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jueves, 28 de noviembre de 2019

29 de noviembre de 1929 - Richard Evelyn Byrd, explorador, marino y aviador estadounidense, sobrevuela el Polo Sur.

Richard Evelyn Byrd nació en una famosa familia de Virginia en 1888. Ingresó a la Academia Naval de los Estados Unidos a los 20 años y fue comisionado en 1912. Su pasión por el avión comenzó durante la Primera Guerra Mundial cuando aprendió a volar en la Marina de los EE.UU. y sirvió como piloto en la Primera Guerra Mundial. Posteriormente, Byrd se convirtió en instructor de vuelo de la Marina de los EE.UU. Un excelente navegante, fue desplegado por la marina en Groenlandia en 1924 para ayudar a explorar la región del Ártico por aire. 


Habiendo volado al Polo Norte y sobre el Atlántico, Byrd se propuso volar al Polo Sur. En 1929 lanzó la expedición más grande y costosa a la Antártida que se hubiera intentado. Los objetivos de la primera Expedición Antártica Byrd I (BAE I) fueron dobles. Primero, hacer el primer vuelo al Polo Sur. Segundo, servir a la ciencia al traer expertos para estudiar meteorología, geología, zoología, geografía, fotografía aérea y otras disciplinas. También estaba equipado para estar en contacto por radio con el mundo exterior.

Desde la primera expedición de Byrd hasta 1955, once expediciones, salieron de los Estados Unidos hacia la Antártida. Byrd participó en seis de ellas, cuatro de ellos patrocinados por el gobierno de los Estados Unidos. Sus exitosos vuelos polares, sin duda, se debieron a su experimentación pionera durante la Primera Guerra Mundial de volar sobre el agua fuera de la vista de la tierra. La navegación de estos primeros hidroaviones sin puntos de referencia visuales como ayuda lo llevó a experimentar con una serie de instrumentos científicos que van desde indicadores de deriva hasta sextantes de burbujas. Su reputación de este trabajo fue responsable de una cita de la Armada de los Estados Unidos para planificar la navegación de vuelo en 1919 de los hidroaviones de la Armada de los Estados Unidos 

La Expedición Byrd fue la primera expedición estadounidense en explorar la Antártida desde la Expedición de Exploración de los Estados Unidos bajo Charles Wilkes en 1840. Esta expedición exploratoria organizada por Richard E. Byrd en 1928 puede considerarse la primera de la era mecánica de la exploración en la Antártida. El programa fue el primero de su tipo en utilizar el avión, la cámara aérea, la moto de nieve y los recursos de comunicación masivos. Aunque Sir Hubert Wilkins, el 6 de noviembre de 1928, fue el primero en volar un avión en la Antártida, precedió a Byrd por solo diez semanas. (Byrd voló por primera vez el 15 de enero de 1929). Sin embargo, los vuelos de Byrd, hechos con tres aviones (monoplano Ford, Fokker Universal y un monoplano Fairchild), fueron mucho más significativos que Wilkins ya que se hicieron en latitudes más altas y se vincularon con estudios de tierra.

Los exploradores partieron en el otoño de 1928, construyendo un gran campamento base llamado "Little America" ​​en la plataforma de hielo Ross, cerca de la Bahía de las Ballenas. Desde allí, realizaron vuelos a través del continente antártico y descubrieron un territorio muy desconocido.


La tarde del 28 de noviembre de 1929, Byrd como navegante, el piloto Bernt Balchen, Harold June como copiloto y operador de radio y McKinley como fotógrafo aéreo, despegaron de Little America en dirección al Polo Sur. a bordo del Floyd Bennett, un avión Ford Tri-Motor que Edsel Ford donó al Comandante Richard E. Byrd, Ford también había ayudado previamente a Byrd con un avión para su vuelo sobre el Polo Norte en 1927. Byrd nombraría el avión Ford Tri-Motor en honor a su colega y amigo aviador naval, Floyd Bennett, quien murió de neumonía en 1928. 

El Floyd Bennett
Para fines de navegación, las brújulas magnéticas eran inútiles tan cerca del Polo Sur Magnético. Por lo tanto, la confianza se basó únicamente en la brújula solar. Balchen voló hacia el sur. Poco después de la medianoche del 29 de noviembre de 1929, el Floyd Bennett voló sobre el Polo Sur. Byrd dejó caer una pequeña bandera estadounidense y a la 1:25 am dirigió el avión hacia Little America, donde aterrizando con seguridad a las 10:11 a.m. completando el viaje en 18 horas y 41 minutos. 

A su regreso a los Estados Unidos, Byrd recibió la bienvenida de un héroe. No solo había volado al Polo Sur, sino que también mapeó grandes extensiones de territorio desconocido y conocimientos geológicos, magnéticos y meteorológicos avanzados sobre la Antártida. El Congreso promovió a Byrd como Contralmirante.


En 1933, Byrd dirigió una segunda expedición a la Antártida. Durante el invierno de 1934, pasó cinco meses atrapado en una estación meteorológica a 123 millas de Little America. Finalmente fue rescatado enfermo en agosto de 1934. En 1939, Byrd tomó el mando del Servicio Antártico de los Estados Unidos a pedido del presidente Franklin D. Roosevelt y dirigió una tercera expedición al continente. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en el personal del jefe de operaciones navales. Después de la guerra, Byrd fue nombrado oficial a cargo del Proyecto de Desarrollo Antártico. Su cuarta expedición antártica se llamó en clave Operación Highjump, cuya denominación oficial era The United States Navy Antarctic Developments Program, 1946-47, la más grande que se haya intentado hasta la fecha. Trece barcos y 4.000 hombres emprenderían el viaje, nuevamente fotografiando y mapeando grandes franjas de la Antártida. Byrd volvería a volar sobre el Polo Sur, esta vez tirando un paquete que conteniendo todas las banderas de los miembros de las Naciones Unidas. 

La Fundación Nacional de Ciencia conmemora el 50 aniversario
del vuelo de Byrd al Polo Sur, 29 de noviembre de 1979
En 1955 ayudó a encabezar la Operación Deep Freeze, que estableció bases antárticas permanentes en McMurdo Sound, la Bahía de las Ballenas y el Polo Sur. Fue su último viaje a la Antártida. Murió el 11 de marzo de 1957 en Boston, mientras dormía. Estaba preparando otra expedición con objeto del Año Geofísico Internacional 1957-58.

entrevista a Richard Byrd realizada para la TV

Fuentes:
• south-pole.com
• admiralbyrd.com
• Patriots Point - Naval & Maritimr Museum 
• Wikipedia

También en Facebook en
https://www.facebook.com/elkronoscopio/posts/3041453599413772

sábado, 29 de julio de 2017

29 de julio de 1958: Se funda la NASA

Por lo general, asociamos el nombre de la NASA a la exploración espacial y a misiones tripuladas o no, al espacio. Aunque, en efecto, esa es su actividad principal, lo cierto es que las investigaciones y desarrollos de la agencia norteamericana van mucho más allá. Todos sus trabajos son fascinantes y de una manera u otra, repercuten en nuestras vidas. 


A lo largo de su historia la NASA ha impulsado algunos programas espaciales con un alto valor estratégico. El Programas Mercury tenía la finalidad de estudiar la posibilidad de que el hombre habitara otros planetas. El Programa Géminis fue el preámbulo del Programa Apolo, el proyecto de enviar un hombre a la Luna (que culminó satisfactoriamente en 1969). El Programa Apolo tuvo varias misiones, las cuales se orientaron a investigaciones sobre temas muy diversos: sobre fuentes de energía, sismología, campos magnéticos, tormentas solares, meteorología, etc. El conjunto de las investigaciones se tradujo en avances en campos diferentes, especialmente en el ámbito de las telecomunicaciones, la computación y la ingeniería.

El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética lanzaba al espacio el Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia, una esfera de 58 cm de diámetro, y con 183 libras de peso, que recorrió la órbita alrededor de la Tierra en 98 minutos. 


La noticia corrió como la pólvora por EE UU y por todo el mundo. El insistente 'bip-bip' que emitía el satélite hizo que la Bolsa de Wall Street bajara, que el New York Times afirmara que el país se encontraba en una "carrera por la supervivencia" y que el científico norteamericano George P. Rice llegara a escribir que, a menos que hubiera un cambio de actitud evidente, era "razonable esperar que no más tarde de 1975 los Estados Unidos sean parte de la URSS", según cita Ricardo Artola en su libro "La Carrera espacial". 

El Sputnik tomó a los estadounidenses por sorpresa y provocó miedo de que los soviéticos tuvieran la capacidad de enviar misiles con armas nucleares desde Europa hasta Estados Unidos. Los EEUU, por su parte, siempre habían estado al frente de los avances tecnológicos y ante la posibilidad de perder su posición ventajosa, inmediatamente comenzaron a desarrollar una respuesta, marcando el inicio de la carrera entre ambas naciones por conquistar el espacio.

Por su parte, la URSS comprendía el poder propagandístico internacional de sus logros espaciales. Tanto es así que, desoyendo a los técnicos, el presidente soviético, Kruschev, adelantó el tercer Sputnik al 15 de mayo de 1958, poco antes de las elecciones legislativas italianas. Según parece, esperaba impresionar a los electores y así apoyar al partido comunista más importante de Europa occidental. El satélite fracasó en su misión pero el PC de Italia fue la segunda fuerza más votada. El Sputnik fue el pistoletazo de salida para una loca carrera que ocuparía los doce años siguientes. Los soviéticos demostraron que eran los más espabilados de la clase: por poco o por mucho, lograban casi todos los hitos espaciales antes que sus rivales americanos. La URSS mandó al primer ser vivo al espacio (la perrita Laika), al primer hombre (Yuri Gagarin) y a la primera mujer (Valentina Tereshkova), y realizó el primer paseo espacial. 

Tan vital era esta competición que los dos países no repararon en utilizar para sus proyectos espaciales a dos genios de historiales poco 'limpios' para sus gobiernos: los americanos no habrían llegado a la Luna sin el trabajo de Wernher von Braun, el alemán que diseñó las V-2 que bombardearon Londres durante la Segunda Guerra Mundial y que 'acogieron' tras el conflicto, y los soviéticos deben gran parte de sus éxitos a Sergei Pavlovich Korolev, torturado por "subversión en el campo de la tecnología" en 1939 y preso en el Gulag hasta 1945.

Dwight Eisenhower
El 29 de julio de 1958, el presidente Dwight Eisenhower fundó la Administración Aeronáutica y Espacial Nacional (NASA) con una orientación de marcado carácter civil, en lugar de militar, fomentando las aplicaciones pacíficas de la ciencia espacial. El 29 de julio de 1958 se aprobó la National Aeronautics and Space Act (Ley Nacional de Aeronáutica y del Espacio), desestabilizando así el antecesor de la NASA, el Comité Consultivo Nacional para la Aeronáutica (NACA). El 1 de octubre de ese año comenzó a funcionar la nueva agencia como respuesta de los americanos al inicio de la carrera espacial de los soviéticos. De esta manera, ambos países protagonizaron durante las siguientes décadas la denominada carrera especial (space race) en el contexto de la guerra fría.

En diciembre del mismo año, los estadounidenses trataron de poner en órbita el satélite Vanguard, pero este explotó durante su despegue.


El 31 de enero de 1958 los americanos tuvieron mejor suerte con el Explorer I, que orbitó la Tierra exitosamente. En julio de ese año, se establece oficialmente la NASA, para lograr el objetivo de ganar la carrera por la conquista del cosmos.

Desde entonces, la mayoría de los esfuerzos de exploración espacial de Estados Unidos han sido dirigidos por la NASA, incluyendo las misiones Apolo de aterrizaje en la Luna, la estación espacial Skylab, y más tarde el transbordador espacial. Actualmente, la NASA está apoyando la Estación Espacial Internacional, explorando Marte con robots y está supervisando el desarrollo del vehículo multiuso de tripulación Orión, el sistema de lanzamiento espacial y vehículos Commercial Crew Development (tripulados comerciales). La agencia también es responsable del Programa de Servicios de Lanzamiento (LSP), que presta servicios de supervisión de las operaciones de lanzamiento y la gestión de la cuenta regresiva para lanzamientos no tripulados de la NASA. También ha lanzado muchos satélites orbitales que han sido fundamentales tanto para la navegación como para predecir el clima y desarrollar las comunicaciones globales.


En mayo de 1961 el presidente John F. Kennedy lanzó el reto de llegar a la Luna antes de que terminara la década, algo que se logró el 20 de julio de 1969, con la llegada del astronauta Neil Armstrong junto a Buzz Aldrin a la superficie lunar, a bordo de Apolo XI. La NASA continuó desarrollando programas de investigación y jugó un importante papel en la construcción de la Estación Espacial Internacional. 


Pero la agencia también ha sufrido fracasos y retrasos, como la explosión en 1986 del transbordador Challenger, que explotó en pleno vuelo matando a toda la tripulación ante las cámaras de la televisión que transmitían el evento. Lo mismo sucedió en 2003 con el trasbordador Columbia.

La actividad de la NASA ha suscitado muchos recelos. Por este motivo se habla de su lado oculto, es decir, intenciones no oficiales que se mantienen en secreto. Los supuestos secretos de la NASA son muy variados: construcciones humanas en la Luna que datan de la antigüedad, el contacto con extraterrestres o misiones con fines desconocidos. También hay investigaciones que comentan la información restringida de la NASA (el Área 51 es el nombre que recibe el departamento con proyectos confidenciales).


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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Explorando la Antártida

La historia de la Antártida es la historia de los últimos grandes exploradores de nuestro planeta. Este continente, el último descubierto por el hombre, estuvo reservado durante años sólo a unos pocos aventureros, hombre llenos de coraje e ilusión dispuestos adentrarse en el último sector desconocido del planeta.
“Se buscan hombres para viaje peligroso. Bajos salarios. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro permanente. Regreso sano dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.
Así cuenta la historia que Ernest Shackleton, uno de los más grandes íconos de la exploración Antártica, convocó a los miembros de una de sus odiseas polares.

Los viajeros que cruzaban el Cabo de Hornos frecuentemente se encontraban con vientos en contra y eran llevados al sur hacia cielos nivosos y mares con hielo; sin embargo ninguno de ellos hasta 1770, que se sepa, habría alcanzado el círculo polar. La historia del descubrimiento de tierra en los 64° S por Dirk Gerritz a bordo del Blijde Boodschap en 1599 fue mostrado como el resultado de un malentendido de un relator, Kasper Barlaeus, en 1622. Una historia similar de un avistamiento de "montañas cubiertas de nieve" más allá de los 64° S en 1603 fue relatada por el español Gabriel de Castilla. Existe controversia acerca de si las Georgias del Sur fueron avistadas en 1675 por La Roche.


Puede decirse con certeza que todos los navegantes que llegaron a los hielos del sur hasta 1750 lo hicieron involuntariamente al ser desviados de sus cursos. Una excepción puede hacerse quizás en favor del viaje de Halley en el HMS Paramour para investigaciones magnéticas en el Atlántico Sur cuando se encontró con los hielos en los 52° S en enero de 1700; pero ésa fue su latitud más austral. Un determinado esfuerzo de parte del oficial naval francés Pierre Bouvet de descubrir la tierra del sur descrita por un semi-legendario sieur de Gonneyville tuvo como resultado el sólo descubrimiento de la Isla Bouvet en 54° 25' S - 3° 24' E, con hielos cerca de los 55° S en 1730. En 1771 Yves-Joseph de Kerguelen-Trémarec zarpó de Francia con instrucciones de ir al sur desde Mauricio en busca de un "continente muy grande". Avistó una tierra en los 50° S que llamó Francia del Sur, y que creyó era la masa principal de un continente austral. Fue enviado otra vez para completar la exploración de la nueva tierra, y se encontró que era una isla inhóspita y la rebautizó como Isla de la Desolación, pero posteriormente fueron reconocidos sus esfuerzos bautizándola como Tierra de Kerguelen.

Hasta el siglo XVIII, esta región era una mancha blanca inexplorada en el mapa. Finalmente se convirtió en el objetivo de muchas naciones.

El británico James Cook (1728-1779) cruzó por primera vez el círculo polar sur el 17 de enero de 1773. Sin embargo, como no vio tierra alguna además de hielo, de ahí en adelante en todo el mundo a este paraje se le quedó el sobrenombre de "terra incognita".

Incluso la segunda circunnavegación de la región antártica, bajo la dirección de Fabián Gottlieb von Bellingshausen (1778-1852), báltico alemán al servicio de Rusia, sólo llevó al descubrimiento de algunas islas.

En cambio, durante su expedición (1822-1824), el ballenero James Weddell (1787-1834) penetró hasta 74°14'S en lo que más tarde se llamaría en su honor el Mar de Weddel. Así, el problema seguía sin ser resuelto.

Alrededor de 1840, durante el breve periodo caracterizado científicamente por la llamada "cruzada magnética", la expedición francesa (1837-1840), en busca del polo magnético del Hemisferio Sur, dirigida por Jules Sébastien César Dumont d'Urville (1790-1842), descubrió la Tierra Adelia.

La expedición estadounidense (1839-1842), al mando de Charles Wilkes (1798-1877), avistó la Tierra Wilkes y cartografió desde el barco cerca de 2.000 kilómetros de línea costera. Finalmente, el británico James Clark Ross (1800-1862) logró llegar hasta 78°10'S durante su expedición (1839-1843). Descubrió el Mar de Ross y la barrera de hielo de Ross, así como la extensa Tierra Victoria. Finalmente, Ross llegó a aproximadamente 300 Km. del polo magnético y determinó su posición en 75°05'S y 154°08'E, cerca de la que había calculado teóricamente el astrónomo y experto en magnetismo de Gotinga, Carl Friedrich Gauss (1777-1855).

Antes y después de ese periodo de descubrimientos, sólo los balleneros y los cazadores de focas se arriesgaban en aguas antárticas para regresar a casa con abundante carga.

Sus descripciones de las tierras como partes de un collar de perlas en el círculo polar antártico sólo aumentaron parcialmente la imagen de una terra incognita.

No fue sino hasta el VI Congreso Internacional de Geografía, que tuvo lugar en 1895 en Londres, que los participantes llegaron a la resolución de que la exploración de la región antártica era el más importante de los problemas geográficos que quedaban por resolver y, por tanto, recomendaron a la sociedad científica del mundo entero que solucionara dicho problema antes del fin del siglo XIX. Todavía no se sabía si la Antártida era un atolón gigante lleno de hielo o un continente cubierto de hielo. Sin embargo, esto pronto sería resuelto.

Primeras invernadas antes de 1900

En el verano de 1897, apoyándose en la recomendación de Londres, una expedición belga al mando de Adrien de Gerlache de Gomery (1866-1934) partió a bordo del Bélgica hacia la Tierra de Graham (hoy península antártica), donde descubrieron, entre otras cosas, el largo Estrecho de Gerlache en el lado occidental de la Península Antártica.

Cuando el buque se quedó varado en el hielo cerca de la costa antártica a unos 85°O, la expedición belga se vio obligada a invernar a bordo del barco. Fue la primera en realizar una observación meteorológica continua durante todo un año.

Sin embargo, no había un programa de investigación previamente establecido, así que los resultados científicos fueron producto de la casualidad y dependieron del afán de investigación de los estudiosos respectivos. De manera notable, Gerlache había elegido a los miembros de la expedición según su capacidad, independientemente de su nacionalidad. A bordo del Bélgica había dos polacos (Henryk Arctowski, 1871-1958), para las tareas geológicas, meteorológicas y oceanográficas, y un asistente para las observaciones meteorológicas), así como un biólogo rumano. También participaban, como médico experto de la expedición, el estadounidense Frederick Cook (1865-1940), que había explorado antes con Robert Peary el norte de Groenlandia, y el noruego Roald Amundsen (1872-1928), como segundo oficial.

El resto de la tripulación consistía de belgas y noruegos. Pero en marzo de 1899, el Bélgica, que se encontraba varado en el hielo, logró salir a la corriente helada y quedó libre otra vez.

El 28 de marzo de 1899, desde Punta Arenas Gerlache informó por radiotelegrafía el buen resultado de la invernada en la Antártida. Sin embargo, en 1898 hubo que lamentar dos víctimas, pues además de un marinero que cayó por la borda durante una tormenta, también murió el geofísico Emile Danco (1869-1898) de lo que entonces se llamó "anemia polar" y que, según los conocimientos actuales, fue causada principalmente por deficiencia vitamínica.

A su regreso, el meteorólogo Arctowski pudo presentar a la opinión pública mundial los primeros datos meteorológicos del ciclo anual completo de la Antártida. Mucho antes de que se desarrollara la teoría del frente polar en la década de 1920, determinó mediante sus observaciones que en la Antártida circulaban zonas de baja presión en forma de ondas. Arctowski mostró además que el invierno antártico era mucho más frío de lo que normalmente se creía antes de la invernada. Al mismo tiempo, notó que la frecuencia de la aurora austral era igual a la de la aurora boreal en sus respectivas amplitudes magnéticas, lo que indicaba un origen común.

La segunda expedición antártica (1898-1900), bajo la dirección del sueco Carsten Borchgrevik (1864-1934), se pudo llevar a cabo mediante un financiamiento privado inglés. Partieron a bordo del Southern Cross hacia la Tierra Victoria (al este del Mar de Ross), donde invernaron en Cabo Adare. Los hombres no sabían que habían levantado sus dos refugios prefabricados en la costa más ventosa de la Antártida.

Además de algunas recolecciones zoológicas y geológicas y observaciones magnéticas, también realizaron mediciones meteorológicas cada dos horas durante un año, así como registros de la presión atmosférica y la temperatura en el continente austral. También en 1899 la deficiencia vitamínica constituyó un gran problema durante la invernada de la expedición polar y el biólogo del Southern Cross, Nikolai Hanson, murió de escorbuto. Antes del viaje de regreso, Borchgrevik todavía intentó llegar hasta 78°50'S sobre la Barrera de Ross.

Los resultados meteorológicos aportaron la primera imagen del clima marítimo antártico. Los vientos predominantes ESE y SE señalaron la existencia de una zona de alta presión que se extendía por una gran parte de la todavía desconocida Antártida y que correspondía a un reflujo de masas de aire en dirección al Polo Sur en las capas de aire superiores.

Cooperación internacional meteorológica y magnética (1901-1904)

Durante la realización del VII Congreso Internacional de Geografía en 1899 en Berlín, ya se pudieron discutir planes concretos de la expedición británica a la Antártida al mando de Robert Falcon Scott (1868-1912) y de la expedición alemana al Polo Sur bajo las órdenes de Erich von Drygalski (1865-1949).

Al igual que en el precedente Primer Año Polar Internacional (1882-1883), cuando se coordinaron mediciones simultáneas alrededor del Ártico, el congreso acordó una cooperación internacional entre el 1 de octubre de 1901 y el 31 de marzo de 1903 para la realización de las mediciones meteorológicas y magnéticas de las expediciones antárticas, así como de todos los barcos mercantes y de la Marina que siguieran un curso al sur de 30°S.

Además de la expedición de Drygalski (1901-1903), que llegaría hasta aproximadamente 90°E al sur de las Kerguelen en el Océano Índico, y la expedición de Scott hacia la Tierra Victoria (1901-1904), finalmente también participaron la expedición sueca hacia la Tierra de Graham (1902-1903) al mando de Otto Nordenskjöld (1869-1928)y la expedición escocesa hacia el Mar de Weddel oriental (1902-1904) al mando de William Speirs Bruce (1868-1921).

Adicionalmente, se crearon con fines de comparación estaciones filiales que no estuvieran influidas por el clima de la Antártida. Éstas se localizaron en la Isla de los Estados en Cabo de Hornos para Nordenskjöld, en las islas Malvinas para Bruce, en las Kerguelen para Drygalski y en Christchurch (Nueva Zelanda) para Scott. Cuando Scott quiso invernar un segundo año y estaba en marcha una quinta expedición francesa (1903-1905) al mando de Jean-Baptiste Charcot (1867-1936), la cooperación internacional se prolongó un año más.


Nordenskjöld
Por desgracia, el buque Antarctic de Nordenskjöld quedó atrapado por la banquisa en la salida noroeste del Mar de Weddell y finalmente fue aplastado por ésta, por lo que naufragó. Los miembros de la expedición invernaron en tres distintos lugares en los que realizaron investigaciones científicas hasta donde les fue posible.

Es de destacar el primer hallazgo de restos fósiles de plantas terciarias y la exposición derivada de los hallazgos geológicos posteriores de Nordenskjöld, que se extendieron a los Andes sudamericanos en la Península Antártica.

A diferencia de Robert Falcon Scott y Otto Nordenskjöld, Erich von Drygalski y William Speirs Bruce encontraron toda una tierra virgen y cada uno realizó fácilmente una amplia investigación que llevó a interesantes resultados.

Drygalski
De acuerdo con las ideas de Alejandro von Humboldt, Drygalski planeó la investigación integral de los cuatro elementos (tierra, agua, aire, fuego) en la desconocida Antártida. Por esa razón, además de él, que quería realizar investigaciones geográficas y oceanográficas, y de un geólogo, que era experto en tierra firme y volcanes, había también un físico, que debía realizar mediciones meteorológicas y magnéticas. Un biólogo completaba la investigación del entorno vital (fauna y flora). Todo lo nuevo que se manifestara en la región antártica se registraba y se ponía en una exposición conjunta.

Así, Drygalski realizó mediciones de temperatura hasta 500 m. de altura durante su ascenso en un globo cautivo, a diferencia de Scott que un mes antes ya había sido el primero en subir en un globo. Los resultados llenan un total de 22 volúmenes, doce de los cuales contienen resultados zoológicos.

El concepto de investigación tipo Humboldt ampliamente aplicado por Drygalski en su expedición era único y nunca más sería seguido, ya que las expediciones se fueron especializando en aspectos de investigación particulares.

Para sus propios estudios, Drygalski eligió una forma que, por ejemplo, todavía aplica hoy día el Instituto Alfred Wegener de Alemania en la investigación polar y marítima:
  • mediciones tomadas en el barco durante el viaje de Europa a la Antártida,
  • mediciones tomadas en la estación durante la invernada,
  • viajes de exploración por los alrededores de la estación en primavera,
  • mediciones tomadas en el barco durante el viaje de regreso.
Lamentablemente, los frutos de la cooperación internacional no produjeron el resultado que se había esperado. Las mediciones magnéticas durante el viaje de ida y vuelta a la Antártida a bordo del barco alemán Gauss y del británico Discovery mejoraron los mapas marítimos sólo en la zona de las rutas de viaje respectivas.

La colección de datos meteorológicos asciende en total a aproximadamente 600.000 observaciones individuales. Sin embargo, la red de mediciones alrededor de la Antártida no fue lo bastante cerrada para la construcción diaria de mapas meteorológicos. Únicamente entre Cabo de Hornos y la Península Antártica hubo suficientes datos que permitieron trazar la distribución diaria de la presión atmosférica.

Los descubrimientos geográficos sugirieron la conclusión de que la Antártida es un continente cubierto de hielo. Además, a partir de las mediciones del viento y de la presión atmosférica, se pudo determinar la altura promedio del continente antártico en 2000 ± 200m.

La estación meteorológica establecida por Bruce en la Isla Laurie (Islas Orcadas del Sur) fue entregada a Argentina en 1904 y, desde entonces, funcionó con el nombre de Base Orcadas y, con su ininterrumpido margen de mediciones, proporciona un valioso valor básico para posteriores investigaciones climatológicas.

El atractivo de los polos (1911-1912)

El llamado "Periodo del atractivo de los polos" estuvo determinado por pautas personales y representado por el francés Jean Charcot (1908-1920), Scott y su antiguo acompañante Ernest Shackleton (1874-1922), el noruego Roald Amundsen (1872-1928) y el alemán Wilhelm Filchner (1877-1957), así como por el japonés Nobu Shirase (1861-1946) y el australiano Douglas Mawson (1822-1958). Charcot y Filchner constituyeron, en realidad, una excepción, ya que sus expediciones, además de descubrimientos geográficos, llevaron a cabo un amplio programa científico.

Las demás contribuyeron en su mayoría a alcanzar los objetivos geográficos como el Polo Sur, incluso a riesgo de su propia vida.

Mientras que durante su expedición en 1909 Ernest Shackleton prefirió regresar cuando estaba a sólo unos 180 km del Polo Sur para escapar de un desastre causado por la escasez de alimentos, Scott y sus cuatro acompañantes murieron en 1912 a causa de una serie de acontecimientos adversos durante una larga tormenta de nieve en su camino de regreso del polo.

Amundsen
La expedición japonesa tuvo que invernar en Sydney en condiciones precarias y explorar a continuación la Tierra de Eduardo VII en las cercanías de la estación noruega de invernada de la Bahía de las Ballenas en la orilla occidental del Mar de Ross, mientras que Amundsen fue el primero en llegar al polo con su grupo, el 14 de diciembre de 1911. Amundsen llamó a su campamento Polheim, y todo lo que rodeaba al polo, Haakon VII's Vidde, en honor al Rey Haakon VII de Noruega

La expedición australiana determinó por primera vez la ubicación exacta del polo magnético. Sin embargo, también tuvieron que lamentar dos víctimas mortales durante un viaje en trineo.

La Expedición Transantártica Imperial Británica de Shackleton también corresponde a este periodo. Se componía de dos grupos. Shackleton dirigía la División del Mar de Weddell (1914-1916), cuyo barco Endurance fue aplastado por los bloques de hielo y se hundió a finales de 1915. No obstante, los miembros de la expedición pudieron salvarse gracias a la osada travesía de Shackleton en un pequeño bote de remos a las Islas Georgias del Sur.

La División del Mar de Ross (1914-1917), que debería preparar los almacenes para la travesía en la meseta de hielo, invernó en Cabo Evans en condiciones precarias cuando el barco de la expedición se desvió de rumbo prematuramente durante una ventisca y quedó a la deriva durante diez meses entre los bloques de hielo del Mar de Ross. Dos miembros de la expedición fallecieron.

Puesto que las expediciones de este periodo no cooperaron entre sí para nada y sólo por casualidad las expediciones noruega y japonesa se encontraron en la Antártida, los diferentes resultados científicos de estas expediciones deben considerarse como individuales e independientes; sin embargo, fueron percibidos en parte como totalmente extraordinarios. Así, durante la travesía de nueve meses del Deutschland de Filchner se detallaron por primera vez medidas oceanográficas y se llevaron a cabo sondeos. También se analizaron continuamente las condiciones meteorológicas de las capas de aire con cometas y globos a los que se fijaron aparatos de registro.Estas mediciones todavía son representativas y no han perdido su valor.

Las investigaciones glaciológicas de icebergs y de la Barrera de Hielo de Ross, realizadas por Charles Seymour Wright (1887-1975) durante la expedición de Scott, produjeron incluso una bibliografía básica sobre glaciología.

Aviones en la Antártida desde 1928

Después de la Primera Guerra Mundial, la técnica aeronáutica se desarrolló a tal grado que fue posible pensar en utilizarla para fines de exploración en la Antártida. Los descubrimientos y cartografías hechos para el aire se utilizaron a menudo en esa época para justificar los reclamos territoriales en la Antártida. 

También hubo jefes de expediciones individuales que se lanzaron hacia el Sur para alcanzar objetivos principalmente privados.

El australiano Hubert Wilkins (1888-1958) fue el primero en utilizar aviones durante su expedición (1928-1929) para la exploración de la costa este de la Tierra de Graham 

En 1928-1930, el estadounidense Richard Evelyn Byrd (1888-1957) había establecido en la Bahía de las Ballenas, cerca de la antigua estación de invernada de Amundsen, una estación con el nombre de Little America I, desde la que supuestamente el 20 de diciembre de 1929 quería sobrevolar el Polo Sur.

Al mismo tiempo, en otra parte del continente, la primera expedición noruega (1929-1930), patrocinada por el cónsul Lars Christensen (1884- 1965) y bajo la dirección de Nils Larsen (nacido en 1900), realizó un sondeo aéreo de la Tierra de Enderby.

Wilkins regresó a la Antártida en 1929-1930 para seguir persiguiendo su objetivo de volar desde las dependencias de las Islas Malvinas (Isla Decepción) hacia el Oeste a lo largo de la costa de la Península Antártica hasta el Mar de Ross.

Durante su segunda expedición (1929-1931), Mawson cartografió la costa entre 75°E y 45°E tanto desde barco como desde avión. Esto se consideró como frontera entre las actividades británicas y noruegas y las correspondientes aspiraciones a los reclamos territoriales.

Lincoln Ellsworth (1880-1951) apareció en escena en 1933-1934 como otro competidor para ser el primero en sobrevolar el continente antártico desde el Mar de Ross hacia la Península Antártica, pero su avión se dañó ya desde el inicio al aterrizar en el hielo marítimo en la Bahía de las Ballenas.
Su segundo intento en 1934-1935 en dirección opuesta fracasó debido a las malas condiciones meteorológicas.

En 1933-1935, desde su estación ampliada Little America II, Byrd continuó la cartografía aérea de la Tierra de Marie Byrd hasta la Cordillera de la Reina Maud.

Byrd
Richard Byrd y su primer piloto Bernt Balchen se convirtieron en las primeras personas en sobrevolar el polo sur, el 29 de noviembre de 1929. Richard Evelyn Byrd o Richard Byrd (Jr.) (1888-1957), fue un importante explorador y aviador estadounidense, especialmente conocido por sus audaces vuelos sobre la Antártida, que permitieron conocer mejor la configuración geográfica del continente helado.

Byrd había experimentado por primera vez la eficacia de los aviones en la empresa polar de 1925, cuando sobrevoló la isla de Ellesmere partiendo de Groenlandia. El éxito del vuelo le hizo pensar en la posibilidad de alcanzar el Polo Norte por vía aérea y en 1926 realizó el proyecto. El 9 de mayo se elevó sobre Kingsbay (ahora Ny-Ålesund), Spitsbergen (Svalbard) a bordo de un monoplano Fokker y, junto con el piloto Floyd Bennett, afirmó haber volado sobre el Polo Norte. Esta hazaña le reportó gran renombre y le sirvió para recibir financiación para sus vuelos sobre el Polo sur. Sin embargo ya desde 1926 y hasta la actualidad se han expresado dudas sobre si Byrd efectivamente sobrevoló el Polo Norte sobre la base del alta velocidad supuesto. En 1996, estas dudas se confirmaron cuando su diario de vuelo se encontró. El diario mostró que las anotaciones del sextante habían sido borradas y luego inventó en su informe oficial.

Empleó este mismo medio para la exploración de la región antártica. La expedición de Byrd de 1928 al Polo Sur fue cuidadosamente preparada y provista de grandes medios. El campamento base, en la punta norte de la isla Roosevelt, en el mar de Ross, contaba con laboratorios, talleres, almacenes, una estación de radio y un hospital. En esta base, llamada "Little America", vivieron 14 meses 42 hombres. De allí partió Byrd en avión para dar la vuelta al Polo Sur que sobrevoló el 29 de noviembre de 1929. Su piloto en ese vuelo fue Bernt Balchen. Él descubrió la tierra que se llama Mary Byrd Land e importantes cadenas montañosas y exploró la tierra de Eduardo VII, una gran península helada de la Antártida que forma el extremo nordoccidental de la Tierra de Marie Byrd, punto de inicio del mar de Ross. Dando pruebas de gran valor, pasó el invierno de 1934 solo en una cabaña a casi 200 km de Little America, con objeto de obtener datos científicos.

Espoleado por los éxitos obtenidos, Byrd organizó otras tres expediciones entre 1939 y 1955, en las que se sirvió, además, de aviones, de helicópteros y submarinos, permitiendo conocer cada vez mejor la Antártida y estableciendo su continentalidad.

Organizó la Operación Highjump, cuya denominación oficial era The United States Navy Antarctic Developments Program, 1946-47 o Programa de Desarrollos Antárticos de la Armada de los Estados Unidos. Se trataba de una serie de maniobras militares que tenían por objeto probar equipos militares y tropa en condiciones antárticas. Estas maniobras tendrían continuidad con la Operación Windmill (1947-1948) y la Operación Deep Freeze (1955-1956).

Murió el 11 de marzo de 1957 en Boston, mientras dormía. Estaba preparando otra expedición con objeto del Año Geofísico Internacional 1957-58.

Algunos autores han especulado sobre la figura de Byrd, relacionándole con la teoría de la Tierra Hueca. Afirman que en uno de sus vuelos descubrió una entrada a dicho mundo intraterrestre. En 1957, el escritor italiano F. Amadeo Giannini publicó The Worlds Beyond the Poles (‘los mundos más allá de los polos’), en que afirmaba -sin aportar ninguna prueba- que en febrero de 1947, Byrd había intentado ser el primer humano en llegar al polo norte y encontró una entrada a un mundo subterráneo. El supuesto hallazgo no habría salido a la luz porque el ejército de EE.UU. habría acallado a Byrd, aunque las declaraciones del aviador sobre sus exploraciones ofrecerían pistas bajo la opinión de estos autores, y que se señala que todo lo que escribió en su diario fue totalmente real. Tras décadas de exploraciones aéreas y terrestres, innumerables exposiciones fotografías satelitales de muy diferentes naciones, con muy diferentes intereses en la región, no se han encontrado indicios de que dicha teoría sea cierta.

La expedición británica a la Tierra de Graham (1934-1937), bajo la dirección del inglés John Rymill (1905-1968), invernó dos años y exploró la Península Antártica Occidental desde avión y con trineos tirados por perros y comprobó que la Tierra de Graham está unida al continente Antártico.

Por primera vez se combinaron aquí técnicas modernas con medios de locomoción tradicionales, para lo que no había ningún equivalente en esa época, aunque Scott ya había experimentado con trineos de motor en 1910. Asimismo, la expedición de Rymill siguió un programa intensivo meteorológico, geológico, glaciológico y biológico.

En noviembre de 1935, Ellsworth logró completar, con cuatro aterrizajes intermedios, el primer vuelo sobre la Antártida desde la Isla Dundee (Península Antártica) hasta Bahía de las Ballenas y realizó nuevos descubrimientos como las montañas de la cordillera Eternity.

Una de las numerosas expediciones antárticas del noruego Christensen realizó extensos vuelos de fotografía sobre la costa antártica entre la Tierra del Emperador Guillermo II y la Tierra de Enderby, así como a lo largo de la Costa del Príncipe Harald descubierta por ellos, cuya posesión fue reclamada por Noruega.

Finalmente, en el verano austral de 1938/1939 la expedición alemana en el buque-catapulta Schwabenland, bajo el mando de Alfred Ritscher (1879-1963) llevó a cabo una eficiente campaña de verano, durante la cual, mediante fotogrametría aérea desde dos aviones, se llevó a cabo un reconocimiento detallado de una región hasta entonces desconocida entre 14°O y 20°E con el propósito de tomar posesión de este territorio por seguridad de la floreciente pesca de ballenas alemana. La expedición descubrió ahí Nueva Suabia junto con sus cordilleras y, con las tomas fotogramétricas, construyó una de las cartas más informativas del interior de la Antártida de esa época, la cual cubre aproximadamente 350,000 km2.

Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial impidió la continuación de las investigaciones planeadas sobre el territorio.

A diferencia de la expedición alemana, la tercera empresa de Byrd (1939-1940) estudió los alrededores con aviones y trineos jalados por perros desde dos estaciones de invernada (East Base en la costa este de la Tierra de Graham y Little America III), y amplió así de manera decisiva los conocimientos de las expediciones anteriores.

Acerca del Polo Sur

El polo sur geográfico se localiza en el extremo austral del planeta, equivalente a la latitud 90° S, donde convergen todos los meridianos. Se define como el lugar donde el eje de rotación se interseca con la superficie de la Tierra y son aplicables iguales observaciones que para el polo norte.

El polo sur geográfico es definido como uno de los dos puntos donde el eje de rotación de la Tierra se interseca con su superficie (el otro punto es el polo norte geográfico). Sin embargo, el eje de rotación terrestre cambia a lo largo del tiempo, por lo que esta definición no es completamente precisa. El punto de proyección del polo sur geográfico a la esfera celeste da lugar al polo celeste sur.

Está situado sobre la Antártida, a aproximadamente 2600 km del polo sur magnético. Está situado sobre una meseta llana, helada y ventosa a 2835 m de altitud sobre el nivel del mar. Se estima que el espesor de la capa de hielo en el polo sur es de unos 2700 m, con lo que el suelo de tierra estaría prácticamente a nivel del mar.

La masa polar de hielo se encuentra sobre un glaciar que se mueve 10 metros por año, por lo que la posición exacta del polo, relativa a la masa de hielo, cambia gradualmente con el tiempo. Un marcador del polo sur es reposicionado cada año para reflejar esto.

Sin embargo, no fue hasta el 31 de octubre de 1956 cuando otro hombre pisó el polo otra vez, cuando un grupo liderado por George Dufek, de la Marina estadounidense, aterrizó en el avión de transporte militar R4D Skytrain (Douglas C-47 Skytrain). La Base Amundsen-Scott estadounidense fue establecida alrededor de 1956–1957, con motivo del Año Geofísico Internacional. 

El 6 de enero de 1962 se realizó el Primer Vuelo Argentino al Polo Sur de dos aviones de la Aviación Naval Argentina Douglas DC-3 al mando del entonces Capitán de Fragata Hermes Quijada, hecho que sorprendió a la opinión mundial ya que no se contaba en esos momentos con cartografía de la zona y por ende se desconocía la existencia de referencias en tierra que pudiesen facilitar la orientación durante el vuelo directo desde el continente.


Luego de Amundsen y Scott, los siguientes en llegar al polo sur por tierra fueron Edmund Hillary, el (3 de enero de 1958), y Vivian Fuchs, el (19 de enero de 1958), con sus respectivos grupos, en el transcurso de la "Expedición Trans-Antártica de la Commonwealth". Hubo varias expediciones subsecuentes por tierra, incluyendo la Antero Havola, Crary y Fiennes. La marcha a pie más rápida sin soporte al polo sur geográfico desde la costa duró 47 días, y fue hecha en 1999 por Tim Jarvis y Peter Treseder, quienes llevaron trineos que pesaban 200 kg, que contenían comida y combustible.

Sin considerar las Islas Sandwich del Sur, el país más cercano al polo sur es Chile (3718 km), aunque la ciudad más próxima es Ushuaia, situada en Argentina (3910 km) y el pueblo más cercano es Puerto Williams, Chile (3895 km). La base de investigación científica Amundsen-Scott, de los Estados Unidos, se encuentra situada prácticamente en el polo sur geográfico (89°59'51" de latitud sur, a unos 270 metros). La distancia entre el polo norte y el polo sur geográficos (siguiendo la curvatura de la tierra) es de unos 20.000 km.

Tratado Antártico

El Tratado Antártico es uno de los más destacados acuerdos internacionales de la historia. Desde 1959, ha logrado preservar la Antártida para la paz y la ciencia, convirtiéndose en una referencia de cooperación y legislación internacional.

Bandera del T. Antártico
El Tratado Antártico fue firmado en Washington (Estados Unidos) el 1º de diciembre de 1959 y entró en vigencia el 23 de junio de 1961. Sus primeros signatarios fueron los doce países que entre 1957 y 1958 participaron del Año Geofísico Internacional: Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Rusia, Sudáfrica, Reino Unido y Estados Unidos.

Desde su primer artículo, establece que
“La Antártida se utilizará exclusivamente para fines pacíficos”. 
Gracias a ello, hoy es el único continente donde no ha habido enfrentamientos bélicos en toda la historia.

La ciencia es la principal actividad que se desarrolla en el continente. Por ello, en su segundo artículo establece que
“la libertad de investigación científica en la Antártida y la cooperación hacia ese fin […] continuarán”.
Actualmente, 49 países forman parte del Sistema del Tratado Antártico. 28 de ellos, los que tienen actividad e investigaciones activas en el continente, son miembros consultivos y 21 de ellos no consultivos.

Al momento de la firma del Tratado, siete países tenían reclamos territoriales sobre el continente, algunos de ellos superpuestos. Por tal motivo, el artículo IV mantiene el statu quo:
“Ningún acto o actividad que se lleve a cabo mientras el presente Tratado se halle en vigencia constituirá fundamento para hacer valer, apoyar o negar una reclamación de soberanía territorial en la Antártida, ni para crear derechos de soberanía en esta región”.
Mientras el tratado permanezca vigente:
“No se harán nuevas reclamaciones de soberanía territorial en la Antártida, ni se ampliarán las reclamaciones anteriormente hechas valer”.
Para llevar adelante todo lo establecido en el acuerdo, cada año los países miembros se reúnen en la Reunión Consultiva del Tratado Antártico, donde intercambian información y toman medidas relacionadas con el uso dela Antártida para fines pacíficos y la investigación y la cooperación científica internacional.

Con el correr del tiempo, los países fueron adoptando nuevas medidas y se firmaron nuevos acuerdos internacionales que dieron forma al conjunto de normas que complementan al tratado y se conoce como Sistema del Tratado Antártico.

sábado, 31 de octubre de 2015

31 de octubre de 2011 - Nace el habitante Nº 7.000.000.000

Según cálculos estadísticos aproximados, el 31 de octubre de 2011 nació el habitante 7000 millones del planeta.

A principios de 1987 la población de la Tierra alcanzó los 5000 millones de personas. La cifra es grande, aunque tal vez a ustedes no les parezca catastrófica. Pero consideren lo siguiente. El hombre moderno apareció sobre la Tierra hace unos 50.000 años, y la población de la Tierra no alcanzó los 1000 millones de individuos hasta 1810. La marca de 2000 millones se alcanzó hacia 1925. Esto quiere decir que se necesitaron 50000 años para que la población llegase a los 1.000 millones, 115 años más para otros 1000 millones, y sólo 30 años más para añadir otros 1000 millones, en 1955. Después bastaron 21 años para que la población se incrementara en otros 1000 millones y sólo 10 años más para otros 1000 millones, por quinta vez. Alcanzamos los 6000 millones en 1999.

Es evidente que la población aumenta cada vez más deprisa. Esto no es de extrañar porque cuanta más gente hay, más niños nacen. Además, como la civilización se ha desarrollado, la vida se ha ido haciendo más segura y el índice de mortalidad ha descendido. Esto ha sido particularmente cierto en el último siglo y medio, gracias a la ciencia y a la medicina modernas. (Lo que importa ahora no es cuántos niños nacen sino en cuánto supera el número de nacimientos al de defunciones.)

Esto es peligroso. El aumento incesante de la población significa que cada vez se necesita más espacio para los seres humanos y que se está agotando el terreno no habitado. Para mantener el creciente ritmo de población hay que extraer cada vez más recursos de la Tierra, lo cual produce todo tipo de contaminación. Estamos destruyendo nuestro planeta.

¿Cuánto puede durar esto? No mucho. No es probable que la Tierra pueda mantener a mucha más gente. He oído decir a algunos locos optimistas que con los avances de la ciencia y poniendo fin a los despilfarros que suponen las guerras y su preparación, la Tierra podrá mantener una población de 50.000 millones. Dudo mucho de que esto pueda ser verdad, pero aunque lo fuese, al ritmo actual de crecimiento la Tierra alcanzaría una población de 50.000 millones en sólo un siglo, es decir, en el año 2100. Y después, ¿qué?


¿No podríamos enviar el sobrante de población a la Luna o a Marte, o hacer que viva en mundos artificiales en órbita alrededor de la Tierra? En tal caso esto significaría que en el próximo siglo tendríamos que trasladar a miles de millones de personas al espacio para mantener la población de la Tierra en los valores actuales. ¿Cree realmente alguien que podemos hacerlo?

Pero llevemos el asunto al extremo absoluto. Se cree que el total de la materia del universo pesa unos 200 millones de millones de millones de millones de millones de millones de toneladas. Supongamos que podemos superar todos los obstáculos y enviar seres humanos a todos los rincones del universo y convertir todas las estrellas y planetas en fuentes de nutrición y de oxígeno respirable. Entonces podríamos comerlo todo y la población aumentaría hasta 4.000 millones de millones de millones de millones de millones de millones de personas. ¿Cuánto tiempo llevaría esto? ¿1.000 millones de años? ¿Un billón de años?


Pues no. A nuestro ritmo actual de crecimiento, y en el caso de que éste continuase indefinidamente, sólo se requerirían 3500 años. Habríamos poblado todo el universo en el año 6500 dC. Es evidente que no vamos a hacer esto, y que por tanto el crecimiento de la población tendrá que interrumpirse...,Pero ¿cómo? En realidad sólo hay dos maneras de frenar el aumento incesante de la población: o elevar el índice de mortalidad hasta que el número de personas que mueren sea superior al de las que nacen, o reducir el índice de natalidad hasta que el número de personas que nacen sea menor que el de personas que mueren.

La manera que tiene la naturaleza de reducir la población es elevando el índice de mortalidad. Al aumentar el número de todas las especies se llega a un punto en que predomina el hambre, las enfermedades y los depredadores. En una palabra, si no hacemos nada, el índice de mortalidad aumentará sin nuestra ayuda. La humanidad sufrirá hambre, epidemias y guerras, y la población se verá reducida de un modo catastrófico. Y en este proceso la civilización podría quedar totalmente destruida. No creo que ninguna persona sensata pueda considerar esto como una solución adecuada del problema.

La alternativa es reducir el índice de natalidad. La abstención voluntaria de la actividad sexual podría dar resultado, pero no es lógico esperar que esto se produzca a gran escala. Por tanto, la gente debería aprender a usar anticonceptivos. Su uso se está fomentando intensamente en diversas partes del mundo.

Hay quienes consideran inmoral el uso de los anticonceptivos, pero en tal caso cabe preguntarse: ¿es moral la muerte masiva y la destrucción de la civilización?


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lunes, 12 de octubre de 2015

12 de octubre de 1492 - Colón llega a América

El fin de la Edad Media

Durante los últimos años del siglo XV, en Europa se crearon las condiciones para grandes acontecimientos que cambiarían la historia de Occidente.

Terminaba la Edad Media, y Europa comenzaba a "renacer" y a expandirse. La economía y la mentalidad del feudalismo estaban en franca decadencia y todo el mundo pensaba y actuaba con más libertad, producía, compraba y vendía. Durante los siglos XV y XVI, entre los europeos, hubo grandes cambios en la forma de ver el mundo.

La Iglesia fue dejando lentamente de ser la autoridad absoluta sobre la Tierra. Los reyes, aliados con los burgueses (comerciantes e industriales) derrotaron definitivamente a los señores feudales y formaron reinos poderosos.

Al mismo tiempo, se producían cambios en la cultura. Los temas religiosos fueron menos importantes en la literatura y la pintura, y el hombre adquirió cada vez más protagonismo. Los rostros de los burgueses -benefactores de los pintores- comenzaron a aparecer en los cuadros. Se escribían libros sobre política y novelas que reflejaban la vida cotidiana de la gente. La cultura se "humanizó".

Durante los duros inviernos europeos, el alimento para el ganado escaseaba y, en consecuencia, el ganado también; por eso, durante el otoño, se sacrificaban animales cuya carne se ahumaba y salaba para conservarla. Así preparada, no era muy sabrosa que digamos; había que agregarle especias (pimienta, nuez moscada, azafrán, canela) para darle sabor. Estos productos llegaban desde el Lejano Oriente, traídos por las caravanas que viajaban a la zona de Constantinopla (actual Estambul, en Turquía), y desde allí eran transportados por los comerciantes venecianos, hacia el Mediterráneo. 


Pero en 1453 Constantinopla cayó en manos de los turcos y la ruta de las especias quedó cortada. Los europeos entraron en pánico y comenzaron a buscar nuevas rutas. El reino de Portugal fue el primero que se lanzó a los mares; conquistó gran parte de África y encontró un camino hacia el Oriente bordeando todo aquel continente. Tiempo después, España había logrado su unidad política bajo el reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, que miraban con atención los progresos de la política comercial de Portugal y se preparaban para imitarlo.


América en 1492

Estaba habitada desde hacía más de 35 mil años por pueblos de variadas culturas. Algunos eran muy poderosos y estaban organizados como grandes imperios.

Los primeros habitantes fueron cazadores que llegaron por el norte desde Asia, persiguiendo a los animales con que se alimentaban. Desde allí, muy lentamente se fue poblando todo el continente. Hacia 1492, junto a pueblos de costumbres sencillas existían otros que habían desarrollado grandes Estados y poderosas culturas, con construcciones monumentales, manejo de la agricultura y, en algunos casos, escritura. 


De Génova a América

Quien encontrara una ruta a las Indias sería, sin duda, rico y muy poderoso. Eso lo sabía Colón, que removió cielo y tierra para poder intentarlo.

Cristóbal Colón nació en Génova. En eso están de acuerdo casi todos los historiadores actuales. Lo que no queda tan claro es la fecha de su nacimiento; hay quienes afirman que fue el 25 de agosto de 1451; otros creen que fue el 31 de octubre de ese año. Su familia no estaba relacionada con el mar, pero la ciudad donde vivía, sí. Génova era un puerto al que constantemente llegaban naves trayendo mercaderías, noticias y cultura de otros países.

De la infancia y la juventud de Cristóbal no es mucho lo que se sabe. Desde muy chico trabajó junto a su padre en la producción de paños de lana, pero esto no le gustaba demasiado. Prefería dedicarse a otra actividad muy difundida en la época: la navegación comercial. A los 14 años se incorporó a una de esas empresas y empezó a recorrer el mundo de entonces; visitó Londres e Islandia. En 1480, cuando estaba en Lisboa, se casó con una joven italiana, Felipa Monís de Perestrello, y comenzó a trabajar con su suegro, que tenía la capitanía de Porto Santo, en las islas Azores. Poco después nació su hijo Diego. A las playas de las islas llegaban, de vez en cuando, maderas desconocidas; algunas estaban talladas a mano. Cierto día -según cuenta el propio Colón- llegó una embarcación de un solo tronco en la que yacían dos cadáveres de piel cobriza. Estos hallazgos llamaron su atención, y comenzó a preguntarse qué habría más allá del misterioso océano Atlántico.

Como no tenía la respuesta, la buscó en los libros de viajes, que se leían mucho en la época. En particular, se interesó por los relatos de Marco Polo. Este era un viajero veneciano que, en el siglo XIII, había llegado hasta la China y, desde allí, había llevado a Europa la pólvora, los fideos, la brújula y la imprenta. Después de estudiar los mapas de aquellos años, Colón entendió que, mientras los turcos estuvieran bloqueando el camino conocido, la única forma de llegar al Oriente era navegando hacia el Occidente. Así, no sólo descubriría qué había más allá, sino que llegaría a la tierra donde encontraría las tan caras y deseadas especias y también -¿por qué no?- oro.

La idea del viaje ya estaba instalada en la cabeza de Colón cuando, en 1484, murió su mujer.

El futuro almirante recorrió las casas de los financistas y las cortes de aquel tiempo, para ver si lograba convencerlos de que financiaran una expedición naval dirigida por él. El primero que lo escuchó fue el rey Juan de Portugal, con quien se entrevistó entre 1483 y 1484. Se interesó pero convocó a una junta de matemáticos para que lo asesoraran. Estos dijeron "no" y entonces Colón decidió probar suerte en España. Su hermano -que más tarde lo acompañaría en su aventura- quedó en Lisboa.

En 1485 viajó hacia Castilla; preocupado por la educación y la crianza de su hijo, lo dejó al cuidado de los monjes del monasterio de La Rábida, donde conoció a quien sería su gran amigo: el padre Antonio Marchena. Después de varios trámites y gracias a su amistad con fray Juan Pérez, confesor de Isabel de Castilla, logró entrevistarse con la Reina en la ciudad española de Córdoba, el 20 de enero de 1486. Isabel consultó con sus asesores, entre los que se contaba la "gente más culta del reino". Ninguno de ellos confiaba en Colón, y aconsejaron a la Reina no utilizar recursos económicos que se necesitaban para continuar la lucha contra los musulmanes que todavía ocupaban parte de España.


Mientras tanto, Colón había conocido a Beatriz Enríquez Arana, con quien, sin haberse casado, tuvo su segundo hijo, al que llamaron Hernando. Finalmente, en 1492, parecía que el momento oportuno para volver a insistir había llegado: los Reyes habían recuperado Granada y la derrota de los moros era definitiva. Colón volvió a plantear su proyecto y esa vez sí fue escuchado. Isabel y Fernando estaban dispuestos a apoyar económicamente su proyecto de navegar hacia Occidente para llegar al Oriente.

Antes de concretar el viaje. Colón firmó un contrato con los Reyes Católicos. Si ese contrato se hubiera cumplido. Colón habría sido multimillonario.

El 17 de abril de 1492 se firmó la Capitulación de Santa Fe, un contrato estrictamente comercial en el que ambas partes fijaban sus obligaciones y derechos. Los Reyes se comprometían a financiar el viaje, y le concedían a Colón el título de Almirante de las islas y tierras que descubriese. También lo nombraban Virrey de los territorios que ocupase. Estos cargos serían de por vida y hereditarios. Además, Colón tendría derecho al 10% de todas las transacciones comerciales que se concretasen en las tierras encontradas. ¡Por fin Colón podía pensar en su viaje!   


Se instaló en el Puerto de Palos, donde conoció a los hermanos Pinzón, marinos de gran experiencia. En unos meses lograron reunir las provisiones para unas 90 personas: bizcochos, vino, carne, pescados, además de aceite, vinagre, queso y cebollas. Colón contó en su diario: 
"Partimos el 3 de agosto de 1492, a las ocho de la mañana (...). El lunes 6 de agosto, el timón de la carabela Pinta se rompió y saltó."
El once de ese mes llegaron a las islas Canarias. La Pinta fue reparada y se le hiz mantenimiento a los otros dos barcos. El 6 de septiembre, las tres naves partieron con rumbo incierto, aunque Colón calculaba que deberían navegar unas 700 leguas (3500 km) para llegar a las tierras del Gran Khan (la China). Pero los cálculos fallaron, y el viaje estaba durando demasiado; la tripulación, atemorizada, quería regresar. Colón, con el apoyo de los Pinzón, logró tranquilizarla y continuar.


La llegada

Las embarcaciones habían llegado, sin saberlo, a un continente que el resto del mundo desconocía. Con sus hombres recorrió las islas del Caribe, asombrándose a cada paso con la hermosura de las mujeres y las maravillas de la naturaleza. Pasaron por San Salvador, Cuba y La Española (esta última es, hoy, Haití y Santo Domingo). Allí, el 25 de diciembre de 1492, crearon el primer poblado español en América: el fuerte de Natividad. En ese lugar quedó un grupo de españoles, mientras el Almirante volvía a España cargado de productos locales y algunos indígenas, pero con muy poco oro y nada de especias

La visión de la Historia que tenemos está plagada de grandes nombres a los cuales se otorgan sistemáticamente las medallas de las grandes hazañas y descubrimientos, olvidándose la mayoría de las veces que sin el trabajo de personas anónimas dichas proezas no serían más que una utopía irrealizable. En el caso del descubrimiento de América la cosa no iba a ser diferente y si bien ha quedado en el candelero que Colón fue el eminente descubridor, poco se cuenta que tal era el afán de medallas del famoso navegante, que no dudó en negarle el suculento premio que le correspondía a Rodrigo de Triana 

Durante la noche del 11 al 12 de octubre, Colón sostuvo que había sido él el primero en ver las luces de la tierra que pensaba asiática, quitándole el honor y la recompensa de 10.000 maravedíes al humilde marinero de la Pinta, Rodrigo de Triana.

¿12 o 13?

Los que insisten en recordar la llegada de Colón a América el 12 de octubre se verían en problemas si se confirmaran las recientes investigaciones que afirman que el grito del llamado Rodrigo de Triana se produjo el 13. Pero, puesto que tal número se identificaba con la mala suerte y que el 12 de octubre era la fiesta de Nuestra Señora del Pilar, patrona de los Reyes Católicos, y caía ese año en viernes, día de la pasión de Jesús, el almirante habría cambiado la fecha a su antojo para quedar bien con sus benefactores.


Otros pobladores

El 12 (o el 13) de octubre, Colón y sus hombres estaban frente al islote de Guanahaní (actuales Bahamas), al que Colón llamó San Salvador. Don Cristóbal confiaba en haber llegado al Asia, aunque se asombraba de no toparse con los clásicos mercaderes chinos, sino con gente “muy bella y pacífica” que tomaba las espadas por el filo por desconocer las armas de guerra.

A las 2 de la mañana, después de 72 días de navegación, el marinero Rodrigo de Triana divisó tierra firme. Cristóbal Colón y su expedición llegaron a la isla que los nativos llamaban Gunahaní, y que Colón bautizó como San Salvador, ubicada en el archipiélago de las Lucayas o Bahamas. Inmediatamente comenzó a explorar la zona y pronto llegó a la actual Cuba, a la que llamó Juana.

Colón estaba convencido de haber llegado a las Indias Orientales y por eso llamó "indios" a sus habitantes. Además, con la idea fija de que estaba en Catay, Colón se dio a la tarea de buscar la residencia del Gran Khan, por lo que recorrió parte del norte de Cuba en dirección poniente y llegó a la isla que hoy es de Haití y de la República Dominicana, a la que bautizó como La Española


En este sitio, Colón construyó un fuerte con los restos de la Santa María, que se había estrellado contra un arrecife y naufragado. Ese refugio se llamó "Fuerte de Navidad" y fue el primer asentamiento español en América.

El 4 de enero de 1493, Cristóbal Colón regresó a España con las dos carabelas que le quedaban, dejando 40 hombres en el fuerte Navidad. En Barcelona, los Reyes Católicos recibieron solemnemente al Almirante, quien llegó mostrando seis aborígenes, algunos frutos exóticos, como la piña, papagayos y algo de oro. Nada que mereciera otra expedición a ojos de los monarcas si no fuera porque también presentó el poco oro encontrado. Poco, pero suficiente para que Isabel y Fernando dieran el visto bueno al segundo de los cuatro viajes que emprendería. Esta vez la ambición sería mayor, con consecuencias en muchos casos trágicas para los indígenas. Ya no iban 88 (oficialmente), sino 2.500. Tampoco se encontrarían a tribus idílicas. El contingente dejado atrás en La Española había sido masacrado y se verían las caras con los temibles caribes, que, entre otras cosas, eran caníbales. Pero esto ya es otra historia, la historia de un mundo cada vez más pequeño gracias a aquel primer viaje. 


¿Celebración o conmemoración?

El 12 de octubre se celebraba en América el “Día de la Raza” o “Día de la hispanidad”. La historia enseñaba que América fue "descubierta" por Cristóbal Colón, cuya llegada permitió a los habitantes de estas tierras obtener una lengua y acceder a la "civilización".

Pero la realidad es otra, el arribo de los Europeos a tierras Americanas fue el comienzo de la esclavitud, el maltrato y sometimiento del indio y la implementación de la religión o creencia Cristiana como instrumento opresor durante la llamada conquista.

Sin embargo, en algunos lugares el 12 de octubre no es una fecha de celebración, sino de conmemoración del comienzo de la invasión de ese continente por europeos. En algunos países (por ejemplo Argentina donde se la denomina “Día de la Diversidad Cultural Americana”, o Venezuela donde se la llama “Día de la Resistencia Indígena”) se busca promover desde distintos organismos una reflexión permanente acerca de la historia y encaminar hacia el dialogo para una diversidad cultural, como también la promoción de los Derechos Humanos de nuestros pueblos originarios, tal como lo marca la Constitución Nacional en su articulado sobre la igualdad de las personas, dándole la garantía del respeto a la identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural. 


Una verdadera fecha para recordar, celebrar y trabajar para el bienestar de todas las culturas. Se trata de una fecha que habilita actualmente profundas reflexiones y debates, como también expresa las reivindicaciones de los pueblos originarios del continente americano.