martes, 5 de enero de 2016

La Primavera de Praga

Durante la década de 1960, Europa del Este estaba bajo dominio soviético. Un claro ejemplo de ello era Checoslovaquia, nación controlada por los soviéticos quienes ocuparon el país durante la Segunda Guerra Mundial e instauraron en 1948 un estricto régimen comunista. Sin embargo, en la década de los 60 surgió un nombre, Alexander Dubček, de origen eslovaco, y las cosas cambiaron...

Los hechos ocurridos en la primavera de Praga de 1968 marcaron un antes y un después dentro del bloque comunista soviético. El movimiento tuvo un gran apoyo estudiantil, donde se promovían un conjunto de medidas populares que culminaron con la invasión rusa. La Primavera de Praga de 1968 es uno de los hechos que han marcado la historia de la antigua Checoslovaquia, comenzando con una revuelta estudiantil que continuaba lo ocurrido con el conflicto del mayo francés. 

Los incidentes sucedidos en la capital checa, fueron los primeros indicios de la crisis soviética que se concretaría varios años más tarde y acabarían con la desintegración del bloque. 

El 5 de enero de 1968 Dubček llegó al poder, comenzando así lo que más tarde fue conocido como la Primavera de Praga. Las ideas reformistas de Dubček eran claras: la población checa necesitaba más libertad ante las estrictas normas impuestas por el régimen soviético. En esa época no había ni libertad de expresión ni libertad de prensa.

Alexander Dubček
Este proceso de cambio fue un intento de un comunismo con mayores beneficios para el pueblo y el progreso del país, intentando llevar adelante los deseos populares, atendiendo todos los reclamos más urgentes y sus causas fundamentales. 

Un sistema que parecía estable estaba a punto de transformarse en las manos de los gobernantes. Sin que nadie lo pidiera, la libertad de prensa fue restablecida, los estudiantes podían reunirse y emitir reivindicaciones, la gente hablaba de autogestión, de democracia directa. Gracias a la presión de la base, los partidarios de la reforma fueron ocupando la cúpula del partido. La gente tuvo una nueva esperanza de ver cambiar radicalmente su vida y gozó de una práctica del ejercicio de las libertades que sería fundamental para afrontar una resistencia civil imaginativa. No todos los dirigentes eran partidarios de la reforma. Podemos distinguir tres tendencias: Una tendencia conservadora, prosoviética, personificada en hombres como Kolder, quienes temían que las reformas emprendidas hicieran perder al partido el control que ejercía. Otra tendencia era la de quienes habían dirigido al país por la vía de las reformas profundas: Dubček, el Primer Ministro Czernik, el Presidente de la Asamblea Nacional Smrkovsky y Kriegel, el más viejo del Presidium. En el tercer grupo, en la posición intermedia entre las dos tendencias estaban hombres como el General Svoboda y el ambicioso Viceprimer Ministro Husak.

Según el propio Dubček, sus ideas se resumían en tener un socialismo con rostro humano. Los medios de comunicación comenzaron a funcionar con fluidez, y la televisión y la radio por fin podían dar opiniones políticas. A muchos hoy en día ésto nos parece algo lógico, pero para la Checoslovaquia de 1968 esto suponía un paso adelante gigantesco.

Los periódicos llegaron a publicar incluso el nombre de los funcionarios corruptos del gobierno. Todo parecía funcionar en favor de Dubček. La URSS estaba expectante ante los hechos que venían ocurriendo ya que su hegemonía comenzaba a tambalearse, y los demás países de la Europa del Este estaban muy atentos a lo que sucedía en Checoslovaquia.

Pero no sólo la URSS no veía con buenos ojos las reformas de Dubček. El bloque comunista de la Guerra Fría, con los Cinco de Varsovia a la cabeza, URSS, Hungría, Bulgaria, Polonia y la RDA, comenzaron a recelar de Dubček. Tanto es así que las cosas fueron complicándose cada vez más.

La pólvora estalló el 20 de agosto de 1968, cuando más de 200.000 soldados y 2.300 tanques del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia, acabando así con la Primavera de Praga, que apenas duró ocho meses. La invasión apenas duró un día, y las fuerzas checoslovacas no pudieron hacer nada por evitarla. El propio Dubček llamó a su pueblo a no resistir, a pesar de que sucedieron algunos episodios violentos en las calles.



En el momento de la invasión estaba reunido el Presidium del Partido Comunista Checoslovaco. Tuvo justo el tiempo para publicar una declaración condenando la invasión, antes de que los principales dirigentes, Dubček, Czernik, Smrkovsky, Kriege, fueran detenidos y llevados a Moscú. Dubček también tuvo tiempo de dar autorización para que se reuniera inmediatamente el 14º Congreso del partido, previsto para diciembre. Las órdenes tanto al ejército como a la policía fueron de permanecer en sus cuarteles; no había posibilidad real de una defensa militar. La resistencia civil surgió espontáneamente, casi por azar. No habían oído hablar de noviolencia ni había ninguna preparación para una resistencia no armada, había que inventar sobre la marcha.

La invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia sorprendió tanto al pueblo como a sus dirigentes. Fuertes razones ideológicas, económicas y geoestratégicas decidieron al Kremlin a lanzar esta operación, dirigida en nombre de la "asistencia fraternal", con el fin de instalar rápidamente un nuevo gobierno prosoviético, antes de que esta corriente perdiera su peso en el próximo Congreso del Partido Comunista Checoslovaco.

Esta invasión provocó una ola de emigración en todo el país sin precedentes. En los días posteriores a la invasión se marcharon más de 70.000 personas, y hasta la década de 1970 habían abandonado Checoslovaquia más de 300.000. 

A pesar de que la Primavera de Praga duró apenas ocho meses fue un acontecimiento simbólico que sirvió para que muchos países comunistas de Occidente comenzaran a alejarse de las ideas de la Unión Soviética. Tanto la literatura como el cine le han dado también mucha repercusión a este episodio de la historia del siglo XX. Una frase de Pablo Neruda la resume: “Podrán cortar todas las flores, pero no detendrán la primavera”

Ante la invasión rusa se le impusieron dos fuertes medidas a Alexander Dubček, por un lado que no se acepten las resoluciones del XIV Congreso Nacional y como segunda orden se mantenía la ocupación militar en territorio checo. 

Hay que tener en cuenta que el proceso vivido durante la primavera de Praga fue en plena época de la guerra fría, por lo que este intento de liberación política era muy difícil que se concrete, ya que habían demasiados intereses en juego. Checoslovaquia se encontraba en un punto geográfico estratégico dentro de Europa Central, por lo que era una región que los soviéticos no podían dejar que se independice en ese momento.