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domingo, 14 de junio de 2015

14 de junio de 1982 - en Puerto Argentino las tropas argentinas se rinden; la Guerra de las Malvinas termina restableciendo la administración británica sobre las Islas Malvinas.

El 14 de junio, quebradas las últimas líneas defensivas de la infantería que debe replegarse en medio de un desorden generalizado, se produce la rendición de las fuerzas argentinas en Malvinas la que es formalizada por Gral. Menéndez ante el Gral. británico Jeremy Moore. lo cual pone fin al conflicto armado pero no al litigio de soberanía que perdurará todavía a comienzos del siglo XXI.

Menéndez (izq) y Moore (der.)

A las 23:15 horas del 14 de junio de 1982, Margaret Thatcher comparecía ante la Cámara de los Comunes para informar a los diputados del repentino desenlace: el general Menéndez se había rendido y la Guerra de las Malvinas había, por fin, acabado.

Margaret Thatcher salía triunfal de una guerra que le ayudó lograr su reelección en 1983. Vítores y todo tipo de exclamaciones de júbilo se sucedieron en el Parlamento inglés cuando la primera ministra anunció el fin del conflicto. Fue felicitada incluso por el mismo líder de la oposición: «La noticia –dijo Michael Foot– es buena para todos: ha puesto punto final al derramamiento de sangre».

La rendición diplomática se instrumentó con dos tratados, aceptados por el gobierno del presidente Carlos Menem, sobre la base de la fórmula del paraguas, consistente en postergar indefinidamente el debate sobre la soberanía de las islas, mientras se acuerdan cuestiones económicas, que sólo benefician a Gran Bretaña. Por ello afirmaba el profesor Ricardo Paz, que el paraguas es un instrumento aceptado por las autoridades argentinas para facilitar a los ingleses el goce pacífico de la usurpación.

Por el primer tratado, de febrero de 1990, celebrado en Madrid, ambos países decidieron restablecer relaciones diplomáticas. Gran Bretaña dispuso cancelar la llamada Zona de Protección militar, en torno a las islas, pero reemplazarla por un sistema de información entre las Fuerzas Armadas, en un área similar a la anterior, y pese a declararse haber cesado las hostilidades. Como única explicación para tamaña concesión, el entonces canciller, Dr. Cavallo, declaró en la Cámara de Diputados (29/3/90): “hubo una guerra y la Argentina la perdió”. El profesor Baquero Lazcano calificó, por eso, a este tratado de rendición incondicional.

El segundo tratado, fue celebrado en septiembre de 1995, en Nueva York, y es un acuerdo sobre hidrocarburos en la zona de Malvinas. Establece una zona de 21.000 km2, donde las regalías petroleras serían a partes iguales (6 % para cada país); en la superficie restante (40.000 km2), el beneficio no será equitativo: 3 % para Argentina, 9 % para Gran Bretaña. Estos datos no están consignados con claridad, sino que surgen de la interpretación efectuada por los especialistas, ya que el Canciller Di Tella manifestó crípticamente que el tratado incluía: cosas escritas, cosas no escritas, y cosas deseadas. Lo escrito es un tratado, al igual que el de Madrid, aunque en ambos casos se los haya denominado declaraciones, para eludir la aprobación del Congreso.

El acuerdo petrolero contiene una trampa, iniciada en el tratado de Madrid, donde se incluyó un mapa de la Zona de Conservación Pesquera, de 150 millas en torno de las islas, fijada unilateralmente por Gran Bretaña. En ese mapa aparece un segmento recortado que fija de hecho una delimitación marítima entre Estados colindantes. En el segundo tratado, esta línea media indica las dos áreas especiales creadas para la explotación de hidrocarburos, configurando un stopell -reconocimiento indirecto de derechos-, que implica cerrar el paraguas y admitir tácitamente la soberanía británica sobre las islas, limitándose la Argentina a aceptar una parte de los beneficios económicos derivados de la explotación del petróleo en el Atlántico sur.

Es falso que la guerra perjudicó los derechos argentinos. En noviembre de 1982, la Asamblea General de Naciones Unidas, por resol. 37/9, declaró:
  • El mantenimiento de la situación colonial en Malvinas es incompatible con los ideales de las Naciones Unidas;
  • reafirma la necesidad de respetar los intereses de los habitantes (no de los deseos);
  • pide reanudación de negociaciones por la soberanía.
Esta resolución fue aprobada con el voto de EE.UU. y reiterada en 1983. En 1990 la Unión Interparlamentaria Mundial, con delegados de 112 países, consideró a la cuestión Malvinas una situación colonial. En 1996, la cumbre de Presidentes del Mercosur respaldó a la Argentina, y en 1998, también la OEA manifiesta su respaldo en la reunión de Lima.

Por su parte, en el informe Kershaw, elaborado por iniciativa del Parlamento británico, en 1983, se reconoce que:
"...problemas sustanciales diplomáticos, militares, financieros y económicos, seguirán enfrentando a GB y las islas Falklands a menos o hasta que se logre un acuerdo negociado de la disputa con la República Argentina”. 
El mismo informe reconoce que “el peso de la evidencia es más favorable al título argentino”.

La Constitución Nacional, en la reforma de 1994, en su Primera disposición transitoria, ratifica para la Argentina su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas, y que la recuperación es un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.

Aunque la gran mayoría de la opinión pública había apoyado la acción iniciada en abril, la derrota militar desencadenó una ola de aguda oposición y precipitó una crisis dentro de las Fuerzas Armadas.

Presionado por los mandos castrenses Galtieri debió renunciar a la comandancia del Ejército y a la Presidencia de la Nación. En las primeras funciones fue reemplazado por el General Cristino Nicolaides quien designó para sucederlo en la primera magistratura al General Reynaldo Bignone, que asumió el primero de julio. Ni bien inicio su mandato se reunió con representantes de todos los partidos para acordar una salida política y – poco después - convocó a las elecciones para el 30 de octubre de 1983.

Uno de los aspectos menos considerados cuando se recuerda la controvertida decisión de la Junta Militar argentina de 1982, de ocupar las Islas Malvinas, es el de los gobiernos latinoamericanos que ofrecieron o trajeron ayuda bélica contra los ingleses.

Fue un hecho geopolítico inédito en la historia continental desde las guerras de Independencia, aunque esa ayuda no significó en todos los casos apoyo político a la Junta genocida.

De hecho, este aspecto dividió aguas en el mapa diplomático latinoamericano. Los gobiernos de Chile, Colombia y Trinidad-Tobago se colocaron del lado de la potencia invasora, Inglaterra, y de su socio global, Estados Unidos.

Estados Unidos 

Acompañó a Inglaterra contra Argentina, un hecho previsible en la naturaleza imperial de ambos, en el contexto de la Guerra Fría y de la práctica regular de EEUU en la región. El asunto es que con ese apoyo, EEUU contravino todo lo pautado en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíoproca, TIAR. 

El TIAR ha sido en realidad un instrumento político - militar en manos de Estados Unidos para garantizar su hegemonía en el hemisferio. El mismo ha sido invocado por la OEA cada vez que han surgido peligros para esta hegemonía. Por el contrario ha sido ignorado cuando las naciones de América han sido agredidas por poderes aliados de Estados Unidos, como en el caso de la Guerra de las Malvinas.

El TIAR ha sido invocado al menos 20 veces durante los años 1950 y 1960. Particularmente durante la Crisis de Octubre en 1962 o la guerra entre Honduras y El Salvador (1969). Sin embargo nunca fue puesto en acción debido a amenazas de la Guerra Fría. La más reciente invocación del TIAR ha sido la de Estados Unidos después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.

El tratado, más allá de la voluntad de los países firmantes, sólo fue útil a los intereses de Estados Unidos. El conflicto de las Malvinas significó el acta de defunción del TIAR y con él del mecanismo de seguridad y defensa establecido en el continente para la Guerra Fría. Durante la Guerra de las Malvinas, se trató de hacerlo efectivo. Sin embargo, Estados Unidos, que era tanto miembro del TIAR como de la OTAN, prefirió cumplir las obligaciones de la OTAN de la cual el Reino Unido era integrante.

Una de las razones para no cumplir el TIAR esgrimida por Estados Unidos era que Argentina había comenzado la guerra - por la invasión de las Islas Malvinas- al ocupar territorio por la fuerza, por tanto no correspondía su aplicación.

El TIAR fue promovido por Estados Unidos en 1947 para congregar a los Estados latinoamericanos y a EE.UU en un sola entidad militar ante a la amenaza militar de Europa. Según el TIAR, todo Estado parte estaba obligado a defender a cualquiera de sus miembros cuando fuera amenazado o atacado por un Estado extra continental. En 1982 hizo lo opuesto.

En aquella década, ese riesgo solo venía de la Europa fascista y el Japón, derrotados dos años antes, en 1945, y del propio Estados Unidos, que metía sus Fuerzas Armadas donde le daba la gana. Al gobierno estadounidense, el TIAR le servía para controlar los ejércitos y Estados latinoamericanos, con guerra o sin ella.

Su uniteralidad, en vez de mantener neutralidad por pertenecer a dos tratados de defensa, le valió a los Estados Unidos el descrédito internacional. Ésta fue una de las razones de México para renunciar al tratado. En junio de 2012, cuatro países pertenecientes al ALBA: Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Venezuela, decidieron retirarse del TIAR, alegando su obsolecencia como mecanismo de seguridad regional

La Junta Militar esperaba lo contrario, debido a su sociedad con Washington desde 1976. Esto explica la reacción sorprendida de Rónald Reagan, al decir: "Nunca creí que se iban a atrever". El Departamento de Defensa había actuado directamente desde 1976 en Argentina "contra el riesgo comunista", con el mismo criterio geopolítico que lo había hizo en Chile desde 1970, en Brasil durante el gobierno de Goulart, en Guatemala contra Árbenz, en la Argentina de 1955, y en otros países, regidos por la Doctrina de Seguridad Nacional y la disputa global de la Guerra Fría.

Colombia

En lo que hace al apoyo de Colombia al Reino Unido, primó en el ánimo de Turbay la difícil relación con Brasil, a quien Bogotá veía aliada a Buenos Aires, y la cercanía a Estados Unidos, cuyo respaldo para la lucha contra el narcotráfico empezaba a ser un tema central.

Chile

En el año 2005, en el programa Informe Especial salió a luz el apoyo que Chile le prestó al Reino Unido. Uno de los miembros de la Junta Militar de Chile, el General Fernando Matthei, afirmó que Chile apoyó al Reino Unido. Aviones británicos con insignias chilenas sobrevolaban la Patagonia chilena y usaban bases chilenas como centros de operaciones. Además un gran número de soldados chilenos se trasladaron al sur de Chile a las fronteras, alarmando a Argentina y provocando que tropas argentinas se trasladaran a esa zona. Finalmente se supo que Chile había ayudado al Reino Unido porque en caso de una victoria argentina, el próximo objetivo serían ellos, dado que saldrían fortalecidos de la guerra y volverían a reflotar el conflicto por las islas Nueva, Picton y Lennox (Operación Soberanía), con el cual ambos países estuvieron a pocas horas de una guerra en 1978. 

La derrota argentina en la guerra impidió la invasión a Chile que había planeado Galtieri y la marina de guerra tras una exitosa campaña en las Malvinas. En una entrevista con la revista Perfil, el entonces Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea Argentina, Basilio Lami Dozo, dio a conocer las intenciones de Galtieri: “Que [los chilenos] saquen el ejemplo de lo que estamos haciendo ahora porque después les toca a ellos”. También Oscar Camilión, el último ministro de Relaciones Exteriores de Argentina antes de la guerra (29 marzo 1981 al 11 diciembre 1981), en sus "Memorias Políticas", confirmó el plan argentino de invasión: «Los planes militares eran, en la hipótesis de resolver el caso Malvinas, invadir las islas en disputa en el Beagle. Esa era la decisión de la Armada…». 

Algunos sectores de la opinión pública argentina ya anunciaban abiertamente en los medios la próxima invasión a Chile, como el periodista Manfred Schönfeld en el periódico "La Prensa" del 2 de junio de 1982: «Para nosotros no lo estará [terminada la guerra], porque, inmediatamente después de barrido el enemigo de las Malvinas, debe serlo de las Georgias, Sandwich del Sur y de todos los demás archipiélagos australes argentinos,...». Posteriormente fue posible la firma del tratado de 1984 con Chile.

Margaret.Thatcher y Augusto Pinochet
En sentido contrario, la mayoría del resto de naciones apoyaron a Argentina como Nación, aunque algunos gobiernos se conformaron con el gesto diplomático.

Los gobiernos de Perú, Venezuela, Cuba, Nicaragua y República Dominicana, aportaron pertrechos bélicos o lo ofrecieron sin haberlo podido entregar, o lo enviaron y la Junta Militar lo abandonó.

Esto ocurrió, a pesar de que algunos gobiernos adversaran al gobierno militar, incluso con denuncias en organismos internacionales por violación de derechos humanos. Para el año 1982, la Junta Militar, comandada en ese momento por el General Leopoldo Fortunato Galtieri, ya estaba denunciada en decenas de países y organismos, por múltiples asesinatos, detenciones masivas, desapariciones y persecución indiscriminada.

Lo que no esperaban, tanto la Junta como Londres y Washington, era que varios gobiernos adoptaran posturas independientes y apoyaran la reivindicación de Argentina en Malvinas, incluso en el terreno militar, como establecía el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

Entre los países que se destacaron por haber hecho efectivo un aporte militar para enfrentar a los ingleses, se cuentan Perú y Venezuela. Ambos gobiernos convocaron a sus poblaciones a la calle contra Inglaterra. Otros quisieron, pero no pudieron o no se atrevieron.

Bajo la responsabilidad criminal de Galtieri y la Junta Militar esa ayuda militar fue mal utilizada o simplemente defraudada, bajo el mismo criterio irresponsable y oportunista con el que había sometido al país a una guerra técnicamente tan desigual, usufructuado muchas donaciones de la población, y manipulado la voluntad nacionalista de los combatientes.

  



Miles de residentes bolivianos en el noroeste argentino se anotaron para ir a combatir a nuestras islas. En esos días, en los consulados argentinos de Asunción, La Paz y Lima se observaban largas colas de paraguayos, bolivianos y peruanos inscribiéndose.

Perú

Se supo también que Perú, gobernado en esos años por Fernando Belaúnde Terry, no sólo apoyó a Argentina diplomáticamente, sino también militarmente y con acciones de inteligencia, pertrechos militares y medicinas. Perú aportó una escuadrilla de por lo menos diez Mirage V, artillados con misiles teledirigidos AS30, todos fueron despachados clandestinamente del Perú a Argentina, en abril y mayo de 1982. Una Comisión Investigadora del Senado peruano reveló la ayuda militar años después en una Sesión reservada del 23 de setiembre de 1991. Además Perú movilizó su flota naval al sur, frontera que comparte con Chile, con el propósito de neutralizar el movimiento militar chileno a la Patagonia. Las fuerzas armadas peruanas estaban listas para entrar en acción si Chile tomaba parte en el conflicto. Perú fue uno de los pocos aliados de Argentina que la apoyó abiertamente durante el conflicto.


Venezuela

En Venezuela, el gobierno socialcristiano de Luis Herrera Campins, bajo la presión de un poderoso movimiento nacional contra los británicos y EEUU, decidió aportar piezas militares, en una acción temeraria, tratándose de un país y un gobierno que estaban sometidos a Washington mediante el petróleo. El momento internacional no era menos complejo. Dos situaciones -las de delimitación con Colombia y reclamación territorial a Guyana- fueron especialmente significativas para el momento en que se inició la crisis y los enfrentamientos entre Argentina e Inglaterra.

A finales de 1980 el gobierno había presentado a consulta un proyecto de acuerdo de delimitación de áreas marinas y submarinas con Colombia, conocido como “Hipótesis de Caraballeda”, que fue ruidosamente objetado en el país con duras críticas a lo que algunos sectores consideraron una propuesta entreguista. En el mismo año 1982, se vencía el plazo de suspensión temporal de las conversaciones con Guyana respecto al territorio reclamado por Venezuela, y a mediados de ese año el gobierno resolvió reactivar el caso. Es decir, que había una fuerte sensibilidad de importantes sectores del país hacia los temas territoriales y mucha atención a la actitud del gobierno del presidente Herrera.

Entre académicos y formadores de opinión era entonces muy socorrida la analogía entre el caso de Las Malvinas, ocupadas por los ingleses en 1833, y el de la expansión inglesa sobre territorio venezolano a partir de las líneas arbitrariamente trazadas por el explorador Robert Schomburgk a partir de esos mismos años, desde 1835.

Tanto o más que esa similitud histórica y geopolítica, pesaba otra historia: la tradición de la doctrina Monroe que –frente a los peligros ciertos de intervención europea- había sido vista con buenos ojos por muchos latinoamericanos en el siglo XIX y a comienzos del XX. Pero la capacidad hemisférica de reacción ante la respuesta armada inglesa se perdió completamente cuando el gobierno de Ronald Reagan dio apoyo al de la primera ministra Margaret Tatcher, no sólo verbal sino logístico, a la movilización de los buques ingleses.

La posición de Venezuela incluyó la presión para que el Tratado interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) se pronunciase a favor de la tesis argentina, por el retiro de las fuerzas inglesas y promoviendo una salida pacífica. Esa iniciativa fue aprobada por la vasta mayoría de los cancilleres latinoamericanos. Las excepciones fueron Chile, Colombia, Estados Unidos y Trinidad y Tobago, cuya posición objeto en aquellos meses de mucha atención y reflexión.

Así, a pesar de que gobierno argentino era un régimen militar ya para entonces muy desprestigiado por su violación de derechos humanos y no obstante que el gobierno venezolano había concentrado buena parte de sus esfuerzos internacionales en Centroamérica (de modo que se coincidía con ciertas posiciones de Estados Unidos respecto a las transiciones a la democracia en el istmo), la crisis de Las Malvinas propició el acercamiento latinoamericano en torno a la idea de organizarse en un foro sin Estados Unidos, el país que había olvidado lo bueno que tenía la doctrina Monroe y que había preferido la OTAN a la OEA y el TIAR.

El general de las Fuerzas Aéreas de Argentina, Rómulo Henriquez, ex agregado militar en Washington durante el gobierno de Arturo Illía, declaró EN 1999 para el libro Reportaje con la Muerte, que dos aviones de la Fuerza Aérea de Venezuela llegaron clandestinamente a Tucumán en mayo de 1982. Esos aviones nunca fueron usados y permanecieron en hangares militares de esa ciudad durante años. (Reportaje con la Muerte, pág. 171, M.E. Guerrero, Ediciones B, Buenos Aires 2002).

Además de los dos aparatos, la Junta recibió gran cantidad de municiones de 7.62mm, bombas MK-82/84, algunos torpedos y tanques lanzables para Mirage III y repuestos para éste avión.

República Dominicana

ofreció públicamente el envío de tropas para apoyar a la Argentina, pero nunca salió de puertos dominicanos. 

Uruguay

Había mantenido una posición equidistante, modificó parcialmente su postura y ofreció ser mediador en el canje de prisioneros entre la Argentina y Gran Bretaña, preparó el Operativo Maíz para habilitar el Hospital Militar y el Hospital Maciel para recibir heridos argentinos de guerra, y además, habría pasado datos al gobierno argentino para detectar submarinos y buques sospechosos, pero esto nunca fue confirmado.

Cuba

Había cumplido órdenes de Moscú favorables a la dictadura en 1976, decidió facilitar información de la KGB en Londres sobre el lugar del desembarco de las fuerzas inglesas. La Habana ofreció dos batallones de casi 6.000 hombres de tropas especializadas en combate en clima frío, entrenados por los rusos en Siberia, además, de aviones MIG-21 pilotados por cubanos, MIG-23BN Flogger H, especializada en ataques antibuque y submarinos clase "Foxtrot". Ninguno de esos aparatos o equipos pudieron desembarcaron en territorio argentino.

Nicaragua

Otro gobierno que tampoco pudo cumplir su ofrecimiento de ayuda militar fue Nicaragua. Públicamente había anunciado estar dispuesta a enviar tropas entrenadas en la guerra a los "Contras", además de municiones para los cañones AA de 20 y 35mm. Panamá, un pequeño país del Istmo, con un pequeño ejército, se limitó al apoyo diplomático.


Fidel Castro (der.) y el canciller argentino Nicanor Costa Méndez (izq.)
Fuera de América, pocos fueron los países que se atrevieron a colocarse del lado argentino:

España

Fue el único país europeo-occidental que condenó el ataque británico y votó contra la Resolución de la ONU, y trascendió que habría enviado "extraoficialmente" indicaciones técnicas sobre los Harriers ingleses, por ser el mismo modelo operado por su Armada.

URSS

La Unión Soviética, en agradecimiento a Argentina por el trigo y la carne aportada contra el embargo norteamericano, suministró fotos satelitales y utilizó aviones TU-95 desde Angola para seguir a la Flota británica. Se sabe que también desplegó en la zona de conflicto un submarino nuclear y uno de propulsión convencional para hacer seguimiento a los buques británicos. 

Irlanda e Italia

Se limitaron, como lo hicieran Panamá y otros países latinoamericanos aliados de EE.UU, al apoyo diplomático. 

Libia

En cambio, el gobierno de Kadaffi en Libia, ofreció la lista de armas de guerra más completa, incluyendo misiles, municiones y minas personales y antitanque, además del compromiso de buscar misiles AM.39 en el mercado negro de armas. Nunca se pudo confirmar si este paquete llegó y fue usado en Malvinas contra el imperio inglés.


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