Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Las Cruzadas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Las Cruzadas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de julio de 2015

15 de julio de 1099 - Los cristianos conquistan Jerusalén durante la Primera Cruzada. Allí provocan una de las mayores matanzas de la historia, alimentando el eterno odio religioso entre cristianos y musulmanes.

A fines del año 1000, muchos europeos pensaban que estaba por llegar el "día del juicio final". Temerosos de Dios, verdaderas multitudes de hombres, mujeres y niños respondieron al llamado del papa Urbano II, quien en noviembre de 1095 convocó a los cristianos a liberar Jerusalén.

Al Papa Gregorio VII se tuvo la idea de que los países cristianos se unieran para luchar contra el común enemigo religioso que era el Islam.

El Papa Urbano II fue quien la puso en práctica. En 1095, la invitación a la lucha contra los turcos arribaría en embajadas francesas e inglesas a las cortes de las naciones europeas medievales más importantes: Francia, Inglaterra, Alemania y Hungría (Hungría no se unirá a las primeras cruzadas por guardar el luto de 3 años del recientemente fallecido rey San Ladislao I de Hungría, quien antes de morir habría aceptado participar en la campaña de Urbano II). El llamamiento formal de Urbano II se sucedió en el penúltimo día del Concilio de Clermont, jueves 27 de noviembre de 1095, proclamó, al grito de “¡Dios lo quiere!”, la denominada Primera Cruzada.

Al grito de “Dios lo quiere” cientos de nobles de pequeño y mediano rango obedecerán el mandato de la Iglesia y se dispondrán a liberar Tierra Santa “a sangre y fuego”, iniciando uno de los periodos más sangrientos y apasionantes de la época medieval: Las Cruzadas

Cuando el Papa, prometió la salvación de todos los que muriesen en combate contra los paganos (mayor parte constituida por los musulmanes) "Salvación para todos los muertos en combate contra los infieles" garantizo un gran ejército, y también eliminó un nuevo brote de guerra o disputas internas que perturbaban la paz en Europa. Otra gran promesa de la Iglesia era que si se convertían en “Soldados de Cristo” y participaban en la expedición sus pecados serían perdonados. Así que numerosos “pecadores” se apuntaron a la expedición. La promesa de la absolución de los pecados tuvo un efecto de “carta blanca”, ya que muchos nobles vieron en ello una oportunidad para cometer todo tipo de excesos sin temer ir al infierno, un temor que era muy importante en una época en que la religión regia todos los aspectos de la vida de un ser humano.

¡Dios lo quiere!
El proyecto de liberar Palestina y el resto de lugares “Santos” empezó a barajarse tras la derrota del Imperio Bizantino a manos de los Turcos Selyúcidas en la batalla de Manzikert en el 1071. Esta batalla significó la ocupación turca de la península de Anatolia y el corte de la vía terrestre de peregrinación a los Santos Lugares de Palestina, los peregrinos serán atacados, robados y asesinados por los nuevos ocupantes turcos. Estos ataques servirán de pretexto para organizar la Primera Cruzada

La predicación de Urbano II puso en marcha en primer lugar a multitud de gente humilde, dirigida por el predicador Pedro de Amiens el Ermitaño y algunos caballeros franceses. Este grupo formó la llamada Cruzada popular, de los pobres o Cruzada de Pedro el Ermitaño. De forma desorganizada se dirigieron hacia Oriente, provocando matanzas de judíos a su paso. En marzo de 1096 los ejércitos del rey Colomán de Hungría (sobrino del recientemente fallecido rey San Ladislao I de Hungría) repelerían a los caballeros franceses de Valter Gauthier quienes entraron en territorio húngaro causando numerosos robos y matanzas en las cercanías de la ciudad de Zimony . Esta primera cruzada, llamada “Popular”, fracasó y la mayoría de sus integrantes fueron masacrados sin poder acercarse a la Tierra Santa.

Mucho más organizada fue la llamada Cruzada de los Príncipes cerca de agosto de 1096, formada por una serie de contingentes armados procedentes principalmente de Francia, Países Bajos y el reino normando de Sicilia.. Sus jefes son Godofredo de Bouillon, duque de Lorena; Roberto II de Flandes; Raimundo de Tolosa, y Bohemundo de Tarento. A esta cruzada se la llamó "de los Príncipes". Cuando llegaron a Bizancio, el emperador Alejo Comneno les agradeció su presencia, pero por las dudas les hizo jurar que las tierras conquistadas a los turcos quedarían dentro de su imperio.

Durante su estancia en Constantinopla, estos jefes juraron devolver al Imperio Bizantino aquellos territorios perdidos por éste frente a los turcos. Desde Bizancio se dirigieron hacia Siria atravesando el territorio selyúcida, donde consiguieron una serie de sorprendentes victorias. Ya en Siria, pusieron sitio a Antioquía, que conquistaron tras un asedio de siete meses. Antioquia será un punto de inflexión en la expedición. Durante el largo asedio los ejércitos cruzados librarán durísimas batallas contra los ejércitos turcos que acudían al rescate de la ciudad. Durante este asedio y otros aparecen referencias a los "Tafurs”, un grupo de fanáticos cristianos que se unieron al grupo del príncipe Bohemundo. Estos Tafurs estarían mal armados y serian de costumbres bastantes primitivas, pero se harían famosos por cocinar los cadáveres de los turcos y comérselos. Los Tafurs tenían a la carne de turco como un auténtico manjar…no se sabe si los Tafurs era un grupo de mendigos europeos o si eran cristianos maronitas o armenios, En cualquier caso se hicieron tristemente famosos por sus fechorías y por su canibalismo.

La ciudad no fue devuelta al Imperio Bizantino, sino que Bohemundo la retuvo para sí formando el Principado de Antioquía.

Desde Antioquía se dirigieron hacia Jerusalén, ciudad santa para cristianos, judíos y musulmanes, conquistando algunas plazas por el camino y sorteando otras. La ciudad estaba por entonces en disputa entre los Fatimíes de Egipto y los turcos. Pero a los cristianos les daba igual, estaban dispuestos a liberarla la ciudad a cualquier precio. En junio de 1099 sitiaron la capital, que cayó en manos de los cruzados el 15 de julio de 1099. En la conquista, los cruzados realizaron una terrible matanza, que no respetó a judíos ni a musulmanes, mujeres o niños. Al entrar en la ciudad los cristianos cometieron una de las mayores matanzas de la historia, que encendió un eterno odio religioso entre cristianos y musulmanes. Según las crónicas de la época: 
”en las calles y plazas de Jerusalén no se veían más que montones de cabezas, manos y pies. Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el templo de Salomón, que los cadáveres flotaban en ella y en muchos lugares la sangre nos llegaba hasta la rodilla. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se dirigieron en procesión a la Iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de gracias”. 
Cerca de 40.000 personas fueron brutalmente asesinadas de mil formas diferentes, en una auténtica orgía de sangre y destrucción. Todo en nombre de un Dios y una fe.

Con esta conquista finalizó la Primera Cruzada, y muchos cruzados retornaron a sus países de origen. El resto se quedó para consolidar los territorios recién conquistados. Junto al Reino de Jerusalén (dirigido inicialmente por Godofredo de Bouillón, que tomó el título de Defensor del Santo Sepulcro) y al principado de Antioquía, se crearon además los condados de Edesa y Trípoli.

Tras morir Godofredo en 1100, su hermano Balduino abandonó el condado de Edesa y fue nombrado como primer rey cruzado de Jerusalén. La actuación de los cruzados dejó conmocionado al mundo musulmán, nunca antes se había visto ese nivel de barbarie, salvajismo y destrucción. Los cruzados habían matado y torturado a miles de personas, hombres, mujeres y niños solo por le hecho de ser de otra religión. Este actuar engendró un enorme odio entre ambas religiones, y creo unas heridas que aún hoy en día no se han cerrado. Tampoco los judíos se libraron de la crueldad cristiana, Emich de Leisinger, poderoso noble alemán, que formo parte de los ejércitos cruzados, se tatuó una cruz roja en el pecho con las palabras “venguemos la muerte de Cristo”, y se dedicó a asesinar y a robar a cientos de judíos. Un hombre del que se cuenta que asaba niños y llevaba un abrigo del que colgaban los testículos de sus enemigos. Todo un precedente del racismo alemán hacia el pueblo judío que acabara en el holocausto nazi. Muerte, torturas, violaciones, saqueos…..todo ello en nombre de la fe y ocasionado por la “Carta Blanca” que era para esta gente saber que por mucho mal que hicieran tenían el cielo asegurado, ya que la Iglesia Católica había prometido la absolución de todos sus pecados. Nos guste o no, la Iglesia Católica es la responsable directa de todas estas matanzas y del odio entre religiones. El fanatismo y las ansias de poder cegaron a toda la cristiandad. 

domingo, 12 de julio de 2015

La tercera cruzada (1189-1192)

Corría el año 1187, en Tierra Santa, como gustaba de llamarla en aquella época. Los grandes reyes cristianos aspiraban a recuperar para su religión territorios bíblicos que estaban ocupados por infieles. Salah ad-Din Yusuf ibn Ayyub, conocido en español como Saladino, estaba siendo la espada musulmana que en Oriente poco a poco iba destrozando el dominio cristiano en aquella zona, y se había convertido en una obsesión para los reyes de Francia, Inglaterra y el Sacro Imperio. El 2 de octubre de aquel año Saladino había entrado en la Ciudad Santa por excelencia, Jerusalén, la urbe más sagrada de todas, después de haber derrotado a las tropas cristianas en la batalla de Hattin. 

El gran fracaso en Tierra Santa por parte de la comunidad cristiana hizo reaccionar a los reyes de Francia e Inglaterra dejando sus conflictos a un lado y uniendo sus fuerzas por el bien de la cristiandad

Exhortados por el papa Gregorio VIII a través de su encíclica, la Audita Tremendi, que llamó a una Tercera Cruzada, los principales reinos cristianos se unieron para recuperar la ciudad sagrada. Por un lado, el soberano francés, Felipe II Augusto; por otro el rey inglés Enrique II, y por último, el germano Federico Barbarroja. El 11 de mayo de 1189 comenzó la Tercera Cruzada, también conocida como la Cruzada de los Reyes, cuando Federico I Barbarroja salió al mando del mayor y mejor de los ejércitos organizados hasta entonces. Lejos de cabalgar unidos, las disputas eran frecuentes (a fin de cuentas, se luchaba no sólo por recuperar esas tierras, sino por hacerse con sus riquezas). Con un avance lento y prudente en mayo de 1190 consiguió llegar a Asia Menor, donde enseguida venció a los turcos en la batalla de Iconio. Sin embargo, la muerte del rey alemán en el camino en un accidente desgraciado tras caer a las heladas aguas del río Salef, muchos de sus hombres volvieron, muy pocos se quedaron para recuperar Jerusalén.

El rey que en principio iba a dirigir a las tropas inglesas hacia Jerusalén, Enrique II falleció en 1189 y eso dio paso a un tal Ricardo, conde de Poitou, quien comenzó a destacar por su arrojo y liderazgo. El tal Ricardo, que acabaría pasando a la Historia como Corazón de León, sería en poco tiempo el auténtico líder de aquella nueva Cruzada. 

En julio Ricardo y Felipe II Augusto, salieron juntos desde Vézelay hacia Tierra Santa. 


Ricardo, que dirigía el ejército inglés, partió por tierra desde Marsella en dirección a Sicilia. Felipe II Augusto que dirigía el ejército francés, que viajó por mar, llegó a Mesina, capital del reino de Sicilia, el 14 de septiembre. Guillermo II de Sicilia había muerto el año anterior, y le había sucedido Tancredo, quien mandó recluir a Juana Plantagenet, viuda de Guillermo y hermana de Ricardo de Inglaterra y proyectaba quedarse con el generoso legado que Guillermo II había hecho a su suegro, Enrique II de Inglaterra. El rey inglés conquistó y saqueó la capital del reino, Mesina, el 4 de Octubre de 1190. Tancredo le ofreció una importante compensación económica a cambio de que depusiera las armas. Felipe II dejó Sicilia directamente para el Oriente Medio el 30 de marzo de 1191, y llegó a Tiro a mediados de mayo. Ingresó en el sitio de Acre el 20 de mayo. 

Ricardo I
Ricardo I no partió de Sicilia hasta 10 de abril. Poco después de zarpar de Sicilia, Ricardo armo una flota de 100 barcos (transportando 8.000 hombres) fue sorprendido por una violenta tormenta. Varios buques encallaron, con gran cantidad de tesoros que se habían reunido para la cruzada. Pronto se descubrió que Isaac Ducas Comneno rey de Chipre se había apoderado del tesoro. Ricardo I de Inglaterra entró a Limassol el 6 de mayo, y se reunió con Isaac, quien accedió a devolver las pertenencias y enviar a 500 de sus soldados a Tierra Santa. Una vez que Isaac Ducas Comneno regreso a su fortaleza de Famagusta, rompió su juramento de hospitalidad y ordenó a Ricardo I salir de la isla. La arrogancia de Isaac le valió que Ricardo I Corazón de León conquistara la isla en pocos días. Luego abandonó la isla y llegó a Acre 7 de junio.

Acre llevaba dos años sitiadas cuando estas nuevas tropas cristianas llegaron a su ribera. En junio del año 1191 frente a las murallas de Acre se encontraron las tropas de Ricardo Corazón de León, con las tropas francesas que habían llegado en abril, con los ejércitos de Federico Barbarroja que ahora comandaba el duque Leopoldo de Austria, y con las tropas que allí estaban ya anteriormente y que dirigía Guy de Lausignac, actual rey de Jerusalén. 


El asedio continuó, aunque curiosamente, los ejércitos cristianos estaban sitiados también a sus espaldas por los ejércitos de Saladino que habían acudido allí en ayuda de la ciudad de Acre. Sin embargo, las insalubres condiciones que había alcanzado la ciudad, y las brechas abiertas por las catapultas cristianas, la obligaron a rendirse. San Juan de Acre capituló el 12 de julio del año 1191. 


La avaricia fue lo que provocó el rosario de ignominias que asoló después a la ciudad. Con las puertas abiertas, las disputas entre los reinos se acentuaron. Todos querían el botín; las cláusulas de la rendición contemplaba que los sarracenos pagaran 20.000 monedas de oro y que se devolviera la Santa Cruz. La ciudad pasaba a manos cristianos, y mientras se liberarían 1.500 prisioneros, el resto de la población quedaría como rehén hasta tanto se hiciera el pago del botín. 

Mientras tanto, el vencimiento del pago se cumplió, y Saladino no pagó el rescate. Las conversaciones para su liberación se retrasaron, y Ricardo, lejos de mostrar la más mínima compasión optó por la vía más brutal. Asesinó, uno a uno, frente a las murallas de Acre, a casi 3.000 rehenes musulmanes. 

No sería ni mucho menos el último asedio que sufrió la ciudad, pues años después, en el año 1291, los sarracenos volverían a tomar la ciudad. En 1517 fueron los turcos quienes la asediaron y tomaron, y entre marzo y mayo de 1799, fue Napoleón Bonaparte quien puso a sus tropas frente a las murallas para expulsar a los turcos. También en Acre estuvo recluido Baha'ullah, fundador de la religión Bahaísta. Desde 1918 estuvo bajo mandato del Imperio Británico, y finalmente en 1948 pasó a formar parte del Estado de Israel.

Después de la captura de Acre, el rey Ricardo decidió marchar a la ciudad de Jaffa, El 7 de septiembre de 1191 en Arsuf (30 kilómetros al norte de Jaffa), Saladino atacó a Ricardo I de Inglaterra. Saladino intentó atraer a las fuerzas de Ricardo I y luego destruirla fácilmente: Pero Ricardo I mantuvo su formación hasta que los Caballeros Hospitalarios se apresuraron a atacar el flanco derecho de Saladino, mientras que los Templarios atacaban el izquierdo. Ricardo ganó la batalla y acabó con el mito de que Saladino era invencible

Saladino I
En julio de 1192, Saladino lanzó un sorpresivo ataque contra Jaffa y recuperó la ciudad, pero luego de unos dias después volvió a ser reconquistada por Ricardo I. El 5 de agosto se libró una batalla entre Ricardo y Saladino, en la que el rey inglés, a pesar de su marcada inferioridad numérica, resultó vencedor. El 2 de septiembre de 1192, Ricardo y Saladino finalizó un Tratado de Paz por el cual Jerusalén permanecería bajo control musulmán, pero permitiría el peregrinaje cristiano desarmado para visitar la ciudad de Jerusalén (Tierra Santa), del mismo modo que a los musulmanes se les permitiría el acceso a las mezquitas de La Meca por territorios cristianos. Ricardo I salió de Tierra Santa el 9 de octubre.

A finales de 1191, cuando se encontraba a 20 Km de Jerusalén, recibió noticias de los problemas que causaba su hermano Juan sin Tierra y de que Felipe II Augusto amenazaba las fronteras de su país. El 3 de septiembre de 1192, Saladino y Corazón de León firmaron la tregua. En ella se estipulaba que los cristianos conservarían la franja costera que iba desde Tiro hasta Jaffa y sería libre la entrada de peregrinos cristianos en Jerusalén.

También en Facebook en https://www.facebook.com/elkronoscopio/posts/1857017984524012

miércoles, 8 de abril de 2015

Los Caballeros Hospitalarios

La orden de San Juan del Hospital, fundada unos pocos años antes de la primera cruzada, sufrió una profunda transformación con la fundación del reino latino de Jerusalén. A imitación de los caballeros templarios, los hospitalarios se convirtieron en un verdadero ejército cuya finalidad era proteger a los peregrinos que se dirigían a los Santos Lugares

Hacia el año 1048, un grupo de comerciantes de la ciudad italiana de Amalfi, compadeciéndose de los peregrinos que acudían a Palestina para visitar los Santos Lugares, negociaron con los gobernantes musulmanes permiso para fundar un hospital y un albergue de peregrinos en Jerusalén. Logrado el permiso, la institución fue puesta bajo la advocación de San Juan y dirigida por un monje benedictino conocido como beato Gerardo Tum.

Beato Gerardo Tum
En 1113 fue autorizada por el Papa Pascual II con el nombre de Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, y es quizás la más importante de las órdenes militares de caballería, que bajo la regla de San Agustín y con el único objeto de cuidar a los heridos y enfermos del hospital, tuvo su primera sede en Jerusalén. Pero visto que a pesar del permiso obtenido los musulmanes seguían aporreando a todo cristiano que osaba acercarse al lugar, deciden formar el brazo militar y construir una red de fortalezas para custodia de los hospitales llegando a contar con una numerosa milicia. Esta pequeña hermandad de laicos que vivían una vida religiosa dedicada a labores de asistencia a peregrinos pasó en pocos años a transformarse de una simple organización sanitaria en uno de los ejércitos más temidos por los sarracenos, una verdadera punta de lanza del reino latino.

La transformación de la primitiva orden asistencial en una orden de caballería se debió con toda seguridad al ejemplo del Temple. A un lector de nuestros días le puede parecer una contradicción el hecho de que una orden religiosa pudiera tener carácter militar. Sin embargo, en la época que nos ocupa, existía toda una casuística que justificaba el empleo de la violencia para la defensa de la fe cristiana, así como para el mantenimiento de la paz y la justicia en el mundo. Además, prácticamente toda la cristiandad occidental vivía inmersa en un clima de extremada violencia como consecuencia de la debilidad de unos estados que eran incapaces de imponer la paz. Muchos nobles combatían entre sí y se había creado una auténtica ética de la violencia como forma de vida del noble.  

Esta Orden estaba organizada en tres grupos: los eclesiásticos, los legos y los caballeros de armas. Estos caballeros eran presididos por un jefe que recibía el nombre de Gran Maestre y al igual que los del Temple también participaban en la lucha, distinguiéndose algunos como verdaderos hombres de armas.
.
Desde el punto de vista estratégico, el sostenimiento de las órdenes militares era uno de los puntos esenciales del reino de Jerusalén. Esto era debido a que, contrariamente a la visión más habitual, la inmensa mayoría de los caballeros que hacía voto de cruzada solían regresar a su hogar una vez cumplido. De esta forma el reino quedaba prácticamente inerme. Se comprende pues, que siendo las órdenes militares los únicos ejércitos permanentes en Tierra Santa, buena parte de la seguridad del reino dependiera de ellas. Así pues, era necesario que tuviera una adecuada financiación y que estuvieran dotadas de recursos suficientes para su mantenimiento.

El problema se solucionaba a través de varias vías. Gracias al apoyo del papado, las órdenes se beneficiaban del gran número de donaciones que efectuaba la nobleza de toda la cristiandad, así como de las rentas que proporcionaban dichas donaciones. No obstante, había frecuentes roces entre las órdenes y las autoridades eclesiásticas seculares, ya que las primeras estaban exentas del pago de los diezmos y, además, eran independientes. Por otra parte, recibían una parte del botín de cada campaña en la que tomaran parte activa. Las propiedades de las órdenes no se circunscribían sólo a Tierra Santa. De este modo se realizaba una rotación de los miembros de la orden destacados en ultramar y el continente.

La Orden de San Juan y la Orden del Templo tenían el mismo rango en la Iglesia, concediéndoles el Papa grandes privilegios, absoluta independencia de cualquier autoridad espiritual y temporal salvo la de Roma, exención de diezmos y con derecho a tener sus propias capillas, clero y cementerios. A ambas se les asignó la defensa militar de Tierra Santa y las más formidables fortalezas del país fueron ocupadas por alguna de las dos. En el campo de batalla compartían los puestos más peligrosos, tomando por turnos la vanguardia y la retaguardia a pesar de la rivalidad existente entre ellas. A diferencia de la Orden del Templo (aunque según algunos estudios si existieron en un principio para luego desaparecer), esta orden de San Juan, admitía monjas entre sus miembros. La primera casa de religiosas Hospitalarias en España se fundó en Grisén, otorgada a la Orden en 1177.

Los Hospitalarios vestían hábito y manto negros y su distintivo era una cruz blanca de cuatro brazos de igual longitud, que se ensanchaba hacia los extremos, concedida en 1248 por Inocencio IV. En 1259, Alejandro IV les autoriza a llevar en tiempos de paz el manto negro y en la guerra cotas rojas con la cruz blanca. En 1278 se establece que deberían llevar la cruz blanca sobre fondo rojo. Las ocho puntas de la cruz significaban las ocho virtudes que los caballeros debían ejemplificar en las tareas de caridad de su vida cotidiana: Goce espiritual – Vivir sin malicia – Arrepentirse de los pecados – Humillarse ante los que te injurian – Amar la justicia – Ser misericordioso – Ser sincero y puro de corazón y sufrir la persecución con abnegación.


En 1530, Carlos I cedió a la orden las islas de Malta, Gozo y Comino, junto con la plaza de Trípoli (que se perderá 21 años después) instituyéndose en Malta y pasando a convertirse en la Orden de Malta. La cesión se hizo a cambio de entregar al emperador, una vez al año, un halcón “el célebre halcón maltés”. En 1799, Napoleón ocupó la isla y aunque fue vencido por la escuadra inglesa junto con los habitantes de Malta, la isla ya no les fue devuelta y después de otro peregrinaje, la Orden se instaló en Roma. .Esta Orden llegó hasta nuestros días y su principal actividad sigue siendo la hospitalaria, con obras sociales y benéficas en los cinco continentes, y su nombre completo es Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. Después de residir temporalmente en Messina, Catania y Ferrara, en 1834 la Orden se estableció definitivamente en Roma, donde posee, con garantía de extraterritorialidad, el Palacio Magistral en via Condotti 68, y la Villa Magistral en la colina del Aventino.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la misión original de asistencia hospitalaria volvió a ser la actividad principal de la Orden, reforzándose aún más a lo largo del último siglo, gracias a la contribución de las actividades de los Grandes Prioratos y de las Asociaciones Nacionales presentes en numerosos países del mundo. La actividad hospitalaria y caritativa se desarrolló a gran escala durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial bajo la dirección del Gran Maestre Frey Ludovico Chigi Albani della Rovere (1931-1951).

Bajo los Grandes Maestres Frey Angelo de Mojana di Cologna (1962-1988) y Frey Andrew Bertie (1988-2008), los proyectos se intensificaron hasta llegar a las regiones más remotas del planeta.

Los Caballeros, hoy
Una de las fortalezas más importantes que defendieron los Hospitalarios fue la de Krak de los Caballeros

El castillo de Krak (Fortaleza, en árabe) fue construido por los cruzados sobre un espolón del desierto sirio con el fin de proteger la ruta que unía la ciudad siria de Homs (bajo dominio musulmán) con Trípoli, capital del condado del mismo nombre, en la costa del Mediterráneo. La fortaleza original había sido construida por el emir de Alepo. Fue capturado por Raimundo IV de Tolosa en 1099 durante la Primera Cruzada, pero fue abandonado cuando los cruzados siguieron su ruta hacia Jerusalén. Fue reocupado por Tancredo, príncipe de Galilea en 1110. Raimundo II, conde de Trípoli, se lo cedió a los caballeros hospitalarios en 1142. Durante el siglo y medio siguiente, los caballeros construyeron una imponente fortaleza, la mayor de Tierra Santa, que resistió al menos doce asaltos por parte de los musulmanes.

El castillo se construyó en dos etapas. En la primera se levantaron los muros exteriores y un núcleo interior de pequeñas edificaciones cuadradas, de forma que para 1170 la fortaleza estaba terminada. En 1202 un terremoto afectó a parte de las fortificaciones, de forma que poco después se acometió una profunda reestructuración. Así surgió el núcleo actual de fortificaciones y las defensas exteriores: un muro externo de treinta metros de anchura con siete torres de 8-10 metros de anchura, creando una fortaleza concéntrica. Las laderas escarpadas del espolón se aprovecharon con fines tácticos.

El Krak de los Caballeros
Aunque el risco en el que estaba situada proporcionaba un emplazamiento ideal, una fortificación situada en este punto poseía dos puntos débiles: la puerta principal y el flanco sur, abierto a la llanura. Para proteger este expuesto lado, se levantó un muro de albañilería con tres grandes torres, precedido de un enorme parapeto de mampostería que en algunas zonas medía 25 metros de espesor.

El problema de la entrada se resolvió haciendo que el acceso a ella se construyera en zigzag por el declive escarpado, de manera que un posible invasor se expondría durante su asalto al fuego de los adversarios entre las puertas exterior e interior, un angosto pasillo entre muros y defensas colosales.

La posibilidad de rendir la fortaleza mediante asedio también resultaba inútil. La fortaleza poseía un almacén de 120 metros de largo y almacenes adicionales excavados en el acantilado bajo la fortaleza, donde se almacenaba agua y alimentos suficientes para mantener largo tiempo a una guarnición de 2.000 hombres. Se estima que podría haber resistido un asedio de cinco años.

En 1163, la fortaleza fue infructuosamente asediada por Nur al-Din. Después de su victoria, los hospitalarios se convirtieron en una fuerza virtualmente independiente en la frontera del condado de Trípoli. Fue asediado, también infructuosamente por Saladino en 1188. Finalmente, fue el sultán de Egipto, Baibars, quien tomó la fortaleza (8 de abril de 1271).

En aquel entonces, la guarnición de hombres era escasa. Un año antes, la Octava Cruzada había fracasado y el envío de ayuda desde el oeste resultaba imposible. Durante varias semanas, las fuerzas de Baybars minaron la torre sudoeste del muro exterior hasta que se derrumbó. sin embargo, cuando los atacantes penetraron en el recinto, se encontraron ante la segunda línea fortificaciones, también imponentes, que aún les cerraba el paso.

Baybars, no queriendo aceptar la derrota o la posibilidad de un largo cerco, recurrió a la astucia. Según los historiadores árabes, se valió de una paloma para enviar una carta falsa al castillo. El mensaje decía venir del gran maestre de la orden hospitalaria y ordenaba la rendición de la tropa, pues no era posible enviarles hasta allí socorro alguno. La orden fue obedecida y Baybars pudo capturar la fortaleza. Además, concedió caballerosamente a la guarnición un salvoconducto para que se trasladara hasta Trípoli.

Baybars refortificó la fortaleza y la usó como base en su campaña contra Trípoli. También convirtió la capilla en mezquita. Los mamelucos la utilizaron posteriormente en su ataque a San Juan de Acre en 1291.

La fortaleza es uno de los pocos lugares donde el arte cruzado (en forma de frecos) se ha preservado. Eduardo I de Inglaterra, durante la Novena Cruzada en 1272, vio la fortaleza y la usó como ejemplo de sus propios castillos en Inglaterra y Gales. Según expresión de T.E. Lawrence, el Krak de los Caballeros es el castillo más admirable del mundo.

Hoy el castillo subsiste notablemente bien conservado, y se considera como uno de los más bellos exponentes de arquitectura militar. Pertenece al gobierno sirio, que lo utiliza como atracción turística.

miércoles, 18 de marzo de 2015

18 de marzo de 1314 - en Francia, Jacques de Molay, el 23º y último gran maestro de los templarios, es quemado en la hoguera.

Es el Año del Señor de 1118. Los cruzados occidentales gobiernan Jerusalén bajo el mandato del Rey Balduino II. Es primavera y nueve caballeros, con Hugo de Paynes a la cabeza, y a similitud de los ya existentes "Caballeros del Santo Sepulcro", fundan una nueva orden de caballería, con el beneplácito del rey de la ciudad. Han nacido los Templarios.


Es significativo señalar la donación por el Rey Balduino II de Jerusalén como sede para la nueva orden, y de ahí su denominación, de la mezquita blanca de al-Aqsa, del Monte del Templo. Creo necesario indicar que en la época, se identificaba dicha mezquita como el emplazamiento exacto del Templo de Salomón (hoy se sabe que era mucho mayor, y que la mezquita ocupa solamente el atrio de dicho templo), y por ello no es fácilmente explicable como a una recién fundada "policía de caminos" tal era la función principal de los Templarios en sus comienzos, se le fuera donado semejante emplazamiento, donde cabían sobradamente varios millares de caballeros, teniendo en cuenta que solo eran nueve hombres.

En definitiva,  la Orden del Temple surge a partir de un grupo de caballeros que se declararon donados o servidores del Santo Sepulcro y se dieron como misión defender los Santos Lugares frente a los musulmanes. Dotada de una regla monástica y tutelada directamente por la Santa Sede, la Orden tenía un doble carácter, religioso y militar, rasgo que puede chocar a nuestra mentalidad del S. XXI, pero que resultaba ampliamente aceptado en el contexto de la Edad Media y del periodo de las Cruzadas. Pese a ello, no fue fácil, en el momento del nacimiento de la nueva orden, realizar la fusión entre el caballero y el religioso. La Iglesia cristiana, que en sus orígenes era esencialmente pacifista, tuvo que modificar su ideología sobre la guerra hasta llegar a una concepción nueva, cuyo modelo fue el Temple

Así pues, parece ser que durante los primeros nueve años, los Caballeros del Temple no hacen otra cosa que proteger a los peregrinos, sobre todo en el peligroso camino del puerto de Jaffa a las murallas de Jerusalén. Sin embargo, a pesar de su valor y abnegado servicio, no consta que participaran en las campañas de los reyes del nuevo reino cristiano desde el fin de la Primera Cruzada, lo que refuerza la hipótesis anteriormente citada y defendida por algunos historiadores, que les tendría ocupados durante largo tiempo. De todas formas, esto sería entrar en el terreno de la mera suposición.

En el contexto de las nuevas ideas sobre la sacralización de la guerra, la institución de los templarios suponía un cambio en la sociedad y en la espiritualidad de la Edad Media. Hasta entonces, los fieles que deseaban consagrarse a Dios, los clerici, debían abandonar el mundo, y el claustro o el sacerdocio constituían las vías de la religiosidad suprema. Con la aparición de la orden del Temple se abría una tercera vía para alcanzar la santidad: ser religiosos y al mismo tiempo pertenecer a la clase de los guerreros, alcanzar la Jerusalén celeste y la Jerusalén terrestre

A principios del Siglo XIV, el Temple había cambiado. Como los cristianos, los cistercienses o cualquier organización, la Orden había sufrido una evolución, apartándose de los ideales de los primeros tiempos. Tampoco tenía ya sentido entonces la caballería, y menos la religiosa. La diferencia entre la orden del Temple y otras órdenes militares estribó en que éstas evolucionaron o pudieron ser reformadas, mientras que aquélla no tuvo esta oportunidad.

Después de los últimos intentos de recuperar Tierra Santa, Jacques de Molay, último maestre de la Orden, regresó de la sede de Chipre a Europa. El Papa lo había llamado para discutir sobre una nueva cruzada y sobre la unión de las órdenes del Temple y del Hospital, fusión que Molay rechazó tajantemente. Mientras, los caballeros hospitalarios se habían instalado en la isla griega de Rodas, y podían presentarse como un elemento de contención de los ataques turcos y como continuadores de la obra de cruzada. La orden Teutónica había formado también un Estado teocrático en Prusia.

Los reyes europeos, en un periodo de desarrollo de las monarquías centralizadas, consideraban las órdenes militares, que dependían del Papado, como un obstáculo en su afán por controlar las iglesias de sus respectivos países. El Temple se convirtió así en el objetivo codiciado del rey de Francia, Felipe IV el Hermoso, quien, con el apoyo del papa Clemente V, ordenó las redadas para detener a todos los Templarios del país el viernes 13 de octubre de 1307, hecho al que se atribuye la leyenda de los malos augurios asociados a este día de la semana cuando cae en 13. El asalto a los templarios alcanzó una gran notoriedad a causa de las escabrosas acusaciones que se les imputaron, la tortura a los que los sometieron los inquisidores. 

En la lucha por la supremacía entre el Papado y el rey de Francia, éste resultó vencedor. El papa Clemente V, que debía ser el garante de la independencia de la Orden, tuvo que elegir entre los templarios y el honor del Papado. La elección no ofrecía dudas: a su pesar, en 1312, en el concilio de Viena, el papa sacrificó la Orden y la suprimió, sin embargo, nunca condenó a los templarios por herejía.

El 18 de marzo de 1314, hace 701 años, murió en la hoguera Jacques de Molay, el último maestre de los templarios, por orden del rey de Francia Felipe IV el Hermoso. Tenía 70 años, un cuerpo magullado por la tortura y probablemente también sufría una cierta enajenación mental como consecuencia de 7 años de prisión.

Jacques Bernard de Molay es uno de los enigmáticos personajes de la fe y la cristiandad que con sus acciones no pudo ganarse el fervor del pueblo. Fue el último Gran Maestre de la orden del Temple, la fecha exacta de su nacimiento no se sabe a ciencia cierta pero se dice que fue en Borgoña hacia los años 1240 y 1244. Algunos historiadores señalan que nació en la ciudad de Vitry en el año 1243, fue hijo de Juan, Señor de Lonvy. Para que Jacques llegue al poder tuvieron que pasar muchas sucesiones como la del Maestre Guillaume de Beaujeau en Acre y Thibaud Gaudin, tras la muerte de este último el año 1292, Bernard de Molay, recién se convirtió en el número 23 Gran Maestre visible de la Orden.

Durante su mandato se dice que organizó en el año 1293 una serie de expediciones para vigilar a los musulmanes, logrando así entrar a Jerusalén el año 1298, buscando recuperar la ciudad de Tortosa en la costa de Siria para devolverlos a la fe, planeo otra expedición para Alejandría en el año 1300, sin mucho éxito.

A finales del año 1306 Jacques De Molay, llegó a Europa donde se reuniría con Foulques De Villaret, debido a la demora de su llegada, el Gran Maestre fue adelantando y revisando asuntos de las órdenes del Rey y del papa, oponiéndose a sus ideas de la fusión del Temple y del Hospital, aun cuando le habían advertido de represarías si no aceptaba la unión. En otros temas como la nueva cruzada, Jacques propuso una gran campaña donde los reyes de Inglaterra estarían incluidos para deshacerse de las fuerzas terrestres de Egipto, ideas que fueron refutadas por Felipe IV que no estaba de acuerdo. Poco a poco De Molay fue ganándose adversarios por sus propuestas que no eran del agrado de otras autoridades eclesiásticas.
Templarios y Hospitalarios
La caída de Molay fue muy precipitada, a pesar de ser uno de los caballeros más poderosos de su tiempo. Un día antes de su encarcelamiento ocupó un lugar preferente en los funerales de la cuñada del rey, sin percatarse de ningún peligro... y sin embargo, unas horas más tarde fue prendido por la guardia real mientras dormía, acusado de delitos gravísimos, que reconoció, probablemente después de ser sometido a tortura. Poco después ratificó públicamente su confesión ante los doctores de la Universidad de París reunidos en la catedral de Notre Dame. Era lo más conveniente ante una acusación de herejía, reconocer los pecados, aceptar la culpa y solicitar la reconciliación con la Iglesia. Sin embargo De Molay negó las acusaciones más tarde, cuando declaró ante el papa sin la presión del rey. Después su debilidad de carácter le llevó a desdecirse en varias ocasiones, aceptando y rechazando los cargos en su contra, lo que arruinó su prestigio.

El rey había ordenado mantener preso al maestre, junto con otros mandatarios del Temple, en las mazmorras de su palacio en París durante los siete largos años que duró el proceso. El papa ya había ordenado la disolución del Temple, algunos caballeros habían sido quemados, otros renunciaron a sus privilegios y vivían recluidos en conventos, de manera que toda resistencia había sido sofocada. El asunto estaba zanjado y solo faltaba decidir qué hacer con los dirigentes de la Orden. La mañana del 18 de marzo, un tribunal inquisitorial convocó a De Molay  en la plaza de la catedral para comunicarles la sentencia de cadena perpetua, bastante favorable considerando la situación. Sin embargo el Gran Maestre, para asombro del tribunal, tomó la palabra para defender su inocencia. Los inquisidores quisieron ocultar lo ocurrido, pero el rey fue informado rápidamente y ordenó la ejecución por tratarse de herejes relapsos, recalcitrantes en su error, que Jacques de Molay y su lugarteniente Geoffroy de Charney, debían ser ajusticiados por el brazo secular

Si la condena había sido pública, la ejecución fue casi secreta, sin testigos, ese mismo día, después de la puesta de sol, en un pequeño islote sobre el Sena cercano a la isla de la Cité, para evitar tumultos. Minutos antes de arder pavorosamente en las llamas, el último Gran Maestre se retractó públicamente de las confesiones obtenidas bajo tortura y, según la leyenda, maldijo a los causantes de la desgracia de la Orden del Temple -el rey de Francia y al Papa Clemente- conminándoles a presentarse ante el juicio de Dios antes de un año. 

¿Por qué cayó el Temple?

Visto desde nuestro tiempo, podríamos decir que el juicio de los templarios fue un caso de corrupción generalizada, en el que no fueron inocentes ni los acusados, De Molay y los suyos, ni los acusadores, el papa Clemente, el ministro Nogaret, y el rey Felipe. Los cargos principales fueron cuatro: 
  • negación de Jesucristo, 
  • besos obscenos durante la profesión, 
  • sodomía e 
  • idolatría. 
Pero había otras acusaciones, sobre todo la avaricia y la corrupción por los enormes tesoros acumulados por los templarios. Ni que decir tiene que el culto a las reliquias, tan extendido en la época, tenía algo de idolatría, y que la corrupción de las costumbres estaba bastante generalizada en la milicia. El propio San Bernardo había dicho que muchos caballeros eran afeminados, ladrones, violadores y perjuros… Acusar a los templarios de creer que Jesucristo era un falso profeta, era una forma de recordar sus antiguos tratos con Saladino, cuando en la guerra todo el mundo hacía pactos. Y por último, si alguien destacó por su codicia fue el rey que se apropió de todas las cosas de valor de la Orden.

Solo si analizamos las grandes tendencias de la Historia podremos comprender lo ocurrido. En 1291 cayó Acre, la última posición de los cruzados en Tierra Santa. Las Órdenes Militares habían fracasado, por lo que debían desaparecer o transformarse. El rey, como majestad cristianísima, exigía la completa sumisión de la Iglesia a sus proyectos políticos. El nuevo papa Clemente, el francés Bertrand de Got, así lo entendió, se doblegó a sus mandatos e instaló su curia en Aviñón. Jacques de Molay, en cambio, pensaba que vivía en otra época, y que eran los reyes los que tenían que secundar sus irreales proyectos de cruzada. Murió por eso, por no comprender los cambios de su tiempo.

«¡Pagarás por la sangre de los inocentes, Felipe, rey blasfemo! ¡Y tú, Clemente, traidor a tu Iglesia! ¡Dios vengará nuestra muerte, y ambos estaréis muertos antes de un año!»

Una maldición que se cumplirá al pie de la letra, pues tanto el Papa como el rey de Francia mueren a los pocos meses. Castigo divino o no, desde ese 18 de marzo de 1314 vivirá para siempre en la imaginación de todos nosotros la leyenda de los valientes y abnegados defensores del Santo Sepulcro, de los monjes que partían a mandoblazos cráneos de sus semejantes sin sentir ni por asomo la ironía: La leyenda de los caballeros templarios.



Bonus track

Jacques de Molay
Jacques de Molay, históricamente el último Gran Maestre de la Orden del Temple, apareció como un personaje muy minoritario en la base de datos de Assassin's Creed: Revelations, en documentos desbloqueables en el modo multijugador. Igualmente, es mencionado en Assassin's Creed Encyclopedia, aunque sin más protagonismo que en Revelations. Su primera aparición de verdad fue en la aplicación Assassin's Creed: Memories, un videojuego de estrategia, en 2014. Ese mismo año, salió a la venta Assassin's Creed: Unity, donde De Molay es un personaje que, a pesar de aparecer poco, tiene una importancia vital, al ser lo que motiva al antagonista del juego, Germain, a cumplir sus objetivos.


Puede interesarle:


lunes, 16 de marzo de 2015

16 de marzo de 1190 - una ola de disturbios antisemitas culminó con la masacre de aproximadamente 150 judíos conocida como "La masacre de York"

A los pies de la torre de Clifford una placa marca el capítulo más oscuro en la historia de la comunidad judía de York.

"En la noche del viernes 16 de marzo 1190 a unos 150 Judios y Judías de York después de haber buscado protección en el Castillo Real en este sitio de una turba incitada por Richard Malebisse y otros optaron por morir a manos del otro en lugar de renunciar a su fe." 

El 16 de marzo 1190 una ola de disturbios antisemitas culminó con la masacre de aproximadamente 150 Judios - toda la comunidad judía de York - que se había refugiado en el castillo real, donde la torre de Clifford se ubica actualmente. El cronista William de Newburgh describió a los manifestantes de York actuando "sin ningún escrúpulo de conciencia cristiana" en la erradicación de la comunidad judía. Y William no era el único cronista para registrar estos hechos lamentables, como las Crónicas de la Abadía de Meaux en East Yorkshire, y Roger de Howden incluyen relatos del hecho.

El sentimiento antisemita era muy alto en toda Europa occidental en el siglo XII, avivado por el fervor cristiano de las Cruzadas, que dirige la agresión contra los judíos a través de Inglaterra, Francia y Alemania, así como contra los musulmanes en Tierra Santa. El nuevo rey de Inglaterra, Ricardo I, estaba él mismo en la Tercera Cruzada. Los disturbios se habían extendido por toda Inglaterra desde que a prominentes Judios, incluyendo Benedicto de York, se les había negado la entrada a banquete de la coronación del rey Ricardo I en 1189. Benedicto fue el Judio rico de York y fue mortalmente herido en los disturbios en Westminster.

Después de que los disturbios habían envuelto a los pueblos de Norwich, Stamford y Lincoln comenzaron en York con una turba que intentó quemar la casa palaciega de Benedicto. Los judíos fueron protegidos oficialmente por el rey como sus vasallos feudales y buscaron protección en el castillo real, parapetarse en la torre de de madera. Los manifestantes, por su parte, fueron incitados por los miembros de la alta burguesía local llamados Richard Malebisse, William Percy, Marmeduke Darell y Philip de Fauconberg. Estos hombres vieron los disturbios como una oportunidad para acabar con las extensas deudas que tenían con los prestamistas judíos en la ciudad. Estos hombres habían tomado préstamos en gran medida de los prestamistas judíos, pero no habían podido obtener ganancias en sus negocios y por lo tanto no podían darse el lujo de pagar sus deudas. De hecho, después de la masacre procedieron a quemar los registros de sus deudas, por lo que evitaron tener que pagar al rey, que adquiriría la propiedad y las deudas contraídas con los judíos asesinados.

Cuando un grupo de caballeros llegó a atacar el castillo, con el apoyo de máquinas de asedio, una persona que había ido a incitar a la multitud fue muerto por una piedra que cayó. Este evento indignó aún más la multitud enardecida, en busca de sangre judía.

Al no ver salida a la seguridad, la mayoría de los judíos decidieron suicidarse en la torre. Las alternativas eran a renunciar a su fe y entregarse al bautismo forzado o la muerte a manos de la turba. Fueron conducidos por el rico judío Josce y el rabino Yomtob, un erudito, que había llegado a York desde Joigny en Francia. Después de matar a sus esposas e hijos prendieron fuego a la torre  de madera y se suicidaron.

Algunos judíos rechazaron la opción del suicidio, pero parece su destino no fue mejor, muriendo ya sea en el fuego, o asesinados por los alborotadores. Los restos ennegrecidos del fuego fueron descubiertos en las excavaciones de la torre de Clifford en el siglo 20. De las cenizas de ese fuego se construyó la actual fortaleza de piedra de la torre de Clifford. Los sucesos de York eran una afrenta a la dignidad y la autoridad del rey Ricardo y así una investigación real se llevó a cabo poco después. Esto dio lugar a la ciudad recibir una fuerte multa, pero en ese momento los instigadores había escapado y no los individuos nunca fueron castigados por los crímenes cometidos en esa fatídica noche. Probablemente algunos de ellos se unieron al rey  mismo en la cruzada, que estaba por entonces en el camino a la Tierra Santa a través de Francia.


La torre se encuentra en el sitio de una horrible masacre de la población judía de York en 1190. Un grupo grande se había refugiado de una turba violenta en la torre luego de madera. En lugar de perecer a manos de la multitud que los esperaba afuera, muchos de los Judios se quitaron la vida, otros murieron en las llamas, y los que finalmente se rindió fueron asesinados. Hoy en día, la torre de Clifford se erige como un poderoso recordatorio de la intolerancia religiosa y racial - una fuerza educativa en un mundo inestable. 



La masacre de 1190 fue un ejemplo horrendo de la violencia y el asesinato impulsado por la intolerancia religiosa y la codicia de los que le debía al líder prestamistas dinero judío. Y fue por desgracia sólo uno de los innumerables casos de mafia-violencia contra las comunidades judías en toda Inglaterra y Europa Occidental en la Edad Media.


miércoles, 18 de febrero de 2015

La Sexta Cruzada

La Sexta Cruzada (1228-1229), fue emprendida en 1227 por el emperador del Sacro Imperio romano Germánico, Federico II de Hohenstaufen. La sexta Cruzada fue una cruzada pacífica, ya que se resolvió por medios diplomáticos, evitando así la confrontación militar.

Tras el fracaso de la Quinta Cruzada, Juan de Brienne, rey de Jerusalén y protagonista de la quinta Cruzada, decide viajar a Europa en el otoño de 1222, con el fin de acordar con el Papa el futuro del reino en medio oriente, bastante presionado pues selyúcidas y ayyubíes mantenían algunas pugnas y guerras, mientras los reinos cristianos sólo dependían de un frágil comercio para mantenerse con vida. En su nueva discusión el Papa y Juan de Brienne coincidieron en comprometer al gran rey ausente durante la campaña anterior: Federico II de Alemania.

Gregorio IX
El emperador Federico II de Hohenstaufen firmó el Tratado de San Germano (1225), y se comprometía a llevar una cruzada hacia Tierra Santa, pero por razones políticas había retrasado en varias ocasiones el inicio de su cruzada a Jerusalén. Pero cuando en el año 1227, Federico partió de Bríndisi hacia Siria, pero una epidemia lo obligó a regresar a Italia. El papa Gregorio IX lo excomulgó, ya que consideró, que al haber regresado, quebrantó sus votos de cruzado. Sin embargo, al año siguiente, Federico fue a Jerusalén, mientras que el Papa lo llamó "Anticristo”.  Esta cruzada fue la única pacífica que tuvo éxito.

Sin embargo, a pesar de no contar con la bendición del papa, en junio de 1228, después de muchas dudas, Federico II decidió emprender la cruzada para liberarse de la excomunión que el Papa le había otorgado. Se embarcó, por segunda vez, en Bríndisi. Iba al frente de tropas alemanas, genovesas y pisanas. Habría llegado hasta Acre en septiembre del año 1228. 

El 18 de marzo 1229 Federico II de Alemania recibió la corona de Rey de Jerusalén con motivo del matrimonio que él tenía con Isabel II de Brienne, a pesar de la oposición del clero local y casi todos los señores feudales. Esta coronación formal no era auténtica, ya que Federico II estaba marcado por una excomunión, lo cual no le permitía participar en ceremonias religiosas.

Federico no perdió tiempo en tierra santa y se mantuvo al tanto de los acontecimientos y sorprendiendo a todos decide meterse en la ya mencionada, guerra civil entre musulmanes. Para entonces al-Kamil,  nieto de Saladino, sultán de Siria y Egipto, era el hombre más poderoso del mundo musulmán. Se hallaba en guerra por el sultanato que contra Moadhan, su hermano, esto hizo que Federico tome este contexto como su herramienta para llegar a un acuerdo. El emperador, ante la sorpresa de todo el mundo cristiano, tenía gran simpatía por al-Kamil, de quien recibió el ofrecimiento de ayuda y apoyo si es que el recibía el mismo trato en la guerra que estaba llevando a cabo contra su pariente rebelde.  

¿Es que acaso Federico olvidaba que al-Kamil había sido aquel sultán que humilló a los cruzados en la campaña anterior y que los obligó a regresar a casa con las manos y bolsillos casi vacíos? Todo medio oriente se preguntaba eso, pero Federico no daba marcha atrás en sus planes y sin ningún reparo moral o religioso aceptó la oferta de Al-Kamil estableciendo el siguiente pacto: se le daría al emperador europeo Jerusalén con excepción de dos mezquitas, entre ellas la Cúpula de la Roca, claro está, y otras plazas como Belén, Nazareth y Tiro, en las cercanías, lo que permitiría la total defensa de la sagrada ciudad, en caso de un ataque. El sultán a cambio sólo exigía que se lo ayuden en la guerra contra su pariente y el paso libre de los musulmanes para peregrinar en Jerusalén. Federico, había logrado lo impensable en un corto período y sin un inútil derramamiento de sangre. Además,  los bandos beligerantes acordarían una tregua de 10 años y  los cristianos reconocerían la libertad de culto para los musulmanes en las ciudades cristianas; debido a esto, el Papa excomulgó a Federico II una vez más.

El Tratado fue de importancia mundial, ya que hubo un compromiso entre los intereses de Oriente y de Occidente. Entre sus consecuencias, se produjo un enorme aumento de los intercambios culturales y comerciales entre el levante y el poniente. Sin embargo, solo podría mantenerse siempre y cuando el sultán al-Kamil permaneciera con vida y Federico II fuera capaz de ejercer su influencia en el Reino de Jerusalén. Los descendientes de estos líderes causaron un contraste entre mundo cristiano y el mundo islámico.

Federico II estaba casado con Isabela II de Jerusalén, hija de Juan de Brienne quien fue rey de Jerusalén entre 1210 y 1225 y regente del Imperio Latino de Constantinopla entre 1229 y 1237. Por lo tanto, el emperador germano heredó el Reino de Jerusalén, a pesar de la oposición del papa.

Gracias a su esposa, la corona del reino de Jerusalén le pertenecía. Por ende, Federico tuvo dónde resguardar a su ejército a pesar de que sus enemigos musulmanes y cristianos rondaban todo el tiempo. La mayor parte de sus problemas provenían  de su ejército, ya que los primeros soldados que habían llegado a tierra santa estaban regresando. Estos  tenían miedo a las represalias  y para inicios de 1228 contaban solo con alrededor 5 mil soldados, un ejército muy mermado. Sin embargo, no se resignaría a regresar  con las manos vacías y humillado.

El emperador Federico II se mantuvo durante algunos meses en Tierra Santa, intentando, sin éxito, poner orden a la situación del reino de Jerusalén. La relación con el papado, sin embargo, no mejoró mucho, el Papa estaba decepcionado por la efímera victoria y una Jerusalén a merced de los musulmanes desmilitarizada sin paredes e indefendible, el Papa también se sentía decepcionado por la solución diplomática de Federico II, pero la razón quizás más importante fue el resentimiento del Papa por el nuevo éxito de aquel emperador que amenazaba su supremacía en la región de Italia

Debido a algunos pequeños roces entre caravanas y algunas guarniciones, nada importante, se habían hecho algunos prisioneros, que fueron inmediatamente intercambiados mediante el pacto. En el bando musulmán, Al-Kamil tampoco fue bien visto por semejante intercambio que sólo favorecía a su gobierno así que se dedicó a armar toda una propaganda que engañó al pueblo haciéndole creer la hipotética superioridad del ejército de Federico, quedando así justificado su pacto. El tratado quedó firmado exactamente el 18 de febrero de 1229, con la presencia de musulmanes notables, el emperador, obispos y el maestre de la orden teutónica. Muchos nobles cristianos prefirieron no asistir debido a que consideraban un agravio pactar con los infieles, ¿o era quizá porque se recuperó Jerusalén sin la necesidad de guerra?

La Sexta Cruzada fue un éxito: Jerusalén es una vez más cristiana y Federico II demostró que los estados cruzados se podrían mantener por otros medios que no sean militares. Esta estrategia diplomática se reanudaría a partir de entonces, especialmente durante 1239.

Federico II
Pero esta cruzada dejó atrás muchos problemas sin resolver, las fortificaciones de Jerusalén no se reconstruyeron, y la ciudad estaría a merced de los musulmanes, luego de la culminación de la tregua de 10 años acordada. Luego de la partida de Federico II y el fin de la tregua entre cruzados y musulmanes, el Reino de Jerusalén sería reconquistaba por las fuerzas islámicas en 1239.

Sea como sea la obra de Federico tenía que ser calificada de antológica. En marzo de 1229 Federico entra a la ciudad y es coronado oficialmente como rey de Jerusalén con nueva capital. Su ingreso no fue bienvenido, las calles estuvieron prácticamente vacías el día de su ingreso, pues no dejaba de levantar sospechas frente a todos, tanto cristianos, judíos o musulmanes. Su fama de soberbio y malvado se había esparcido por todas partes. En su escolta sólo se hallaban algunos de sus amigos ingleses y los caballeros teutónicos y tras el término de la procesión el musulmán Qadi Shams le hace la entrega de las llaves de la ciudad.

Así terminó oficialmente la sexta Cruzada, con la pacífica recuperación de Jerusalén, el resto de tiempo el emperador Federico se dedicó a vagabundear por la ciudad y mientras recorría las calles de aquella santa ciudad visitó lugares sagrados para el Islam como la Cúpula de la Roca, además, tuvo muchos roces con los cristianos y hasta prefirió a los musulmanes antes que a estos, lo que le generó muchas críticas. Incluso,  prohibió que todos los cristianos ingresaran a lugares sagrados para los musulmanes.

Tampoco acarreaba todas las gracias musulmanas, pues no era desconocido su agnosticismo o hasta ateísmo lo que le valió desprestigio. De ahí en más sólo se dedicó a organizar la ciudad y preparar su retorno, justo cuando se enteró que existía una sublevación en Damasco y se vio obligada a acabarla. Sin embargo, las cosas para Federico se hicieron pronto insostenibles, tanto porque sus pares cristianos lo miraban con desdén, así como cuando le llegaron noticias de que su suegro Juan de Brienne y el Papa se encargaban de generar disturbios en su reino. El papa, apoyado por la Liga Lombarda, planeó la invasión del reino de Sicilia, por lo que, en 1229, Federico tuvo que regresar a Europa (dejándole encargado a Balian de Sidón y Garnier, el germánico, el reino de Jerusalén y en especial la capital) donde derrotó a las fuerzas lombardas y pontificias.

Si bien Federico había conseguido recuperar la dichosa ciudad, no pudo acabar con los sultanatos, recuperar nuevas tierras y obtener grandes riquezas producto del saqueo. Esto era lo que los ejércitos, el Papa y los reyes más buscaban. Pero fue astuto, pues con eso consiguió callar a Roma y a todos aquellos que buscaban una innecesaria guerra en medio oriente. El 1 de mayo de 1229 Federico ponía marcha rumbo a Europa, llegando en junio a Brindisi. Atrás dejaba una ciudad sagrada recuperada pero en proceso de fortificación lo que hacía en extremo difícil mantenerla de posibles ataques. Los musulmanes asaltaron la ciudad a un par de semanas de la partida del soberano y los roces parecieron comenzar otra vez. En pocas palabras Federico dejó atrás la semilla para una nueva guerra civil, religiosa, ¿acaso la Séptima Cruzada?