lunes, 18 de abril de 2016

18 de abril de 1942 - Primer bombardeo sobre Japón

Cuando el general H. H. Amold presentó al presidente de los Estados Unidos el plan de una incursión aérea contra Tokio, Roosevelt la aprobó incondicionalmente: una represalia contra los japoneses contribuiría a levantar la moral no sólo de los americanos, sino también de todos los Aliados en el Pacífico, aun sabiendo de antemano que los daños materiales que se causarían al enemigo no serían probablemente importantes, dado el número limitado de aparatos que participarían en la acción. Como no existían aeródromos aliados lo bastante próximos a la capital japonesa para llevar a cabo un ataque contra la misma, la Aviación americana proyectó hacer despegar bombarderos terrestres de un portaaviones. efectuando un movimiento táctico que desconcertaría doblemente a las japoneses; en efecto, éstos no podían temer un ataque por parte de unidades aéreas chinas y tampoco imaginarían que la Marina americana se atreviera a acercarse con sus portaaviones hasta donde era posible lanzar aparatos embarcados de corto radio de acción. Se trataba de un plan ingeniosísimo; tan sólo requería la utilización de aviones adecuados y disponer de hábiles pilotos. Para llevarlo a la práctica se eligió al teniente coronel James H. Doolittle, experto piloto de bombarderos, quien seleccionó 24 tripulaciones de la 17ª División aérea de bombardeo; sus componentes fueron enviados a Eglin Field (Florida) para que se adiestraran en la difícil técnica de despegar con un gran aparato cargado de bombas en la corta cubierta de un portaaviones. 

El avión más indicado para este cometido era el bimotor B.25 Mitchell. Con el fin de proporcionarle una autonomía de vuelo suficiente para el ataque y la retirada, se añadieron a la carga normal de carburante tres depósitos auxiliares, diez latas de unos 23 litros y un recipiente plegable de goma con 1600 litros de capacidad. La dotación de bombas era reducida; pero tres bombas de 225 kg y algunas otras incendiarias podían causar serios daños si se lanzaban sobre un buen objetivo. Por motivos de seguridad se sustituyó el visor Norden por otro llamado «Mark Twain», tan eficaz como el anterior y especialmente estudiado para los bombardeos a baja altura. Por último, dos falsas ametralladoras de madera de 12,7 mm se colocaron como «protección» en la cola, desprovista de armas verdaderas.


Tras atacar los diferentes objetivos, los bombarderos recorrían más de 1900 km, sobrevolando el mar de China Oriental para aterrizar en varios puntos de China, donde permanecerían para proporcionar una valiosa ayuda a los Ejércitos de Chiang Kai-Chek. Desgraciadamente, el secreto absoluto que rodeó la operación desde un principio, no permitió proporcionar detalles al generalísimo chino, quien, quizá por ello, se mostró reacio a conceder a los norteamericanos la posibilidad de utilizar bases aéreas en su territorio: y en el último momento les negó incluso la utilización del aeródromo de Chochota, porque deseaba que se aplazara la llegada de las fuerzas estadounidenses con el fin de prevenir la consiguiente ocupación japonesa de la zona.

James H. Doolittle 14-XII-1896 / 27-IX-1993

El día 1 de abril se embarcaron en el portaaviones Hornet 16 aparatos B25, que fueron alineados en la cubierta de vuelo. Al Hornet y a su escolta se agregaron, al norte de las Midway, el portaaviones Enterprise, del vicealmirante Halsey, y la Task force (grupo táctico de combate), apoyada por cuatro cruceros y ocho destructores y seguida por dos buques cisterna, dirigiéndose todos hacia el Japón. El teniente coronel Doolittle esperaba poder llegar, para el despegue, a un punto situado a poco más de 700 km del objetivo, a fin de cerciorarse de que los aviones tendrían la suficiente autonomía de vuelo para llegar a China. Sin embargo, al ser avistado un buque ligero de vigilancia enemigo, la mañana del 18 de abril, fue preciso cambiar radicalmente los planes. Para no poner en peligro a los valiosos portaaviones, los bombarderos recibieron órdenes de despegar unas diez horas antes de lo previsto para el ataque nocturno; cuando todavía les separaban de Tokio 1300 km. 

Yamamoto fue informado casi al momento y ordenó a la flota de Kondo y a la V Flota de portaviones dirigirse a la zona, además de dar indicaciones para el despeque de aviones de exploración de largo alcance. En esos momentos, del lado estadounidense, se planteaba un dilema, continuar hacia el objetivo (todavía faltaban nueve horas de navegación hasta el punto de lanzamiento) o abortar la misión. Duncan y Doolittle decidieron lanzar en ese momento los aviones.

Cuarenta minutos más tarde un avión de exploración japonés detectó a la formación de B-25 y radió un mensaje a Tokio informado de la presencia de los bombarderos que llevaban dirección Tokio. Pero la inteligencia japonesa no consideró verosímil la información y la desechó. Al acercarse a la costa Doolittle distribuyó sus aviones: nueve fueron destinados a Tokio, tres a Kanagawa, Yokohama y los últimos tres a Nagoya, Osaka y Yokosuka.

Mientras se preparaban para el despegue, el Hornet fue sorprendido por una borrasca, con vientos de 65 km por hora y con grandes olas que cubrían la proa. Se destacó a un marinero para que indicase a cada avión el comienzo de la carrera de despegue, de tal forma que ésta coincidiese con el momento en que el extremo anterior de la cubierta de vuelo se levantaba. El aparato que iba a cabeza tan sólo disponía de 140 metros, los cuales, sin embargo, fueron suficientes: poco después le alcanzaron en el aire todos los demás.



Entonces, la formación naval invirtió el rumbo y se alejó sin ser hostigada, mientras los bombarderos se dirigían hacia el Japón, donde la defensa, puesta en guardia por el buque de vigilancia, estaba apercibida para la espera de la incursión. Cuando sobre la capital nipona aparecieron los B.25, a una altura de 300 metros, sin encontrar a los aviones de caza de la defensa y escasamente hostigados por el débil tiro de la artillería antiaérea, en Tokio se estaba realizando un ejercicio de protección antiaérea. Se consiguió una sorpresa total: los aparatos americanos bombardearon depósitos de carburante, zonas industriales e instalaciones militares en Tokio, Kobe, Yokohama y Nagoya; y una bomba arrojada por el aparato del teniente McElroy alcanzó al portaaviones Ryuho que se encontraba en el dique seco de la base naval de Yokosuka. El teniente coronel Dootitile pudo afirmar en su informe: “Los daños causados han superado ampliamente las previsiones más optimistas”. 

Tan sólo un aparato fue ligeramente averiado por el fuego antiaéreo y todos los demás lograron alejarse de las islas japonesas; Pero las tripulaciones sabían que no podrían alcanzar los aeródromos chinos, pues no tenían la necesaria autonomía de vuelo. Un viento fuerte de cola les ayudó a sobrevolar el mar de la China oriental, volando en la oscuridad y en medio de chubascos y de nubes; pero acabaron su vuelo con aterrizajes forzosos o lanzándose en paracaídas cuando los depósitos quedaron vacíos. 


De los cincuenta hombres que se lanzaron en paracaídas sobre territorio chino sólo uno resultó muerto; los otros cuarenta y nueve fueron salvados por las gentes del lugar, lo mismo que los otros diez que realizaron aterrizajes forzosos en la costa. Pero los japoneses apresaron a ocho aviadores estadounidenses, tres de los cuales fueron fusilados bajo acusación de haber bombardeado deliberadamente a la población civil. Prescindiendo de los relativos daños materiales producidos por el bombardeo, la incursión consiguió otros resultados: volvió a levantar la moral de los Aliados y provocó un trauma psicológico en los japoneses. Los norteamericanos perdieron 16 bombarderos y China perdió, en consecuencia, la provincia de Che Chiang, que los japoneses se apresuraron a ocupar para impedir que el enemigo se sirviese en el futuro de sus aeródromos. Pero esta operación acabó beneficiando grandemente a los Aliados, pues se enviaron a China nuevos contingentes de tropas japonesas y en el Japón permanecieron cuatro divisiones aéreas de caza, en 1942-43, cuando su empleo era mucho más necesario en otras partes.

También en Facebook en https://www.facebook.com/elkronoscopio/posts/1999820026910473

jueves, 7 de abril de 2016

Shaka Zulu, el "Napoleón africano"

Mientras que las metrópolis europeas transitaban las rutas del comercio esclavo en el África central, bien al sur del continente ocurría un avanzado proceso de construcción social, la creación del imperio zulú.

Corría el siglo XVIII, cuando ya aparecen las bases de esa comunidad bantú que llegó a imponer su influencia por convencimiento o por la fuerza en la región nororiental de la actual Sudáfrica.

Al principio los zulúes eran tan solo un pequeño clan que habitaba al norte del río Tugela, pero llegaron a ser más de cinco millones en la parte de la República Sudafricana conocida como Zululandia, donde está la provincia de Natal.

Originariamente los zulúes se dedicaban al pastoreo, pero en la actualidad son sobre todo agricultores, pero poseen un largo historial guerrero, que muchos estudiosos centran en Shaka, nacido en 1787 y jefe del clan.

La formación del imperio zulú es un proceso de centralización y fortalecimiento, y de un constante perfeccionamiento en su adaptación al medio y de expansión territorial, en cuyo análisis se debe incluir a Shaka Zulu, el jefe que inició la transformación de la tribu zulú en la nación guerrera más poderosa de África, que luego enfrentó exitosamente el avance del imperio británico.


Shaka Zulu

Este líder africano nació en 1787, y para la edad de 38 años ya había logrado construir un imperio, y había unido a todas las facciones tribales de la región de Sudáfrica.

Su pueblo eran los zulúes, que gracias a Shaka se unieron por primera vez en un estado poderoso y tuvieron un sentimiento de unidad que dura hoy en día. Sus acciones militares que lo llevaron por todo el sur de África perturbaron para siempre el balance de fuerzas de la región.

Para la época en que Shaka apareció en escena, el sur de África estaba habitado por una amplia variedad de grupos, desde los nativos xhosa y zulúes hasta los boers y los británicos. Cada grupo con sus intereses, que resultaron en diferentes batallas por territorios y recursos.

Era el hijo bastardo de Senzangakona, jefe de la tribu zulú. Su madre Nandi cayó en desgracia y junto al recién nacido fueron objeto de vejaciones, como ejemplo Shaka significa “escarabajo” en idioma zulú, por lo que Nandi decidió abandonar la tribu ante el peligro que Senzangakona acabara con la vida de su hijo para evitar problemas relacionados con el trono en un futuro.

Durante su exilio Shaka fue aceptado por la tribu Mthethwa en la cual sirvió durante varios años como guerrero, adquiriendo una experiencia que luego le serviría para analizar y perfeccionar las técnicas de combate. Asimismo desarrolló un físico imponente y una ambición despiadada e implacable. Cuando murió el príncipe heredero de la tribu para la que luchaba, Shaka Zulú fue nombrado sucesor, bajo el cobijo de Dingiswayo.

Con el tiempo Dingiswayo, pidió conocer al padre de Shaka Zulú y aunque al principio no le reconoció, acabó en reconciliación, lo que se tradujo en que cuando murió su padre y el jefe tribal Dingiswayo, fue nombrado su sucesor (aunque las malas lenguas dicen que Shaka se las apañó para asesinar a los otros herederos directos al trono). El se encargó de las dos tribus, comenzando así su ejército.

Rastrear los detalles del rey zulú, lo dificultan todas las distorsiones acumuladas sobre el acervo sociocultural de la comunidad que lideró, porque la mayor parte de los textos se remiten al perfil del guerrero.

Hay argumentos suficientes para reconocer la existencia de su talento natural y su condición de estratega militar, una categoría que debieron admitir los colonizadores europeos cuando igualaban al joven zulu con Napoleón.

El reinado de Shaka fue de 12 años (1816-1828), pero forjó una nación que originó un imperio en el sureste africano en el siglo XIX, el zulú, al que aportó valores y tradiciones que perduran hasta hoy, cuando aún existen como comunidades en Lesotho y Swazilandia.

El centro de la estructura social y de las tradiciones zulúes era la aldea, y su estructura correspondía a las necesidades de reproducción de la población. Todas las labores necesitadas para la subsistencia se encontraban en el círculo de chozas que formaban el caserío.

"La choza del marido siempre se erguía en el lado opuesto a la entrada del cerco. Y la choza de sus esposas estaba dispuesta a los lados, según su importancia", añaden recuentos históricos.

Era una sociedad rígidamente reglamentada y asignaba a hombres y mujeres cargos muy bien definidos. Ellas aceptaban su papel desde la infancia y se les instruía en los que se considerabas deberes femeninos: trabajar en los campos y en lo domestico.

No obstante, ellas disfrutaban derechos definidos. "Los padres estaban obligados a mantener a las hijas solteras, los esposos debían cuidar de sus esposas y los hijos eran responsables del bienestar de las madres cuando enviudaban".

Una reforma importante fue integrar a clanes derrotados en el zulú, en condiciones de igualdad. Se destaca que las promociones entre los guerreros y la administración pública eran por méritos y no propiamente por linaje.

También el rey debió vencer a la dirección espiritual, brujos, de la comunidad para garantizar la sumisión de la iglesia zulú al poder, lo cual da un sentido de unidad a la nación, ya convertida en imperio.

Lo primero que hizo fue trasladar su cuartel general y establecer el Amabutho, cuadros militares de jóvenes de la misma edad que fueron inculcados en disciplina, lealtad, coraje y determinación. Se cree que hacía ir a sus soldados descalzos sobre un terreno cubierto de espinos para endurecer las plantas de sus pies y así luchar descalzos para poder hacer maniobras más rápidas. 

También creó un nuevo arma, una especie de lanza corta (assegai) más manejable que podía ser utilizada también como arma corta proporcionando una nueva superioridad táctica ante las largas lanzas utilizadas en el resto de tribus. Organizó un sistema de milicias con hombres asignados a una unidad militar durante tres años consiguiendo que sus tareas militares fueran tan importantes como las de pastoreo, por lo que consiguió un ejército semi-profesional por decirlo de alguna manera. El rol de las mujeres también cambió, siendo asignadas para las tareas de suministro de víveres y logística del ejército durante sus campañas.

Shaka Zulu armado con una assegai
Una vez preparado su ejército atacó a un clan rival, los Bhutelezi, que fueron derrotados fácilmente, siendo ésta la primera campaña en una época denominada Mfecane, una parte de la historia africana en la que destacaba la violencia y el terror de algunos líderes para someter a sus adversarios. Por supuesto, Shaka fue uno de ellos.

Un poco más tarde, al conocer que Zwide, jefe de los Ndwandwe había derrotado y asesinado al jefe de los Mthethwa, Shaka buscó alianzas con otras tribus. Una de ellas lo despreció por lo que envió a sus Impi (ejército zulú) sometiendo y matando al jefe de la tribu, su sucesor se alió con él ayudándole a controlar la zona. Este hecho hizo que su fama en la zona aumentara considerablemente.


En 1818 libró su primera batalla contra Zwide en la que sufrió un gran número de bajas teniendo que reemplazarlas con guerreros aliados y endureciendo la disciplina. Un año más tarde sus exploradores descubrieron que Zwide preparaba una gran ofensiva, Shaka decidió levantar los asentamientos zulúes al norte de KwaBulawayo (literalmente "El Matadero". A medida que el enemigo avanzaba y alistando a todos los hombres disponibles. Esta táctica hizo que a los pocos días Zwide se quedara sin provisiones. Para intensificar el terror entre sus enemigos, guerreros zulúes se infiltraban en el campamento enemigo minando la moral de sus combatientes. Esta vez los Ndwandwe no fueron rival y Zwide fue ejecutado, los supervivientes perseguidos, la capital arrasada y sus habitantes ejecutados sin piedad.

Gracias a esta victoria sus dominios abarcaban desde el macizo de Drakensberg, en Lesotho, hasta el mar, con un área costera que abarcaba desde Puerto Natal hasta la bahía de Delagoa (actualmente Bahía de Maputo, en el sur de Mozambique).



Aunque lo más reiterado sobre este jefe tribal es su personalidad temible, se reconoce su genialidad al transformar "una tribu pequeña, en una nación" defensora de su territorio en guerras por ganado o para conquistar áreas.

Luego comenzó una reorganización de los guerreros zulúes, implementando un rígido programa de entrenamiento, nuevas armas estilo espadas que reemplazaban a las tradicionales lanzas. Y nuevas formaciones de ataque, bajo un estricto código de obediencia. Luego la sociedad zulú se reorganizó por completo en derredor del ejército.

En tan sólo unos pocos años ese ejército conquistó los territorios vecinos con lo que consiguió 200.000 nuevos súbditos. Su método era violento, pero de esa forma unificó a todos esos pueblos en una única y poderosa nación.

A partir de 1820, tanto holandeses como portugueses empezaron a penetrar en territorio africano y en 1824 un grupo de holandeses y británicos tuvieron contacto por primera vez con Shaka, éste les agasajó con marfil, una ceremonia ritual y varias demostraciones de la riqueza de la nación zulú. Durante esta visita Shaka sufrió un intento de asesinato del que resultó gravemente herido, siendo tratado y curado por un joven médico británico, Henry Finn. Este hecho hizo que Shaka se empezara a interesar por la cultura europea, en especial por la medicina.

Shaka empezó a formar una alianza con los británicos aunque fue estafado, los africanos no conocían el concepto de propiedad y se aprovecharon para hacerles “firmar” (usaban impresiones de sus huellas dactilares) los traspasos de tierras a la corona. Muchas veces para convencerles les regalaban armas y ginebra.

Se planteó trasladar la capital de la nación para establecer mejores relaciones con los británicos, especialmente en la compra de armas pero sucedió un hecho que le afectó gravemente, la muerte de su madre.

Cuando su madre murió, declaró un periodo de luto de más de un año. Durante este tiempo prohibió beber leche, los cultivos no fueron plantados y cualquier mujer que quedó embarazada resultó muerta, junto con su marido. Dio muerte a todas las vacas que dieron a luz, para que sus crías pudieran saber cómo se siente perder a la madre y unas 7000 personas fueron ejecutadas por no demostrar una tristeza suficiente que demostrara su inocencia en lo que parecía ser una especie de complot para asesinar a Nandi. 

Antes de 1824 Shaka tenía un ejército de 20.000 hombres y había destruido una superficie de terreno de 100 millas de ancho al sur de Tugela. En el momento de su muerte en 1828 gobernaba 250.000 personas y podría poner 40.000 guerreros en el campo después de haber matado a un estimado de 2.000.000 de personas durante su reinado. Su crueldad y las ejecuciones masivas lo mantuvieron en el poder hasta que empezó a sobreesforzar a su ejército y el malestar causado por el celibato forzado ya fue demasiado. Shaka había prohibido a sus tropas contraer matrimonio o que tuvieran propiedades. Creía que el matrimonio de algún modo degradaba su preparación militar. Esto fue claramente algo que molestaba a las tropas en silencio.

El 23 de septiembre 1828, sus hermanastros lo asesinaron. Su cuerpo fue enterrado rápidamente, pero la ubicación es desconocida, aunque se cree que es en algún lugar bajo el pueblo Stanger. Un líder de la guerra atormentado por los demonios de su infancia, Shaka sigue siendo uno de los grandes villanos de la historia militar, aunque a menudo se pasa por alto por los historiadores eurocéntricos.

También en Facebook en https://www.facebook.com/elkronoscopio/posts/1993469047545571