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domingo, 31 de mayo de 2015

Odio racial en Estados Unidos: Los asesinatos racistas en Sanford, Tulsa y Rosewood

Las tres masacres que recordaremos aquí ocurrieron en los años 20 del siglo pasado, durante el período de la segregación abierta llamada Jim Crow en el Sur. Hoy en día, las formas de la opresión del pueblo negro han cambiado en varias maneras, pero los afroamericanos siguen siendo el objetivo sistemático de la brutalidad racista y la discriminación como un pueblo. La zona norte de Tulsa —no tan lejos del lugar de la masacre de Greenwood de 1921— es una zona devastada con casi 1.000 casas y negocios abandonados, enorme desempleo y extrema pobreza. Esa situación se repite y se multiplica por todo Estados Unidos. Este sistema prohíbe el paso hacia un futuro digno a millones de jóvenes negros y latinos — y de ahí los sataniza como "hampones" cuyo único destino es la encarcelación en masa. Hoy en día hay más hombres negros en la prisión, en la cárcel o bajo libertad condicional o libertad provisional bajo caución, de los que eran esclavos antes de la guerra de Secesión.

Ocoee, Florida, 1920

Ocoee, cerca de Sanford, Florida, contaba con unos mil residentes, la mitad de ellos negros. Dos negros, Moses Norman y Julius "July" Perry, se empadronaron para votar y pagaron el "cobro de comicios", el cual era una medida pretextada en el Sur bajo el Jim Crow para evitar que los negros votaran, a pesar de que tenían el derecho legal de votar según las leyes federales. El 2 de noviembre de 1920, Norman y Perry acudieron a las urnas, pero no les permitieron votar. Corrió la voz sobre el incidente, y esa noche 250 klanistas se juntaron en Ocoee. Empezaron a prender incendios y asesinar; en total destruyeron 25 casas y asesinaron a 50 personas. Según un informe: 

"En la mañana del 3 de noviembre, el cuerpo de July Perry cuelga de una farola. Transcurrió casi una semana en la cual 250 klanistas, investidos de policías segundos, controlaron la ciudad y no permitieron a nadie entrar o salir a menos que tuvieran un permiso especial. Al huir los residentes negros, las autoridades dividieron sus terrenos y los vendieron a 3.75 dólares por hectárea. Los negros no volverían a vivir en esa ciudad hasta 61 años más tarde, en 1981".

Tulsa, Oklahoma, 1921
A comienzos del siglo XX, Tulsa era un pequeño pueblo de Oklahoma de poco más de 10.000 habitantes. Dos décadas después era una prospera ciudad en la que vivían 100.000 almas. Se había encontrado petroleo en Tulsa y eso bastó para convertirla en una de las ciudades con la renta per cápita más alta de los Estados Unidos. Las pequeñas casuchas se convirtieron en altos edificios comerciales y los coches a motor empezaron a llenar las calles. Fue tan impresionante y, sobretodo, tan rápido el enriquecimiento de los habitantes de Tulsa que sucedió algo inaudito: los negros también se hicieron ricos. Uno de los barrios más importante de la ciudad se llamaba Greenwood; pero, debido a que en él vivían unos 15.000 negros, todos ellos prósperos comerciantes, la zona era conocida como el Wall Street Negro. 

El 30 de mayo de 1921 corrió la voz de que un joven negro había insultado a una señorita blanca en un edificio del centro.

Según las reglas de supremacía blanca imperantes en la sociedad estadounidense, eso merecía la muerte inmediata del joven negro. Desde fines del siglo 19, cuadrillas de justicieros lincharon y torturaron a centenares de negros, muchas veces por "ofender a la mujer blanca", sin investigación ni juicio.

Pero esta vez, se opuso resistencia. Audaces grupos organizados de la comunidad negra se presentaron a defender al acusado Dick Rowland.

Las fuerzas supremacistas de la región se movilizaron para responder a esa resistencia con dos días de asesinatos e incendios. Los cadáveres negros fueron amontonados como si fueran leña. El distrito comercial del barrio negro quedó completamente destruido.

Lo que pasó en Tulsa en 1921 es un ejemplo más de genocidio y "limpieza étnica" al estilo yanqui. Fue el "disturbio" más grande desde la guerra de Secesión y las guerras contra los pueblos indígenas del siglo anterior. La estructura de poder lo ha borrado sistemáticamente de la historia, a pesar de repetidas críticas de parte de la prensa negra, historiadores progresistas y fuerzas revolucionarias.

Ahora, después de más de ochenta años, empieza a romperse el silencio y los últimos sobrevivientes están sacando a la luz la verdad que el sistema negó y ocultó.

Por varias décadas, llegaron a Tulsa negros que huían de los horrores de los estados sureños. Cien años atrás, llegaron los seminolas negros (esclavos fugitivos que se aliaron y se casaron con los indígenas), expulsados a punta de fusil de sus tierras en Florida. Juntos forjaron una nueva comunidad de 15.000 habitantes al norte de la ciudad, llamada el distrito Greenwood o la "Pequeña Africa".

La mayoría de los residentes de esa comunidad negra a diario cruzaban las vías del tren que separaban Greenwood de la ciudad blanca de South Tulsa, donde iban a los trabajos peores o a un trabajo de servicio doméstico. La segregación estricta de ese tiempo obligó a los negros de la "Pequeña Africa" a crear su propio distrito comercial en la avenida Greenwood. Los proponentes del capitalismo negro lo llamaron "la calle Wall Street negra" (refiriéndose al famoso centro financiero de Nueva York).

Había cines, joyerías, un periódico, tres mercados, varios restaurantes y una compañía de autobuses de propietarios negros. Había 15 médicos negros, tres bufetes de abogados y varias iglesias negras.

Sin embargo, el periódico Tulsa Tribune y los racistas blancos de South Tulsa llamaban a la comunidad "Niggertown".

La invención del automóvil y las exigencias de la I Guerra Mundial impulsaron el crecimiento explosivo de los campos petroleros y de la ciudad de Tulsa, reconocida por su corrupción. Para la clase dominante de Tulsa, la comunidad negra de Greenwood era un obstáculo al crecimiento del distrito comercial central; quería echar a los negros. Por eso, el comisionado de policía Adkison y el Tulsa Tribune pintaban a Greenwood como centro de prostitución, drogas, alcohol y apuestas.

Al mismo tiempo, en la "Pequeña Africa", al igual que en otras comunidades negras, se sentía un nuevo espíritu de resistencia y mucha impaciencia. Los soldados negros regresaron de la I Guerra Mundial orgullosos y con una convicción renovada de que merecían respeto e igualdad. En las zonas urbanas, estaban más dispuestos a desafiar el racismo y los linchamientos. 

Dick Rowland, el joven negro limpiabotas, y Sarah Page, la operadora blanca del ascensor, se conocían. Los investigadores de la NAACP (Asociación Nacional para el Fomento de la Gente de Color) descubrieron que Rowland llamó al ascensor. Page se enojó de que un negro la llamara y cerró la puerta aunque Rowland todavía no estaba completamente adentro. Rowland tropezó y le pisó el pie. Cuando Rowland salió, Page gritó a todo mundo que la había insultado.

A Rowland lo arrestaron y lo llevaron al tribunal del condado, pero no lo acusaron ni presentaron pruebas en su contra.

Al día siguiente, el Tulsa Tribune sacó un rabioso editorial: "A linchar al negro esta noche". Esa noche, una turba de blancos armados se reunieron frente a la cárcel para linchar a Dick Rowland.

De repente, llegó de Greenwood un grupo de 50 a 75 negros armados y en uniforme de soldado. Con un valor espectacular, enfrentaron a la chusma racista (ahora unas 2000 personas) y anunciaron que estaban dispuestos a defender la vida de Rowland.

Se lanzaron gritos mutuamente y luego hubo disparos. Varios hombres cayeron muertos. Había muchos más racistas que soldados negros y estos se retiraron hacia el norte de la ciudad, de regreso a Greenwood.

La policía organizó un ataque asesino contra la comunidad negra. Solicitó la ayuda de centenares de hombre de la chusma; los nombró policías y les dijo: "Ahora pueden dispararle a cualquier negro que vean y la ley los protegerá". Grupos de blancos se metieron en ferreterías, armerías y casas de empeño para sacar armas y municiones.

Los racistas intentaron cruzar las vías del tren, pero los francotiradores negros los tuvieron a raya por varias horas. Cuando amaneció, se reunieron unos 10.000 blancos armados; a las cinco, entraron en la "Pequeña Africa". Fue una invasión militar, con todo y ametralladoras. Los sobrevivientes relataron que hubo bombardeos aéreos explosivos y bombas incendiarias. Van B. Hurley, un policía de Tulsa, informó que varios importantes funcionarios municipales se reunieron con propietarios de aviones para planearlo todo. Fue uno de los primeros bombardeos aéreos de la historia mundial.

Un memorandum presentado por una compañía de seguros (American Central Insurance Company) en 1924 describió "el objetivo de todos de llevar a cabo un plan en común: el exterminio de la población negra de Tulsa y la destrucción por incendio del asentamiento negro, sus casas y sus edificios".


Enseguida, los agresores prendieron fuego a la comunidad negra. Una muralla de llamas recorrió el distrito comercial de Greenwood y arrasó todo.

Grupos de agresores fuertemente armados fueron de casa en casa: mataron a los que estaban dentro, se llevaron a los hombres, se robaron todo lo que había de valor y prendieron fuego a las casas. Los testigos dijeron que la policía roció con combustible las casas más lujosas. En total, incendiaron unos 1200 casas, hoteles y negocios.

Arrasaron 35 manzanas. Más tarde, se encontraron los restos carbonizados de los residentes en los escombros.

La Guardia Nacional de Oklahoma despachó un tren con tropas a toda prisa. Llegó el 1º de junio. El comandante escribió después:
"Veinticinco mil blancos fuertemente armados recorrían las calles con un desprecio total hacia todo concepto de leyes o de justicia. Automóviles atiborrados de armas recorrían a toda velocidad la ciudad y los choferes disparaban alocadamente". La Guardia supuestamente fue a poner fin al 'disturbio', pero de inmediato se puso a acorralar a bayonetazos a los negros.
Los defensores armados de la comunidad negra dieron su última batalla al pie del cerro Standpipe. Disparaban desde detrás de los árboles y las paredes. La Guardia Nacional colocó dos ametralladoras y lanzó una lluvia de balas. Los últimos defensores negros se rindieron. La Guardia les decomisó las armas y los hizo marchar en columnas a los cuatro centros de detención: el Centro de Convenciones, el campo de béisbol McNulty, la feria y el aeropuerto.

La matanza fue sistemática y desalmada. Escuadrones de racistas (muchos pertenecían al Ku Klux Klan) fueron de casa en casa por los barrios en llamas, con ganas de matar a negros. Mataban a cualquier persona que encontraban en la calle. A los hombres negros, los encadenaron a los carros y los arrastraron. En los barrios blancos, balearon sin ninguna advertencia a las negras que iban camino a Greenwood después de un día de trabajo doméstico. Asesinaron al médico A.C. Jackson (según un fundador de la Clínica Mayo, "el cirujano negro más diestro del país") después de que se entregó a la policía.

La Guardia Nacional organizó equipos para amontonar los cadáveres en carretas y camiones. La Cruz Roja informó que atendió a casi mil heridos, la mayoría negros. En la escuela de Greenwood, a donde no llegó el incendio, se improvisó un hospital de campaña. Un observador escribió: "Se venían heridas de toda clase, como soldados después de una gran batalla: a uno le faltaba un ojo, otro tenía las piernas amputadas, quemaduras en la cara, o la cabeza vendada. Había mujeres con los nervios destrozados y hubo que confinar a algunas. ¿Acaso estaba en un hospital de Francia? No, estaba en Tulsa".

Muchos negros huyeron de la ciudad a los cerros Osage o a las muchas comunidades negras del campo de Oklahoma. Varios miles de negros fueron capturados a punta de pistola y ejecutados a sangre fría en campos de exterminio. A otros (incluso a los niños) los hicieron marchar a los centros de detención. Los racistas estacionaron un camión frente al Centro de Convenciones de Tulsa, y ahí exhibieron, como si fuera un trofeo, el cadáver de un negro asesinado. Los capturados tenían que pasar a su lado para entrar en el edificio.

El periodista Brent Staples, del periódico New York Times, dio una descripción en la edición del 19 de diciembre, 1999: "Los cadáveres se apilaban en las esquinas como si fueran leña y los curiosos les sacaban fotos como recuerdo. Otros fueron amontonados en carretas, camiones y al lado de las vías. Había otros enterrados en un túnel subterráneo del centro; un testigo dijo que ahí mataron a porrazos a 123 negros. En un parque, los cadáveres quedaron expuestos varios días al sol abrasador de Oklahoma, hasta carcomerse. Tiraron otros al río Arkansas, que los llevó río abajo".

El 2 de junio, cesaron los combates. La comunidad negra quedó en cenizas. Mil negros tuvieron que pasar el invierno viviendo como refugiados en carpas y casuchas de tablas. En los meses siguientes, veían pasar por las calles de Tulsa a gente blanca vestida en ropa y joyas robadas durante la matanza.

La prensa negra de Estados Unidos luchó mucho por poner al descubierto lo que pasó en Tulsa.

Por otra parte, la estructura de poder de Estados Unidos inmediatamente impuso su versión oficial y tapó la verdad. Se convocó un gran jurado que anunció que todo fue culpa de la comunidad negra y en particular, de "un grupo de hombres negros que se presentaron frente al tribunal...", y en segundo lugar, de la "agitación de los negros por igualdad social". Las autoridades de Tulsa dijeron que la organización revolucionaria Hermandad de Sangre Africana instigó la resistencia y acusaron formalmente a figuras eminentes de la comunidad negra de "incitar" los sucesos del 31 de mayo. No arrestaron ni acusaron a ningún blanco por la matanza.

El alcalde informó que solo 36 personas murieron: 10 blancos y 26 negros. Los libros de historia repiten esas cifras y propagan la versión oficial.

Los encabezados del periódico Tulsa Tribune eran racistas a morir:
  • "Culpan a propaganda negra"
  • "Culpan a agitadores negros por el disturbio: ¿Un complot de la sociedad negra?"
  • "La sangre derramada en guerra racial limpiará a Tulsa"
  • "Distrito negro abolido por órdenes municipales"
Las autoridades municipales consiguieron que la "Pequeña Africa" jamás se reconstruyera: bloquearon la construcción con nuevas leyes y negando préstamos.

El FBI, recién establecido, centró su trabajo durante el verano de 1921 en identificar y hostigar a los grupos que distribuían los volantes del PC sobre "La matanza de Tulsa". Las compañías de seguros se negaron a indemnizar a las víctimas.

Poco después, la matanza se borró de la historia oficial y del debate público. La mayoría de la gente de Estados Unidos ni siquiera sabe que ocurrió. En las oficinas del Tulsa Tribune, desapareció toda mención de los llamamientos a linchar a Dick Rowland; hoy no existe ni una edición con los artículos incendiarios.

Por muchos años, se trató de romper el silencio. Los sobrevivientes denunciaron los ataques aéreos y hablaron de cadáveres tirados a minas y al río. El gobierno decía que eran mentiras y exageraciones infundadas. Cuando el poderoso movimiento de liberación negra surgió en los años 70, la matanza de Tulsa apareció por primera vez en revistas progresistas, libros radicales sobre la historia de Estados Unidos y los nuevos cursos sobre Estudios Negros.

Desde 1997, ha brotado un movimiento implacable de justicia por lo sucedido en Tulsa que pide indemnizaciones por la brutalidad y la destrucción sufridas. Más de 150 testigos, entre ellos 60 sobrevivientes, han hablado ante la "Comisión sobre el Disturbio Racial de Tulsa" del gobierno de Oklahoma. Sus informes han sacado a luz la verdad después de tantos años. Se han identificado tres fosas comunes de negros. 

Los historiadores ahora calculan que más de 300 personas murieron en la matanza y que más del 90% eran negros. Otros piensan que murieron muchos más. Es posible que la verdadera cantidad nunca se sepa.

Ninguna fuerza es capaz de cambiar la historia y deshacer los crímenes de la matanza de Tulsa; pero la lucha y la determinación del pueblo negro obligó a las autoridades a iniciar la investigación pública de los hechos. Asimismo, se han entablado justas demandas de indemnización y divulgación.

Rosewood, Florida, 1923

En 1997, el mundo se enteró del ataque racista ocurrido en 1923 en Rosewood, Florida, a través de la película "Rosewood" y de una demanda judicial (que le pagó una indemnización de dos millones de dólares a los sobrevivientes).


Rosewood era un pequeño pueblo en las ciénagas del noroeste de Florida, a unas 275 km al oeste de Sanford. Su nombre venía de los cedros en el pantano que eran la base de la tala de maderas, el aserradero y relacionadas industrias de la zona. En la década del l920, el pueblo tenía una población de 150, siendo negras todas las familias menos una. Muchos de los hombres trabajaban en el aserradero o de leñadores, y muchas de las mujeres limpiaban las casas de los blancos en el pueblo cercano de Sumner. 

Los residentes de Rosewood eran propietarios de sus tierras, si bien la opresión violenta y el sistema de supremacía blanca permeaban sus vidas — Rosewood aún pertenecía al Sur dominado por el KKK, apenas unos 50 años después de la prohibición de la esclavitud. Sin embargo, la posición relativamente independiente de los habitantes de Rosewood en relación a los blancos les dio una base para resistir los intentos racistas de volverlos a una situación casi como la esclavitud. Por eso, las fuerzas supremacistas blancas en Sumner y las zonas aledañas tenían a Rosewood en sus miras.

En el Año Nuevo de 1923, una joven blanca en Sumner acusó falsamente a un negro de forzar la entrada de su casa y golpearla. Dentro de una hora, se armó una turba linchadora con la misión clásica racista de "proteger a las blancas", y se pusieron a aterrorizar a los negros de Rosewood. Pretextaron estar buscando a Jesse Hunter, un fugitivo de un grupo local de prisioneros encadenados, pero en realidad desencadenaron su furia contra todo hombre, mujer y niño negro en Rosewood. Pronto la turba creció hasta unos 1.500 blancos, entre ellos muchos miembros del Ku Klux Klan. Tras una semana de linchamientos, violaciones, mutilaciones y otras torturas, tiroteos e incendios, quedó borrado del mapa el pueblo de Rosewood.

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sábado, 30 de mayo de 2015

Juana de Arco

Nacida en el seno de una familia campesina acomodada, la infancia de Juana de Arco transcurrió durante el sangriento conflicto enmarcado en la guerra de los Cien Años que enfrentó al delfín Carlos, primogénito de Carlos VI de Francia, con Enrique VI de Inglaterra por el trono francés, y que provocó la ocupación de buena parte del norte de Francia por las tropas inglesas y borgoñonas.

Nacida en Domrémy, en la región de la Lorena, Francia, el 6 de enero de 1412 en el seno de una humilde familia de campesinos, a los trece años, Juana de Arco confesó haber visto a san Miguel, a santa Catalina y a santa Margarita y declaró que sus voces la exhortaban a llevar una vida devota y piadosa. Unos años más tarde, se sintió llamada por Dios a una misión que no parecía al alcance de una campesina analfabeta: dirigir el ejército francés, coronar como rey al delfín en Reims y expulsar a los ingleses del país.

En 1428, con dieciséis años, viajó hasta Vaucouleurs con la intención de unirse a las tropas del príncipe Carlos VII, pero fue rechazada. A los pocos meses, el asedio de Orleans por los ingleses, en el marco de la Guerra de los Cien Años, agravó la delicada situación francesa y obligó al delfín a refugiarse en Chinon, localidad a la que acudió Juana, con una escolta facilitada por Roberto de Baudricourt, para informar a Carlos VII acerca del carácter de su misión. 

Éste, no sin haberla hecho examinar por varios teólogos, accedió al fin a confiarle el mando de un ejército de cinco mil hombres, con el que Juana de Arco consiguió derrotar a los ingleses y levantar el cerco de Orleans, el 8 de mayo de 1429. A continuación, realizó una serie de campañas victoriosas que franquearon al delfín el camino hacia Reims y permitieron su coronación como Carlos VII de Francia (17 de julio de 1429).

Juana de Arco - Óleo de Ingres
Estas campañas revitalizaron la facción de Carlos VII durante la Guerra de los Cien años y permitieron la coronación del monarca.

Como recompensa el rey eximió al pueblo natal de Juana, Domrémy, del pago anual de impuestos a la corona, manteniéndose esta ley en vigor hasta hace aproximadamente cien años.

Acabado su cometido, Juana de Arco dejó de oír sus voces interiores y pidió permiso para volver a casa, pero ante la insistencia de quienes le pedían que se quedara, continuó combatiendo, primero en el infructuoso ataque contra París de septiembre de 1429, y luego en el asedio de Compiègne.

Las campañas lideradas por la Doncella inclinaron la guerra a favor de Francia y permitieron la coronación del monarca. Sin embargo, debido a la pérdida de apoyo entre los jefes militares franceses y las intrigas de la corte, Juana fue capturada por los borgoñones el 24 de mayo de 1430 y entregada a los ingleses, quienes la trasladarona a Ruán y la sometieron a un juicio amañado en el que fue acusada de brujería, con el argumento de que las voces que le hablaban procedían del diablo, con lo cual se pretendía presentar a Carlos VII como seguidor de una bruja para desprestigiarlo.

La mayoría de los datos sobre su vida se basan en las actas de aquel proceso, pero las mismas merecen poco crédito pues, según diversos testigos presenciales del juicio, fueron sometidas a multitud de correcciones por orden del obispo Cauchon, y se incluyeron en ellas muchos datos falsos. 

Tras un proceso inquisitorial de tres meses, fue declarada culpable de herejía y hechicería; pese a que ella había defendido siempre su inocencia, acabó por retractarse de sus afirmaciones, y ello permitió conmutar la sentencia de muerte inicial por la de cadena perpetua.

Días más tarde, sin embargo, recusó la abjuración y reafirmó el origen divino de las voces que oía, por lo que, condenada a la hoguera, fue ejecutada el 30 de mayo de 1431 en la plaza del mercado viejo de Ruán. Durante unos años, corrió el rumor de que no había muerto quemada en la hoguera, ya que habría sido sustituida por otra muchacha, para casarse posteriormente con Roberto des Armoises. 


En 1456, Juana de Arco fue rehabilitada solemnemente por el papa Calixto III, a instancias de Carlos VII, quien promovió la revisión del proceso. Considerada una mártir y convertida en el símbolo de la unidad francesa, fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920, año en que Francia la proclamó su patrona.

viernes, 29 de mayo de 2015

La caída del Imperio Romano de Oriente

El Impero Romano de Oriente o también llamado Imperio Bizantino, se originó en el año 395 d.C. cuando el emperador Teodosio dividió el Imperio Romano en dos: Oriente y Occidente.


A diferencia del Imperio Romano de Occidente, que fue destruido por los germanos en el año 476 d.C., el Imperio Bizantino logró sobrevivir a la amenaza germánica. Por eso perduró por casi diez siglos, hasta el año 1453 en el que los turcos otomanos ocuparon su capital, Constantinopla.

A lo largo de diez siglos, los bizantinos, que eran en realidad una pluralidad de pueblos, lograron fusionar la cultura de los griegos y romanos, los elementos religiosos de cristianos y paganos y las costumbres occidentales y orientales. De esta manera conservaron los aportes culturales de la antigüedad y los re-elaboraron bajo nuevas formas.

Aunque hablaban griego, los bizantinos se llamaban así mismos romanos, pues consideraban herederos de este antiguo imperio. Por eso a Constantinopla se le conocía también como la nueva Roma. Actualmente esta ciudad no existe con este nombre, hoy en día esta antigua ciudad se llama Estambul.

Fue construida por el emperador Constantino en el año 330, se construyó sobre la antigua ciudad griega de Bizancio. En sólo seis años edificó una ciudad cuyo tamaño y arquitectura eran equiparables a los de Roma y la llamo Constantinopla.

Constantinopla se ubicó entre el Mar Negro y el Mar de Mármara; estaba rodeado de mar y era el paso obligado de todos los comerciantes que viajaban por mar o por tierra entre Asia y Europa. Hasta el siglo XIII fue una de las ciudades más pobladas del mundo: sólo Bagdag la gran ciudad del Islam la igualó.

Para proteger Constantinopla de los germanos, el emperador Teodosio II, construyo en el siglo V una muralla triple de unos 12 metros de altura que rodeo la ciudad. Esta muralla recorre unos 19 km y tiene 96 torres, desde las cuales los soldados bizantinos divisaban al enemigo.

La invasión de los turcos seldjúcidas en el siglo XI privó a Bizancio de una de las zonas más ricas del imperio: el Asia Menor. A partir de este momento, el Imperio de Oriente vivió una lenta y paulatina decadencia que se manifestó en una severa crisis agraria y comercial. Los bizantinos descuidaron su armada, y el tráfico comercial cayó paulatinamente en manos de genoveses y venecianos.

Así, la ruina del estado bizantino se hizo inevitable: debilitado en sus bases debió ceder territorios a distintas potencias. Por último, sufrió la invasión de los turcos otomanos. Cuando en el año 1453, los turcos tomaron Constantinopla, el imperio se hallaba casi reducida a la misma capital. Este hecho puso fin a mil años de historia.

En Abril de 1453, el sitio dio comienzo, precisamente con el disparo del enorme cañón. Pronto los disparos de este causaron estragos en las murallas bizantinas. Los defensores trataban de reconstruir los daños cada noche, con un gran esfuerzo por su parte.

En un principio, ese fue el único frente de batalla, ya que los otomanos ignoraron la posibilidad de un ataque por mar. A decir verdad, las defensas de la ciudad eran bastante más sólidas por esa vía, de ahí que decidieran intentar tan solo ataques por tierra.

Lo cierto es que los asediados tuvieron pronto buenas noticias. Dos victorias, una de ellas al mismo Sultán, dieron moral a los sitiados.

A finales del mes de abril, los barcos del Papa comenzaron a llegar a la zona, consiguiendo burlar el bloqueo establecido a la entrada de los Dardanelos, consiguiendo llegar a la ciudad.

Mehmed II continuó lanzando ataque tras ataque: bombardeos de la muralla, intentos de construir túneles para alcanzar la urbe, proceder al refuerzo del bloqueo…pero sin llegar realmente al enfrentamiento directo. Estas escaramuzas fueron bien aguantadas por los defensores, pero supuso un gran desgaste físico que, poco a poco, fue pasando factura.

A este cansancio se le unieron una serie de sucesos que, en la supersticiosa sociedad de la época, consiguieron que el ánimo decayera aún más: un eclipse lunar, que recordaba una antigua profecía sobre la caída de la ciudad, una imagen de la Virgen que cayó al suelo durante una procesión, una tempestad que inundó las calles…detalles que, vistos desde la perspectiva de nuestros días eran nimios, en esa época causaron gran preocupación. Y no era menos la que causaba el hecho de que los barcos que los venecianos habían enviado no llegaran todavía.

Evidentemente, tampoco los turcos estaban exentos de problemas. El coste del enorme ejército empezaba a agobiar las arcas del Sultán y los oficiales, además, lanzaban críticas a la forma en la que se estaba llevando a cabo la campaña. Mehmed II, intentado acortar el asedio, lanzó un ultimátum a los bizantinos: la ciudad a cambio de las vidas de sus ciudadanos. Prometió levantar el cerco a cambio de que se le pagara un tributo. La oferta fue rechazada, entre otras cosas porque la ciudad no contaba con recursos suficientes para aceptarla. Mehmed II preparó entonces el ataque final.

El día anterior a este, el Sultán ordenó a sus tropas que descansaran. El silencio, tras días de bombardeos y escaramuzas, era sobrecogedor, según relatan los cronistas. Para romperlo el Emperador hizo que todas las iglesias tocaras sus campanas ininterrumpidamente y él y sus súbditos acudieron a orar a Santa Sofía.

El lunes 28 de mayo de 1453 comenzó a fraguarse el asalto final a la ciudad imperial. Las tropas turcas, apoyadas por su flota, rodeaban la fortaleza desde hacía varios días. Esperaron al crepúsculo de aquel lunes 28 para empezar sus movimientos. Eran más de 100.000 hombres.

Por parte bizantina, sus peticiones de ayuda a occidente fueron correspondidas por el Papa, que envió barcos y soldados, casi todos genoveses y venecianos. Sus convecinos de Pera, hoy en día dentro de Estambul, también accedieron a participar en la defensa. Sin embargo, para decepción del Emperador, Constantinopla ya no era lo que había sido: solo contaba con 50000 habitantes y, de entre ellos, solo unos 7000 soldados.

Mehmed II
En la medianoche, comenzó el verdadero asedio. El sultán Mehmed II dio la orden de atacar.

Primero se movilizaron los bachi-bazuks, que eran tropas mercenarias compuestas de europeos, africanos y de cualquier hombre que tuviera un arma de asalto, fuera cimitarra o cuchillo. No eran unas tropas muy valientes. Era un ejército de saqueadores. A veces eran tan caóticos, que el sultán los aguijoneaba por la retaguardia con un cordón de policía militar "armada de correas y porras". Detrás, los jenízaros del sultán. Así evitaba que los bachi-bazuks salieran huyendo. Los jenízaros se los guardaba el sultán para los momentos decisivos.

¿Quiénes eran los jenízaros? Eran tropas de élite. Paradójicamente, eran una elite europea pues estaban formadas por griegos, eslavos, albaneses o húngaros; eran niños robados durante las incursiones otomanas, y adiestrados en el imperio musulmán para convertirse en la fuerza de choque otomana. El escritor Ivo Andric lo contó en el siglo XX en la terrible novela “Un puente sobre el Drina”. Narra la historia de uno de esos niños eslavos arrancado de los brazos de su madre y enviado a Turquía. Regresa años después convertido en general de jenízaros y reconoce a su madre.

Volviendo a Constantinopla y al siglo XV, cuando entró la medianoche del martes 29 de mayo, los asediados se dispusieron a aguantar durante largas horas el ataque de las tropas turcas. Aparentemente, lo iban a lograr una vez más.

Los bizantinos (griegos, genoveses, aragoneses, catalanes. eslavos, venecianos...) eran mejores que los mercenarios bachi-bazuks. Muchos estaban armados de mosquetes y culebrinas. También lanzaban piedras a los asaltantes, y a los que lograban superar las barricadas, se les remataba de un tajo.

Además, los bizantinos contaban con las poderosas murallas de la ciudad (hasta tres líneas). Pero para ellos no hubo descanso. En la madrugada de aquel 29 comenzaron a atacar los anatolios. Las campanas de la ciudad repicaron pero su sonido quedó apagado por el estampido del gran cañón de Orbón. Este cañón había sido construido por un ingeniero húngaro. Lo puso al servicio del sultán convenciéndole de que podía tumbar "hasta las murallas de Babilonia".


Pero no fue el cañón lo que creó un agujero en las murallas. Los bizantinos resistieron durante toda la madrugada. Pero al alba cometieron dos errores, según cuenta Steven Runciman, historiador británico especializado en la Edad Media. El primero fue dejar abierta una pequeña puerta llamada Kylókerkos, que se empleaba para introducir víveres en la ciudad.
"Algunos turcos se enteraron de que estaba abierta y se precipitaron dentro del patio y comenzaron a subir escaleras arriba hasta lo alto de la muralla. Los cristianos que estaban precisamente fuera de la puerta observaron lo que ocurría y acudieron en masa a hacerse de nuevo con la situación e impedir la entrada de más turcos. En medio de la confusión, unos cincuenta turcos se quedaron dentro de la muralla, donde hubieran podido ser reducidos y eliminados si en ese momento no hubiera ocurrido otro desastre peor".
Runciman cuenta que en ese momento, los bizantinos trataban de evacuar por mar a un militar de origen italiano (Giustiniani). El emperador no quería dejarle partir pero al final cedió.
"Se abrió la puerta y su guardia de corps le trasladó a la ciudad, por las calles que bajan hacia el puerto; aquí lo colocaron en un navío genovés. Las tropas de Giustiniani se dieron cuenta de su marcha. Algunos llegaron a pensar que se había retirado para defender la muralla interior, pero otros llegaron a la conclusión de que la batalla estaba perdida. Alguien lanzó, aterrorizado, el grito de que los turcos habían atravesado la muralla. Antes de que se cerrase el postigo de nuevo, los genoveses se precipitaron por él. El emperador y sus griegos quedaron abandonados en el campo de batalla. Frente al foso el sultán notó el pánico y, gritando: "¡Constantinopla es nuestra!", ordenó a los jenízaros que cargaran de nuevo e hizo señas a una compañía mandada por un gigante llamado Hasán. Éste se abrió camino a machetazos por encima de la ruinosa barricada y creyó que ya había conseguido la recompensa prometida. Unos treinta jenízaros le siguieron. Los griegos se batían en retirada".
Una enorme masa de turcos se precipitó por Kylókerkos. Los cristianos intentaron resistir pero ya era en vano. Las tropas otomanas comenzaron su matanza. 
 "El grito '¡Se ha perdido Constantinopla!' se repitió como un eco por las calles de la ciudad. Desde el Cuerno de Oro y desde sus costas, cristianos y turcos veían las banderas turcas ondear en las altas torres de Blachernas, en las que sólo unos minutos antes habían ondeado El Águila Imperial y el León de San Marcos".
El emperador Constantino XI (casualmente, se llamaba igual que el fundador), sabiendo que su imperio se acababa, se quitó las enseñas imperiales y se entregó a la lucha acompañado de un español llamado Francisco de Toledo. Nunca se encontraron sus cadáveres.

Constantino XI
Hubo combates cuerpo a cuerpo durante todo el día, pero ya era inútil resistir. "Señales luminosas que anunciaban la entrada de los turcos por las murallas circularon por todo el ejército turco", dice el historiador. Luego comenzó el saqueo. "El sultán Mehmed II esperó hasta la tarde del día siguiente para hacer su entrada triunfal a la ciudad, cuando terminasen los excesos de las matanzas y saqueos y se hubiese restablecido un cierto orden. Paseó por los restos de la ciudad y sonrió. Estaba satisfecho de que el emperador hubiese muerto. Ahora ya no era sólo sultán, sino heredero y poseedor del antiguo Imperio Romano". Inmediatamente se deshace de su Gran Visir, ya que confirma sus sospechas de que aceptaba sobornos de los bizantinos y, curiosamente, toma el título de Emperador de Roma, como dirigente del Imperio Romano de Oriente. Hay que tener en cuenta, además, que la mezcla de sangre que había habido entre dirigentes turcos y bizantinos, había hecho que Mehmed II tuviera ascendentes en la Familia Real Bizantina.

En un primer momento la ocupación fue bastante tolerante (de hecho más que la que protagonizaron los cruzados). Santa Sofía y el resto de los edificios, aunque pasaron a ser mezquitas, fueron respetados e invitó a los habitantes a quedarse en sus hogares, respetando sus bienes. Incluso designó a un patriarca ortodoxo, permaneciendo en la ciudad un gran número de cristianos, aunque un gran grupo de sabios griegos marchó a occidente, colaborando de manera activa en el Renacimiento

Fue, en cualquier caso, el fin de la presencia del antiguo Imperio Romano en oriente. La ciudad cambió de nombre, pasándose a llamar Estambul y dio comienzo a la expansión del Imperio Otomano hasta la misma Viena.

Cumplido su gran sueño, Mehmed II pasa a intentar ampliar su Imperio. Así, en 1456, se lanza a la conquista de Serbia, atacando al Reino de Hungría. Tras una encarnizada lucha a las puertas de Belgrado, Mehmed II conocería el amargor de la derrota y debe retirar sus tropas sin haber logrado su objetivo y habiendo perdido 20000 hombres.

La noticia de esta derrota hace que el Papa Calixto III organice una nueva cruzada, pensando que en ese momento el Imperio Otomano estaría más débil que nunca. Sin embargo, la muerte de Hunyadi, héroe defensor de Belgrado y en el que el Papa depositaba sus esperanzas, truncó esta cruzada.

Igualmente quedaría sin efecto una nueva llamada, esta vez de Pio II: nadie hizo caso al llamamiento del Pontífice y el poder de los turcos quedaba plenamente asentado.

Mehmed II consigue ampliar en pocos años el Imperio conquistando Bosnia, Serbia y Grecia antes de 1466. Incluso la poderosa Venecia tiene que pagar una indemnización y un tributo anual para continuar manteniendo su posición en el Mediterráneo. Podemos decir que, en esos momentos, Mehmed II controla buena parte del este de Europa y del Mediterráneo.

Debemos decir que, salvando las atrocidades que eran propias de la época, Mehmed II había recibido una educación humanista y que mostró su tolerancia en más de una ocasión.

Como ejemplo claro de esto, tenemos el juramento que realizó tras conquistar Bosnia, para intentar favorecer a la Comunidad Franciscana que allí se encontraba, en donde ordena respetar sus creencias e iglesias.

En 1480, los turcos fracasan en su intento de tomar Rodas y, un año después El Conquistador fallecía dejando a su Imperio en el momento más álgido de su historia.


jueves, 28 de mayo de 2015

28 de mayo de 1871 - Cae la Comuna de Paris en manos de los ejércitos prusianos y franceses reaccionarios, dejando más de 30.000 muertos

“Por primera vez en la historia, las calle de Paris son seguras, porque los banqueros, los recaudadores, los empresarios, los ministros, y los curas han emigrado. La ciudad es ahora habitable”
 Bertold Brecht, “Los días de la Comuna”.

Este año se cumple el 144 aniversario del establecimiento de la Comuna de Paris, proclamada por el proletariado francés en marzo de 1871.

Este acontecimiento, que si bien recibe ciertas atenciones, no es colocado en el lugar que merece realmente en la historia de la humanidad y en la historia de los movimientos obreros a nivel internacional.

La burguesía de todo el mundo, teme difundir en profundidad los acontecimientos de aquellas semanas de 1871 y por todas partes se lo considera como un mero hecho puntual, coyuntural y anecdótico que apenas si merece mención en los libros de textos.

Sin embargo, para las y los revolucionarios de todo el mundo, la Comuna de Paris tiene otro significado. La Comuna, fue la primera ocasión en toda la historia de la humanidad, en la que el pueblo obrero y trabajador tomaba las riendas del poder y trataba de implantar un gobierno inspirado en los principios socialistas y revolucionarios.

Sin embargo, este gobierno, todavía inexperto no lanzarse a la toma del poder político de la República Francesa, que hubiera adelantado en casi 50 años el establecimiento del primer estado obrero en la historia de la humanidad, honor que recaería en los bolcheviques rusos de 1917.

La génesis de la revolución de Paris se encuentra a nivel externo en las llamadas guerras franco-prusianas, enmarcadas en los deseos imperialistas de la naciente burguesía alemana de Guillermo I y el terrateniente Otto von Bismarck, iniciada en los años 60 del siglo XIX y que tenía por objetivo, no solo unificar a los antiguos estados alemanes en una sola nación, si no en expandirse por media Europa y colocar al Imperio Alemán a la cabeza del continente. En ese contexto la guerra se extiende al Imperio de Francia en 1870. En mitad de esa guerra, el emperador francés Napoleón III cae prisionero de los alemanes y se produce un vacío de poder en Paris.

El 1 de septiembre de 1870, mientras el emperador francés Napoleón III se rindió a los prusianos en la batalla de Sedan, los republicanos de París se alzaron y proclamaron la III República tres días después, de carácter moderado y bajo la influencia de la burguesía encarnada en Adolphe Thiers. Entre tanto, las fuerzas imperialistas prusianas proclamaron el II Imperio Alemán en Versalles, en enero de 1871.

A nivel interno, las causas de la revolución obrera francesa de 1871 se tienen que buscar en la lógica de la lucha de clases imperante en todo el mundo a finales del siglo XIX. El pueblo obrero de Paris, harto y cansado de la miseria, del hambre, de la explotación y de la opresión de banqueros, industriales, burgueses y curas, estallaba ahora de indignación al ver como sus hijos morían a decenas en el frente prusiano luchando por una burguesía imperialista y por un soberano que no le suponía más que sufrimiento y explotación. La sociedad de clases, establecida a sangre y fuego al calor de las revoluciones industriales de la era moderna y contemporánea, se había establecido con especial dureza en aquellos países que, como Francia, habían desarrollado una fuete industrialización y sentaban las bases para la hegemonía de una clase burguesa fuerte y de un sistema capitalista especialmente voraz que se manifestaba con saña en la opresión interna de su clase obrera y en la opresión externa en el imperialismo africano y asiático, esclavizando y sometiendo a miles de personas en todo el mundo.

En ese contexto de luchas y ante el vacío de poder en Paris por la captura del emperador en el frente y por la huida del recién establecido gobierno provisional burgués de la III Republica de la mano de Thiers en Versalles, para poder negociar con los alemanes, se produce la toma del poder político de la capital francesa, Paris.

Los parisinos organizaron un levantamiento contra el gobierno provisional burgués el 17 y 18 de marzo de 1871 y establecieron un gobierno del proletariado en París denominado Comité Central de la Guardia Nacional, nombrada así en honor a estas milicias populares formadas por los hijos de la clase obrera y de amplia conciencia de clase y revolucionaria, que fueron quienes se alzaron en armas contra la burguesía, y fijaron la elección de un consejo municipal para el día 26 de marzo.

Así el 28 de marzo de 1871, se proclamó la Comuna de París, enarbolando la bandera roja en reemplazo de la tricolor, formada por 92 miembros, conocidos como los communards, presidida por el socialista Louis Auguste Blanqui.

Entre las medidas adoptadas por la Comuna estuvieron;
  • Disolver al Ejército regular (resquicio del orden aristocrático), sustituyéndolo por la Guardia Nacional democrática, es decir por todo el pueblo en armas.
  • Creación de un sistema sanitario, que garantizara la salud del pueblo y de las tropas de la Guardia Nacional en lucha.
  • Los pequeños industriales fueron respetados aunque en un nuevo marco de relaciones laborales, en la que el trabajador tenía sus derechos.
  • Los alquileres empezaron a estar controlados por la municipalidad, fijándose un tope máximo y supresión de intereses por deudas.
  • La educación pasó a ser laica, gratuita y obligatoria. Los programas de estudios pasaban a ser realizados por los propios profesores, los cuales garantizaban el carácter científico de las disciplinas.
  • Se crearon guarderías para cuidar a los hijos de las trabajadoras.
  • Se creó una Formación Profesional en donde los obreros daban gratis las prácticas a los alumnos.
  • Creación de la Asociación Republicana de Escuelas con el propósito de crear en las universidades un estímulo basado en el conocimiento científico.
  • En el mundo del arte y cultural aparecen gran cantidad de asociaciones para la promoción del teatro y las bibliotecas.
  • La abolición de la guillotina, método represivo controlado por la burguesía.
  • La abolición del trabajo obrero nocturno.
  • Otorgamiento de pensiones a viudas de héroes de guerra.
  • Se permitió a los obreros formar cooperativas, tomando fábricas abandonadas.
  • Libertad de prensa, de reunión y asociación.
  • La vida religiosa fue separada de la vida civil. El estado tomó posesión de los bienes de la iglesia, y estas sólo pudieron seguir con sus actividades si ofrecían sus instalaciones para realizar en ellas reuniones políticas.
Muchas de estas medidas respondían a la necesidad de paliar la pobreza generalizada que había causado la guerra. Sometida casi de inmediato al asedio del gobierno provisional, la Comuna fue reprimida con extrema dureza. Tras un mes de combates, el asalto final al casco urbano provocó una fiera lucha calle por calle, la llamada Semana Sangrienta (Semaine sanglante) del 21 al 28 de mayo. El balance final fue de unos 30.000 muertos, y París estuvo sometida a la ley marcial durante cinco años.

Sin embargo y a pesar de la enorme labor política de la Comuna (liderada por el “Consejo de la Comuna”), dos elementos, fruto de la falta de experiencia política de los comuneros revolucionarios fueron claves para que la burguesía, rearmada en Versalles iniciara la contraofensiva contra los revolucionarios:
  • La falta de decisión militar contra Versalles, de forma que en vez de marchar sobre los resquicios del gobierno burgués en Versalles, aniquilar la contrarrevolución y tomar el poder en toda la nación, y
  • ante el temor de desatar una guerra civil se ignoró al gobierno burgués de Thiers que, durante todo este tiempo se rearmo militarmente con la ayuda de la burguesía alemana de Versalles, tan interesada como la francesa en el aniquilamiento del gobierno revolucionario de la clase obrera de Paris.
Por otro lado, el Banco de Francia, lejos de ser controlado y gestionado directamente por la clase obrera se respetó, por lo que este, dirigido por la burguesía, desvió en secretos millones de francos al gobierno burgués de Thiers para rearmarse y lanzarse contra el gobierno comunero.

Ante el temor del propio Bismarck a que el fenómeno de la Comuna se contagiara al resto de Europa (especialmente en Alemania, con un fuerte movimiento obrero), le devuelve al gobierno burgués de Thiers todas las tropas que todavía mantenía retenidas, para la eliminación de los comuneros.

Así el 21 de mayo de 1871 un ejército burgués de 180.000 hombres se lanza a la conquista de París calle por calle. La defensa se organizó en barricadas, defendida por la guardia nacional y por el pueblo obrero en armas, en las que luchaban tanto hombres como mujeres. La lucha fue desigual ante el poderío militar del ejército burgués, con el apoyo militar de sus aliados de la burguesía alemana a la que la unían comunes intereses de clase, sin embargo los comuneros lucharon hasta muerte.


La batalla duró una semana, hasta el 28 de mayo, cuando cae la última barricada defendida por un solo comunero por la muerte de sus compañeros. El 28 de mayo de 1871, el gobierno burgués de Thiers anunció oficialmente la liberación de París, luego de una sangrienta ofensiva, que terminó con la vida de muchos compatriotas.

A partir del 28 de mayo de 1871, cuando la Comuna ha sido completamente dominada por las fuerzas de Versalles comenzó una cruel represión. Personajes como el general Gaston Alexandre Auguste de Galliffet, se distinguieron por una crueldad infinita. Miles de obreros y simpatizantes de la Comuna fueron fusilados (entre otros lados en el famoso “Muro de los Comuneros” en pleno centro de Paris y lugar de conmemoración de los revolucionarios franceses hasta el día de hoy), a los que habría que sumar unas 40.000 personas enviadas a las colonias, con trabajos forzosos, en donde gran parte murió de enfermedades y por malos tratos. La burguesía se vengaba de la osadía del pueblo obrero ante su deseo de ser libre y ahogaba en sangre (como han hecho históricamente las clases dominantes en todo el mundo y a lo largo de la historia, desde la época de Espartaco hasta nuestros días) el deseo del pueblo obrero francés de ser libre.

La famosa Semana Sangrienta posterior a la entrada de las tropas versallescas en París, se cobró la vida de más de 30.000 revolucionario (otras fuentes hablan de hasta 50.000). No contentos con este baño de sangre los Consejos de Guerra señalaron 13450 sentencias, entre las cuales se encontraban 157 mujeres y 80 niños. Las fotos de la represión de la Comuna son estremecedoras.

Pero la represión ideológica y psicológica sobre lo que significó la Comuna se extendió mucho en el tiempo. Los Consejos de Guerra se extendieron hasta 1874. No solo espero la muerte y la cárcel a estos revolucionarios. Gran número de ellos sufrieron penas de deportación a las lejanas tierras de Nueva Caledonia y Guayana. Este decreto se aprobó el 13 de marzo de 1872, poniéndose en práctica al mes siguiente. Se calcula en unos 7.000 los deportados. Otro decreto del 14 de marzo de 1872 prohibía a los franceses pertenecer a organizaciones revolucionarias internacionales. Quedó completamente prohibido cualquier comentario sobre la misma y Thiers se encargó, en una campaña de propaganda, de mostrar a los revolucionarios como asesinos y gente sin piedad.

Habría que esperar a 1889 para que una amnistía general liberara a los cientos de presos de la Comuna que aún estaban en las cárceles, presidios y deportación.

Hoy a todos los ejecutados de la Comuna les recuerda una placa en el cementerio parisino de Père-Lachaise.
Ya que los sucesos de la Comuna de París tuvieron lugar antes del cisma entre anarquistas y marxistas, ambos movimientos políticos la consideran como propia y la celebran como la primera toma de poder de las clases proletarias en la historia de la Europa occidental. Marx la describió como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado en que el Estado es abolido, a lo que Bakunin respondió que al no depender de una vanguardia organizada y al no haber arrabatado el poder al Estado francés o intentado crear un estado revolucionario, la comuna parisina era anarquista.

Hay lecciones que debemos sacar de esta experiencia histórica; por un lado, la determinación del pueblo obrero de tomar el poder, de librarse de la opresión y la explotación y de instaurar un gobierno obrero, que demuestran el grado de evolución del movimiento obrero frente a las tendencias utopistas que resultaban hegemónicas en el movimiento obrero francés hasta ese momento. La lucha obrera y el espíritu internacionalista impregnaron cada segundo de vida de la Comuna de Paris. De hecho, de las entrañas mismas de esta experiencia histórica nacieron para la humanidad los dos grandes símbolos del movimiento obrero mundial; la bandera roja, enseña oficial de los comuneros franceses y el himno por excelencia del movimiento obrero “La Internacional”, nacido al calor de la primera Asociación Internacional de Trabajadores establecida por Marx y Engels unos años antes, que fue escrito por el poeta y revolucionario francés Eugène Pottier durante los días de la Comuna.

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miércoles, 27 de mayo de 2015

Eratóstenes de Cyrene

¿No le resulta poco creíble que hasta el año 1492 el mundo no hubiera sospechado que la Tierra no era plana o chata? Bastaba con levantar la vista y mirar al cielo y advertir que todos los objetos que se veían (con o sin telescopio) eran esféricos (ni hablar de la luna, por ejemplo). ¿No se les ocurriría imaginar que –quizás– el lugar en donde vivían también era esférico, o que tenía volumen?

Eratóstenes de Cyrene nació en Cirene, una antigua ciudad griega en la actual Libia, probablemente en torno al año 276 a.C. Tras formarse con los mejores profesores y estudiar algunos años en la mismísima Atenas, Eratóstenes viajó en el 245 a.C. a Alejandría. Cinco años después se convertía en el tercer bibliotecario en la historia de la legendaria biblioteca de Alejandría, tras suceder a uno de sus antiguos maestros, el poeta y erudito Calímaco. En realidad, no sólo fue matemático, sino también astrónomo, poeta y músico. Se lo considera también el inventor de la geografía tal como la concebimos hoy como disciplina, fue el primero en usar la latitud y la longitud como sistema de coordenadas sobre la Tierra, fue el primero en medir la distancia entre la Tierra y el Sol, y fue el primero en hablar de años bisiestos. ¿Suficiente, no?

Tal era su prestigio que Eratóstenes fue elegido para ocupar un cargo distinguidísimo para la época: fue el tercero de los directores de la Gran Biblioteca de Alejandría, la más importante de Europa durante muchísimos siglos, algo así como el centro del conocimiento.

Eratóstenes hizo algo espectacular para la época (en realidad, para esa época y para cualquier época): fue el primero en medir el diámetro de la Tierra, para lo cual, obviamente, demostró sin proponérselo que algo que repetimos durante años en la escuela fue obviamente falso: ¡no fue Colón quien descubrió que la Tierra no era plana! Usted nunca se creyó eso, ¿no?

Supuestamente fue en la propia biblioteca de Alejandría, donde Eratóstenes leyó acerca de un lugar llamado Siena (hoy la actual Asuán, Egipto). En dicha ciudad, justo al mediodía del solsticio de verano, el Sol se reflejaba totalmente en las aguas de un profundo pozo y ninguna vara, ni objeto alguno, daba sombra. Es decir, ese día y a esa hora, los rayos del Sol caían completamente perpendiculares al suelo, o lo que es lo mismo, el Sol se encontraba en el cenit.

Eratóstenes observó que esto no ocurría en Alejandría, es decir, que al mediodía del solsticio de verano, una vara clavada en la tierra proyectaba una sombra, que las torres y los árboles también la proyectaban, y que en ningún pozo se reflejaba totalmente el Sol. En definitivas cuentas, al contrario que en Siena, en ese mismo instante, el Sol no se encontraba en el cenit de la ciudad de Alejandría.


Esta diferencia solo podía ser explicada si la Tierra no era plana, y asumiendo que Siena y Alejandría se encuentran en el mismo meridiano, es decir tienen la misma longitud geográfica (lo cual no es del todo cierto, pues distan unos 3º), Eratóstenes realizó una hipótesis genial: considerar que el Sol está lo suficientemente lejos como para que sus rayos lleguen a la Tierra completamente paralelos.

Bajo esta hipótesis, al mediodía del solsticio de verano, los rayos de Sol inciden directamente en Siena, pero hacen un ángulo con la vertical en Alejandría. Es fácil ver que, asumiendo que "líneas que cortan rectas paralelas forman ángulos opuestos iguales" (algo no evidente en la época de Eratóstenes), este ángulo es igual a la diferencia de latitud geográfica entre Siena y Alejandría.

Eratóstenes dedujo que si lograba medir este ángulo, y por otro lado determinaba la distancia lineal entre Siena y Alejandría, podría estimar el radio de la Tierra. Según el historiador Cleomedes, para el cálculo del ángulo, Eratóstenes midió la sombra que el Sol proyectaba al mediodía del solsticio de verano. Eratóstenes obtuvo así una medida para la diferencia de latitud geográfica entre Siena y Alejandría de 1/50 parte de la circunferencia, es decir, unos 7º 12'.

Pero, para completar el cálculo necesitaba medir de la distancia lineal entre Siena y Alejandría, algo complicado en una época donde no había GPS. El método empleado depende de la fuente. En la mayoría de los casos se asegura que lo obtuvo de la distancia estimada por las caravanas de camellos que comerciaban entre ambas ciudades, aunque perfectamente pudo ser un dato que obtuvo de la propia biblioteca de Alejandría. En cualquier caso, estimó una distancia de 5000 “estadios”, una medida de longitud de la época, que como era habitual, su valor depende de quien lo definiera. Por ejemplo, los estadios egipcios eran de 157 metros, mientras que para los griegos eran de unos 174m.

Independientemente de esto, Eratóstenes obtuvo un valor para el radio de la circunferencia terrestre de unos 252.000 estadios. Dependiendo del valor que se le dé finalmente a la unidad “estadio”, el resultado resultó ser de una asombrosa precisión, incluso con un error menor del 1%, o algo menos exacto, con cerca de un 16% de error (el valor actual del radio medio de la Tierra es de 6371 Km.). En cualquier caso el método empleado por Eratóstenes es un alarde ingenio y de sencillez, y una extraordinaria aplicación del método científico.

Eratóstenes concluyó que la explicación debía de residir en que la superficie de la Tierra, al ser redonda, estaba siempre más lejos del Sol en unos puntos que en otros. Tomando por base la longitud de la sombra de Alejandría, el mediodía en el solsticio, la ya avanzada Geometría pudo responder a la pregunta relativa a la magnitud en que la superficie de la Tierra se curvaba en el trayecto de los 750 km entre Siena y Alejandría. A partir de este valor pudo calcularse la circunferencia y el diámetro de la Tierra, suponiendo que ésta tenía una forma esférica, hecho que los astrónomos griegos de entonces aceptaban sin vacilación.

Eratóstenes escribió los detalles de este experimento en su tratado “Sobre las medidas de la Tierra” el cual está perdido hoy en día. Sin embargo, algunos detalles de estos cálculos aparecen en trabajos de otros autores, como son Cleomedes, Teón de Esmirna y Estrabo, gracias a los cuales ha llegado hasta nuestros días.

Eratóstenes hizo los correspondientes cálculos (en unidades griegas) y, por lo que podemos juzgar, sus cifras fueron, aproximadamente, de 12.000 km para el diámetro y unos 40.000 para la circunferencia de la Tierra. Así, pues, aunque quizá por casualidad, el cálculo fue bastante correcto. Por desgracia, no prevaleció este valor para el tamaño de la Tierra. Aproximadamente 100 años a. de J.C., otro astrónomo griego, Posidonio de Apamea, repitió la experiencia de Eratóstenes, llegando a la muy distinta conclusión que la Tierra tenía una circunferencia aproximada de 29.000 km. Este valor más pequeño fue el que aceptó Ptolomeo y, por tanto, el que se consideró válido durante los tiempos medievales. Colón aceptó también esta cifra y, así, creyó que un viaje de 3.000 millas hacia Occidente lo conduciría al Asia. Si hubiera conocido el tamaño real de la Tierra, tal vez no se habría aventurado.

Finalmente, en 1521-1523, la flota de Magallanes, -o, mejor dicho, el único barco que quedaba de ella- circunnavegó por primera vez la Tierra, lo cual permitió restablecer el valor correcto, calculado por Eratóstenes.

Eratóstenes también le debemos otros fantásticos trabajos, como la estimación de la distancia de la Tierra al Sol y a la Luna, la invención de la esfera armilar, o la famosa “Criba de Eratóstenes”, un algoritmo matemático capaz de darnos todos los números primos menores que un número natural dado.

Eratóstenes murió en Alejandría, el año 194 a.C., a la edad de 82 años. Al final de su vida se quedó ciego, por lo que, según se cuenta, llegó al suicidio ante la imposibilidad de proseguir con sus lecturas.

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27 de mayo de 1941 - El Bismarck, orgullo de la marina alemana, se hunde en el Océano Atlántico

El Bismarck fue el primero de los dos acorazados clase Bismarck construidos para la Kriegsmarine (marina de guerra) alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Nombrado así en honor del canciller Otto von Bismarck, promotor de la unificación alemana en 1871, el barco fue puesto en grada en los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo en julio de 1936 y botado dos años y medio después, en febrero de 1939. Se completó en agosto de 1940, cuando fue puesto en servicio en la armada alemana. Junto con su gemelo Tirpitz, el Bismarck fue el acorazado más grande jamás construido por Alemania y uno de los mayores botado por cualquier armada europea.


El fin de un gigante

18/05/41 El Bismarck, al mando de Otto Ernst Lindemann, y el Prinz Eugen, al mando de Helmuth Brinkmann, zarpan de Gdynia, iniciando la operación “Rheinübung”. A bordo del Bismarck se encuentra el almirante Günther Lütjens comandando la escuadra. Mantuvo desde el principio distancia con el comandante Lindemann, situación que traería desalineamiento operativo y comunicacional entre ambos marinos. La intención de Raeder era concentrar una poderosa formación naval alemana en el Atlántico con el fin de operar contra los convoyes británicos

20 de mayo: El Bismarck y el Prinz Eugen son avistados en el estrecho de Skagerrak. El Almirantazgo británico da la alerta

21-22 de mayo. E, Bismarck y el Prinz Eugen alcanzan el Kross Fjord, en las proximidades de Bergenm en Noruega, de donde zarpan al oscurecer protegidos por una espesa niebla. Aviones e la Raf, en vuelo de reconocimiento, avistan las dos unidades alemanas; la escuadra británica sigue en estado de alerta. El Hood y el Prince of Wales zarpan, dirigiéndose hacia el estrecho de Dinamarca.

22 de mayo: A causa del mal tiempo, los ingleses no logran localizar los navíos alemanes; a las 20:00 hs, el comandante en jefe de la escuadra británica recibe la confirmación de que el Bismarck y el Prinz Eugen han eludido el contacto.

23 de mayo. El Bismarck y el Prince of Wales entran en contacto con el Bismarck y el Prinz Eugen a una distancia de 17 millas. Después de un combate de ocho minutos, el Hood explota al ser alcanzado y se hunde rápidamente. de una tripulación de 1315 hombres, solo hay tres sobrevivientes. 


El Prince of Wales, en inferioridad evidente, se retira del combate. Lútjens no permitió a Lindemann acabar con el malogrado Prince of Wales, afirmándose en la rígida instrucción de Raeder de aceptar batalla sólo si era estrictamente necesario, por lo que sostuvo una agria discusión que distanció aún más a ambos marinos. En vista de los daños recibidos por el cañoneo del Prince of Wales, Lütjens decide abortar el ejercicio y llevar al acorazado al puerto de St. Nazaire. Para ello se desembarazó de sus perseguidores en una hábil maniobra, destacando al crucero Prinz Eugen. Creyendo que el Bismarck era objeto de persecución por radar y que no había logrado zafarse del enemigo, Lütjens cometió un grave error táctico al radiar una serie de mensajes informando el hundimiento del HMS Hood y solicitando cobertura.

24-25 de mayo: La destrucción del Hood desencadenó una búsqueda incesante del acorazado alemán por parte de la Real Armada Británica, que desplegó para ello docenas de barcos aviones británicos pertenecientes al portaaviones Victorious encuentran y atacan al Bismarck, pero sin producirle daños de consideración

25 de mayo: El Bismarck se dirige hacia Francia. Las unidades inglesas que le seguían pierden el contacto. El comandante en jefe británico cree que el Bismarck regresará por la misma ruta de llegada, en consecuencia, se aleja de la verdadera posición del acorazado alemán. En cambio, el Almirantazgo británico supone que el Bismarck se dirige hacia Francia. A las 18:10 hs el comandante en jefe de la escuadra se dirige también hacia las costas francesas, pero el Bismarck lleva ya una ventaja de 110 millas.

26 de mayo: Un hidroavión Catalina de la RAF avista al Bismarck y se lo comunica a sus perseguidores. Algunos Swordfish despegan del Ark Royal y atacan por error al crucero inglés Sheffield. En un segundo vuelo, los Swordfish logran localizar al Bismarck y un torpedo alcanza de lleno al timón. Durante la noche entre el 26 y el 27 de mayo, el capitán de navío Vian, comandante de la 4ª flotilla de destructores entra en contacto con el Bismarck.


27 de mayo: Los acorazados Rodney y King George V se aproximan al Bismarck, seriamente dañado. El acorazado alemán, en franca inferioridad ante tantos enemigos y no pudiendo ser gobernado, es reducido a un despojo y al final hundido por los torpedos del crucero Dorsetshire. A las 10:40 hs el Bismarck se hunde. Sin embargo los marinos supervivientes alemanes sostienen que ellos echaron a pique su acorazado. De los casi 2200 tripulantes, sólo 115 lograron sobrevivir.

1 de junio: el Capitán de navío Brickmann, habiendo rehusado llevar a cabo los ataques contra los convoyes británicos, independientemente del Bismarck, como le había ordenado el almirante Lütjens, llega finalmente a Brest con el Prinz Eugen


En junio de 1989 Robert Ballard descubrió la localización del pecio del Bismarck. Desde entonces, diversas expediciones han examinado los restos del navío para documentar su estado y determinar la causa final de su hundimiento.

Robert Ballard

"Demostramos de manera concluyente que de ninguna manera los británicos hundieron el Bismarck", afirmó el doctor Alfred S. McLaren, un especialista en asuntos navales que analizó el naufragio en sendas expediciones realizadas el año pasado y el actual. "Fue echado a pique deliberadamente por los propios alemanes", añadió.

Esa conclusión es aún objetada vehementemente por los investigadores británicos. Pero cinco expediciones desarrollaron misiones de reconocimiento en el lugar del hundimiento, y tres equipos independientes de exploradores norteamericanos, incluyendo al doctor McLaren, un submarinista retirado y presidente emérito del Club de Exploradores de Nueva york, llegaron a la conclusión de que el célebre acorazado, sorprendentemente, se encuentra en bastante buen estado.

Los exploradores norteamericanos advirtieron que en las partes laterales del casco no se observan daños importantes causados por el fuego graneado del enemigo y añadieron que ese hecho, por sí solo, indica que el Bismarck fue en realidad echado a pique deliberadamente, como aseguraron siempre los sobrevivientes germanos, sosteniendo que su tradición naval era hundir los barcos propios que estuvieran en peligro de caer en manos enemigas.

Las conclusiones norteamericanas enfurecieron a los británicos, que los acusaron de artificiosos revisionistas con vulgar afán de notoriedad. "Sencillamente no me convence eso", expresó David L. Mearns, que el año pasado dirigió una expedición británica hasta el lugar del hundimiento. "El Bismarck -agregó- fue destruido por la artillería británica y hundido por torpedos. Todo lo demás es ridículo."

El más reciente embate corrió por cuenta de James Cameron, director de la película "Titanic", de 1997. Su propio documental televisivo se basa en una expedición que realizó hace unos meses, en la que exploró -más a fondo que otras investigaciones anteriores- el Bismarck con robots y sumergibles tripulados. ¿Se habría hundido el averiado Bismarck si no lo hubiesen echado a pique deliberadamente? "Claro, pero habría tardado medio día", comentó Cameron.

Las nuevas observaciones se contraponen a las ideas sobre el fin del Bismarck que alguna vez parecieron patentes, al menos en un primer momento. Un avión de combate británico lanzó un proyectil que averió los timones del acorazado, que fue cercado luego por una flota que lo sometió a un incesante bombardeo. Mientras el Bismarck zozobraba, los marineros alemanes lo abandonaban en tropel arrojándose al agua. 

Los marineros germanos dijeron que el hundimiento del Bismarck se debió a la detonación, 30 minutos antes, de cargas de perforación -explosivos a bordo de la mayoría de los buques de guerra que horadan partes débiles, particularmente cerca de la quilla- y antes de que hicieran impacto los últimos torpedos británicos. Un informe del Almirantazgo durante la guerra llegó a la conclusión de que los propios explosivos alemanes pudieron haber acelerado el fin del acorazado, si bien no fueron la única causa. Pero los patriotas británicos desecharon la idea.



La controversia estuvo nuevamente en el candelero cuando el doctor Robert D. Ballard, uno de los que habían descubierto los restos del Titanic, posteriormente hizo lo propio con el Bismarck, en 1989. A pesar de los ataques y el escabroso descenso, se encontraba en buenas condiciones y aún se podía observar en el acorazado una difusa esvástica.