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viernes, 4 de mayo de 2018

La guerra y el pincel

Ver la guerra de manera objetiva es imposible, no hay malos ni buenos, sólo violencia y muerte. Desde el punto de vista del arte puede ser aún más subjetivo, pero posible. La expresión artística puede interpretar la violencia de manera que sea un reflejo de esa parte de la ‘naturaleza’ humana, que ha permanecido a lo largo de toda su historia, variando únicamente su capacidad tecnológica para provocar muerte y destrucción.

Estos son solo algunos ejemplos, tomados casi al azar, de las visiones que algunos artistas han plasmado de los horrores de las guerras.



Vasili Vasílyevich Vereshchagin (1842-1904) fue un artista bélico ruso. No es que fuera un tipo violento. Simplemente estaba especializado en pinturas de batallas dotadas de un depurado estilo realista y una exactitud fotográfica de los conflictos históricos.

Nacido en el seno de una familia de la pequeña aristocracia, ingresó en la Marina rusa, algo que debió marcar su vida, porque al finalizar el servicio militar comenzó a estudiar pintura, pero sólo pintura de guerras.

De hecho el artista viajó por muchos países de Europa, Asia y América para documentar las batallas más importantes. Acompañó al ejército ruso en varias campañas en calidad de pintor oficial de las fuerzas armadas.

La guerra es entonces el tema recurrente de este pintor, pero con un objetivo claro: denunciarla. Vereshchagin era paradójicamente un pacifista, aunque cierto es que sus clientes (aristócratas y militares de alta alcurnia) pagaban un buen dinero por pintar las épicas batallas en las que estuvieron, seguramente en la retaguardia lejos del salvajismo de primera fila.

"Sus cuadros son el mejor seguro contra la guerra", le dijo una vez el káiser Guillermo II a Vereshchagin.

El pintor moriría, ironicamente, en la guerra contra Japón, cuando dos minas marinas impactaron en el acorazado en el que viajaba.


"La apoteosis de la guerra" (1871) hace parte de su serie "Los bárbaros''. El cuadro hace referencia a las pirámides de calaveras humanas que el conquistador Tamerlán dejaba como 'monumento' después de batallas ganadas en los siglos XIV y XV en Asia. Al título definitivo adicionó "Esto está dedicado a todos los grandes conquistadores, pasados, presentes y por venir". Consiste de un óleo sobre lienzo, de 127 x 197 cm, que se conserva en la Galería Tetryakov de Moscú)



Christopher Richard Wynne Nevinson (1889-1946) fue uno de los primeros artistas británicos en presenciar los horrores de la Primera Guerra Mundial. Como conductor de ambulancia voluntario en el frente occidental, Nevinson observó el sufrimiento y la carnicería que resultó de la guerra de trincheras en el invierno de 1914-15. Retirado del frente a causa de su fiebre reumática, fue enviado a Francia en 1917 por la Oficina de Propaganda de Guerra Británica. como miembro del programa oficial de artistas de la guerra del gobierno británico. Para el programa, Nevinson produjo una pintura controvertida, "Los senderos de la gloria", que fue prohibida en su exposición individual en Leicester Galleries, Londres, en marzo de 1918. La exposición tuvo lugar en un momento de la guerra cuando la moral parecía en su punto más bajo, y el gobierno supuestamente censuró la pintura porque representaba soldados británicos muertos


Su título, se derivó de la Elegía de Thomas Gray escrita en un cementerio rural, que incluía la línea: "Los senderos de la gloria conducen a la tumba". 

Esta pintura causó alarma al censor de la Oficina de Guerra. Inmediatamente lo prohibió, argumentando que "las representaciones de los muertos tienen un efecto negativo en casa".

Está realizada al óleo, sobre un lienzo de 46 x 61 centímetros y actualmente se encuentra en el Imperial War Museum.



Otto Dix (1891-1969) Sirvió en la Primera Guerra Mundial desde 1915, luchando en el frente occidental en la Batalla del Somme. Aunque un soldado entusiasta (su servicio le valió la Cruz de Hierro de Segunda Clase) La obra de Dix es un registro de los horrores de la guerra, de lo que cambia en quienes la viven; un retrato de la angustia, el miedo, el sentimiento de muerte que vivieron millones de personas. su grabado en aguatinta "Asalto bajo los Gases" (1924) nos muestra una visión de pesadilla. Visto desde el frente, de cerca, lanzando sus granadas entre el alambre de púas y las raíces, los soldados enmascarados ya no son humanos, así como el lugar ya no es real, no hay tierra de hombres en la trinchera.


Cuando los nazis llegaron al poder en 1933, Dix fue despedido de su cátedra de enseñanza de arte en la Academia de Dresden, donde había trabajado desde 1927. La razón dada fue que, a través de su pintura, había cometido una "violación de las sensibilidades morales y subversión del espíritu militante del pueblo alemán".

En los años siguientes, unas 260 de sus obras fueron confiscadas por el Ministerio de Propaganda Nazi. Varias de estas obras aparecieron en la exposición Entartete Kunst (arte degenerado) de 1937-8. La exhibición fue organizada por los nazis para destruir las carreras de aquellos artistas que consideraban enfermos mentales, inapropiados o antipatrióticos.



Alan Moore (1914-2015) acompañó a una unidad británica, la Guardia Galesa, durante la liberación del campo de concentración nazi de Bergen-Belsen el 15 de abril de 1945. Hizo varios bocetos y dibujos y también tomó fotografías de las atrocidades cometidas contra los reclusos principalmente judíos. Estos fueron utilizados como referencia para las pinturas que completó a su regreso a Australia. Más tarde, Moore relató que le aconsejaron tomar fotografías ya que nadie creería los horrores que presenció. Partiendo de esas fotografías y sus dibujos pintó "Ciego en Belsen" en 1947. En la pintura, un ciego tropieza con cuerpos en descomposición, usando su bastón para guiarse a su alrededor. Permite a una persona imaginar las tragedias y los horrores de este lugar y la guerra en general de una manera oscura y silenciosa.


Hablando con ABC en el año 2014, Moore dijo que se vio obligado a dibujar lo que presenció en Bergen-Belsen.
"Quería hacerlo porque pensé que posiblemente detendría el horror, la muerte de la guerra. Pero nunca se han detenido. Siguen y siguen y siguen, de un país a otro".
Está realizada al óleo, sobre un lienzo de 51,2 x 61,4 cm (enmarcado: 72.2 x 82.7 cm) y pertenece a la colección del Australian War Memorial (Melbourne)