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lunes, 23 de febrero de 2015

23 de febrero de 1945 - se toma en Iwo Jima una de las fotografías más famosas de la Segunda Guerra Mundial

Es una de las imágenes más famosas de la Segunda Guerra Mundial. Fue tomada por el fotógrafo Joe Rosenthal el 23 de febrero de 1945 en la isla de Iwo Jima (Japón). Representa el triunfo de los aliados y destaca el papel que los marines estadounidenses tuvieron en el Pacífico durante aquel conflicto.


Iwo Jima es una pequeña isla en el Pacífico —de 8 kilómetros de largo y de hasta 4 kilómetros de ancho—, considerada de gran importancia táctica para la guerra, por lo que los japoneses la defendieron con más de 20 mil soldados.

La Batalla de Iwo Jima es considerada una de las más sangrientas en la historia de los EE.UU. ya que las tropas japonesas opusieron una gran resistencia desde sus escondites en el Monte Suribachi —un sitio considerado sagrado—. Aunque la batalla continuaba, al tercer día de la lucha, el 28º Regimiento de la 5º División de Marines tomó el monte, lo cual significó un avance importante hacia la victoria de los estadounidenses.

el monte Suribachi
Para celebrar la toma del Monte Suribachi, el 23 de febrero Charles Lindberg, Hank Hansen, Ray Jacobs, Phil Ward y Harold Schrier fueron enviados a la cima para plantar una bandera de rayas y estrellas —entre todos, ya que el mástil improvisado era muy pesado—, y la escena fue captada oportunamente por el marine Lou Lowery, fotógrafo de Leatherneck Magazine, una publicación del Cuerpo de Marines de los EE.UU.

La bandera era pequeña y apenas se veía desde otros puntos de la isla, pero fue la primera vez que la insignia nacional de un invasor se levantaba sobre territorio japonés. Aquí la historia tiene dos vertientes: la primera, cuenta que se cambió la bandera por una mayor, para que fuera más visible; la segunda, que el secretario de la Marina, James Forestall, al ver ante sus ojos la acción, afirmó que esa bandera aseguraba la existencia del Cuerpo de Marines por los próximos 500 años, por lo que debía ser conservada como recuerdo.

Así que el Teniente Coronel Johnston dio la orden de que se cambiara la bandera por otra, y nuevos hombres fueron enviados a la cima a levantarla: Ira Hayes, Mike Strank, Franklin Sousley, Rene Gagnon, John Bradley y Harlon Block. Esta vez fueron acompañados por Joe Rosenthal, fotógrafo de Associated Press , quien tomó la foto sin poner mucha atención al hecho y sin saber que su fotografía sería publicada en los días siguientes en un sinfín de diarios estadounidenses. No sería ni la primera ni la última vez que los norteamericanos "modificaban" la realidad de acuerdo a sus necesidades y a su conveniencia.

La Segunda Guerra Mundial ocurrió después de la Gran Depresión —un periodo de recesión que afectó a todo el mundo en la década de los 30—, y para 1945, los EE.UU. se estaban quedando sin fondos para el combate. “Alzando la bandera en Iwo Jima” cayó como anillo al dedo: sería la imagen perfecta para iniciar una campaña de recaudación de dichos bonos. Para los estadounidenses fue un símbolo de victoria y los animó a seguir apoyando al gobierno en su empresa; además, los tres sobrevivientes de la fotografía —Doc Bradley, Ira Hayes y Rene Gagnon— fueron presentados en varios eventos para invitar a la gente a invertir, con lo que se convirtieron en héroes nacionales.

Ambas banderas se exhiben en el Museo Nacional del Cuerpo de Marines de Virginia, y un memorial basado en la fotografía se levanta en el Cementerio de Arlington, donde son enterrados los veteranos de guerra.

Nadie puso atención a la primera fotografía de la bandera y los encargados de levantarla pasaron inadvertidos, hasta mucho tiempo después de que se hizo pública la historia completa. El fotógrafo Lou Lowery nunca fue reconocido y se dice que incluso había quien lo creía un loco cuando hablaba de su fotografía.

Por su parte, Bradley, Hayes y Gagnon pasaron un mal rato luchando contra la culpa por haber sido reconocidos en lugar de sus compañeros, siendo que a sus superiores y a los altos mandos del ejército les pareció más importante asegurar el futuro de la guerra. La campaña rindió frutos y lograron que el pueblo financiara lo que restaba del conflicto mundial.

El 26 de marzo de 1945, la isla Iwo Jima fue tomada en su totalidad, declarada territorio seguro y utilizada como base para los aviones de los EE.UU. En esa sangrienta batalla murieron entre 5 mil y 7 mil soldados estadounidenses y cerca de 20 mil resultaron heridos. Más de 20 mil soldados japoneses perecieron, aunque en buena parte fueron suicidios, para evitar ser tomados prisioneros. La fuerte resistencia japonesa fue una de las razones que llevaría a los EE.UU. a la decisión de lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Sin embargo, lo que vemos en la imagen no es exactamente el momento de la toma de aquella isla, donde los japoneses impusieron una gran resistencia y donde se libró una cruenta batalla que dejó un gran número de bajas de ambos bandos y que no se resolvería hasta un mes después de que Rosenthal tomara la foto.

Lo que vemos tampoco es el momento en el que los marines consiguieron hacerse con el control del monte Suribachi, el lugar que aparece retratado y un punto estratégico en Iwo Jima. Y es que, la imagen, como veremos, tiene su propia historia y su polémica.

Horas antes de que Rosenthal tomara su foto, un grupo de marines había conseguido llegar a la cima. Tres de ellos habían izado allí una bandera de Estados Unidos, lo que había provocado un gran clamor por los gritos de júbilo de los soldados que estaban en la playa y las sirenas de los navíos que había en la costa.

Esto provocó que un grupo de japoneses que había en un túnel subterráneo saliera a la superficie y atacara por sorpresa a los estadounidenses. Los tres marines que habían colocado la bandera fallecieron, así como el sargento Louis R. Lowery, que también había alcanzado la cima y que había tomado un par de fotos del momento que a la postre provocaría su propia muerte.

foto de la primera bandera de Iwo Jima, tomada por el sargento Louis R. Lowery. 

Por tanto, la foto de Rosenthal tampoco fue la primera, aunque sí la única que pasaría a la historia, pues poco se supo después de los protagonistas que izaron la primera bandera, así como de la foto de Lowery (arriba).

Una vez ‘sofocado’ el ataque de los japoneses, un nuevo grupo, esta vez formado por seis personas, llegó de nuevo hasta la cima con una bandera algo mayor que la anterior. Cuatro marines se ocuparon de clavarla entre los escombros.

Los otros dos integrantes del grupo eran el sargento Bill Genaust, que se dedicó a filmar el momento (arriba) y Joe Rosenthal, un, por entonces, poco conocido fotógrafo de la agencia Associated Press.

Su foto, que le valió el Premio Pullitzer de 1945, tardó poco más de 17 horas en ser publicada, un récord para la época. Esto, unido a su mejor encuadre y a que transmite mucha más emoción, es tal vez la razón de que la foto de Rosenthal haya pasado a la historia y la de Lowery haya quedado olvidada. En cualquier caso, ambas cumplen hoy 70 años.

Después de tres años de guerra, la clave de la victoria en el Pacífico se encontraba en una pequeña pero estratégica isla volcánica con forma de pera invertida: Iwo Jima. El triunfo final no era aún una esperanza tangible para los aliados, ya que parecía supeditado a una sangrienta invasión de Japón, una conquista hasta la muerte del último soldado. Así que insistían en mermar al enemigo desde el aire hasta que llegara el momento de tomar al asalto sus cuatro grandes islas. Los orgullosos nipones, por su parte, creían que una resistencia feroz en su propio territorio, quizás herencia de la antigua filosofía samurai, obligaría a Roosevelt y los suyos a firmar una paz más indulgente con el emperador Hiro Hito.

En el verano de 1944, los pilotos de los bombarderos B29 sobrevolaban Tokio para pulverizar la capital del Imperio del Sol. Las fortalezas volantes de EE.UU. eran capaces de realizar travesías de 6.000 kilómetros sin repostar, pero los aviones que tenían que escoltarlas, los Mustang P-51, apenas llegaban a los 3.000. Es decir, los B29 tenían que adentrarse solos en el cielo enemigo, soltar su carga y regresar a las Islas Marianas (en poder de EE.UU. desde mediados de 1944) huyendo de los temibles cazas japoneses.

Cada operación de castigo resultaba costosa en hombres y en aviones. El poderío militar japonés ya no era el mismo que arrasó Pearl Harbor en 1941, pero aún mantenía muy engrasadas las defensas antiaéreas dentro de su Imperio. Por eso, los estadounidenses necesitaban controlar un punto intermedio entre las Marianas y Tokio, un lugar desde el que poder desplegar una flota de cazas que pudiera escoltar a los bombarderos y convertirse en los dueños del aire.

Iwo Jima (a 1.200 km de Tokio y a 1.300 de las Marianas), donde los nipones habían construido dos aeródromos y ya preparaban un tercero, se convirtió en ese trampolín ideal para intentar el asalto a la última fortaleza. Era un lugar importante para la inteligencia yanqui, pero también lo era para Tadamichi Kuribayashi, el teniente general que comandaba la guarnición nipona. Su consigna, como buen samurai, era clara: “Vencer o morir”. Como intuía los planes estadounidenses, desplegó 21.000 soldados y marinos armados con fusiles, granadas de mano y afiladas katanas para el cuerpo a cuerpo con los invasores. Sus ingenieros convirtieron la isla en una trampa mortal llena de fortines, trincheras, nidos de ametralladora... La caprichosa orografía de la isla, aparentemente llana, pero compuesta por montículos, rocas, pequeñas elevaciones, barrancos, grietas, gargantas, depresiones y playas de lava gris, hizo el resto. Salvando unas cuantas palmeras, la vegetación era escasa y el agua dulce, inexistente.

Desde junio de 1944 los navíos de EEUU machacaron la isla con sus cañones de largo alcance. Para apoyar el desembarco, se reunieron cerca de 500 barcos, entre ellos 12 portaaviones y ocho acorazados. En total, 250.000 hombres, incluidos los 75.000 marines que invadirían las playas.

El lunes 19 de febrero de 1945, tras la potente preparación artillera que barrió la isla, parecía difícil que un solo hombre de los 21.000 defensores sobreviviera a aquella lluvia de acero. Pero los norteamericanos se equivocaban: la escasa dureza de la piedra volcánica les permitió construir a los japoneses una red de túneles que les servían de refugio durante los bombardeos. Además, estos subterráneos comunicaban todos los puntos de la isla con 400 búnkeres exteriores.

Los marines llegaron sin oposición a las playas, pero a partir de ahí se encontraron con un ejército fanático que frenó su avance y terminó con las esperanzas de saldar la operación en menos de dos semanas. La batalla duró 36 días y las pérdidas humanas fueron cuantiosas en los dos bandos. Se contaron 6.821 muertos y 20.000 heridos por el lado americano y 20.800 fallecidos por el nipón, casi todos los desplegados en Iwo Jima. Después de cinco semanas de carnicería, la guarnición japonesa se rindió cuando ya no superaba los 200 soldados. La defensa de la única elevación de la isla, el monte Suribachi, se convirtió en el símbolo de esa resistencia desesperada.

Un B29 Arde junto a un P51 en el aeródromo de Iwo Jima, en poder de EE.UU.
En la noche del 25 de marzo de 1945, un grupo de unos 200 soldados japoneses supervivientes, comandados por Tadamichi Kuribayashi se lanzaron en una desesperada y definitiva carga contra las posiciones de los estadounidenses en torno al segundo de los campos de aviación, al norte de la isla, enfrentándose cuerpo a cuerpo con los marines del 5º batallón, ingenieros de los Seabees y pilotos de la USAAF hasta el amanecer. Esta última acción supuso la muerte de todos los japoneses y causó 100 muertos y 200 heridos entre los estadounidenses. Se ignora cómo murió Tadamichi Kuribayashi, pero se cree que es muy probable que despojándose de su uniforme, para no ser reconocido por su rango, peleó como cualquier soldado hasta el final.   El número de bajas en ambas partes fue parejo y por tanto fue la batalla más costosa de la guerra en el Pacífico para Estados Unidos.

Yoshii Kuribayashi tenía 40 años cuando su esposo murió en Iwo Jima a la edad de 53 años y a partir de entonces tuvo que criar sola a sus hijos. Nunca fue encontrado el cuerpo de Kuribayashi y los heridos capturados sólo dieron versiones contradictorias sobre su destino.   Se descarta que se haya suicidado realizando la ceremonia del "seppuku" como correspondía a los samurais, porque no fracasó en la defensa de Iwo Jima, sino que cumplió a cabalidad con las órdenes recibidas y el objetivo que se había trazado.

En Iwo Jima, Kuribayashi comandó a una fuerza de 21.000 hombres, sin apoyo naval ni aéreo, para enfrentarse a la fuerza de invasión de Estados Unidos con más de 110.000 efectivos de Infantería de Marina, la armada y la aviación, y contando con amplio apoyo de la artillería naval y de cobertura y bombardeo aéreo.  Antes de la batalla, Kuribayashi envió numerosas cartas a su esposa, que hoy son documentos históricos, que reflejan los sentimientos y pensamientos de los defensores de Iwo Jima.
Kuribayashi sabía que sin posibilidades de reabastecimientos, ni refuerzos, menos apoyo aéreo y naval, no era posible defender con éxito la pequeña isla de Iwo Jima ante una fuerza infinitamente mayor. Sin embargo, como la captura de la isla le daba a Estados Unidos la posibilidad de establecer la base aérea que tanto necesitaban para atacar directamente al Japón, la misión de Kuribayashi era inflingir las mayores pérdidas posibles al enemigo y retrasar en lo posible la captura de la isla.   La determinación en la defensa de la pequeña isla de Iwo Jima, sería una lección para lo que le esperaba a Estados Unidos, si osaba invadir las islas metropolitanas japonesas
Hombre de honor y gran estratega, fue un oficial muy apreciado por sus subordinados, los cuales, tras su muerte, en un último acto de respeto, se encargaron de ocultar a los ojos del enemigo el cadáver de su comandante en jefe.

Su último discurso antes de la batalla final
“Estamos aquí para defender esta isla al límite de nuestra fuerza. Debemos dedicarnos a esa tarea enteramente. Cada uno de vuestros disparos debe matar a muchos americanos. No podemos permitirnos que nos capture el enemigo. Si sobrepasan nuestras posiciones, tomaremos bombas y granadas y nos lanzaremos debajo de los tanques para destruirlos. Infiltraremos las líneas del enemigo para exterminarlo. Ningún hombre debe morir hasta que él haya matado por lo menos a diez americanos. Acosaremos el enemigo con acciones de guerrilla hasta que el último de nosotros haya fallecido. Viva el emperador!”
Su última transmisión por radio
“La fuerza bajo mi mando es ahora de unos cuatrocientos soldados. Los tanques nos están atacando. El enemigo nos sugirió que nos entregáramos a través de altavoces, pero nuestros oficiales y hombres empezaron a reirse y no prestaron atención."
El reconocimiento a un gran líder
En la genial película de Clint Eastwood del año 2006, "Cartas desde Iwo Jima", se narra con mucho acierto los últimos momentos de este magnífico militar y estratega japonés con Ken Watanabe en el papel del general Kuribayashi


Cincuenta años más tarde, después de la Batalla de Iwo Jima, la esposa de Kuribayashi y la primogénita del Coronel Nishi, campeón Olímpico de equitación en los Juegos de Los Ángeles de 1932, asistieron a una ceremonia en Iwo Jima con motivo de la conmemoración de la épica batalla. Asistieron también representantes de los EE.UU., pero para las familias japonesas asistentes no había la menor duda que los estadounidenses la convertirían en un desfile festejando la victoria. Los miembros de la asociación de familiares de los japoneses caídos en Iwo Jima, recomendaron que debían retirarse si eso sucedía. En prevención de esa situación, el Ministro de Asuntos Exteriores, Yohei Kono, comunicó a Richard Mackey, Comandante en Jefe de las Fuerzas del Pacífico de EE.UU, su esperanza de que la ceremonia no se convirtiera en un evento humillante y propagandístico.

Durante la ceremonia, la viuda del General Kuribayashi, de casi 100 años de edad, leyó un comunicado, con una casi inaudible voz, pero que eclipsó los pomposos discursos de los militares estadounidenses:
"Quiero expresar mi más sincera gratitud a todos los involucrados en esta conmemoración por el 50 aniversario de los caídos, tanto japoneses como estadounidenses, en la Batalla de Iwo Jima.
Mirando en retrospectiva, todos y cada uno de esos hombres fueron héroes. Se dice que esa batalla fue la mayor batalla de la II Guerra Mundial, pero cuando pensamos en cuán trágica fue la lucha y lo que deben haber sufrido, no nos queda nada, sino lágrimas.
Creo, que la preciada paz que tenemos hoy día, fue construida para nosotros por aquellos que se sacrificaron de manera tan desinteresada.
A las almas de nuestros seres queridos que partieron, que descansen en paz. Estas son mis palabras de panegírico en este día del recuerdo. Ruego por la felicidad de todos."
Monumento Iwo Jima en Washington.En la isla de Iwo Jima, territorio que fue finalmente devuelto a Japón en 1993, se conserva una placa conmemorativa en el mismo lugar donde se alzó la bandera.

domingo, 22 de febrero de 2015

La oveja "Dolly", el primer animal clonado de la historia

No hay duda de que todo el mundo conoce, o al menos ha oído nombrar, a la oveja Dolly, por ser el primer animal clonado de la historia, pero no todo el mundo sabe que este hito se llevó a cabo en Escocia.

A simple vista no era nada especial: blanca, de morro afilado y lana espesa. Sin embargo, detrás de Dolly se escondía algo más que un simple animal de granja: este ovino ha pasado a la historia como la primera oveja clonada de la historia.

Dolly nació el 5 de Julio de 1996 en el Instituto Roslin (un instituto gubernamental de investigación) perteneciente a la Universidad de Edimburgo. Esta famosísima oveja tiene «dos madres». Es posible afirmar esto puesto que el experimento llevado a cabo por los científicos Ian Wilmut y Keith Campbell del Instituto Roslin de Edimburgo necesitó dos animales diferentes de esta especie para concluirse. A una primera madre, una oveja blanca de raza Finn Dorset de seis años de edad.  se le extrajo una célula a la que se quitó el ADN, que se implantó en otra célula previamente «vaciada» de otra oveja, una oveja hembra escocesa de raza black face, concretamente en un óvulo. Una vez hecho esto, y antes de implantar el resultado en una “madre de alquiler”, se aseguraron de que esa fusión daría resultado a una célula que pudiera desarrollarse normalmente como un embrión.  El material genético se unió a la célula receptora a través de impulsos eléctricos, los mismos que activaron al óvulo para que inicase su división. De esta manera, aunque otros cinco ovinos habían sido clonados con anterioridad, el caso de Dolly es especial: con ella no fue necesaria la fertilización con esperma


Se realizaron 277 fusiones, y se desarrollaron 29 embriones tempranos que se implantaron a 13 madres de alquiler, aunque solamente uno de esos 13 embarazos llegó a buen puerto dando sus frutos tras 148 días: Dolly nació, aunque su nacimiento no fue anunciado públicamente hasta 7 meses después, el 22 de febrero de 1997.

Dolly vivió durante 6 años y medio en el Instituto Roslin, tuvo todos los cuidados necesarios y además, vivió llena de mimos, se apareó y tuvo crías normales de manera natural. De su primer parto nace “Bonnie” en 1998, en el segundo parto en 1999 Dolly tiene mellizos: “Sally” y “Rosie”, y en el siguiente parto trillizos: “Lucy”, “Darcy” y “Cotton”.

En el año 2001, llegaron los primeros problemas de Dolly, y es que comenzó a sufrir de artritis, por lo que al caminar sufría increíbles dolores, aunque inicialmente fueron tratados de manera satisfactoria con antiinflamatorios.

El 14 de Febrero de 2003, se le tuvo que practicar la eutanasia para evitar su sufrimiento, ya que además de la artritis, Dolly había desarrollado un tumor pulmonar que es frecuente en ovejas criadas en el exterior.


¿Por qué Dolly murió tan joven?

Cabe destacar que el promedio de vida de una oveja Finn Dorset es de unos 12 años, y Dolly vivió sólo la mitad. Muchos especulan que su temprana muerte tuvo que ver con el hecho de que era un clon, aunque esto nunca fue probado y los científicos del Instituto Roslin nunca encontraron evidencia de que esto fuera así.

La explicación que parece más factible hasta el momento para justificar su temprana muerte, es que en realidad, genéticamente hablando, Dolly nació con 6 años, ya que fue clonada a partir de la célula de una oveja de seis años de edad (esto explica por qué Dolly envejeció más rápido de lo normal), por lo que, si así fuera, se podría entender que Dolly vivió el tiempo que cabría esperar para una oveja de su raza.

Dolly junto a uno de sus creadores, Ian Wilmut
Dolly no fue enterrada luego de se muerte. Por considerarse un hito de la ciencia, Dolly fue disecada y actualmente se puede visitar en el Museo Nacional de Edimburgo (en Chambers Street).

La clonación de Dolly supuso un gran avance científico que motivó reacciones contrarias a ella. Pronto se abrió un controvertido debate ético en el que se llegó a calificar al proceso como una «profanación de la genética». Algunos incluso llegaron a afirmar que se había abierto la veda al «duplicado» de personas,  aunque hay quienes ven una puerta abierta a una gran cantidad de posibilidades médicas.. 


Wilmut, ahora director del Medical Research Council Center for Regenerative Medicine, en Inglaterra, cree que la clonación de personas es muy poco probable.
“Para clonar a Dolly, mi equipo del Instituto Roslin, comenzó ensayando 277 óvulos reprogramados (óvulos a los que previamente se les extrajo su material genético). De ellos, sólo 29 llegaron a la etapa en que pudieron ser implantados en 13 madres sustitutas. A su vez, de todas ellas, sólo una llegó a preñarse, dando finalmente nacimiento a Dolly”, afirma Wilmut.
“Para repetir la experiencia de Dolly en humanos habría que obtener alrededor de 300 óvulos humanos, cosa que es casi imposible por la escasez y dificultad hasta para conseguir uno. Luego habría que persuadir a 29 mujeres para que se sometieran al alto riesgo de sufrir un fuerte trastorno emocional, dada la alta posibilidad que el embarazo termine en un aborto, o en el nacimiento de fetos deformados, como sucedió durante los muchos intentos de clonar una oveja. Por estas y otras razones, me opongo decididamente a la clonación en humanos. Estimo que ello es éticamente abyecto e irresponsable”, termina señalando Wilmut ”
También hay que considerar el impacto psicológico y social de cualquier niño que pudiera nacer por clonación, eventualidad que ha sido muy bien estudiada por el psiquiatra Stephen Levick en su libro “Clone Being”.

sábado, 21 de febrero de 2015

La diosa Tiamat



“Cuando en lo alto, el Cielo no había sido aún nombrado,
y debajo, la Tierra no había sido mencionada por nombre,
nada existía excepto Apsû, el antiguo, su creador,
y el caos, Tiamat, del que todo fue generado.
Las aguas se agitaban en un solo conjunto
y los pastos no se habían aún formado ni existían los cañaverales.
Cuando aún ningún astro podía verse,
ninguno tenía un nombre cuando los destinos no se habían aún establecido.
Entonces, los astros fueron hechos visibles en medio del cielo.”
Enûma Elish

En la religión de Mesopotamia (Sumeria, Asiria, Acadia y Babilonia) Tiamat (Nammu para los sumerios) representa el agua salada, al mar, es la diosa madre progenitora de dioses. Es una fuerza natural que representa el caos primogénito que tiene una importante participación en el poema épico Enûma Elish (relato que narra el origen del mundo, significa en acadio “cuando en lo alto” y son estas las dos primeras palabras del poema), se encuentra recogido en tablillas halladas en la biblioteca de Asurbanipal, en Nínive.

En este relato antes de que el cielo y la tierra tuviesen nombre (equivalente a no existir) Tiamat y Apsu (dios del agua dulce), mezclaron sus aguas, engendrando una familia de dioses. Estos perturbaban a su padre quien decidió destruirlos. Pero uno de ellos, Ea (“El señor de la tierra”, conocido como Enki en la mitología sumeria) se anticipó a los deseos de su padre, y con un conjuro lo durmió, para luego matarlo. Apsu permaneció en un largo sopor (de ahí que el agua dulce esté quieta), pero Ea no pudo hacer nada contra la poderosa Tiamat. Esta, enfurecida, creó una legión de demonios, y los puso bajo la orden de Kingu, su nuevo consorte e hijo, a quien le entregó  las tablillas del destino para combatir a los dioses.

Marduk matando a Tiamat
Relieve asirio c. Siglo IX a.C

Viéndose amenazados, los dioses nombran a Marduk, para enfrentar a Tiamat, y este accede con la condición de ser nombrado “príncipe de los dioses”. Los dioses cedieron todos sus poderes a Marduk para poder vencer a Kingu, quien al verlo, quedó paralizado de miedo, a quien con un vendaval, hizo dejar la boca abierta y lanzó una flecha dentro de su veintre

Después de la batalla,a Kingu le son arrebatadas las tablas del destino. Marduk, exultante, planea realizar obras estupendas y las comunica a Ea: Amasaré la sangre y haré que haya huesos. Crearé una criatura salvaje, 'hombre' se llamará. Tendrá que estar al servicio de los dioses, para que ellos vivan sin cuidado. Kingu es condenado a morir por ser el jefe de la rebelión, y, con su sangre, Ea crea a la humanidad. 

El cuerpo de Tiamat acabó encadenado en los pozos del abismo, y fue partido por la mitad, de la parte superior se creó el cielo, y de su mitad inferior la tierra firme, asi mismo, sus lágrimas derramadas se convirtieron en las nacientes del río Tigris y Éufrates, entre los que florecieron las civilizaciones mesopotámicas hace 7 mil años

Cilindro mesopotámico encontrado en Uruk (c. siglos IX-VIII a.C.) que muestra la batalla entre Marduk y la gran serpiente-dragón Tiamat

LA DIOSA NAMMU  (La otra Tiamat)

La diosa Nammu es la principal de las deidades sumerias ya que es la diosa del océano, la primigenia, de la cual nació su hijo Enki que representa en una misma deidad el cielo y la tierra, aunque en la mitología después son separados en En (cielo) y Ki (tierra). Su representación viene siendo la de una mujer con cabeza de serpiente (como símbolo de animal de las aguas) teniendo en sus brazos a su hijo Enki. También se le ha considerado como la diosa del abismo y la oscuridad. Su culto principal se produjo en la ciudad de Ur. En un texto sumerio leemos: Ella dio a luz a los cielos y la tierra.
A menudo se la representa con una cabeza de serpiente como Tiamat.
  

Representación de la diosa Nammu
Pertenece a la cultura mesopotámica de Ur, es de terracota, mide 14 cm. Se conserva en el Museo de Irak de Bagdad (Irak)
.
Sin embargo, la representación actual de Tiamat, ha sido drásticamente cambiada por causa de un juego de rol mundialmente conocido D&D Dungeons and Dragons (calabozos y dragones), un amplio mundo de fantasía donde podemos encontrar a una Tiamat totalmente diferente, que si bien la Tiamat de la mitología tenía una forma dragonil, en este juego se le muestra como un Dragón de 5 cabezas, totalmente maligno. Esta versión de Tiamat es hoy altamente conocida siendo que ha aparecido en videojuegos famosos como Golden Sun y Final Fantasy, desapareciendo, o al menos, ensombreciendo la verdadera forma y esencia de la diosa antigua

Tiamat en Dungeons and Dragons

Actualmente también ha sido revelado en Mitos y Leyendas (juego de cartas coleccionables de origen chileno) en su edición de marzo llamada “Sumeria” la aparición de la carta “Tiamat” donde esta es representada como una mujer de temple firme y mirada poderosa, devolviendole asi quizás un poco de antigua grandeza 

Tiamat en Mitos y Leyendas tcg

21 de febrero de 1848 - se publica el Manifiesto del Partido Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels.

El Manifiesto del Partido Comunista, uno de los tratados políticos más influyentes de la historia, es una proclama encargada por la Liga de los Comunistas a Karl Marx y Friedrich Engels entre 1847 y 1848, y publicada por primera vez en Londres el 21 de febrero de 1848.

Mientras el joven Carlos Marx dirigía en 1842 un periódico en la ciudad de Colonia, Federico Engels, de 22 años enviaba artículos al periódico para su publicación. Cuando el gobierno decidió cerrar el diario, Marx emigra a Francia y entra a una organización secreta llamada “La Liga de los Justos”, a la que ya pertenecía Engels, quien residía en Londres.

Karl Marx y Friedrich Engels
Ambos se unen en París en 1844 y deciden difundir sus ideas entre los obreros y explicar sus puntos de vista los miembros de la Liga de los Justos. Los miembros estuvieron de acuerdo con sus planteamientos y la sociedad pasó a llamarse Liga de los Comunistas. Se encargó a Marx y a Engels que redactaran un manifiesto que contuviera las principales ideas comunistas adoptadas por la liga Marx y Engels, ayudados por Jenny Von Westphalen, la esposa de Marx, consiguieron dar a la imprenta El Manifiesto Comunista en febrero de 1848, exponiendo por primera vez al público el pensamiento de Marx y Engels de forma escrita.

El "Manifiesto" fue publicado como programa de la "Liga de los Comunistas", una asociación de trabajadores, al principio exclusivamente alemana y más tarde internacional, que, dadas las condiciones políticas existentes antes de 1848 en el continente europeo, se veía obligada a permanecer en la clandestinidad. En un Congreso de la Liga, celebrado en Londres en noviembre de 1847, se encomendó a Marx y Engels que preparasen para la publicación un programa detallado del Partido, que fuese a la vez teórico y práctico. En enero de 1848, el manuscrito, en alemán, fue terminado y, unas semanas antes de la revolución del 24 de febrero en Francia, enviado al editor, a Londres. La traducción francesa apareció en París poco antes de la insurrección de junio de 1848. En 1850 la revista "Red Republican", editada por George Julian Harney, publicó en Londres la primera traducción inglesa, debida a la pluma de Miss Helen Macfarlane. El "Manifiesto" ha sido impreso también en danés y en polaco.

Este Manifiesto, del que son especialmente famosas las frases de principio y final ("Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo" y el lema "¡Proletarios de todos los países, uníos!", respectivamente), favoreció una gran revolución social y política y fue la base ideológica del movimiento obrero internacional y del proceso revolucionario ruso, que culminó en 1917 con la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). 

El texto del Manifiesto describe sucinta y explícitamente los principios de la teoría marxista del materialismo dialéctico y anuncia los propósitos y el programa de la Liga. Sugiere un curso de acción para una revolución proletaria que derrocaría el capitalismo e instauraría una sociedad sin clases.

La derrota de la insurrección de junio de 1848 en París -primera gran batalla entre el proletariado y la burguesía- relegó de nuevo a segundo plano, por cierto tiempo, las aspiraciones sociales y políticas de la clase obrera europea. Desde entonces la lucha por la supremacía se desarrolla, como había ocurrido antes de la revolución de Febrero, solamente entre diferentes sectores de la clase poseedora; la clase obrera hubo de limitarse a luchar por un escenario político para su actividad y a ocupar la posición de la extrema izquierda de la clase media radical. Todo movimiento obrero independiente era despiadadamente perseguido, en cuanto daba señales de vida. Así, la policía prusiana localizó al Comité Central de la "Liga de los Comunistas", que se hallaba a la sazón en Colonia. Los miembros del Comité fueron detenidos y, después de dieciocho meses de reclusión, juzgados en octubre de 1852. Este célebre "Proceso de los comunistas en Colonia" se prolongó del 4 de octubre al 12 de noviembre; siete de los acusados fueron condenados a penas que oscilaban entre tres y seis años de reclusión en una fortaleza. Inmediatamente después de publicada la sentencia, la Liga fue formalmente disuelta por los miembros restantes. En cuanto al "Manifiesto", parecía desde entonces condenado al olvido.

Sin embargo,  el "Manifiesto" se situó de nuevo en primer plano. El texto alemán había sido reeditado, desde 1850, varias veces en Suiza, Inglaterra y Norteamérica. En 1872 fue traducido al inglés en Nueva York y publicado en la revista "Woodhull and Claflin's Weekly" . Esta versión inglesa fue traducida al francés y apareció en Le Socialiste de Nueva York. Desde entonces dos o más traducciones inglesas, más o menos deficientes, aparecieron en Norteamérica, y una de ellas fue reeditada en Inglaterra. La primera traducción rusa, hecha por Bakunin, fue publicada en la imprenta del Kólokol de Herzen en Ginebra, hacía 1863; la segunda vio la luz también en Ginebra en 1882. Una nueva edición danesa se publicó en "Socialdemokratisk Bibliothek", en Copenhague, en 1885; apareció una nueva traducción francesa en Le Socialiste de París en 1886 . De esta última se preparó y publicó en Madrid, en 1886, una versión española. Esto sin mencionar las reediciones alemanas, que han sido por lo menos doce.

Así, la historia del "Manifiesto" refleja en medida considerable la historia del movimiento moderno de la clase obrera; actualmente es, sin duda, la obra más difundida, la más internacional de toda la literatura socialista, desde Siberia hasta California.

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viernes, 20 de febrero de 2015

Adolf Hitler, el artista

Braunau, Imperio Austro Húngaro. Veinte de abril de 1889. Llega un niño al mundo, pura promesa de realización de las mejores potencialidades del alma humana. Su infancia no difiere de las de muchos. Hijo de Alois Hitler y Klara Pölzl, era el tercer hijo de la pareja. Su padre era hijo no reconocido, por lo que durante mucho tiempo, el joven Adolf llevó el apellido Schicklgruber, hasta que su padre logró ser reconocido por su familia, momento en el que toda la familia se cambia el nombre a Hitler

Si una adivina viera su futuro, tal vez diría que este niño de tez blanca, blanquísima y ojos azules llegaría a ser líder de un país y que generaría cambios radicales en la faz de la tierra. Y no se equivocaría. Pero también, para decir la verdad completa, tendría que vaticinar que sería uno de los hijos predilectos del Demonio, y que a su paso traería el mal, la injusticia y el horror al mundo. 

Todos conocemos -o creemos conocer- a Adolf Hitler. Hemos escuchado todo lo que había  para oir acerca de cómo el cabo austríaco condecorado dos veces en la Primera Guerra Mundial con la Cruz de Hierro llegaría a convertirse en el Führer que arrastraría a Alemania y al mundo a la locura de la Segunda Guerra Mundial. 

Sabemos que inició su carrera política en Múnich, donde pronto dio pruebas de sus dotes oratorias. Se convirtió rápidamente en jefe del partido nazi explotando sin escrúpulos las aspiraciones y debilidades del pueblo alemán y recurriendo a menudo a la violencia. También estamos al tanto de cómo consiguió hacerse con el control del partido en 1933 para emprender a partir de entonces una audaz y provocadora política de fuerza, primero a expensas de Austria y luego de Checoslovaquia, mientras que aseguraba su autoridad en Alemania militarizando el país primero y ordenando la persecución implacable de sus oponentes políticos y de los judíos a quienes culpaba de todos los males del mundo. No es necesario recordar que en un momento dado la intimidación ya no bastó, y el Führer tuvo que poner en marcha su eficacísima maquinaria bélica. Iniciaba así la Segunda Guerra Mundial y la carrera de Hitler y del III Reich hacia un final siniestro y trágico.

Sabemos casi todo lo que debemos saber para que no vuelva a suceder semejante tragedia.

Pero…

Hay ciertos aspectos de él que no son tan conocidos de quien fuera nominado en 1938 para el Premio Nobel de la Paz (Aunque Hitler no consiguiera la mayoría de votos necesaria, las discusiones sobre sus méritos fueron «animadas». Se opinaba que podría ser merecedor gracias a las conversaciones que mantuvo con el británico Chamberlain sobre la paz en Europa. Tanto la nominación como los demás detalles relacionados con esta extraordinaria historia se archivaron bajo siete llaves y desaparecieron de la historia de los premios Nobel como por arte de magia después de la Segunda Guerra Mundial...) 

Generalmente retratado como una persona estricta y fría, es difícil imaginar a Hitler interesado en algo más allá de la política, la milicia y la superioridad de la raza aria, de no ser porque, aun siendo joven, antes de la Primera Guerra Mundial, Adolfo Hitler considerara a la pintura como posible carrera y sustento.

De pequeño, Hitler era diferente del resto de los niños. Tenía una fuerza interior y era guiado por su espíritu e instintos. Podía dibujar con habilidad cuando tenía sólo once años. Sus primeros dibujos y acuarelas, a la edad de 15, estaban llenas de poesía y sensibilidad. Uno de sus más notables obras de sus primeros tiempos Fortress Utopía ("utopía de fortaleza"), nos muestra que también fue un artista de una poco común imaginación. Su orientación artística tomó varias formas. Escribió poesía desde que era chico. Dictó una obra entera a su hermana Paula, que se sorprendió por su orgullo. A la edad de 16, en Viena, se embarcó en la creación de una ópera. Incluso diseñó el escenario, así como el vestuario; y, por supuesto, los protagonistas eran héroes wagnerianos

Adolf Hitler fue el autor de dos libros: Mein Kampf y Zweites Buch. El primero de ellos no necesita presentación. El otro libro, en cambio, nunca logro alcanzar la fama del primero. Esto puede deberse a que Zweites Buch no fue publicado durante los tiempos del Tercer Reich, sino que se mantuvo almacenada en una bóveda dentro de las instalaciones de la Central de Publicaciones del NSDAP hasta 1945, cuando fue descubierto por un oficial estadounidense, y sólo en 1961, el Institut für Zeitgeschichte, publicaría por primera vez el documento. Además, el contenido de este libro se centra más en la profundización del aspecto ideológico contenido en el primer libro que en proporcionar información biográfica sobre la vida del autor, lo que lo hace menos atractivo para el lector promedio y lo limita a un grupo de lectores especializados. 

Sin embargo, hizo algunas incursiones en la poesía

Hitler era devoto de su madre, por lo que su muerte, ocurrida el 21 de diciembre de 1907, le afectó mucho. Tal vez esa sea la razón por la que hizo este maravilloso poema dedicado a las madres. En él, intenta concientizar a las personas, cuyas madres aún siguen vivas, de lo valioso que es eso.

TU MADRE 

Cuando tu madre haya ya envejecido,
Cuando sus amorosos y esperanzados ojos
ya no vean la vida como alguna vez lo hicieron,
Cuando sus pies, ya cansados,
No puedan ya sostenerla mientras camina

Entonces, entrégale tu brazo en apoyo,
Acompáñala con alegría,
Vendrá la hora en que, sollozando,
deberás acompañarla en sus últimos pasos.

Y si algo te pregunta,
entonces dale una respuesta.
Y si te pregunta de nuevo, ¡háblale!
Y si te pregunta aún otra vez, respóndele,
No impacientemente, sino con gentil calma.

Y si no puede ella entenderte con claridad,
explícale todo con gentil alegría.
Vendrá la hora, la amarga hora,
en que sus labios no preguntarán nada más. 
El 15 de octubre de 1918, poco antes del final de guerra, Adolf Hitler fue trasladado a un hospital de campaña, donde quedó temporalmente ciego por un ataque con gases tóxicos. Esta experiencia también le inspiró a escribir un poema titulado “Ciego” el 14 de noviembre de 1918 en el Hospital Militar de la Reserva de Pasewalk.

CIEGO

Recientemente vi a un joven combatiente ciego
Tan sólo en la primavera de su vida, todavía casi un niño
Con noble rostro, de magnífica figura,
Sin embargo muertos y fríos sus pobres ojos,
Como cuando un niño da sus primeros pasos.
Parecía como si, riendo, soportara su destino,
¡Pero vaya una sonrisa! Aturdido, la mirada vacía
Como si estuviera oteando en la lejanía, -palpando
¡Porque es ciego!
Das una ojeada por sus juveniles rasgos, presurosamente,
y de nuevo te fijas en los ojos,
Muertos, cansados, que ya para nada sirven.
Fue un doloroso espasmo. Errante e interrogativo,
Deambula alrededor de la pálida boca, melancólico, acusadoramente.
Pocas cosas me llegan al corazón profunda y aclaradamente,
Esa sonrisa ciega -esa, jamás la olvidaré.
Penosos forcejeos antes de orientarse.
¡Porque es ciego!
Calladamente se ha entregado a su destino
¡Cuán cruel es la guerra, cuan dura la vida!
Lejos ya el ímpetu desbordante de la juventud.
¡Qué pensamientos desfilarán tras esa blanca frente!
Ya que a partir de ahora cierto sueño nunca se va a cumplir,
y a partir de ahora esos ojos permanecerán velados
para lo que antes tan queridos les era: el esplendor de las flores,
el cordial saludo de las estrellas en la noche,
la luz del sol desparramada sobre los campos.
¡Porque es ciego!
El pajarillo que se mece en el ramaje,
el retrato de la novia, el rostro querido de la madre,
¡La nueva luz del día que despierta!
La noche eterna es ahora el destino desgraciado.
¿Existe todavía algún sacrificio de esta envergadura,
que pueda ofrecerse a la Patria?
En la primavera de la vida -¡y ya un hombre ciego!
¿Nosotros los videntes podemos darnos cuenta de lo ricos que somos?
La palabra, tan escueta, alberga una profunda tragedia:
¡Ciego!
Doy gracias al Señor de poder volver a ver.
Huérfano de padre desde los 16 años, acudió a Viena para inscribirse en una de las escuelas de arte más prestigiosas del circuito europeo, la Academia de Bellas Artes de la ciudad donde esperaba perfeccionar eso que creía un talento suyo. El adolescente, entonces con 18 años, sufrió sin embargo el rechazo de la institución, que por dos ocasiones (en 1907 y 1908) le negó la entrada por la simple razón de que adolecía de “ineptitud para la pintura”. El director le recomendó estudiar arquitectura, pero lamentablemente el joven carecía de la formación previa que le permitiera inclinarse hacia esta alternativa.

El incidente es uno de los favoritos de la llamada historia contrafáctica, aquella que elucubra una secuencia histórica hipotética a partir de un suceso que pudo haber sido. Como sabemos, el joven de la historia es Adolf Hitler, personificación de la maldad por mucho tiempo, insoslayablemente, unos de los líderes más temibles que han existido en la historia del poder político.
¿Qué hubiera pasado si el juicio de la academia hubiera sido menos estricto? ¿Ahora Adolf Hitler sería un nombre más en la historia de la pintura occidental?

Por otro lado, igualmente resulta interesante reflexionar sobre la noción de “juicio estético”: ¿cómo afecta nuestra percepción sobre determinada acuarela o dibujo saber que su autor es Adolf Hitler? ¿Lo consideramos más o menos “bello”? ¿O ni siquiera admitimos que esa categoría pueda aplicarse a una obra suya?

En el año 2009  se subastaron 13 cuadros de Adolf Hitler y recaudó 106.000 euros, lo que superó todas las expectativas. A pesar de las muchas protestas internacionales nuevamente queda demostrado que la figura de Hitler sigue despertando un interés enorme. A veces las protestas no hacen sino incrementar el interés hacia Hitler. Así que quienes patalean cada vez que maldicen a la figura de Hitler lo único que consiguen es que más personas se interesen por el Führer. 








Manuel Belgrano y la Batalla de Salta

El 20 de febrero de 1813 tuvo lugar la Batalla de Salta, donde se enfrentaron las fuerzas patriotas del Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano, y las realistas, conducidas por el general Pío Tristán. La contienda, que se desarrolló en los campos de Castañares, se decidió a favor de las tropas patriotas. 

En ambos bandos había españoles y americanos, el mismísimo Tristán era peruano e inicialmente había estado del lado de la revolución pero, según Bernardo Frías, la dureza de Castelli lo volcó al campo realista participando en Desaguadero, desastre patriota.

Una anécdota que refleja lo “fraternal” de la lucha está referida a la amistad de Belgrano con Tristán, cuenta Frías que: 
“Al fin, tocóle el turno de rendirse al general del rey. Tristán apeóse del caballo y avanzó hacia Belgrano para entregar la espada, cuando éste, conmovido con el inmenso infortunio en que padecía el que en España había sido su condiscípulo y más íntimo amigo – como que eran dos que habían vivido en Madrid bajo un mismo techo y alimentado común amor por la misma odalisca – no le sufrió más el corazón tratarlo con tanta dureza: tendió los brazos a Tristán y lo estrechó contra su corazón......” 
¿qué tal lo de la odalisca?. 

Del lado de la revolución combatió Arenales, que era español. También en la población salteña había una profunda división entre patriotas y realistas, independientemente del lugar de nacimiento.

Manuel Belgrano
Belgrano ya se había impuesto sobre el general peruano en Tucumán el 24 de septiembre de 1812. Pero en esta oportunidad, las tropas patriotas combatían por primera vez enarbolando la bandera celeste y blanca. Una semana antes del combate, el 13 de febrero, Belgrano había hecho jurar la bandera en el Río Pasaje, luego denominado Juramento, y en nota a la Asamblea expresaba sobre el trascendental episodio:
“Yo no puedo manifestar a V.E. cuánto ha sido el regocijo de las tropas y demás individuos que siguen este ejército: una recíproca felicitación de todos por considerarse ya revestidos con el carácter de hombres libres, y las más ardientes y reiteradas protestas de morir antes de volver a ser esclavos, han sido las expresiones comunes con que han celebrado tan feliz nueva y que deben afianzar las esperanzas de cimentar, muy en breve, el gran edificio de nuestra libertad civil”.

La tropa está en formación y se lee el parte y la fórmula para jurar fidelidad a la Honorable Asamblea. El juramento lo pronuncia el General, luego sus subordinados de mayor rango y hasta llegar al último auxiliar de la fuerza. La multitud exclama en vivas a la Patria. Luego dijo Belgrano: "Este será el color de la divisa con que marcharán al combate los defensores de la Patria"
 Tras la victoria de Salta, Belgrano garantizó a los vencidos su libertad siempre que juraran no volver a empuñar las armas contra las Provincias Unidas del Río de la Plata, un gesto inusual de magnanimidad que le granjeó no pocas críticas del gobierno, a las que Belgrano aludiría con grandeza en carta a Feliciano Chiclana: 
“Siempre se divierten los que están lejos de las balas, y no ven la sangre de sus hermanos, ni oyen los clamores de los infelices heridos; también son ésos los más a propósito para criticar las determinaciones de los jefes: por fortuna, dan conmigo que me río de todo, y que hago lo que me dictan la razón, la justicia, y la prudencia, y no busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la Patria”.
Frías destaca que lo más duro de la batalla se libró en el ala derecha realista ocupada por el Real de Lima, formado exclusivamente por españoles al cual Belgrano enfrentó con el Regimiento Número Uno, 
“...su preferido, cuyos oficiales y tropas, todos porteños, se hicieron notables aquel día portándose con una bravura y una bizarría no menor que la del enemigo y pereciendo gran parte de ellos.”
En la batalla de Salta fue la primera vez que flameó en una acción de guerra la bandera celeste y blanca creada por Belgrano, “la cual según su profético deseo, estaba reservada para aparecer cubriendo las tropas de la independencia el día de la gran victoria“ y resultó una nueva e importante victoria para los revolucionarios. Como consecuencia de este triunfo los ejércitos realistas fueron detenidos en su avance hacia el sur y estas tierras nunca más pudieron ser recuperadas para el extinto Virreinato. Fue la primera y única rendición de un cuerpo de ejército enemigo en batalla campal, que registra la Guerra de la Independencia.

Belgrano nombró a Díaz Vélez gobernador militar de la provincia de Salta y éste colocó a la bandera argentina por primera vez en el balcón del Cabildo y los trofeos apoderados de los realistas los ubicó en la Sala Capitular.

Los triunfos de Tucumán y Salta permitieron la recuperación del Alto Perú por los rioplatenses. Díaz Vélez, como jefe de la avanzada del ejército vencedor en la segunda campaña al Alto Perú, entró triunfante en la ciudad de Potosí, el 7 de mayo de 1813.

Para terminar, “...la asamblea decretó se le entregara a Belgrano cuarenta mil pesos del tesoro público, en premio a sus servicios, los que el noble y desinteresado campeón de la revolución, aceptó, pero no quiso el premio para sí. Ordenó a la Asamblea que toda esa plata se destinara a la construcción de escuelas. Estas debían levantarse en Jujuy, Salta, Tucumán y Tarija. Esta última ciudad está hoy en Bolivia, pero en aquellos años éramos una sola Patria Grande. Ese es el proyecto de los Libertadores.

Con el pasar de los años, los gobiernos fueron usando la plata para cualquier otra cosa. La escuela de Jujuy tardó 191 años en inaugurarse. La escuela Nº 452 "Legado Belgraniano" fue inaugurada con gran fiesta en Monte Verde, barrio popular de Jujuy, el  6 de Julio de 2004. De todos modos, las escuelas no son el único "Legado Belgraniano". Es mucho más importante el ejemplo de grandeza que dejó. Habiendo nacido rico, murió el 20 de junio de  1820 con solo 50 años, sin un cobre y endeudado, pidiendo al gobierno que le abonara los 18 meses de sueldo atrasados. Su pobreza al morir era tal que la lápida de su tumba fue improvisada con el mármol de una cómoda de su hermano Miguel. 

Era un destacado abogado, un economista brillante, un periodista lúcido y un general improvisado por amor a la Revolución Latinoamericana. Fue también uno de nuestros grandes educadores.

Reloj de oro con el que el prócer le pagó los honorarios al médico que lo asistió en su lecho de muerte, en 1820. En ese momento era su única fortuna porque el Estado Nacional le debía el pago por sus servicios como militar. Fue robado del Museo histórico nacional en 2007

jueves, 19 de febrero de 2015

19 de febrero de 197 - en Lugdunum (la actual Lyon), el emperador romano Septimio Severo (145-211) derrota al usurpador Clodius Albinus (147-197) en la batalla de Lugdunum, la más sangrienta entre ejércitos romanos.

En el año 197 las fuerzas del emperador Septimio Severo derrotan a las legiones de Clodius Albinus, gobernador de Britania, en la batalla de Lugdunum (actual Lyon). Aunque en muchas fuentes y libros Clodius Albinus es tratado como un usurpador, la verdad es que motivos no le faltaban para rebelarse. Si nos trasladamos unos añitos antes tras la muerte del emperador Pertinax, Septimio Severo y Clodius Albinus acordaron hacerse con el poder, siendo el primero emperador y nombrando al segundo como César y heredero. Fue una relación simbiótica que les permitió a ambos acabar con otros pretendientes al trono. Una vez acabada la competencia, Septimio Severo dio un golpe de timón y nombró a su hijo como César (y por tanto sucesor) en detrimento de su, hasta entonces, aliado Clodius Albinus. Este último acto rompió la alianza de Severo con Albino, quien fue declarado enemigo público por el Senado. Ante la provocación, Clodius Albinus se alzó contra el emperador - que él había ayudado a colocar - y marchó desde Britannia, pero fue derrotado y muerto en la batalla.

Clodius Albinus
Una jugada un tanto mezquina por parte de Septimio Severo, primer emperador de origen africano, que le salió bien, aunque le costó la sangre de muchísimos soldados. Esta jugada fue una constante en la lucha por el poder en Roma, alianzas flexibles y cambiantes.

De origen africano y gobernador de Britania, fue hecho Cesar por Septimio Severo para conseguir el apoyo de sus legiones al ascender al poder en 193. En 195 Septimio nombró Cesar y sucesor a su hijo Caracalla, con lo cual el nombramiento de Clodius Albinus perdió fuerza por lo que éste se autoproclamó Augusto y movilizó sus tropas de la Galia debilitando las defensas de Britania. Clodius consiguió el apoyo de varias provincias y estableció su centro de operaciones en Lugdunum (Lion). Esta situación duró hasta que en el 197 Septimio entró en la Galia desde Germania Superior venciendo y dando muerte al usurpador.

Septimio Severo
En Roma en esos tiempos, quien tenía realmente poder era el Ejército (o las legiones, además de la llamada Guardia Pretoriana). Tras la muerte de Cómodo, se produjo una subasta: aquella persona que ofreciera más dinero a las legiones, sería elegida como emperador. Un tal Pertinax ganó la apuesta, en la que había participado casi por broma. Muy a su pesar, tuvo que aceptar porque cuando las legiones te nombraban emperador y tú rechazabas la “oferta”, amigo podías estar seguro de una cosa: a tu cabeza no le queda mucho tiempo junto al resto de tu cuerpo. El reinado de Pertinax duró exactamente 86 días, fue asesinado probablemente por no dar suficiente dinero del Tesoro Público a las legiones. La siguiente subasta la ganó otro tipo llamado Didio Juliano. Duró dos meses, menos aún que Pertinax. Tras su asesinato las diferentes legiones establecidas en diferentes puntos del Imperio eligieron a su propio emperador, y esto fue el comienzo de una sangrienta guerra civil.

En teoría, fueron nombrados tres emperadores al mismo tiempo, pero el primero que llegase a Roma era quien tomaría el poder. El primero que llegó fue Septimio Severo, quien dirigía las legiones de Panonia. Pero, dado que los otros candidatos no iban a renunciar a su estatus, tenían que combatir o bien considerarse “coemperadores”. Al principio se hizo una alianza entre Septimio Severo y otro de los emperadores, Clodius Albinus, quien comandaba legiones de Britania y Galia. Septimio Severo se marchó para enfrentarse contra el otro, Pescenio Níger, jefe de las tropas en Siria. Níger, cuyo nombre significa “negro”, buscó la ayuda del rey persa, y juntos empezaron conquistando Bizancio y Tracia. Estos territorios los tuvo que abandonar en cuanto se acercaba Septimio Severo. En su retroceso en busca de una posición segura, Níger fue atacando diferentes ciudades, tales como Tiro y Laodicea. Finalmente plantó cara a Severo en el año 194, siendo completamente derrotado en la batalla de Issos. En esta batalla murieron 20.000 hombres, Níger consiguió escapar y cruzó las fronteras de los persas, donde fue asesinado.

En 196, después de haber sido aclamado como emperador por sus tropas, Clodius Albinus reunió y encamino tres legiones de 40 000 hombres desde Britania hacia la Galia. Después de reunir a las fuerzas adicionales, estableció su cuartel general en Lugdunum. Allí a él se unieron Lucio Novio Rufo, el gobernador de Hispania Tarraconensis , y por la Séptima Legión ”Gemina” bajo su mando. Pero Severo tenía las poderosas legiones del Danubio y de Germania de su lado. Para tratar de minimizar la ventaja y posiblemente ganar su apoyo, Albino golpeó primero contra las fuerzas germanas bajo Virio Lupo. Él los derrotó, pero no suficiente por su decisión de cuestionar su lealtad a Severo. Albino consideró entonces invadir Italia, pero Severo había preparado para esto, reforzando las guarniciones de los pasos alpinos. Como no quería correr el riesgo de las pérdidas o el retraso que forzar los pases causaría, Albino abandonó la idea.

En el invierno de 196-197, Severo reunió a sus fuerzas a lo largo del Danubio y marchó hacia la Galia, donde, para su sorpresa, se encontró con las fuerzas de Albino y eran aproximadamente la misma cantidad como la suya. Los dos ejércitos se enfrentaron por primera vez en Tinurtium (Tournus), donde Severo tuvo el mejor resultado, pero no pudo obtener la victoria decisiva que necesitaba.

La lucha contra Clodius Albinus, cuyo nombre significa ”blanco”, fue todavía más mortífera. Sus fuerzas estaban bastante equilibradas con las de Septimio Severo, las fuentes indican que tenía bajo su mando unos 150.000 soldados. Tuvo éxito en algunas escaramuzas, y estableció su campamento base en la ciudad de Lugdunum (que es la actual Lyon, en Francia). Fue la batalla de Lugdunum la más sangrienta que ocurrió nunca entre dos ejércitos romanos. Para daros una idea, las legiones estuvieron combatiéndose en pie prácticamente de igualdad durante dos días enteros. Hubo muchas oscilaciones, ventaja y desventaja para ambos bandos. Finalmente, parece que la caballería marcó la suficiente ventaja para Septimio Severo, y las tropas de Albino fueron prácticamente aniquiladas, aunque con graves bajas también en las de Severo. Esto significa que la cifra de muertos fue de varias decenas de miles. Al parecer Clodius, derrotado, fue a Lugdunum, donde según la tradición romana, se suicidó con su propia espada después de encontrar todas las rutas de escape bloqueadas, o fue muerto por un asesino. Severo tuvo el cuerpo de Albino despojado y decapitado. Cabalgó sobre el cadáver sin cabeza con su caballo en frente de sus tropas victoriosas. El jefe lo envió a Roma como una advertencia junto a una carta a la familia de Albinus. (luego la esposa de Albinus y sus hijos serían ejecutados por orden de Severo). Posteriormente la ciudad de Lugdunum fue saqueada para celebrar su victoria y humillar a los partidarios provinciales de Albino. 

Así fue como Septimio Severo se convirtió en emperador, habiendo derrotado al negro y al blanco. Saquen sus propias conclusiones sobre estos acontecimientos…