congreso General de Venezuela; oponeros a toda dominación que pretendiera ejercer soberanía en estos países, o impedir su absoluta y legítima independencia cuando la Confederación de sus Provincias la juzgue conveniente...?". Dicho juramento expresa tres aspectos que son importante destacar. El primero, es el rechazo por parte de la iglesia a la influencia de la Revolución Francesa en el proceso independentista venezolano (y en toda Hispanoamérica) dado su marcado carácter anticlerical. Segundo, la mención a la forma federativa (Confederación) de la Constitución Política, lo cual formará parte del intenso debate centralismo-federalismo que se llevará a cabo durante el Congreso, y que dominará todo el siglo XIX. Tercero, la declaración de la Independencia absoluta de Venezuela, la cual además había que proteger no sólo de España sino de las demás potencias europeas. La primera medida que tomó el Congreso fue nombrar a tres notables ciudadanos: Juan EscalonaBaltasar Padrón y Cristóbal Mendoza, como encargados del Poder Ejecutivo. De esta manera se estableció el primer gobierno criollo del país. En paralelo, entre algunos sectores cobró mucha fuerza la idea de romper todo vínculo de unión con la monarquía, debido, entre otros factores, a la influencia de Francisco de Miranda quien se convirtió en el líder del sector más radical concentrado en la Sociedad Patriótica. Un grupo de estos criollos acusaba a los españoles europeos de conquistadores y tiranos, y los incriminaba de haber mantenido subyugada y oprimida por más de tres siglos a las provincias de Venezuela. La animadversión hacia los peninsulares y la idea de independizarse de ellos, aumentó en la medida en que España perdía su propia guerra de independencia.

La ocupación de España por Napoleón Bonaparte parecía inevitable, lo que debilitó el poder de la monarquía y despejó el camino para la emancipación de Venezuela. Además la captura del rey y su posterior renuncia al trono, sumado a la sucesión de traiciones y conspiraciones ocurridas en el palacio, fulminó el pacto que por tres siglos mantuvo cohesionada la monarquía. 

Los criollos pensaron que era el momento de romper con el vínculo colonial, y establecer un sistema de gobierno fundamentado en mayores libertades económicas y derechos ciudadanos. El cambio político estuvo inspirado en la revolución francesa y en la independencia de los Estados Unidos de Norte América, alcanzada treinta y cuatro años antes. Estos dos paradigmáticos hechos evidenciaban, por una parte, la viabilidad del sistema republicano y, por otra, la posibilidad real de ponerle fin a la monarquía absoluta. Los criollos independentistas siguieron la experiencia norteamericana, pues querían instalar en Venezuela un gobierno semejante, basado en la organización federal y en los valores liberales como los principios más convenientes para conformar el nuevo modelo político del país. Sin embargo los criollos no formaban una clase homogénea sino que estaban profundamente divididos. La gran mayoría no quería una ruptura definitiva con España, ni mucho menos realizar grandes transformaciones sociales, sino simplemente buscaban un reacomodo que les otorgara mayor libertad económica y relevancia en la toma de decisiones políticas. Deseaban mantener sus privilegios de clase sin modificar el orden existente. Este sector temía que la inestabilidad aumentara y que el desorden se transformara en un conflicto social que diera lugar a una guerra de exterminio incontrolable. Además, si se desataba un conflicto armado contra España, corrían el riesgo de perder su poder, sus bienes y sus fortunas. Por tanto, muchos criollos defendieron con furia la causa realista, pues si sucumbía el gobierno de la monarquía la desobediencia daría paso a la temida anarquía.

En 1811 la guerra civil ya era un hecho inevitable, debido a una serie de insurrecciones que se iniciaron en Cumaná y continuaron en Maturín, Guayana, Los Teques y Valencia. Los partidarios de la independencia se dieron cuenta que no podían alcanzar ningún acuerdo posible con los defensores de la monarquía. Temían a sus posibles represalias y venganzas en caso que se restableciera el orden colonial. Esto los obligó a definir el conflicto, es decir, intentar polarizarlo en bandos favorables u opuestos a la independencia. Un debate que, en última instancia, se decidió en el campo de batalla, en un conflicto que destruyó al país y enfrentó a los venezolanos en una feroz guerra de exterminio.

A medida que se fueron desarrollando las sesiones del Congreso, la idea de la Independencia fue ganando adeptos en el seno del mismo. Muchos diputados la apoyaron con apasionados alegatos, otros con argumentos históricos. Entre los diputados que se oponían a la ruptura definitiva con la corona española, se encontraba el sacerdote de La Grita, Manuel Vicente Maya, quien pronto se vio abrumado por los discursos de Fernando Peñalver, Juan Germán Roscio, Francisco de Miranda, Francisco Javier Yanez y muchos más, favorables a la idea de la Independencia absoluta. Mientras tanto, los ánimos de los jóvenes radicales se caldeaban en las reuniones de la Sociedad Patriótica, hasta llegar el momento en que Simón Bolívar lanzó—ante las dudas sobre la Independencia—su famosa pregunta: "¿Trescientos años de calma, no bastan?".

Acta de la Independencia
En la mañana del 5 de julio continúo el debate en el Congreso, y a comienzos de la tarde se procede a la votación; hecho el recuento de los votos, el presidente del Congreso Juan Antonio Rodríguez Domínguez, anunció solemnemente a las tres de la tarde, que quedaba proclamada la Independencia absoluta de Venezuela. Luego de la proclamación se vivieron momentos de intensa emoción. Una manifestación espontánea, a la cabeza de la cual figuraba Francisco de Miranda, acompañado por miembros de la Sociedad Patriótica y del pueblo, recorrió las calles de la ciudad, ondeando banderas y gritando consignas acerca de la libertad. En la misma tarde del 5 de julio el Congreso celebró otra sesión, en la que se acordó redactar un documento, cuya elaboración fue encomendada al diputado Juan Germán Roscio y al secretario del Congreso, Francisco Isnardi. En este documento debían aparecer los motivos y causas que produjeron la Declaración de la Independencia, para que sometido a la revisión del Congreso, sirviese de Acta y pasara al Poder Ejecutivo.

sábado, 4 de julio de 2015

4 de julio de 1976 - en el aeropuerto de Entebbe, cerca de Kampala (Uganda), las Fuerzas de Defensa de Israel realizan la Operación Entebbe, rescatan a 105 rehenes israelíes.

El día 27 de Junio de 1976 despegó del aeropuerto internacional Ben Gurion en Tel Aviv, Israel un avión de la aerolínea francesa Air France, ese avión cubría el vuelo 139 con destino final el aeropuerto internacional Charles De Gaulle en París, Francia y escala intermedia en el aeropuerto internacional Elefhterios Venizelos de Atenas, en Grecia. En la cabina de mandos iba el capitán Michel Bacos.

En su escala en Atenas y aprovechando las escasas medidas de seguridad del aeropuerto griego, embarcaron en el avión 2 terroristas palestinos y 2 alemanes, pertenecientes respectivamente al Frente Popular para la liberación de Palestina y a las Células revolucionarias alemanas. Iban provistos de pistolas y explosivos, y a las 12.30 consiguieron tomar el control del aparato. Iban a bordo 248 pasajeros y 12 miembros de la tripulación. Entre los pasajeros había 92 israelíes, entre otras nacionalidades que según sabían los terroristas también tendrían pasajeros judíos, un buen botín para negociar la liberación de sus correligionarios terroristas encarcelados en diversas prisiones europeas e israelíes.

El Secuestro

El aparato estaba cobrando altura, los pilotos debian llegar a altitud de crucero para nivelarlo, lo consiguen luego de un tiempo y apenas apagan las señales de mantener los cinturones puestos se desata el pandemónium en la sección de pasajeros, los cuatro terroristas se levantan mostrando sus armas y algunas granadas que llevaban ocultas, anuncian sus intenciones y obligan a los pasajeros a que mantuvieran las manos en la nuca, uno de los terroristas alemanes se mete a la cabina de mandos y obliga al Capitán a desviar el rumbo de la aeronave. Llegado a espacio aéreo libio se le informa al capitán Bacos que debía descender en Bengasi, en un campo aéreo que había allí para repostar combustible y esperar órdenes, aún no le decían a dónde irían al final de cuentas, así pues aterrizan en Bengasi.

Allí estuvieron varias horas en lo que repostaban combustible, en tanto los rehenes sufrían con el intenso calor del desierto, pues el avión estaba con los motores apagados y por lo mismo el aire acondicionado no funcionaba, al final los atracadores ordenan a los pilotos que deben despegar, ya les dirían a dónde iban a ir en su siguiente parada.

Pero fue en la escala forzada de Bengasi que se dio un audaz escape de una mujer, ella fingió tener un aborto espontáneo, dijo a los secuestradores que tenía 4 meses de embarazo y que si no era atendida sangraría hasta morir, debía ver a un médico urgentemente, los aeropiratas se consultaron entre sí y deciden que ella baje en Libia.

Pero ella no se quedó en Libia, apenas se supo de su liberación gente de inteligencia israelí que supo del secuestro del aparato la interrogó intensivamente y así supieron que en el avión iban 4 secuestradores y que al menos dos de ellos podrían ser alemanes.

Entre tanto el avión ya se había ido de Libia, y pronto se le dieron sus órdenes al capitán Bacos, su destino: el aeropuerto internacional de Entebbe, en Uganda. La elección del destino no era casual: la nación africana estaba férreamente dirigida por Idi Amin, un extravagante y despótico dictador que amparaba la causa palestina. Autonombrado mariscal de campo de Uganda, hombre rabiosamente antisemita desde que mientras libraba una guerra con su vecina Tanzania pidió al que entonces era su aliado Israel le proporcionaran aviones avanzados para atacar a los tanzanos. Israel se negó a ello y Amin rompió relaciones con los israelíes y acogió la causa de los palestinos que eran enemigos de los israelíes.

Trayecto que efectuó el avión secuestrado. Hicieron un viaje de más de 7.000 kilómetros en 24 horas, haciendo una parada de respostaje en Libia.

Llegada a Entebbe 

El vuelo 139 de Air France llega al aeropuerto de Entebbe en horas ya de la madrugada del día 28. Una vez en tierra, a los secuestradores se les unieron otros 4 terroristas. Los rehenes fueron ubicados en la terminal de tránsito del aeropuerto, y entonces los secuestradores exigen a los pasajeros entregasen sus pasaportes, una vez en poder de ellos los terroristas empiezan algo que para varios de los pasajeros judíos de mayor edad fue espantosamente familiar, estaban seleccionando a los pasajeros por nacionalidad y apellido de origen judío... igual que lo hicieran los nazis en la II Guerra Mundial. A varios de ellos no les cupo duda de que los querían matar. Fueron divididos en 3 grupos: los de nacionalidad hebrea, los que no tenían nacionalidad hebrea pero por su apellido podían ser judíos, y el resto de rehenes. Soldados de las fuerzas armadas de Uganda tomaron posiciones por todo el recinto para custodiarlo.


Las peticiones de los terroristas eran muy claras: exigían la liberación de 53 presos palestinos repartidos por cárceles de Israel y de todo el mundo antes del 1 de julio. En caso contrario, comenzarían a ejecutar a los rehenes secuestrados. Como gesto humanitario, permitieron no obstante la liberación de todos los pasajeros no judíos, a cuyo efecto un avión de Air France aterrizó en Entebbe y los transportó a París. Aún quedaban retenidos 95 pasajeros judíos y la tripulación de la nave, que decidió mantenerse juntos con los rehenes.

La razón de esa separación de judíos y no judíos era que así tendrían armas para negociar con la liberación de varios de sus camaradas encerrados en cárceles de Israel y Europa y algunos que estaban en Kenia, amenazaron con que si sus demandas no se cumplían empezarían a matar rehenes a partir del dia 1 de Julio, el plazo se acababa.

A los demás pasajeros que fueron liberados por los terroristas se les dijo que se irían en otro avión que llegaría por ellos, pero el capitán Bacos se negó a irse, la razón: los pasajeros que se quedaban eran su responsabilidad, si ellos se quedaban él se quedaría a compartir su suerte, los demás miembros de la tripulación lo apoyaron y también se negaron a irse, al igual que una monja francesa que se quedaría a brindar consuelo a los rehenes retenidos en la terminal.

Entre tanto en Israel ya se daban los pasos para intentar algo poco menos que insensato, pero necesario: un rescate.

La planificación

La situación era crítica para las autoridades judías: o cedían al chantaje terrorista liberando a los presos palestinos solicitados, o permitían el asesinato de más de 100 de sus compatriotas en un remoto país situado a más de 4.000 kilómetros de sus fronteras. Primero se intentó buscar una solución diplomática, que aunque fue infructuosa permitió ampliar el plazo dado por los terroristas del 1 al 4 de julio.

Fallada la vía diplomática, se optó por la vía militar. Una vez que el gobierno israelí dio luz verde a la operación de rescate, se encomendó la ejecución de la arriesgada misión al Mayor General Yekutiel Adam. Éste formó un equipo de intervención formado por los mejores hombres de las principales unidades de élite de las Fuerzas Armadas israelíes, incluyendo a la temida Sayeret Matkal, la principal fuerza de vanguardia en contraterrorismo e infiltración del ejército hebreo.

Para planificar la misión, agentes de los servicios secretos israelíes -el célebre MOSAD- se entrevistaron en París con los rehenes liberados para conocer los detalles de su cautiverio. Especialmente importante fue el testimonio ofrecido por un pasajero judío de origen francés que había sido liberado por error: tenía formación militar, y pudo dar información muy detallada sobre el número de terroristas, ubicación de los mismos, y armas que portaban.

Terminal de pasajeros del aeropuerto de Entebbe donde los rehenes se encontraban secuestrados. Los israelíes pudieron construir una réplica gracias a los testimonios de los pasajeros liberados y a los datos ofrecidos por la empresa constructora
Simultáneamente, ingenieros del ejército construían en Israel una maqueta del aeropuerto de Entebbe para facilitar las misiones de entrenamiento. La providencia quiso que la empresa constructora del aeropuerto fuera una contratista israelí, y gracias a los planos que facilitaron y al testimonio de los obreros que participaron en la construcción pudieron hacer una réplica muy fiel a la obra original.

El día 3 de julio, la operación había sido meticulosamente organizada y ensayada. El operativo estaba compuesto por casi 100 hombres divididos en 3 equipos: El equipo de asalto, compuesto por 29 soldados divididos en 2 pelotones que tenía como misión ejecutar la operación de rescate; el equipo de refuerzo, encargado de establecer un perímetro de protección que facilitase la evacuación de los rehenes y de neutralizar los Mig 17 de la fuerza aérea ugandesa para evitar un combate aéreo; y el comando terrestre, que ejercía el mando operativo. 

La operación

La fuerza de ataque estaba compuesta por 4 aviones de transporte de tropa C-130 Hercules y 2 aviones a reacción Boeing 707 modificados, uno como hospital y el otro como centro de comando aereo que volaria a mucha altura para coordinar el ataque y mantener las comunicaciones con Jerusalén pasara lo que pasara.

Para evitar ser descubiertos por posibles naciones enemigas, realizaron un vuelo a baja altura para evitar ser detectados por el radar.

A las 23.00 hora israelí, el primer avión de transporte aterrizaba en el aeropuerto de Entebbe. Nada más tocar tierra, un Mercedes negro con banderas de Uganda acompañado de dos Land Rover salió de la puerta de carga del avión y puso rumbo a la terminal donde los pasajeros continuaban secuestrados. En ellos iban apelotonados los 35 soldados encargados de efectuar el asalto. La idea era imitar un convoy de vehículos similar al que el presidente ugandés utilizaba en sus desplazamientos. Mientras tanto, otros soldados colocaban balizas de iluminación por toda la pista de aterrizaje, en previsión de que los ugandeses les dejasen a oscuras en su huida.

A pesar de la astucia del plan, la estratagema no funcionó: Idi Amin había cambiado recientemente su Mercedes negro por uno blanco, y dos soldados ugandeses dieron el alto a la caravana por esa circunstancia. Los israelíes no se arriesgaron y ejecutaron a ambos soldados usando pistolas con silenciadores. Sin embargo, no se sabe aún si por parte de los soldados abatidos o de los soldados israelíes, se disparó una ráfaga con un rifle de asalto que se oyó en todo el recinto.

Otro grupo de comandos se acercaron a un grupo de aviones de combate MiG de los ugandeses y los saboteó para evitar que los persiguieran al momento de escapar, los aviones militares volaron hechos pedazos. Paralelamente al asalto, dos aviones más de carga aterrizaban en Entebbe. De él descendieron tropas auxiliares y vehículos blindados. Su misión era asegurar el perímetro, puesto que se temía un contrataque con tanques por parte del Ejército Ugándes. Las tropas ugandesas, que se encontraban concentradas en la torre de control, respondieron a la agresión. Sin embargo, la potencia de fuego israelí impidió cualquier acercamiento a la zona donde se estaba efectuando el rescate. 

Aviones Mig ugandeses destruidos en la operación
Los comandos israelíes se movieron rápido y entraron a la terminal, ya sabían a quiénes tenían que buscar para liquidarlos, vieron a los terroristas y los eliminaron de a uno por uno. Los rehenes no se movían de donde estaban, tenían miedo, las balas pasaban sobre ellos de manera siniestra, cuando el tiroteo terminó se escuchó un grito: ¡No se levanten, no se levanten, quédense en donde están, somos israelíes, venimos a rescatarlos!, lo mencionaron tanto en inglés como en hebreo para que todos entendieran.

Pero hubo uno que no lo entendió, era un jovencito de 19 años, se llamaba Jean-Jacques Maimoni, de nacionalidad francesa, el no era judío, pero se quedó a compartir la suerte de los rehenes al hacerse pasar por judío, y el único idioma que hablaba era el francés, el inglés lo entendía a medias, por eso no captó lo que el comando decía al entrar al edificio de que nadie se levantara, y al acabar la balacera Maimoni comete un error espantoso, se levantó de donde estaba.

El comando israelí tenía órdenes explícitas de que si alguien se levantase tendría que disparar a matar, no iban a correr riesgos de perder a ningún miembro de los comandos, cuando vio a Maimoni interpretó que se trataba de uno de los terroristas que habría sobrevivido al tiroteo inicial, y no lo pensó dos veces, accionó su arma.

Los rugidos del arma del israelí resonaron dentro de la estancia donde estaban los rehenes aumentando la angustia de éstos, Maimoni cayó muerto en el acto, jamás le pasó por la cabeza que ese día iba a morir, como también murieron dos rehenes más a causa de la refriega.

Apenas se aseguraron de que ya no había ningún elemento que se considerase hostil los comandos israelíes empezaron a sacar de allí a los rehenes y a asistir a los caídos, incluyendo a Maimoni que ya para entonces se había identificado por los otros rehenes como uno de ellos, todos iban a los aviones Hércules que se acercaban con las rampas abajo, entre tanto los comandos repelían el ataque de los soldados ugandeses que estaban parapetados en la torre de control, cuando uno de los disparos alcanzó a Yonatan Netanyahu de manera fatal..

Estado en que quedó la torre de control de Entebbe
Con su líder caído los comandos se apresuraron a escapar cuanto antes; los rehenes, tripulantes del avión francés y demás se apiñaron en los aviones de rescate, al cabo todos levantaron el vuelo, casi todos iban ya de regreso excepto una rehén que luego de ser seleccionada por ser judía debió ser llevaba a un hospital de Kampala para ser atendida por estar enferma, era Dora Bloch, anciana de 75 años, viajaba con su hijo y desde el momento en que se fue al hospital en Kampala su hijo tuvo la cruel certeza de que no la volvería a ver.

Efectivamente, a la señora Bloch la asesinaron a sangre fría por un comando mandado por Idi Amin en cruel represalia por el asalto a Entebbe, ella fue sacada a rastras de su cama de hospital y asesinaron al médico y enfermeras que intentaron impedir esa atrocidad, se sabe que la llevaron aparte y fue fusilada, posteriormente sus restos fueron quemados.

Epílogo

Al final todos los que lograron escapar llegaron a salvo a Israel, que desbordaba júbilo ante el éxito de la mision, las calles de Tel Aviv estaban a reventar y el aeropuerto Ben Gurion era una fiesta, las familias de quienes estaban cautivos abrazaban a sus seres queridos, pero al mismo tiempo que la alegria desbordaba también había tristeza, era por la muerte de los tres rehenes en la refriega, de Dora Bloch de quien ya se sabía fue masacrada y de Yonatan Netanyahu, el líder de la misión.

Momento en que el avión con los rescatados aterrizó en Tel Aviv. El júbilo y la alegría estalló entre los presentes. El rescate sería durante muchos años motivo de orgullo para Israel
Estados Unidos que desde la creación de Israel ha sido su más leal aliado en Medio Oriente estaba celebrando el bicentenario de su independencia, y tomó el rescate como símbolo de libertad de los pueblos en el mundo y saludó a las autoridades israelíes por correr ese enorme riesgo, varios paises se solidarizaron con Israel.

En Francia sin embargo hubo reacciones negativas debido a la muerte del jóven Jean-Jacques Maimoni de quien se había confirmado fue muerto por uno de los comandos al ser confundido por terrorista, sus padres presentaron por medio de su gobierno una protesta.

En cuanto a la tripulación del vuelo 139 de Air France las cosas fueron del todo diferentes a la esperada, pues resulta que al capitán Michel Bacos se le llamó a cuentas por parte de los directivos de Air France, se le echó en cara el haberse quedado con los rehenes como dándole a entender de que ese ya no era su problema sino de los secuestradores, pero Bacos se defendió diciendo de que en ese crucial momento era su deber moral el permanecer no sólo con los rehenes, sino con su gente si alguno de sus tripulantes decidía quedarse, y es que todos se quedaron a apoyar a los cautivos.

Air France hizo una investigación interna para determinar el grado de responsabilidad que tendría el capitán Bacos ante esta situación, al final el veredicto fue muy injusto, se le suspendió varios meses a él y a varios de los miembros de su tripulación por haber desacatado la orden de los secuestradores de irse cuando llegó el avión de los no judíos, en el mundo cuando esta noticia se supo hubo reacciones desfavorables para el gobierno francés, que por su parte se desembarazó del asunto argumentando de que la suspensión del capitán Bacos era problema interno entre él y la Air France.

Pero también hubo buenas nuevas para el capitán Bacos. El gobierno de Israel le otorgó un galardón por haber mostrado heroísmo y compasión ante una situación extrema, al igual que toda la tripulación de ese día se les hizo un reconocimiento público.

Toda la operación de rescate se desarolló en 53 minutos. A las 00.30 horas despegó de Entebbe el avión con las últimas tropas. Actuando en la más absoluta oscuridad, consiguieron ser rescatados un total de 105 rehenes, y los soldados israelíes únicamente sufrieron una baja mortal. Por contra, fueron abatidos todos los terroristas y 33 soldados ugandeses, además de 11 cazas de la fuerza aérea. La operación fue calificada como un rotundo éxito por el gobierno judío, el cual además mandó una clara advertencia a sus enemigos: "Israel no negocia con terroristas”

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viernes, 3 de julio de 2015

3 de julio de 1940 - La Royal Navy ataca Mers-el-Kebir (Argelia), donde la mayoría de los barcos de guerra franceses están anclados. Sólo unas pocas unidades lograrán escapar y navegar de vuelta a Toulon.

François Darlan
Francia se había rendido, pero el futuro de su Flota, todavía libre, constituía un problema candente. Si los barcos hubieran sido capturados por los alemanes, éstos los hubieran empleado para reforzar su propia flota. Mas el Almirantazgo no tenía intención de permitir que los navíos franceses fueran requisados, no obstante las garantías que los alemanes habían dado al almirante François Darlan.

Los invasores aprovecharon los días catastróficos que sucedieron a la evacuación de Dunkerque, para asestar seguidamente el golpe decisivo al corazón de Francia. A mediados de junio, los ejércitos franceses ya no eran capaces de oponer una resistencia organizada, y el Presidente del Consejo, Paul Reynaud, tuvo que pedir el consentimiento al Gobierno británico para efectuar sondeos cerca de los alemanes con el fin de conocer sus condiciones para un armisticio separado. La respuesta de Churchill, llegó el 16 de junio a primeras horas de la tarde, contenía esta premisa:
«A condición y solamente a condición de que la Flota francesa zarpe inmediatamente hacia los puertos británicos durante las negociaciones, el Gobierno de Su Majestad da pleno consentimiento al Gobierno francés para que proceda a la solicitud de las condiciones de armisticio para Francia...»
¿Qué consideraciones estratégicas impulsaron al Gabinete de guerra inglés a insistir sobre esta condición? Como sea que Gran Bretaña tenía que continuar sola la guerra, con su Imperio y con los países de la Commonwealth, era indispensable que tomara las medidas necesarias para salvaguardar su propia supremacía naval. Estaba justificado suponer que los alemanes insistirían en la rendición de la Flota francesa, que contaba con buenos y potentes barcos modernos. Entonces no solamente la costa francesa del canal de la Mancha y los puertos del golfo de Vizcaya, ocupados por los alemanes, hubieran proporcionado bases excelentes para sucesivas operaciones contra las vías de comunicación marítimas inglesas, sino que el hundimiento de la potencia naval francesa en el Mediterráneo occidental y la ventaja que el Eje había adquirido el 10 de junio con la declaración de guerra de Italia, hubieran puesto en peligro las rutas del Oriente Medio. Si las fuerzas italianas destacadas en Libia conseguían penetrar en Egipto y apoderarse de Alejandría, la Escuadra inglesa se vería obligada a abandonar el Mediterráneo oriental por falta de otra base naval idónea. Otro posible peligro amenazaría las vías de comunicación marítimas inglesas si Alemania decidía apoderarse de las bases francesas de Casablanca y Dakar, situadas en la gran ruta de aprovisionamiento de los ejércitos ingleses en Oriente Medio, en la India y en Extremo Oriente. Esta ruta había adquirido una importancia vital a causa de la situación de inseguridad que existía en el Mediterráneo. 

Reynaud afrontaba ya la crisis ministerial cuando recibió la respuesta inglesa, pero no la comunicó a sus colegas, temiendo que sirviera solamente para animar a los que se habían unido al mariscal Pétain en pro de la petición inmediata de negociar con Alemania. La dramática oferta de Churchill para una unión francoinglesa, que llegó aquella misma tarde, no obtuvo la aprobación unánime de los ministros franceses, por lo que Reynaud hubo de presentar su dimisión. El presidente de la República encargó entonces a Pétain la formación del nuevo Gobierno, en el cual el almirante Darlan asumió el mando de la Marina, conservando, no obstante, el cargo de comandante en jefe de la Flota. Darlan era un oficial ambicioso, con una considerable capacidad profesional. Había contribuido en gran parte al mejoramiento de la disciplina y de la eficiencia de la Marina francesa y, por otro lado, ciertos vínculos familiares le relacionaban con el mundo de la política. Su fidelidad al mariscal Pétalo, en el momento más crítico de Francia, es la clave que permite explicar la trágica suerte de la Flota bajo su mando político y operativo. Muchos de los barcos de guerra franceses eran modernos, si bien carecían de las instalaciones más recientes, como el radar y el sonar. La oficialidad y las tripulaciones estaban formadas en su mayor parte por marinos experimentados, que habían participado en la campaña de Noruega, en distintas operaciones de escolta a los convoyes o en la colocación de minas en el Atlántico y en el Mediterráneo, y, además, en la reciente evacuación de Dunkerque. 

Por otra parte, la sucesiva disgregación del Ejército francés no tuvo un paralelismo en la Marina; mientras los alemanes avanzaban a lo largo de la costa, las autoridades navales francesas, cuyas comunicaciones no habían sido cortadas, consiguieron alejar a tiempo todos los barcos de guerra o mercantes de los puertos del canal de la Mancha y del golfo de Vizcaya. Algunos buques de guerra se refugiaron en los puertos ingleses del canal, pero la mayor parte habla emprendido la ruta de África septentrional u occidental francesas. El 17 de junio, cuando Philippe Pétain pidió el armisticio, dos antiguos acorazados, ocho destructores, tres submarinos y algunas unidades menores se encontraban en Portsmouth o en Plymouth. Dos modernos cruceros pesados, seis destructores, otros dos antiguos acorazados y un portahidroaviones se hablan refugiado en la base naval de Mers-el Kebir, cerca de Orán. Cuatro cruceros, un acorazado y tres destructores se encontraban en Alejandría, donde habían participado en las operaciones con la Escuadra inglesa del Mediterráneo oriental, al mando del almirante Andrew Browne Cunningham. Seis cruceros estaban en Argel y muchos submarinos en Bizena. El nuevo acorazado Richelieu, todavía en fase experimental, partió el 18 de junio de Brest hacia Dakar, mientras su gemelo el Jean Bart, sin estar aun completamente equipado, abandonó el dique seco de Saint-Nazaire un día antes de la llegada de los alemanes y arribó felizmente a Casablanca. El resto de la Flota, compuesto en su mayor parte por unidades de poco tonelaje, estaba fondeado en Toulon; y en cuanto a las unidades destacadas en las lejanas colonias francesas, eran de poco valor para emplearlas en el combate.

A partir del 12 de junio, Darlan aseguró oficialmente, en las frecuentes reuniones de ministros franceses e ingleses, que sus barcos de guerra no caerían nunca en manos de los alemanes, y por su parte el Gobierno aseguró categóricamente que rechazaría cualquier posible cláusula del armisticio que impusiera la rendición de la Flota, cualesquiera que fuesen las consecuencias. El artículo 8.° del armisticio especificaba que la Flota francesa, a excepción de In los barcos necesarios para la defensa del Imperio colonial, tenía que ser desmovilizada y desarmada, bajo el control alemán o italiano, en los puertos que se indicarían. El Gobierno alemán se comprometía formalmente a no emplear la Flota francesa para sus propios fines y a no pretender su entrega parcial o total después de firmada la paz. Todos los barcos de guerra, menos los destinados a la defensa del Imperio colonial, debían ser conducidos a las aguas territoriales francesas. Los dos artículos siguientes establecían que, hasta nueva orden, ninguna tripulación, ningún barco y ningún avión se alejarían del país, y que ningún buque mercante francés podía zarpar. Apenas se enteró de estos términos, el embajador inglés en Burdeos, sir Ronald Campbell, se apresuró a comunicarlos a Londres. 

Evidentemente ignoraba que Pétain había cursado enseguida instrucciones a los delegados para que solicitaran unas enmiendas, sobre todo del artículo 8.° a fin de que los barcos de guerra fueran desarmados en los puertos franceses de África septentrional y occidental. La delegación alemana aprobó, en líneas generales, esta importante concesión la mañana del 22 de junio, en el mismo momento s en que Churchill criticaba ásperamente al Gobierno de Pétain por haber aceptado unas «condiciones que ponían no solamente a Francia, sino a todo su Imperio, a merced o en poder de los dictadores alemán e italiano», y que «no tardarían en hacer caer en manos del enemigo todas las reservas del Imperio y de la Flota francesa para o conseguir sus fines». Afortunadamente, tan negras previsiones no se realizaron. Los contactos entre el nuevo Gobierno francés y el británico cesaron el 23 de junio, e cuando sir Ronald Campbell y todo el personal de la Embajada británica salieron de Burdeos. Es decir, precisamente en el momento en que Londres tenía mayor necesidad de información las comunicaciones con Burdeos resultaron esporádicas y poco seguras. 

La tarde del 22 de junio, una vez aceptadas en términos generales las modificaciones respecto a la Flota, los plenipotenciarios franceses fueron autorizados para firmar el armisticio. Luego se trasladaron a Roma en avión, y dos días más tarde los italianos se adherían también al pacto. Alemania aceptó formalmente la proposición francesa de desarmar su Flota en bases situadas fuera de la zona ocupada, y el 30 de junio las condiciones del armisticio se ratificaron en la ciudad de Wiesbaden. Las instrucciones cifradas que Darlan habla hecho llegar a partir del 20 de junio a todos los comandantes de barcos y de puertos, decían, entre otras cosas: «Ningún buque deberá entregarse sin lucha al enemigo, cualquiera sea la orden que se curse después de ésta. Cuatro días después, cuando el armisticio ya estaba firmado, Darlan reiteró la orden, especificando las disposiciones que debían tomarse para hundir los navíos en caso de que se hallaran en peligro de ser capturados. Sin embargo, aunque Londres hubiera conocido estas instrucciones, no hubiera dejado de pensar que si los alemanes querían apoderarse de la Flota, lo conseguirían de todos modos.

El caso es que el 27 de junio el Gobierno inglés decidió tomar las medidas necesarias para impedir que los barcos franceses regresaran a los puertos de la metrópoli. Al día siguiente se puso al vicealmirante sir James Somerville al mando de la recién constituida Fuerza H, Integrada por el crucero de batalla Hood, el buque insignia. los acorazadas Resolution y Valiant, el portaaviones Ark Royal, dos cruceros y once destructores. Su base seria Gibraltar, desde la cual tendrían la posibilidad de operar en el Atlántico, apoyando a la Home Fleet. y en el Mediterráneo occidental.


El día I de julio Somerville recibió la orden de asegurarse la entrega, la rendición o la destrucción de los barcos de guerra franceses fondeados en el puerto de Orán y en la cercana base de Mers-el-Kebir. La Fuerza H tenía que encontrarse en aquel punto el día 3 por la mañana, a fin de ofrecer al almirante Gensoul cuatro alternativas: 
  • unirse a la Flota inglesa y continuar la lucha junto a ella; 
  • dirigirse con tripulaciones reducidas hacia un puerto de Gran Bretaña o de la India; 
  • desarmar los barcos en Orán bajo control inglés o bien 
  • hundidos allí mismo. 
El HMS Valiant, y los comandantes enemigos: el británico Somerville y el francés Gensoul
En caso de que no fuera aceptada ninguna de estas cuatro proposiciones, la orden era destruir los barcos por la fuerza. Somerville llegó a Orán según lo previsto y dispuso que el capitán de navío Holland, Antiguo agregado naval a la Embajada inglesa en Paris y comandante del Ark Boyal, entrase en el puerto en una lancha para entregar personalmente el ultimátum al almirante Gensoul, a bordo del Dunkerque, pero Gensoul rehusó recibir a Holland, por lo que las propuestas escritas le fueron entregadas por medio de un delegado francés. A las 10, el almirante francés declaró que no sería el primero en abrir fuego, pero que estaba dispuesto a responder a la fuerza con la fuerza. Al informar por radio a Darlan del asunto, le dijo solamente que habla recibido un ultimátum británico para hundir los barcos en un plazo de seis horas. Al mismo tiempo, dio orden de mantener la presión en los navíos y de estar preparados para el combate. A las 16,15, después de intercambiar una serie de mensajes, el almirante francés, que no había recibido aún la respuesta de Darlan, consintió en recibir a Holland para ganar tiempo. Fue entonces cuando éste vio por vez primera las órdenes cursadas unos días antes por Darlan para evitar la captura de la Flota. 

En la tensa atmósfera que reinaba en el Dunkerque, las conversaciones no resultaron fáciles: sobre todo a causa de la indignación del almirante francés por la colocación de minas en la boca del puerto, efectuada por los aviones del Ark Royal a primeras horas de la tarde. Mientras tanto, el almirante Le Luc, jefe del Estado Mayor de la Marina francesa, actuando en sustitución de Darlan, al que no se podía localizar de momento, informó a Gensoul por radio de que todas las fuerzas navales del Mediterráneo occidental tenían la orden de acudir en su ayuda. El mensaje fue interceptado por el Almirantazgo inglés, que se apresuró a informar a Somerville, urgiéndole a ultimar el asunto lo antes posible para evitar el enfrentamiento con los refuerzos franceses. 

El almirante inglés, que ya habla prorrogado el último plazo al máximo, advirtió a Gensoul que, en caso de no aceptar ninguna de las proposiciones antes de las 17,30, sus barcos serian echados a pique. Cinco minutos antes de la hora fijada, Holland descendió del Dunkerque y regresó al Ark Royal. Poco antes de las 18 horas. Somerville ordenó abrir fuego contra los buques franceses, los cuales, al querer responder, se vieron obstaculizados por las maniobras de solear amarras para hacerse a la mar. Las salvas de los barcos británicos, efectuadas por cañones de 381 mm desde una distancia de 12,800 metros, no tardaron en centrar al adversario. El primero en ser alcanzado fue el acorazado Bretagne : un proyectil incendió las municiones de la torre de popa, y otro estalló en la sala de máquinas. La mitad del buque estaba ya ardiendo cuando otros dos proyectiles lo alcanzaron, provocando una violenta explosión y altas columnas de humo. El Bretagne se hundió en pocos segundos con 977 hombres. 

Dunkerque
El Dunkerque fue alcanzado por varios proyectiles mientras se alejaba del muelle, uno de los cuales paralizó la central de tiro. EI buque insignia francés pudo alcanzar a duras penas la parte opuesta del puerto, donde echó el anda. El Provence se había alejado ya del muelle y disparó tres salvas contra el Hood, pero de pronto un proyectil alcanzó su torre de popa incendiando las municiones. Tuvieron que inundar la santa-bárbara y hacer encallar el buque para impedir su hundimiento. El Mogador resultó con la popa destrozada cuando intentaba hacerse a la mar, junto con otros cuatro destructores, y perdió treinta y siete hombres. El resto del buque, envuelto en llamas, fue remolcado hasta el puerto. Mientras tanto, el segundo crucero de batalla, el Strasbourq, aprovechando la inmensa cortina de humo provocada por las explosiones del Bretagne, se hizo a la mar. 

A los trece minutos de iniciarse el ataque, el almirante francés, deseando evitar inútiles derramamientos de sangre, comunicó a Somerville la petición de un alto al luego. Afortunadamente, el almirante inglés, al igual que toda la Royal Navy, sentía una gran antipatía por la empresa y no tenía el menor deseo de prolongar la lucha, de modo que decidió interrumpir el combate. Por estar minada la entrada del puerto, creyó que ningún barco francés conseguiría escapar, pero cuando se dio cuenta de que el Strasbourg había salido a mar abierto sin sufrir ningún daño y se dirigía hacia el Este, lo persiguió y ordenó que los Swordfish del Ark Royal salieran inmediatamente en su persecución. A las 8,20 de la tarde, el crucero de batalla francés llevaba ya 25 millas de ventaja, y después del segundo ataque aéreo infructuoso, cesó la persecución. El Strashourg, el ponahidroaviones Commandant Teste y cinco destructores, todos ellos procedentes de Oran, además de seis cruceros de Argel, llegaron a Toulon la tarde del 4 de julio, y entonces la Fuerza H regresó a Gibraltar. Pero dos días más tarde, los aparatos del Ark Royal fueron enviados de nuevo a Mers-el-Kebir para atacar al Dunkerque, ya que se creía que durante el ataque del día 3 el buque insignia había sufrido daños de poca importancia. Esta vez, un torpedo alcanzó una lancha cargada de explosivos que casualmente se hallaba cerca del navío, la cual, al explotar, abrió un enorme boquete en el costado del mismo, ocasionando la muerte de 150 hombres y dejándolo fuera de servicio durante un año. Simultáneamente con el ataque a Orán del 3 de julio, los ingleses se apoderaban de los barcos de guerra franceses que se encontraban en puertos británicos. A las 3,45 de ese mismo día, varios grupos armados de la Marina inglesa abordaron silenciosamente los buques anclados en Plymouth y en Ponsmouth. La operación, minuciosamente preparada, se basaba en el elemento sorpresa para evitar derramamiento de sangre, y en este sentido alcanzó pleno éxito, excepto en el sub-marino Surcouf, anclado en Plymouth, en el que dos oficiales ingleses resultaron heridos y muerto un oficial francés. Los oficiales y marineros franceses fueron internados separadamente en dos campos de concentración, en la isla de Man y cerca de Liverpool, respectivamente, donde fueron tratados como prisioneros de guerra. Algunos de ellos, no muchos, prefirieron permanecer en Inglaterra para combatir en las fuerzas navales de la Francia libre. Pero la mayor parte fue trasladada a Casablanca, a bordo de buques ingleses. La triste experiencia que habían tenido en Gran Bretaña no les animó a unirse a los combatientes de la Francia libre, y prefirieron seguir prestando servicio a las órdenes de Darlan. 

El Gobierno inglés había decidido emplear la fuerza porque estaba convencido de que nada detendría a los alemanes si éstos querían apoderarse de las mayores unidades de la Marina francesa; con ello, el Gabinete de guerra corría deliberadamente el riesgo de que el Gobierno de Vichy se uniera a las fuerzas del Eje, pero estaba decidido a afrontar todas las consecuencias que de tal actitud pudieran derivarse. Sin embargo, entre los llamados “sucesos actuales”, se imponía considerar que la Flota francesa dependía de Darlan y no de Hitler. Una vez firmado el armisticio por el Gobierno de Pétain, Francia estaba expuesta a sanciones muy severas en caso de contravenir las relativamente benignas cláusulas navales. Es evidente que el ataque de Orán y el trato más bien duro que recibieron las tripulaciones internadas en Inglaterra, suscitaron en Francia cierto rencor. El Gobierno de Vichy disponía aún de un crucero de batalla, cuatro cruceros armados con cañones de 203 mm y otros diez con cañones de 152 mm, treinta destructores y setenta submarinos. Además, en el Norte de África se hallaban unos 180 bombarderos y 450 cazas. Si estas fuerzas se hubieran unido a las que el Eje tenía destacadas en el Mediterráneo, la situación de los ingleses habría sido insostenible. Pero Francia estaba desorganizada y vencida. Su única represalia por la acción de Orán fue el ataque, sin ningún resultado positivo, de una formación de aviones torpederos contra la Fuera H en Gibraltar, en las primeras horas del día 5 de julio. Darlan renunció prudentemente a insistir en las inútiles hostilidades y ordenó que los buques británicos sólo fueran atacados en el caso de que se aproximaran a las costas francesas en un radio de veinte millas, 

Las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña se interrumpieron el mismo 5 de julio. Una de las consecuencias inmediatas del ataque a Orán fue que los alemanes accedieron a que los buques de guerra franceses permanecieran completamente equipados y armados. A los que se encontraban en puertos del Norte de África se les ordenó regresar a Toulon, donde estarían seguros de no ser capturados por los ingleses y, al mismo tiempo, al alcance de los alemanes. Efectivamente, el 27 de noviembre de 1942, varias unidades militares alemanas entraron a la fuerza en la base naval, pero los franceses hundieron sus propios barcos, tal como se habían propuesto en caso de verse obligados a ello. Otra consecuencia más grave aún del episodio de Orán fue la profunda animosidad que se difundió en la Marina francesa contra Inglaterra, lo cual sirvió de estímulo a los colaboracionistas y se reflejó en la resistencia opuesta al fracasado intento de desembarco de las fuerzas de la Francia libre en Dakar, y al otro intento angloamericano de noviembre en el Norte de África. Por otra parte, sin embargo, el ataque contra los barcos franceses demostró al mundo que Inglaterra estaba dispuesta a continuar la lucha.

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jueves, 2 de julio de 2015

2 de julio de 1839 - Tiene lugar una rebelión de esclavos ocurrida en el buque "La Amistad". La posterior absolución de los amotinados, a los que se considerarán víctimas de secuestro y no mercancías, será una importante victoria para el abolicionismo en América

El Amistad era un goleta española de esclavos que zarpó de La Habana, Cuba, el 27 de junio de 1839 con 49 hombres africanos y cuatro niños como cargo.. Unos 500 africanos habían sido secuestrados en Sierra Leona y transportados hasta La Habana, Cuba, (entonces colonia española) por el barco negrero portugués Tecora, donde fueron vendidos como esclavos


Sin embargo, el 2 de julio, uno de los africanos, de nombre Sengbe Pieh llamado Joseph Cinqué por los blancos, consiguió liberarse e hizo lo mismo con los demás cautivos. Los confinados, descubrieron los machetes que llevaban a bordo para cortar caña de azúcar y resueltos a tomar el control del barco mataron al capitán Ferrer y al cocinero del Amistad llamado Celestino, quien durante el viaje había asustado a los esclavos al describir cómo serían asesinados y comidos cuando arribaran a destino. En la lucha también murieron dos de los esclavos. Dos marineros escaparon en un bote. Sin embargo, perdonaron las vidas de los dos dueños de la carga humana a bordo, de apellidos Ruiz y Montes, quienes les habían prometido que conducirían la embarcación hacia África. También perdonaron al esclavo personal del capitán.

Obligaron entonces al resto de la tripulación a que modificase el rumbo para que los llevase otra vez al continente negro. Cinqué había notado que el barco que los trajo de Sierra Leona navegaba hacia donde se ponía el sol, por lo que ordenó a Ruiz y Montes que navegaran hacia la salida del sol, hacia África. Los africanos fueron engañados por el dueño de la goleta que dirigió el barco al este durante el día y al noroeste durante la noche, siendo conducidos hacia el norte con rumbo a la costa estadounidense, donde el barco fue avistado repetidas veces. Soltaron anclas a media milla de Long Island Sound, (Nueva York), el 26 de agosto. Algunos de los africanos fueron a la orilla a conseguir agua y provisiones, y la embarcación fue descubierta por el bergantín Washington de la armada de los Estados Unidos.

El teniente Gedney, que comandaba el buque, ayudado por sus oficiales y tripulación, tomaron la Amistad y a los esclavos bajo custodia, conduciéndolos al estado de Connecticut. Luego presentaría una reclamación por escrito bajo la ley de almirantazgo por el salvamento del barco, la carga, y los africanos. Gedney presuntamente eligió desembarcar en Connecticut porque, a diferencia de Nueva York, la esclavitud era técnicamente legal ahí (aunque extremadamente rara), y esperaba sacar provecho de los esclavos. Allí fueron encarcelados acusados de asesinato y piratería. Los dos tripulantes españoles supervivientes, José Ruíz y Pedro Montes fueron liberados. Gedney presuntamente eligió desembarcar en Connecticut porque, a diferencia de Nueva York, la esclavitud era técnicamente legal ahí (aunque extremadamente rara), y esperaba sacar provecho de los esclavos.

Los abolicionistas apoyaron la causa de los africanos, y el caso del Amistad se convirtió en un punto clave para el movimiento. Un grupo llamado “Comité Amistad,” conformado de varios abolicionistas prominentes, organizó un equipo legal, encontró intérpretes de Mende, lengua que se habla en Sierra Leona, y ofreció cuidados a los africanos. 

Luego de que una corte del circuito de Hartford dictaminara que no tenían jurisdicción, una corte de un distrito de Connecticut determinó en 1840 que los esclavos habían sido vendidos ilegalmente. 

El Presidente Martín Van Buren ordenó una apelación de la decisión inmediatamente después. Los abolicionistas persuadieron al ex Presidente John Quincy Adams para liderar el equipo de defensa durante el tercer y final juicio ante la Corte Suprema de los Estados Unidos Luego de dos años en los que la corte llegó a una decisión.

La Suprema Corte de los Estados Unidos en su histórica sentencia declaro: 
“José Cinqué, la cabeza y el alma del grupo, tenía una sola meta. No era piratear ni robar sino salvarse a sí mismo y a sus compañeros de una sujeción ilegitima. Nunca fueron súbditos de España. Estaban a bordo de La Amistad contra su voluntad. Solo deseaban liberarse de las cadenas para regresar a su hogar y a sus seres queridos. Al hacerlo, no cometieron ningún crimen por el cual los podríamos condenar de piratería”.
 No obstante, la decisión de la corte sobre el caso no fue realmente un ataque a la institución de la esclavitud. 

La Escuela de Leyes de la Universidad de Missouri-Kansas ofrece documentos legales, recuentos periodísticos, cartas, breves biografías de los acusados y el texto completo de la decisión de la Corte Suprema. 

La absolución de estos hombres ocurrió porque fueron considerados víctimas de secuestro y no mercancías. En Estados Unidos sólo podían ser considerados esclavos los nacidos de padres esclavos, ya que la importación había sido prohibida en 1808 y por tanto, los africanos eran hombres libres. Su caso tuvo efectos duraderos para Estados Unidos y para África porque galvanizó el movimiento abolicionista y polarizó aún más el Norte anti-esclavitud y el Sur con esclavos. Fue una importante victoria para el abolicionismo en América y uno de los acontecimientos que desencadenaron la Guerra Civil de 1861.

El caso, ampliamente publicitado en Estados Unidos, fortaleció al movimiento abolicionista. En 1840, una corte federal resolvió que el secuestro de los individuos en su tierra natal, y el posterior transporte, habían sido ilegales. Asimismo, en Estados Unidos sólo podían ser considerados esclavos los nacidos de padres esclavos, ya que la importación había sido prohibida en 1808; por tanto, los africanos eran hombres libres. La Corte Suprema de los Estados Unidos confirmó la sentencia el 9 de marzo de 1841.

Una vez libres, los 35 africanos sobrevivientes del “Amistad” zarparon desde el puerto de Nueva York a bordo del carguero “Gentlemen”, con destino a la ciudad de Freetown —creada precisamente para recibir a los africanos liberados de la trata internacional— en Sierra Leona. Volvían al África en 1842, tres años después de haber sido secuestrados de su tierra.

El caso del Amistad contribuiría al desarrollo de la cultura africano-americana. La liberación de los africanos también inspiró el trabajo misionero que llevaría la fundación de la Asociación Misionera Americana en 1846, que se convirtió luego en la sociedad abolicionista más grande y organizada en los Estados Unidos antes de la guerra. Y en Sierra Leona, la actividad misionera norteamericana eventualmente se convertiría en un movimiento nacionalista para conseguir la independencia.

Este caso sigue despertando interés público como símbolo de la lucha por la libertad. Los africanos habían ejercido su derecho de cualquier ser humano en un caso extremo a resistirse a la opresión, y a aplicar la fuerza contra la injusticia. En otras palabras, los hombres libres tienen un derecho natural de resistirse a la esclavitud. Si los negros hubieran sido reconocidos como esclavos legales de los ciudadanos españoles, habrían sido considerados propiedad, según explicaba el tratado de 1795, y devueltos a sus dueños pero no fue así.

Este suceso sirvió de inspiración para la película “Amistad” de 1997. Fue dirigida por Steven Spielberg, y contó con las actuaciones de Morgan Freeman como Theodore Joadson, Nigel Hawthorne como Martín Van Buren, Anthony Hopkins como John Quincy Adams, Djimon Hounsou como Cinqué y Matthew McConaughey como Baldwin. La película fue nominada a cuatro Oscars.

Sengbe Pieh (Joseph Cinqué) era el hijo de un jefe del pueblo de Mani  en Sierra Leona. Había sido capturado por un miembro de una tribu africana a causa de una deuda sin pagar y llevado a una fábrica  donde fue vendido a un comerciante de esclavos español. Después fue revendido, enviado a La Habana y finalmente vendido a Pedro Ruíz y puesto a bordo del Amistad.

Había nacido alrededor de 1813 en la población de Mani, en la región del Alto Mende, a diez días de marcha del Vai o Costa de las Gallinas. Se decía que era hijo de un jefe local y que estaba casado, que tenía un hijo y dos hijas. Sengbe, que era agricultor, un día de fines de enero de 1839 se encaminaba a su labranza cuando fue capturado por cuatro hombres en un ataque por sorpresa, quienes le amarraron al cuello la mano derecha. Lo llevaron a una aldea cercana, donde pasó tres días con un hombre llamado Mayagilalo, aparentemente el patrono de sus captores.

Mayagilalo, que había contraído una deuda con el hijo del rey vai Manna Siaka, le entregó en pago a Sengbe. Luego de pasar un mes en el pueblo de Siaka, Sengbe fue llevado a Lomboko, isla cercana a Sulina, en la costa de las Gallinas, célebre como centro de tráfico de esclavos, y vendido al negrero más rico de allí, el español Pedro Blanco, cuyas actividades habían enriquecido también al rey Siaka.

Cinqué fue reconocido como el líder de los esclavos durante la revuelta en el barco y después de los trámites y procedimientos legales pudo regresar por fin a África donde descubrió que su pueblo había sido destruido y que todos los miembros de su familia ya habían sido vendidos también como esclavos. 

Se lo idealizó mucho como héroe, aunque se decía que con el tiempo Cinqué llegó a amasar una pequeña fortuna, dedicándose irónicamente, también a la trata de esclavos. De todas formas, figura ahora en los billetes de 5000 leones de su país.
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